El Futuro De La Humanidad. La Colonización De Marte, Los Viajes Interestelares, La Inmortalidad Y Nuestro Destino Más Allá De La Tierra — Michio Kaku / The Future of Humanity: Terraforming Mars, Interstellar Travel, Immortality, and Our Destiny Beyond Earth by Michio Kaku

Un libro didáctico y muy interesante s re el futuro de la humanidad y que creará debate.
Hace unos setenta y cinco mil años, una erupción volcánica casi terminó con la raza humana; Casi todo murió. Alrededor de dos mil humanos sobrevivieron. Como resultado, dos chimpancés tienen más variación genética que todos los seres humanos combinados; diferimos por .01 de un por ciento. Y esta no fue la única vez que la Tierra fue casi destruida. Casi todo el mundo sabe cómo desaparecieron los dinosaurios.
Asi que . . . ¿Por qué estamos aquí? Según Michio Kaku, Júpiter es nuestro ángel guardián, que desvía a la mayoría de los asteroides, cometas y otros objetos del espacio que podrían matarnos. La Tierra es un “planeta de Ricitos de oro”, no muy caliente ni frío, con una atmósfera que no es demasiado densa y un campo magnético y una capa de ozono que desvía los rayos ultravioleta de freírnos vivos. ¿Cuántos “planetas Ricitos de oro hay en nuestra galaxia? Posiblemente cientos de miles, pero mucho depende de la suerte del avión. Hemos tenido suerte. El año pasado, un asteroide llegó a unos treinta y miles de kilómetros de la Tierra.
¿Cómo saben los científicos qué planetas son como nosotros? No pueden verlos, pero los telescopios Kepler y Hubble miran el brillo de ciertas estrellas; cuando se atenúan de cierta manera, significa que algo está bloqueando su luz. Los científicos pueden determinar el tamaño del planeta por lo mucho que afecta a la luz de su estrella anfitriona.
Kaku discute el efecto de la decisión de Obama de cerrar el programa del transbordador. Tenía la esperanza de que los negocios privados se involucraran, y lo han hecho a lo grande. Elon Musk tiene un contrato de mil millones de dólares para aprovisionar la estación espacial internacional, y ha entregado suministros varias veces. Él está planeando un aterrizaje en Marte para 2024; él ya tiene un cohete cuyo propulsor puede aterrizar en una plataforma oceánica. Este cohete nos puede llevar a Marte. La NASA no es tan optimista. Planean poner un hombre en Marte para el 2035, usando la luna como base.
Stephen J. Hawking sostiene que si podemos superar los próximos doscientos años y no destruirnos a nosotros mismos a través del terrorismo y la guerra nuclear o la contaminación, podemos evolucionar para alcanzar las estrellas. Nikolai Kardashev, un científico ruso, ha creado una escala de civilizaciones: el Tipo I utiliza toda la energía de la luz proporcionada por su estrella; El tipo II utiliza toda la energía que produce el sol (piense en la fusión); Tipo III utiliza toda la energía en toda la galaxia. Obviamente, ni siquiera somos una civilización Tipo I, ya que no usamos toda la luz solar que proporciona el Sol. Estamos a punto de una civilización 0.7.
Si sobrevivimos, es casi seguro que tendremos un asentamiento en Marte a mediados del siglo y comenzaremos a terraformarlo. Hace demasiado frío allí casi sin atmósfera. Podemos calentarlo inyectando metano en su atmósfera.
Los científicos también han descubierto varias lunas de Júpiter y Saturno que tienen agua. Podemos usarlos como bases para ir más allá del sistema solar.
Finalmente, Kaku se acerca a su teoría favorita, la teoría de cuerdas que matemáticamente combina la teoría de la relatividad de Einstein y la teoría cuántica. Consta de diez dimensiones, pero no podemos demostrarlo hasta que nos convertimos en una civilización de Tipo III. Podemos eliminarlo, utilizando los Super colisionadores, el CERN en Suiza, que ya ha descubierto la partícula de Higgs Boson, un indicador de materia oscura, y uno nuevo que los japoneses están construyendo junto con otros países. La teoría de cuerdas nos ayudará a descubrir qué hay dentro de un agujero de gusano, ya sea que podamos pasar a través de uno sin ser aplastados. Supuestamente, si podemos pasar a través de un agujero de gusano, podemos tomar un atajo hacia el lado opuesto de la galaxia. La teoría de cuerdas también permite la posibilidad de universos múltiples. Kaku habla sobre los universos que “aparecen y desaparecen de la existencia”. Estamos buscando los estables. ¿Por qué? Porque otras galaxias se están alejando de nosotros a una velocidad exponencial. Si esto continúa, nos espera un “Big Freeze” y todo morirá. La teoría de cuerdas nos permite movernos no solo a otra estrella, sino a otro universo. Si eres del tipo paranoico, deja de preocuparte. Esto no sucederá por miles de millones tal vez billones de años.

