La Sorpresa VOX: Las Respuestas A Las 10 Grandes Preguntas Que Todos Nos Hacemos Sobre VOX — John Müller / The VOX (Political Party) Surprise: Answers To The 10 Great Questions We All Ask About VOX by John Müller (spanish book edition)

Un interesante libro sobre el nuevo fenómeno del partido liderado por Santiago Abascal, VOX.
Desde el año 2013, el Proceso catalán marcó, sólo compitiendo con las secuelas de la crisis económica, el inestable camino de la política española. El Proceso fue la principal razón de que la izquierda no gobernara tras las elecciones de 2015 —la primera vez que Mariano Rajoy perdió su mayoría absoluta—, influyó en los largos meses sin gobierno hasta que la abstención socialista, en la convocatoria electoral del año siguiente, facilitó que Rajoy siguiera en el poder y fue un agente fundamental —la venganza contra el presidente que había suprimido temporalmente la autonomía— en la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la jefatura del gobierno.
El nacionalismo catalán y vasco ha optado siempre por las decisiones que más perjudiquen a los intereses comunes españoles, descontadas, claro está, aquellas en que perjudicar los intereses comunes pudiera ser catastrófico para los intereses nacionalistas y, sobre todo, para los intereses particulares de algunos nacionalistas.

Las élites políticas no son distintas de los ciudadanos a los que representan. Y, por lo tanto, ni Torra ni Abascal son los únicos xenófobos entre los suyos. Si los dos comparten el fondo maligno de la política nacional-populista, también lo compartirán muchos de sus votantes.
Es insuficiente decir que los problemas en Cataluña son los responsables del voto a VOX. No sólo porque en ese voto se dé también la expresión de una pulsión racista contra los inmigrantes, básicamente magrebíes, que no siempre se reconocerá en las explicaciones de voto generadas. Los problemas en Cataluña están presentes en el voto a otros partidos, singularmente a Ciudadanos, cuyo origen está materialmente cosido a ellos, y también en el voto al PP, por más que los simpatizantes de ese partido puedan mostrarse críticos con la respuesta política que el gobierno Rajoy dio en algún momento a la crisis. Los problemas en Cataluña están incluso presentes en antiguos votantes del PSOE o Podemos que ahora prefirieron votar a otros partidos o ir a la abstención. Lo diferencial del voto a VOX no es la conciencia sobre los problemas en Cataluña, sino su respuesta. Una respuesta que, podría decirse, es subpolítica.
Los partidos españoles nunca acabaron de percibir, con todas sus consecuencias, que mientras la división entre izquierda y derecha era lo habitual en el conjunto de la política española, esa división se esfumaba en los territorios con mayorías nacionalistas. Y que, por lo tanto, los pactos políticos con los nacionalistas —a los que fueron tan aficionados populares y socialistas cuando lo necesitaron— no fueron nunca pactos convencionales entre partidos sino, por así decirlo, pactos entre Estados, en los que la soberanía era la moneda de cambio y en los que imperaba, lógicamente, la regla taxativa de la suma cero.
Hay una cifra del mismo orden, pero menos conocida: más de 100.000 catalanes viven en Andalucía, es el primer destino de los catalanes que emigran.
Dijo Pujol: «El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido […], es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de
España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. Introduciría en ella su mentalidad anárquica y pobrísima; es decir, su falta de mentalidad».
Algunos votantes andaluces del PSOE percibieron que los socialistas habían pasado al otro lado de la raya constitucional e incluso moral. Es probable que se abstuvieran o votasen a otros partidos políticos, entre los que no cabe descartar, aunque sea a pequeña escala, al propio VOX. Al mismo tiempo, votantes habituales de la derecha quisieron reforzar la respuesta a Cataluña optando por el endurecimiento. Es parte del sentido que adquiere el voto a VOX e incluso, en parte, a Ciudadanos y, probablemente, lo que mejor explica la pérdida de apoyo del Partido Popular.

El 2 de diciembre de 2018, VOX sorprendió a todo el mundo con su resultado electoral en Andalucía. El vaticinio más optimista hablaba de la posibilidad de obtener cinco o seis escaños, al final consiguió doce, el doble. La irrupción de VOX en el escenario político recordó a muchos lo ocurrido con Podemos en las elecciones europeas de 2014, cuando logró cinco asientos en el Parlamento Europeo.
Pero hay una diferencia sustancial entre ambas formaciones y no es obvia. Mientras Podemos quiso ser una respuesta, VOX era una profecía. Se puede decir, entonces, que mientras Podemos salió al encuentro de la realidad española en 2014, ha sido la realidad española la que ha ido al encuentro de VOX al cabo de cuatro años. Y esto guarda relación con un hecho trascendental que recorre este libro: la crisis de Cataluña, la amenaza de ruptura de España, que hace cuatro años era una cuestión improbable se transformó a finales de 2017 en una verdadera pesadilla.

