Imágenes De Suecia — Lars Gustafsson & Agneta Blomqvist / Smile of the Midsummer Night: A Picture of Sweden by Lars Gustafsson & Agneta Blomqvist

Un libro que releo cada cierto tiempo sobre Suecia y que deja de sorprenderme, me parece un libro para degustarse tranquilamente y si se disfruta en las noches blancas mucho mejor. Interesante sin duda.

Venir a Escania suponía siempre, en mi juventud, poco menos que viajar al extranjero. Por las tierras brincan, en lugar de liebres, vivarachos conejos silvestres. Hay hayedos en lugar de pinos y abetos, casas pintadas de blanco y no de rojo Falun, castillos en lugar de casonas, cenas opulentas y no las costumbres ascéticas de los círculos filosóficos de Uppsala en torno a 1958, filosofía continental y no la de Cambridge, Oxford o Chicago. Cuando en el Lund de los cincuenta se alargaban los seminarios, los asistentes se iban al bar del espléndido y viejo Grand Hotel; en Uppsala, a la cafetería de Kajsa en Drottninggatan.
En verano grandes partes de Blekinge y Halland parecen jardines si uno las compara con el cinturón boscoso serio y sumamente monótono del norte de Europa. Aquí hay plácidas playas arenosas y pueblos costeros como Torekov y Båstad, repletos de idílicas villas de veraneo, en su mayoría propiedad de una pudiente clase alta.
Los contrastes sociales son muy acusados en el sur de Suecia.

El arándano rojo, distribuido en racimos frágiles y separados los unos de los otros, no era precisamente fácil de recolectar. Demasiado ácido en la boca a menos que el rocío lo hubiera bañado antes, tan frágil que solía romperse en la cesta, constituía la materia prima con que se preparaba la mermelada más singular. Era el complemento ideal para la carne de caza, que por otra parte no se dejaba ver mucho cuando mis padres salían, en los cuarenta, a recoger setas y bayas y a pescar rutilos en el Norra Nadden. Era aquella una época de escasez en que la naturaleza se aprovechaba tanto como era posible.
Tardaría mucho tiempo en darme cuenta de que aquellos alimentos, recogidos laboriosamente de los pastos, de los restos de antiguas carboneras y de los inestables tremedales, también eran exquisiteces, como la mora de los pantanos y el arándano rojo ya bañado por el rocío.

A lo largo de los siglos, ¿cuántas iglesias en Suecia no han sido, alguna vez, víctimas del fuego? Es también el caso de esta iglesia del siglo xvii, reconstruida tras las llamas, y actualmente sencilla, bonita y de color blanco.
Podríamos afirmar que las inmediaciones de cualquier iglesia resultan casi siempre armoniosas y bellas y, mientras paseábamos por la callecita, ahora peatonal, que va desde la iglesia hasta el salón parroquial esta afirmación resultó ser cierta. Apenas había casas derruidas, las construcciones viejas estaban bien cuidadas y contribuían a esa atmósfera tranquila.
Sannäsfjorden, en el norte de Bohuslän, es uno de los pocos fiordos que hay en Suecia. Se extiende desde Havstensund hasta el mar, avanza algunos kilómetros tierra adentro, pasando por el antiguo pueblecito pesquero de Sannäs, con sus casas de madera blancas y sus casetas rojas, para luego bajar hasta la carretera que va de Tanusmhede a Grebbestad. El paisaje desde el fiordo es eterno; cuesta imaginar grandes cambios en un futuro próximo.
A comienzos de los cincuenta mis padres compraron en Sannäsfjorden un gran promontorio, de cuatro hectáreas, que por entonces no tenía mucho valor: el terreno abarcaba una montaña infértil, una hondonada cubierta de hierba y un campo de forraje. Había algunas ovejas pastando por donde ahora se ubica la casita de verano, que sigue estando prácticamente sola, sin ninguna otra alrededor. Como por entonces edificar ya estaba en gran medida prohibido, la casa se llevó hasta allí en un camión y desde entonces se le han ido construyendo diversos anexos.

