77 Leyendas de Praga — Alena Ježková / 77 Prague legends by Alena Ježková

Este es un libro para disfrutarlo recorriendo la hermosa ciudad centroeuropea, así les digo que la visión y el resultado será diferente al de otras veces en esa magnífica ciudad checa, porque las Leyendas hacen grandes a las ciudades.

Hace más de seiscientos años que da la hora el reloj astronómico de la Ciudad Vieja situado en la parte sur de la torre de la casa del ayuntamiento. En su forma original, el reloj astronómico era bastante simple y fue construido por Nicolás de Kadaň, antes del año 1410. Algo más tarde, a finales del siglo XV, el maestro Hanuš de Růže arregló y perfeccionó su mecanismo convirtiéndolo en una obra de arte sin igual en toda Europa. Los consejeros de la Ciudad Vieja estaban muy orgullosos de su reloj astronómico. Pero entonces comenzaron a escucharse rumores según los cuales el Maestro Hanuš había recibido ofertas de otros lugares, y la gente decía que el maestro se quedaba muchas horas de la noche en su habitación sacando cuentas y dibujando. No podía ser otra cosa, aseguraban algunos, seguramente un reloj astronómico mejor y más perfecto se estaba preparando con destino a alguna ciudad del extranjero. El maestro Hanuš estuvo mucho tiempo enfermo, padecía de fiebres y alucinaciones, luego pasó varios días somnoliento y confuso, más nunca recuperó la vista. Al sentirse un poco mejor, sentado en su habitación, se puso a pensar en quién  y porqué había hecho una cosa tan terrible. Un día su ayudante, al volver del ayuntamiento, ya que se dedicaba a la limpieza y el mantenimiento de la marcha del reloj, le contó una conversación que escuchó entre dos consejeros. Éstos comentaban entre sí que habían hecho bien, que así el maestro Hanuš jamás construiría otro reloj astronómico.
Y de esta manera el maestro se enteró de quién había sido el causante de su desgracia. Al llegar frente a la maquinaria el maestro tocó sus piezas con los dedos, escuchó los característicos sonidos de su marcha, acarició con las palmas el metal y la madera. Su cara estaba serena y de sus ojos ciegos salían lágrimas. Se imaginó el complicado mecanismo, cada pieza estaba junto a la otra, reconocía con claridad hasta los detalles más pequeños. De pronto metió la mano en la maquinaria y con toda su fuerza tiró de una palanca hasta que se rompió y la maquina comenzó a gemir y este sonido se derramó en el silencio como un mal augurio. En ese mismo momento el corazón del maestro se paró y éste cayó al suelo.
El reloj astronómico quedó completamente roto por muchos años hasta que apareció una persona que logró repararlo. Mientras tanto, su espantoso silencio les recordaba a los consejeros cada día su horrendo acto.

Veintisiete cruces blancas dibujadas en el pavimento de la Plaza de la Ciudad Vieja hacen recordar uno de los acontecimientos más tristes de la historia checa. El día 21 de Junio de 1621 este lugar fue testigo de la ejecución de los nobles checos que, como líderes participantes en la rebelión de la nobleza, se opusieron al gobierno de Fernando II. En aquel entonces, diez nobles, quince citadinos praguenses y dos citadinos de Kutná Hora y Žatec, murieron a manos del verdugo de Praga, Mydlář. Los nobles checos ejecutados pertenecían a la vanguardia de la nobleza del país, entre ellos hay que mencionar al escritor y erudito de setenta y cuatro años Václav Budovec de Budov, al viajero Kryštof Harant de Polžice; también al famoso doctor y profesor de la Universidad Carolina Jan Jesenius, quien hizo en Praga la primera autopsia pública. Todos los años, el día de su muerte, es decir el 21 de Junio, los espíritus de los ejecutados vienen a medianoche al reloj astronómico y observan su funcionamiento. Si el reloj funciona bien, ellos se sienten contentos porque eso significa que la situación en el país checo es buena. Si el reloj está roto, vuelven al lugar de su descanso eterno, tristes y abatidos.