VOX tiene menor apoyo entre los jubilados y mayor entre los ocupados, especialmente entre autónomos y empresarios, un 14 por ciento del voto válido, a los que le siguen los asalariados del sector público y del privado, con 13 y 12 por ciento, respectivamente.
En todo caso, el patrón de voto de VOX es parecido al de estos países continentales: mayor apoyo a partidos de extrema derecha cuanta mayor presión migratoria hay, con la salvedad de las grandes ciudades más cosmopolitas, y con mayor capacidad de integración social. La preocupación por la inmigración, a diferencia del Reino Unido, que decantó el resultado del referéndum del brexit hacia la victoria del irse, no está creada por los medios de comunicación.
El ascenso de VOX es también una reacción a debates culturales, en muchas ocasiones relacionados con la religión, que han aparecido con fuerza en una sociedad cada vez más secularizada. La titularidad de la mezquita de Córdoba, los supuestos privilegios de la Iglesia católica, la celebración de tradiciones cristianas como Navidades, Reyes Magos o la Semana Santa vuelven a ser utilizados por los partidos políticos como elementos de confrontación social.
La globalización está acentuando los debates identitarios y culturales en todas las sociedades, la española no es una excepción. El auge de VOX es, según hemos visto, una reacción múltiple: reacción al procés de Cataluña, a la presión migratoria y, en menor medida, al movimiento feminista. VOX ha sabido detectar una demanda latente de sectores del electorado que se sienten agraviados, erigiéndose en el vehículo político para satisfacer dichas demandas. Y lo ha hecho con la misma estrategia electoral que todas las nuevas formaciones: la de hacer creer a una parte significativa del electorado que «son los únicos que se atreven a decir lo que pienso».

VOX se declina a sí mismo en positivo, por amor filial a España, pero en su estrategia y programa pesan más las fobias que las filias. Como todo populismo, emplea una táctica agonista: para crecer necesita de la confrontación entre un ellos maligno y un nosotros inmaculado. El cordón sanitario es el mejor regalo que sus rivales podrían hacerle, pues acreditaría su aura resistencialista frente a los partidos establecidos. Se trata, por lo tanto, de un partido fóbico, diseñado para ofrecer la revancha contra los valores dominantes.
VOX, por lo tanto, nace de un agravio como toda fuerza política: se alimenta de la percepción de una desigualdad indignante. Pero siendo de derechas, no podía nacer de una desigualdad material, sino de una desigualdad espiritual: estamos ante un antimarxismo. No promete primeramente pan sino valores, y unos valores que refutan los valores dominantes.

El propio ministro de Industria José Luis Ábalos es hijo de novillero y habitual de los tendidos. Aunque ahora se llame «caspa», una nueva etiqueta similar a «facha» y «asesino», a taurinos y cazadores.
El peso económico de la tauromaquia es considerable. En España se celebran anualmente alrededor de 17.000 festejos taurinos, además de las 1.500 corridas que se celebran en plazas. Las principales ferias de España cuentan con casi 25 millones de espectadores (la recaudación anual es de 200 millones de euros). La tauromaquia también se considera el primer acontecimiento cultural de masas en España. Por encima del fútbol. Una actividad que genera 1.600 millones de euros y 200.000 puestos de trabajo, 56.000 de forma directa.
Pero la labor más importante de la tauromaquia, como en el caso de la caza, es precisamente la preservación de los ecosistemas.
Son muchas las familias que viven por las ganaderías taurinas. En el caso de la caza, hay 35 millones de hectáreas acotadas en alrededor de 30.000 cotos. Aunque el dato quizá más importante es que siete de los 10 empleos que crea el sector primario son de baja cualificación. Es decir, personas cuya inserción laboral es más difícil. Aunque las almas sensibles aún sean capaces de comprender que es igualmente válido saber leer las plantas, los vientos y las huellas de los animales que un balance financiero.
Morante de la Puebla, un ídolo en Andalucía, le brindó un toro a Abascal en Arévalo (Ávila): «Santiago, va por ti y por España».
En los últimos años, los tendidos se habían vaciado de políticos (incluso de aquellos que ya habían confesado su afición), por lo que aquel brindis sirvió para situar a VOX en el centro del debate taurino. Abascal lo colgó en su cuenta de Twitter y poco le importaron los «asesino» que le dedicaron los usuarios.
Morante, reacio a hablar en los medios de asuntos no taurinos, comenzó a implicarse en la campaña de VOX en Andalucía. Primero asistió al acto en Vistalegre en el que Abascal y los suyos consiguieron reunir a 14.000 personas. En septiembre, el torero se dejó ver con él en la previa de la goyesca de Ronda, una de las corridas más mediáticas de la temporada.
Ya en campaña, Morante invitó a Abascal a reunirse con un grupo de empresarios. «Salieron a montar a caballo para ver unos galgos»…
Pocos saben que hasta la Revolución francesa, la caza era un privilegio señorial, sólo reservado para el rey y la aristocracia. Sin embargo, en el artículo 3 del decreto del 4 de agosto de 1789 para la abolición del Antiguo Régimen, la caza se convierte en una actividad libre en la que puede participar cualquier ciudadano (aunque ligada al derecho de propiedad en cualquiera de sus modalidades). De hecho, se denomina derecho de caza. Es decir, por la caza, también empezó la Revolución.

