Etílico — Carlos Mayoral / Ethyl by Carlos Mayoral (spanish book edition)

A parte del valor narrativo, contiene cultura y trabajo previo entre sus páginas. Recomiendo “Etílico” porque quien no conozca a este autor y estoy seguro que será adepto, incondicional de Carlos Mayoral como le ha pasado a un servidor. ¿Qué es un Etílico? La respuesta no es fácil. Desde luego, el Etílico no se acoge a la simple definición académica: «ingestión excesiva de alcohol». Nada de eso. Es más, el Etílico sólo tiene en el alcohol un bastón donde apoyarse.  Sin embargo una gran idea, que es lo que hizo que me convirtiera en lector de este libro antes de que saliera, mal ejecutada. Y me explico. El autor es Carlos Mayoral, que escribe muy buenos artículos para Jot Down… Fueron esos artículos los que me hicieron pensar que un libro del autor sería algo merecedor de ser leído. Lo que vendió en su día Carlos Mayoral fue una nueva visión de la relación de los autores con el alcohol como forma de inspiración. He de decir que poco he encontrado de esa primigenia idea en el libro. Los capítulos, breves y abruptamente terminados, como si de twits se tratara, ofrecen una visión bastante fragmentada de la vida de los autores. No se logra saber muy bien de qué etapa hablamos, tiempos, lugares… Todo surge y acaba en cuestión de párrafos.
El siguiente error garrafal es la repetición. Si bien es cierto que los primeros capítulos enganchan al lector, los siguientes se convierten en una burda repetición de situaciones. Pasamos de ver a grandes escritores a una panda de emos cuya existencia no tiene sentido y necesitan beber. ¿Cuantas veces beben, cuantas veces narra el autor cómo beben? Sabemos que beben, lo que los lectores querían saber es para qué y cómo afectaba eso a su ingenio y si escritura.
Y por último, lo que me ha dejado más frío, quizás sea producto de un escritor novel, es la cantidad de sintagmas predefinidos, metáforas forzadas y frases manidas que han hecho que la lectura de apenas 200 páginas (algo que también podríamos criticar) se haya hecho larga, muy larga.
El capítulo de Baudelaire, sobraba para este lector. Se suponía que la elección por parte de una comunidad de tuiteros de un nuevo capítulo iba a suponer algo más que esto, un pequeño apéndice que no aporta nada al libro.

Scott Fitzgerald, Hemingway, Poe, Bukowski y Silvia Plath son algunos de los autores que hicieron realidad la leyenda del narrador maldito que “necesitaba” el alcohol para enfrentarse a la escritura. Una íntima relación que hoy ha cambiado y que repasa ahora Carlos Mayoral en su nuevo libro, Etílico. “(El vodka) no sabía a nada pero bajaba directamente hasta mi estómago como la espada de un tragasables y me hacía sentir poderosa y semejante a un dios”, confiesa la poeta Silvia Plath. Fitzgerald, Hemingway, Poe, Bukowski y Plath son los protagonistas de esta historia, por la que también desfilan otros grandes como el poeta parisino Charles Baudelaire y en la que bien lo podrían hacer otros literatos como Quevedo, Góngora o el británico Malcolm Lowry. Y es que, “ya desde el Siglo de Oro español”, el vínculo entre creación literaria y alcohol es tan estrecho que, a causa de su accesibilidad, es “casi imposible” no recurrir a él. “Solo la generación Beat americana y los movimientos musicales que la siguieron, como el punk o el glam, -asegura Mayoral- se utilizaba el alcohol como sustancia complementaria a la que otorgaban menor importancia que a otras como el LSD y la cocaína”. Sin embargo, desde el punto de vista del madrileño, este “gusto por el malditismo” ha perdido “autenticidad” en la literatura actual porque el escritor, que antes no gozaba de popularidad y sabía que iba a “morir pobre”, es ahora “parte del producto”. “El consumo de alcohol por parte de los creadores era antes una necesidad pero -concluye- quienes enarbolan hoy esa bandera lo hacen más por una cuestión de imagen que de deseo”.

 

 

 

Apart from the narrative value, it contains culture and previous work among its pages. I recommend “Ethyl” because who does not know this author and I’m sure he will be an adept, unconditional Carlos Mayoral as it has happened to a server. What is an Ethyl? The answer is not easy. Of course, the Ethyl does not accept the simple academic definition: “excessive intake of alcohol.” Nothing of that. Moreover, Ethyl only has a cane in which to lean on alcohol. However a great idea, which is what made me become a reader of this book before it came out, poorly executed. And I explain. The author is Carlos Mayoral, who writes very good articles for Jot Down … It was those articles that made me think that a book by the author would be worthy of being read. What Carlos Mayoral sold in his day was a new vision of the relationship of authors with alcohol as a form of inspiration. I have to say that I have found little of that original idea in the book. The chapters, brief and abruptly finished, as if it were about twits, offer a rather fragmented view of the lives of the authors. It is not possible to know very well what stage we are talking about, times, places … Everything arises and ends in a matter of paragraphs.
The next blunder is repetition. While it is true that the first chapters engage the reader, the following become a gross repetition of situations. We went from seeing great writers to a bunch of emos whose existence has no meaning and they need to drink. How many times do they drink, how many times does the author narrate how they drink? We know that they drink, what the readers wanted to know is for what and how that affected their ingenuity and if writing.
And finally, what has left me colder, perhaps the product of a novel writer, is the amount of predefined phrases, forced metaphors and hackneyed phrases that have made the reading of just 200 pages (something that we could also criticize) I have done long, very long.
The chapter of Baudelaire, was too much for this reader. It was assumed that the election by a community of tweeters of a new chapter was going to assume something more than this, a small appendix that does not contribute anything to the book.

Scott Fitzgerald, Hemingway, Poe, Bukowski and Silvia Plath are some of the authors who made the legend of the damn narrator who “needed” alcohol to face writing a reality. An intimate relationship that has changed today and that Carlos Mayoral reviews in his new book, Etílico. “(The vodka) did not taste like anything but it went straight down to my stomach like a swallow sword and it made me feel powerful and similar to a god”, confesses the poet Silvia Plath. Fitzgerald, Hemingway, Poe, Bukowski and Plath are the protagonists of this story, which also includes other greats such as the Parisian poet Charles Baudelaire and in which other writers such as Quevedo, Góngora or the british Malcolm Lowry could do well. And, “since the Spanish Golden Age”, the link between literary creation and alcohol is so close that, because of its accessibility, it is “almost impossible” not to resort to it. “Only the American Beat generation and the musical movements that followed it, such as punk or glam,” says Mayoral, “used alcohol as a complementary substance to which they attached less importance than others such as LSD and cocaine.” However, from the point of view of the Madrileño, this “taste for the malditismo” has lost “authenticity” in the current literature because the writer, who before did not enjoy popularity and knew that he was going to “die poor”, is now ” part of the product. ” “The consumption of alcohol by creators was once a necessity but – concludes – those who fly that flag today do so more for a matter of image than desire”.

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