La Economía En 100 Preguntas — Santiago Javier Armesilla Conde / Economy In 100 Questions by Santiago Javier Armesilla Conde

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Interesante libro divulgativo para después poder ir profundizando más, abarcando los conceptos básicos y su aplicación práctica, la microeconomía y la macroeconomía, la economía aplicada y la política económica, las escuelas económicas y las relaciones entre la economía y otras ramas del saber.

La palabra economía viene del griego οἰκονομία (oikonomía). Surge de la combinación de dos términos, οἶκος (oîkos, que significa ‘casa’) y νόμος (nomos, que significa ‘ley’). En latín, la palabra pasa a ser oeconomĭa. Literalmente, significa ‘ley de la casa’. Casa aquí no significa simplemente hogar, sino algo más amplio que la incluye, esto es, el patrimonio doméstico o familiar. La ley hace referencia a las normas, reglas, leyes y regulaciones de dicho patrimonio. La economía sería, en su origen grecorromano, la organización y administración del patrimonio doméstico.
Por su parte, la palabra política, del latín politĭcus, y a su vez del griego πολιτικός (politikós, masculino de politikḗ, en griego πολιτική), significa literalmente ‘lo relacionado con la polis’, la ciudad-Estado que, como forma más común de sociedad política, se expandió por los territorios alrededor del Mar Egeo que hoy día forman parte de Grecia y sus islas y de la costa occidental de la actual Turquía.
Economía política, que literalmente significaría ‘las leyes sobre el patrimonio de la polis’, es un término que se utilizó por primera vez en el Tratado de Economía Política del francés Antoine de Montchrestien (1575-1621), publicado en 1616.

Jacques Attali (1943), político y economista francés, predijo en su libro Milenio: ganadores y perdedores en el orden que viene (1992) que la URSS (ya desaparecida) y los Estados Unidos irían perdiendo su estatus de superpotencias mundiales en favor de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), hoy Unión Europea (UE), y del Japón. Mientras que India y China, a pesar de su potencial, no saldrían de su situación de subdesarrollo salvo por un milagro. Hoy día, Japón sigue, a pesar de ser una gran potencia económica e industrial, estancada desde la crisis financiera asiática de 1997, que también afectó a Corea del Sur, Filipinas, Tailandia, Malasia e Indonesia. Ese año se devaluaron todas las monedas nacionales de esos países y aumentó la deuda exterior…
El hecho de que la microeconomía— como rama de la economía política que estudia las acciones en el campo económico de agentes como consumidores, trabajadores, empresarios, inversores, empresas y de los mercados; así como la conformación de los precios a través de la oferta y la demanda— haya surgido antes que la macroeconomía— que estudia los indicares globales del campo económico por medio del análisis de variables agregadas como el monto total de mercancías producidas, el total de ingresos, el nivel de población activa, de recursos, de estabilidad presupuestaria y cambiaria, y la relación entre comercio y precios— lleva a pensar, sobre todo para neoclásicos y austriacos, que de lo micro surge lo macro.
La cuestión es que microeconomía y macroeconomía son cogenéricas, surgen entretejidas y de manera paralela, si bien los fenómenos estudiados por la macroeconomía son los que generan los fenómenos estudiados por la microeconomía.

Los precios son el pago, usualmente en unidades monetarias, por una mercancía. Toda mercancía tiene un precio, y no hay precio pagado por algo que no sea una mercancía dentro del campo económico. Aunque han existido economías en las que el pago se efectuaba a través del trueque (cambio de unas mercancías por otras), lo cierto es que todas esas economías han convivido tanto con el trueque como con el pago en dinero. Los precios surgen de la conjunción entre oferta y demanda. La oferta es la cantidad de productos, de costes y precios de producción que se producen, distribuyen e intercambian de cara a su compra por parte de los consumidores. La demanda es la cantidad de productos, de costes y precios que pueden ser adquiridos por los consumidores a cambio de dinero. Esta explicación tan básica, no obstante, tiene sus variaciones teóricas según la escuela de que se trate.
La oferta está compuesta, básicamente, por costes de producción y precios de producción (coste de producción más ganancia media del capitalista a la hora de producir los costes-mercancías). En cuanto a la demanda según Marshall y Samuelson en lo que respecta a la cuestión de la utilidad marginal del dinero, la demanda efectiva se puede medir, no a través del dinero que el consumidor estaría dispuesto a pagar por una mercancía, cuestión difícil de dilucidar en sí porque es un apriorismo a futuro. Sino mediante el dinero que el consumidor efectivamente paga, y que depende en todo caso del coste de producción, sobre el que orbita el precio de producción. La oferta influye a la demanda por estos factores, pero la demanda solo influye en la oferta sobre la cantidad de mercancías que se consumen, efectivamente, con alzas y bajas en los precios comerciales en virtud de este consumo pero nunca en exceso, alejadas de los precios de producción. Es decir, la demanda influye en la oferta en tanto que ayuda a delimitar la cantidad de mercancías adquiridas.