En 2016, Santiago Abascal vivió el punto más bajo en la historia de VOX al conseguir sólo 46.781 votos en las elecciones generales del mes de junio. Sirvan como referencia de la magnitud del desastre los 284.848 votos obtenidos por el PACMA en esas mismas elecciones: apenas 1.300 menos que los conseguidos por el PNV y 100.000 más que los conseguidos por EH Bildu. Si en algún momento VOX había llegado a dar miedo, en 2016 todos los temores quedaron disipados: Santiago Abascal lideraba una fuerza marginal destinada al olvido en el magma de la derecha extraparlamentaria. O eso parecía.
Todo cambió para VOX el 6 y 7 de septiembre de 2017, cuando el nacionalismo catalán llegó al rescate de Santiago Abascal como el séptimo regimiento de caballería al mando del general Custer. La metáfora ha sido escogida con mimo. Porque si en 2016 VOX rondaba los 50.000 votos, y en verano de 2017 seguía sin moverse de esa cota, en otoño de 2018, un año después del golpe de Estado catalanista y de la timorata reacción posterior del gobierno de Mariano Rajoy, la expectativa de voto de VOX había aumentado hasta los 700.000 votos.
El votante de VOX es prácticamente un clon del de Ciudadanos, que a su vez es un clon del español medio: entre veinticinco y cincuenta y cinco años, clase media, urbano y con educación superior. En lo que se diferencian el votante del PP y el de Ciudadanos es en su posición en la escala ideológica, más cercana al centro en el caso de los votantes de Rivera y escorada de forma muy leve hacia la derecha del PP en el caso de los de Abascal. Un 25 por ciento de los votantes de VOX, de hecho, se sitúan en el centro político, allí donde medra Ciudadanos y hasta ese PSOE de los barones autonómicos que no le hacen ascos a la Constitución. Si hay que calibrarlo por la ideología de sus votantes, VOX se parece mucho más al Partido Conservador británico o al Republicano estadounidense que al Partido de la Libertad austríaco o al Frente Nacional francés, incluso ahora que Marine Le Pen se mueve en terrenos ideológicos muy alejados de los radicalismos de su padre.
A nueve de cada diez votantes de VOX les incomoda el actual Estado de las autonomías, aunque sólo el 40 por ciento de ellos pide su derribo. La mayoría apuesta por un recorte o recentralización de las competencias más relevantes, léase educación, policía y sanidad. Algo en lo que los votantes de VOX coinciden con la mayoría de los votantes de PP y Ciudadanos, y que les distancia del mismo Santiago Abascal, que ha apostado en repetidas ocasiones por la supresión total de las comunidades autónomas y por la instauración de un Estado unitario con «un único Parlamento, un único gobierno y un único Tribunal Supremo». Una señal de que en VOX, al contrario de lo que suele ocurrir en otras formaciones políticas, pocos de sus votantes son más papistas que el papa. Al menos en lo que respecta al Estado autonómico.

VOX es un partido nacionalpopulista que ha hecho de la cuestión nacional la piedra angular de su discurso. Su programa de 2016 se llamaba «Hacer España grande otra vez», y en junio de 2018 presenta su manifiesto «España, lo primero». Según una encuesta postelectoral publicada por El País, entre las cuatro primeras razones aducidas por los votantes de VOX en las elecciones andaluzas se registraban: 1) por su discurso sobre la inmigración, el 41,6 por ciento; 2) para echar al PSOE del poder, el 34,2 por ciento; 3) porque defiende la unidad de España, 33,7 por ciento; y 4) para frenar a los independentistas, 28,0 por ciento. Según el mismo estudio, significativamente sólo el 5,6 por ciento afirmó haber votado a VOX por su defensa de la familia tradicional y el 2,8 por ciento por sus valores católicos.
Ciertamente, el discurso de VOX es reconocible por su enérgica defensa de la nación española, que acompaña de una retórica de ley, orden y propuesta de un Estado unitario frente al actual Estado de las autonomías. Además de una fuerte denuncia de lo que el partido De Santiago Abascal considera sus principales amenazas: el comunismo, el independentismo, la inmigración, el multiculturalismo o la ideología de género. En definitiva, elementos que amenazan territorial, política o culturalmente la idea que VOX defiende de España y su encaje en un mundo occidental definido en términos de valores de inspiración cristiana. Pero el nacionalismo de VOX también es reconocible por su fuerte carga historicista. Como se sigue, por ejemplo, del continuo recurso al mito de la Reconquista para introducir en su particular análisis de la política española un inequívoco elemento de épica e irredentismo.

