Discurso. Sobre La Codicia De Las Grandes Empresas Y El Declive De La Clase Media — Bernie Sanders / The Speech: On Corporate Greed and the Decline of Our Middle Class by Bernie Sanders

Es posible que este libro no sea lo que está esperando, como desafortunadamente lo descubrí. Esperaba más de un libro real que entrara en los detalles de las cosas que Bernie dijo en su discurso. Esto no es eso Este es el discurso. Nada más que eso. Si eso es lo que buscas, entonces este es el libro para ti. De lo contrario, es posible que desee encontrar algo más. Eso si, se extrapola a cualquier país.
Tenga en cuenta que este libro es un poco repetitivo, como lo admite el propio Bernie dentro del discurso y en su Introducción al 2015, pero, después de todo, es esencialmente un discurso filibustero, y estos no son generalmente conocidos por su concisión. Si bien sus contenidos de 255 páginas podrían condensarse fácilmente en un folleto de 50 páginas, la información no redundante es importante para que los estadounidenses la conozcan, y aún hoy es relevante. Es decir, que menos del 1% de los estadounidenses controlan más riqueza que el 50% de los estadounidenses más pobres; que el crecimiento económico y la prosperidad serían mejor servidos por un mayor gasto en la actualización de nuestra infraestructura desmoronada (por ejemplo, construyendo trenes de alta velocidad para competir con los de China, que he visto de primera mano y son realmente impresionantes) en lugar de otorgar recortes de impuestos al 1 o 2 por ciento de los estadounidenses más ricos que realmente no los necesitan; y que no se debe permitir que las grandes corporaciones y sus líderes exploten las políticas de libre comercio para trasladar empleos al extranjero mientras disfrutan de abundantes rescates financieros y exenciones de impuestos respaldados, en parte, por estadounidenses menos ricos.
Me pregunto si reconstruir la infraestructura de nuestra nación es un tema en el que tanto los partidarios de Trump como los progresistas podrían estar de acuerdo.
Si bien los argumentos de Bernie se apoyan en gran medida en los valores, principalmente los de justicia y empatía por los menos afortunados, también los respalda con algunos datos y cifras (a menudo repetidos), así como breves alusiones a observaciones empíricas de la economía (por ejemplo, esa economía de goteo no ha sido particularmente exitosa en crear empleos o mejorar el nivel de vida de todos los estadounidenses). También me pareció valioso escuchar las recitaciones de Bernie de las cartas de sus electores que luchan por sobrevivir con salarios escasos por un total de $ 15 a 20,000 por año debido a la falta de trabajo remunerado.
Seguramente hay discusiones más eruditas y herméticas sobre el tema, pero este es un gran punto de partida para entender la visión del mundo de Bernie. Independientemente de cuál sea su posición en el espectro político, sugiero que dé su opinión sobre dónde se encuentra América y hacia dónde se dirige, un pensamiento serio.

La gente se moviliza porque las personas inmensamente ricas son cada vez más ricas y el resto de la humanidad es cada vez más pobre. La gente sufre a diario los efectos de una economía corrupta. Sufre sus efectos cuando se sientan en la mesa de la cocina a revisar las facturas que les acaban de llegar, cuando se ven obligados a sacar algún producto del carrito de la compra porque no les llega el dinero o cuando les dicen a sus hijos que este invierno van a tener que usar el abrigo del año pasado.
En mis viajes por todo el país siempre escucho el mismo mensaje: los americanos no aguantan más esta situación. Están hartos de que se practiquen recortes en las ayudas sociales y se pongan en peligro servicios esenciales como la Seguridad Social mientras se esquilma a los contribuyentes el dinero que tanto esfuerzo les ha costado ganar y se despilfarra en el rescate de empresas y en costear guerras innecesarias.
En los últimos dos años, 15 personas han incrementado su fortuna en 170 millardos de dólares, mientras que la cifra de americanos que viven en condiciones de pobreza roza los 45 millones. Eso, a mi entender, no es justicia. Es una economía obscenamente corrupta concebida por las personas más ricas de este país para beneficiarse a sí mismas a costa del resto de la población.
Cientos de miles de americanos han decidido expresar su profundo desacuerdo y exigen un cambio.
Y mi corazón me dice que no voy a poder hacerlo solo.
Ningún presidente puede enfrentarse a Wall Street, a la América de las grandes corporaciones, a los medios de comunicación, a los hermanos Koch y a los intereses de los poderes fácticos a menos que consiga movilizar a millones y millones de ciudadanos que unan sus fuerzas.

