La Paradoja Del Comediante — Denis Diderot / Le Paradoxe Sur Le Comédien (The Paradox Of The Actor) by Denis Diderot

Uno de los más interesantes escritos breves del autor y que sirve de reflexión.
El arte del actor —dice— exige «gran número de cualidades que la naturaleza reúne tan pocas veces en una misma persona, que abundan más los grandes autores que los grandes comediantes».
«Si vemos tan pocos grandes actores —dice— es debido a que los progenitores no destinan sus hijos al teatro; es porque éstos no se preparan mediante una educación comenzada en la juventud; es porque una compañía teatral no es (como debiera serlo en una comunidad en la que se otorgase a la función de hablar a los hombres congregados para ser instruidos, entretenidos, corregidos, con la importancia, honores y recompensas que tal función merece), una corporación formada, como las demás comunidades, por gente proveniente de todas las familias de la sociedad y llevados a escena tal como se dedican a servir, al palacio, a la iglesia, por propia elección o por gusto y consentimiento de sus tutores naturales».

El oficio del actor tiende a desnaturalizarlo. Está en la consecuencia de un instinto que impulsa al hombre a desertar de sí mismo para vivir bajo otras apariencias. Es, por lo tanto, profesión que los hombres desprecian. La encuentran peligrosa. Le achacan inmoralidad y la condenan por misteriosa. Esta actitud farisaica, que las tolerancias sociales más extremadas no han suprimido, refleja una idea profunda. La de que el comediante hace algo prohibido: engaña a la humanidad y se burla de ella. Sus sentidos y su razón, su cuerpo y su alma inmortal no le han sido otorgados para que disponga de ellos como de un instrumento, forzándolos y haciéndolos girar en todas direcciones.
Si el actor es óptimo, es, entre todos los artistas, el que más sacrifica su persona en el ministerio que ejerce. Nada puede darnos que no ofrezca en sí mismo, no en efigie, sino en cuerpo y alma y sin intermediarios. Sujeto y objeto al mismo tiempo, causa y finalidad, materia e instrumento, él mismo es su propia creación.
Lo esencial del comediante es entregarse. Para darse, es necesario que primeramente se posea a sí mismo. Nuestro oficio, con la disciplina que presupone, con los reflejos que fijara y a los que dirige, es trama propia de nuestro arte, junto con la libertad que éste exige y los encandilamientos que encuentra a su paso. La expresión emotiva se desprende de la expresión adecuada. No solamente la técnica no excluye la sensibilidad: sino que la autoriza y la pone en libertad. Es su soporte y su guardián. Es gracias al oficio que podemos abandonarnos, porque gracias a él sabremos volver a encontrarnos. El estudio y observancia de los principios, un mecanismo infalible, una memoria segura, una dicción obediente, la respiración regular y los nervios en reposo, la cabeza y el estómago livianos, nos proporcionan tal seguridad que nos inspira audacia.

La ventaja que un golpe de teatro natural tiene sobre una escena de mera elocuencia, es la forma brusca de provocar la emoción, aunque sea más difícil de realizar, porque se imitan con más facilidad los acentos que los movimientos y el más pequeño desajuste en éstos, destruye la ilusión buscada.
Es éste el fundamento de una ley que creo no tiene excepción so pena de frialdad: llevar al desenlace por medio de la acción y no por el recitado.
Se dice del orador que vale más cuanto más se exalta, cuando se apasiona, cuando se irrita. Yo lo niego. Será eso cuando imita la exaltación, la pasión, la furia. Los comediantes impresionan al público, no cuando están furiosos, sino cuando fingen perfectamente el furor. En los tribunales, en las asambleas, en todos los sitios en que se quiere dominar los ánimos, se finge ya la ira, ya el temor, ya la piedad, para producir en el auditorio esos distintos sentimientos. Lo que no logra una pasión efectiva lo consigue una pasión bien imitada.
Cuando se dice de un hombre que es un gran comediante, no entiende nadie que tal hombre siente, sino todo lo contrario: que sabe simular el sentimiento sin sentir absolutamente nada; papel más difícil que el del actor, pues aquel hombre ha de buscar él mismo su discurso, ha de llenar dos funciones, la de poeta y la de comediante. El poeta en la escena puede ser más hábil que el comediante social en la realidad.

One of the most interesting brief writings of the author and that serves as a reflection.
The art of the actor, he says, demands “a great number of qualities that nature gathers so rarely in the same person, that great authors abound more than great comedians.”
“If we see so few great actors,” he says, “it’s because the parents do not allocate their children to the theater; it is because they are not prepared through an education begun in youth; it is because a theater company is not (as it should be in a community in which the function of speaking to the assembled men is given to be instructed, entertained, corrected, with the importance, honors and rewards that such a function deserves), a corporation formed, like other communities, by people from all the families of society and brought to the scene as they are dedicated to serve, the palace, the church, by their own choice or by the pleasure and consent of their natural guardians ».

The job of the actor tends to denaturalize it. It is in the consequence of an instinct that drives man to defect from himself to live under other appearances. It is, therefore, a profession that men despise. They find it dangerous. They impute immorality and condemn it as mysterious. This pharisaical attitude, which the most extreme social tolerances have not suppressed, reflects a profound idea. The one about the comedian doing something forbidden: he deceives humanity and makes fun of it. His senses and his reason, his body and his immortal soul have not been given to him to dispose of them as an instrument, forcing them and making them turn in all directions.
If the actor is optimal, it is, among all the artists, the one who sacrifices the most in the ministry he exercises. Nothing can give us that does not offer in itself, not in effigy, but in body and soul and without intermediaries. Subject and object at the same time, cause and purpose, matter and instrument, he himself is his own creation.
The essence of the comedian is to surrender. To give himself, it is necessary that he first possesses himself. Our craft, with the discipline it presupposes, with the reflections it fixes and those it directs, is the very fabric of our art, together with the freedom it demands and the enchantments it finds in its path. The emotional expression comes from the proper expression. Not only does technique not exclude sensitivity: it authorizes and sets it free. It is your support and your guardian. It is thanks to the office that we can abandon ourselves, because thanks to him we will know how to meet again. The study and observance of the principles, an infallible mechanism, a secure memory, an obedient diction, the regular breathing and the resting nerves, the light head and the stomach, provide us with such security that inspires us audacity.

The advantage that a coup of natural theater has on a scene of mere eloquence is the abrupt way of provoking emotion, although it is more difficult to perform, because the accents are more easily imitated than the movements and the smallest mismatch in these , destroy the illusion sought.
This is the foundation of a law that I believe has no exception under penalty of coldness: to lead to the outcome through action and not by recitation.
It is said of the speaker that it is worth more the more he exalts himself, when he becomes passionate, when he becomes irritated. I deny it. It will be that when it imitates the exaltation, the passion, the fury. The comedians impress the public, not when they are angry, but when they perfectly pretend the furor. In the courts, in the assemblies, in all the places where one wants to dominate the mood, anger is already pretending, and fear, and piety, to produce in the audience those different feelings. What does not achieve an effective passion is achieved by a well-imitated passion.
When it is said of a man who is a great comedian, nobody understands that such a man feels, but quite the opposite: he knows how to simulate the feeling without feeling absolutely nothing; a role more difficult than that of the actor, since that man has to seek his own speech, he has to fill two roles, that of poet and that of comedian. The poet in the scene may be more skilled than the social comedian in reality.

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