De Barcelona A La Bretaña Francesa (Memorias) — Luisa Carnés / From Barcelona To French Brittany (Memoirs) by Luisa Carnés (spanish book edition)

Debo decir que su gran obra para mi es “tea room” comentada en el blog pero esta compuesta de 2 relatos es muy interesante. En toda la narración late la angustia que sufren quienes optaron por salir de España, debido al continuo hostigamiento de que eran objeto por parte del ejército franquista y a causa de los repetidos bombardeos a que fueron sometidos las ciudades y pueblos de Cataluña, cuya conquista se anunciaba inminente.
Otro hecho que se destaca en la obra son las graves dificultades que entraña la evacuación de la ingente masa humana que abandonaba su patria en dirección a la frontera, así como los problemas casi insuperables con que se toparon a cada paso los refugiados españoles que van a cruzar la frontera para huir de la barbarie de la Guerra Civil y de las previsibles represalias que el nuevo régimen estaba imponiendo a todos cuantos apoyaron a la República
“La hora del odio” comienza en su primer capítulo con una amplia reflexión sobre la guerra y sus efectos, donde la autora se expresa con un tono pesimista sobre la condición humana. Carnés emplea la tercera persona para describir los hechos a través del personaje de María, que se convierte en la principal protagonista. La autora recurre también a la reflexión y al recuerdo como procedimiento literario en busca de un nexo con la primera historia, De Barcelona la Bretaña francesa, para reencontrarse con los personajes y los hechos, y el ambiente que los sustenta.

Cuando se llega hoy al comedor colectivo, echa una de menos a muchos compañeros. A medida que las fuerzas invasoras se aproximan a Barcelona, las fábricas y los sindicatos van quedando vacíos. Los obreros y los dirigentes políticos y sindicales cambian los instrumentos de trabajo y los puestos de dirección por el fusil. Millares de mujeres son incorporadas al trabajo por el Gobierno Negrín[68]. Ante las oficinas de la Comisión de Auxilio Femenino del Ministerio de Defensa Nacional[69], que realiza activamente el reclutamiento femenino para las tareas de la retaguardia, se alinean constantemente centenares de mujeres. Todas quieren ser útiles a su patria. Mujeres de todas las edades; mujeres de todas las regiones de España; mujeres con niños en los brazos («Si me colocan al niño en algún sitio, podré trabajar»). Esto permitirá poner en pie de guerra nuevos refuerzos masculinos.
Mientras, se siguen con creciente ansiedad los partes de guerra, bajo las bombas. Porque, según se acercan los fascistas, aumentan los bombardeos sobre la población. Las sirenas alargan constantemente sus aullidos trágicos de extremo a extremo de la ciudad. Las explosiones se suceden a cortos intervalos, y el ambiente se llena de polvo brillante.

Qué hemos hecho para merecer este martirio? «¿Qué hemos hecho?». Cada mujer sin hombre y sin hogar se hace esta pregunta: «¿Qué hemos hecho?». Una ola de invasión nos aplasta, tritura nuestros huesos y nuestros alientos, hora a hora, desde hace cerca de t res años. Una avalancha de muerte empuja a los españoles hacia las más altas cumbres del heroísmo y al fondo de la más dramática y desoladora miseria. «¿Qué hemos hecho?» Negarnos a ser pisoteados en nuestras libertades, en nuestras aspiraciones democráticas. Amar entrañablemente nuestras tierras y nuestros mares libres; nuestra montañas y nuestros valles; nuestros ríos inmortalizados por el esfuerzo viril de los buenos hijos de España. Este es nuestro único de lito: «querer seguir siendo españoles». Y por serlo, por sentir hondamente la patria, vivimos acosados como fieras; se nos asesina en el trabajo y en el descanso; se envenena con hierro y fuego el aire que respiramos. Y por serlo, por querer seguir siendo españoles; por querer seguir pisando libremente la tierra donde hemos nacido, la tierra que es nuestra; cantan día y noche nuestras máquinas; mueren los hombres, cara a las trincheras de los invasores, con canciones de vida en los labios; se endurecen y deforman las manos de las mujeres españolas en los tornos de las fábricas. Por eso somos refugiados, ayer en Madrid y Valencia, y hoy, en Barcelona; por eso proseguimos templados, firmes, nuestra marcha a través de toda esta corteza de tierra española, que no queremos perder.

