Objetivo: La Luna La Historia Inédita De La Mayor Aventura Humana — Dan Parry / Moonshot: The Inside Story of Mankind’s Greatest Adventure by Dan Parry

Dan Parry proporciona una historia directa y apropiadamente detallada de la misión Apolo 11 a la Luna con el histórico primer hombre en el evento lunar. Parry entrelaza la historia de fondo de Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins con la secuencia cronológica de los eventos que ocurren durante el vuelo espacial. Bien investigado y bien escrito, este libro elimina todos los peligros y desafíos que ocurrieron durante el entrenamiento y la ejecución de esta misión. Por supuesto, la misión de 8 días culminó con Neil y Buzz pisando la Luna el 20 de julio de 1969. Parry mantiene a los lectores interesados ​​en los relatos del increíble avión cohete X-15, el entrenamiento en el aterrizaje lunar, la habilidad de juego soviética y las docenas de otros submarinos. -Lotes que se producen durante la carrera espacial. Le doy una buena lectura a Moon Shot.
Moonshot te mostrará las cortinas traseras del viaje a la luna. Está bien escrito e inspirador. Al asistir a los detalles técnicos o la historia humana, encontrará datos interesantes y anécdotas de los viajes más sorprendentes de todos los tiempos.
Kennedy propuso que la URSS hiciera el viaje juntos, porque se le había informado de los altos gastos. Pero lo hizo en un discurso el día antes de ser asesinado, para que nunca se convierta en realidad. La computadora principal a bordo tenía 32Kb de memoria, pero era suficiente para calcular su posición y trajectroy, incluso si el comandante debía tomar su posición relativa real … bloqueando un ojo y usando un sextante en el otro, como cualquier marino del siglo XVI y usando estrellas aparentes como referencia …

Neil Armstrong la Luna sólo desempeñaba un papel secundario. Ésta era la oportunidad de que un hombre lograra algo incomparable. Si tenía éxito, la misión del Apolo 11 demostraría que los humanos, como especie, eran capaces de escapar de su planeta y visitar un lugar en otro mundo, fuera de su hogar. No importaba mucho si la Luna estaba hecha de rocas marrones, de polvo gris o incluso de queso verde. Para Armstrong, lo que realmente importaba era aterrizar a salvo y volver de nuevo a casa, sin defraudar a nadie en el intento de hacer ambas cosas.

En una misión a la Luna, lo obvio sería apuntar tu cohete hacia ella y volar en esa dirección. Sin embargo, al intentar hacer eso probablemente se fallaría. La Luna es un objetivo móvil, que viaja a 3679 kilómetros por hora orbitando alrededor de la Tierra en un período de veintisiete días. Al volar hacia allí, el truco consiste en apuntar a donde crees que estará una vez hayas completado tu viaje de tres días hacia su curso orbital. Llevó un tiempo hasta que la NASA pudo demostrar la capacidad para hacer esto de forma precisa y fiable. La Ranger 3, una sonda lanzada en 1962, estaba diseñada para examinar la superficie lunar, pero debido a un cambio de ruta incorrecto, erró la Luna por 41 000 kilómetros. A día de hoy todavía permanece atrapada en la órbita lunar. La Ranger 5 tampoco alcanzó su objetivo; problemas con el suministro eléctrico provocaron que fallase por ochocientos cincuenta kilómetros. Más tarde, sondas más avanzadas demostraron que tales dificultades se habían superado, así que aunque la ignición de la TLI los puso en ruta hacia un punto vacío del espacio, la tripulación del Apolo 11 esperaba con confianza que la Luna al final iría a su encuentro. De hecho, Armstrong, Aldrin y Collins pretendían llegar con tal precisión que sabían que aunque no volvieran a encender su motor de nuevo podían esperar que la gravedad lunar los transportara alrededor de la Luna y los mandase automáticamente de vuelta a la Tierra. Conocida como trayectoria de retorno libre, esta técnica se adoptó como medida de seguridad, puesto que daba a la tripulación una oportunidad de volver a casa incluso si tenían dificultades.
La cara oculta de la Luna había evitado la curiosidad humana hasta octubre de 1959, cuando una sonda rusa envió a casa las primeras imágenes reveladoras. Los astrónomos quedaron sorprendidos por sus paisajes llenos de cráteres, carentes de mares y repletos de lo que más tarde Collins describiría como «un galimatías ininterrumpido de colinas tortuosas». Ansiosa de demostrar habilidad en la emergente carrera espacial, en diciembre de 1959, la NASA comisionó su propia serie de sondas, denominadas Ranger. Las Ranger 1 y 2, sin embargo, jamás llegarían más lejos de breves órbitas bajas terrestres, y la Ranger 3 falló en su intento de llegar a la Luna. La Ranger 4 sufrió una avería eléctrica, la Ranger 5 también falló y sufrió en gran parte averías eléctricas, y la Ranger 6 quedó incapacitada durante el lanzamiento, pero la Ranger 7 demostró, seis años después, que la NASA también podía sacar instantáneas de la Luna.

