Conversación — Theodore Zeldin / Conversation: How Talk Can Change Our Lives by Theodore Zeldin

Esta breve obra destaca lo importante e influyente que resulta una buena conversación, cuyo resultado dependerá de lo mucho que cuidemos nuestras palabras y silencios. El gran inconveniente de esta lectura es su pobre trasfondo y su corta extensión, pero es interesante.
Zeldin explica sus intenciones de escribir este libro para estimular la conversión. Ciertamente ha hecho esto en mi vida. He discutido este libro con personas que no lo han leído. Ha resultado una conversación apasionada.
He aprendido bastante sobre mí mismo de este libro. Por ejemplo, aprendí que soy un elocucionista. Zeldin señala en un relato histórico que los elocucionistas se centran más en la forma (gramática / estilo adecuado) en lugar de profundizar en la conversación. Ahora puedo superar algunos prejuicios que tengo cuando las personas pierden la forma.
Quizás una de las ideas más fascinantes que presenta es que la conversación con personas afines puede volverse aburridas. Al enterarme de esto, fui directamente a alguien con puntos de vista conflictivos y tuve una discusión con ellos. Las emociones que surgieron de esa conversación fueron abrumadoras y apreciadas por ambos. Tengo el libro para agradecer por esto.
Dentro de las páginas hay 36 impresiones de ilustraciones que son similares a lo que ves en la portada. También he disfrutado discutiendo este arte con la gente.
El libro cumple su promesa de estimular la conversación. Recomiendo esta lectura rápida a cualquier persona interesada en la dinámica de la conversación, incluso si eres tímido o callado.
Theodore Zeldin nos recuerda que los pensamientos que traducimos de las cargas eléctricas que brotan de nuestros cráneos en líneas de vibraciones en el aire llamadas PALABRAS son tan poderosos. Cada composición de oración puede servir como una herramienta para “cambiar el mundo”. Esta potencialidad da “regalo” a nuestro oyente, ya que nos da “regalo” a nosotros. Tal potencialidad permite trascender el momento de AHORA en la esfera del CAMBIO. El breve estudio histórico de conversación de Zeldin nos recuerda la oportunidad de afectar a otra persona: a nivel de mente / alma. Nuestros pensamientos son verdaderamente “herramientas” para enseñar a otros. La aleatoriedad de los partos se insta a ser reemplazada por el peso potente e influyente de las palabras que pueden registrarse en los dispositivos de grabación internos de otro ser humano. En ese acto considerado (formando oraciones de valor) uno aprende / reaprende el valor de Jesús implícito cuando dijo “cada vez que dos o más de ustedes se reúnen, yo también estoy con ustedes”. ¡Deslice este libro en sus manos y las de su idioma íntimo! Producirá las relaciones más profundas que todos anhelamos (matrimonios incluidos).

Conversar es inherente al ser humano. Charlar sobre nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones, errores, sueños, problemas o ilusiones es consustancial a nuestra controvertida naturaleza como animales dialógicos. Paradójicamente, siendo algo natural, fácil, sin un coste económico, resulta extraordinariamente difícil y escaso. Entre todos hemos conseguido que nuestras conversaciones raramente sean una oportunidad para el aprendizaje, una experiencia transformadora.
En la sociedad posmoderna y digital de hoy, esta paradoja alcanza caracteres inéditos. La agresividad de las ciudades desalmadas, una relación casi alérgica con el tiempo, la dictadura de las nuevas tecnologías –se observan escenas laborales y lúdicas donde los ipad, las tabletas, los móviles… dominan abrumadoramente sobre el contacto humano–
La conversación consiste, entre otras cosas, en un intento de leer la mente y en un rompecabezas. Constantemente estamos suponiendo por qué los demás dicen lo que dicen. Nunca podemos tener la seguridad cuando las palabras juegan entre ellas, las opiniones se acarician, la imaginación se desnuda, los temas se abren. Pero podemos ganar agilidad si lo queremos. Como en el amor, se puede estimular la conversación con el juego de las apariencias.