La Casa de las Tres rosas blancas (U tří bílých růží) está en la Plaza Pequeña. Su aspecto actual se distingue por una fachada con pinturas de Mikoláš Aleš y es conocida más bien como U Rotta – el nombre de la ferretería que allí existió hace un tiempo atrás. En su fachada podemos ver tres rosas blancas como recuerdo de la leyenda que le dio el nombre a la casa. Hace mucho tiempo vivían aquí tres muchachas, bellas e inocentes como rosas blancas. Sus padres murieron pronto y las hermanas heredaron una riqueza muy grande. No obstante, no sabían administrarla bien, se volvieron orgullosas y tontas. Desde la mañana hasta la noche se sentaban frente a los espejos, peinándose y probándose ropa y joyas y todo el tiempo hablaban de novios y bodas. Tenían un  sueño en común, un novio noble y rico vendría a buscar a cada una de ellas para llevársela a su palacio en un país lejano. Durante varios años nadie supo nada sobre las hermanas. Un día llegó a Praga un oficial andante quien contó lo que sabía. ¡Qué clase de tres novios ricos para tres hermanas orgullosas! Un solo embustero, que estaba ansioso por su riqueza. Una tras otra se las llevó al extranjero, allí les robó y las dejó a las tres sumidas en la pobreza y la miseria, hasta que se enfermaron y murieron. Según dicen, después del orgullo viene la caída y el amor ciega los ojos y la razón. Es una pena por las tres hermanas que no lo sabían.

En la calle Liliová, Ciudad Vieja, cada medianoche aparece un hombre sin cabeza montando un enorme caballo blanco que suelta chispas por las narices. El jinete lleva un manto blanco con una cruz roja, así se sabe que es el espíritu de un hidalgo templario del antiguo convento templario de Santa Ana. Con una mano sujeta las bridas de su caballo inquieto y en la otra lleva su cabeza. Según dicen, le habían cortado la cabeza por alguna culpa y antes de morir renunció a la religión cristiana. Por eso fue maldecido y sigue esperando por su liberación. Sólo un muchacho valiente puede liberarlo, si agarra al caballo por el bocado, le quita la espada al hidalgo y le atraviesa el corazón. Según parece, aún no ha llegado nadie así. En la casa que lleva una bella rana de piedra en su escudo vivía en tiempos remotos el costurero Lokýtek con su ama de llaves que le limpiaba y le cocinaba. Lokýtek era un costurero bueno y ágil, solo que amaba con pasión el arte de escamotear cosas con la agilidad de las manos o la astucia. En cuanto llegaban a Praga nuevos escamo¬ teadores, artistas o malabaristas, Lokytek estaba con seguridad entre los  primeros  espectadores  y, boquiabierto,  observaba  sus  trucos y magias. Un día Lokýtek se encontraba en la feria mirando cómo estos individuos  tragaban  espadas, se paraban uno arriba del otro, luego se tiraban al suelo dando vueltas, caminaban por la cuerda floja y tragaban fuego. Sobre todo le encantó un joven vestido de verde. Su cuerpo parecía como  si fuera de goma – enredaba las manos, las piernas y la cabeza, de modo que ni se sabía dónde estaba la parte delantera y dónde la trasera del cuerpo.

En la iglesia de San Jacobo, a la derecha de la puerta principal hay  una  mano  humana  suspendida  de  una  cadena. En  la  placa memorial situada debajo hay escrita una leyenda asombrosa. Resulta que un día un ladrón se escondió en esta iglesia por la noche para robar valiosas joyas que adornaban la estatua milagrosa de Nuestra Señora ubicada  en el altar. Tan pronto  tocó su collar de perlas la estatua le agarró su mano con tanta fuerza que el ladrón no pudo sacarla. Tuvo que quedarse  al lado del altar hasta que al otro día llegó el sacristán. Entonces la gente trató de liberar al ladrón de la estatua, pero sin éxito y por eso tuvieron que llamar al verdugo para que le cortara la mano al ladrón. Una vez cortada, la mano derecha del ladrón pudo salir con facilidad de la mano de Nuestra  Señora y, como advertencia, fue suspendida en la pared de la catedral. El delincuente pasó un  tiempo en prisión  y cuando le soltaron rogó a los  monjes  del  convento Jacobo  que le aceptaran  para  así poder pagar su pecado. Así sucedió.

