La España En La Que Creo: En Defensa De La Constitución — Alfonso Guerra González / The Spain I Believe In: In Defense of the Constitution by Afonso Guerra González (spanish book edition)

* Libro con críticas directas a todos aquellos que desprecian la constitución y sus logros, para los amnésicos por acción y omisión, especialmente para el presidente del gobierno actual.
* Esta es la parte que menos me ha gustado, dado que quizá escribiendo una carta al presidente del gobierno hubiera quedado menos expuesto, ya que debido a ello, colijo que lo han intentado de todas la maneras y no ha sido posible.
* La obra también atiende las posibles reformas constitucionales que por otra parte ya podían haberlas llevado a cabo su partido y el popular evitando estos lodos.
* Como conclusión un libro aceptable, sobre todo por el momento y con una idea justa y clara, sobre como valorar lo conseguido y lo fácil que es perderlo , las críticas a los partidos son interesantes y justas, sin embargo, no es nada nuevo para alguien que siga la política diariamente, cosa que según se desprende de la obra, el actual presidente y su gobierno no se dan por enterados.

El último atentado contra la Constitución, léase contra la libertad y la democracia, ha sido el perpetrado por el nacionalismo catalán. Precisamente quien ostenta la máxima representación del Estado en su comunidad autónoma se levanta contra el Estado, violando la Constitución, y de manera novedosa, combinando la conspiración oculta con el asombroso descaro de utilizar la televisión para alardear de la provocación a la ley y a la paz.
Pero ha sido la tibia reacción de una parte de la sociedad a la hora de rechazar la colección de mentiras, burdas y extensas, que los dirigentes nacionalistas han esparcido por todos los medios a su alcance, lo que más alarma produce. No satisfechos con el engaño han diseñado un ridículo plan de «exilio» para perjudicar la imagen de España, muy favorable desde la Transición política. Han difundido en Europa una descripción de España como un país donde no se respetan los derechos humanos, se persigue a los disidentes políticos y se utiliza la violencia contra inocentes ciudadanos que reclaman libertad.
Aunque el nacionalismo insiste en que hay un conflicto entre Cataluña y España, se puede afirmar con rotundidad que el conflicto es interno de Cataluña, que el nacionalismo ha quebrado la unidad del pueblo catalán. Los titulares de las instituciones catalanas han empujado a una parte de la población catalana a sostener un conflicto con el Estado, de cuyas consecuencias pocos parecen percatarse, pero que ya ha destruido algunas cosas.
Los políticos partidarios del respeto a la Constitución han visto con incomodidad, pero sin una preocupación que no pudieran soportar, cómo el nacionalismo procedía al acorralamiento de los no nacionalistas en Cataluña, mediante una continua política de intimidación; y los pertenecientes a la izquierda no han dicho basta al vano intento de hacer compatible el discurso excluyente del nacionalismo con posiciones progresistas.

En junio de 2018 triunfaba por primera vez en la democracia española una moción de censura. La había cursado el Partido Socialista presentando como candidato a Pedro Sánchez. Fue apoyada por todos los grupos de la Cámara excepto el Partido Popular, que ostentaba el Gobierno, y Ciudadanos. El resto, Unidos Podemos, PNV, PdeCat, ERC, Compromís y otros pequeños grupos se pusieron de acuerdo porque les unía un objetivo común, compartido por los partidos y probablemente por la mayoría de los ciudadanos, la retirada del Gobierno del presidente Mariano Rajoy.
La derecha ha calificado de ilegítima a esa moción de censura. De ahí que los sectores más extremistas hayan denominado al nuevo presidente okupa, es decir, que ha ocupado la presidencia sin título legal para hacerlo.
No es verdad, la moción de censura ha sido completamente legal y legítima, pues ha contado con el número de votos que exige la Constitución. Por lo tanto, la campaña de propaganda contra la legitimidad de la moción es parte de la radicalización de la derecha que soporta mal la pérdida del poder.
No pueden negarle a Pedro Sánchez una gran habilidad, defenestrado de la secretaría general del PSOE, recuperó el cargo mediante unas elecciones primarias y alcanzó la presidencia del Gobierno con el grupo de diputados menos numeroso del PSOE de los cuarenta años de democracia. ¿Cómo ha sido posible esta asombrosa transformación?.
Han emergido dos nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, aunque esta última sigla no responde solo a la de un partido, sino a una coalición de varios partidos que se presentan en la propaganda como uno solo.
Ciudadanos nació en Cataluña para oponerse a la política discriminatoria del Gobierno nacionalista de la Generalidad (Generalitat). Tomaron el discurso que habían abandonado los socialistas del PSC, ahora en una zona ambigua, indeterminada entre el socialismo y el nacionalismo. Ciudadanos arrebató los votos de los castellanoparlantes que antes eran fieles al partido de los socialistas y contuvo lo que pudo la ambición egoísta del nacionalismo, hasta llegar a ganar las últimas elecciones autonómicas. Al saltar a la política nacional se le ha podido ver una inclinación a llegar a algún tipo de entendimiento con los grupos económicos y financieros más poderosos, lo que le supondrá un freno en sus posibilidades electorales, pues los votantes no tendrán todos los datos pero cuentan con una fina intuición.
Podemos tiene un origen más complejo; en parte son abanderados del movimiento de los indignados, en parte son herederos de los viejos comunistas (de ahí su hostilidad al PSOE, que viene de 1921, cuando el socialismo se negó a seguir las directrices de la Unión Soviética). Aparecen como los enemigos de la casta, así denominaban ellos —ya no usan el término— a los que pertenecían a la élite que disfrutaba de todos los privilegios, siempre según ellos. Es lo que explica las soflamas de su líder contra los propietarios de casa con jardín. Hasta que han accedido a ese tipo de disfrute. Su actuación muestra que no querían acabar con la casta, deseaban una inversión de casta, un cambio de su posición.

