Don Juan Contra Franco: Los Archivos Secretos De La Última Conspiración Monárquica — Juan Fernández-Miranda & Jesús García Calero / Don Juan Vs Franco: The Secret Files of the Last Monarchical Conspiracy by Juan Fernández-Miranda & Jesús García Calero (spanish book edition)

Interesante y bien documentado. El libro gira en torno a dos grandes protagonistas. Por un lado, Don Juan de Borbón, hijo y legítimo sucesor del Rey Don Alfonso XIII y, por tanto, Rey de derecho tras la abdicación y fallecimiento de su padre. Don Juan adoptó con acierto y prudencia el título regio de conde de Barcelona. Por el otro, el general Francisco Franco, proclamado jefe del Estado y vencedor en una sangrienta guerra civil tras el fracaso del régimen republicano como sistema capaz de organizar una pacífica y armónica convivencia entre todos los españoles.
“Don Juan siempre persiguió la Restauración de la Monarquía tratando de conseguir la reconciliación nacional. Frente a esta idea, la política del general Franco, que únicamente pretendía su propia supervivencia y la de un sistema político jurídicamente muy débil.

El monarca lo tiene todo previsto. Su familia también saldrá de España a la mañana siguiente, pero lo hará por tierra, en el tren de Irún. Sin embargo, en palacio no están todos; hay un miembro de la familia que vive a quinientos kilómetros de Madrid totalmente ajeno a la política. Es el quinto hijo, tercero varón, de Alfonso XIII, el Infante Don Juan, que a sus diecisiete años se forma como marino de guerra en la Escuela Naval de San Fernando, en Cádiz. Su ambición no es la política, sino el mar. Sus sueños no persiguen el Trono, sino el horizonte. Ser el tercero en la línea de sucesión le permite vivir con una sensación de libertad impropia de un miembro de la Familia Real. No en vano, jamás ha recibido formación en las cuestiones propias de un posible heredero al Trono. Pero su padre está atento y ordena su inmediata salida del país.
Diez días después de la proclamación de la Segunda República española, la Familia Real vuelve a estar unida, esta vez en el exilio. Pero un rey carece de sentido sin trono en el que sentarse, por lo que la prioridad es recuperar el poder. Alfonso XIII ha decidido abandonar su país para evitar una guerra civil, pero no ha renunciado a ninguno de sus derechos.
Pese a que siendo sólo un bebé el Infante dio muestras de su mala salud, el Rey insistió en proclamarle Príncipe de Asturias y durante casi toda su vida se obcecó en que debía ser el heredero. Pese a las evidencias de que su primogénito padecía hemofilia y de que esta dolencia le impedía llevar una vida normal, el Rey miró para otro lado. Ahora, cuando la realidad de su familia es el exilio, es el momento de replantearse esa decisión.

Perdida la Corona, roto su matrimonio y con el primogénito dando un paso atrás, las expectativas de la Familia Real para recuperar el poder pasan por Don Juan, que acepta asumir el reto, pero no está dispuesto a abandonar su incipiente carrera militar a mitad de curso. No va a permitir que, una vez más, la política ponga su vida patas arriba sin previo aviso: en abril de 1931 hubo de abandonar la Academia Militar de San Fernando a toda prisa. Por fortuna para él, el Rey de Inglaterra, Jorge V —su tío—, permitió que continuara su formación en la Escuela Naval de Darmouth, la más exigente del mundo. Un año después, finalizados los estudios y promocionado a guardiamarina, Don Juan estuvo condicionado a la hora de elegir destino: la mayoría de las flotas inglesas tocaban, de una manera u otra, aguas españolas…
Don Juan empieza a pensar como un político. Es entonces cuando Don Juan empieza a actuar como el heredero de los derechos dinásticos de la Familia Real española. Es entonces cuando Don Juan de Borbón empieza a trabajar activamente para recuperar el Trono. Resulta una obviedad, pero la Restauración de la Monarquía pasa inexorablemente por la caída de la República.
A Don Juan no le queda más remedio que obedecer, pues todo anhelo de la Familia Real por recuperar el poder pasa porque Franco gane la guerra y propicie la Restauración monárquica. El convencimiento es tal que pocas semanas después es el propio Alfonso XIII quien telegrafía a Franco para felicitarle por sus éxitos. En su suite del Gran Hotel de Roma, el Rey exiliado coloca un mapa de España en el que sigue obsesivamente el avance de las tropas rebeldes.