En tiempos remotos, antes de construir el primer puente a través del río Moldava, la gente tenía que utilizar diversos vados para atravesar el río. Muchos almadieros ejercían aquí su oficio. En las antiguas crónicas sobre Praga se han conservado leyendas sobre un gran barco que perteneció al legendario príncipe Křesomysl en el siglo IX el cual se utilizaba para transportar vehículos y personas de una a otra ribera del río. En el siglo X fue construido el primer puente de madera sobre el Moldava y ya en 1158 había aquí un puente de piedra, en aquella época un verdadero milagro. Por su longitud, que excedía los quinientos metros, era en aquel tiempo el puente más largo de Europa Central. Llevaba el nombre de Judit, la esposa de Vladislao II, ya que ella fue la promotora de su construcción. Uno de los arcos del puente de Judit se puede todavía ver en la parte subterránea del Convento de los monjes de la Orden de Santa Cruz, situado en la ribera de Ciudad Vieja. El puente de Judit se derrumbó en el año 1342, durante unas inundaciones que fueron un verdadero desastre para Praga y su comercio. Poco después; el Emperador y Rey Carlos IV colocó solemnemente la primera piedra del nuevo puente que se construiría en el mismo lugar y en el momento fijado por los astrólogos de la corte que coincidiera con el número cabalístico 1-3-5-7-9-7-5-3-1, es decir, en el año 1357, el 9 de julio a las 5 horas y 31 minutos. Sólo en Velvary no entendieron bien la orden real y como tenían miedo de que los huevos se rompieran” por el camino, entonces mandaron huevos hervidos. Toda Praga se reía del pueblo Velvary y por centenares de años este pueblo fue objeto de chistes maliciosos. También los habitantes de Unhošť se equivocaron. Sus huevos llegaron en orden, pero se confundieron un poco con la leche que se utilizaba para preparar el mortero y por eso también mandaron requesón y quesillos. Entonces el Puente de Carlos, quizás sea el único puente del mundo que fue construido no sólo de piedra, sino también del vino de los viñedos praguenses, de los huevos checos y del requesón y queso de Unhošť. Es muy probable que esta receta sea realmente buena, de lo contrario el puente más famoso de Praga no estaría aquí ni hubiera perdurado por más de seis siglos y medio. En alguna parte de uno de los pilares del Puente de Carlos, según dicen, está enterrada la espada milagrosa de Bruncvík. Cuando llegue el momento en que el país checo se encuentre en peligro, los hidalgos que descansan en la montaña Blaník despertarán y llegarán a Praga para ayudar. El príncipe Venceslao, encabezará el ejército montado en su caballo blanco y pasará por el Puente de Carlos, el caballo tropezará y la espada milagrosa saldrá de la tierra y caerá directamente en las manos del príncipe. Entonces, el ejército de Blaník derrotará con facilidad al enemigo y el país checo recuperará la paz y la tranquilidad.

La iglesia de San Martín es una de las más antiguas en Praga. Fue construida en el siglo XII y en tiempos remotos formaba parte de la muralla de la Ciudad Vieja, como documenta su nombre. En aquel tiempo muchos niños pícaros se subían en su techo para sacar palomitas pequeñas de sus nidos. Un día uno de ellos estaba sentado en el pilar de piedra debajo del techo, hacía travesuras y gritaba tanto a los demás chicos hasta que una persona mayor le amonestó. El muchacho tan solo hizo una mueca porque bien sabía que el señor vestido con un abrigo negro no subiría al techo para cogerlo. El hombre se paró, miró hacia arriba, levantó ambas manos y dijo algo extraño y en ese momento el chico quedó petrificado. Desde ese tiempo está arrodillado en el pilar izquierda, en lo alto de la parte trasera de la iglesia. Y sigue haciendo travesuras, el pícaro.

El pueblo de La loma de San Juan lleva  el nombre de la iglesia de San Juan que hace mucho tiempo estaba en este lugar. Posteriormente la derrumbaron y en el lugar de la iglesia y del cementerio que estaba alrededor construyeron casas nuevas. Según una leyenda, cada viernes a medianoche sale de la puerta de una de las casas una carroza negra con caballos negros y la figura de la muerte, con guadaña y sin cabeza, que suelta fuego. La carroza se pasa una hora dando vueltas, con mucho ruido, por la loma de San Juan y luego la tierra se la traga. Según dicen, la figura de la muerte de fuego es el espíritu de algún pecador que no tiene tranquilidad después de muerto. Nadie sabe cómo salvar su alma y por eso, según parece, seguirá viajando por allí eternamente.