A lo largo de la historia, los humanos hemos inventado numerosos tipos de conversación amorosa, cada una de las cuales ha moldeado de manera diferente nuestras relaciones. Pero son como lenguajes con un vocabulario inadecuado. Debemos inventar un nuevo tipo de charla amorosa para que cumpla con las aspiraciones actuales.
La manera original para entablar conversación con una mujer era pretenderla. El acercamiento original consistía en mostrar tu fuerza y riqueza para impresionar y conquistar. Se necesitaba hablar muy poco. Como lo expresa un proverbio chino: «Comunicamos comiendo juntos». Las mujeres, por su parte, solían confiar en la magia, no en la conversación, para atraer a los hombres y después para evitar que se fueran con otras mujeres.
En el siglo XV se puso de moda una palabra nueva: «cortejar». Los cortesanos, de ambos sexos, obligados a pasar largas horas en compañía, desarrollaron una especie de juego. El intento de enamorar era lo que los hombres pretendían de las mujeres. El cortejo era una actividad compartida. El tema central de la conversación cortesana era la lealtad y, si no, se rompería la promesa de fidelidad.
La tragedia del siglo XX ha sido que no ha desarrollado modelos para otro tipo de conversación amorosa. El cine redujo el diálogo al mínimo: «Hacer películas –dijo Truffaut–, consiste en apuntar la cámara hacia mujeres bellas». El vaquero de John Wayne era esencialmente callado.
Hemos llegado al final de una etapa de la cultura. Ya no disponemos de una literatura o un arte que pueda ayudarnos a inventar el tipo de conversación que necesitamos si queremos superar la reiteración de nuestra impotencia y confusión. Las descripciones de la desesperación, la incoherencia y la violencia nos vuelven aún más impotentes. Durante casi un siglo, se nos ha educado para creer en las virtudes de la introspección.

La conversación familiar tiene como tema central implícito cómo personas de temperamento y edades diferentes pueden vivir juntas. Durante muchos siglos se dijo a los niños que permanecieran callados. Algunos se vengan ahora dominando la comida; pero pueden contribuir en gran medida a mejorar nuestra capacidad de comprensión de las demás personas.
La manera en que hablamos sobre nuestra vida privada también puede cambiar de forma revolucionaria. Y la revolución que necesitamos en la actualidad se centra en la manera en que hablamos del fracaso. La conclusión que extraigo de la historia de la tecnología es que en su conjunto ha conseguido enfrentarse al fracaso de una manera mucho más sensible de lo que hemos hecho en la vida política o privada, quizá porque el fracaso es el problema central para los ingenieros. Saben que es imposible crear un avión que no pueda caerse.
Creo que debemos emprender esta aventura ayudando a los jóvenes a escapar de la estrechez de los trabajos especializados y la formación especializada, para convertirse en generalistas, y ofreciendo a los ancianos más oportunidades para compartir sus experiencias con los jóvenes, para contrarrestar la segregación de las generaciones y del conocimiento.