Las afirmaciones de Franco van despertando a Alfonso XIII de su entusiasmo por la causa franquista como vía para derrocar la República y dar paso a la Monarquía. Él, que en sus tiempos en palacio había promocionado a Franco en el Ejército; él, que durante la guerra había donado un millón de pesetas al bando nacional; él, que siguió con entusiasmo los avances militares de Franco desde un destierro que se inició por propia voluntad; él empieza a sentirse humillado a finales de 1937 y así se lo hace saber en una carta en la que le reprocha su escaso interés por la Restauración.
El doble juego de Franco se intensifica. A la vez que le espeta a Alfonso XIII que vaya pensando en la preparación de su heredero, revoca el edicto republicano que privaba al Rey de la ciudadanía española y a la Familia Real de sus propiedades. Una estrategia de cal y de arena que le permite ganar tiempo, aplacar a los Borbones y, entretanto, ir poco a poco consolidando su poder y creando un Estado a su imagen y semejanza.
Alfonso XIII muere en Roma en febrero de 1941 cuando está a punto de cumplirse una década desde que decidió abandonar España para evitar que en su nombre se derramase una sola gota de sangre. El Rey muere en el exilio enfrentado a Franco.
Los Franco entran a vivir en El Pardo en marzo de 1940 y, de inmediato, el Caudillo ordena algunos cambios en el protocolo. Primero, que se le dé a su esposa trato de «Señora». Pero si hay un hecho que provoca el primer roce serio con los monárquicos es el decreto que obliga a que suene la Marcha Real cuando su mujer llegue a una ceremonia oficial, como siempre había ocurrido con la Reina. Paralelamente, también hay cierta tensión con el Ejército tras la represión que el general Antonio Aranda lleva a cabo contra los falangistas por las sacas de Valencia y el asalto a la prisión de Alicante, ordenando la ejecución sumaria de los responsables. Las espadas están en alto.
El año 1941 se abre con la cesión de los derechos dinásticos de Alfonso XIII, que siente cercana su muerte, en la persona de Don Juan.

Hay un monárquico contra el que el Caudillo no osará jamás actuar. Una personalidad de enorme influencia nacional e internacional, un perfecto caballero que siempre se ha movido entre bambalinas. Intervino en el alquiler del avión de Havilland Dragon Rapide que llevó a Franco a Marruecos en julio de 1936 y luego, en 1937, fue el emisario en Londres de los sublevados: se trata de Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba.
Acabada la guerra, y a pesar de que continúa ejerciendo las labores de embajador de la España franquista en la capital inglesa, trabaja junto a diversos líderes de la oposición con la clara intención de apartar a Franco del poder.
Jacobo Fitz-James Stuart es por derecho uno de los españoles más influyentes del siglo. Su participación en algunos momentos clave de la conspiración durante estos años otorga a la oposición monárquica una enorme proyección dentro y fuera de nuestras fronteras. Además de su prestigio, que el entorno de Don Juan calificará de «cañón de grueso calibre», el duque parte de un conocimiento personal del dictador en los inicios de su carrera militar en África.
Hay algo que el dictador aún no sabe, pero sí lo saben Don Juan y el duque de Alba. Por una vez llevan la delantera. Churchill se lo ha dicho confidencialmente al duque en Londres:
—En la cumbre de Quebec, Roosevelt y yo hemos acordado que Don Juan será el sustituto de Franco.
Jacobo Fitz-James Stuart llama a Don Juan a Suiza para darle la noticia. Pero él ya estaba al tanto, alertado del asunto con entusiasmo por su tío, Louis Mountbatten. ¿Qué puede salir mal?
En el interior, Franco está acosado por los militares que un día le entregaron el poder. En el mundo, la guerra cambia de tornas y los Aliados le vigilan de cerca. El régimen pasa por su peor momento.