Hay claramente dos tipos de suecos: los que quieren que el lobo no desaparezca de la fauna sueca y los que sí. Muy pocos se muestran indiferentes al respecto. Al igual que el oso, el lince y el demonio, el lobo pertenece a un grupo de seres cuyo nombre verdadero no se quiere ni oír en las antiguas comunidades rurales por miedo a invocar así al ser temido. Uno de los muchos nombres, o eufemismos, con que se alude al demonio es «el malvado»; al oso a veces se lo llama «peluche»; al lince, göpa; y al lobo, «el de las patas grises».
En 1966 el lobo pasó a ser una especie protegida en Suecia, si bien se ha permitido que los ganaderos sacrifiquen a los lobos si estos han atacado a sus animales domésticos. En el año 2011 la Agencia de Protección de la Naturaleza autorizó la caza con licencia del lobo (se quería que los lobos, endogámicos, fueran más fuertes y, para ello, se permitía disparar a una parte de los animales al tiempo que se traían lobos sanos procedentes de lugares como Rusia). Se inscribieron como cazadores de lobos 7.400 personas, a las que se asignó una cuota de veinte lobos. Se podría decir que eran muchos contra uno.
En 2012 se prohibió esa nueva caza con licencia, puesto que Suecia había recibido críticas por parte de la Unión Europea, que consideraba que la caza del lobo hacía peligrar las posibilidades de supervivencia del lobo sueco. Suecia, como se sabe, tiene una larga frontera con su país vecino, Noruega, y en un recuento de lobos realizado en torno a 2010 ó 2011, se encontraron entre 289 y 325 ejemplares, la mayoría en Suecia.

Abril es un mes caprichoso. En Suecia se van alternando horas de sol, en las que el sueco se deleita levantando la cara hacia el sol como en busca de una bendición; y nevadas, en las que agacha la cara y se encoge, levantando los hombros para protegerse de un frío gélido, de las maldicientes fuerzas meteorológicas.
Marzo ha sido gris y sombrío, y con los dientes apretados todos aguardan un cambio. Tengo de aquí en adelante unos días para poner a punto mi jardín —demasiado grande— antes de la llegada de la primavera. Los colores son suaves, y ese verde amarillento pálido del césped contrasta con el marrón claro de las hojas de otoño, secas, que danzan en remolinos movidas por vendavales impetuosos. La fronda de los abedules tiene ese color entre marrón y lila que pronto, cuando estallen los brotes, dará paso a un verde claro. Entre las hojas de otoño que cubren los parterres hay campanillas de invierno incipientes que tiemblan con el viento.
Por salir a la naturaleza el sueco está dispuesto a pagar cualquier precio. Si uno quiere generalizar y dar con algo «típicamente sueco» (y ahí uno se adentra en terreno pantanoso), se puede afirmar sin reparo que el vínculo que une al sueco con la naturaleza es muy estrecho. El derecho de acceso universal a los espacios naturales nos resulta evidente; podemos movernos por todas partes sin preocuparnos demasiado por el propietario del terreno. Es curioso lo poco frecuente que es encontrarse con alguien al ir de excursión por el campo y por el bosque.

Ellos aman el «dulce napoleónico» (napoleonbakelse), una especie de milhojas, con sus varias capas de hojaldre, nata montada, crema de vainilla y mermelada. Va recubierto de un glaseado mezclado con jalea de grosella. En época de cuaresma, sin embargo, a lo que el sueco quiere hincarle el diente es a su más que adorado semla, un bollito esponjoso con harina de trigo, levadura, sal, azúcar, huevo y carbonato de amonio, que va relleno de una masa con sabor a mazapán, hecha a base de almendras, azúcar y nata. Esta creación se adorna con azúcar glas y nata. ¡Una auténtica bomba calórica!
Por lo general, las confiterías suecas no ofrecen una gran variedad, pero eso no quita que uno se lleve un gran chasco cuando tiene antojo de un dulce o bollito en particular, uno de los de toda la vida, y resulta que en esa ocasión no lo tienen. El dulce napoleónico, por ejemplo, se conoce en Suecia desde mediados del siglo XIX.