Vivimos un momento de gran complejidad en la organización política de la sociedad. La democracia posee unas reglas que la definen y cuyo respeto para los actores políticos, los partidos, es imprescindible para que se pueda hablar de una sociedad democrática.
Hay dos normas fundamentales que delatan la calidad democrática de una sociedad. La primera es el respeto a las reglas de juego de la política, es decir, la Constitución. Los partidos políticos deben hacer declaración explícita de la aceptación de la Constitución, del respeto de los derechos y las obligaciones que implica el reconocimiento de la Constitución, y también la condena sin ambages de la violación de la norma fundamental.
La segunda regla imprescindible de la democracia es la aceptación por los partidos políticos de la legitimidad de los partidos rivales. ¿Se respeta esta norma en la España de 2018? No de una manera convincente.
Las leyes son de obligado cumplimiento para todos. El momento político está caracterizado por una renovación generacional profunda de los líderes. Es un fenómeno que debería ser esperanzador: Casado, Sánchez, Iglesias y Rivera son personas jóvenes que podrían aportar nuevos proyectos, nuevos enfoques de la realidad que permitan la renovación en la continuidad de la nación. Pero, en cierta manera, todos ellos actúan bajo el síndrome de Adán, es como si ellos fueran los primeros, los que inauguran la política española, contemplan con indiferencia los últimos cuarenta años de España, el plazo más largo de democracia de la historia de nuestro país, lo que genera un cierto cesarismo, cada uno de ellos se considera el único en el ruedo político, desestimando sin necesidad de estudio los proyectos de los demás.

La campaña contra el rey que han emprendido los nacionalistas y los populistas no está motivada por una cuestión de principios, es una estrategia para modificar la arquitectura constitucional vigente. El nacionalismo pretende la ruptura de la nación y los populistas apuestan por un modelo de democracia no representativa, una democracia plebiscitaria, asamblearia, que por su vulnerabilidad a la manipulación, pronto deja de ser democrática. Atacan al rey porque consideran que el derribo de la monarquía les aseguraría un proceso constituyente en el que intentarían sus objetivos separatistas y antidemocráticos. Por ello es básico entender que no atacan al rey, atacan a la Constitución, atacan a la democracia, atacan a la libertad.
La monarquía española es la única monarquía europea que goza de legitimidad democrática de origen, sometida a debate y decisión en el Parlamento y a refrendo por una amplísima mayoría, casi el 90 por ciento de los españoles.

Si pudiera participar de nuevo en el proceso de Transición política que vivió España, cambiaría muchas de las decisiones de entonces, pero si se repitieran las mismas circunstancias creo que haríamos algo muy parecido. Los españoles de mañana sabrán valorar mejor que nosotros lo que supuso la renuncia de parte de las ideas muy queridas en beneficio de la gran mayoría del pueblo español. Una gesta de la que sentirse orgullosos.
La Constitución española de 1978 es una buena Constitución. Es democrática, moderna, avanzada y solidaria. Declara que España se constituye en un Estado social y democrático de derecho, se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación, garantiza la autonomía de nacionalidades y regiones; protege a los españoles con una tabla detallada y amplia de derechos y libertades y garantiza a todas las personas el derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales; certifica que todos los españoles son iguales ante la ley y rechaza cualquier discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra circunstancia personal o social; hace responsable a los poderes públicos de promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo sean reales y efectivas; y encarga a los poderes públicos remover los obstáculos que impiden o dificulten su plenitud (de la libertad y la igualdad); reconoce el derecho a la negociación colectiva entre trabajadores y empresarios…
Los conceptos enunciados aquí, y otros muchos que se podría citar, hacen de la Constitución vigente un texto de gran calidad. Sin embargo, algunos cambios podrían ser convenientes; en ningún caso una revisión total, ni un nuevo proceso constituyente, absolutamente innecesario y que no cuenta con los apoyos necesarios en la actual composición de las Cámaras. En resumen, reforma de la Constitución, no; reformas en la Constitución, sí.

