La Frontera — Don Winslow (Trilogía Art Keller III) / The Border: A Novel by Don Winslow (Trilogy Art Keller III)

Se agradece el esfuerzo de Don Winslow y su equipo de documentalistas para intentar acabar la trilogía por todo lo alto. El gran problema de su última novela es que la parte que transcurre en México, casi tres cuartos, funciona mucho peor que antes. Varios personajes vuelven sin ton ni son y, como siempre, todos hablan igual, ya sean niños, abogados o campesinos. Quizá por eso se lee tan rápido en este tono neutro que él siempre usa. Al contrario, la historia de Estados Unidos sería una gran novela independiente, tanto la parte de las calles como la cárcel y los grandes despachos. El poder del perro hizo que las otras dos parezcan obras menores, pero se reconoce que te las lees con la misma voracidad.
Aquellos que afirman que este libro es demasiado político o que algunos no están de acuerdo con la opinión de Winslow sobre Trump y Kushner; Aunque los nombres se cambian, es obvio quién está representado. Winslow no ha ocultado su desdén por Trump*.
Más importante aún, el libro es un poco de sudar tinta. Sí, Winslow ha hecho su investigación y, en ese sentido, hace un buen trabajo al resumir y revisar el verdadero estado de cosas de los Estados Unidos y sus problemas con las drogas.
Los personajes simplemente no cobraron vida para mí; Me indigné ante la violencia y sentí que la trayectoria de la historia era predecible. Y era demasiado largo. Si tan solo Winslow hubiera logrado cortar este libro por la mitad. Creo que Winslow considera que la trilogía de Border es su mayor logro y en términos de audiencia alcanzada e ideas presentadas, puede ser.
Este es el tercero, y con suerte el último, de los libros de Art Keller de Winslow. Las primeras entregas tienen un descaro similar a la pulpa y un humor vertiginoso que las convirtió en una lectura compulsiva, incluso en contra del salvajismo del narcotráfico mexicano. Aunque The Border es una gran lectura, y lo recomendé, en general está un poco cansado en comparación, y su uso de figuras políticas de la vida real como PNJ es extraño y disonante. Aun así, Winslow se ha convertido en un mejor escritor. Parece estar listo para pasar a otra cosa, y estoy seguro de que estará encantado con lo que sea.
La frontera es el último capítulo final de la obra magna de Winslow, su trilogía sobre la prolongada guerra contra las drogas. Al igual que los dos primeros capítulos extensos de la trilogía, El poder del perro y el cartel, La frontera es una épica amplia y amplia que cuenta múltiples historias. Sin embargo, a diferencia de los dos primeros libros, junto con los gloriosos personajes ricos y la historia, Winslow incluyó ataques de difamación política de velo fino que eran innecesarios para la historia y abarataron su arte.
En cualquier caso, la frontera continúa la épica de barrido de décadas iniciada en los dos primeros libros. Es la historia de los cárteles de la droga, su formación, su evolución y el problema aparentemente insuperable e insidioso en que se han convertido, devorando la vida estadounidense y la vida al sur de la frontera. En todo caso, el aumento de los carteles de la droga ha tenido un efecto mucho más devastador en México y Guatemala que aquí en los Estados Unidos, ya que las guerras entre las diferentes facciones han provocado cientos de miles de muertes, brutalidad a una escala apenas imaginable, corrupción y devastación.
Lo que Winslow hace tan hábilmente en este libro y en los dos anteriores es que personaliza la guerra contra las drogas tanto en la persona de Art Keller, el agente de la DEA como en la de los capos de la guerra.
Adan Barrera ya está muerto y los jóvenes turcos, los jóvenes hijos ahora se están levantando. Es una nueva generación nacida en la riqueza y el poder de las drogas que se juntan y son mejores amigos. Pero, el poder y el dinero corruptos. Y, no hay salida. O bien tienen que abrirse camino o caer en un arrebato de gloria. Los príncipes jóvenes están atrapados no es diferente al niño en el Barrio. Y, finalmente, incluso Art Keller ve que eliminar a un capo de la droga, incluso a Adan Barrera, solo deja un asiento vacío para que otro lo ocupe. Derribar un cartel solo deja una apertura para que otro cartel se mueva. El resultado es una guerra sin fin sin un final a la vista.
Winslow es un maestro en diagnosticar el problema, pero no mucho en prescribir una solución. Utiliza la trilogía para argumentar que no será eficaz el cumplimiento de los cárteles con la fuerza y que la legalización de las drogas, no solo la marihuana, eliminará el beneficio. Y argumenta que una pared no detendrá la marea. Pero, no ofrece soluciones a por qué tantos quieren ahogarse en las drogas. ¿Por qué tantos quieren abandonar la vida moderna? Y, en lugares donde las drogas duras son legales, ¿no acabamos con un ejército de zombies? Rendirse a la desesperación no es una solución. Y, la violencia extraordinaria que llega a la frontera, sin importar sus raíces últimas, es inaceptable.