Las posiciones están quedando claras. Dos visiones encontradas y algunas preocupaciones mantenidas. Don Juan es consciente de que Franco explota el sentimiento nacional para vincularlo con su política, y por eso mismo le causa desvelo que los simpatizantes monárquicos en España piensen que sus declaraciones y el bloqueo de petróleo formaban parte de un plan coordinado.
Franco explota ese temor y da pábulo a quienes acusan al conde de Barcelona de perjudicar los intereses de la nación en el peor momento. Pero la realidad es que, sin petróleo, la débil España de posguerra se hunde. Incluso el desfile conmemorativo de la Victoria del 1 de abril tiene que hacerse, en 1944, sin carros por la falta de combustible. Franco se pliega finalmente a las exigencias de los Aliados y deja de vender volframio a los alemanes.
—No sería prudente desahuciar a Don Juan —aconseja Carrero Blanco a Franco—, ni abandonarle con los mentores que tiene en la actualidad. Hay que ponerle en el camino de que cambie radicalmente y pasados los años pueda reinar o se resigne a que sea su hijo el que reine.
Entre los nombres que Franco utiliza para tratar de lograr ese contacto, en contra del nuevo clima de ruptura oficial, figuran Martín Artajo —nuevo ministro de Exteriores encargado de mejorar la imagen del régimen en un mundo hostil—, Mateu, Areilza y Ortigosa. Ninguno consigue logros significativos. Pero hay uno que goza de una posición única. Es José María Oriol, lo suficientemente franquista para haber sido invitado a formar parte del Gobierno y lo suficientemente monárquico para no haberla aceptado. Una posición que le permite ser admitido como interlocutor por ambas partes.

Franco medita cómo puede torpedear la actividad de Don Juan. La primera medida pasa por la utilización de la prensa para desacreditar a quien malintencionadamente no califican como el titular de los derechos dinásticos, sino como «el quinto hijo de Alfonso XIII». Con una Ley de Sucesión que pone en duda que Don Juan fuera su legítimo heredero y que otorga al actual jefe del Estado la potestad de elegir a quien considere y cuando lo considere, introducir este elemento en el debate de la opinión pública supone un ataque frontal contra lo que Don Juan representa, la negación misma de su posición. De este modo se recuerda que, aunque el segundo hijo de Alfonso XIII, Don Jaime, hubiera ratificado en 1945 su renuncia a los derechos dinásticos, ha tenido descendencia.
No hay duda de que Franco erosiona a Don Juan al abrir el debate sobre la identidad del sucesor. Sin embargo, ésa es una batalla a medio plazo, y en abril de 1947 la prioridad de Franco es impedir que Don Juan se convierta de facto en el líder de la oposición. Para ello, en El Pardo concluyen que conviene aislar a su adversario alejándole de sus asesores. Los objetivos fijados son, pues, los consejeros. La campaña en la prensa contra ellos, especialmente contra Gil Robles, es feroz.

Como en toda buena conspiración, nadie se fía de nadie. A Franco eso le gusta. El informe desvela que el duque de Alba no está tranquilo con el general Aranda al mando de la Junta Militar. Para cauterizar los posibles problemas derivados de los poderes que el Comité Aliado ha otorgado a Aranda, el duque de Alba traza un plan en una reunión celebrada el 12 de abril en Estoril, en la que se terminan de perfilar los nombramientos de militares monárquicos en la Junta Militar: Kindelán, Bartomeu, Espinosa de los Monteros y al almirante Rocha, presidida por Aranda para, sin menoscabar su mandato, tenerle controlado. Quiere comprobar si hay algo de cierto en el rumor de que prepara «algo muy gordo contra el general Franco».
La conspiración no cesa y abre nuevos tentáculos que también merecen el grafito del Generalísimo. A la formación de la Junta Militar se suman dos movimientos importantes que el espionaje franquista somete al escrutinio del dictador: en el exterior, las izquierdas se postulan para unir a todo el antifranquismo; en el interior, el duque de Alba sigue trabajando para aunar una mayoría antifranquista. Hay muchísimo movimiento. El lápiz rojo de Franco trabaja intensamente. Por encima de la Junta Militar están los principales instigadores de la conspiración.

Discurre el año 1948. Franco tiene cincuenta y cinco años y está creando un Estado a su imagen y semejanza. Don Juan es más joven, va a cumplir treinta y cinco, y maneja como puede los entusiasmos de los españoles que desde la discrepancia coinciden en que España debe estar a la altura de la historia y convertirse en una democracia liberal, una Monarquía parlamentaria como la británica. Las conspiraciones —la de fuera, la de dentro; la de izquierdas, la de derechas; la monárquica, la republicana— empiezan a entender que Don Juan es la última alternativa real a Franco y afrontan su última oportunidad.