This brief work highlights how important and influential a good conversation is, whose outcome will depend on how much we take care of our words and silences. The great disadvantage of this reading is its poor background and its short extension, but it is interesting.
Zeldin explains his intentions of writing this book to stimulate conversion. It certainly has done this in my life. I have discussed this book with people who have not read it. Passionate conversation has resulted.
I have learned quite a bit about myself from this book. For example, I learned I am an elocutionist. Zeldin points out in a historic account that elocutionists focus more on the form (proper grammar/style) rather than depth in conversation. I may now overcome some prejudices I have when people fall out of form.
Perhaps one of the most fascinating ideas he presents is that conversation with like minded people can become boring. Upon learning this I went straight to someone with conflicting views and had an argument with them. The emotions that came from that conversation were overwhelming and appreciated by both of us. I have the book to thank for this.
36 prints of artwork that are similar to what you see on the cover are contained within the pages. I also have enjoyed discussing this art with people.
The book fulfills its promise to stimulate conversation. I highly recommend this quick read to anyone interested in the dynamics of conversation, even if you are shy or quiet.
Theodore Zeldin reminds us that the thoughts we translate from electrical charges spurting about our craniums into lines of airborne vibrations named WORDS are so powerful. Each composition of sentence can serve as a tool to ‘change the world’. This potentiality gives ‘gift’ to our listener as it gives ‘gift’ to us. Such potentiality allow transcending the moment of NOW into the sphere of CHANGE. Zeldin’s brief historical study of conversation reminds us of the opportunity to affect another person: at mind/soul level. Our thoughts truly are ‘tools’ to teach others. The randomness of prattle is urged to be replaced by the potent and influential weight of words that may register on the inner recording devices of another human. In that considered act (forming sentences of worth) one learns/relearns the value of Jesus implied when he said “whenever two or more of you are gathered together, there I am with you also.” Do slip this book into your hands and those of your language intimates! It will yield the deepened relationships for which we ALL yearn (marriages included).

Conversing is inherent to the human being. Talking about our thoughts, feelings, decisions, mistakes, dreams, problems or illusions is consubstantial to our controversial nature as dialogic animals. Paradoxically, being something natural, easy, without an economic cost, it is extraordinarily difficult and scarce. Together we have made our conversations rarely an opportunity for learning, a transformative experience.
In today’s postmodern and digital society, this paradox reaches unprecedented characters. The aggressiveness of the heartless cities, an almost allergic relationship with time, the dictatorship of new technologies -you observe work and play scenes where ipad, tablets, mobile phones … overwhelmingly dominate over human contact-
The conversation consists, among other things, in an attempt to read the mind and in a puzzle. We are constantly assuming why others say what they say. We can never be sure when words play between them, opinions are caressed, imagination is undressed, issues open up. But we can gain agility if we want it. As in love, you can stimulate conversation with the game of appearances.

Throughout history, humans have invented numerous types of loving conversation, each of which has shaped our relationships differently. But they are like languages ​​with an inadequate vocabulary. We must invent a new kind of loving talk so that it meets current aspirations.
The original way to start a conversation with a woman was to pretend. The original approach was to show your strength and wealth to impress and conquer. It needed to talk very little. As a Chinese proverb puts it: “We communicate by eating together.” Women, on the other hand, used to rely on magic, not conversation, to attract men and then to prevent them from leaving with other women.
In the fifteenth century a new word became fashionable: “courting.” The courtiers, of both sexes, forced to spend long hours in company, developed a kind of game. The attempt to fall in love was what men wanted from women. Courtship was a shared activity. The central theme of the court conversation was loyalty and, if not, the promise of fidelity would be broken.
The tragedy of the twentieth century has been that it has not developed models for another type of loving conversation. The cinema reduced the dialogue to a minimum: “Making films,” said Truffaut, “consists in pointing the camera towards beautiful women.” John Wayne’s cowboy was essentially silent.
We have reached the end of a stage of culture. We no longer have a literature or an art that can help us invent the kind of conversation we need if we want to overcome the repetition of our impotence and confusion. Descriptions of despair, incoherence and violence make us even more impotent. For almost a century, we have been educated to believe in the virtues of introspection.

The implicit central theme of family conversation is how people of different temperaments and ages can live together. For many centuries the children were told to remain silent. Some take revenge now dominating the food; but they can contribute greatly to improving our understanding of other people.
The way we talk about our private lives can also change in a revolutionary way. And the revolution we need today is focused on the way we talk about failure. The conclusion I draw from the history of technology is that, as a whole, it has managed to face failure in a much more sensitive way than we have done in political or private life, perhaps because failure is the central problem for engineers. They know that it is impossible to create an airplane that can not fall.
I believe that we must undertake this adventure by helping young people to escape from the narrowness of specialized work and specialized training, to become generalists, and by offering older people more opportunities to share their experiences with young people, to counteract the segregation of young people. generations and knowledge.

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