Afortunadamente, el trabajo de Michio Kaku en 2018, “El futuro de la humanidad”, es un esfuerzo audaz para proyectar lo que sabemos ahora hacia lo que creemos que podría ser. El autor, físico teórico de la City University de Nueva York y cofundador de la teoría del campo de cuerdas, ha escrito muchos libros de ciencia en este campo altamente competitivo.
Este nuevo esfuerzo se presenta en un estilo admirablemente sencillo, sin complicaciones y combina imaginaciones de ciencia ficción con las observaciones prácticas del aprendizaje científico basado en la experiencia para proyectar hacia dónde podría dirigirse la humanidad.
El Prólogo establece una propuesta básica con respecto al destino de la humanidad basado en nuestras propias y otras historias de especies relacionadas con el cambio: dejar, adaptarse o morir. Para las dos primeras opciones, una evaluación práctica de los riesgos para la supervivencia es crítica.
La Introducción hace referencia a las reflexiones del gran escritor de ciencia ficción, Isaac Asimov, y del cosmólogo y fundador de SETI (Búsqueda de inteligencia extraterrestre), Carl Sagan, para establecer el deseo y la necesidad de que la humanidad sea una especie de planeta o galaxia o más.
La exploración de Kaku de cómo podría lograrse esto se desarrolla a través de catorce capítulos agrupados en tres secciones:
1. “Leaving Earth”: seis capítulos que analizan los desafíos y las consideraciones prácticas para los humanos en su forma actual de abandonar la Tierra, estableciendo colonias para cultivar recursos minerales y de agua en la Luna, Marte, el cinturón de asteroides y más allá, así como la forma de sobrevivir en ambientes hostiles
2. “Viaje a las estrellas”: tres capítulos que analizan los problemas y consideraciones para los humanos en naves estelares multigeneracionales que viajan a velocidades inferiores a la velocidad de la luz, incluida la posibilidad de construir naves estelares y la posibilidad de utilizar robots técnicamente avanzados para dirigir los barcos. y ayudar a colonizar exoplanetas a lo largo de la ruta del viaje
3. “La vida en el universo”: cinco capítulos que consideran una gama de temas que enfrentan los humanos muy avanzados que pueden tener capacidades combinadas con mejoras tecnológicas (“transhumanismo”), la posibilidad de encontrar extraterrestres más avanzados que los humanos, más rápido que los modelos de transporte ligero, El impacto de la materia oscura y la energía oscura, viviendo en el mundo de los multiversos.

Los últimos dos capítulos fueron resúmenes destacados de los temas y diferencias entre la teoría de la relatividad general de Einstein sobre la gran teoría cuántica y cuántica y las limitaciones sobre la discusión muy pequeña y perspicaz sobre la teoría de cuerdas como un intento de reconciliar los elementos aparentemente contradictorios de Las diferentes teorías. ¿Se originó el universo con el Big Bang o lo tiene (y otros) siempre en un estado de continua evolución?
Algunas áreas podrían haber sido discutidas con más detalle, o no se abordaron:
Una peculiaridad inherente al Principio de Incertidumbre de Heisenberg es si existe una realidad objetiva fuera del observador que técnicamente está en el estado cuántico, junto con todo lo que ve. ¿Son las interpretaciones del mundo físico una creación de nuestra propia imaginación que todavía buscan una realidad independiente?
Un supuesto subyacente del trabajo de Kaku es que el potencial futuro se basa en un modelo de conciencia humana. Sin embargo, parece haber evidencia de la existencia de vida interestelar en formas básicas como esporas, incluso cadenas orgánicas que eventualmente se replican y pueden evolucionar hacia formas más complejas. ¿Es una forma más rudimentaria más adecuada para explorar el universo? ¿O es este libro más acerca de cuán lejos y qué se necesita para extender la conciencia humana y el aprendizaje colectivo?
A pesar de la expansión de nuestra capacidad técnica para observar y teorizar, ¿simplemente estamos mejorando lo que aún no entendemos?
Con unas condiciones de vuelo tan buenas, ¿por qué no disfrutar de este recorrido mágico y misterioso?.

La historia revela que las revoluciones científicas vienen en oleadas, muchas veces estimuladas por los avances de la física. En el siglo XIX, la primera oleada de avances científicos y tecnológicos fue posible gracias a los físicos que formularon las teorías de la mecánica y la termodinámica. Esto permitió a los ingenieros producir la máquina de vapor, que condujo a la locomotora y a la revolución industrial. Este profundo cambio tecnológico elevó la civilización, librándola de la maldición de la ignorancia, el trabajo agotador y la pobreza, y nos introdujo en la era de las máquinas.
En el siglo XX, la segunda oleada fue encabezada por los físicos que desentrañaron las leyes de la electricidad y el magnetismo, que a su vez dieron paso a la era eléctrica. Esto hizo posible la electrificación de nuestras ciudades, con la aparición de las dinamos, los generadores, la radio, la televisión y el radar. La segunda oleada dio origen al moderno programa espacial, que nos llevó a la Luna.
La humanidad está a punto de embarcarse en la que podría ser su mayor aventura, y los asombrosos y rápidos avances de la ciencia podrían permitirnos cruzar el vacío que separa las especulaciones de Asimov y Stapledon de la realidad. El primer paso que daremos en nuestro largo viaje comenzará cuando salgamos de la Tierra. Como dice el proverbio chino, un viaje de mil kilómetros comienza con el primer paso. El viaje a las estrellas comienza con el primer cohete.

