Política Y Geopolítica Para Rebeldes, Irreverentes Y Escépticos — Augusto César Zamora Rodríguez / Politics And Geopolitics For Rebels, Irreverent And Skeptics by Augusto César Zamora Rodríguez (spanish book edition)

Como iniciación a cualquier persona o lector que proceda de cualquier ámbito puede entenderlo fácilmente. La lectura es amena y entretenida, y da una visión amplia de los sucesos actuales que raramente se explican en los medios de comunicación. Eso si ara profundizar posteriormente con más lecturas.

Vivimos una era única y singular. Por vez primera en la historia conocida, se vienen produciendo enormes cambios en el mundo sin que dichos cambios hayan sido consecuencia de una hecatombe bélica o catástrofes naturales. Los grandes cambios de poder suelen ser resultado de decisiones humanas en forma de guerras. España impuso su poder mundial con guerras; Francia la sustituyó como poder hegemónico también con guerras, y guerras de siglos dieron origen al Imperio británico. EEUU se hizo potencia mundial merced a la Primera Guerra Mundial, y poder hegemónico en Occidente y sus contornos gracias a la Segunda. Hechos naturales han puesto fin a civilizaciones enteras, como la minoica, destruida por una erupción volcánica, o como las pestes que asolaron Europa y retrasaron siglos su resurgimiento.
Pero los cambios del presente tienen su origen en un hecho sin parangón en la historia: el suicidio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la gran superpotencia que competía con EEUU por el dominio mundial —o se lo repartían—. No hay antecedentes históricos conocidos de un hecho similar. Vivimos una era única y singular. Por vez primera en la historia conocida, se vienen produciendo enormes cambios en el mundo sin que dichos cambios hayan sido consecuencia de una hecatombe bélica o catástrofes naturales. Los grandes cambios de poder suelen ser resultado de decisiones humanas en forma de guerras. España impuso su poder mundial con guerras; Francia la sustituyó como poder hegemónico también con guerras, y guerras de siglos dieron origen al Imperio británico. EEUU se hizo potencia mundial merced a la Primera Guerra Mundial, y poder hegemónico en Occidente y sus contornos gracias a la Segunda. Hechos naturales han puesto fin a civilizaciones enteras, como la minoica, destruida por una erupción volcánica, o como las pestes que asolaron Europa y retrasaron siglos su resurgimiento.
Pero los cambios del presente tienen su origen en un hecho sin parangón en la historia: el suicidio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la gran superpotencia que competía con EEUU por el dominio mundial —o se lo repartían—. No hay antecedentes históricos conocidos de un hecho similar. Los europeos no han entendido la profundidad y extensión de esta regla axiomática de la geopolítica. Han hecho una alianza a muerte con un país que nunca morirá con ellos. Todo lo contrario, los ha visto morir y se ha enriquecido hasta la obscenidad con sus desgracias. Para EEUU, las dos guerras mundiales fueron un regalo de dioses. Sin esas guerras no habría llegado nunca a lo que llegó sin sacrificar un dólar. Los europeos occidentales le siguen agradeciendo que les ayudara a vencer a Alemania, aunque, en la verdad histórica, su participación en la Primera Guerra Mundial fue simbólica y, en la Segunda, limitada, correspondiendo el mayor mérito a la URSS. Las decisiones que tome la UE respecto a Rusia nos dirán si habrá paz o guerra.

Conocido también como «embriaguez» o «borrachera del poder», es un síndrome que afecta a cierto porcentaje de políticos. Fue estudiado en la década de los setenta del pasado siglo por el político y neurólogo británico David Owen, aunque este síndrome ha estado presente en las culturas humanas desde tiempos inmemoriales. El nombre procede del griego hubris, término que suele traducirse como «desmesura». Robert Graves, en Los mitos griegos, le da el significado de «desvergüenza». Hubris, por su parte, surgió del teatro griego clásico, pues se empleaba para referirse a los actores que robaban escenas y, luego, por extensión, a las personas ostentosas o de conductas desmesuradas o de escasa vergüenza. En la Grecia clásica no existía el concepto del pecado, tal como lo entiende el cristianismo, por lo que remitían las conductas inapropiadas a decisión de los dioses. Estos castigaban según las normas sociales, de modo que aquellas personas que las transgredían podían ser objeto de la ira divina.
La mitología griega abunda en casos de personas que incurrían en el hybris y eran condenadas por los dioses a castigos terribles, para mostrarles sus límites y devolverlos a ellos. Los síntomas:

