En Corea Del Norte: Viaje A La Última Dinastía Comunista — Florencia Grieco / In North Korea: Journey To The Last Communist Dynasty by Florencia Grieco (spanish book edition)

Interesante libro de este autora argentina donde nos expone sus vivencias en Corea del Norte, acompañado de multitud de fotografías.
Quería conocer Corea del Norte, pero para mi decepción, enseguida supe que era un viaje imposible: no hay vuelos disponibles a Pyongyang desde ningún lugar del planeta ni hay tickets a la venta en ninguna aerolínea del mundo. Simplemente, Corea del Norte no es un destino en el mapa.
Este “Estado canalla», otro apodo, menos lírico, con que se lo conoce en Occidente, de la única forma en que me había negado a viajar toda la vida, como turista. Los extranjeros no tienen otra opción que hacer un tour cerrado, organizado con mano férrea por el gobierno norcoreano y contratado a través de una de las pocas agencias externas autorizadas a trabajar en el país.
Esta prohibido en Corea del Norte:
-Palacio del Sol de Kumsusan (mausoleo)
Se ruega usar ropa formal, o al menos elegante sport, para visitar el Palacio de Kumsusan, donde presentaremos nuestros respetos a los líderes coreanos, de modo de no ofender a los guías locales o a los visitantes. No se puede ingresar con jeans, pantalones cortos ni sandalias. Sin la vestimenta correcta no será posible visitar el palacio y tendrás que permanecer en el hotel.
-Moneda
No tenemos permitido usar la moneda local en Corea del Norte, de modo que utilizaremos dinero en efectivo de otras monedas (euros, dólares o yuanes-RMB). El RMB chino es el más fácil de usar y del cual obtener cambio. Sin embargo, los negocios suelen tomar el euro a un tipo de cambio más favorable que el RMB, aunque no en todos los casos. Se aceptan dólares, pero no es fácil obtener cambio.
-Fotos
Está permitido ingresar con cámaras digitales en la DPRK [Democratic People’s Republic of Korea, el nombre oficial en inglés], pero no con cámaras profesionales de video. La lente de la cámara debe tener menos de 250 mm y las que excedan esa medida podrían ser retenidas en la Aduana.
-Los teléfonos celulares pueden ingresar libremente y no serán sellados, con la excepción de los teléfonos satelitales.
Laptops, iPads, Kindles y reproductores de MP3 no son un inconveniente, pero no podrás acceder a internet con ellos durante el viaje. Es una buena idea anular cualquier mapa o función de GPS en caso de que los oficiales aduaneros decidieran inspeccionar los aparatos.
-Libros
Los e-books no son un problema, como tampoco los libros corrientes siempre que no sean una Biblia, el Corán u otro texto religioso. No está permitido entrar en el país con ningún libro sobre la DPRK (ni siquiera guías turísticas). Por favor no lleves ninguno.

El tren norcoreano ya estaba estacionado cuando llegué al andén. Parecía una réplica en tamaño real de un tren de juguete, como si cada pieza hubiese sido colocada con pinzas por un relojero y cada vagón pintado a mano, verde militar con una franja amarilla para los pasajeros chinos, crema y azul petróleo para los norcoreanos.

En Corea del Norte también había personas de carne y hueso haciendo cosas de lo más normales, de lo más aburridas. Obedientes y alineados como en un juego de mesa, cientos de hombres y mujeres se dirigían a sus lugares de trabajo caminando o en bicicleta al paso cansino que marcaba la canción. Una coreografía obrera bajo la luz plateada del amanecer.
De a poco empezaban a formarse filas de pasajeros para subir a los trolebuses y los tranvías que circulan por Pyongyang al ritmo del fin de semana. Un grupo de «jóvenes pioneros» de diez u once años, con sus pañuelos rojos anudados al cuello y sus pequeños maletines escolares negros en la mano, avanzaban dando saltos por la vereda. A la distancia, con esas figuritas diminutas recortadas sobre el fondo pastel de los edificios, Pyongyang parecía un film de los años sesenta: saturada, luminosa y artificial como un musical comunista en Technicolor.
–No puede salir sola del hotel.
–No puede apartarse de sus guías ni del grupo con el que viaja sin autorización.
–No puede tomar fotos a edificios en construcción ni a personal e instalaciones militares.
–No puede gritar, correr ni hacer ademanes inapropiados en los lugares dedicados a los líderes.
–No debe tocar las imágenes de los líderes.
–No puede cortar las caras de los líderes al sacar fotos de sus retratos o de sus estatuas, debe tomar imágenes de las figuras completas y sin reflejos.
–No debe desobedecer las indicaciones de los guías.
Eran reglas desmedidas, pero no me parecían imposibles de cumplir.