El programa de VOX entronca con algunos de los elementos clásicos del nacionalcatolicismo. Las medidas de su programa no están inspiradas en el nacionalismo laico de la Institución Libre de Enseñanza, cuyo heredero en la España moderna estaría más cerca de Ciudadanos, sino en una visión que conectaría mejor con la animadversión que sentía Marcelino Menéndez Pelayo hacia los «heterodoxos» españoles.
VOX propone una serie de cambios institucionales. Por ejemplo, que el presidente del gobierno, los diputados, alcaldes y concejales sean elegidos directamente en votación popular. Que el presidente del gobierno pueda vetar leyes aprobadas por el Parlamento, pudiendo éste levantar dicho veto volviendo a aprobar la ley con una mayoría cualificada de dos tercios. También plantea impedir que los miembros del gobierno sean diputados y viceversa, retirar al presidente del gobierno la potestad de disolver las Cortes Generales y que la mayoría absoluta de los diputados pueda acordar la destitución del presidente. Además, el presidente de las Cortes, elegido por mayoría absoluta de los diputados, podría promulgar y publicar las leyes aprobadas por la cámara.
Sus propuestas políticas también incluyen una reforma del sistema electoral. Las Cortes serían unicamerales y dos tercios de los diputados serían elegidos en distritos uninominales por mayoría absoluta con «doble vuelta» en caso de que ningún candidato lograra dicha mayoría. El mandato —al igual que proponía Podemos— sería revocatorio en caso de incumplimiento grave del programa electoral si una mayoría del censo del distrito así lo decide.
Algunas de las medidas más polémicas de VOX tienen que ver con el intervencionismo social y moral del partido, con su pulsión por prescribir determinados modos de vida que considera mejores que otros. En materia de inmigración apelan a una panoplia de medidas que van desde las políticas de orden, como la deportación de los inmigrantes ilegales a sus países de origen (política que ya ejecuta el Estado, aunque con dudosa eficacia), hasta otras que son directamente de corte supremacista y que podrían ser inconstitucionales, como la que propugna la deportación de los inmigrantes que residan legalmente en territorio español pero que hayan reincidido en la comisión de delitos leves o hayan cometido algún delito grave.
También proponen suprimir la institución del arraigo como forma de regular la inmigración ilegal y la «revocación de las pasarelas rápidas para adquirir la nacionalidad española».
Junto a este conjunto de medidas sobre la Ley de Violencia de Género, VOX se ocupa de la custodia compartida, una causa que ya recogía en sus primeros documentos hasta el punto de que en sus primeros años de vida se le tildó de ser el «partido de los padres separados». Ahí propone la aplicación del principio del progenitor más generoso para adjudicar la custodia. Consiste en valorar más al progenitor que se muestra más dispuesto a favorecer el contacto significativo con el otro progenitor. También la corresponsabilidad parental, la patria potestad compartida y que se garantice el derecho del menor a relacionarse con sus abuelos. Por último, propone la implantación del régimen de separación de gananciales en toda España.

La gran propuesta de VOX en materia económica o, al menos, la que más llama la atención, consiste en poner en marcha una sustancial rebaja de impuestos, ya sea mediante la reducción de tipos o la eliminación directa de tributos. El partido de Abascal denuncia que España se ha convertido en una especie de infierno fiscal, especialmente a raíz de las fuertes subidas que aprobaron los gobiernos del PSOE y del PP tras el estallido de la crisis, y esta pesada losa estaría asfixiando la capacidad de crecimiento y creación de empleo de la economía nacional. Por esta razón, plantean una profunda reforma del sistema tributario basada en la consecución de los siguientes objetivos:
• Simplificación, eliminación y reducción de impuestos.
• Que los ingresos sean suficientes para cubrir las necesidades de un gasto público «eficiente».
• Orientado a estimular el consumo y el crecimiento, dando la necesaria protección al ahorro y a la inversión productiva.
• Con marcado carácter social: protegiendo a la familia y a los colectivos desfavorecidos.
• Basado en la unidad de mercado y la igualdad en el esfuerzo fiscal de todos los ciudadanos.

VOX intenta aprovecharse del amplio descontento social que han generado las fuertes y sucesivas subidas de impuestos aprobadas por el denominado bipartidismo tras el pinchazo de la burbuja crediticia, pero, si bien es cierto que una drástica rebaja fiscal favorecería la creación de riqueza y empleo, su plan peca de una serie de defectos que lastran su credibilidad, de modo que tales promesas corren el riesgo de convertirse en un simple y mero papel mojado.
El primer problema que hay que tener en cuenta es la absoluta ausencia de una memoria económica que permita estimar, de forma más o menos detallada, el impacto presupuestario que implicaría la aplicación de dichas rebajas. Prometer es gratis, y más aún si el partido en cuestión está lejos de alcanzar el apoyo suficiente para ejercer labores de gobierno. A la ausencia de cifras se suma, por otro lado, la variabilidad de las propuestas lanzadas.
Tanto su programa electoral de 2016 como el de 2018 coinciden en el objetivo básico de eliminar las autonomías y fusionar ayuntamientos para, en teoría, reducir de forma sustancial el volumen de gasto y mejorar la eficiencia de los servicios públicos, pero, dada la dificultad jurídica y política de tal cometido, su listado de recortes se limita a las siguientes partidas:
• Reducir el número de cargos públicos electos.
• Acabar con las subvenciones públicas a partidos políticos, sindicatos y patronales.
• Suprimir los coches oficiales (salvo para gobierno y casa real), viajes al extranjero de representantes locales y autonómicos, así como de asesores políticos.
• Eliminar duplicidades administrativas y «estructuras paralelas» a las estatales: consejos consultivos, defensores del pueblo de las comunidades autónomas, tribunales de cuentas, agencias meteorológicas, oficinas comerciales en el exterior, etc.
• Revisar la totalidad de las subvenciones públicas con el objetivo de mantener tan sólo aquellas que supongan un «beneficio social», como las destinadas a la cooperación al desarrollo, I+D+i u ONG cuyas actividades tuvieran que ser realizadas por el Estado (asistencia social).
• Privatizar total o parcialmente empresas, entes públicos e infraestructuras en desuso, comenzando por aquellos que consuman mayores recursos y que, como las televisiones autonómicas, supongan un mero instrumento de propaganda política.
• Vender parte de los inmuebles pertenecientes al sector público.