– Inclinación narcisista a ver el mundo como un escenario donde ejercer su poder y buscar la gloria, en vez de un lugar con problemas que requieren planteamientos pragmáticos.
– Forma mesiánica de hablar de lo que están haciendo y tendencia a la exaltación.
– Una identificación de sí mismos con el Estado hasta el punto de considerar idénticos los intereses y perspectivas del Estado con los de ellos mismos.
– Excesiva confianza en su propio juicio y desprecio del consejo y crítica ajenos.
– Exagerada creencia —rayando en un sentimiento de omnipotencia— en lo que pueden conseguir personalmente.
– Pérdida de contacto con la realidad, a menudo unida a un progresivo aislamiento.
– Obstinada negativa a cambiar de rumbo, por creer que su «visión amplia» y la rectitud moral de sus actuaciones hace innecesario estudiar costes y resultados.
– Un tipo de incompetencia —«incompetencia de la hybris»—, que los lleva a no preocuparse por los aspectos prácticos de una directriz política.

El síndrome de Hybris puede afectar a cualquiera y darse en cualquier escala de poder. Se puede ver de cotidiano. Presidentes que quieren eternizarse en el poder, alcaldes que sienten que el ayuntamiento es suyo, políticos que terminan considerándose dueños de su partidos… En los años de la «burbuja financiera», España se llenó de obras ciclópeas y megalómanas que costaron al país 6000 millones de euros, de aeropuertos sin aviones a autovías sin vehículos, pasando por museos y centros culturales. La lista es interminable y los daños también. Se precisa una vacuna para el síndrome de Hybris, aunque es siempre preferible la medicina preventiva: poner límites temporales a los cargos de tipo político (presidentes, diputados, alcaldes, etc.), de manera que ese límite actúe como Némesis de aquellos que han contraído el síndrome de Hybris o están en riesgo de contraerlo. Es lo de siempre: más vale prevenir que lamentar. Sin embargo, el delito de cuello blanco es muy lucrativo, las posibilidades de que les pillen son mínimas y las sanciones triviales. Piénsese en los que usan información privilegiada, los reyes de los bonos basura y los tiburones de los empréstitos. Sus depredadoras operaciones financieras son espectacularmente beneficiosas para ellos, incluso cuando les pillan. En muchos casos, las reglas del juego delictivo a gran escala no son las mismas que las del delito ordinario. En el primer caso, sus protagonistas suelen formar parte de una red estructurada para proteger sus mutuos intereses. Provienen del mismo estrato social y las mismas escuelas, pertenecen a los mismos clubes e incluso desempeñan un papel decisivo en el establecimiento de las reglas de control gubernamental. Un ladrón de bancos puede ser condenado a veinte años de prisión, mientras que un abogado, un hombre de negocios o un político que defrauda millones de dólares puede recibir solo una multa o una sentencia (luego suspendida), después de un juicio ampliamente demorado y nada claro. Condenamos al ladrón de bancos, pero le pedimos al desfalcador que invierta nuestro dinero.