Internet no es la única distracción ausente: en Corea del Norte tampoco hay publicidad comercial, solo propaganda política. Los únicos anuncios que se ven en las veredas, en las entradas de las fábricas, a los costados de las rutas, en las paredes de los edificios oficiales, son inmensos carteles en color con viñetas revolucionarias y frases pintadas a mano en rojo que, según las circunstancias, pueden instar a los ciudadanos a trabajar con más empeño ante la inminencia de un aniversario, a duplicar las cuotas de producción fijadas por el Estado para ese año o a superar gloriosamente las penurias ocasionadas por las inundaciones.

Desde que fue declarada capital de Corea del Norte a finales de los años cuarenta, Pyongyang permanece rodeada por un cerco de puestos militares que impiden el acceso de ciudadanos indeseables: la ciudad es exclusiva para los leales al régimen, uno de los privilegios más codiciados que ideó Kim Il Sung al organizar el país. Los residentes de la capital deben llevar consigo la identificación que acredita esa virtud y que les permite entrar y salir sin problemas; el resto de los norcoreanos, registrados en las demás ciudades o pueblos del país, deben tramitar un permiso de viaje especial para visitar otras ciudades y otros pueblos, y un permiso todavía más especial para entrar en Pyongyang, que no siempre obtienen. Únicamente los ciudadanos más acomodados pueden acceder a los pases que otorgan ingreso irrestricto a cualquier lugar del país: son los cuadros altos del Partido, policías de rango superior y militares de elite y, en los años recientes, norcoreanos con el dinero suficiente para comprar los permisos de viaje y sus respectivos contactos políticos.
De hecho, la libre circulación de personas por el país se flexibilizó a fines de los años noventa, a medida que la hambruna carcomía las raíces del régimen estalinista que Corea del Norte había importado de la Unión Soviética y lo minaba «desde abajo», como apuntaría un politólogo con ínfulas populares. Con él cayeron en desuso, por la fuerza indómita de los hechos y de la necesidad, muchos de los controles descomunales a los desplazamientos internos de los habitantes.
Los picnics revelan uno de los aspectos más extraños de la cultura alcohólica de Pyongyang: los norcoreanos beben y fuman mientras asan carne en unas parrillitas portátiles a gas, no más grandes que una caja de zapatos. La combinación de gas, fuego y alcohol, peligrosa en cualquier lugar del planeta, incluida Corea del Norte, resulta aceptable allí, donde la leña y la electricidad son un lujo que pocos picnics pueden permitirse.
La cerveza, en cambio, no es un privilegio; es un derecho que el Estado se ocupa de garantizar y que los ciudadanos se encargan de ejercitar: los hombres reciben cada mes un cupón por una ración de cinco litros canjeable en las cervecerías administradas por el gobierno. Es una cantidad insignificante, pero la cerveza en el país es barata y la mayor parte de los trabajadores están en condiciones de pagarse varias raciones adicionales. Las mujeres, excluidas de ese beneficio, pueden comprarla a un precio irrisorio que nadie se atrevería a confesar a una extranjera.
El consumo ingente de alcohol bajo el amparo estatal fue una política común en los países comunistas durante la Guerra Fría, pero Kim Jong Il,siempre atento a los golpes de efecto.

Corea del Norte nunca fue un caso típico dentro del bloque comunista, pero solo en los años noventa se volvió una anomalía global. La muerte de Kim Il Sung en 1994 y la decadencia y caída de la Unión Soviética tres años antes cambiaron la historia del país, como si uno no pudiese sobrevivir sin el otro.
Kim había hecho una gestión agrícola calamitosa en sus últimos años de vida, que se volvió visible cuando se interrumpió la asistencia soviética. Como si nada de eso fuese suficiente para jaquear el sistema estalinista que mantenía el país bajo control.

Interesting book by this argentinean author where she exposes her experiences in North Korea, accompanied by a multitude of photographs.
I wanted to know North Korea, but to my disappointment, I immediately knew it was an impossible trip: there are no flights available to Pyongyang from anywhere on the planet and there are no tickets for sale on any airline in the world. Simply, North Korea is not a destination on the map.
This “rogue state”, another nickname, less lyrical, with which it is known in the West, the only way I had refused to travel all my life, as a tourist. Foreigners have no choice but to do a closed tour, organized with a strong hand by the North Korean government and hired through one of the few external agencies authorized to work in the country.
It is prohibited in North Korea:
-Palacio del Sol de Kumsusan (mausoleum)
Please wear formal clothes, or at least elegant sport, to visit the Kumsusan Palace, where we will pay our respects to Korean leaders, so as not to offend local guides or visitors. You can not enter with jeans, shorts or sandals. Without the correct clothing it will not be possible to visit the palace and you will have to stay at the hotel.
-Currency
We are not allowed to use the local currency in North Korea, so we will use cash from other currencies (euros, dollars or RMB yuan). The Chinese RMB is the easiest to use and from which to obtain change. However, businesses usually take the euro at a more favorable exchange rate than the RMB, although not in all cases. Dollars are accepted, but it is not easy to obtain change.
-Photos
It is allowed to enter with digital cameras in the DPRK [Democratic People’s Republic of Korea, the official name in English], but not with professional video cameras. The lens of the camera must be less than 250 mm and those that exceed this measure could be retained in Customs.
– Cell phones can enter freely and will not be sealed, with the exception of satellite phones.
Laptops, iPads, Kindles and MP3 players are not an inconvenience, but you will not be able to access the internet with them during the trip. It is a good idea to cancel any map or GPS function in case the customs officers decide to inspect the devices.
-Books
E-books are not a problem, nor are ordinary books as long as they are not a Bible, the Koran or another religious text. It is not allowed to enter the country with any book about the DPRK (not even tourist guides). Please do not carry any.