El jefe del Estado no gana para disgustos. Los informes de espionaje le permiten conocer de cerca quiénes son los conspiradores y cómo se fragua un antifranquismo cada vez más plural y desvergonzado. El lápiz rojo, el mejor símbolo de sus problemas, echa humo. ¿Hay alguien en la España oficial que no participe de ese murmulleo sordo?
En medio de tanta ebullición política, Franco se entera de que uno de los grupos más numerosos y organizados, los tradicionalistas, preparan también una gran movilización. Una muy especial, envuelta en su proverbial religiosidad, porque deciden concentrarse el 2 de mayo en el Monasterio de Montserrat. Pero es un asunto eminentemente político que no escapa a los espías de Franco. En principio, la lectura es que esta reunión será un acto de adhesión a Fal Conde, cuyo momento triunfal ansían sus partidarios y ven próximo.
Franco está cada vez más solo. Su poder no está aún en cuestión, y Don Juan sigue en Estoril, demasiado lejos de Madrid. Pero aun así, y a pesar de la censura, las delaciones, las multas y los destierros, los espías cada vez le informan de más movimientos subversivos. El antifranquismo va poco a poco sofisticando sus técnicas para gambetear con el poder, y la base sobre la que el jefe del Estado apuntala su poder es cada vez más estrecha. Franco es consciente de que si quiere seguir al mando debe cambiar de estrategia.

(1948) A medida que avanza el verano las conversaciones se concretan en un documento de ocho puntos que reflejan los acuerdos en todos los órdenes: reconciliación, derechos políticos y sociales, religión, Gobierno interino, plebiscito para la forma de Estado y papel de la nueva España en el mundo:

1. Dictar una amplia amnistía de delitos políticos.
2. Instaurar desde el primer momento un estatuto jurídico que regule el uso de los derechos de la persona humana y que establezca un sistema de recursos judiciales contra las extralimitaciones del poder público.
3. Mantener inflexiblemente el orden público e impedir todo género de venganzas o represalias por motivos religiosos, sociales o políticos.
4. Reajustar, con el concurso de todos los elementos interesados en la producción, la quebrantada economía nacional.
5. Eliminar de la dirección política del país todo núcleo o influencia totalitarios, sean cuales sean sus matices.
6. Incorporar España inmediatamente al grupo de naciones occidentales del continente europeo asociadas para el plan de recuperación de Europa iniciado merced al auxilio económico de Estados Unidos, e incorporarla asimismo al pacto de los Cinco —Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo—, núcleo inicial de la Federación del Occidente de Europa primero y de la de toda Europa después, siempre dentro de la Carta de las Naciones Unidas promulgada en San Francisco.
7. Asegurar el libre ejercicio de culto y la consideración que merece la religión católica sin mengua del respeto que a las demás creencias religiosas se debe, conforme a la libertad de pensamiento.
8. Previa devolución de las libertades ciudadanas, que se efectuará con el ritmo más rápido que las circunstancias permitan consultar a la Nación a fin de establecer, bien en forma directa o a través de representantes, pero en cualquier caso mediante voto secreto, al que tendrán derecho todos los españoles, de ambos sexos, capacitados para emitirlo, un régimen político definitivo. El Gobierno que presida esta consulta deberá ser, por su composición y por la significación de sus miembros, eficaz garantía de imparcialidad.

El 24 de agosto el documento está cerrado. Es la primera vez desde el final de la Guerra Civil en que la derecha monárquica y las izquierdas posibilistas se van a poner de acuerdo en cómo se debe gestionar un eventual posfranquismo.

Las discrepancias entre Gil Robles y Sainz Rodríguez ya se explicitaron en aquella reunión de Villa Papoila en febrero de 1946, cuando discutieron sobre cómo había que plantar cara a Franco. Y Don Juan había decidido poner en marcha dos planes paralelos: con Gil Robles, la vía de la negociación con las izquierdas; con Sainz Rodríguez, la del encuentro cara a cara con Franco. Que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda.
Se aleja del Azor y Don Juan de Franco. El encuentro ha puesto de manifiesto su mutua incomprensión. No están de acuerdo en casi nada, pero como consecuencia de ese histórico encuentro a cinco millas de San Sebastián, una persona adquiere una relevancia extraordinaria para el futuro de España. Es Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, Don Juanito. A sus diez años está llamado a jugar un papel esencial en el futuro político de España. Él no tiene ni la más remota sospecha de la que se le viene encima. Don Juan sí atisba el riesgo del movimiento político que acaba de realizar. Su llegada a Madrid decantará definitivamente la balanza hacia uno de los dos contendientes. Su llegada reescribirá la Historia de España.