Del latín castus, puro, según unos, o del gótico kastan, según el Diccionario de la Lengua Española. Corominas remite al término gótico kasts, que hacía referencia a «grupo de animales» o «nidada de pájaros». Hacia 1471 significaba «especie animal»; para 1500, «clase, calidad o condición». De significados varios, se emplea el término para referirse a un grupo humano que por motivos etnológicos, políticos, sociales o religiosos —y hasta profesionales— permanece o se mantiene separado del resto de la sociedad a causa de sus prejuicios o costumbres. Aunque el sistema de castas ha estado presente en todas las sociedades humanas con distintos nombres (sacerdotes, nobles, guerreros, artesanos, plebe), es en la India donde adquiere una expresión más definida dentro del hinduismo; religión, cuyos orígenes se remontan a las invasiones de pueblos arios, entre 2000 a 1700 años antes de Cristo. Cuatro son las castas superiores en el hinduismo: brahmanes (sacerdotes e intelectuales), kshátriyas (reyes y guerreros), vaihyas (comerciantes) y shudras (artesanos, campesinos y trabajadores). Debajo de estas castas hay miles de subcastas, hasta llegar a los dálist o intocables, seres impuros, sin casta, a los que está prohibido tocar, debido a que realizan todos los oficios indignos o infectos. La casta «marca el estatus de las personas. Se nace, se vive y se muere en una casta y no es posible cambiar a otra», explica la Fundación Vicente Ferrer.
En política, las castas se forman a partir del control del poder por un grupo reducido de partidos que, aunque inicialmente democráticos, hacen del usufructo del Estado su modo de vida y de ascenso social y económico. La formación de «castas políticas» se ve favorecida por la inexistencia de límites temporales a la ocupación de cargos públicos, como ocurre en España, donde hay políticos que lo son de la cuna a la tumba (el alcalde de Castillejos de Mesleón ocupa el cargo ininterrumpidamente desde 1964 y seguirá hasta 2019, si no fallece antes). De la eternización en los cargos a las complicidades mutuas —entre toros no hay cornadas— y a la corrupción no hay más que breves pasos. La connivencia del control de lo público con intereses empresariales termina convirtiendo el cargo público en mina de oro.

Mass Media. Suponen ser los vehículos para ejercer la libertad de expresión, pero todos tienen dueño, con excepción de los medios de propiedad pública, cuyo «dueño» es el partido en el poder. Son empresas y funcionan como empresas, es decir, no tienen una función social —aunque la cumplen—, sino que deben generar beneficios a sus dueños y servir a los intereses de esos mismos dueños o de quienes representan esos dueños. Mantienen la idea —muchas veces la ficción— de que existe libertad de expresión, pero es la libertad de expresión de los dueños de los medios de comunicación (y de sus socios, cómplices, accionistas o contratantes de publicidad), no la libertad de expresión del ciudadano común, que rara vez tiene acceso a ellos. O lo tienen dentro de parámetros limitados, insertándose en los esquemas prefabricados del medio de comunicación del que se trate.
Los periodistas que trabajan en los medios de comunicación son empleados que deben cumplir las órdenes de los dueños del medio que les emplea y paga, sea radio, prensa, televisión, agencias noticiosas o de cualquier otro formato en la plataforma que sea. El control de los medios de comunicación es una cuestión estratégica en toda sociedad, pues a través de estos medios se puede controlar el pensamiento de una mayoría social y «crear» ideologías. La manipulación informativa, a través de los medios de comunicación, ha sido copiosamente estudiada. El conglomerado alemán Bertelsmann, como puede leerse en su página web, posee 52 canales de televisión y 29 emisoras de radio, y «cada día los lectores de Gruner+Jahr tienen la opción de escoger entre 500 revistas en distintos medios en más de 30 países». El Grupo Bertelsmann España es dueño, a través de Atresmedia, de Antena Tres, La Sexta y Onda Cero en el campo audiovisual y posee doce revistas, entre ellas Muy Interesante, Geo y Autopista, así como las editoriales Alfaguara y Taurus. RCS Mediagroup, conglomerado empresarial italiano, posee los diarios Corriere della Sera, La Gazzetta dello Sport y Corriere Economia —entre otros— en Italia y es dueño de El Mundo, Marca y Expansión en España; en total, un centenar de medios de comunicación. Mediaset España pertenece al grupo italiano Mediaset, fundado por Silvio Berlusconi. Es dueño de Telecinco y Cuatro, además de otros cuatro canales más de televisión. El Grupo Prisa, dueño de El País y la cadena de radio SER, pasó a ser propiedad de la empresa estadounidense Liberty. El diario La Razón pertenece al Grupo Planeta y ABC al Grupo Vocento, que posee, además, doce diarios territoriales, varias cadenas de radio… Las limitaciones a la libertad de expresión no provienen únicamente de la concentración de los medios de comunicación en pocas manos y de que esas manos defiendan un sistema monocolor, sino también de la dependencia de estos medios de los anunciantes. Es de público conocimiento que los medios masivos de comunicación dependen, fundamentalmente, de la cantidad de anunciantes que puedan captar. El círculo se cierra comprendiendo que, en cada país, los mayores anunciantes suelen ser las grandes empresas y el Estado. Los anuncios son una forma legal de aceptar, mantener en niveles manipulables o liquidar a los medios de comunicación discrepantes.