La heroína canela es pura en un ochenta por ciento. Pero lo mejor de todo es que podemos venderla a diez dólares la dosis.
—Compensaremos el precio con el volumen —respondió Adán—. Nos convertiremos en un hipermercado. Vamos a vender a precios más bajos que las farmacéuticas americanas, y en su propio mercado. No pueden competir. Eso compensará de sobra lo que perdemos con la marihuana. Podemos ganar miles de millones de dólares nuevecitos. La heroína fue nuestro pasado y también será nuestro futuro.
El vaticinio de Adán, como de costumbre, había dado en el clavo.
En el tiempo transcurrido desde que tres estados norteamericanos legalizaron la marihuana, las ventas de hierba del cártel disminuyeron casi en un cuarenta por ciento. El proceso se demorará un tiempo, pero Núñez ya ha empezado a convertir los campos de marihuana en campos de amapola. Solo el año pasado, aumentaron la producción de heroína en un treinta por ciento. Pronto llegarán al cincuenta por ciento, y a final de año alcanzarán el objetivo del setenta por ciento.

Drogas. Antes era un axioma dentro del crimen organizado que, si te drogabas, eras hombre muerto. La droga le vuelve a uno impredecible, charlatán, vulnerable. A la gente se le va la olla cuando está borracha o drogada. Juega a lo loco, se mete en peleas, estrella coches. Y un adicto… Lo único que hay que hacer para sacarle información a un adicto es retirarle la droga. Así habla seguro.
Y luego está el sexo. Los deslices sexuales no tienen mucha importancia en el mundo de la droga —a no ser que te tires a la mujer, la novia, la hija o la hermana de alguien, o seas gay—, pero entre «civiles» el sexo es sin duda la debilidad número uno, la campeona indiscutible.
En Tamaulipas y Veracruz están volviendo los Zetas, el cártel más violento, el más sádico y demencial, el enemigo al que Sinaloa erradicó aceptando una alianza perversa con el gobierno federal mexicano y la DEA, los que mataron a Barrera y Esparza en Guatemala.
La tasa de asesinatos crece.
Ric ha estudiado las cifras.
En octubre de 2015, había habido 15 466 asesinatos en México.
En octubre de 2016 eran casi 19 000.
Un aumento de más de un veinte por ciento, un nivel que no se alcanzaba desde la crisis de 2011, cuando Barrera mantenía una guerra abierta con los Tapia, el Golfo, Juárez y los Zetas.
El gobierno no puede ponerle freno.
Está preso del pánico.
Fue en el transcurso de la Operación Cóndor, durante la cual la DEA, yo mismo incluido, y la policía y el ejército mexicanos envenenaron y quemaron miles de hectáreas de amapolas, lo que forzó a millares de campesinos , pequeños agricultores mexicanos, a abandonar sus campos y aldeas.
La Operación Cóndor tuvo una consecuencia imprevista: obligó a los cultivadores de opio mexicanos a dispersarse por todo México. Al tratar de extirpar un cáncer, provocamos su metástasis. Formaron una organización, la Federación, el primer auténtico cártel de la droga, bajo el liderazgo de Miguel Ángel Barrera, alias M-1, también conocido como el Padrino. Él fue el encargado de dividir México en plazas , territorios para el contrabando de drogas hacia los Estados Unidos, y de dirigir la Federación desde su base en Guadalajara.