Don Juan Carlos de Borbón y Borbón es ya un elemento clave de la política española. Tiene diez años y antes de poner pie en suelo español por primera vez en su vida ya ha revolucionado la vida política, probablemente sin ser consciente de ello.
En noviembre de 1948, el Príncipe se ha convertido a sus diez años en la principal baza para que la Casa de Borbón vuelva algún día a reinar en España. Su padre ha hecho una apuesta que tiene mucho de asunción de una realidad personal y mucho de cumplimiento de un deber asumido quince años antes. En 1933, un telegrama enviado por su padre dio la vuelta al mundo para pedirle un compromiso:

Por renuncia de tus dos hermanos mayores quedas tú como mi heredero. Cuento contigo para que cumplas con tu deber.

Aquel Don Juan de veinte años tomó una decisión que marcaría su vida para siempre. Tres lustros después, en 1948, a sus treinta y cinco años, la realidad vuelve a ofrecerle un destino distinto al imaginado. Enviar a su hijo a Madrid supone asumir que derrocar a Franco se escapa a sus posibilidades presentes. Su deber pasa ahora por situar a la Casa Real en el exilio en la mejor disposición de, quién sabe cuándo y quién sabe cómo la jefatura del Estado.

– La comunidad internacional ha priorizado la estabilidad de Europa a la democracia en España: a la hora de la verdad, nunca apoyó a Don Juan.
– Franco consiguió unos equilibrios imposibles y ha sabido mantenerse en el poder utilizando todos los medios a su alcance: nunca cumplió su compromiso de devolver el poder a la Corona.
– El propio Don Juan se autoimpuso una limitación basada en una convicción: nunca daría un paso que pudiera llevar a los españoles a una nueva guerra civil.

El resumen de la posición en la que queda Don Juan una vez que Don Juan Carlos está en España lo realiza el general Aranda pocos días después de su llegada:
—Sigo pensando en el efecto que ha producido la venida del Príncipe. Sin género de duda, a las izquierdas les ha caído mal, porque ellas no pueden comprender que haya el menor contacto con Franco. Por eso creo que actualmente el pacto ha quedado inutilizado como si no hubiera existido.

Interesting and well documented book. The book revolves around two great protagonists. On the one hand, Don Juan de Borbón, son and legitimate successor of King Alfonso XIII and, therefore, King of right after the abdication and death of his father. Don Juan adopted with success and prudence the royal title of Count of Barcelona. On the other, General Francisco Franco, proclaimed head of the State and winner in a bloody civil war after the failure of the republican regime as a system capable of organizing a peaceful and harmonious coexistence among all Spaniards.
“Don Juan always persecuted the Restoration of the Monarchy trying to achieve national reconciliation. Faced with this idea, the policy of General Franco, who only wanted his own survival and that of a juridically very weak political system.

The monarch has everything planned. His family will also leave Spain the next morning, but will do so by land, on the Irún train. However, in the palace they are not all; There is a member of the family who lives five hundred kilometers from Madrid totally oblivious to politics. He is the fifth son, third male, of Alfonso XIII, the Infante Don Juan, who at seventeen years of age is trained as a navy of war at the Naval School of San Fernando, in Cádiz. His ambition is not politics, but the sea. His dreams do not pursue the Throne, but the horizon. Being the third in the line of succession allows you to live with a sense of freedom improper for a member of the Royal Family. Not in vain, has never received training in the issues of a possible heir to the Throne. But his father is attentive and orders his immediate departure from the country.
Ten days after the proclamation of the Second Spanish Republic, the Royal Family is once again united, this time in exile. But a king has no meaning without a throne to sit on, so the priority is to regain power. Alfonso XIII has decided to leave his country to avoid a civil war, but has not renounced any of his rights.
Although being only a baby the Infante showed signs of his ill health, the King insisted on proclaiming him Prince of Asturias and during most of his life he was stubborn about being the heir. Despite the evidence that his firstborn was suffering from hemophilia and that this condition prevented him from leading a normal life, the King looked the other way. Now, when the reality of your family is exile, it is time to rethink that decision.