La concepción de Mackinder ha pasado a la posteridad como la más exitosa e influyente teoría geopolítica de la historia, que aún marca pautas en este siglo XXI. Con la teoría del «pivote» o del «corazón continental», Mackinder divide el mundo en dos campos: el ascendente «corazón» de Eurasia y las tierras marítimas subordinadas. En 1919, Mackinder hace una actualización de su teoría, en un escrito titulado Ideales democráticos y realidad, donde define Asia Central como el «corazón continental», rodeado de una vasta región periférica (rimland), y afirma que Europa Oriental es la «llave» del corazón continental. Según su teoría, «quien gobierne la Europa Oriental dominará el corazón continental; quien domine el corazón continental dominará la isla mundial; quien domine la isla mundial dominará el mundo». La isla mundial la forman Eurasia y África, que suman dos terceras partes del territorio del planeta. Mapa viene del latín mappa, que significa toalla y también plano de finca rústica, según nos explica el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Son representaciones geográficas de todo o parte de la superficie terrestre. Los mapamundis representan toda la superficie del planeta, dividida en dos hemisferios, norte y sur; tras su aparente inocencia, esconden construcciones ideológicas cuyo origen se remonta al siglo XVI y a la era de los imperialismos. No quiere esto decir que los autores de los mapas se hubieran guiado por ideologías, sino que los hacían tomando como referencia el mundo y la sociedad en la que vivían. La publicación del mapamundi de Peters revela, por vez primera, el contenido ideológico de la cartografía, hasta ese momento presentada como una ciencia impoluta y neutral. Peters respondea suscríticos acusándolosde querer mantener la «sobrevaloración del hombre blanco» sobre los pueblos del sur y de defender la distorsión del mundo «para ventaja de los colonialistas». La polémica abandona las aulas y pasa a Naciones Unidas, inmersa, en esos años, en la batalla por la liquidación final de los imperios coloniales, la llamada descolonización. La ONU adopta como oficial el mapamundi de Peters, dando un espaldarazo definitivo al cartógrafo alemán. A partir de entonces, otros cartógrafos asumen la tarea de elaborar mapamundis más acordes con la realidad geográfica del planeta, y distintos países del sur proceden a elaborar sus propios mapas, para poner fin a la hegemonía visual eurocentrista. El mundo se llena de nuevas proyecciones e imágenes visuales del planeta.

El mayor error de los estrategas geopolíticos europeos y estadounidenses del siglo XX fue no considerar a China en sus análisis. Ni Halford Mackinder, ni el almirante Mahan, ni Nicholas Spykman —por mencionar a algunos de ellos— la tuvieron en cuenta. Desde su visión, el mundo seguiría dominado, in secula seculorum, por un grupo de potencias occidentales y cristianas, exceptuando Japón. En ese mismo error cayó Zbigniew Brzezinski, cuya obra El gran tablero mundial, publicada en 1998, no hace justicia al creciente poder chino. Después del suicidio de la Unión Soviética, en EEUU se apresuraron a proclamar que el XXI sería «un Nuevo Siglo Americano». No ha sido así. Estamos viviendo el siglo del retorno de China. Lo había intuido Napoleón Bonaparte, en 1816: «Dejen que China duerma, porque, cuando despierte, el mundo temblará». Más que el mundo, tiemblan las potencias imperialistas. Una vasta mayoría de países de este planeta azul están encantados de comerciar y relacionarse con la República Popular. Sin intervenciones, humillaciones, imposiciones… Durante la visita oficial que hizo a EEUU, en septiembre de 2015, el presidente chino Xi Jinping declaró que, «fortaleciendo nuestra defensa nacional y la construcción militar, no caemos en aventuras militares. Esta idea nunca se nos ocurre», recordando que «China no tiene bases militares en Asia ni tropas desplegadas fuera de sus fronteras». Hay otras formas de entender la política, no solo repartiendo bombas, como viene haciendo Occidente desde hace siglos.