El programa económico de VOX navega entre dos aguas cuyas corrientes no avanzan en la misma dirección. Por un lado, incluye medidas liberalizadoras y una ambiciosa reforma fiscal, apostando así por una economía más dinámica y flexible, que es la receta correcta para impulsar con fuerza el crecimiento y la creación de empleo, a diferencia del infierno fiscal y regulatorio que padece España en comparación con otros países ricos. Su idea de avanzar hacia un tipo único en el IRPF, reducir las cotizaciones sociales, rebajar de forma significativa el impuesto de sociedades o eliminar tributos tan lesivos y distorsionadores como patrimonio, sucesiones y donaciones constituye, de lejos, la mejor propuesta fiscal del actual escenario político.
Y lo mismo puede decirse de su plan para sustituir la seguridad social por un sistema mixto de reparto y capitalización, única receta capaz de garantizar una prestación apropiada a los futuros jubilados, o de su apuesta por liberalizar por completo y de verdad el suelo, cuya intervención por parte de los poderes públicos no sólo encarece de forma artificial la vivienda, sino que genera el incentivo idóneo para la comisión de todo tipo de tropelías y corruptelas políticas.
Pero, por otro lado, el partido de Abascal cae en la demagogia cuando se contenta con eliminar el «gasto político» a sabiendas de que ese insuficiente recorte, junto a la fuerte reducción de impuestos planteada, se traduciría en un aumento desbocado e insostenible del déficit y la deuda estatal. Y si a todo ello le sumamos la esencia proteccionista y nacionalista que también impregna su programa, la conclusión es que la propuesta económica de VOX, con sus luces y sus sombras, no puede ser tildada de liberal, sino que más bien oscila entre el conservadurismo y el populismo.

El nacionalismo, la inmigración, la identidad sexual o las cuestiones medioambientales dividen a las sociedades, que articulan respuestas populistas, de derechas o izquierdas, a los desafíos que plantean estos cambios. La competición virtuosa entre centroizquierda y centroderecha democrático, que ha estructurado la política desde el fin de la segunda guerra mundial y ha permitido sostener las democracias liberales y el orden multilateral internacional ha sido sustituida por una pugna entre radicalismos iliberales.
Esa oleada populista afecta a España de manera tan persistente como característica, provocando tres rupturas íntimamente conectadas con factores específicamente españoles.
Mientras persistan estas fuerzas centrífugas, las cuestiones identitarias se retroalimentarán unas a otras y seguirán en el centro del debate político, lo que hará que la competición política tenga lugar en los extremos, no en el centro, lo que ofrecerá un terreno de juego fértil para la permanencia de VOX.

An interesting book about the new phenomenon of the party led by Santiago Abascal, VOX.
Since 2013, the Catalan Process marked, only competing with the aftermath of the economic crisis, the unstable path of Spanish politics. The Process was the main reason why the left did not govern after the elections of 2015 – the first time that Mariano Rajoy lost his absolute majority -, influenced the long months without government until the socialist abstention, in the electoral convocation of the following year , it facilitated that Rajoy continued in the power and was a fundamental agent – the revenge against the president who had temporarily suppressed the autonomy – in the motion of censorship that took to Pedro Sanchez to the head of the government.
Catalan and Basque nationalism has always opted for the decisions that most harm common Spanish interests, discounted, of course, those in which harming common interests could be catastrophic for nationalist interests and, above all, for the particular interests of some nationalists

Political elites are no different from the citizens they represent. And, therefore, neither Torra nor Abascal are the only xenophobes among their own. If the two share the evil fund of national-populist politics, many of their voters will also share it.
It is insufficient to say that the problems in Catalonia are responsible for the vote to VOX. Not only because in that vote there is also the expression of a racist drive against immigrants, basically Maghrebis, which will not always be recognized in the explanations of votes generated. The problems in Catalonia are present in the vote to other parties, particularly to Citizens, whose origin is materially sewn to them, and also in the vote for the PP, even though the sympathizers of that party may be critical of the political response that the Rajoy government gave at some point to the crisis. The problems in Catalonia are even present in former PSOE voters or Podemos that now preferred to vote for other parties or go to abstention. The differential of the VOX vote is not the awareness of the problems in Catalonia, but their response. An answer that, one might say, is subpolitics.
The Spanish parties never quite perceived, with all its consequences, that while the division between the left and the right was the norm in the whole of Spanish politics, this division vanished in the territories with nationalist majorities. And that, therefore, the political pacts with the nationalists – those who were so popular and socialist fans when they needed it – were never conventional pacts between parties but, so to speak, pacts between States, in which sovereignty was the currency of exchange and in which, logically, the rule of taxation of the zero sum prevailed.
There is a figure of the same order, but less known: more than 100,000 Catalans live in Andalusia, it is the first destination of the Catalans who emigrate.
Said Pujol: “The Andalusian man is not a coherent man, he is an anarchic man. He is a destroyed man […], he is generally a poorly made man, a man who has been hungry for hundreds of years and who lives in a state of ignorance and cultural, mental and spiritual misery. He is an uprooted man, incapable of having a broad sense of community. It often gives evidence of an excellent human wood, but from the outset it constitutes the sample of the lowest social and spiritual value of
Spain. I have said it before: it is a destroyed and anarchic man. If by force of the number it were able to dominate, without having overcome its own perplexity, it would destroy Catalonia. He would introduce into her his anarchic and very poor mentality; that is, his lack of mentality ».
Some Andalusian voters of the PSOE perceived that the socialists had passed on the other side of the constitutional and even moral line. It is likely that they abstained or voted for other political parties, among which VOX itself can not be ruled out, even on a small scale. At the same time, regular voters of the right wanted to reinforce the response to Catalonia opting for hardening. It is part of the sense that acquires the vote to VOX and even, in part, to Citizens and, probably, what best explains the loss of support from the Popular Party.