Existía la sensación dentro de la NASA de que, puesto que la agencia gubernamental gastaba miles de millones de dólares de los contribuyentes, le debía algo al público a cambio. Esto condujo a que se enviase a los astronautas a cenas y funciones locales por todo el país. Antes de su misión Géminis, hicieron asistir a Michael Collins a un evento de los boy scouts en Ohio. Siempre encontró este trabajo de relaciones públicas difícil, pero en aquella ocasión su desánimo quedó superado por la decepción de los propios boy scouts cuando descubrieron que todavía no había volado al espacio.
Comparado con la forma transparente de hacer las cosas de la NASA, Collins consideraba que el programa espacial ruso «estaba escondido y era secreto y misterioso». Ésta era una opinión muy extendida. Los rusos jamás anunciaban vuelos con antelación y los desastres siempre se ocultaban. La noticia de la pérdida del cosmonauta Valentin Bondarenko durante un accidente de entrenamiento en 1961 no salió a la luz hasta los años ochenta. Lo que era peor aún, muchos en la NASA creían que el programa espacial ruso estaba marcado por una desagradable forma comunista de hacer las cosas, con los cosmonautas recibiendo órdenes de llevar a cabo arriesgadas empresas simplemente para vencer a los estadounidenses en la consecución de objetivos clave. Los rusos podían haber puesto al primer hombre y a la primera mujer en el espacio, y haber llevado a cabo la primera EVA, pero algunos en la NASA se preguntaban cuánto se estaban arriesgando en el proceso. Hubo efectivamente ocasiones en que se envió a cosmonautas a misiones en contra de su mejor juicio. Sin que lo supiera la NASA, Vladimir Komarov había expresado preocupación acerca de los muchos problemas técnicos de la Soyuz 1, antes de
ésta se cobrase su vida en abril de 1967. No obstante, el hecho de que los rusos a veces se apresurasen demasiado y como consecuencia asumieran riesgos innecesarios no demostraba que la NASA tuviese una razón moral superior. Habían sido los estadounidenses quienes públicamente se habían fijado una fecha límite, lo que forzó a que los desarrollos avanzaran tan rápidamente que mientras los rusos perdieron un hombre durante una misión, la NASA perdió tres en tierra. Un mes después de la muerte de Komarov, Collins, Scott, Collins, Belyaev y Feoktistov brindaban por el fin de los accidentes.