Solo después que pasaron tres años del asesinato del príncipe Venceslao en Stará Boleslav su cuerpo pudo ser trasladado al Castillo de Praga y guardado en la catedral de San Vito. Se cuenta que los restos del príncipe, trasladados en un carro remolcado por un par de bueyes blancos, llegaron sin problemas a Praga y luego hubo que atravesar el río Moldava y llevarlos hasta el Castillo. En el lugar donde actualmente tenemos la plaza de Malá Strana (Malostranské náměstí), en aquellos tiempos había una prisión. Los bueyes se pararon  frente a la prisión y no querían seguir. El cochero no podía hacer nada y de momento a alguien le vino a la mente que el príncipe Venceslao, durante toda su vida, siempre había luchado contra la injusticia. Si el carro se paró frente a la prisión, seguramente era porque había una persona inocente dentro. Sacaron entonces a los tres prisioneros que estaban allí y de pronto a uno de ellos se le cayeron milagrosamente los grillos de las manos y de las piernas. En ese momento los bueyes siguieron caminando. Todo el mundo se sorprendió y el juez  tuvo que volver a analizar el caso de ese acusado quién realmente era inocente. Posteriormente construyeron la iglesia de San Venceslao en el lugar de la prisión y al pasar muchos años más fue construida aquí la catedral de San Nicolás que ahora podemos admirar.

Aquella noche de noviembre del año 1378 el emperador y rey Carlos IV se estaba muriendo en su palacio. El Castillo de Praga y la ciudad completa estaba en silencio y triste. En un mismo momento comenzaron a sonar, de repente, todas las campanas en todas las torres de Praga. En la torre de San Vito, además, comenzó el toque de difuntos. En aquel momento el rey exhaló su último suspiro. El campanero de la catedral de San Vito, al oír el toque de difuntos, se asombró porque las llaves de la torre estaban en su bolsillo. Abrió la puerta, subió a la torre y vio que el toque de difuntos estaba sonando sólo, sin ayuda de nadie, y las demás campanas le acompañaban. En todas las torres de Praga pasó lo mismo. Así Praga se despidió del emperador que hizo tantas cosas buenas para ella.

Después que los judíos llegaron a Praga, el rey les asignó un lugar donde pudieran residir – en la ribera derecha del río Moldava. Antes de ponerse a construir las casitas para sus familias, los judíos ya estaban pensando en cómo construir una sinagoga de modo que fuera lo más rápido posible. Sus debates eran infinitos hasta que un anciano sabio tomó la palabra. Les recomendó a los demás comenzar a construir en una loma cercana. Tan pronto lo hicieran, dijo, ellos mismos verían cómo llegarían a tener la sinagoga. Los judíos obedecieron y se pusieron a trabajar. Comenzaron a cavar en la cima de la loma y llevaban la tierra hasta el pie de la loma. Una vez cavada toda la parte superior de la elevación, descubrieron el tope de un techo. Este hallazgo les impulsó a trabajar aún con más deseo y al pasar unos días sacaron de la tierra la Sinagoga Vieja Nueva, tal y como se ha conservado hasta el día de hoy. Sentían mucha alegría y ya ni querían seguir cavando, pues la sinagoga estaba parcialmente enterrada en la tierra. El nombre de la sinagoga – vieja, no obstante nueva – proviene de esta leyenda sobre su descubrimiento.

Se cuenta que el sabio rabino Löw había logrado muchas veces evitar diversos peligros que amenazaban a los habitantes de la Ciudad Judía, pero él sabía muy bien que no iba a vivir eternamente te. Por eso comenzó a pensar en cómo proteger a su comunidad y asegurar su futuro. Pasaba horas estudiando libros especializados y leyendo pergaminos antiguos, hasta que encontró lo que buscaba. Decidió crear un hombre artificial con fuerza sobrehumana que ayudaría a los judíos en tiempos difíciles y también en su lucha contra el enemigo. Confió sus planes a dos jóvenes estudiantes de entre los más dotados. Entonces, en el sótano de la casa del rabino empezaron a modelar juntos una figura gigantesca: el Golem. Tan pronto terminaron, el rabino se dirigió a uno de los estudiantes diciéndole: “Tú tienes el carácter del fuego, da siete vueltas alrededor del Golem diciendo palabras sagradas en voz alta.” El estudiante le obedeció. Al dar la primera vuelta, la arcilla húmeda comenzó a secarse, al dar la segunda vuelta, el Golem comenzó a soltar calor y en la séptima vuelta ya ardía.