En definitiva, todos los servicios se pagan en cuanto a que son mercancías.
Las tres premisas básicas para que las cosas que fabrican las personas puedan convertirse en mercancías son la existencia de un campo económico complejo, trabajo asalariado, y una explotación con un capital previo que permita la apropiación de dicho trabajo por terceros y los dueños legales de los medios de producción de mercancías que, además, paguen el alquiler temporal de la fuerza de trabajo empleada en la producción de dichas mercancías. Por todo ello, la economía doméstica no produce mercancías, mientras que la economía política sí.

Si manejamos las ideas de economía cerrada y abierta, en lo que respecta al equilibrio macroeconómico en ambas según diversos modelos, podemos decir que, en el caso de las primeras, se pueden dar condiciones de estabilidad recurrente cuando la renta de sus habitantes coincida con sus gastos. En un modelo de economía cerrada, el ahorro debe ser igual a la inversión para que toda la renta sea gastada y la rotación recurrente continúe sin alteraciones. Esto ocurre cuando el modelo de economía cerrada no incluye gastos del sector público, como los que corresponden al Estado contemporáneo y del sector exterior, acercándonos mucho a sociedades antiguas tipo despotismo hidráulico. Nos encontramos aquí con una economía en la que puede haber mucha pobreza, mucho desempleo y con bajos ratios de índice de desarrollo humano. Y sin embargo, la economía se mantiene estable y la sociedad puede prosperar a través de diversos mecanismos obviando el gasto público entendido a la keynesiana. Puede haber aquí equilibrio macroeconómico también mediante el gasto agregado, por debajo del nivel de renta. Apenas habría gasto, porque apenas habría consumo, y de este modo habría bastante ahorro.

Todos los sistemas capitalistas, dentro del modo de producción en el que se encuadran, tienen elementos comunes. El modo de producción capitalista es algo más que un sistema económico, es un nivel determinado de desarrollo de las fuerzas productivas, una forma particular de conformar las ramas de las relaciones de producción y un estadio muy complejo de evolución del campo económico. Es, también una etapa histórica de aplicación particular del poder del Estado sobre los territorios, de formas de Gobierno y de desenvolvimiento de las relaciones sociales, al igual que los fueron los modos de producción prehistóricos, el despotismo hidráulico, el esclavismo y el feudalismo.
A este modo de producción corresponden diversos sistemas económicos, que a veces se suceden temporalmente o se solapan entre sí:
a) Mercantilismo: Proteccionismo económico en la época de la expansión económica de las grandes potencias imperialistas de los siglos XV al XVIII. Los sistemas políticos que los acompañaron fueron la monarquía autoritaria, la monarquía absoluta y el imperio multirreligioso y multiétnico de Europa oriental y Asia. Más que un sistema económico propiamente capitalista, se trata de un periodo de transición entre el feudalismo y el capitalismo.
b) Laissez faire: Negación del anterior, aparecido brevemente en el Imperio neerlandés, y en el británico, con un Estado mínimo que resguarde los derechos de propiedad y con una competencia constante entre capitales privados. Empezó a ser abolido en la práctica con las leyes fabriles británicas del siglo XIX y con el final del patrón oro como medida de cambio y de valor.
c) Economía social de mercado: Seguridad social, prestaciones por desempleo y reconocimiento legal de derechos laborales, con empresas de propiedad privada y otras de propiedad pública-estatal. Con diversas configuraciones, llega hasta nuestros días en forma de Estado de bienestar o, recientemente, como economía del bien común.
d) Corporativismo: Propio de regímenes fascistas, pero también de sistemas democráticos como el argentino en época de Perón, o de la democracia japonesa posterior a la Segunda Guerra Mundial, se trata del dominio sobre el capital de corporaciones burocráticamente jerárquicas, en las que en ocasiones se incluyen forzosamente capitalistas y asalariados.
e) Economía mixta: Aquí convive la propiedad privada de los medios de producción de la riqueza social con cierto grado de propiedad pública, el intervencionismo, y en ocasiones el proteccionismo, de políticas macroeconómicas, tipos bajos de inflación y búsqueda de pleno empleo. La mayoría de sistemas económicos capitalistas actuales oscilan entre la economía social de mercado y la economía mixta, tanto en los Estados de bienestar desarrollados como en los países con líneas neodesarrollistas en Iberoamérica, Asia o África.