Durante las violentas luchas en tierras catalanas, el cabo de infantería Celestino García, habiéndose visto acorralado por trece tanques italianos, se había abierto paso con bombas de mano, logrando poner fuera de combate a tres de las máquinas, visto lo cual huyeron las diez restantes. No contento con esto, Celestino García empuñó un pico, que tenía a mano, y con él hizo saltar la portezuela de uno de los tanques, haciendo prisioneros a sus servidores, dos sargentos y un capitán italianos.
El hecho heroico del cabo de infantería Celestino García mereció el honor de ser citado en el parte oficial de guerra de la República.
Montserrat es una de tantas heroínas de la independencia de España. Esta muchacha catalana trabajaba antes de la guerra en una fábrica textil de Barcelona. Vivía en el barrio obrero del Clot, no lejos de la Estación del Norte. Abrió los ojos a un panorama de chimeneas y cables de alta tensión. La acunaron largos silbidos de locomotoras y sirenas de paz, que marcaban el trabajo y el reposo de los trabajadores. También le llegaba la canción marinera de los barcos que atracaban al puerto.
Al estallar la guerra, millares de obreras del textil quedaron pandas. Montserrat fue una más de las mujeres que se endurecieron en largas jornadas de trabajo agotador. A las pocas semanas de haber comenzado a trabajar, producía mayor número de piezas que cualquier otra obrera de la misma fábrica. Tenía diecinueve años. Era morena y delgada. Sus manos comenzaban a agrietarse y a endurecerse por las duras tareas. La falta de alimentación afinaba sus rasgos, pero los ojos de Montserrat aparecían más brillantes y vivos que antes.

Al hablar de la pérdida de Barcelona, se suele aludir con ligereza a la «falta de combatividad del pueblo catalán». Se dice: «¿dónde estaba el pueblo catalán el 26 de enero?». Pero esa apreciación, manifestada sin pizca de responsabilidad, es totalmente injusta. El pueblo siempre es combativo, siempre vibra en fe de independencia y libertades, y el de Barcelona demostró cómo es capaz de defenderlas con su reacción heroica frente al punch de mayo de 1937 y su respuesta a la traición del 18 de julio de 1936. Si en la pérdida de Barcelona, desastrosa para la República española, y en consecuencia, para el pueblo heroico de España, han existido cobardías, no es a este a quien hay que imputárselas.

Tenemos mucho frío. El camión está encharcado y nuestros zapatos se bañan en agua sucia. La manta de la chica vasca pesa horriblemente sobre nuestras cabezas. El agua la ha penetrado y nuestras manos no se sienten lo suficientemente fuertes para sostenerla. Y allá va, espaldas abajo.
Y estamos en Figueras. Aquí el maremagno de Gerona se repite bajo una lluvia torrencial. Camiones y coches de turismo interrumpen el tráfico. El espectáculo de las gentes que van y vienen desorientadas, confusas, se observa también.
Cruzamos varias calles y plazas.
Muchas de las casas aparecen destrozadas por bombas de aviación.
Al cabo de un rato, el buen Oskar nos deja ante el domicilio de nuestra organización, que es una ancha casa de tres pisos, en cuyo portal se apiñan docenas de personas, maletas y paquetes.
En esta casa, y repetidas veces, hubimos de padecer los ataques más bárbaros a que nos han sometido, durante cerca de tres años, los bombarderos italianos y alemanes.
Sorbía mis lágrimas, en tanto mis ojos mojados se clavaban en el horizonte, delimitado por la raya azul pálido del océano Atlántico, pensando: «Así eres tú, España. Así eres tú, pueblo español», poderoso, bravo e invencible, como el océano. Nada puede domeñarte. Te oponen trabas de muerte, pero tú las salvas. Si te cargaran de cadenas, tú sabrías romperlas. Si te amordazaran, tú sabrías hacerte oír, porque tú, pueblo español, quieres a tu libertad más que a tu propia vida, y esto te hace soberbio e inmenso, como este inmenso mar, que rompería cuantas trabas de granito o de acero se le impusieran… Así, tú, pueblo español, pueblo mío adorado, pasarás sobre cárceles, sobre sangre y martirio, hacia la infinitud, que por derecho te pertenece… Hacia la libre inmortalidad que corresponde a tu grandeza.

I must say that his great work for me is “tea room” commented on the blog but it is composed of 2 stories is very interesting. Throughout the narration beats the anguish suffered by those who chose to leave Spain, due to the continuous harassment that they were subjected by the Francoist army and because of the repeated bombings to which were subjected the cities and towns of Catalonia, whose conquest was announced imminent.
Another fact that stands out in the work are the serious difficulties involved in the evacuation of the huge human mass that left their homeland in the direction of the border, as well as the almost insurmountable problems encountered by every step of the Spanish refugees who go to crossing the border to escape the barbarism of the Civil War and the foreseeable reprisals that the new regime was imposing on all those who supported the Republic
“The hour of hatred” begins in its first chapter with a broad reflection on the war and its effects, where the author expresses herself with a pessimistic tone about the human condition. Carnés employs the third person to describe the facts through the character of Maria, who becomes the main protagonist. The author also resorts to reflection and memory as a literary procedure in search of a connection with the first story, From Barcelona, ​​the French Brittany, to rediscover the characters and events, and the environment that sustains them.