Lost the Crown, broken their marriage and with the first-born taking a step back, the expectations of the Royal Family to recover power go through Don Juan, who accepts to take up the challenge, but is not willing to abandon his incipient military career in the middle of course. It will not allow, once again, the policy to turn its life upside down without warning: in April of 1931 it had to leave the Military Academy of San Fernando in a hurry. Fortunately for him, the King of England, Jorge V – his uncle – allowed him to continue his training at the Naval School of Darmouth, the most demanding in the world. A year later, after finishing his studies and promoting midshipmen, Don Juan was conditioned when choosing his destination: most of the English fleets played, in one way or another, Spanish waters …
Don Juan starts thinking like a politician. It is then when Don Juan begins to act as the heir of the dynastic rights of the Spanish Royal Family. It is then when Don Juan de Borbón begins to work actively to recover the Throne. It is obvious, but the Restoration of the Monarchy passes inexorably through the fall of the Republic.
Don Juan has no choice but to obey, because all the desire of the Royal Family to recover power passes because Franco wins the war and promotes the monarchical Restoration. The conviction is such that a few weeks later it is Alfonso XIII himself who telegraphs Franco to congratulate him on his successes. In his suite at the Grand Hotel in Rome, the exiled King places a map of Spain in which he follows obsessively the advance of the rebel troops.

The affirmations of Franco are awakening Alfonso XIII of his enthusiasm for the Francoist cause as a way to overthrow the Republic and give way to the Monarchy. He, who in his time in the palace had promoted Franco in the Army; He, who during the war had donated a million pesetas to the national side; he, who enthusiastically followed Franco’s military advances from a banishment that started by his own will; He begins to feel humiliated at the end of 1937 and so he makes it known in a letter in which he reproaches him for his scant interest in the Restoration.
Franco’s double game intensifies. At the same time he asks Alfonso XIII to think about the preparation of his heir, he revokes the republican edict that deprived the King of Spanish citizenship and the Royal Family of its properties. A strategy of lime and sand that allows you to buy time, appease the Bourbons and, meanwhile, go little by little consolidating its power and creating a State in its image and likeness.
Alfonso XIII died in Rome in February 1941 when it is about to be a decade since he decided to leave Spain to avoid spilling a single drop of blood in his name. The King dies in exile facing Franco.
The Franco came to live in El Pardo in March 1940 and, immediately, the Caudillo ordered some changes in the protocol. First, give it to your wife as “Madam.” But if there is a fact that causes the first serious friction with monarchists is the decree that forces the Royal March to sound when his wife arrives at an official ceremony, as always had happened with the Queen. In parallel, there is also some tension with the Army after the repression that General Antonio Aranda carries out against the Falangists for the sacks of Valencia and the assault on the prison in Alicante, ordering the summary execution of those responsible. The stakes are high.
The year 1941 opens with the transfer of the dynastic rights of Alfonso XIII, who feels close to his death, in the person of Don Juan.

There is a monarchist against whom the Caudillo will never dare to act. A personality of enormous national and international influence, a perfect gentleman who has always moved behind the scenes. He intervened in the rental of the Havilland Dragon Rapide plane that took Franco to Morocco in July 1936 and then, in 1937, he was the emissary in London of the insurgents: this is Jacobo Fitz-James Stuart, Duke of Alba.
After the war, and despite continuing to work as ambassador of Franco’s Spain in the English capital, works with various opposition leaders with the clear intention of removing Franco from power.
Jacobo Fitz-James Stuart is by right one of the most influential Spaniards of the century. His participation in some key moments of the conspiracy during these years gives the monarchical opposition a huge projection inside and outside our borders. In addition to his prestige, which Don Juan’s environment will describe as “heavy caliber cannon”, the duke starts from a personal knowledge of the dictator at the beginning of his military career in Africa.
There is something that the dictator does not yet know, but Don Juan and the Duke of Alba do. For once they are ahead. Churchill has told the Duke confidentially in London:
– In the Quebec summit, Roosevelt and I have agreed that Don Juan will be the substitute for Franco.
Jacobo Fitz-James Stuart calls Don Juan to Switzerland to break the news. But he was already aware, alerted to the matter with enthusiasm by his uncle, Louis Mountbatten. What can go wrong?
In the interior, Franco is harassed by the military that one day handed him power. In the world, the war changes and the Allies watch him closely. The regime is going through its worst moment.