La tensión reformadora está centrada en el reparto del poder territorial, en los cambios que se pretenden en el título VIII de la Constitución.
De hecho, ya hemos asistido a varios intentos de reforma de la Constitución sin ajustarse al procedimiento de reforma que establece la misma, a través de las disposiciones de las comunidades autónomas. Se pueden enumerar esos intentos:
•La operación de «blindaje» de las competencias propias a fin de impedir las leyes de bases del Estado que armonicen la legislación autonómica como establece el artículo 150.3.
•El sistema de mandato legislativo desde una comunidad autónoma al Estado (modificación de leyes orgánicas por la simple enunciación en un Estatuto de Autonomía).
•La violación del mecanismo constitucional de delegación o transferencia de competencias (art.150.2) por la simple enunciación en un Estatuto.
•La fragmentación de la soberanía nacional mediante la reducción del cuerpo constituyente para la toma de decisiones que competen al conjunto de ciudadanos de la nación. Así fue en la propuesta del Parlamento Vasco conocida como Plan Ibarretxe que pretendía declarar al País Vasco Estado Libre Asociado. Fue rechazada por el Congreso de los diputados en febrero de 2005.
“Existen razones sobradas para hacer de la Constitución de 1978 un balance claramente positivo, pero esto no debe detenernos. En el marco de convivencia en libertad que la Constitución nos ofrece, debemos seguir trabajando hasta hacer plenamente efectivo todo el contenido social y democrático de la Constitución y convertir en realidad el proyecto de sociedad democrática avanzada.

Entre las principales críticas que se han hecho de las listas cerradas y bloqueadas tenemos:
•Que son poco democráticas, pues restringen las opciones de los electores.
•Que fortalecen la primacía de poder de los dirigentes partidistas.
•Que despersonalizan la relación entre representantes y representados, pues se vota al partido y no al candidato.
Existe acuerdo casi general en estas críticas, aunque también hay cierto escepticismo en que la apertura de las listas electorales pueda generar una solución salvífica. Sin tener que indagar demasiado se podría argumentar que en España ya existen listas desbloqueadas, las que se presentan para la elección de los senadores, sin que hayan aportado grandes avances en los problemas de representatividad que se denuncian.

Se pretende imponer a la totalidad del pueblo catalán la lengua que utiliza la mitad de la población, pero que es la propia —ahora sí— de los políticos catalanes. Se comprende por qué los nacionalistas y allegados no quieren que se hable de las lenguas que se utilizan en Cataluña. Todos procuran desviar la mirada, permitiendo así un quebrantamiento de las raíces culturales de numerosos ciudadanos de Cataluña. Son muchos los catalanes que podrían hoy decir como Juan Luis Vives en su época: «Pasamos tiempos difíciles en los que no se puede hablar ni callarse sin peligrar».
Se hace urgente y necesaria una reforma que proteja el catalán y el castellano, que impida la inmersión lingüística en una sola lengua, sea esta el catalán o el castellano.
Es hora de que los nacionalismos centrípeto y centrífugo orienten sus trabajos hacia la consolidación del Estado autonómico, aceptando los nuevos límites marcados por las reformas estatutarias de la VIII legislatura y por las sentencias del Tribunal Constitucional y de que transformen su estrategia de confrontación en una de cooperación y colaboración del Estado y las comunidades autónomas y de estas entre sí.
Si los nacionalismos aceptaran una propuesta semejante a la aquí expresada, el futuro de España estaría garantizado hacia el progreso y la libertad, con un reconocimiento sincero y leal de la diversidad, de la identidad propia de cada comunidad, y sin que ello impida un proyecto común para todos los españoles.
Uno de los problemas es que las principales fuerzas políticas, de la izquierda y de la derecha, muestran un insólito interés, hasta entusiasmo, por los derechos históricos, producto de una tradición reaccionaria. La práctica de lo políticamente correcto tiene sellada la boca de populares, socialistas y populistas, todos amparando con su silencio una visión historicista del Estado que desconoce la construcción de una nación plenamente democrática. Repiten con insistencia que la única salida a los problemas territoriales es la de un Estado federal sin comprender o conocer que ese modelo de Estado está fundamentado sobre el principio de igualdad que se da de bruces con la desigualdad que provoca someter a los ciudadanos a un historicismo ventajista, capaz de extraer del arcano «derechos históricos» las más lacerantes desigualdades.
Estamos ante un escenario político enervante, defender los derechos históricos se considera un signo de progreso, reclamar que los titulares de los derechos son las personas, no los territorios, y que la voluntad de los ciudadanos no puede ser rehén subordinado a la historia, como un ejemplo de centralismo conservador. Es el mundo vuelto del revés y aunque algunos lo ven y lo lamenten, son pocos los que se atreven a expresarlo.