Los emperadores cortaron el contacto entre China y el resto del mundo. China se encerró en sí misma con resultados desastrosos, que acabaron llevándola a la decadencia, el hundimiento, el caos, la guerra civil y la revolución.
A veces pienso en lo fácil que es que una nación se deje caer en la complacencia y la ruina tras décadas de vivir regaladamente. Dado que la ciencia es el motor de la prosperidad, las naciones que le dan la espalda a la ciencia y la tecnología suelen acabar cayendo en barrena.
De manera similar, el programa espacial de Estados Unidos entró en declive. Pero ahora las circunstancias políticas y económicas están cambiando. Un nuevo elenco de personajes está apareciendo en el escenario. Los audaces astronautas están siendo sustituidos por apuestos empresarios multimillonarios. Nuevas ideas, nueva energía y nuevos fondos impulsan este renacimiento. Pero ¿podrá esta combinación de fondos privados y financiación pública abrir el camino a los cielos?.
A diferencia del declive de la flota imperial china, que duró siglos, el programa espacial tripulado de Estados Unidos está experimentando un resurgimiento tan solo unas décadas después del abandono. Son varios los factores que están cambiando las tornas.
Uno es el influjo de recursos por parte de empresarios de Silicon Valley. La curiosa combinación de fondos privados y financiación oficial está posibilitando una nueva generación de cohetes. Al mismo tiempo, el descenso de los costes del viaje espacial hace factible una variedad de proyectos. Además, el apoyo público al viaje espacial está alcanzando también un máximo, y los estadounidenses vuelven a mostrarse receptivos a las películas de Hollywood y los especiales de televisión acerca de la exploración espacial.
Y lo más importante: la NASA ha recuperado por fin su rumbo. El 8 de octubre de 2015, tras años de confusión, vacilación e indecisión, la NASA declaró por fin su objetivo a largo plazo: llevar astronautas a Marte. Incluso esbozó una serie de objetivos más inmediatos.
Dos multimillonarios han tomado la iniciativa para acelerar el programa espacial: Jeff Bezos, fundador de Amazon y propietario del The Washington Post, y Elon Musk, fundador de PayPal, Tesla y SpaceX.
La prensa ya está hablando de la «batalla de los multimillonarios».
Tanto a Bezos como a Musk les gustaría llevar a la humanidad al espacio exterior. Mientras que Musk piensa a largo plazo y pone su objetivo en Marte, Bezos tiene la visión más inmediata de viajar a la Luna.
Blue Origin ha producido su propio sistema de cohetes, llamado New Shepard (en honor de Alan Shepard, el primer estadounidense que voló al espacio en un cohete suborbital). De hecho, el New Shepard fue el primer cohete suborbital del mundo que volvió a aterrizar con éxito en su plataforma de lanzamiento, adelantándose al Falcon de Elon Musk (que fue el primer cohete reutilizable que llevó un cargamento a la órbita de la Tierra).
El cohete New Shepard de Bezos es solo suborbital, lo que significa que no puede alcanzar la velocidad de 29.000 kilómetros por hora y entrar en una órbita cercana a la Tierra. No nos llevará a la Luna, pero puede ser el primer cohete estadounidense que ofrezca de forma recurrente a los turistas un paseo por el espacio.
Blue Origin todavía no ha revelado el precio de este viaje suborbital al espacio, pero los analistas creen que al principio podría rondar los doscientos mil dólares por pasajero. Este es el precio de un viaje en el cohete suborbital que está construyendo Richard Branson, otro multimillonario que ha dejado su huella en los anales de la exploración espacial. Branson es el fundador de Virgin Atlantic Airways y Virgin Galactic, y está apoyando el trabajo del ingeniero aeroespacial Burt Rutan. En 2004, el SpaceShipOne de Rutan apareció en los titulares de prensa cuando ganó los diez millones de dólares del premio Ansari XPRIZE. El SpaceShipOne logró llegar a la frontera de la atmósfera, a cien kilómetros sobre la Tierra. Aunque el SpaceShipTwo sufrió un fatal accidente cuando sobrevolaba el desierto de Mojave, Branson piensa seguir haciendo pruebas con ese cohete y convertir en realidad el turismo espacial. El tiempo dirá qué sistema será el triunfador comercial. Pero parece claro que el turismo espacial ha llegado para quedarse.
Los chinos han anunciado que llevarán astronautas a la Luna en 2025. Si plantan allí su bandera será seguramente a modo de acto simbólico. Pero ¿qué pasaría si un empresario privado reclama propiedades en el satélite cuando llegue en su propia nave?
Cuando se hayan resuelto estos problemas técnicos y políticos, la siguiente cuestión será ¿cómo vivir en la Luna?.