Cuando el presidente Clinton abandonó el gobierno, este país gozaba, en realidad, de un superávit bastante considerable y, según las previsiones, la situación se iba a mantener. En los ocho años de la administración Bush, por una serie de razones (sobre todo por las guerras de Afganistán e Irak, las enormes exenciones fiscales que se les concedieron a las personas más ricas de este país, el plan de cobertura para medicamentos en Medicare, el rescate de Wall Street y algunas otras cosas que no se llegaron a pagar), la deuda nacional prácticamente se duplicó. Bajo el gobierno del presidente Obama, hemos aprobado un paquete de medidas de estímulo que también ha pasado a engrosar el déficit y la deuda nacional.
El caso es que en el momento actual nos enfrentamos a una deuda nacional de 13,8 billones de dólares, a un déficit de 1,3 billones y casi todos los americanos están de acuerdo en afirmar que tenemos un problema muy grave, de manera que lo primero que quisiera decir es que me parece inadmisible, inadmisible, que mis amigos conservadores pretendan incrementar esta desmesurada deuda nacional concediendo a los millonarios y los multimillonarios exenciones tributarias que no necesitan y que en algunos casos, ni siquiera quieren.
En 2007, el 1 % de la población, los más ricos, acaparaban el 23,5 % de todos los ingresos. Permítanme que lo repita: el 1 % acaparaba más del 23 % de la totalidad de los ingresos, es decir, más que la población más desfavorecida, que el 50 %. El 1 % por un lado, el 50 % por otro. Pero parece que esto no es suficiente para las personas inmensamente ricas. El porcentaje de ingresos del 1 % de la población se ha triplicado, prácticamente, desde los años setenta. Por todo el país, la gente está enfadada, se siente frustrada.
Las grandes empresas, que tienen en nómina buenos abogados y contables competentes, saben qué es lo que más les conviene. Invierten su dinero en las islas Caimán y en las Bermudas y así se libran de pagar impuestos en Estados Unidos, pero saben perfectamente, como revela el informe sobre préstamos de emergencia de la Reserva Federal que se publicó la semana pasada, que no tienen por qué preocuparse, que las rescatarán. Cuando las cosas se pongan feas, los contribuyentes americanos las rescatarán. Y, así, por toda la eternidad. Los ricos y las grandes empresas son cada vez más ricos, los ejecutivos cobran bonificaciones y beneficios adicionales desorbitados y, cuando las cosas se ponen feas, no os preocupéis, el tío Sam y los contribuyentes americanos están aquí para rescataros. Pero a vosotros, a las clases trabajadoras y a las clases medias de este país, bueno, cuando tengáis problemas, no vamos a poder ayudaros porque no tenemos dinero.