On December 2, 2018, VOX surprised everyone with its electoral result in Andalusia. The most optimistic prediction spoke of the possibility of obtaining five or six seats, in the end he got twelve, double. The emergence of VOX on the political scene reminded many of what happened with Podemos in the 2014 European elections, when it achieved five seats in the European Parliament.
But there is a substantial difference between the two formations and it is not obvious. While we wanted to be an answer, VOX was a prophecy. It can be said, then, that while Podemos went out to meet the Spanish reality in 2014, it has been the Spanish reality that has gone to meet VOX after four years. And this is related to a transcendental fact that runs through this book: the crisis in Catalonia, the threat of rupture of Spain, which four years ago was an unlikely issue was transformed at the end of 2017 into a real nightmare.

VOX has less support among retirees and greater among those employed, especially among self-employed workers and entrepreneurs, 14 percent of the valid vote, followed by salaried employees in the public and private sectors, with 13 and 12 percent, respectively.
In any case, the voting pattern of VOX is similar to that of these continental countries: greater support for far-right parties when there is greater migratory pressure, with the exception of the larger cosmopolitan cities, and with greater capacity for social integration. The concern for immigration, unlike the United Kingdom, which decided the outcome of the Brexit referendum towards the victory of leaving, is not created by the media.
The rise of VOX is also a reaction to cultural debates, many times related to religion, which have appeared strongly in an increasingly secularized society. The ownership of the Mosque of Cordoba, the supposed privileges of the Catholic Church, the celebration of Christian traditions such as Christmas, the Three Wise Men or Holy Week are once again used by political parties as elements of social confrontation.
Globalization is accentuating the identity and cultural debates in all societies, the Spanish is not an exception. The rise of VOX is, as we have seen, a multiple reaction: reaction to the procés of Catalonia, to migratory pressure and, to a lesser extent, to the feminist movement. VOX has been able to detect a latent demand from sectors of the electorate that feel aggrieved, becoming the political vehicle to satisfy these demands. And it has done so with the same electoral strategy as all the new formations: that of making a significant part of the electorate believe that “they are the only ones who dare to say what I think”.

VOX declines to himself in positive, by filial love to Spain, but in his strategy and program more phobias than the filias weigh more. Like all populism, it employs an agonistic tactic: in order to grow it needs the confrontation between an evil and an immaculate us. The sanitary cord is the best gift that his rivals could make him, because he would accredit his resistencialist aura in front of the established parties. It is, therefore, a phobic game, designed to offer a rematch against the dominant values.
VOX, therefore, is born of a grievance like any political force: it feeds on the perception of an outrageous inequality. But being of right, could not be born of a material inequality, but of a spiritual inequality: we are before an anti-Marxism. It promises not first bread but values, and values ​​that refute the dominant values.

The Minister of Industry José Luis Ábalos himself is the son of a bullfighter and a regular on the lines. Although now called “dandruff”, a new label similar to “facha” and “assassin”, to bullfighters and hunters.
The economic weight of bullfighting is considerable. In Spain, around 17,000 bullfighting celebrations are held annually, in addition to the 1,500 bullfights that are held in squares. The main fairs in Spain have almost 25 million spectators (the annual collection is 200 million euros). Bullfighting is also considered the first mass cultural event in Spain. Above soccer. An activity that generates 1,600 million euros and 200,000 jobs, 56,000 directly.
But the most important task of bullfighting, as in the case of hunting, is precisely the preservation of ecosystems.
There are many families that live by bullfighting. In the case of hunting, there are 35 million hectares bounded in around 30,000 preserves. Although perhaps the most important data is that seven of the 10 jobs created by the primary sector are low-skilled. That is, people whose job placement is more difficult. Although the sensitive souls are still able to understand that it is equally valid to know how to read the plants, the winds and the traces of the animals that a financial balance.
Morante de la Puebla, an idol in Andalusia, gave a bull to Abascal in Arévalo (Ávila): «Santiago, it’s for you and for Spain».
In recent years, the lines had been emptied of politicians (even those who had already confessed their hobby), so that toast served to place VOX at the center of the bullfighting debate. Abascal hung it on his Twitter account and little cared about the “killer” that users gave him.
Morante, reluctant to speak in the media of non-bullfighting affairs, began to get involved in the VOX campaign in Andalusia. First attended the event in Vistalegre in which Abascal and his family managed to gather 14,000 people. In September, the bullfighter was seen with him in the preview of the Goyesca de Ronda, one of the most media runs of the season.
Already in the campaign, Morante invited Abascal to meet with a group of businessmen. «They went out to ride horses to see some greyhounds» …
Few know that until the French Revolution, hunting was a stately privilege, reserved only for the king and the aristocracy. However, in article 3 of the decree of August 4, 1789 for the abolition of the Old Regime, hunting becomes a free activity in which any citizen can participate (although linked to property rights in any of its forms) . In fact, it is called the hunting right. That is to say, by hunting, the Revolution also began.