Para cuando el Apolo 11 estuvo listo para el lanzamiento, poca gente creía ya que los objetos pesados que se posaran encima de la Luna se hundirían en el polvo.
La decisión de incluir cámaras de televisión en la misión había sido controvertida desde el principio. Transmitir y recibir imágenes en directo desde la Luna creaba complicaciones en tierra y requería añadir equipamiento a una nave a la que ya se había limitado de forma severa el peso que podía transportar. Al principio de 1969 George Low pidió a Chris Kraft que estudiara el tema. Kraft estaba ansioso por ver «esos primeros pasos en directo» e intentó hacer lo que pudo para conseguir el apoyo necesario. Con un retraso de seis segundos por si les pasaba cualquier cosa a los astronautas. Las imágenes estaban entonces listas para emitirse en el resto del mundo. Parkes, Honeysuckle y Goldstone recibieron televisión desde la Luna de forma simultánea.
Ante una audiencia televisiva de seiscientos millones de personas, una quinta parte de la población humana, Neil descendió lentamente por la escalerilla en la pata delantera del LM.
Armstrong diría después que su intención era decir one small step for a man («un pequeño paso para un hombre»). Con todo, a pesar de prolongados esfuerzos por probar lo contrario, el a («un») parece estar ausente de la grabación de sonido de la transmisión de Neil.
Armstrong y Aldrin habían estado despiertos más de veintiuna horas y, con la última tarea del día completada, a las 3.23 horas, Houston les dio las buenas noches. Aunque sucia de polvo, la cabina estaba más ordenada y ahora había espacio para dormir. En la preparación para el período de descanso de siete horas, Buzz se tendió en el suelo mientras que Neil se sentó sobre la cubierta del motor de ascenso, con sus pies suspendidos por un cable amarrado encima de los instrumentos. Planeaban dormir con sus cascos y guantes puestos, con la esperanza de que esto silenciara parte de los zumbidos del sistema de soporte vital. Sin embargo, a medida que la temperatura descendía, a ambos se les hizo difícil dormir.
En la Tierra, a Pat Collins también le costaba conciliar el sueño y en las primeras horas de la mañana salió a dar un paseo para contemplar la Luna.

En su conjunto, el proyecto Apolo duró un total de doce años, en los que se desplegaron los recursos industriales de una superpotencia en una de las mayores empresas llevadas a cabo en tiempos de paz, y el Apolo 11 representó tan sólo una fracción del trabajo que se invirtió en la carrera de Estados Unidos para llegar a la Luna. El Eagle no fue el único módulo lunar que construyó la NASA, del mismo modo que Neil Armstrong no era el único hombre capaz de pilotarlo. Mientras la tripulación se entrenaba para la misión, otros astronautas se preparaban para los vuelos siguientes, y estos preparativos continuaron incluso después de que la carrera se ganara con Neil y Buzz. En noviembre de 1969, Pete Conrad y la tripulación del Apolo 12 sobrevivieron al impacto de un rayo durante el despegue, antes de aterrizar con máxima precisión junto a la Surveyor 3 en el océano de las Tormentas. Conrad saboreó la oportunidad de andar sobre la Luna, y lo hizo con una efusividad típica de su exuberante actitud.
Irónicamente, la Luna en sí no recibió el mismo trato. En la búsqueda de rocas lunares, la NASA dejó 118 toneladas de material de desecho sobre la superficie lunar, incluidas todas las sondas Ranger, Surveyor y Lunar Orbiter que ya no se necesitaban, terceras etapas agotadas de cohetes Saturno (que se apuntaron de forma deliberada hacia ella), etapas de descenso de los LM abandonadas, lunar rovers y otros equipos y restos de las colisiones de las etapas de descenso de los LM. Intacta por el viento o la lluvia, la base Tranquilidad permanece hoy como estaba en 1969. Trozos de kapton desperdigados cubren un lugar marcado por la presencia del hombre. Los cubrebotas que llevaban Neil y Buzz, las bandejas de comida que utilizaron…
Pero quizá el logro más importante de Apolo es que, al cumplir su meta, redefinió a la humanidad, al demostrar que éramos capaces de abandonar nuestro planeta natal. Ésta sería de forma permanente una característica definitoria de nuestras capacidades, razón por la que, cuarenta años después, los
nombres de Neil Armstrong y Buzz Aldrin siguen siendo omnipresentes. Al aterrizar su nave dorada y plateada sobre la superficie de la Luna y saltar sobre su polvo, Neil y Buzz probaron algo nuevo acerca de nosotros. Años de trabajo de miles de personas culminaron en una misión pilotada por tres hombres, que «sabían lo que había que saber», lo necesario para conseguir lo que muchos decían que no podía lograrse.