Bancos más grandes del mundo por capitalización en el año 2015 :

1 Industrial & Commercial Bank o China (ICBC) China / 2 Wells Fargo & Co Estados Unidos / 3 China Construction Bank China  / 4 Bank of China China  / 5 JP Morgan Chase & Co Estados Unidos  / 6 Agricultura Bank of China China  / 7 HSBC Holdings Reino Unido  / 8 Bank of America Estados Unidos  / 9 Citigroup Estados Unidos  / 10 Commonwealth Bank of Australia Australia  / 11 Banco Santander España  / 12 Royal Bank of Canada Canadá  / 13 Westpac Banking Corporation Australia  / 14 Goldman Sachs Group Estados Unidos  / 15 Toronto-Dominion Bank Canadá.

Cleptocracia: el otro nombre del capitalismo. Gobierno de ladrones. Ocurre cuando una clase social, grupo o casta ocupa el gobierno de un país con el objetivo de lucrarse sobre la ruina general, de forma legal e ilegal. Una mayoría de países ha padecido, en uno u otro momento de su historia, esta lacra social. En países pobres, ha solido pasar cuando grupos cleptócratas son encumbrados al poder por fuerzas extranjeras con el fin de saquear un país. El Zaire (hoy República Democrática del Congo) de Mobutu Sese Seko o el Haití de la familia Duvalier son ejemplos notorios de gobiernos cleptócratas. Como en todo, hay cleptocracias descaradas, como los casos citados, o cleptocracias enmascaradas bajo programas económicos, como ocurrió en Latinoamérica, con gobiernos neoliberales (1980-1996). En España, el creciente proceso de desigualdad ha llevado a que 15 000 personas acumulen tanta riqueza como 14 millones de españoles. Con la riqueza del país en tan pocas manos, la democracia deviene fraude, muchas veces consentido por los propios pueblos. Argentina reeligió a Carlos Menem, el hombre que dejó en escombros el país. En España, la corrupción se ha hecho endémica, pero, de mil corruptos, 998 acaban en las portadas de revistas frívolas y un 2% juzgados, de los que menos del 0,001% termina en la cárcel. Y una mayoría feliz, soñando con ser concejal, diputado o ministro. Como sacarse la lotería, pero durante años o la vida entera…

 

 

 

 

 

As an introduction to any person or reader who comes from any field can easily understand it. The reading is entertaining and entertaining, and gives a broad view of current events that are rarely explained in the media. That’s if you deepen later with more readings.

We live a unique and singular era. For the first time in known history, enormous changes are taking place in the world without these changes having been the result of a war hecatomb or natural catastrophes. The great changes of power are usually the result of human decisions in the form of wars. Spain imposed its world power with wars; France replaced it as a hegemonic power also with wars, and wars of centuries gave rise to the British Empire. The USA became a world power thanks to the First World War, and hegemonic power in the West and its contours thanks to the Second. Natural events have put an end to entire civilizations, such as the Minoan, destroyed by a volcanic eruption, or as the plagues that ravaged Europe and delayed its resurgence centuries.
But the changes of the present have their origin in a fact unparalleled in history: the suicide of the Union of Soviet Socialist Republics, the great superpower that competed with the United States for world domination – or they shared it out. There is no known historical background of a similar event. We live a unique and singular era. For the first time in known history, enormous changes are taking place in the world without these changes having been the result of a war hecatomb or natural catastrophes. The great changes of power are usually the result of human decisions in the form of wars. Spain imposed its world power with wars; France replaced it as a hegemonic power also with wars, and wars of centuries gave rise to the British Empire. The USA became a world power thanks to the First World War, and hegemonic power in the West and its contours thanks to the Second. Natural events have put an end to entire civilizations, such as the Minoan, destroyed by a volcanic eruption, or as the plagues that ravaged Europe and delayed its resurgence centuries.
But the changes of the present have their origin in a fact unparalleled in history: the suicide of the Union of Soviet Socialist Republics, the great superpower that competed with the United States for world domination – or they shared it out. There is no known historical background of a similar event. Europeans have not understood the depth and extension of this axiomatic rule of geopolitics. They have made a death alliance with a country that will never die with them. On the contrary, he has seen them die and has become enriched to obscenity with their misfortunes. For the USA, the two world wars were a gift from the gods. Without those wars I would never have arrived at what came without sacrificing a dollar. Western Europeans continue to thank him for helping them defeat Germany, although, in historical truth, their participation in the First World War was symbolic and, in the Second, limited, corresponding the greatest merit to the USSR. The decisions that the EU will make regarding Russia will tell us if there will be peace or war.