The positions are becoming clear. Two conflicting views and some concerns maintained. Don Juan is aware that Franco exploits the national sentiment to link it with his politics, and for that reason he is concerned that the monarchist sympathizers in Spain think that his statements and the oil blockade were part of a coordinated plan.
Franco exploits this fear and gives a boost to those who accuse the Count of Barcelona of harming the interests of the nation at the worst moment. But the reality is that, without oil, weak post-war Spain sinks. Even the victory parade of April 1 has to be done, in 1944, without cars due to lack of fuel. Franco finally folds to the demands of the Allies and stops selling tungsten to the Germans.
“It would not be prudent to evict Don Juan,” Carrero Blanco advises Franco, “nor abandon him with the mentors he has today. You have to put him on the path to change radically and over the years can reign or resign to be his son who reigns.
Among the names that Franco uses to try to achieve that contact, against the new climate of official rupture, are Martin Artajo -new foreign minister in charge of improving the image of the regime in a hostile world-, Mateu, Areilza and Ortigosa. None get significant achievements. But there is one who enjoys a unique position. It is José María Oriol, Francoist enough to have been invited to be part of the Government and sufficiently monarchical not to have accepted it. A position that allows him to be admitted as an interlocutor by both parties.

Franco meditates how he can torpedo Don Juan’s activity. The first measure involves the use of the press to discredit those who maliciously do not qualify as the holder of dynastic rights, but as “the fifth son of Alfonso XIII.” With a Law of Succession that puts in doubt that Don Juan was his legitimate heir and that gives the current head of state the power to choose who he considers and when he considers it, introducing this element in the debate of public opinion supposes a frontal attack against what Don Juan represents, the very denial of his position. In this way it is remembered that, although the second son of Alfonso XIII, Don Jaime, had ratified in 1945 his renunciation of dynastic rights, he had offspring.
There is no doubt that Franco erodes Don Juan by opening the debate over the identity of the successor. However, this is a medium-term battle, and in April 1947 Franco’s priority is to prevent Don Juan from de facto becoming the leader of the opposition. To do this, in El Pardo they conclude that it is best to isolate their adversary by distancing them from their advisors. The objectives set, then, are the counselors. The campaign in the press against them, especially against Gil Robles, is fierce.

As in any good conspiracy, nobody trusts anyone. Franco likes that. The report reveals that the Duke of Alba is not at ease with General Aranda in command of the Military Junta. To cauterize the possible problems derived from the powers that the Allied Committee has granted to Aranda, the Duke of Alba draws a plan in a meeting held on April 12 in Estoril, in which the professions of monarchists in the Military Junta: Kindelán, Bartomeu, Espinosa de los Monteros and Admiral Rocha, presided over by Aranda to, without undermining his mandate, have him controlled. He wants to see if there is any truth in the rumor that he is preparing “something very big against General Franco.”
The conspiracy does not stop and opens new tentacles that also deserve the graphite of the Generalissimo. To the formation of the Military Junta are added two important movements that Franco’s espionage submits to the scrutiny of the dictator: on the outside, the left postulate to unite all anti-Francoism; in the interior, the Duke of Alba continues working to unite an anti-Franco majority. There is a lot of movement. Franco’s red pencil works intensively. Above the Military Junta are the main instigators of the conspiracy.

It passes the year 1948. Franco is fifty-five years old and is creating a state in his image and likeness. Don Juan is younger, he is going to turn thirty-five, and he handles the enthusiasms of Spaniards who, from the discrepancy, agree that Spain must live up to history and become a liberal democracy, a parliamentary monarchy like the British The conspiracies-the outside, the inside; the one on the left, the one on the right; the monarchist, the republican-they begin to understand that Don Juan is the last real alternative to Franco and face their last chance.

The head of state does not win for trouble. The espionage reports allow him to know closely who the conspirators are and how an anti-Francoism is increasingly plural and shameless. The red pencil, the best symbol of your problems, throws smoke. Is there anyone in official Spain who does not participate in that muffled murmur?
In the midst of so much political boiling, Franco learns that one of the most numerous and organized groups, the traditionalists, is also preparing a large mobilization. A very special one, wrapped in its proverbial religiosity, because they decide to concentrate on May 2 at the Monastery of Montserrat. But it is an eminently political issue that does not escape the spies of Franco. In principle, the reading is that this meeting will be an act of adhesion to Fal Conde, whose triumphant moment their supporters long for and see next.
Franco is increasingly alone. His power is not yet in question, and Don Juan is still in Estoril, too far from Madrid. But even so, and in spite of the censorship, the denunciations, the fines and the exile, the spies increasingly inform him of more subversive movements. The anti-Francoism is little by little sophisticating its techniques to gambet with the power, and the base on which the head of the State props up his power is more and more narrow. Franco is aware that if he wants to remain in charge, he must change his strategy.