La guerra contra las drogas dura ya cincuenta años: medio siglo. Es la guerra más larga que ha librado Estados Unidos. Hemos invertido en ella más de un billón de dólares y hemos metido entre rejas a millones de personas, en su mayoría negros, latinos y pobres: la mayor población reclusa del mundo. Hemos militarizado nuestras fuerzas policiales. La guerra contra las drogas se ha convertido en una maquinaria económica autosuficiente. Poblaciones que antes rivalizaban por convertirse en la sede de fábricas, ahora rivalizan por construir prisiones. Al “privatizar las cárceles” —una de las expresiones más detestables que puedo imaginar—, hemos capitalizado nuestro sistema penitenciario. Ahora hay empresas que obtienen pingües beneficios por mantener a seres humanos encarcelados. Tribunales, abogados, policías, prisiones… Somos más adictos a la guerra contra las drogas que a las drogas contra las que pretendemos luchar.
La guerra contra las drogas no es una guerra solo nominal. Han sido asesinadas innumerables personas debido a que las drogas son ilegales. Las empresas de vino, de cerveza o de tabaco no se lían a tiros para dominar el mercado, pero eso es justamente lo que vemos en nuestras esquinas y nuestras barriadas: tiroteos por el control del tráfico de drogas. Y, naturalmente, en México. Debido a que las drogas son ilegales, mandamos sesenta mil dólares al año a los sociópatas violentos que forman los cárteles, un dinero que sirve para sobornar a políticos y policías y para comprar las armas que han matado a cientos de miles de personas, sin que de momento se divise el final de la matanza.
El “problema mexicano de las drogas” no es el problema mexicano de las drogas. Es el problema americano de las drogas. Nosotros somos los compradores y, sin compradores, no puede haber vendedores.
Hemos librado esta guerra durante cinco décadas y, después de tantos años, de tanto dinero y tanto sufrimiento, ¿cuál es el resultado?
Que la droga es más abundante, más poderosa y más asequible que nunca.
Las muertes por sobredosis nunca habían sido tan numerosas. Hoy en día muere más gente por sobredosis que en accidentes de tráfico o por arma de fuego.
Todo ello, siendo ilegales las drogas.
Si eso es una victoria, no querría yo ver la derrota.
Tenemos que poner fin a esta guerra.
Tenemos que legalizar todas las drogas e invertir nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestros esfuerzos en encarar y poner remedio a las causas profundas del abuso de las drogas.
Tenemos que formular y dar respuesta a la pregunta: “¿Por qué?”.

Hip hip hurra para Keller y Marisol.

*Lo que le deprime es la pérdida de un ideal, una identidad, una imagen de lo que es este país.
O era.
Que este país vote a un racista, a un fascista, a un gángster, a un narcisista fanfarrón y jactancioso, a un fantoche. A un hombre que presume de agredir a mujeres, que se burla de un discapacitado, que se codea con dictadores.
A un mentiroso redomado.
Pero la cosa no acaba ahí, claro está.

Otros libros de Don Winslow comentados en el blog :

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/10/en-lo-mas-profundo-de-la-meseta-solitaria-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/10/corrupcion-policial-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/09/la-hora-de-los-caballeros-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/17/el-cartel-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2014/08/09/tras-la-pista-del-espejo-de-buda-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2014/08/07/un-gran-soplo-de-aire-fresco-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2013/03/31/el-club-del-amanecer-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2011/10/26/salvajes-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2011/03/29/muerte-y-vida-de-bobby-z-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2010/09/29/el-poder-del-perro-don-winslow/

https://weedjee.wordpress.com/2010/10/12/don-winslow-el-invierno-de-frankie-machine/

I appreciate the effort of Don Winslow and his team of documentary makers to try to finish the trilogy in style. The big problem with his latest novel is that the part that goes on in Mexico, almost three quarters, works much worse than before. Several characters return without rhyme or reason and, as always, all speak the same, whether they are children, lawyers or peasants. Maybe that’s why he reads so quickly in this neutral tone that he always uses. On the contrary, the history of the United States would be a great independent novel, both the streets and the jail and the large offices. The power of the dog made the other two look like minor works, but it is recognized that you read them with the same voracity.
Those who claim this book is too political or a few wing screed do not agree with Winslow’s take on Trump and Kushner; although the names are changed it is obvious who is represented. Winslow has made no secret of his disdain for Trump*.
More importantly the book is a bit of slog. Yes, Winslow has done his research, and in that sense he does a nice job of summing up and reviewing the true state of affairs of the USA and its drug problems.
The characters just didn’t come alive for me; I became inured to the violence and I felt the trajectory of the story was predictable. And it was way too long. If only Winslow had managed to cut this book in half. I believe Winslow considers the Border trilogy to be his crowning achievement and in terms of audience reached and ideas put forward, it may be.
This is third, and hopefully the last, of Winslow’s Art Keller books. The earlier installments have a pulp-like brashness and giddy humor that made them compulsive reading, even against the withering savagery of the Mexican drug trade. Though The Border is a great read, and I’d recommended it, it’s bluntly a little tired by comparison, and his use of real-life political figures as NPCs is odd and dissonant. Even so, Winslow has become a better writer. He seems ready to move on to something else, and I’m sure he’ll be delightful at whatever it is.
The Border is the final concluding chapter to Winslow’s magnum opus, his trilogy about the long-running drug war. Like the first two lengthy chapters in the trilogy, The Power the Dog and the Cartel, The Border is a broad, sweeping epic telling multiple storylines. However, unlike the first two books, along with the glorious rich characters and history, Winslow included thinly-veiled political smear attacks which were unnecessary to the story and cheapened his art.
In any event, the Border continues the decades-long sweeping epic begun in the first two books. It is the story of the drug cartels, their formation, their evolution, and the seemingly insurmountable and insidious problem they have become, eating away at both American life and life south of the border. If anything, the rise of the drug cartels has had a far more devastating effect in Mexico and Guatemala than here in the States as wars between the different factions have resulted in hundreds of thousands of deaths, brutality on a scale barely imaginable, corruption, and devastation.
What Winslow does so skillfully in this book and the previous two is he personalizes the drug war both in the person of Art Keller, the DEA agent and the that of the warring drug kingpins.
Adan Barrera is now dead and gone and the young Turks, the young Hijos are now rising. It’s a new generation born in drug wealth and power who all party together and are best friends. But, power and money corrupt. And, there’s no way out. They either have to claw their way up or go down in a blaze of glory. The young princes are trapped no different than the kid in the Barrio. And eventually even Art Keller sees that taking out one drug kingpin, even Adan Barrera, only leaves an empty seat for another to fill. Taking down one cartel only leaves an opening for another cartel to move in. The result is an endless war with no end in sight.
Winslow is a master at diagnosing the problem but not much at prescribing a solution. He uses the trilogy to argue that meeting the cartels with force will not work and that legalization of drugs – not just marijuana- will take the profit motive out it. And he argues that a wall will not stem the tide. But, he offers no solutions to why so many want to drown themselves in drugs. Why so many want to drop out of modern life. And, in places where hard drugs are legal, don’t we just end up with an army of zombies? Surrendering to despair is no Solution. And, the extraordinary violence coming over the border – no matter its ultimate roots – is unacceptable.

Cinnamon heroin is pure by eighty percent. But the best part is that we can sell it for ten dollars a dose.
“We will compensate the price with the volume,” said Adam. We will become a hypermarket. We are going to sell at lower prices than the American pharmaceutical companies, and in their own market. They can not compete. That will more than make up for what we lose with marijuana. We can earn billions of new dollars. The heroine was our past and will also be our future.
Adam’s prediction, as usual, had hit the nail on the head.
In the time since three US states legalized marijuana, the cartel’s herb sales decreased by almost forty percent. The process will take a while, but Núñez has already started converting marijuana fields into poppy fields. Last year alone, they increased heroin production by thirty percent. Soon they will reach fifty percent, and by the end of the year they will reach the goal of seventy percent.

Drugs Before it was an axiom within organized crime that, if you drugged yourself, you were a dead man. The drug makes you unpredictable, charlatan, vulnerable. People leave the pot when they are drunk or drugged. Play crazy, get into fights, star cars. And an addict … The only thing you have to do to get information from an addict is to withdraw the drug. That’s how he talks for sure.
And then there is sex. Sexual slights are not very important in the world of drugs – unless you throw someone’s wife, girlfriend, daughter or sister or be gay – but among “civilians” sex is undoubtedly the weakness number one, the undisputed champion.
In Tamaulipas and Veracruz the Zetas are returning, the most violent cartel, the most sadistic and insane, the enemy that Sinaloa eradicated by accepting a perverse alliance with the Mexican federal government and the DEA, which killed Barrera and Esparza in Guatemala.
The murder rate grows.
Ric has studied the figures.
In October 2015, there had been 15,466 murders in Mexico.
In October 2016 there were almost 19,000.
An increase of more than twenty percent, a level that was not reached since the 2011 crisis, when Barrera maintained an open war with the Tapia, the Gulf, Juárez and the Zetas.
The government can not put a stop to it.
He is in a panic.
It was in the course of Operation Condor, during which the DEA, myself included, and the Mexican police and army poisoned and burned thousands of hectares of poppies, forcing thousands of peasants, small Mexican farmers, to abandon their fields and villages.
But Operation Condor had an unforeseen consequence: it forced Mexican opium growers to disperse throughout Mexico. When trying to remove a cancer, we cause its metastasis. They formed an organization, the Federation, the first authentic drug cartel, under the leadership of Miguel Ángel Barrera, alias M-1, also known as the Godfather. He was in charge of dividing Mexico into squares, territories for drug smuggling into the United States, and directing the Federation from its base in Guadalajara.

The war against drugs lasts fifty years: half a century. It is the longest war the United States has waged. We have invested more than a trillion dollars in it and we have put behind bars millions of people, mostly blacks, Latinos and the poor: the largest inmate population in the world. We have militarized our police forces. The war on drugs has become a self-sufficient economic machine. Populations that once rivaled to become the headquarters of factories, now compete to build prisons. By “privatizing jails” – one of the most detestable expressions I can imagine – we have capitalized our prison system. Now there are companies that get huge profits for keeping human beings in jail. Courts, lawyers, police, prisons … We are more addicted to the war on drugs than to the drugs we are trying to fight against.
The war on drugs is not a nominal war alone. Countless people have been killed because the drugs are illegal. The wine, beer or tobacco companies do not shoot to dominate the market, but that is exactly what we see in our corners and our neighborhoods: shootings for the control of drug trafficking. And, of course, in Mexico. Because the drugs are illegal, we send sixty thousand dollars a year to the violent sociopaths that form the cartels, a money that serves to bribe politicians and policemen and to buy the weapons that have killed hundreds of thousands of people, without for the moment we can see the end of the killing.
The “Mexican drug problem” is not the Mexican problem of drugs. It is the American problem of drugs. We are the buyers and, without buyers, there can not be sellers.
We have waged this war for five decades and, after so many years, of so much money and so much suffering, what is the result?
That the drug is more abundant, more powerful and more affordable than ever.
Overdose deaths have never been so numerous. Today more people die from an overdose than in traffic accidents or by firearms.
All this, drugs are illegal.
If that is a victory, I would not want to see defeat.
We have to end this war.
We have to legalize all drugs and invest our time, our money and our efforts to face and remedy the root causes of drug abuse.
We have to formulate and answer the question:” Why? ”

Hats off to Art Keller & Marisol !

* What depresses you is the loss of an ideal, an identity, an image of what this country is.
Or was it?
Let this country vote for a racist, a fascist, a gangster, a boastful and boastful narcissist, a puppet. To a man who presumes to assault women, who mocks a disabled person, who rubs shoulders with dictators.
To a crazy liar.
But the thing does not end there, of course.

Many other books by Don Winslow commented in the blog:

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