Una tarde de verano Libuše, Premislita y su cortejo estaban mirando desde las murallas de Vyšehrad. Comenzó la caída del sol y sus rayos llenaban el paisaje de oro. Libuše, de repente, se acercó a la muralla, levantó las manos hacia las lomas boscosas de la orilla contraria del río Moldava y comenzó a profetizar: “Veo una ciudad grande y bella cuya gloria un día alcanzará las estrellas. Allí, en el bosque, hay un lugar donde encontrarán un hombre haciendo el umbral de su casa. En ese lugar construyan un castillo fuerte y pónganle el nombre de Praga. Delante del umbral de la casa hasta los príncipes y reyes tendrán que bajar la cabeza y así, hasta los más poderosos, tendrán que adorar el castillo y la ciudad bajo el castillo. Al otro día Premislita mandó a los mensajeros al lugar fijado por Libuše. Encontraron al hombre que estaba haciendo el umbral de su casa y en aquel lugar construyeron un castillo. Los años iban pasando y, junto con el agua del Moldava, pasaron siglos y en el mar del tiempo el castillo de Praga se convirtió en la residencia de los príncipes y reyes checos y, hasta el día de hoy, la gente de todo el mundo adora la belleza de la ciudad que lleva su nombre.

Según una leyenda, Libuše utilizó una cuna de oro para su primer hijo. Cuando el niño creció, echó la cunita en un embalse profundo bajo la roca de Vyšehrad y la cuna cayó al fondo. Luego la princesa dijo una profecía: “¡La cuna de oro se quedará en el fondo del río Moldava hasta que nazca en Bohemia un gobernador que sea digno de ella!”. Pasaron varios siglos y la cuna seguía en el fondo del río. Una noche, sin embargo, subió arriba, en el preciso momento en que la última mujer de la familia premislita, la reina Elisabeta, daba a luz al pequeño Venceslao – posteriormente rey checo y emperador romano Carlos IV. La reina también lo mecía en la cunita de oro, la cual iba creciendo junto con el niño. Con el tiempo se convirtió en un lecho cómodo que Carlos IV utilizaba para descansar. Después de su muerte, dice la leyenda, la milagrosa cunita dorada volvió al fondo del río Moldava.

 

 

 

 

This is a book to enjoy visiting the beautiful Central European city, so I tell you that the vision and the result will be different from other times in that magnificent Czech city, because Legends make cities great.

More than six hundred years ago, the astronomical clock of the Old City located in the southern part of the tower of the town hall’s house has been set. In its original form, the astronomical clock was quite simple and was built by Nicolás de Kadaň, before the year 1410. Sometime later, at the end of the 15th century, the master Hanuš de Růže arranged and perfected its mechanism turning it into a work of art unequaled throughout Europe. The advisors of the Old City were very proud of their astronomical clock. But then rumors began to be heard that Master Hanuš had received offers from other places, and people said that the teacher stayed in the room for many hours at night taking out accounts and drawing. It could not be otherwise, assured some, surely a better and more perfect astronomical clock was being prepared for some foreign city. Master Hanuš was sick for a long time, suffered from fevers and hallucinations, then spent several days drowsy and confused, but never regained his sight. Feeling a little better, sitting in his room, he began to think about who and why he had done such a terrible thing. One day his assistant, returning from the town hall, as he was engaged in the cleaning and maintenance of the clock, told him a conversation he heard between two counselors. They told each other that they had done well, that Master Hanuš would never build another astronomical clock.
And in this way the teacher found out who had caused his misfortune. When he arrived in front of the machinery, the master touched his pieces with his fingers, listened to the characteristic sounds of his march, stroked the metal and wood with his palms. His face was serene and tears came from his blind eyes. He imagined the complicated mechanism, each piece was next to the other, clearly recognizing even the smallest details. Suddenly he reached into the machinery and with all his strength pulled a lever until it broke and the machine began to moan and this sound was spilled in the silence as a bad omen. At that moment the teacher’s heart stopped and he fell to the ground.
The astronomical clock was completely broken for many years until a person appeared who managed to repair it. Meanwhile, their frightful silence reminded the counselors every day of their horrendous act.