La conclusión es que entre 1995 y 2007, las últimas estadísticas de que disponemos, a las cuatrocientas personas que ingresan más dinero se les ha reducido a la mitad la tasa impositiva federal efectiva, lo que pagan en realidad. Así que estos llorones, estos multimillonarios y billonarios que ganan dinero a espuertas, lloran, y lloran y lloran, pero, entre 1995 y 2007, a las cuatrocientas personas que más dinero ganan en este país les han reducido prácticamente a la mitad el tipo impositivo efectivo.
Es necesario saber cuándo considerarán que tienen suficiente… Eso es lo esencial de todo este asunto. La codicia, en mi opinión, es como una enfermedad. Es como una adicción. Sabemos cómo se comportan las personas que se enganchan a la heroína. No pueden parar. Destruyen sus vidas. Necesitan consumir cada vez más.
La medida más eficaz y más importante para crear empleo es la reconstrucción de nuestras precarias infraestructuras, es decir, nuestras carreteras, nuestros puentes, nuestro sistema ferroviario, nuestro sistema hidráulico, nuestras plantas de tratamiento de aguas residuales, nuestras presas, nuestros diques, y nuestro sistema de banda ancha, para lograr que todas las comunidades de Estados Unidos puedan acceder a Internet y puedan gozar de una buena cobertura telefónica. Por desgracia, que yo sepa, en esta propuesta de ley no se va a destinar un solo centavo a mejorar las infraestructuras.
Creo que hay que rechazar esta propuesta porque no es una propuesta pensada para la clase media. Es una propuesta que ofrece demasiado a personas que no lo necesitan y es una propuesta que, a mi modo de ver, prepara el terreno para otras propuestas similares que se nos vienen encima. Quisiera pedir disculpas a todos los que han estado escuchándome durante el tiempo que sea. Sé que ha sido una intervención, como mínimo, bastante repetitiva.
“No es necesario conceder exenciones tributarias a los millonarios y a los billonarios y así aumentar la deuda nacional», si el pueblo americano está dispuesto a levantarse y nosotros a seguirlo, podemos rechazar esta propuesta y presentar una mejor que refleje las necesidades de las familias trabajadoras y de la clase media de nuestro país y, lo más importante para mí, de los niños de nuestro país.

This book might not be what you’re expecting, as I unfortunately found out. I was expecting more of an actual book that went into the details of the things Bernie stated in his speech. THIS IS NOT THAT. This is the speech. Nothing more than that. If that is what you are looking for then this is the book for you. Otherwise, you might want to find something else. It’s possible in any country.
Be forewarned, this book is a bit repetitive – as Bernie himself admits both within the speech and in his updated 2015 Introduction – but, after all, it is essentially a filibuster speech, and those are not generally noted for their concision. While its 255-page contents could be easily condensed to a 50-page pamphlet, the non-redundant information is important for Americans to know, and still relevant today. Namely, that less than 1% of Americans control more wealth than the 50% poorest Americans; that economic growth and prosperity would be better served by increased spending on updating our crumbling infrastructure (e.g., by constructing high-speed rails to rival those of China, which I have seen first-hand and are indeed impressive) rather than by granting tax cuts to the 1 or 2 percent of richest Americans that really don’t need them; and that big corporations and their leaders should not be allowed to exploit free trade policies to move jobs overseas while enjoying copious bailouts and tax breaks shouldered, in part, by less wealthy Americans.
I wonder if rebuilding our nation’s infrastructure is a topic on which both Trump supporters and progressives could agree?
While Bernie’s arguments lean heavily on values — primarily those of fairness and empathy for the less fortunate — he also backs them up with a few (often repeated) facts and figures, as well as brief allusions to empirical observations from economics (e.g., that trickle-down economics has not been particularly successful in creating jobs or improving the standard of living for all Americans). I also found it valuable to hear Bernie’s recitations of letters from his constituents struggling to get by on meager wages totaling $15-20k per year due to the unavailability of high-paying work.
There are surely more erudite and air-tight discussions of the topic out there, but this is a great starting point for understanding Bernie’s worldview. Regardless of where you stand on the political spectrum, I suggest giving his views on where America is, and where it is headed, some serious thought.