In 2016, Santiago Abascal lived the lowest point in the history of VOX by getting only 46,781 votes in the general elections of the month of June. The 284,848 votes obtained by PACMA in those same elections are used as a reference for the magnitude of the disaster: barely 1,300 less than those obtained by the PNV and 100,000 more than those obtained by EH Bildu. If at some point VOX had become scary, in 2016 all the fears were dispelled: Santiago Abascal led a marginal force destined for oblivion in the extra-parliamentary right magma. Or so it seemed.
Everything changed for VOX on September 6 and 7, 2017, when Catalan nationalism came to the rescue of Santiago Abascal as the seventh cavalry regiment commanded by General Custer. The metaphor has been chosen with care. Because if in 2016 VOX was around 50,000 votes, and in the summer of 2017 it still did not move from that level, in the fall of 2018, a year after the Catalan coup and the later reaction of the government of Mariano Rajoy, the expectation of VOX vote had increased to 700,000 votes.
The voter of VOX is practically a clone of Citizens, which in turn is a clone of the average Spaniard: between twenty-five and fifty-five years old, middle class, urban and with higher education. In what differentiate the voter from the PP and the Citizens is in its position on the ideological scale, closer to the center in the case of the voters of Rivera and very slightly tilted to the right of the PP in the case of of Abascal. A 25 percent of VOX voters, in fact, are located in the political center, where there are Citizens and even that PSOE of regional barons who do not disgust the Constitution. If it has to be calibrated by the ideology of its voters, VOX looks much more like the British Conservative Party or the American Republican than the Austrian Freedom Party or the French National Front, even now that Marine Le Pen moves in very distant ideological lands. of the radicalisms of his father.
Nine out of ten VOX voters are uncomfortable with the current state of autonomy, although only 40 percent of them ask for its demolition. The majority is committed to a cut or recentralization of the most relevant competences, ie education, police and health. Something in which the voters of VOX coincide with the majority of the voters of PP and Citizens, and that distance them from the same Santiago Abascal, who has repeatedly opted for the total suppression of the autonomous communities and for the establishment of a State unitary with “a single Parliament, a single government and a single Supreme Court”. A sign that in VOX, unlike what usually happens in other political formations, few of their voters are more papist than the pope. At least as regards the autonomous State.

VOX is a popular national party that has made the national question the cornerstone of his speech. His 2016 program was called “Making Spain great again”, and in June 2018 he presented his manifesto “Spain, the first”. According to a post-election survey published by El País, among the first four reasons adduced by voters of VOX in the Andalusian elections were recorded: 1) for his speech on immigration, 41.6 percent; 2) to drive the PSOE from power, 34.2 percent; 3) because it defends the unity of Spain, 33.7 percent; and 4) to stop the independentistas, 28.0 percent. According to the same study, significantly only 5.6 percent said they had voted VOX for their defense of the traditional family and 2.8 percent for their Catholic values.
Certainly, the speech of VOX is recognizable by its energetic defense of the Spanish nation, which accompanies a rhetoric of law, order and proposal of a unitary State against the current State of autonomy. In addition to a strong denunciation of what the De Santiago Abascal party considers its main threats: communism, independence, immigration, multiculturalism or gender ideology. In short, elements that threaten territorially, politically or culturally the idea that VOX defends of Spain and its fit in a Western world defined in terms of values ​​of Christian inspiration. But the VOX nationalism is also recognizable by its strong historicist charge. As follows, for example, the continuous recourse to the myth of the Reconquista to introduce in its particular analysis of Spanish politics an unmistakable element of epic and irredentism.

The VOX program connects with some of the classic elements of national-Catholicism. The measures of its program are not inspired by the secular nationalism of the Institución Libre de Enseñanza, whose heir in modern Spain would be closer to Ciudadanos, but in a vision that would better connect with the animosity felt by Marcelino Menéndez Pelayo toward the «heterodox ” Spanish people.
VOX proposes a series of institutional changes. For example, that the president of the government, the deputies, mayors and councilors are directly elected by popular vote. That the president of the government can veto laws approved by the Parliament, being able this one to lift this veto returning to approve the law with a qualified majority of two thirds. It also proposes to prevent the members of the government from being deputies and vice versa, to withdraw from the president of the government the power to dissolve the Cortes Generales and that an absolute majority of the deputies can agree on the dismissal of the president. In addition, the president of the Cortes, elected by an absolute majority of the deputies, could enact and publish the laws passed by the chamber.
His political proposals also include a reform of the electoral system. The Cortes would be unicameral and two thirds of the deputies would be elected in uninominal districts by absolute majority with “double round” in case no candidate achieved such majority. The mandate -as proposed by Podemos- would be revoked in case of serious breach of the electoral program if a majority of the district’s census so decides.
Some of the most controversial measures of VOX have to do with the social and moral interventionism of the party, with its drive to prescribe certain ways of life that it considers better than others. In terms of immigration, they resort to a panoply of measures that range from policies of order, such as the deportation of illegal immigrants to their countries of origin (a policy that the State already executes, although with doubtful efficacy), to others that are directly related to immigration. supremacist court and that could be unconstitutional, such as the one that advocates the deportation of immigrants who legally reside in Spanish territory but who have relapsed in the commission of minor offenses or have committed a serious crime.
They also propose to abolish the institution of the rooting as a way to regulate illegal immigration and the “revocation of fast gateways to acquire Spanish nationality.”
Together with this set of measures on the Gender Violence Law, VOX deals with shared custody, a cause that it already collected in its first documents to the point that in its first years of life it was labeled as the «party of separated parents ». There he proposes the application of the principle of the most generous parent to adjudicate custody. It consists in assessing more the parent who is more willing to favor meaningful contact with the other parent. Also parental responsibility, shared parental authority and ensuring the right of the child to interact with their grandparents. Finally, it proposes the implementation of the system of separation of acquisitions throughout Spain.