Twenty-seven white crosses drawn on the pavement of the Old Town Square remind one of the saddest events in Czech history. On June 21, 1621, this place witnessed the execution of the Czech nobles who, as leaders participating in the rebellion of the nobility, opposed the government of Fernando II. At that time, ten nobles, fifteen Prague citizens and two city dwellers of Kutná Hora and Žatec, were killed by the executioner of Prague, Mydlář. The executed Czech nobles belonged to the vanguard of the nobility of the country, among them the writer and scholar of seventy-four years Václav Budovec of Budov, the traveler Kryštof Harant of Polžice; also the famous doctor and professor of the Carolina University Jan Jesenius, who made the first public autopsy in Prague. Every year, the day of his death, that is to say on June 21, the spirits of the executed come at midnight to the astronomical clock and observe its operation. If the clock works well, they feel happy because that means that the situation in the Czech country is good. If the clock is broken, they return to the place of their eternal rest, sad and dejected.

The House of the Three White Roses (U tří bílých růží) is in the Small Square. Its current appearance is distinguished by a facade with paintings by Mikoláš Aleš and is better known as U Rotta – the name of the hardware store that existed there a while back. On its facade we can see three white roses as a reminder of the legend that gave the name to the house. A long time ago there lived three girls, beautiful and innocent like white roses. His parents died soon and the sisters inherited a very large wealth. However, they did not know how to manage it well, they became proud and stupid. From morning to night they sat in front of the mirrors, combing and trying on clothes and jewelery and all the time they talked about boyfriends and weddings. They had a dream in common, a noble and rich boyfriend would come to each of them to take her to his palace in a distant country. For several years nobody knew anything about the sisters. One day a walking officer arrived in Prague who told what he knew. What a class of three rich boyfriends for three proud sisters! A single liar, who was anxious about his wealth. One after another he took them abroad, stole them there and left them to the three plunged into poverty and misery, until they got sick and died. As they say, after pride comes the fall and love blinds the eyes and reason. It’s a shame for the three sisters who did not know it.

On Calle Liliová, Ciudad Vieja, every midnight a man without a head appears, riding a huge white horse that releases sparks through his nostrils. The rider wears a white cloak with a red cross, so it is known that it is the spirit of a templar hidalgo of the old templar convent of Santa Ana. With one hand he holds the bridles of his restless horse and in the other he carries his head. They say his head had been cut off because of some guilt and before he died he renounced the Christian religion. That’s why he was cursed and is still waiting for his release. Only a brave boy can free him, if he grabs the horse by the morsel, he takes the sword from the hidalgo and pierces his heart. Apparently, nobody has arrived yet. In the house that bears a beautiful stone frog on its shield lived in times past the Lokýtek sewer with his housekeeper who cleaned and cooked him. Lokýtek was a good and agile seamstress, only that he loved with passion the art of hiding things with the agility of the hands or the cunning. As soon as new scam artists, artists or jugglers arrived in Prague, Lokytek was safely among the first spectators and, agape, he watched his tricks and magic. One day Lokýtek was at the fair watching these guys swallow swords, they stood on top of each other, then they threw themselves on the ground spinning, walking the tightrope and swallowing fire. Above all he loved a young man dressed in green. His body looked like it was rubber-tangled hands, legs and head, so that neither knew where the front was and where the back of the body.

In the church of San Jacobo, to the right of the main door there is a human hand suspended from a chain. An amazing legend is written on the memorial plaque below. It turns out that one day a thief hid in this church at night to steal valuable jewelry that adorned the miraculous statue of Our Lady located on the altar. As soon as he touched his pearl necklace the statue grabbed his hand so hard that the thief could not get it out. He had to stay by the altar until the next day the sacristan arrived. Then the people tried to free the thief from the statue, but without success and that is why they had to call the executioner to cut off the thief’s hand. Once cut, the thief’s right hand was able to leave the hand of Our Lady easily and, as a warning, was suspended on the wall of the cathedral. The delinquent spent some time in prison and when he was released, he begged the monks of the Jacobo convent to accept him in order to pay for his sin. It happened like that.