(1948) As the summer progresses, the talks materialize in an eight-point document that reflects the agreements in all orders: reconciliation, political and social rights, religion, interim government, plebiscite for the State form and role of the New Spain in the world:

1. Dictate a broad amnesty of political crimes.
2. Establish from the first moment a legal statute that regulates the use of the rights of the human person and that establishes a system of judicial remedies against the overreaching of public power.
3. Maintain public order inflexibly and prevent any kind of revenge or reprisal for religious, social or political reasons.
4. Readjust, with the help of all the elements interested in production, the broken national economy.
5. Remove from the political leadership of the country any totalitarian nucleus or influence, whatever their nuances.
6. Incorporate Spain immediately to the group of Western nations of the European continent associated to the recovery plan of Europe initiated thanks to the economic assistance of the United States, and also incorporate it into the pact of the Five – England, France, Belgium, Holland and Luxembourg-, The first nucleus of the Federation of Western Europe first and that of all Europe later, always within the Charter of the United Nations promulgated in San Francisco.
7. To assure the free exercise of cult and the consideration that the catholic religion deserves without diminishing the respect that to the other religious beliefs is due, according to the freedom of thought.
8. Prior return of civil liberties, which will be carried out at the fastest rate that the circumstances allow to consult the Nation in order to establish, either directly or through representatives, but in any case by secret ballot, to which they will have right all Spaniards, of both sexes, trained to issue it, a definitive political regime. The Government presiding over this consultation should be, by its composition and by the significance of its members, an effective guarantee of impartiality.

On August 24 the document is closed. It is the first time since the end of the Civil War that the right wing monarchy and the possibilist left are going to agree on how to manage an eventual post-Francoism.

The discrepancies between Gil Robles and Sainz Rodríguez were already made explicit in that meeting at Villa Papoila in February 1946, when they discussed how to face Franco. And Don Juan had decided to set in motion two parallel plans: with Gil Robles, the way of negotiation with the lefts; with Sainz Rodríguez, the face-to-face meeting with Franco. That the right hand does not know what the left does.
He moves away from Azor and Don Juan de Franco. The meeting has shown their mutual incomprehension. They do not agree on almost anything, but as a consequence of that historic meeting five miles from San Sebastian, a person acquires an extraordinary relevance for the future of Spain. It’s Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, Don Juanito. At ten he is called to play an essential role in the political future of Spain. He has not the slightest suspicion of what is coming. Don Juan does see the risk of the political movement he has just made. His arrival in Madrid will definitively settle the balance towards one of the two contenders. His arrival will rewrite the History of Spain.

Don Juan Carlos de Borbón y Borbón is already a key element of Spanish politics. He is ten years old and before settling on Spanish soil for the first time in his life he has already revolutionized political life, probably without being aware of it.
In November of 1948, the Prince has become, in his ten years, the main asset so that the House of Bourbon will one day reign in Spain. His father has made a bet that has a lot of assumption of a personal reality and a lot of fulfillment of a duty assumed fifteen years before. In 1933, a telegram sent by his father went around the world to ask for a commitment:

By resignation of your two older brothers you remain as my heir. I am counting on you to fulfill your duty.

That twenty-year-old Don Juan made a decision that would mark his life forever. Three decades later, in 1948, at thirty-five years old, reality offers a different destiny to the one imagined. Sending his son to Madrid means assuming that toppling Franco is beyond his present possibilities. His duty now goes to place the Royal House in exile in the best disposition of, who knows when and who knows how the head of the State.

– The international community has prioritized the stability of Europe to democracy in Spain: at the moment of truth, it never supported Don Juan.
– Franco achieved impossible equilibria and has managed to stay in power using all means at his reach: never fulfilled his commitment to return power to the Crown.
– Don Juan himself imposed a limitation based on a conviction: he would never take a step that could lead the Spaniards to a new civil war.

The summary of the position in which Don Juan remains once Don Juan Carlos is in Spain is carried out by General Aranda a few days after his arrival:
-I still think about the effect that the coming of the Prince has produced. Without a doubt, the left has fallen ill, because they can not understand that there is the least contact with Franco. That is why I think that nowadays the pact has been rendered useless as if it had not existed.

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