El turismo y la exploración de la Luna podrían convertirse en actividades recreativas populares a medida que la gente descubra las maravillas de un paisaje extraterrestre. Dada la baja gravedad, los excursionistas podrán recorrer largas distancias sin cansarse, los montañeros podrán escalar empinadas paredes montañosas con poco esfuerzo, y desde lo alto de los cráteres y cordilleras podrán disfrutar de una vista sin precedentes de un paisaje que nadie ha tocado en miles de millones de años. Los espeleólogos que quieran explorar cuevas se emocionarán descubriendo la red de gigantescas tuberías de lava que se entrecruzan unas con otras. En la Tierra, las cuevas han sido excavadas por ríos subterráneos y conservan evidencias de antiguos flujos de agua, en forma de estalactitas y estalagmitas. Pero en la Luna no hay restos apreciables de agua líquida. Estas cavernas fueron excavadas en la roca por ríos de lava fundida, así que serán completamente diferentes de las que hay en la Tierra.
¿Qué aspecto tendría una base lunar permanente? Por desgracia, la NASA no ha publicado ningún plano, y solo podemos basarnos en lo imaginado por los autores de ciencia ficción y los guionistas de Hollywood. Pero cuando se construya, querremos que sea totalmente autónoma. De este modo se reducirían los costes de forma considerable, pero se necesitaría muchísima infraestructura: fábricas para la construcción de edificios, grandes invernaderos para cultivar alimentos, plantas químicas para generar oxígeno y grandes bancos solares para obtener energía. Para pagar todo esto se necesitaría una fuente de ingresos. Dado que la Luna está compuesta más o menos por los mismos materiales que la Tierra, necesitaríamos buscar esa fuente de ingresos en otra parte. Por eso, los empresarios de Silicon Valley ya les han echado el ojo a los asteroides. Hay millones de asteroides en el espacio, y pueden esconder incontables riquezas.

Dada la vital importancia del ejercicio para evitar el deterioro de los músculos, los astronautas en Marte tendrán que practicar deportes de cierta exigencia física, y al hacerlo descubrirán con gran alegría que poseen capacidades sobrehumanas.
Pero esto también significa que habrá que rediseñar por completo las instalaciones deportivas. Dado que la gravedad en Marte es poco más de un tercio que la terrestre, se supone que una persona en este planeta podrá saltar el triple de altura. También será capaz de lanzar una pelota tres veces más lejos, de modo que habrá que agrandar los campos de baloncesto, de béisbol y de fútbol americano.
Además, la presión atmosférica en Marte es un 1 por ciento de la terrestre, lo que significa que la aerodinámica de las pelotas de béisbol y de fútbol americano cambiará muchísimo. La principal complicación es poder controlarlas con precisión.
Además, las condiciones de Marte podrían aumentar la plasticidad y la elegancia de otros deportes. Un patinador artístico de la Tierra, por ejemplo, solo puede hacer cuatro piruetas en el aire. Ningún patinador ha ejecutado una pirueta quíntuple. Esto se debe a que la altura del salto está determinada por la velocidad de despegue y la fuerza de gravedad. En Marte, los patinadores artísticos podrán elevarse en el aire tres veces más y ejecutar saltos y giros impresionantes gracias a sus peculiares condiciones. Los gimnastas terrestres ejecutan maravillosos giros y figuras en el aire porque su fuerza muscular es superior al peso de sus cuerpos. Pero en Marte, su fuerza sería inmensamente superior a su reducido peso, lo que les permitiría ejecutar giros y figuras nunca vistos.
Una de las principales atracciones turísticas del planeta rojo serán sus dos gigantescos casquetes polares, que poseen una composición diferente a los de la Tierra y contienen dos clases de hielo. Uno está formado por agua congelada. Es un elemento fijo del paisaje y sigue siendo más o menos igual durante casi todo el año marciano. La otra variedad consiste en «hielo seco», o dióxido de carbono congelado, y se expande o contrae según las estaciones. En verano, el hielo seco se evapora y desaparece, dejando solo los casquetes polares con el hielo compuesto de agua. En consecuencia, la apariencia de estos varía a lo largo del año.
Un aparente impedimento para convertir Marte en un destino turístico podría ser los monstruosos torbellinos de polvo, que son muy comunes y se ven cruzando los desiertos casi a diario. Pueden ser más altos que el Everest, haciendo que a su lado los terrestres parezcan insignificantes, pues se elevan poco más de cien metros en el aire. También hay feroces tormentas de polvo que cubren todo el planeta y lo envuelven en un manto de arena durante semanas. Pero no causarían muchos daños a causa de la baja presión atmosférica de Marte. Un viento de 150 kilómetros por hora le parecería una brisa de solo quince a un astronauta.
Marte es un objetivo primordial para el siglo XXII. Pero los científicos miran más allá de Marte. Los proyectos más interesantes apuntan hacia las lunas de los gigantes gaseosos, como Europa, satélite de Júpiter, y Titán, satélite de Saturno. En otro tiempo se pensaba que estas lunas eran masas rocosas estériles, todas muy parecidas, pero hoy en día se consideran mundos maravillosos y únicos, cada uno con su propio conjunto de géiseres, océanos, cañones y luces atmosféricas. Estos satélites se contemplan ahora como futuros hábitats para la vida humana.

Titán, una de las lunas de Saturno, es otro candidato para la exploración humana, aunque es probable que allí las colonias no sean tan populosas como las de Marte. Titán es el segundo satélite más grande del sistema solar, después de Ganímedes (una luna de Júpiter), y es el único que posee una atmósfera densa. A diferencia de las tenues atmósferas de otros satélites, la de Titán es tan espesa que las primeras fotografías que se tomaron de esta luna fueron decepcionantes. Parecía una pelota de tenis borrosa, sin accidentes en la superficie.