People are mobilized because immensely rich people are getting richer and the rest of humanity is getting poorer. People suffer daily the effects of a corrupt economy. Suffers its effects when they sit at the kitchen table to check the bills that have just arrived, when they are forced to take a product from the shopping cart because they do not get the money or when they tell their children that this Winter they will have to wear the coat from last year.
In my travels throughout the country I always hear the same message: the Americans can not take this situation any longer. They are tired of cuts in social aid and endanger essential services such as Social Security while taxpayers are fleeced the money that has cost so much effort to earn and waste in the rescue of companies and in paying for unnecessary wars .
In the last two years, 15 people have increased their fortune by 170 billion dollars, while the number of Americans living in poverty is close to 45 million. That, in my opinion, is not justice. It is an obscenely corrupt economy conceived by the richest people in this country to benefit themselves at the expense of the rest of the population.
Hundreds of thousands of Americans have decided to express their deep disagreement and demand a change.
And my heart tells me that I will not be able to do it alone.
No president can face Wall Street, the America of big corporations, the media, the Koch brothers and the interests of the powers that be unless he can mobilize millions and millions of citizens to join forces.

When President Clinton left the government, this country actually enjoyed a fairly large surplus and, according to forecasts, the situation was to be maintained. In the eight years of the Bush administration, for a number of reasons (especially the wars in Afghanistan and Iraq, the huge tax breaks that were granted to the richest people in this country, the Medicare drug coverage plan) , the rescue of Wall Street and some other things that were not paid), the national debt practically doubled. Under the Obama administration, we have approved a package of stimulus measures that has also swelled the national deficit and debt.
The fact is that at the present time we are facing a national debt of 13.8 billion dollars, a deficit of 1.3 billion and almost all Americans agree that we have a very serious problem, so that The first thing I would like to say is that it seems inadmissible, inadmissible, that my conservative friends intend to increase this disproportionate national debt by granting millionaires and billionaires tax exemptions that they do not need and in some cases do not even want.
In 2007, 1% of the population, the richest, hoarded 23.5% of all income. Let me repeat it: 1% hoarded more than 23% of the total income, that is, more than the most disadvantaged population, than 50%. 1% on the one hand, 50% on the other. But it seems that this is not enough for immensely rich people. The percentage of income of 1% of the population has tripled, practically, since the seventies. Across the country, people are angry, they feel frustrated.
Large companies, which have good lawyers and competent accountants on the payroll, know what is best for them. They invest their money in the Cayman Islands and in Bermuda and thus get rid of paying taxes in the United States, but they know perfectly well, as revealed in the report on Federal Reserve emergency loans that was published last week, that they do not have to worry, they will rescue them. When things get ugly, American taxpayers will rescue them. And, well, for all eternity. The rich and the big companies are getting richer, the executives charge bonuses and exorbitant additional benefits and, when things get ugly, do not worry, Uncle Sam and the American taxpayers are here to rescue you. But to you, the working classes and the middle classes of this country, well, when you have problems, we will not be able to help you because we do not have money.

The conclusion is that between 1995 and 2007, the latest statistics available to us, the four hundred people who receive more money have been reduced by half the effective federal tax rate, which they actually pay. So these whiners, these billionaires and billionaires who earn money at baskets, cry, and cry and cry, but, between 1995 and 2007, the four hundred people who earn more money in this country have reduced by almost half the tax rate cash.
It is necessary to know when they will consider that they have enough … That is the essence of this whole matter. Greed, in my opinion, is like a disease. It’s like an addiction. We know how people who get hooked on heroin behave. They can not stop. They destroy their lives. They need to consume more and more.
The most effective and most important measure to create employment is the reconstruction of our precarious infrastructures, that is, our roads, our bridges, our rail system, our hydraulic system, our wastewater treatment plants, our dams, our dams, and our broadband system, so that all communities in the United States can access the Internet and enjoy good telephone coverage. Unfortunately, as far as I know, this bill will not destine a single penny to improve infrastructure.
I think we have to reject this proposal because it is not a proposal designed for the middle class. It is a proposal that offers too much to people who do not need it and it is a proposal that, in my view, paves the way for other similar proposals that come our way. I would like to apologize to all those who have been listening to me for as long as it is. I know it has been an intervention, at least, quite repetitive.
“It is not necessary to grant tax exemptions to millionaires and billionaires and thus increase the national debt”, if the American people are willing to get up and we follow it, we can reject this proposal and present a better one that reflects the needs of working families and of the middle class of our country and, most important for me, of the children of our country.

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