Ordesa — Manuel Vilas (spanish book edition)

Decir que no me parece un mal libro, eso si brotan sentimientos pero la mercadotecnia y los mass media no hace ningún bien al libro al esperar más y por momentos es monótono. El autor, en primera persona, va desgranando sus recuerdos desordenadamente en busca de la identidad de padres y familiares, para conocerlos y conocerse en el contexto de la España de los años sesenta.
La muerte, tema omnipresente , obsesiona al novelista, al igual que las injusticias sociales, la corrupción … Sólo le salvan el amor y la ternura que siente por sus padres e hijos.

Me parece casi imposible atravesar este libro sin que haya un momento, tan solo uno, en que no haya que parar y tomar aire antes de continuar. Es muy difícil que no haya una frase, un pasaje, un detalle o momento que remueva algo dentro de ti que te lleve a pensar en tus padres. Hay casi en cada página un pellizco, un impulso para que lo hagas. El regalo de una bata, el aceite de oliva, la manta en el maletero del coche, los programas de cocina en televisión, la foto de tus padres bailando, el cuarto ropero, las uñas pintadas, las figuras del belén que se caen de las manos, los tebeos tirados a la basura, los marcos baratos. Son esos detalles cotidianos que uno creía tan suyos y que, con este u otro disfraz, te llevan a tus padres. Manuel Vilas ha escrito un libro duro y hermoso. Recuerda la vida con sus padres a partir de su muerte. Habla aquí sobre lo que vivieron juntos, y también sobre lo que empieza a olvidar. Parece escribir este libro una forma de grabar instantes en la memoria para que no se escapen nunca. Habla sin tapujos (el divorcio, el alcohol, también la literatura y España). Traza un retrato familiar en el que, pese a las enormes diferencias, parece inevitable sentirse apelado. Es un libro de capítulos cortos (uf el 18, el 129), recuerdos siempre, que habla sobre los padres, pero también sobre los hijos. La paternidad de ida y vuelta. El apego por la herencia hecha recuerdo. “Me emocionan los padres jóvenes y responsables de su paternidad: adoran a sus hijos, pero sus hijos los olvidarán“ (252). Hay reflexiones sobre todos esos momentos en los que no queremos saber nada de los padres y de los que luego nos arrepentiremos. Sobre las preguntas que pudimos hacerles y no nos atrevimos. Sobre las veces que pudimos decirles te quiero y no lo hicimos (el pinchazo camino de Ordesa). Sobre las oportunidades perdidas de un beso. Me parece casi imposible salir de este libro sin querer más aún a tus padres.

La muerte es una frivolidad de la cultura y de la civilización. Ningún vivo antes de morir sabe eso. De saberlo, solo lo saben los vivos que ven a los muertos.
El bien y el mal son una de las ficciones mejor montadas de nuestra civilización. No existe el bien, ni existe el mal.
Nadie sabe cómo va a morir, y nuestra aprensión es melancolía; y la tradición de la melancolía debería regresar al mundo. Es una palabra que ya nadie usa. Y la melancolía ahora se llama trastorno obsesivo compulsivo. Mi madre fue melancólica, toda su vida estuvo sumergida en las aguas rosas del trastorno melancólico.
Mi madre se murió sin saber que se moría. No sabe que está muerta. Solo lo sé yo.
Ella no lo sabe.
Al quemar el cadáver de mi padre, ¿se fundió el diente de oro? ¿A qué temperatura se funde el oro? ¿Tendría que mirar ese dato en Wikipedia, y qué lograría averiguándolo? ¿Se quedó el diente de oro el forense que le hizo la autopsia a mi padre para extraerle el marcapasos? ¿Lo revendió luego, cuánto sacó? ¿Hizo un pack, de diente de oro y marcapasos? ¿El oro y el corazón?. Mi padre tuvo un corazón de oro.

¿Existe la muerte instantánea? Oh, la gran metáfora de la muerte instantánea e indolora, esa que buscan los partidarios de la pena de muerte. Sabedlo: no existe la muerte instantánea. Por una razón muy simple: porque la vida es fuerte, siempre es fuerte y robusta la vida. La vida nunca se marcha tan tranquilamente. Siempre se muere con un dolor indecible, insuperable, inhumano, indecente. Porque la vida es un logro de la resistencia ancestral contra los enemigos de la vida.
Cuando eres padre, como yo lo soy, lo eres de todos los hijos del mundo, no solo de los tuyos. Así funciona este negocio de la paternidad. Todo lo demás es política.
No puedes despertar a los muertos, porque están descansando.