The North Korean train was already parked when I arrived at the platform. It looked like a life-size replica of a toy train, as if each piece had been placed with tweezers by a watchmaker and each wagon painted by hand, military green with a yellow stripe for Chinese passengers, cream and blue oil for the North Koreans.

In North Korea there were also people of flesh and bone doing things as normal, as boring. Obedient and aligned as in a board game, hundreds of men and women went to their places of work walking or cycling to the weary step that marked the song. A working choreography under the silver light of dawn.
Little by little people began to form lines of passengers to climb the trolleybuses and trams that circulate in Pyongyang to the rhythm of the weekend. A group of “young pioneers” of ten or eleven years old, with their red handkerchiefs tied around their necks and their small black school bags in their hands, were making their way along the sidewalk. In the distance, with those tiny figures cut out on the pastel background of the buildings, Pyongyang looked like a film from the sixties: saturated, luminous and artificial like a communist musical in Technicolor.
-You can not leave the hotel alone.
-You can not leave your guides or the group you travel with without authorization.
-You can not take pictures of buildings under construction or personnel and military installations.
-You can not shout, run or make inappropriate gestures in the places dedicated to leaders.
– You must not touch the images of the leaders.
-It can not cut the faces of the leaders when taking pictures of their portraits or their statues, they must take pictures of the complete figures and without reflections.
-You must not disobey the guides’ instructions.
They were excessive rules, but they did not seem impossible to fulfill.

Internet is not the only absent diversion: in North Korea there is no commercial advertising, only political propaganda. The only advertisements seen on the sidewalks, at the entrances to the factories, on the sides of the routes, on the walls of the official buildings, are immense colored posters with revolutionary vignettes and hand-painted phrases in red that, according to Circumstances may urge citizens to work harder with the imminence of an anniversary, to double the production quotas set by the State for that year or to gloriously overcome the hardships caused by the floods.

Since it was declared the capital of North Korea in the late 1940s, Pyongyang remains surrounded by a siege of military posts that impede the access of undesirable citizens: the city is exclusive to those loyal to the regime, one of the most coveted privileges that Kim Il Sung came up with the idea of ​​organizing the country. The residents of the capital must carry with them the identification that certifies that virtue and that allows them to enter and leave without problems; the rest of the North Koreans, registered in the other cities or towns of the country, must process a special travel permit to visit other cities and other towns, and an even more special permit to enter Pyongyang, which they do not always obtain. Only the most affluent citizens can access the passes that grant unrestricted entry to any part of the country: they are the senior cadres of the Party, high-ranking policemen and elite soldiers and, in recent years, North Koreans with enough money to buy the travel permits and their respective political contacts.
In fact, the free movement of people throughout the country became more flexible in the late 1990s, as the famine ate away the roots of the Stalinist regime that North Korea had imported from the Soviet Union and undermined it “from below”, as would point a political scientist with popular airs. With him fell into disuse, by the untamed force of facts and necessity, many of the enormous controls on the internal displacements of the inhabitants.
Picnics reveal one of the strangest aspects of Pyongyang’s alcoholic culture: North Koreans drink and smoke while grilling meat on portable gas grills, no bigger than a shoe box. The combination of gas, fire and alcohol, dangerous anywhere on the planet, including North Korea, is acceptable there, where firewood and electricity are a luxury that few picnics can afford.
Beer, on the other hand, is not a privilege; it is a right that the State is responsible for guaranteeing and that citizens are responsible for exercising: men receive a coupon each month for a five-liter ration, which can be exchanged in the breweries administered by the government. It is a negligible amount, but the beer in the country is cheap and most of the workers are able to pay several additional rations. Women, excluded from that benefit, can buy it at a ridiculous price that nobody would dare to confess to a foreigner.
The huge consumption of alcohol under state protection was a common policy in the communist countries during the Cold War, but Kim Jong Il, always attentive to the blows of effect.

North Korea was never a typical case within the communist bloc, but only in the 1990s it became a global anomaly. The death of Kim Il Sung in 1994 and the decline and fall of the Soviet Union three years earlier changed the history of the country, as if one could not survive without the other.
Kim had done a calamitous agricultural management in his last years of life, which became visible when Soviet assistance was interrupted. As if none of that was enough to halt the Stalinist system that kept the country under control.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.