In ancient times, before constructing the first bridge across the Vltava river, people had to use various fords to cross the river. Many wholesalers exercised their trade here. In ancient chronicles about Prague, legends have been preserved about a great ship that belonged to the legendary Prince Křesomysl in the ninth century, which was used to transport vehicles and people from one bank to the other. In the 10th century, the first wooden bridge on the Vltava was built and already in 1158 there was a stone bridge, at that time a true miracle. At the time, it was the longest bridge in Central Europe, due to its length, which exceeded five hundred meters. It carried the name of Judit, the wife of Vladislao II, since she was the promoter of its construction. One of the arches of the bridge of Judit can still be seen in the underground part of the Convent of the monks of the Order of Santa Cruz, located on the banks of Old City. The bridge of Judit collapsed in 1342, during floods that were a real disaster for Prague and its commerce. Shortly after; the Emperor and King Charles IV solemnly placed the first stone of the new bridge that would be built in the same place and at the time fixed by the astrologers of the court that coincided with the cabalistic number 1-3-5-7-9-7- 5-3-1, that is, in the year 1357, on July 9 at 5 hours and 31 minutes. Only in Velvary did they understand the royal order and how they feared that the eggs would be broken “by the way, then they sent boiled eggs.Every Prague laughed at the Velvary village and for hundreds of years this village was the subject of malicious jokes. The inhabitants of Unhošť were wrong, their eggs arrived in order, but they got a little confused with the milk that was used to prepare the mortar and therefore they also sent cottage cheese and cheese, so the Charles Bridge, perhaps the only bridge in the world It was built not only of stone, but also of wine from the Prague vineyards, Czech eggs and cottage cheese and Unhošť cheese.It is very likely that this recipe is really good, otherwise the most famous bridge in Prague would not be here it would not have lasted for more than six and a half centuries. “Somewhere on one of the pillars of the Charles Bridge, they say, Bruncvík’s miraculous sword is buried. or the moment the Czech country finds itself in danger, the hidalgos who rest on the Blaník mountain will wake up and arrive in Prague to help. Prince Wenceslaus, will lead the army mounted on his white horse and pass by Charles Bridge, the horse will stumble and the miraculous sword will come out of the earth and fall directly into the hands of the prince. Then, the army of Blaník will easily defeat the enemy and the Czech country will recover peace and tranquility.

The church of St. Martin is one of the oldest in Prague. It was built in the 12th century and in ancient times it was part of the Old City wall, as its name documents. At that time many rogue children climbed on their roof to get small popcorn from their nests. One day one of them was sitting on the stone pillar under the roof, making mischief and shouting at the other boys until an older person admonished him. The boy just grimaced because he knew that the man dressed in a black coat would not go up to the ceiling to get it. The man stopped, looked up, raised both hands and said something strange and at that moment the boy was petrified. From that time he is kneeling on the left pillar, on top of the back of the church. And he keeps doing pranks, the rogue.

The town of San Juan knoll is named after the church of San Juan that was in this place a long time ago. Later they collapsed and in the place of the church and the cemetery that was around they built new houses. According to a legend, every Friday at midnight a black float with black horses and the figure of death, with a scythe and without a head, leaves fire from the door of one of the houses. The carriage spends an hour circling, with a lot of noise, on the hill of San Juan and then the earth swallows it. As they say, the figure of the death of fire is the spirit of some sinner who has no peace after death. No one knows how to save his soul and that is why, it seems, he will continue to travel there forever.

It was only after three years of Prince Wenceslao’s murder in Stará Boleslav that his body was transferred to Prague Castle and stored in St. Vitus Cathedral. It is said that the remains of the prince, transferred in a car towed by a pair of white oxen, arrived without problems to Prague and then had to cross the Vltava River and take them to the Castle. In the place where we currently have the Malá Strana square (Malostranské náměstí), there was a prison in those days. The oxen stopped in front of the prison and did not want to continue. The coachman could not do anything and for the moment it occurred to somebody that Prince Wenceslaus, throughout his life, had always fought against injustice. If the car stopped in front of the prison, it was probably because there was an innocent person inside. They took out the three prisoners who were there and suddenly one of them miraculously fell the crickets of his hands and legs. At that moment the oxen kept walking. Everyone was surprised and the judge had to re-analyze the case of that defendant who was really innocent. Later they built the church of San Venceslao in the place of the prison and after many more years the cathedral of San Nicolás was built here that we can now admire.