Las crisis son más profundas por:
1. La concentración de la producción y del capital ha alcanzado un punto tan elevado de desarrollo, que ha creado los monopolios, decisivos en la vida económica.
2. Se produce la fusión del capital bancario con el industrial y la formación, sobre la base de este capital financiero, de la oligarquía financiera.
3. La exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia excepcional.
4. La formación de asociaciones capitalistas monopolistas internacionales que se reparten el mundo.
5. La culminación del reparto territorial del mundo entre las grandes potencias capitalistas.

La neuroeconomía, es como rizar el rizo de la psicoeconomía, y en tanto que culminación del proceso histórico descrito en el párrafo anterior, supone el penúltimo intento de poner el análisis micro como núcleo del que surge el cuerpo y curso del campo económico, la macroeconomía. La neuroeconomía intenta estudiar el comportamiento de los sujetos en el campo económico no solo como supuestos Homo oeconomicus racionales, sino también como sujetos que toman decisiones irracionales e inesperadas que estudia las fluctuaciones neuronales que son medidas mediante ecuaciones matemáticas.
La neuroeconomía y la psicoeconomía ponen en entredicho las teorías acerca de la racionalidad de los agentes económicos, porque ambas pseudodisciplinas asumen que la racionalidad económica es sinónimo de aumento del consumo o de la renta disponible para consumir. Separan emociones de decisiones racionales de manera falaz, pues toda decisión o comportamiento, sea racional, irracional o arracional, viene acompañado en el ser humano de una emoción o de varias. Si irracional es todo aquello que sostenga la existencia de fuentes de revelación ajenas a la propia estructura del mundo, accesibles solo a un número reducido de personas y desde donde es imposible volver, a un nivel abstracto pero también concreto, al mundo de los fenómenos que han permitido su surgimiento, lo cierto es que la neuroeconomía y la psicoeconomía, surgidas de la dialéctica de instituciones racionales (tanto de la economía política como de la psicología y de la neurociencia), han producido un conjunto nebuloso de ideas irracionales (las acciones en el campo económico están regidas por decisiones a veces racionales y a veces emocionales —irracionales— que condicionan tanto las estructuras micro como las macro) desde las cuales es imposible regresar, salvo por destrucción de esas ideas nebulosas, al mundo de los fenómenos económicos. Luego cuando la neuroeconomía se apoya en la neurociencia para darle un sesgo más racional a sus estudios, en realidad está haciendo todo lo contrario.