El futuro de la nación española necesita de un sentimiento nacional. Amar a la patria tiene que dejar de ser un emblema de la derecha reaccionaria que durante años expropió al conjunto de los españoles de conceptos que son de todos. Las personas con pensamiento libre, abierto no pueden seguir regalando el concepto de España a los sectores más reaccionarios. España es de todos y si no es reivindicada por los progresistas, seguirá aprisionada en el aprisco de la más conservadora derecha.
Creer y defender los valores de la Constitución favorece una sociedad unida y solidaria.
Ha llegado el momento de que los progresistas se despojen de los prejuicios y proclamen su patriotismo. Yo seguiré luchando por la España en la que creo.
Termino, la unidad de España no es otra cosa que la igualdad entre españoles, así de simple, así de democrático. Es este el principio fundamental de la construcción de nuestra España.

* Book with direct criticism to all those who despise the constitution and its achievements, for the amnesic by action and omission, especially for the current president of the government.
* This is the part that I liked the least, given that maybe writing a letter to the president of the government would have been less exposed, since because of that, I gather that they have tried it in all the ways and it has not been possible.
* The work also addresses the possible constitutional reforms that on the other hand could already have been carried out by his party and the popular avoiding these muds.
* As conclusion an acceptable book, especially for the moment and with a fair and clear idea, on how to value what has been achieved and how easy it is to lose it, criticism of the matches is interesting and fair, however, it is nothing new for someone who follows the policy daily, which according to the work, the current president and his government are not aware.

The last attempt against the Constitution, read against freedom and democracy, has been perpetrated by Catalonian nationalism. Precisely who shows the maximum representation of the State in its autonomous community rises against the State, violating the Constitution, and in a novel way, combining the hidden conspiracy with the astonishing effrontery of using television to flaunt the provocation to the law and peace .
But it has been the lukewarm reaction of a part of the society at the time of rejecting the collection of lies, gross and extensive, that the nationalistic leaders have spread by all the means at their reach, which alarms produces more. Not satisfied with the deception they have designed a ridiculous “exile” plan to damage the image of Spain, very favorable since the Political Transition. They have spread in Europe a description of Spain as a country where human rights are not respected, political dissidents are persecuted and violence is used against innocent citizens who demand freedom.
Although nationalism insists that there is a conflict between Catalonia and Spain, it can be clearly stated that the conflict is internal to Catalonia, that nationalism has broken the unity of the Catalan people. The heads of the Catalonian institutions have pushed a part of the Catalan population to sustain a conflict with the State, whose consequences few seem to notice, but which has already destroyed some things.
The politicians in favor of respecting the Constitution have seen with discomfort, but without a concern that they could not bear, how nationalism proceeded to corral the non-nationalists in Catalonia, through a continuous policy of intimidation; and those belonging to the left have not said enough to the vain attempt to make compatible the exclusive discourse of nationalism with progressive positions.