En el mejor de los casos el año empieza en Suecia con un día claro, frío y resplandeciente de enero, en cuya luz anida ya la esperanza de la primavera. El carbonero inicia su canto primaveral justo después del solsticio de invierno, y pronto se le suman otras aves. En febrero, el mes más frío del año, los suecos disfrutan del esquí y de otros deportes de invierno, pero en marzo, al fundirse la nieve, uno puede alegrarse ya con las primeras y frágiles flores de la primavera que crecen en la esquina de la casa o en alguna ladera. Abril se conoce precisamente por su tiempo caprichoso, ese «tiempo de abril» del que uno no se puede fiar: la nieve y el calor primaveral se alternan arbitrariamente.
Santa Lucía se celebra el 13 de diciembre y coincide con la celebración de Adviento en Suecia. Las raíces de esta tradición son suecas, pero curiosamente la santa a la que conmemoramos en esta fiesta es la patrona de Siracusa (Sicilia). En la Suecia protestante, y a diferencia de los países católicos, ya no celebramos los santos.
Si damos algunos pasos atrás en la historia y nos remontamos a la vieja sociedad agraria, las del 13 de diciembre eran unas noches peligrosas. En el viejo calendario juliano Lucía coincidía con el solsticio de invierno, y por esas fechas en Escandinavia reinaba la oscuridad. Pero al introducirse el calendario gregoriano, en el siglo xviii, la noche de Lucía dejó de ser la más larga y pasó a serlo la del 22 de diciembre, es decir, el día que marca el solsticio de invierno. En el folclore, sin embargo, pervive esa idea de que el 13 de diciembre es el momento más oscuro del año. La noche de Lucía uno prefería quedarse en casa, darle un poco más de comer a los animales (que esa noche eran capaces de hablar) y tratar de evitar las fuerzas sobrenaturales que se desataban esa noche. Pero los jóvenes solían juntarse en grupos para pasar un buen rato, gorronear aguardiente…

Sí hay zonas de bosque en Suecia que gozan de protección estatal, como las denominadas reservas naturales o incluso los «viejos bosques», que disfrutan de cierto amparo. Pero ni siquiera el 1 % del bosque sueco está debidamente protegido. Tenemos 22,7 millones de hectáreas de bosque productivo, pero de ellas solo 727.000 gozan de protección estatal y 1,2 millones de protección ofrecida voluntariamente por propietarios privados. De momento. A diferencia del extranjero, donde la mayor parte de los bosques pertenece al Estado, en Suecia los papeles están cambiados. Aquí los principales dueños son la industria forestal, que tiene incluso carácter multinacional, y los particulares. Y resulta problemático que el actual Gobierno haya recortado 150 millones de coronas de los fondos destinados a la compra de bosque objeto de protección.

La caza de alces en Suecia es casi sagrada; y, aunque es ante todo un divertimento del pueblo, el rey también acude cada año con el mismo propósito a las montañas de Hunneberg y Halleberg y se deja fotografiar con sus presas abatidas. Desde hace mucho tiempo es un hecho de sobra sabido que el número de bajas médicas se dispara en época de caza.
En Suecia también hay mucha nieve. En 2010 todo el país estuvo cubierto por una gruesa capa, fue un invierno implacable y en la parte central de Suecia la temperatura apenas subió de cero en una sola ocasión en los meses de enero y febrero. Ante tantas noches consecutivas en las que el termómetro marcaba valores de treinta grados bajo cero, y hasta de cuarenta grados bajo cero, algunas de esas personas cortas de miras dudaron seriamente que existiera ningún tipo de calentamiento global. Muy probablemente confundan el concepto de tiempo con el de clima. Cuando los bosques y campos están cubiertos por cincuenta centímetros de nieve o más los alces se ven atraídos por las carreteras, por las que les resulta más fácil avanzar.
Según se dice, los alemanes sienten una fascinación especial por los alces suecos. Se afirma que les gusta llevarse esas señales con un alce pintado que advierten de que podrían circular por ese tramo y que la Administración de Carreteras coloca donde sea pertinente (los alces suelen seguir el mismo camino al amanecer y al anochecer para beber agua de algún lago que hayan elegido). A veces convierten esa señal en una mesita o la cuelgan en la pared. No se sabe si esto es verdad o si será solo un mito popular o prejuicio de los suecos. Parece ser que esto ocurre a menudo y no es solo una leyenda urbana sueca. Otro mito bastante extendido es que nuestro «héroe nacional», Carlos XII de Suecia, Urban Hjärne y otros de sus consejeros dieron la orden de domar a los alces para que pudieran montarse, algo que sin embargo no fue viable…

A book that I reread every so often about Sweden and that ceases to amaze me, it seems to me a book to be enjoyed quietly and if it is enjoyed on white nights much better. Interesting without doubt.

Coming to Escania always meant, in my youth, little less than traveling abroad. Through the lands they jump, instead of hares, wild rabbits. There are beech trees instead of pines and firs, houses painted white and not red Falun, castles instead of big houses, opulent dinners and not the ascetical customs of the philosophical circles of Uppsala around 1958, continental philosophy and not Cambridge , Oxford or Chicago. When in the Lund of the fifties the seminars were extended, the assistants went to the bar of the splendid and old Grand Hotel; in Uppsala, to the cafeteria of Kajsa in Drottninggatan.
In summer large parts of Blekinge and Halland look like gardens if one compares them with the serious and highly monotonous forest belt of northern Europe. Here there are placid sandy beaches and coastal towns such as Torekov and Båstad, full of idyllic summer villas, mostly owned by a wealthy upper class.
The social contrasts are very marked in southern Sweden.