When you arrive today at the collective dining room, you miss one of many colleagues. As the invading forces approach Barcelona, ​​the factories and unions are becoming empty. The workers and the political and union leaders change the instruments of work and the positions of direction by the rifle. Thousands of women are incorporated into the work by the Negrín Government [68]. Before the offices of the Women’s Auxiliary Commission of the Ministry of National Defense [69], which actively performs female recruitment for the tasks of the rearguard, hundreds of women are constantly aligned. All want to be useful to their homeland. Women of all ages; women from all regions of Spain; women with children in their arms (“If the child is placed somewhere, I can work”). This will allow to put on foot new men’s reinforcements.
Meanwhile, the parties to the war, under bombs, continue to grow anxiously. Because, as the fascists approach, bombings on the population increase. The sirens constantly lengthen their tragic howls from end to end of the city. Explosions occur at short intervals, and the environment fills with bright dust.

What have we done to deserve this martyrdom? “What have we done?”. Every woman without a man and without a home asks herself this question: «What have we done?». A wave of invasion crushes us, crushing our bones and our breaths, hour by hour, for about three years. An avalanche of death pushes the Spaniards towards the highest peaks of heroism and at the bottom of the most dramatic and devastating misery. “What have we done?” Refuse to be trampled on our freedoms, on our democratic aspirations. Love dearly our lands and our free seas; our mountains and our valleys; our rivers immortalized by the virile effort of the good children of Spain. This is our only de lito: «to want to continue being Spanish». And because it is so, because we deeply feel our country, we live harassed like beasts; we are killed at work and at rest; the air we breathe is poisoned with iron and fire. And for being, for wanting to remain Spanish; for wanting to continue treading freely the land where we were born, the land that is ours; they sing our machines day and night; men die, face the trenches of the invaders, with songs of life on their lips; The hands of Spanish women are hardened and deformed in the lathes of the factories. That’s why we are refugees, yesterday in Madrid and Valencia, and today, in Barcelona; that is why we continue temperate, firm, our march through all this crust of Spanish land, which we do not want to lose.

During the violent struggles in Catalan lands, the infantry corporal Celestino García, having been cornered by thirteen Italian tanks, had broken through with hand pumps, managing to put three of the machines out of combat, as the ten remaining fled . Not content with this, Celestino Garcia held a pickaxe, which he had at hand, and with it he blew open the door of one of the tanks, taking prisoners of his servants, two Italian sergeants and captain.
The heroic deed of the infantry corporal Celestino García deserved the honor of being summoned in the official war party of the Republic.
Montserrat is one of many heroines of the independence of Spain. This Catalan girl worked before the war in a textile factory in Barcelona. He lived in the working class district of Clot, not far from the North Station. He opened his eyes to a panorama of chimneys and high-voltage cables. It was cradled by long whistles of locomotives and peace sirens, which marked the work and the rest of the workers. The sailor song of the ships that docked at the port also arrived.
At the outbreak of war, thousands of textile workers were left pandas. Montserrat was one of the women who hardened themselves in long days of exhausting work. A few weeks after starting work, she produced more pieces than any other worker in the same factory. I was nineteen years old. I was dark and thin. His hands began to crack and harden from the hard tasks. The lack of food refined his features, but Montserrat’s eyes were brighter and more alive than before.

When talking about the loss of Barcelona, ​​the “lack of combativeness of the Catalan people” is often referred to lightly. It says: «Where was the Catalan people on January 26?». But that appreciation, manifested without a shred of responsibility, is totally unfair. The people are always combative, always vibrate in faith of independence and freedoms, and the one of Barcelona demonstrated how he is able to defend them with his heroic reaction against the punch of May 1937 and his response to the betrayal of July 18, 1936. Yes in the loss of Barcelona, ​​disastrous for the Spanish Republic, and consequently, for the heroic people of Spain, cowardice has existed, it is not this one who must be imputed.

We are very cold. The truck is puddled and our shoes are bathed in dirty water. The Basque girl’s blanket weighs horribly on our heads. The water has penetrated it and our hands do not feel strong enough to hold it. And there goes, back down.
And we are in Figueras. Here the maremagno of Gerona repeats itself under a torrential rain. Trucks and passenger cars interrupt traffic. The spectacle of people who come and go disoriented, confused, is also observed.
We crossed several streets and squares.
Many of the houses are destroyed by aviation bombs.
After a while, the good Oskar leaves us at the address of our organization, which is a wide three-story house, in whose portal dozens of people gather, suitcases and packages.
In this house, and repeatedly, we had to suffer the most barbaric attacks to which we have been subjected, for about three years, by Italian and German bombers.
I sucked my tears, while my wet eyes were nailed to the horizon, delimited by the pale blue stripe of the Atlantic Ocean, thinking: “This is you, Spain. This is you, Spanish people », powerful, brave and invincible, like the ocean. Nothing can take you. You are opposed to death, but you save them. If you were loaded with chains, you would know how to break them. If you were gagged, you would know how to make yourself heard, because you, Spanish people, love your freedom more than your own life, and this makes you magnificent and immense, like this immense sea, which would break all the traces of granite or steel. impose … Thus, you, Spanish people, adored people of mine, you will pass over jails, over blood and martyrdom, towards infinity, which by right belongs to you … Towards the immortality free that corresponds to your greatness.

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