Also known as “drunkenness” or “drunkenness of power,” it is a syndrome that affects a certain percentage of politicians. It was studied in the seventies of the last century by the British politician and neurologist David Owen, although this syndrome has been present in human cultures since time immemorial. The name comes from the Greek hubris, a term that is often translated as “excess”. Robert Graves, in The Greek Myths, gives it the meaning of “shamelessness.” Hubris, on the other hand, emerged from the classical Greek theater, as it was used to refer to actors who stole scenes and, later, by extension, to ostentatious people or excessive behaviors or little shame. In classical Greece there was no concept of sin, as understood by Christianity, so they remitted inappropriate behavior to the decision of the gods. These punished according to social norms, so that those who transgressed them could be the object of divine wrath.
Greek mythology abounds in cases of people who incurred hybris and were condemned by the gods to terrible punishments, to show them their limits and return them to them. The symptoms:

– Narcissistic inclination to see the world as a scenario where you exercise your power and seek glory, instead of a place with problems that require pragmatic approaches.
– Messianic way of talking about what they are doing and tendency to exaltation.
– An identification of themselves with the State to the point of considering the interests and perspectives of the State identical with those of themselves.
– Excessive confidence in their own judgment and contempt for the advice and criticism of others.
– Exaggerated belief – highlighting a feeling of omnipotence – in what they can personally achieve.
– Loss of contact with reality, often linked to progressive isolation.
– Obstinate refusal to change course, believing that its “broad vision” and the moral rectitude of its actions make it unnecessary to study costs and results.
– A type of incompetence – “incompetence of the hybris” – that leads them not to worry about the practical aspects of a political guideline.

Hybris syndrome can affect anyone and occur on any scale of power. You can see everyday. Presidents who want to stay in power, mayors who feel that the city council is theirs, politicians who end up considering themselves the owners of their parties … In the years of the “financial bubble”, Spain was filled with cyclopean and megalomanic works that cost the country 6,000 million from euros, from airports without airplanes to motorways without vehicles, passing through museums and cultural centers. The list is endless and the damage too. A vaccine for Hybris syndrome is needed, although preventive medicine is always preferable: temporary limits to political positions (presidents, deputies, mayors, etc.), so that this limit acts as nemesis of those who have Hybris syndrome or are at risk of contracting it. It’s the usual: better safe than sorry. However, white collar crime is very lucrative, the chances of being caught are minimal and trivial penalties. Think of those who use privileged information, the kings of junk bonds and the sharks of the loans. Their predatory financial operations are spectacularly beneficial to them, even when they get caught. In many cases, the rules of the criminal game on a large scale are not the same as those of ordinary crime. In the first case, its protagonists are usually part of a structured network to protect their mutual interests. They come from the same social stratum and the same schools, belong to the same clubs and even play a decisive role in establishing the rules of government control. A bank robber can be sentenced to twenty years in prison, while a lawyer, a businessman or a politician who defrauds millions of dollars can receive only a fine or a sentence (later suspended), after a widely delayed trial and Not clear. We condemn the bank robber, but we ask the embezzler to invest our money.