A finales del siglo XXI, los progresos de la nanotecnología deberían permitirnos producir grandes cantidades de nanotubos de grafeno y carbono, materiales superligeros que revolucionarán la construcción. El grafeno consiste en una capa unimolecular de átomos de carbono estrechamente enlazados para formar una lámina ultrafina y ultrarresistente. Es casi transparente y no pesa casi nada, y sin embargo es el material más duro conocido por la ciencia, doscientas veces más fuerte que el acero y más duro que los diamantes. Sería posible que un elefante hiciera equilibrios sobre un lápiz con la punta sobre a una lámina de grafeno sin que esta se rompiera ni se desgarrara. Además, el grafeno conduce la electricidad. Los científicos ya han podido tallar transistores de tamaño molecular en láminas de grafeno. De este material podrían estar hechos los ordenadores del futuro.
Los nanotubos de carbono son láminas de grafeno enrolladas en forma de largos cilindros. Son prácticamente irrompibles y casi invisibles. Si la suspensión del puente de Brooklyn estuviera hecha de nanotubos de carbono, este parecería flotar en el aire.
Los químicos confían en que el próximo siglo será posible fabricarlo en masa, lo que reducirá enormemente el coste de construir infraestructuras en el espacio exterior. Al ser tan ligero, se podría embarcar con gran eficiencia a lejanas localizaciones extraterrestres, e incluso se podría elaborar en otros planetas. En el desierto marciano podrían levantarse ciudades enteras formadas de este material carbónico. Los edificios serían medio transparentes, y los trajes espaciales finísimos y ajustados. Además, los automóviles serían energéticamente supereficientes porque pesarían poquísimo. Del mismo modo, todo el campo de la arquitectura quedaría patas arriba con la aparición de la nanotecnología.
Pero incluso con estos avances, ¿quién iba a hacer todo el trabajo sucio y agotador de construir nuestros asentamientos en Marte, nuestras colonias mineras en el cinturón de asteroides y nuestras bases en Titán y los exoplanetas? La solución puede dárnosla la inteligencia artificial.
Los ordenadores cuánticos serían muchísimo más potentes que los digitales. Estos necesitarían varios siglos en descifrar un código basado en un problema matemático excepcionalmente difícil, como factorizar un número de varios millones en dos números más pequeños. Pero los ordenadores cuánticos, que calcularían con un alto número de estados atómicos mixtos, podrían descifrarlo con rapidez. La CIA y otras agencias de espionaje son muy conscientes de sus posibilidades. Entre las montañas de material clasificado de la Agencia de Seguridad Nacional que se filtraron a la prensa hace unos años, había un documento de alto secreto que indicaba que la agencia estaba siguiendo de cerca los ordenadores cuánticos, pero que no se esperaba ningún avance importante en el futuro inmediato.
Dada la excitación y el alboroto que provocan los ordenadores cuánticos, ¿cuándo podremos disfrutar de ellos?.

Aunque la humanidad se extienda por toda la galaxia a velocidades inferiores a la de la luz y las diferentes ramas pierdan todo contacto unas con otras, seguiremos siendo básicamente humanos. Incluso después de cien mil años, cuando podemos esperar que se haya alcanzado la velocidad de la luz, las distintas colonias humanas no diferirán más que dos humanos terrícolas en la actualidad.
Este fenómeno se aplica también al lenguaje que hablamos. Los arqueólogos y lingüistas han observado que, cuando rastrean el origen de los idiomas, se revela un patrón sorprendente. Han descubierto que los idiomas se ramifican una y otra vez en dialectos más «pequeños» debido a las migraciones.
Sin embargo, con el tiempo, toda civilización avanzada tendrá que hacer frente al peligro definitivo para su existencia, que es el final del universo mismo. Tenemos que plantearnos la siguiente pregunta: ¿puede una civilización avanzada, con toda su vasta tecnología, eludir la destrucción de todo lo que existe?.

A didactic and very interesting book about the future of humanity and that will create debate.
About seventy-five thousand years ago, a volcanic eruption nearly ended the human race; almost everything died. About two thousand humans survived. As a result two chimpanzees have more genetic variation than all human beings combined; we differ by .01 of a percent. And this wasn’t the only time the Earth was almost destroyed. Most everyone knows about how the dinosaurs disappeared.
So . . . why are we here? According to Michio Kaku Jupiter is our guardian angel, deflecting most asteroids, comets and other space clutter that could kill us. Earth is a “Goldilocks Planet”, not too hot, not cold, with an atmosphere that’s no too dense and a magnetic field and an ozone layer that deflects ultra-violet rays from frying us alive. How many “Goldilocks planets are there in our galaxy? Possibly hundreds of thousands, but a lot depends on plane old luck. We have been lucky. Just last year an asteroid came within a thirty-some thousand miles of the Earth.
How do scientists know which planets are like us? They can’t see them, but the Kepler and the Hubble telescopes look at the brightness of certain stars; when they dim in a certain way, it means something is blocking their light. Scientists are able to tell the size of the planet by how much it affects the light from its host star.
Kaku discusses the effect of Obama’s decision to shut down the shuttle program. He was hoping private business would get involved, and they have in a big way. Elon Musk has a billion dollar contract to provision the international space station, and he has delivered supplies several times. He is planning a Mars landing by 2024; he already has a rocket whose booster can land on an ocean platform. This rocket can take us to Mars. NASA isn’t quite that optimistic. They plan to put a man on Mars by 2035, using the moon as a base.
Stephen J. Hawking maintains that if we can make it through the next two hundred years and not destroy ourselves via terrorism and nuclear war or pollution we can evolve in respect to reaching the stars. A Russian scientist, Nikolai Kardashev has created a scale of civilizations: Type I uses all of the energy from the light provided by its star; Type II uses all the energy the sun produces (think fusion); Type III uses all the energy in the entire galaxy. Obviously we’re not even a Type I civilization since we don’t use all the sunlight the Sun provides. We’re about a 0.7 civilization.
If we survive it’s pretty much a given we’ll have a settlement on Mars by mid century and we’ll start terraforming it. It’s too cold up there with hardly any atmosphere. We can warm it up by injecting methane into its atmosphere.
Scientists have also discovered several moons of Jupiter and Saturn that have water. We can use them as bases to move beyond the solar system.
Eventually, Kaku gets around to his pet theory, string theory which mathematically combines Einstein’s theory of relativity and quantum theory. It consists of ten dimensions, but we can’t prove it until we become a Type III civilization. We can chip away at it, using the Super colliders, the CERN in Switzerland which has already discovered the Higgs Boson particle, an indicator of dark matter, and a new one being built by the Japanese in conjunction with other countries. String theory will help us discover what’s inside a Worm Hole, whether or not we can pass through one without being crushed. Supposedly if we can pass through a Worm Hole, we can take a short cut to the opposite side of the galaxy. String Theory also allows for the possibility of multi universes. Kaku talks about universes “popping in and out of existence”. We’re looking for the stable ones. Why? Because other galaxies are racing away from us at exponential speed. If this keeps up, we’re in for a “Big Freeze” and everything will die. String theory allows for us to move not just to another star, but another universe. If you’re the paranoid type, stop worrying. This won’t happen for billions maybe trillions of years.