Dan Parry supplies a direct and appropriately detailed story of the Apollo 11 mission to the Moon with the historic first man on the moon event. Parry interweaves the background story for Neil Armstrong, Buzz Aldrin and Michael Collins with the chronological sequence of events occurring during the space flight. Well researched and well written, this book flushes out the many hazards and challenges that occurred during the training and execution of this mission. Of course, the 8 day mission culminated with Neil and Buzz stepping on the Moon on July 20, 1969. Parry keeps the readers interest with accounts of the amazing X-15 rocket plane, Lunar Landing training, Soviet gamesmanship and the dozens of other sub-plots occurring during the space race. I give Moon Shot a good read.
Moonshot will show you the behind-the-curtains of the travel to moon. It’s well written and inspiring. Attending the technical details or the human history, you will find interesting data and anecdotes of the most surprising travel of all time.
Kennedy proposed the USSR to make the trip togheter, becuse he was trilled of the high expenses. But he did in a speech the day before he was killed, so it never become reality. The main on-board computer had 32Kb memory, but it was enought to compute their position and trajectroy, even if the commander must take their actual relative position… blocking one eye and using a sextant in the other, like any XVI Century marine and using apparent still stars as referene…

Neil Armstrong the Moon played only a secondary role. This was the opportunity for a man to achieve something incomparable. If successful, the mission of Apollo 11 would show that humans, as a species, were able to escape from their planet and visit a place in another world, outside their home. It did not matter much if the Moon was made of brown rocks, gray dust or even green cheese. For Armstrong, what really mattered was landing safely and returning home, without disappointing anyone in the attempt to do both.

In a mission to the Moon, the obvious thing would be to point your rocket towards it and fly in that direction. However, trying to do that would probably fail. The Moon is a moving target, traveling at 3679 kilometers per hour orbiting the Earth in a period of twenty-seven days. When you fly there, the trick is to point to where you think it will be once you have completed your three-day trip to your orbital course. It took a while until NASA could demonstrate the ability to do this accurately and reliably. Ranger 3, a probe launched in 1962, was designed to examine the lunar surface, but due to an incorrect route change, the Moon missed 41,000 kilometers. To this day it still remains trapped in the lunar orbit. Ranger 5 also did not reach its goal; problems with the power supply caused it to fail for eight hundred and fifty kilometers. Later, more advanced probes showed that such difficulties had been overcome, so even though the ignition of the TLI put them on their way to an empty space point, the Apollo 11 crew hoped with confidence that the Moon would finally meet them. . In fact, Armstrong, Aldrin and Collins pretended to arrive with such precision that they knew that even if they did not restart their engine again they could expect the lunar gravity to transport them around the Moon and automatically send them back to Earth. Known as a free return trajectory, this technique was adopted as a safety measure, since it gave the crew an opportunity to return home even if they had difficulties.
The hidden face of the Moon had avoided human curiosity until October 1959, when a Russian probe sent home the first revealing images. Astronomers were amazed by its cratered, sea-lacking landscapes filled with what later would be described by Collins as “an uninterrupted gibberish of tortuous hills.” Eager to demonstrate skill in the emerging space race, in December 1959, NASA commissioned its own series of probes, called Rangers. Rangers 1 and 2, however, would never get farther from short terrestrial low orbits, and Ranger 3 failed to reach the Moon. Ranger 4 suffered an electrical fault, Ranger 5 also failed and suffered major electrical failures, and Ranger 6 became incapacitated during the launch, but Ranger 7 demonstrated, six years later, that NASA could also take snapshots of the Moon.

There was a feeling within NASA that, since the government agency spent billions of dollars on taxpayers, it owed something to the public in return. This led to the astronauts being sent to local dinners and functions throughout the country. Prior to their Gemini mission, they had Michael Collins attend a Boy Scout event in Ohio. He always found this public relations work difficult, but on that occasion his discouragement was overcome by the disappointment of the boy scouts themselves when they discovered that he had not yet flown into space.
Compared to NASA’s transparent way of doing things, Collins considered that the Russian space program “was hidden and secret and mysterious.” This was a very widespread opinion. The Russians never announced flights in advance and disasters were always hidden. The news of the loss of cosmonaut Valentin Bondarenko during a training accident in 1961 did not come to light until the eighties. What was worse, many at NASA believed that the Russian space program was marked by an unpleasant communist way of doing things, with cosmonauts getting orders to carry out risky ventures simply to beat Americans in achieving goals. key. The Russians could have put the first man and the first woman in space, and carried out the first EVA, but some at NASA wondered how much they were risking themselves in the process. There were indeed times when cosmonauts were sent on missions against their better judgment. Unbeknownst to NASA, Vladimir Komarov had expressed concern about the many technical problems of the Soyuz 1, before
it took its life in April 1967. However, the fact that the Russians sometimes rushed too much and consequently took unnecessary risks did not prove that NASA had a superior moral reason. It had been the Americans who had publicly set a deadline, which forced the developments to proceed so quickly that while the Russians lost a man during a mission, NASA lost three on the ground. A month after the death of Komarov, Collins, Scott, Collins, Belyaev and Feoktistov offered for the end of accidents.