The cranberry, distributed in fragile clusters and separated from each other, was not exactly easy to collect. Too much acid in the mouth unless the dew had bathed it before, so fragile that it used to break in the basket, was the raw material with which the most unique jam was prepared. It was the ideal complement for game meat, which on the other hand did not show much when my parents went out, in their forties, to pick mushrooms and berries and to fish rutiles in the Norra Nadden. It was a time of scarcity in which nature took advantage as much as possible.
It would take me a long time to realize that those foods, painstakingly collected from the pastures, from the remains of old coal bunkers and unstable tremblings, were also delicacies, such as the moor of the marshes and the cranberry already bathed in dew.

Throughout the centuries, how many churches in Sweden have not, at some time, been victims of fire? It is also the case of this seventeenth-century church, rebuilt after the flames, and now simple, beautiful and white.
We could affirm that the surroundings of any church are almost always harmonious and beautiful and, while we were walking along the little street, now pedestrian, that goes from the church to the parish hall this affirmation turned out to be true. There were hardly any demolished houses, the old buildings were well maintained and contributed to that quiet atmosphere.
Sannäsfjorden, in the north of Bohuslän, is one of the few fjords in Sweden. It extends from Havstensund to the sea, advances a few kilometers inland, passing through the old fishing village of Sannas, with its white wooden houses and red huts, and then down to the road that goes from Tanusmhede to Grebbestad. The landscape from the fjord is eternal; It’s hard to imagine big changes in the near future.
At the beginning of the fifties my parents bought in Sannäsfjorden a large promontory of four hectares, which at that time did not have much value: the land included an infertile mountain, a hollow covered with grass and a field of fodder. There were some sheep grazing where the summer house is now located, which is still practically alone, with no other around. As by then building was already largely prohibited, the house was brought there in a truck and since then it has been built various annexes.

There are clearly two types of Swedes: those who want the wolf not to disappear from the Swedish fauna and those who do. Very few are indifferent about it. Like the bear, the lynx and the devil, the wolf belongs to a group of beings whose real name is not wanted or heard in the old rural communities for fear of invoking the feared being. One of the many names, or euphemisms, by which the devil is alluded to is “the evil one”; the bear is sometimes called “stuffed animal”; the lynx, göpa; and the wolf, “the one with the gray legs.”
In 1966 the wolf became a protected species in Sweden, although it has been allowed that the cattlemen sacrifice the wolves if they have attacked their domestic animals. In 2011, the Nature Protection Agency authorized the hunting of wolves (the wolves were intended to be inbred, they were stronger and, for that, it was allowed to shoot a part of the animals while bringing in wolves. healthy from places like Russia). A total of 7,400 people were registered as wolf hunters, to which a quota of twenty wolves was assigned. You could say that they were many against one.
In 2012, this new licensed hunt was banned, since Sweden had received criticism from the European Union, which considered that hunting the wolf endangered the chances of survival of the Swedish wolf. Sweden, as is known, has a long border with its neighboring country, Norway, and in a count of wolves made around 2010 or 2011, were found between 289 and 325 copies, mostly in Sweden.

April is a capricious month. In Sweden there are alternating hours of sun, in which the Swede delights by raising his face towards the sun as if in search of a blessing; and snowfalls, in which he ducks his face and shrugs, lifting his shoulders to protect himself from the freezing cold, from the cursing weather forces.
March has been gray and gloomy, and with clenched teeth everyone waits for a change. I have a few days from now on to tune my garden – too big – before the arrival of spring. The colors are soft, and that pale yellowish green of the lawn contrasts with the light brown of the autumn leaves, dry, that dance in swirls moved by impetuous gales. The frond of the birches has that color between brown and lilac that soon, when the buds burst, it will give way to a light green. Among the autumn leaves that cover the flower beds there are budding winter bells that tremble with the wind.
By going out to nature the Swede is willing to pay any price. If one wants to generalize and come up with something “typically Swedish” (and there one goes into swampy terrain), it can be stated without hesitation that the link between the Swede and nature is very close. The right of universal access to natural spaces is evident to us; we can move everywhere without worrying too much about the owner of the land. It is curious how rare it is to meet someone while hiking in the countryside and in the woods.