Fortunately, Michio Kaku’s 2018 work, “The Future of Humanity”, is a bold effort to project what we know now toward what we think could be. The author, a theoretical physics at the City University of New York and co-founder of string field theory, has written many science books in this highly competitive field.
This new effort is presented in an admirably down to earth, uncomplicated style and blends science fiction imaginings with the practical observations of scientific learning based on experience to project where humanity might be headed.
The Prologue sets up a basic proposition regarding humanity’s fate based on our own and other species histories dealing with change: leave, adapt, or die. For the first two options a practical assessment of the risks to survival is critical.
The Introduction references the musings of the great science fiction writer, Isaac Asimov, and cosmologist and SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) founder, Carl Sagan, to establish the desire and need for humanity to be a two or more planet and galaxy species.
Kaku’s exploration of how this might be achieved unfolds through fourteen chapters grouped into three sections:
1. “Leaving Earth”: six chapters discussing challenges and practical considerations for humans in their present form for leaving Earth, setting up colonies for cultivating mineral and water resources on the Moon, Mars, asteroid belt and beyond as well as how to survive in hostile environments
2. “Voyage to the Stars”: three chapters looking at the issues and considerations for humans on multi-generational starships travelling at speeds below the speed of light, including the practicality of building starships and possibility of using technically advanced robots to run the ships and assist with colonizing exoplanets along the voyage path
3. “Life in the Universe”: five chapters considering a range of topics facing very advanced humans who may have capabilities blended with technological enhancements (“transhumanism”), the possibility of encountering extraterrestrials more advanced than humans, faster than light transportation models, the impact of dark matter and dark energy, living in the multiverse realm

The last two chapters were outstanding layman summaries of the issues and differences among Einstein’s general relativity theory about the very big,, quantum mechanical theory and limitations about the very small and an insightful discussion about string theory as an attempt to reconcile the seemingly contradictory elements of the different theories. Did the universe originate with the Big Bang or has it (and others) always been in a continuous evolving state?
Some areas might have been discussed in more detail, or were not addressed:
A quirk inherent in Heisenberg’s Uncertainty Principle is whether an objective reality exists outside the observer who technically is in the quantum state, along with everything he or she sees. Are the physical world interpretations a creation of our own imagination still seeking an independent reality?
An underlying assumption of Kaku’s work is future potential is based on a human consciousness model. Yet, there seems to be evidence of interstellar existence of life in basic forms such as spores, even organic chains that eventually replicate and can evolve into more complex forms. Is a more rudimentary form better suited for exploring the universe? Or is this book more about how far and what is needed to extend human consciousness and collective learning?
For all the expansion of our technical capability to observe and theorize, are we simply getting better at measuring what we still don’t understand?
With flying conditions so great, why not enjoy this magical mystery tour?.

History reveals that scientific revolutions come in waves, often stimulated by advances in physics. In the nineteenth century, the first wave of scientific and technological advances was possible thanks to the physicists who formulated theories of mechanics and thermodynamics. This allowed the engineers to produce the steam engine, which led to the locomotive and the industrial revolution. This profound technological change elevated civilization, freeing it from the curse of ignorance, exhausting work and poverty, and introduced us to the era of machines.
In the twentieth century, the second wave was led by physicists who unraveled the laws of electricity and magnetism, which in turn gave way to the electric age. This made possible the electrification of our cities, with the appearance of dynamos, generators, radio, television and radar. The second wave gave rise to the modern space program, which took us to the Moon.
Humanity is about to embark on what could be its greatest adventure, and the amazing and rapid advances of science could allow us to cross the gap that separates the speculations of Asimov and Stapledon from reality. The first step we will take on our long journey will begin when we leave Earth. As the Chinese proverb says, a thousand kilometer journey begins with the first step. The journey to the stars begins with the first rocket.