La globalización, por el contrario, ha supuesto la extensión universal de la acumulación por desposesión, la extensión a mayor escala de las sacudidas económicas locales para provocar crisis mundiales (como la Gran Recesión), problemas migratorios difíciles de gestionar, envejecimiento demográfico de la población de las naciones políticas más ricas, auge de los micronacionalismos étnicos, religiosos y el ataque al Estado-nación canónico como barrera contra el fin de la pobreza, así como el encubrimiento ideológico que otorga la idea de globalización a otros fines más pragmáticos y espúreos, más allá de globalizar la riqueza, la democracia y el bienestar económico. Se trata, en realidad, de una situación histórica cuya evolución futura es, más allá de los planteamientos de sus defensores y de algunos de sus detractores, imprevisible. En palabras de Bueno, en su libro La vuelta a la caverna: terrorismo, guerra y globalización (2005), la globalización es un mito, oscuro y confuso.
Así pues, el desarrollo tecnológico, pero también el técnico a partir de un momento histórico dado, el surgimiento de las sociedades políticas como tales, es indisociable del desarrollo económico. Siempre será así, independientemente de que las categorías de las diversas ciencias, de las técnicas y de las tecnologías, así como de la economía política que en ocasiones puede ser vista como una mera tecnología de gestión de los recursos mercantiles, puedan variar con el tiempo e incluso desaparecer. Hasta el punto de poder conformar nuevas tecnologías, nuevas técnicas y nuevas ciencias que hoy no podemos sino imaginar borrosamente o ni siquiera.

La oposición indignada de la democracia al capitalismo salvaje, en vez de oponer la emancipación social al valor-mercancía, es lo común en el modo de producción capitalista. En el fondo es oponer un capitalismo sano a un capitalismo degenerado, especulativo, que no es más que lo que permite sobrevivir al modo de producción capitalista mientras no haya agotado todas sus posibilidades. Posibilidades que contemplan el mantenimiento de la labor, tradicionalmente realizada por las mujeres, que no se rige por la ley del valor, porque no realizan trabajo abstracto, pero que permiten la recurrencia de quienes sí lo hacen, la fuerza de trabajo asalariado. Y cuando los sujetos de la labor, las mujeres, se han convertido en fuerza de trabajo que ha generado capital, entonces ha perdido sus características tradicionales para poder mantenerse a flote en el campo económico, regido por la ley del valor.

Interesting didactic book to then go deeper, covering the basic concepts and their practical application, microeconomics and macroeconomics, applied economics and economic policy, economic schools and the relationship between the economy and other branches of knowledge.

The word economy comes from the Greek οἰκονομία (oikonomy). It arises from the combination of two terms, οἶκος (oîkos, meaning ‘house’) and νόμος (nomos, meaning ‘law’). In Latin, the word becomes oeconomĭa. Literally, it means ‘law of the house’. House here does not mean simply a home, but something broader that includes it, that is, domestic or family patrimony. The law makes reference to the norms, rules, laws and regulations of said patrimony. The economy would be, in its Greco-Roman origin, the organization and administration of the domestic patrimony.
On the other hand, the political word, from the Latin politĭcus, and in turn from the Greek πολιτικός (politikós, masculine de politikḗ, in Greek πολιτική), literally means ‘what is related to the polis’, the city-state which, as the most common form of political society, expanded by the territories around the Aegean Sea that today are part of Greece and its islands and the western coast of present-day Turkey.
Political economy, which would literally mean ‘the laws on the heritage of the polis’, is a term that was used for the first time in the Treaty of Political Economy of the French Antoine de Montchrestien (1575-1621), published in 1616.

Jacques Attali (1943), French politician and economist, predicted in his book Milenio: winners and losers in the next order (1992) that the USSR (now disappeared) and the United States would lose their status as world superpowers in favor of the then European Economic Community (EEC), today European Union (EU), and Japan. While India and China, despite their potential, would not leave their situation of underdevelopment except for a miracle. Today, Japan continues, despite being a great economic and industrial power, stagnant since the Asian financial crisis of 1997, which also affected South Korea, the Philippines, Thailand, Malaysia and Indonesia. That year all the national currencies of those countries were devalued and the foreign debt increased …
The fact that microeconomics- as a branch of political economy that studies the actions in the economic field of agents such as consumers, workers, entrepreneurs, investors, companies and markets; as well as the shaping of prices through supply and demand – has arisen before the macroeconomics – that studies the global indicators of the economic field through the analysis of aggregate variables such as the total amount of goods produced, the total income , the level of active population, of resources, of budgetary and exchange stability, and the relationship between trade and prices – leads one to think, above all for neoclassicals and Austrians, that the macro arises from the micro.
The issue is that microeconomics and macroeconomics are cogenetic, they arise interwoven and in parallel, although the phenomena studied by macroeconomics are those that generate the phenomena studied by microeconomics.

The prices are the payment, usually in monetary units, for a commodity. All merchandise has a price, and there is no price paid for something that is not a commodity within the economic field. Although there have been economies in which the payment was made through barter (exchange of some goods by others), the truth is that all these economies have lived with both barter and payment in cash. Prices arise from the conjunction between supply and demand. The offer is the quantity of products, costs and production prices that are produced, distributed and exchanged in the face of their purchase by consumers. The demand is the amount of products, costs and prices that can be purchased by consumers in exchange for money. This basic explanation, however, has its theoretical variations according to the school in question.
The offer is composed, basically, by production costs and production prices (production cost plus average profit of the capitalist at the time of producing the goods-costs). Regarding the demand according to Marshall and Samuelson with regard to the question of the marginal utility of money, effective demand can be measured, not through the money that the consumer would be willing to pay for a commodity, an issue difficult to elucidate in itself because it is a future a priori. But through the money that the consumer actually pays, and that depends in all cases on the cost of production, on which the production price orbits. The supply influences the demand for these factors, but demand only influences the supply of the quantity of goods consumed, effectively, with increases and decreases in commercial prices by virtue of this consumption but never in excess, far from the production prices. That is, the demand influences the supply in that it helps to delimit the quantity of goods purchased.

In short, all services are paid in terms of what they are goods.
The three basic premises so that the things manufactured by people can become merchandise are the existence of a complex economic field, salaried work, and exploitation with a prior capital that allows the appropriation of said work by third parties and the legal owners of the means of production of goods that, in addition, pay the temporary rent of the labor force used in the production of said goods. For all this, the domestic economy does not produce goods, while the political economy does.

If we handle the ideas of closed and open economy, with respect to macroeconomic equilibrium in both according to different models, we can say that, in the case of the former, conditions of recurrent stability can occur when the income of its inhabitants coincide with their expenses. In a closed economy model, the saving must be equal to the investment so that all the income is spent and the recurrent rotation continues without alterations. This occurs when the closed economy model does not include public sector expenditures, such as those that correspond to the contemporary state and the external sector, closely approaching ancient societies such as hydraulic despotism. We are here with an economy in which there can be a lot of poverty, a lot of unemployment and with low rates of human development index. And yet, the economy remains stable and society can prosper through various mechanisms obviating public expenditure understood as Keynesian. There may be macroeconomic equilibrium here also through aggregate expenditure, below the level of income. There would be hardly any expense, because there would be hardly any consumption, and in this way there would be quite a saving.

All capitalist systems, within the mode of production in which they are framed, have common elements. The capitalist mode of production is something more than an economic system, it is a determined level of development of the productive forces, a particular way of shaping the branches of production relations and a very complex stage of evolution of the economic field. It is also a historical stage of particular application of state power over territories, forms of government and development of social relations, as were the prehistoric modes of production, hydraulic despotism, slavery and feudalism.
Various economic systems correspond to this mode of production, which sometimes occur temporarily or overlap each other:
a) Mercantilism: Economic protectionism at the time of the economic expansion of the great imperialist powers of the fifteenth to eighteenth centuries. The political systems that accompanied them were the authoritarian monarchy, the absolute monarchy and the multireligious and multi-ethnic empire of Eastern Europe and Asia. More than a properly capitalist economic system, it is a period of transition between feudalism and capitalism.
b) Laissez faire: Denial of the former, briefly appeared in the Dutch Empire, and in the British Empire, with a minimum State that protects property rights and with constant competition among private capital. It began to be abolished in practice with British manufacturing laws of the nineteenth century and with the end of the gold standard as a measure of change and value.
c) Social market economy: Social security, unemployment benefits and legal recognition of labor rights, with privately owned companies and other public-state property. With various configurations, it reaches our days in the form of a welfare state or, recently, as an economy of the common good.
d) Corporativism: Own of fascist regimes, but also of democratic systems like the Argentine in Peron’s time, or of the Japanese democracy after the Second World War, it is about the domination over the capital of bureaucratically hierarchical corporations, in which Sometimes, capitalists and wage-earners are necessarily included.
e) Mixed economy: Private ownership of the means of production of social wealth coexists with a certain degree of public ownership, interventionism, and sometimes protectionism, macroeconomic policies, low inflation rates and the search for full employment. The majority of current capitalist economic systems oscillate between the social market economy and the mixed economy, both in developed welfare states and in countries with neo-developmentalist lines in Ibero-America, Asia or Africa.

The crises are deeper because:
1. The concentration of production and capital has reached such a high point of development, which has created monopolies, decisive in economic life.
2. The merger of banking capital with the industrial capital and the formation, on the basis of this financial capital, of the financial oligarchy takes place.
3. The export of capital, unlike the export of goods, acquires an exceptional importance.
4. The formation of international monopolistic capitalist associations that share the world.
5. The culmination of the territorial division of the world among the great capitalist powers.

Neuroeconomics is like curling the loop of psychoeconomics, and as a culmination of the historical process described in the previous paragraph, it is the penultimate attempt to put micro-analysis as the core from which the body and course of the economic field emerge, macroeconomics . Neuroeconomics attempts to study the behavior of subjects in the economic field not only as rational Homo oeconomicus assumptions, but also as subjects who make irrational and unexpected decisions that study the neuronal fluctuations that are measured by mathematical equations.
Neuroeconomics and psychoeconomics question the theories about the rationality of economic agents, because both pseudodisciplines assume that economic rationality is synonymous with increasing consumption or disposable income to consume. They separate emotions from rational decisions in a deceptive manner, because any decision or behavior, whether rational, irrational or arracional, is accompanied in the human being by one emotion or by several. If irrational is anything that sustains the existence of sources of revelation alien to the very structure of the world, accessible only to a small number of people and from which it is impossible to return, at an abstract but also concrete level, to the world of phenomena that have allowed its emergence, the fact is that neuroeconomics and psychoeconomics, arising from the dialectic of rational institutions (both political economy and psychology and neuroscience), have produced a nebulous set of irrational ideas (actions in the economic field is governed by sometimes rational and sometimes emotional (irrational) decisions that condition both the micro and macro structures) from which it is impossible to return, except for the destruction of these nebulous ideas, to the world of economic phenomena. Then when neuroeconomics relies on neuroscience to give a more rational bias to their studies, it is actually doing the opposite.

Globalization, on the other hand, has meant the universal extension of accumulation by dispossession, the extension on a larger scale of local economic shocks to cause global crises (such as the Great Recession), difficult to manage migration problems, demographic aging of the population of the richest political nations, the rise of ethnic, religious micronationalisms and the attack on the canonical nation-state as a barrier against the end of poverty, as well as the ideological concealment that gives the idea of ​​globalization to other more pragmatic and spurious purposes, beyond globalizing wealth, democracy and economic well-being. It is, in fact, a historical situation whose future evolution is, beyond the approaches of its defenders and some of its detractors, unpredictable. In Bueno’s words, in his book La vuelta al la caverna: Terrorism, War and Globalization (2005), globalization is a myth, obscure and confusing.
Thus, technological development, but also technical development from a given historical moment, the emergence of political societies as such, is inseparable from economic development. This will always be the case, regardless of the fact that the categories of the various sciences, techniques and technologies, as well as the political economy that can sometimes be seen as a mere technology for the management of commercial resources, may vary over time. and even disappear. To the point of being able to conform new technologies, new techniques and new sciences that today we can not but imagine fuzzily or even.

The outraged opposition of democracy to savage capitalism, instead of opposing social emancipation to commodity-value, is common in the capitalist mode of production. In the background is to oppose a healthy capitalism to a degenerate, speculative capitalism, which is nothing more than what allows to survive the capitalist mode of production until it has exhausted all its possibilities. Possibilities that contemplate the maintenance of the work, traditionally done by women, that is not governed by the law of value, because they do not perform abstract work, but that allow the recurrence of those who do, the salaried work force. And when the subjects of labor, women, have become a labor force that has generated capital, then it has lost its traditional characteristics to be able to stay afloat in the economic field, governed by the law of value.

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