From the Latin castus, pure, according to some, or from the Gothic kastan, according to the Dictionary of the Spanish Language. Corominas refers to the Gothic term kasts, which referred to «group of animals» or «nest of birds». By 1471 it meant “animal species”; for 1500, “class, quality or condition”. Of various meanings, the term is used to refer to a human group that for ethnological, political, social or religious reasons – and even professionals – remains or remains separated from the rest of society because of their prejudices or customs. Although the caste system has been present in all human societies with different names (priests, nobles, warriors, craftsmen, plebs), it is in India that it acquires a more defined expression within Hinduism; religion, whose origins go back to the invasions of Aryan peoples, between 2000 to 1700 years before Christ. Four are the upper castes in Hinduism: Brahmins (priests and intellectuals), Kshátriyas (kings and warriors), Vaihyas (merchants) and Shudras (artisans, peasants and workers). Under these castes there are thousands of subcastes, until they reach the dálist or untouchable, impure beings, without caste, to which it is forbidden to touch, because they perform all the unworthy or infected trades. The caste «marks the status of people. One is born, one lives and dies in a caste and it is not possible to change to another », explains the Vicente Ferrer Foundation.
In politics, castes are formed from the control of power by a small group of parties that, although initially democratic, make the usufruct of the State their way of life and social and economic advancement. The formation of “political castes” is favored by the absence of temporary limits to the occupation of public offices, as in Spain, where there are politicians who are from cradle to grave (the mayor of Castillejos de Mesleón occupies the post uninterrupted since 1964 and will continue until 2019, if he does not die before). From the eternalization in the charges to the mutual complicity -between bulls there are no cornadas- and to corruption there are only brief steps. The connivance of the control of the public with business interests ends up turning public office into a gold mine.

Mass Media. They are supposed to be vehicles for exercising freedom of expression, but they all have an owner, with the exception of publicly owned media, whose “owner” is the party in power. They are companies and they function as companies, that is, they do not have a social function -although they comply with it-, but they must generate benefits for their owners and serve the interests of those same owners or those who represent those owners. They maintain the idea – often fiction – that there is freedom of expression, but it is the freedom of expression of the owners of the media (and their partners, accomplices, shareholders or advertising contractors), not the freedom of expression of the common citizen, who rarely has access to them. Or they have it within limited parameters, inserted in the prefabricated schemes of the means of communication in question.
Journalists who work in the media are employees who must comply with the orders of the owners of the medium that employs them and pays, be it radio, press, television, news agencies or any other format on the platform that is. The control of the media is a strategic issue in every society, because through these means you can control the thinking of a social majority and “create” ideologies. The informative manipulation, through the media, has been copiously studied. The German conglomerate Bertelsmann, as can be read on its website, has 52 television channels and 29 radio stations, and «each day the readers of Gruner + Jahr have the option to choose between 500 journals in different media in more than 30 countries » The Bertelsmann Group Spain owns, through Atresmedia, Antena Tres, La Sexta and Onda Cero in the audiovisual field and has twelve magazines, including Muy Interesante, Geo y Autopista, as well as the publishers Alfaguara and Taurus. RCS Mediagroup, an Italian business conglomerate, owns the newspapers Corriere della Sera, La Gazzetta dello Sport and Corriere Economia -among others- in Italy and owns El Mundo, Marca y Expansión in Spain; In total, a hundred media. Mediaset España belongs to the Italian group Mediaset, founded by Silvio Berlusconi. He owns Telecinco and Cuatro, plus four other television channels. Grupo Prisa, owner of El País and the radio station SER, became the property of the American company Liberty. The newspaper La Razón belongs to Grupo Planeta and ABC to Grupo Vocento, which also has twelve regional newspapers, several radio stations … The limitations on freedom of expression do not come only from the concentration of the media in a few hands and that those hands defend a monocolor system, but also the dependence of these media advertisers. It is public knowledge that the mass media depend, fundamentally, on the number of advertisers they can capture. The circle closes with the understanding that, in each country, the biggest advertisers are usually large companies and the State. The announcements are a legal way of accepting, maintaining at manipulable levels or liquidating the dissenting media.