The great proposal of VOX in economic matter or, at least, the one that more calls the attention, consists in starting up a substantial reduction of taxes, or by means of the reduction of types or the direct elimination of tributes. The Abascal party denounces that Spain has become a kind of fiscal inferno, especially as a result of the strong increases approved by the PSOE and PP governments after the outbreak of the crisis, and this heavy slab would be stifling the capacity for growth and job creation of the national economy. For this reason, they propose a profound reform of the tax system based on the achievement of the following objectives:
• Simplification, elimination and reduction of taxes.
• That the income is sufficient to cover the needs of an “efficient” public expenditure.
• Oriented to stimulate consumption and growth, giving the necessary protection to savings and productive investment.
• With a marked social character: protecting the family and disadvantaged groups.
• Based on the market unit and equality in the fiscal effort of all citizens.

VOX tries to take advantage of the widespread social discontent generated by the successive tax rises approved by the so-called bipartisanship after the credit bubble burst, but, although it is true that a drastic tax reduction would favor the creation of wealth and employment, its plan sin of a series of defects that undermine its credibility, so that such promises run the risk of becoming a simple and mere wet paper.
The first problem that must be taken into account is the absolute absence of an economic memory that allows us to estimate, in a more or less detailed way, the budgetary impact that would imply the application of said reductions. Promising is free, and even more so if the party in question is far from reaching enough support to exercise government tasks. The absence of figures adds, on the other hand, the variability of the proposals launched.
Both its 2016 and 2018 electoral programs coincide in the basic objective of eliminating the autonomies and merging municipalities to, in theory, substantially reduce the volume of expenditure and improve the efficiency of public services, but given the legal difficulty and policy of such a commitment, its list of cuts is limited to the following items:
• Reduce the number of elected public positions.
• End public subsidies to political parties, unions and employers.
• Eliminate official cars (except for government and royal house), trips abroad of local and regional representatives, as well as political advisers.
• Eliminate administrative duplicities and “parallel structures” to state ones: advisory councils, ombudsmen of the autonomous communities, account courts, meteorological agencies, commercial offices abroad, etc.
• Review all public subsidies with the aim of maintaining only those that imply a “social benefit”, such as those destined to development cooperation, R & D & I or NGOs whose activities have to be carried out by the State (assistance Social).
• Privatize totally or partially companies, public entities and infrastructures in disuse, beginning with those that consume more resources and that, like the autonomous televisions, suppose a mere instrument of political propaganda.
• Sell part of the property belonging to the public sector.

The economic program of VOX sails between two waters whose currents do not advance in the same direction. On the one hand, it includes liberalizing measures and an ambitious fiscal reform, thus betting on a more dynamic and flexible economy, which is the correct recipe to strongly boost growth and job creation, unlike the fiscal and regulatory hell that Spain suffers. compared to other rich countries. Their idea of ​​moving towards a single type of income tax, reducing social security contributions, significantly reducing corporate tax or eliminating taxes that are as damaging and distorting as heritage, inheritance and donations, is by far the best tax proposal in the current scenario. politician.
And the same can be said of his plan to replace social security with a mixed system of distribution and capitalization, the only recipe capable of guaranteeing an appropriate provision for future retirees, or of his commitment to completely and truly liberalize the land, whose intervention by public authorities not only makes housing artificially expensive, but also generates the ideal incentive to commit all types of political outrages and corruption.
But, on the other hand, Abascal’s party falls into demagoguery when it is content to eliminate “political spending” knowing that this insufficient cut, together with the sharp tax reduction, would result in an unbridled and unsustainable increase in the deficit and state debt. And if we add to all this the protectionist and nationalist essence that also permeates its program, the conclusion is that the economic proposal of VOX, with its lights and shadows, can not be called liberal, but rather oscillates between conservatism and populism.

Nationalism, immigration, sexual identity or environmental issues divide societies, which articulate populist responses, right or left, to the challenges posed by these changes. The virtuous competition between the center-left and the democratic center-right, which has structured politics since the end of the Second World War and has allowed sustaining the liberal democracies and the international multilateral order has been replaced by a struggle between illiberal radicalisms.
This populist wave affects Spain in a persistent as well as a characteristic way, provoking three ruptures intimately connected with specifically Spanish factors.
As long as these centrifugal forces persist, identity issues will feed back into each other and remain at the center of the political debate, which will make political competition take place at the extremes, not the center, which will provide a fertile playing field for the permanence of VOX.

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