They love the “Napoleonic sweet” (napoleonbakelse), a kind of millefeuille, with its several layers of puff pastry, whipped cream, vanilla cream and jam. It is covered with a glaze mixed with currant jelly. In the Lenten season, however, what the Swede wants to sink his teeth into is his more than adored semla, a fluffy muffin with wheat flour, yeast, salt, sugar, egg and ammonium carbonate, which is filled with a mass with marzipan flavor, made with almonds, sugar and cream. This creation is decorated with icing sugar and cream. An authentic caloric bomb!
In general, the Swedish confectionery does not offer a great variety, but that does not mean that you get a big disappointment when you have a craving for a particular sweet or muffin, one of those of a lifetime, and it turns out that on that occasion they got it. The Napoleonic sweet, for example, has been known in Sweden since the mid-nineteenth century.

In the best case, the year starts in Sweden with a clear, cold and bright day in January, in whose light the spring hopes and nests. The coalfish begins its spring song just after the winter solstice, and soon other birds are added. In February, the coldest month of the year, Swedes enjoy skiing and other winter sports, but in March, when the snow melts, one can rejoice already with the first and fragile flowers of spring that grow on the corner of the house or on some hillside. April is known precisely for its capricious time, that “April time” that one can not trust: snow and spring heat alternate arbitrarily.
Saint Lucia is celebrated on December 13 and coincides with the celebration of Advent in Sweden. The roots of this tradition are Swedish, but curiously the saint whom we commemorate in this festival is the patron saint of Syracuse (Sicily). In Protestant Sweden, and unlike the Catholic countries, we no longer celebrate the saints.
If we take a few steps back in history and go back to the old agrarian society, those of December 13 were dangerous nights. In the old Julian calendar Lucia coincided with the winter solstice, and at that time in Scandinavia darkness reigned. But when the Gregorian calendar was introduced, in the eighteenth century, Lucia’s night ceased to be the longest and became that of December 22, that is, the day that marks the winter solstice. In folklore, however, the idea persists that December 13 is the darkest time of the year. On Lucia’s night one preferred to stay at home, give a little more food to the animals (that night they were able to talk) and try to avoid the supernatural forces that were unleashed that night. But the young people used to get together in groups to have a good time, scouring grog …

Yes, there are areas of forest in Sweden that enjoy state protection, such as the so-called nature reserves or even the “old forests”, which enjoy a certain protection. But not even 1% of the Swedish forest is properly protected. We have 22.7 million hectares of productive forest, but of these only 727,000 enjoy state protection and 1.2 million protection offered voluntarily by private owners. At the moment Unlike abroad, where most of the forests belong to the State, in Sweden the roles are changed. Here the main owners are the forest industry, which has even multinational character, and individuals. And it is problematic that the current government has cut 150 million crowns of funds for the purchase of protected forest.

The moose hunting in Sweden is almost sacred; and, although it is above all an amusement of the people, the king also goes every year with the same purpose to the mountains of Hunneberg and Halleberg and is allowed to photograph with his dejected prey. For a long time it is a fact of known fact that the number of medical casualties soars during the hunting season.
In Sweden there is also a lot of snow. In 2010 the whole country was covered by a thick layer, it was a relentless winter and in the central part of Sweden the temperature barely rose from zero on only one occasion in the months of January and February. Before so many consecutive nights in which the thermometer marked values ​​of thirty degrees below zero, and up to forty degrees below zero, some of those short-sighted people seriously doubted that there was any type of global warming. Most likely confuse the concept of time with that of climate. When the forests and fields are covered by fifty centimeters of snow or more, the moose are attracted to the roads, which make it easier for them to move forward.
Reportedly, the Germans feel a special fascination with the Swedish moose. It is said that they like to take those signs with a painted elk that warn that they could move along this stretch and that the Administration of Roads places where appropriate (elk usually follow the same road at dawn and dusk to drink water from a lake that they have chosen). Sometimes they convert that signal into a small table or hang it on the wall. It is not known if this is true or if it will only be a popular myth or prejudice of the Swedes. It seems that this happens often and it is not just a Swedish urban legend. Another widespread myth is that our “national hero”, Charles XII of Sweden, Urban Hjärne and others of his advisers gave the order to tame the moose so that they could ride, something that however was not viable …

4 pensamientos en “Imágenes De Suecia — Lars Gustafsson & Agneta Blomqvist / Smile of the Midsummer Night: A Picture of Sweden by Lars Gustafsson & Agneta Blomqvist

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .