Atlas Del Bien Y Del Mal — Tsevan Rabtan / Atlas Of Good And Evil by Tsevan Rabtan (spanish book edition)

Un acierto, en los libros de historia suelen quedar muchas historias ocultas. Aquí hay un buen ramillete de estas, servido con gracia y verdad.
No es difícil encontrar en este mito ecos de la expulsión del Edén, de un crimen cainita originario y de la torre de Babel. Al fin y al cabo cada sociedad se explica a sí misma mediante relatos; en ellos encuentra cohesión y sentido. Hace poco leíamos que en otra tribu de unas islas relativamente próximas a las anteriores, en Filipinas, el talento para contar historias se valora más que cualquier otra cosa, incluida la habilidad para conseguir alimentos, de manera que los mejores narradores son también considerados como mejores parejas y tienen más hijos. Es un dato curioso, pero en realidad no nos sorprende demasiado.
Sabemos que en casi todas las historias hay un bueno, un malo y también un feo, que es el papel que solemos ejercer en la vida la mayoría de los mortales, inclinándonos hacia uno u otro polo moral en función de las circunstancias. Pero a veces surgen excepciones y resultan extraordinariamente interesantes. Pues bien, sobre ellas trata Atlas del bien y del mal, de Tsevan Rabtan. Sobre personas que, en palabras del autor, «utilizaron los resquicios de su escaso poder y, a menudo, el engaño, para mantener algo de bien en el mundo». También sobre otras desquiciadamente crueles y despóticas que sembraron su paso de cadáveres y dolor. La cosa se complica cuando vemos que en ocasiones la santidad de unos sirvió para abrir el paso a la barbarie de otros, como en la historia que cuenta sucedida en las islas Chatham, sobre la interacción entre sus nativos y los maoríes.
Son historias reales bien documentadas, narradas de forma amena y las ilustraciones que lo acompañan, de Alejandra Acosta, que hacen de este libro una joya.

Henry Goddard. Para ilustrar la necesidad de la eugenesia,contó a los estadounidenses la historia de los Kallikak,el nombre imaginario de dos estirpes auténticas quedescendían de una misma persona.Una estirpe,la honrada,provenía dela esposa legítima;la otra,la de los borrachos y criminales,de la prolenacida de la prostituta retrasada,pre-ñada en una taberna en el tiempo enel que el antecesor de ambas estirpes había servido como soldado durantela Revolución americana.Esa genealogía perversa serviría de ejemplo al Tribunal Supremo en la sentencia que declaró la constitucionalidad de las leyes sobre esterilización. El magistrado Oliver Wendell Holmes,en una de las páginas más negras del Tribunal Supremo de Estados Unidos, afirmó:«Tres generaciones de imbéciles son suficientes». Goddard engordó su merchandising con los tests de inteligencia. Alarmó a los norteamericanos cuando demostró que la mitad de los reclutas de su ejército eran débiles mentales.No le preocupó,por supuesto, que sus conclusiones fueran producto de preguntas tan asépticas como «¿Cuántas piernas tiene un zulú?: a) dos b) cuatro c) seis d) ocho». Es evidente que el débil mental,o el estafador, era Goddard, pero nadie se dio cuenta, ni siquiera cuando publicó el extraordinario resultado de que un 80% de los inmigrantes del sur de Europa.

Es la época de Cornelius Vanderbilt, el magnate de los transportes fluviales y marítimos,que comenzó saltándose el monopolio en el Hudson de una compañía rival izando una bandera pirata,y que compró a jueces y políticos para declarar inconstitucionales esos monopolios,que luego buscó y consiguió. Es el primer hombre de negocios que se presentó en Hispanoamérica acompañado de infantes demarina,un tipo grande e iracundo que le regaló a una de sus esposas un yate, el North Star, de 82 metros de eslora, con el que recorrió el mundo, exhibiéndose como un hortera. Es la época del enterrador Daniel Drew, carnicero, ganadero, creyente y tramposo. De Jim Fisk, el Jubiloso Jim, buhonero, artista de circo, pregonero y sobón. Un hombre que se hizo rico vendiendo mantas, restos de la guerra, y comprando acciones baratas, para luego revenderlas a los incautos.

La figura grandiosa de Abraham Lincoln no se ve empequeñecida. Lincoln no era un fundamentalista ni del abolicionismo ni seguramente de nada que no fuese elmantenimiento de su país, de la ideade su país. Jugaba a vencer cuando era posible y, una vez había ganado, buscaba el acuerdo con sus adversarios. Era un político magistral. Alguien capaz de pelear y de inspirar a sus conciudadanos, pero también unode esos hombres que, cuando todos creen que el compromiso resulta imposible, es capaz de lograrlo cambiando los márgenes. Abraham Lincoln fue haciendolo que podía. Por eso lo hizo. Esto es algo que olvidan los políticos que creen que su obligación es hacer lo que deben.

Murió el 9 de mayo de1963 el tercero y último de los rajás blancos:Charles Brooke Vyner. Había gobernado en Sarawak desde 1917 hasta 1946.El hombre se piró contoda su familia a Sídney cuando vio que los japoneses no leían Lord Jim. Como estaba forrado no lo pasó muy mal. Eso sí, aprovechó la ocasión para ceder Sarawak a los ingleses a cambio de una generosa pensión. Después de la guerra, volvió a su reino el tiempo justo para saludar y despedirse. Compréndanlo, por muy rajá blanco que fuera había nacido en Londres, había estudiado en Cambridge, estaba casado con una inglesa, hija de un lord —de la que se cuentan pestes-.

Todavía quedaban dos mil habitantes allí cuando llegaron los quince y la muerte. Transmitieron a sus congéneres la disentería y una forma de gripe para la que no tenían defensas. Uno de los primeros muertos fue el niño ariki, Manu Rangi, de tan solo once años, al que habíamos visto sobrevivir al cautiverio. En 1868, apenas quedaban seiscientos y,en 1877, el capitán Alphonse Pinart contó ciento once personas. Ya nadie sabía leer los kohau ron-go-rongo, las tallas que contienen la escritura de los rapanuis,de las queapenas se conservan veinticinco.Muchas iban colgadas del cuello delos capturados, pero les fueron arrancadas y usadas como leña. Las que quedaban en la Isla de Pascua sufrieron el mismo destino; los misioneros franceses y los marinos europeos se ocuparon de ellas. Al fin y al cabo, eran cosa de paganos.

Cowra, se encuentra cerca de Sídney y fue escenario deun incidente al que, desde entonces, se denomina Cowra breakouty que esun buen ejemplo de la influencia de la cultura sobre la salud. En esa ciudad se hallaba un campo de prisioneros (bueno,aún existe) que durante la Segunda Guerra Mundial fue «ocupado» por prisioneros italianos y japoneses (también habíacoreanos e indonesios, pero se trataba de combatientes del ejército japonés). Como allí no hay problemas con el espacio, el campo era inmenso. Estaban confinados en el campoalrededor de dos mil italianos,de los casi quince mil que había en Australia.
En agosto de 1944, se notificó a los nipones que —con excepción de oficiales y suboficiales— iban a ser trasladados a otro campo más seguro. Una veintena de mandos, tras una discusión acalorada, decidió que los más de mil prisioneros del campo B debían intentar escapar a la manera japonesa, todos a la vez y armados con cuchillos, palos y bates de béisbol. A la hora señalada, salieron gritando banzai y embistiendo a la torre de vigilancia. Los acojonados guardias (dos, para ser exacto) hicieron una escabechina, pero no pudieron impedir que se los asesinara. Casi cuatrocientos prisioneros escaparon. Muchos compatriotas, por cierto, habían sido previamente «suicidados», dado su escaso nivel de compromiso con la muerte. Naturalmente, los encontraron atodos muertos o heridos —salvo que alguno ande todavía por el desierto australiano, comiendo gusanos y raíces,y esperando el fin de la guerra—; el que más lejos llegó fue capturado a veinticinco kilómetros. Solo sobrevivieron unos cien. Años más tarde, recuperadas las relaciones, el incidente se convirtió en motivo para la amistad japoaustraliana (visita al cementerio incluida) yen Cowra se construyó un monísimo jardín japonés. Mientras todo esto sucedía,los italianos seguían tomando café, dejando pasar a las señoras y silbando tonadas.

Las islas Chatham,pero comoes una historia instructiva, yo se la cuento.Hace unos tres mil años, unos tipos que vivían en las islas Bismarck, al norte de Nueva Guinea, empezaron a colonizar la Polinesia. El proceso había terminado dos mil años después y dos de los archipiélagos que se colonizaron en último lugar fueron Nueva Zelanda y las Chatham. Los de Nueva Zelanda se llamaron maoríes y los de las Chatham morioris. Los maoríes llegaron a una isla muyextensa (la isla Norte) y desarrollaron una civilización agrícola,con cultivos intensivos y sociedades complejas.
Por desgracia, en 1835, un barco australiano de cazadores de focas llevó a Nueva Zelanda noticias de esas islas situadas a 800 kilómetros. Novecientos maoríes se embarcaron. El 19 de noviembre de 1835 llegó un primer barco con quinientos y el 5 de diciembre el segundo con el resto. No tuvieron prácticamente que luchar. Les bastó recorrer las islas anunciando que los morioris eran sus esclavos. Los morioris hicieron una asamblea y votaron no pelear, a pesar de que la resistencia era posible (eran superiores en número) y de conocerlo que les esperaba. Seguían la llamada Ley de Nunuku, que prohibía la guerra y el canibalismo. Por lo visto, los jefes concluyeron que la ley no se podía violar bajo ninguna circunstancia. Su opción fue dirigirse a los maoríes y ofrecerles un reparto de lo que tenían. Los maoríes no esperaron siquiera la respuesta. Los atacaron y masacraron. Cocinaron a muchos y se los comieron, claro. Al resto los esclavizaron cruelmente. Pocos sobrevivieron a la llegada de los luteranos.

A success, in the history books are often many hidden stories. Here is a good bouquet of these, served with grace and truth.
It is not difficult to find in this myth echoes of the expulsion from Eden, of an original Cainite crime and of the Tower of Babel. After all, each society explains itself through stories; in them he finds cohesion and meaning. We recently read that in another tribe of islands relatively close to the previous ones, in the Philippines, the talent for telling stories is valued more than anything else, including the ability to get food, so that the best storytellers are also considered to be better couples and have more children. It is a curious fact, but in reality it does not surprise us too much.
We know that in almost all stories there is a good, a bad and also an ugly, which is the role that most mortals usually exercise, inclining towards one or another moral pole depending on the circumstances. But sometimes exceptions arise and they are extraordinarily interesting. Well, about them Atlas of good and evil, by Tsevan Rabtan. About people who, in the words of the author, “used the remnants of their limited power and, often, deception, to maintain some good in the world.” Also on others deranged cruel and despotic that sowed their passage of corpses and pain. The thing is complicated when we see that sometimes the sanctity of some served to open the way to the barbarism of others, as in the story that has happened in the Chatham Islands, on the interaction between their natives and the Maori.
They are real well-documented stories, narrated in an entertaining way and the illustrations that accompany it, by Alejandra Acosta, who make this book a jewel.

Henry Goddard. To illustrate the need for eugenics, he told Americans the story of the Kallikak, the imaginary name of two authentic breeds that descended from the same person. One lineage, the honest, came from the legitimate wife, the other, the drunks and criminals, of the pro-life of the delayed prostitute, pre-owned in a tavern at the time in which the ancestor of both strains had served as a soldier during the American Revolution. This perverse genealogy would serve as an example to the Supreme Court in the sentence that declared the constitutionality of sterilization laws. Magistrate Oliver Wendell Holmes, in one of the darkest pages of the Supreme Court of the United States, affirmed: “Three generations of imbeciles are suf fi cient”. Goddard fattened his merchandising with intelligence tests. He alarmed the Americans when he showed that half of the recruits in his army were mentally weak. He was not worried, of course, that his conclusions were the product of such aseptic questions as “How many legs does a Zulu have ?: a) two b) four c) six d) eight ». It is evident that the mentally weak, or the swindler, was Goddard, but nobody noticed, not even when he published the extraordinary result that 80% of immigrants from southern Europe.

It is the time of Cornelius Vanderbilt, the fluvial and maritime transport tycoon, who began skipping the monopoly in the Hudson of a rival company hoisting a pirate flag, and who bought judges and politicians to declare those monopolies unconstitutional, which he then sought and got. He is the first business man to appear in Latin America accompanied by demarina infants, a big and angry guy who gave one of his wives a yacht, the 82-foot North Star, with which he toured the world, showing off like a tacky It is the time of the undertaker Daniel Drew, butcher, rancher, believer and cheat. Jim Fisk, Jubilant Jim, peddler, circus artist, crier and sobon. A man who became rich by selling blankets, remnants of war, and buying cheap stocks, then reselling them to the unwary.

The great figure of Abraham Lincoln is not diminished. Lincoln was neither a fundamentalist nor of abolitionism, nor surely of anything other than the maintenance of his country, of the idea of ​​his country. He played to win when possible and, once he had won, he sought agreement with his opponents. He was a master politician. Someone capable of fighting and inspiring his fellow citizens, but also one of those men who, when everyone believes that commitment is impossible, is able to do so by changing margins. Abraham Lincoln was doing it he could. That’s why he did it. This is something that politicians forget that they believe their obligation is to do what they should.

The third and last of the white rajas died on May 9, 1963: Charles Brooke Vyner. He had governed in Sarawak from 1917 to 1946. The man fell to his family in Sydney when he saw that the Japanese were not reading Lord Jim. Since he was covered, he did not have a very bad time. Of course, took the opportunity to cede Sarawak to the English in exchange for a generous pension. After the war, he returned to his kingdom just long enough to greet and say goodbye. Understand it, no matter how white Rajah was born in London, he had studied in Cambridge, he was married to an Englishwoman, the daughter of a lord-of whom there are plagues.

There were still two thousand inhabitants there when the fifteen and the death arrived. They transmitted to their congeners dysentery and a form of influenza for which they had no defenses. One of the first dead was the ariki boy, Manu Rangi, only eleven years old, whom we had seen surviving the captivity. In 1868, there were only six hundred left and, in 1877, Captain Alphonse Pinart counted one hundred and eleven people. Nobody knew how to read the kohau ron-go-rongo, the carvings that contain the writing of the rapanuis, of which only twenty-five remain. Many were hung from the neck of the captured, but they were torn and used as firewood. Those that remained on Easter Island suffered the same fate; the French missionaries and the European sailors took care of them. After all, they were pagans.

Cowra is near Sydney and was the scene of an incident that has since been called Cowra breakout, which is a good example of the influence of culture on health. In that city there was a prison camp (well, it still exists) that during the Second World War was “occupied” by Italian and Japanese prisoners (also Koreans and Indonesians, but they were Japanese army fighters). As there are no problems with space, the field was immense. They were confined to the countryside around two thousand Italians, out of the nearly fifteen thousand in Australia.
In August 1944, the Japanese were notified that, with the exception of officers and non-commissioned officers, they were going to be transferred to a safer field. A score of commanders, after a heated argument, decided that the more than a thousand prisoners in camp B should try to escape in the Japanese way, all at once and armed with knives, clubs and baseball bats. At the appointed time, they came out screaming banzai and charging at the watchtower. The frightened guards (two, to be exact) made a scam, but they could not stop him from being murdered. Almost four hundred prisoners escaped. Many compatriots, by the way, had previously been “suicidal,” given their low level of commitment to death. Naturally, they were found all dead or wounded – unless one is still in the Australian desert, eating worms and roots, and waiting for the end of the war; the one that arrived furthest was captured at twenty-five kilometers. Only about a hundred survived. Years later, the relations recovered, the incident became a reason for the friendship of Japoaustralia (visit to the cemetery included) and in Cowra a very cute Japanese garden was built. While all this was happening, the Italians were still drinking coffee, letting the ladies in and whistling tunes.

The Chatham Islands, but since it’s an instructive story, I’ll tell you. About three thousand years ago, some guys who lived on the Bismarck Islands, north of New Guinea, began to colonize Polynesia. The process had ended two thousand years later and two of the archipelagos that were colonized in last place were New Zealand and the Chatham. Those from New Zealand were called Maori and those from Chatham Morioris. The Maoris came to a Muyextenan island (the North Island) and developed an agricultural civilization, with intensive cultivation and complex societies.
Unfortunately, in 1835, an Australian seal-hunter boat brought New Zealand news of those islands located 800 kilometers away. Nine hundred Maoris embarked. On November 19, 1835, a first ship arrived with five hundred and on December 5, the second with the rest. They did not have to fight practically. It was enough for them to travel the islands announcing that the Morioris were their slaves. The Morioris made an assembly and voted not to fight, although resistance was possible (they were superior in number) and to know what awaited them. They followed the so-called Nunuku Law, which prohibited war and cannibalism. Apparently, the chiefs concluded that the law could not be violated under any circumstances. His option was to go to the Maori and offer them a distribution of what they had. The Maori did not wait for the answer. They attacked and massacred them. They cooked many and ate them, of course. The rest enslaved them cruelly. Few survived the arrival of the Lutherans.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.