By the time Apollo 11 was ready for the launch, few people believed that the heavy objects that sat on the moon would sink into the dust.
The decision to include television cameras in the mission had been controversial from the beginning. Transmitting and receiving live images from the Moon created complications on land and required adding equipment to a ship that had already severely limited the weight it could carry. At the beginning of 1969 George Low asked Chris Kraft to study the subject. Kraft was eager to see “those first steps live” and tried to do what he could to get the necessary support. With a delay of six seconds in case anything happened to the astronauts. The images were then ready to be broadcast in the rest of the world. Parkes, Honeysuckle and Goldstone received television from the Moon simultaneously.
Before a television audience of six hundred million people, a fifth of the human population, Neil slowly descended the ladder on the front leg of the LM.
Armstrong would later say that his intention was to say one small step for a man (“one small step for a man”). However, despite long efforts to prove otherwise, the a (“a”) seems to be absent from the sound recording of Neil’s transmission.
Armstrong and Aldrin had been awake for more than twenty-one hours and, with the last task of the day completed, at 0323 hours, Houston said good night. Although dusty, the cabin was more orderly and now there was room to sleep. In preparation for the seven-hour rest period, Buzz stretched out on the ground while Neil sat on the cover of the ascent engine, his feet suspended by a cable tied over the instruments. They planned to sleep with their helmets and gloves on, hoping that this would silence part of the buzzing of the life support system. However, as the temperature dropped, both of them found it difficult to sleep.
On Earth, Pat Collins also found it difficult to get to sleep and in the early hours of the morning he went for a walk to contemplate the Moon.

As a whole, the Apollo project lasted a total of twelve years, in which the industrial resources of a superpower were deployed in one of the largest companies carried out in times of peace, and Apollo 11 represented only a fraction of the work that was invested in the United States race to reach the Moon. The Eagle was not the only lunar module that NASA built, in the same way that Neil Armstrong was not the only man capable of piloting it. While the crew was training for the mission, other astronauts were preparing for the next flights, and these preparations continued even after the race was won by Neil and Buzz. In November of 1969, Pete Conrad and the crew of Apollo 12 survived the impact of lightning during the takeoff, before landing with maximum precision next to Surveyor 3 in the ocean of the Storms. Conrad savored the opportunity to walk on the Moon, and he did it with an effusiveness typical of his exuberant attitude.
Ironically, the Moon itself did not receive the same treatment. In the search for lunar rocks, NASA left 118 tons of waste material on the lunar surface, including all the Ranger, Surveyor and Lunar Orbiter probes that were no longer needed, third exhausted stages of Saturn rockets (which were deliberately targeted) towards it), stages of descent of the abandoned LMs, lunar rovers and other equipment and remains of the collisions of the stages of descent of the LM. Intact by wind or rain, the Tranquility base remains today as it was in 1969. Scraps of scattered kapton cover a place marked by the presence of man. The boot covers that Neil and Buzz wore, the food trays they used …
But perhaps the most important achievement of Apollo is that, in fulfilling his goal, he redefined humanity, by demonstrating that we were able to leave our home planet. This would be permanently a defining characteristic of our capabilities, which is why, forty years later, the
Names of Neil Armstrong and Buzz Aldrin are still ubiquitous. As his golden and silver ship landed on the surface of the Moon and leapt on its dust, Neil and Buzz tried something new about us. Years of work by thousands of people culminated in a mission piloted by three men, who “knew what needed to be known”, what was necessary to achieve what many said could not be achieved.

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