That night of November of the year 1378 the emperor and King Charles IV was dying in his palace. The Prague Castle and the whole city was silent and sad. At the same moment all the bells in all the towers of Prague suddenly began to ring. In the tower of San Vito, in addition, the touch of the dead began. At that moment the king exhaled his last breath. The bell-ringer of the Cathedral of San Vito, on hearing the death knell, was amazed because the keys to the tower were in his pocket. He opened the door, went up to the tower and saw that the death knell was playing alone, with no help from anyone, and the other bells accompanied him. In all the towers of Prague the same thing happened. So Prague said goodbye to the emperor who did so many good things for her.

After the Jews arrived in Prague, the king assigned them a place where they could reside – on the right bank of the Vltava river. Before they set about building the houses for their families, the Jews were already thinking about how to build a synagogue so that it would be as fast as possible. Their debates were endless until an old wise man spoke. He recommended the others start building on a nearby hill. As soon as they did, he said, they would see how they would get to have the synagogue. The Jews obeyed and went to work. They began to dig at the top of the hill and carried the earth to the foot of the hill. Once the entire top of the elevation was dug, they discovered the top of a roof. This finding impelled them to work even more with desire and after a few days they took the Old New Synagogue out of the earth, as it has been preserved to this day. They felt very happy and did not want to continue digging, because the synagogue was partially buried in the earth. The name of the synagogue – old, however new – comes from this legend about its discovery.

It is said that the wise Rabbi Löw had often managed to avoid various dangers that threatened the inhabitants of the Jewish City, but he knew very well that he was not going to live forever. That is why he began to think about how to protect his community and ensure his future. He spent hours studying specialized books and reading ancient scrolls, until he found what he was looking for. He decided to create an artificial man with superhuman strength that would help the Jews in difficult times and also in their fight against the enemy. He entrusted his plans to two young students among the most gifted. Then, in the basement of the rabbi’s house, they began to model together a gigantic figure: the Golem. As soon as they finished, the rabbi addressed one of the students saying: “You have the character of the fire, go around the Golem seven times saying sacred words aloud.” The student obeyed him. humid began to dry, when the second round, the Golem began to release heat and on the seventh lap and burned.

One summer afternoon Libuše, Premislita and her entourage were watching from the walls of Vyšehrad. The sun began to fall and its rays filled the landscape with gold. Libuše, suddenly, approached the wall, raised his hands towards the forested hills of the opposite shore of the Vltava River and began to prophesy: ​​”I see a great and beautiful city whose glory will one day reach the stars. There, in the forest, there is a place where you will find a man making the threshold of his house. In that place build a strong castle and put the name of Prague. In front of the threshold of the house even the princes and kings will have to lower their heads and thus, even the most powerful, will have to adore the castle and the city under the castle. The next day, Premislita sent the messengers to the place set by Libuše. They found the man who was making the threshold of his house and in that place they built a castle. The years were passing and, along with the water of the Vltava, centuries passed and in the sea of ​​time the Prague Castle became the residence of the Czech princes and kings and, to this day, people from all over the world He loves the beauty of the city that bears his name.

According to a legend, Libuše used a golden cradle for his first child. When the boy grew up, he dropped the bassinet in a deep reservoir under the rock of Vyšehrad and the cradle fell to the bottom. Then the princess said a prophecy: “The cradle of gold will stay at the bottom of the Vltava River until a governor is born in Bohemia who is worthy of it!” Several centuries passed and the cradle was still at the bottom of the river. Night, however, climbed up, at the precise moment when the last woman of the family premilita, Queen Elisabeta, gave birth to the little Wenceslao – later Czech king and Roman emperor Charles IV.The queen also rocked him in the cradle In time, it became a comfortable bed that Carlos IV used to rest in. After his death, says the legend, the miraculous golden cradle returned to the bottom of the Vltava River.

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