The emperors cut off contact between China and the rest of the world. China locked itself in with disastrous results, which ended up leading to decadence, collapse, chaos, civil war and revolution.
Sometimes I think about how easy it is for a nation to indulge in complacency and ruin after decades of living in a gift. Since science is the engine of prosperity, nations that turn their backs on science and technology often end up falling into a tailspin.
Similarly, the US space program went into decline. But now the political and economic circumstances are changing. A new cast of characters is appearing on stage. The daring astronauts are being replaced by handsome billionaire entrepreneurs. New ideas, new energy and new funds are driving this rebirth. But can this combination of private funds and public funding open the way to heaven?

Unlike the decline of the Chinese imperial fleet, which lasted for centuries, the manned space program of the United States is experiencing a resurgence only a few decades after the abandonment. There are several factors that are changing the tables.
One is the influx of resources by Silicon Valley entrepreneurs. The curious combination of private funds and official financing is enabling a new generation of rockets. At the same time, the decline in space travel costs makes feasible a variety of projects. In addition, public support for space travel is also reaching a peak, and Americans are again receptive to Hollywood films and television specials about space exploration.
And the most important thing: NASA has finally recovered its course. On October 8, 2015, after years of confusion, hesitation and indecision, NASA finally declared its long-term goal: to bring astronauts to Mars. He even outlined a series of more immediate objectives.
Two billionaires have taken the initiative to accelerate the space program: Jeff Bezos, founder of Amazon and owner of The Washington Post, and Elon Musk, founder of PayPal, Tesla and SpaceX.
The press is already talking about the “battle of the billionaires.”
Both Bezos and Musk would like to take humanity to outer space. While Musk thinks long term and puts his objective on Mars, Bezos has the most immediate vision of traveling to the Moon.
Blue Origin has produced its own rocket system, called New Shepard (in honor of Alan Shepard, the first American who flew into space on a suborbital rocket). In fact, the New Shepard was the first suborbital rocket in the world to land successfully on its launch pad, ahead of Elon Musk’s Falcon (which was the first reusable rocket to carry a cargo to Earth’s orbit).
The New Shepard rocket from Bezos is only suborbital, which means it can not reach the speed of 29,000 kilometers per hour and enter a near Earth orbit. It will not take us to the Moon, but it may be the first American rocket to offer recurring tourists a walk through space.
Blue Origin has not yet revealed the price of this suborbital trip to space, but analysts believe that at the beginning it could be around two hundred thousand dollars per passenger. This is the price of a trip on the suborbital rocket being built by Richard Branson, another billionaire who has made his mark in the annals of space exploration. Branson is the founder of Virgin Atlantic Airways and Virgin Galactic, and is supporting the work of aerospace engineer Burt Rutan. In 2004, Rutan’s SpaceShipOne made headlines when it won the ten million-dollar Ansari XPRIZE award. SpaceShipOne managed to reach the border of the atmosphere, a hundred kilometers above the Earth. Although the SpaceShipTwo suffered a fatal accident while flying over the Mojave Desert, Branson intends to continue testing with that rocket and turn space tourism into reality. Time will tell what system will be the commercial winner. But it seems clear that space tourism is here to stay.
The Chinese have announced that they will take astronauts to the Moon in 2025. If you plant there your flag will surely be a symbolic act. But what would happen if a private entrepreneur claims properties on the satellite when he arrives on his own ship?
When these technical and political problems have been resolved, the next question will be how to live on the Moon ?.

Tourism and the exploration of the Moon could become popular recreational activities as people discover the wonders of an extraterrestrial landscape. Given the low gravity, hikers can travel long distances without getting tired, mountaineers can climb steep mountain walls with little effort, and from the top of the craters and mountain ranges can enjoy an unprecedented view of a landscape that no one has touched in thousands of millions of years. Cavers who want to explore caves will be thrilled discovering the network of gigantic lava pipes that intersect with each other. On Earth, the caves have been excavated by underground rivers and conserve evidence of ancient water flows, in the form of stalactites and stalagmites. But on the Moon there are no appreciable remnants of liquid water. These caverns were dug into the rock by molten lava rivers, so they will be completely different from those on Earth.
What would a permanent lunar base look like? Unfortunately, NASA has not published any plans, and we can only rely on what was imagined by science fiction authors and Hollywood writers. But when it is built, we want it to be totally autonomous. This would reduce costs considerably, but it would take a lot of infrastructure: factories for the construction of buildings, large greenhouses to grow food, chemical plants to generate oxygen and large solar banks for energy. To pay for all this, a source of income would be needed. Since the Moon is composed more or less of the same materials as Earth, we would need to look for that source of income elsewhere. That is why the Silicon Valley entrepreneurs have already had their eye on the asteroids. There are millions of asteroids in space, and they can hide countless riches.