Mackinder’s conception has passed down to posterity as the most successful and influential geopolitical theory in history, which still sets standards in this 21st century. With the “pivot” or “continental heart” theory, Mackinder divides the world into two fields: the ascending “heart” of Eurasia and the subordinate maritime lands. In 1919, Mackinder makes an update of his theory, in a paper titled Democratic ideals and reality, where he defines Central Asia as the “continental heart”, surrounded by a vast peripheral region (rimland), and affirms that Eastern Europe is the “key”. »Of the continental heart. According to his theory, “whoever governs Eastern Europe will dominate the continental heart; whoever dominates the continental heart will dominate the world island; whoever dominates the world island will dominate the world ». The world island is formed by Eurasia and Africa, which account for two thirds of the planet’s territory. Map comes from the Latin mappa, which means towel and also rustic farm plan, as explained in the Dictionary of the Royal Academy of the Language. They are geographical representations of all or part of the earth’s surface. The world maps represent the entire surface of the planet, divided into two hemispheres, north and south; behind their apparent innocence, they hide ideological constructions whose origin goes back to the sixteenth century and the era of imperialism. This does not mean that the authors of the maps had been guided by ideologies, but that they were doing them taking as reference the world and the society in which they lived. The publication of Peters’ world map reveals, for the first time, the ideological content of cartography, until that moment presented as an immaculate and neutral science. Peters responds to his critics accusing them of wanting to maintain the “overvaluation of the white man” over the peoples of the south and to defend the distortion of the world “for the advantage of the colonialists.” The controversy leaves the classrooms and passes to the United Nations, immersed, in those years, in the battle for the final liquidation of the colonial empires, the so-called decolonization. The UN adopts Peters’ world map as official, giving a definite accolade to the German cartographer. From then on, other cartographers assume the task of elaborating world map more in line with the geographical reality of the planet, and different countries of the south proceed to elaborate their own maps, to put an end to Eurocentric visual hegemony. The world is filled with new projections and visual images of the planet.

The biggest mistake of the European and American geopolitical strategists of the 20th century was not to consider China in its analyzes. Neither Halford Mackinder, nor Admiral Mahan, nor Nicholas Spykman-to mention a few of them-took it into account. From his vision, the world would continue to be dominated, in secula seculorum, by a group of Western and Christian powers, with the exception of Japan. In that same error fell Zbigniew Brzezinski, whose work The Great World Board, published in 1998, does not do justice to the growing Chinese power. After the suicide of the Soviet Union, in the USA they rushed to proclaim that the XXI would be “a New American Century”. It has not been like that. We are living the century of the return of China. Napoleon Bonaparte had intuited it in 1816: “Let China sleep, because when it wakes up, the world will tremble”. More than the world, the imperialist powers tremble. A vast majority of countries on this blue planet are happy to trade and interact with the People’s Republic. Without interventions, humiliations, impositions … During the official visit to the US, in September 2015, Chinese President Xi Jinping declared that, “strengthening our national defense and military construction, we do not fall into military adventures. This idea never occurs to us, “recalling that” China has no military bases in Asia or troops deployed outside its borders. ” There are other ways of understanding politics, not just distributing bombs, as the West has been doing for centuries.

Largest banks in the world by capitalization in 2015:

1 Industrial & Commercial Bank or China (ICBC) China / 2 Wells Fargo & Co United States / 3 China Construction Bank China / 4 Bank of China China / 5 JP Morgan Chase & Co United States / 6 Agriculture Bank of China China / 7 HSBC Holdings United Kingdom / 8 Bank of America United States / 9 Citigroup United States / 10 Commonwealth Bank of Australia Australia / 11 Banco Santander Spain / 12 Royal Bank of Canada Canada / 13 Westpac Banking Corporation Australia / 14 Goldman Sachs Group United States / 15 Toronto -Dominion Bank Canada.

Kleptocracy: the other name of capitalism. Government of thieves. It happens when a social class, group or caste occupies the government of a country with the aim of profiting from general ruin, legally and illegally. A majority of countries have suffered, at one time or another in their history, this social scourge. In poor countries, it has often happened when kleptocratic groups are encumbered to power by foreign forces in order to loot a country. Zaire (today Democratic Republic of the Congo) of Mobutu Sese Seko or the Haiti of the Duvalier family are notorious examples of kleptocratic governments. As in everything, there are shameless kleptocracies, like the cases cited, or kleptocracy masked under economic programs, as happened in Latin America, with neoliberal governments (1980-1996). In Spain, the growing inequality process has led to 15,000 people accumulating as much wealth as 14 million Spaniards. With the wealth of the country in so few hands, democracy becomes fraud, often pampered by the people themselves. Argentina re-elected Carlos Menem, the man who left the country in rubble. In Spain, corruption has become endemic, but, of a thousand corrupt, 998 end up on the covers of frivolous magazines and 2% tried, of which less than 0.001% ends up in jail. And a happy majority, dreaming of being a councilor, deputy or minister. How to get the lottery, but for years or the whole life …

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