Recuerdos que pasan de padres a hijos ya sin estar presente.
Acábate la Coca-Cola,
no dejes nada.
El hielo con el limón y la última gota.

El ruido del cubito
chocando contra el cristal del vaso,
acábatela,
porque nadie vendrá,
hasta rompo el hielo
con mis dientes,
y apuro la sombra del agua.

La bebí con mi padre
hace más de cuarenta años.

La bebí con mi hijo ayer.
La bebo a solas hoy.
Acábatela, no dejes ni una gota.

To my way of thinking it does not seem like a bad book, that if feelings arise but marketing and the mass media does not do the book any good by waiting more and at times it is monotonous. The author, in first person, he goes shelling his memories messily in search of the identity of parents and relatives, to know them and to know themselves in the context of the Spain of the sixties.
Death, omnipresent theme, obsesses the novelist, as well as social injustice, corruption … Only the love and tenderness he feels for his parents and children save him.

It seems almost impossible to go through this book without there being a moment, only one, in which there is no need to stop and take a breath before continuing. It is very difficult that there is not a phrase, a passage, a detail or moment that removes something inside you that leads you to think of your parents. There is almost on each page a pinch, an impulse for you to do it. The gift of a robe, olive oil, the blanket in the trunk of the car, the cooking shows on television, the picture of your parents dancing, the wardrobe room, the painted nails, the figures of the nativity scene that fall from the hands, comics thrown away, cheap frames. They are those everyday details that one believed so much theirs and that, with this or another disguise, they take you to your parents. Manuel Vilas has written a hard and beautiful book. Remember life with your parents after your death. Talk here about what you lived together, and also about what you begin to forget. It seems to write this book a way to record instants in the memory so that they never escape. Speak without taboos (divorce, alcohol, also literature and Spain). Draw a family portrait in which, despite the huge differences, it seems inevitable to feel appealed. It is a book of short chapters (uf the 18, the 129), memories always, that speaks on the parents, but also on the children. Paternity back and forth. The attachment for the inheritance made memory. “I am moved by young parents who are responsible for their fatherhood: they adore their children, but their children will forget them” (252). There are reflections on all those moments in which we do not want to know anything about the parents and those we will later regret. About the questions we could ask them and we did not dare. About the times we could say I love you and we did not do it (the puncture way to Ordesa). About the missed opportunities of a kiss. It seems almost impossible to get out of this book without even wanting your parents.

Death is a frivolity of culture and civilization. No one alive before he dies knows that. If you know it, only the living know that they see the dead.
Good and evil are one of the best mounted fictions of our civilization. There is no good, nor is there evil.
No one knows how he is going to die, and our apprehension is melancholy; and the tradition of melancholy should return to the world. It is a word that no one uses anymore. And melancholy is now called obsessive-compulsive disorder. My mother was melancholy, all her life was submerged in the pink waters of the melancholic disorder.
My mother died without knowing that she was dying. He does not know that she is dead. I only know.
She does not know.
When the body of my father was burned, did the gold tooth melt? At what temperature does gold melt? Would he have to look at that data on Wikipedia, and what would he find out? Was the gold tooth the forensic doctor who did the autopsy for my father to remove the pacemaker? He resold it later, how much did he get out? Did he make a pack, gold tooth and pacemaker? The gold and the heart ?. My father had a heart of gold.

Is there instant death? Oh, the great metaphor of instantaneous and painless death, that sought by supporters of the death penalty. Know it: there is no instant death. For a very simple reason: because life is strong, life is always strong and robust. Life never goes away so quietly. He always dies with unspeakable, insurmountable, inhuman, indecent pain. Because life is an achievement of ancestral resistance against the enemies of life.
When you are a father, as I am a father, you are one of all the children of the world, not only of yours. This is how this paternity business works. Everything else is political.
You can not wake the dead, because they are resting.

Memories that pass from parents to children without being present.
Join Coca-Cola,
do not leave anything.
The ice with the lemon and the last drop.

The noise of the cube
crashing against the glass of the glass,
hold it,
because nobody will come,
I even break the ice
with my teeth,
and I hurry the shadow of the water.

I drank it with my father
more than forty years ago

I drank it with my son yesterday.
I drink alone today.
Relax it, do not leave a drop.

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