Given the vital importance of exercise to prevent the deterioration of muscles, astronauts on Mars will have to practice sports of a certain physical exigency, and in doing so they will discover with great joy that they possess superhuman abilities.
But this also means that sports facilities will have to be completely redesigned. Since gravity on Mars is little more than a third of Earth’s gravity, it is assumed that a person on this planet can jump triple the height. You will also be able to throw a ball three times farther, so you will have to enlarge the fields of basketball, baseball and football.
In addition, the atmospheric pressure on Mars is 1 percent of the Earth’s pressure, which means that the aerodynamics of baseball and football will change dramatically. The main complication is being able to control them with precision.
In addition, the conditions of Mars could increase the plasticity and elegance of other sports. An artistic skater from Earth, for example, can only do four pirouettes in the air. No skater has executed a fivefold pirouette. This is because the height of the jump is determined by the speed of takeoff and the force of gravity. On Mars, the artistic skaters will be able to rise in the air three more times and perform impressive jumps and turns thanks to their peculiar conditions. The terrestrial gymnasts perform wonderful turns and figures in the air because their muscular strength is superior to the weight of their bodies. But on Mars, its strength would be immensely superior to its reduced weight, which would allow them to execute turns and figures never seen.
One of the main tourist attractions of the red planet will be its two giant polar ice caps, which have a composition different from those of Earth and contain two kinds of ice. One is formed by frozen water. It is a fixed element of the landscape and remains more or less the same for almost the entire Martian year. The other variety consists of “dry ice,” or frozen carbon dioxide, and expands or contracts according to the seasons. In summer, the dry ice evaporates and disappears, leaving only the polar ice caps with ice composed of water. Consequently, the appearance of these varies throughout the year.
An apparent impediment to turning Mars into a tourist destination could be the monstrous whirlwinds of dust, which are very common and are seen crossing the deserts almost daily. They can be higher than Everest, making the terrestrials look insignificant by their side, because they rise a little over a hundred meters in the air. There are also fierce dust storms that cover the entire planet and wrap it in a blanket of sand for weeks. But they would not cause much damage because of the low atmospheric pressure of Mars. A wind of 150 kilometers per hour would seem like a breeze of only fifteen to an astronaut.
Mars is a prime objective for the XXII century. But scientists look beyond Mars. The most interesting projects point to the moons of gaseous giants, such as Europa, Jupiter’s satellite, and Titan, Saturn’s satellite. At one time it was thought that these moons were sterile rock masses, all very similar, but nowadays they are considered wonderful and unique worlds, each with its own set of geysers, oceans, canyons and atmospheric lights. These satellites are now considered as future habitats for human life.

Titan, one of Saturn’s moons, is another candidate for human exploration, although it is likely that the colonies there are not as populous as those on Mars. Titan is the second largest satellite in the solar system, after Ganymede (a moon of Jupiter), and is the only one with a dense atmosphere. Unlike the dim atmospheres of other satellites, Titan’s is so thick that the first photographs taken of this moon were disappointing. It looked like a fuzzy tennis ball, with no accidents on the surface.

At the end of the 21st century, the progress of nanotechnology should allow us to produce large quantities of graphene and carbon nanotubes, superlight materials that will revolutionize construction. Graphene consists of a unimolecular layer of closely linked carbon atoms to form an ultra-thin and ultra-resistant sheet. It is almost transparent and weighs almost nothing, and yet it is the hardest material known to science, two hundred times stronger than steel and harder than diamonds. It would be possible for an elephant to balance on a pencil with the tip over a sheet of graphene without it breaking or tearing. In addition, graphene conducts electricity. Scientists have already been able to carve transistors of molecular size into sheets of graphene. The computers of the future could be made from this material.
Carbon nanotubes are sheets of graphene rolled into long cylinders. They are practically unbreakable and almost invisible. If the suspension of the Brooklyn Bridge were made of carbon nanotubes, it would seem to float in the air.
Chemists are confident that the next century will be possible to mass-produce, which will greatly reduce the cost of building infrastructure in outer space. Being so light, one could embark with great efficiency to distant extraterrestrial locations, and it could even be elaborated in other planets. In the Martian desert whole cities formed of this carbon material could be built. The buildings would be half transparent, and the spacesuits thin and tight. In addition, cars would be energetically super-efficient because they would weigh very little. In the same way, the whole field of architecture would be turned upside down with the appearance of nanotechnology.
But even with these advances, who was going to do all the dirty and exhausting work of building our settlements on Mars, our mining colonies in the asteroid belt and our bases on Titan and the exoplanets? The solution can be given to us by artificial intelligence.
Quantum computers would be much more powerful than digital computers. These would take several centuries to decipher a code based on an exceptionally difficult mathematical problem, such as factoring a number of several million into two smaller numbers. But quantum computers, which would compute with a high number of mixed atomic states, could decipher it quickly. The CIA and other spy agencies are very aware of its possibilities. Among the mountains of classified material from the National Security Agency that leaked to the press a few years ago, there was a top-secret document stating that the agency was closely monitoring quantum computers, but that no major breakthrough was expected. the immediate future.
Given the excitement and the uproar caused by quantum computers, when can we enjoy them?.

Although humanity extends throughout the galaxy at speeds lower than that of light and the different branches lose all contact with each other, we will remain basically human. Even after one hundred thousand years, when we can hope that the speed of light has been reached, the different human colonies will not differ more than two Earth humans today.
This phenomenon also applies to the language we speak. Archaeologists and linguists have observed that, when they trace the origin of languages, a surprising pattern is revealed. They have discovered that languages ​​branch out again and again in “smaller” dialects due to migrations.
However, over time, every advanced civilization will have to face the ultimate danger to its existence, which is the end of the universe itself. We have to ask ourselves the following question: can an advanced civilization, with all its vast technology, avoid the destruction of everything that exists?

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