In June 2018 a motion of censure triumphed for the first time in Spanish democracy. The Socialist Party had presented it as a candidate for Pedro Sánchez. It was supported by all the groups of the House except the Popular Party, which held the Government, and Citizens. The rest, Unidos Podemos, PNV, PdeCat, ERC, Commitments and other small groups agreed because they had a common goal, shared by the parties and probably by the majority of the citizens, the withdrawal of the government from President Mariano Rajoy.
The right has described this motion of censure as illegitimate. Hence, the most extremist sectors have named the new squat president, that is, he has held the presidency without the legal title to do so.
It is not true, the motion of censure has been completely legal and legitimate, because it has had the number of votes required by the Constitution. Therefore, the propaganda campaign against the legitimacy of the motion is part of the radicalization of the right that badly supports the loss of power.
They can not deny Pedro Sanchez a great skill, defenestrado of the PSOE general secretariat, regained the position through primary elections and reached the presidency of the Government with the group of deputies less numerous of the PSOE of the forty years of democracy. How has this amazing transformation been possible?
Two new parties have emerged, Ciudadanos and Podemos, although this last acronym does not respond only to that of a party, but to a coalition of several parties that present themselves in the propaganda as one.
Ciudadanos was born in Catalonia to oppose the discriminatory policy of the Nationalist Government of the Generalitat (Generalitat). They took the discourse that the socialists of the PSC had abandoned, now in an ambiguous zone, indeterminate between socialism and nationalism. Citizens snatched the votes of the Castilian-speakers who were once loyal to the Socialist party and held back what the selfish ambition of nationalism could, until they won the last regional elections. By jumping into national politics you have been able to see an inclination to reach some kind of understanding with the most powerful economic and financial groups, which will put a brake on your electoral possibilities, since voters will not have all the data but they have with a fine intuition.
We can have a more complex origin; in part they are standard bearers of the movement of the indignant, in part they are heirs of the old communists (hence their hostility to the PSOE, which comes from 1921, when socialism refused to follow the guidelines of the Soviet Union). They appear as the enemies of the caste, so they called them -they do not use the term- those who belonged to the elite who enjoyed all the privileges, always according to them. It is what explains the soflamas of its leader against the owners of house with garden. Until they have agreed to that kind of enjoyment. Their performance shows that they did not want to end the caste, they wanted a caste inversion, a change of their position.

We live a moment of great complexity in the political organization of society. Democracy has some rules that define it and whose respect for political actors, parties, is essential to be able to speak of a democratic society.
There are two fundamental norms that betray the democratic quality of a society. The first is respect for the rules of the game of politics, that is, the Constitution. The political parties must make an explicit declaration of the acceptance of the Constitution, respect for the rights and obligations implied by the recognition of the Constitution, and also the unambiguous condemnation of the violation of the fundamental norm.
The second indispensable rule of democracy is the acceptance by political parties of the legitimacy of rival parties. Is this rule respected in the Spain of 2018? Not in a convincing way.
The laws are mandatory for everyone. The political moment is characterized by a profound generational renewal of the leaders. It is a phenomenon that should be hopeful: Casado, Sánchez, Iglesias and Rivera are young people who could bring new projects, new approaches to reality that allow renewal in the continuity of the nation. But, in a certain way, all of them act under the syndrome of Adam, it is as if they were the first, those who inaugurate Spanish politics, contemplate with indifference the last forty years of Spain, the longest term of democracy in the history of our country, which generates a certain Caesarism, each of them is considered the only one in the political arena, dismissing without need of study the projects of others.

The campaign against the king that nationalists and populists have undertaken is not motivated by a question of principles, it is a strategy to modify the current constitutional architecture. Nationalism aims to break the nation and the populists are committed to a model of non-representative democracy, a plebiscitary democracy, assembly, which for its vulnerability to manipulation, soon ceases to be democratic. They attack the king because they consider that the demolition of the monarchy would assure them a constituent process in which they would try their separatist and anti-democratic objectives. That is why it is basic to understand that they do not attack the king, attack the Constitution, attack democracy, attack freedom.
The Spanish monarchy is the only European monarchy that enjoys democratic legitimacy of origin, subject to debate and decision in Parliament and to endorsement by a very large majority, almost 90 percent of Spaniards.

Wether I could participate again in the process of political transition that Spain lived, I would change many of the decisions of that time, but if the same circumstances were repeated I think we would do something very similar. The Spaniards of tomorrow will know better than we do what it meant the resignation of part of the ideas dear to the benefit of the great majority of the Spanish people. A feat to be proud of.
The Spanish Constitution of 1978 is a good Constitution. It is democratic, modern, advanced and supportive. Declares that Spain is constituted in a social and democratic State of law, is based on the indissoluble unity of the nation, guarantees the autonomy of nationalities and regions; protects Spaniards with a detailed and comprehensive list of rights and freedoms and guarantees all persons the right to obtain effective protection of judges and courts; certifies that all Spaniards are equal before the law and rejects any discrimination based on birth, race, sex, religion, opinion or any other personal or social circumstance; It makes the public authorities responsible for promoting the conditions for the freedom and equality of the individual to be real and effective; and instructs public authorities to remove obstacles that hinder or hinder their fullness (of freedom and equality); recognizes the right to collective bargaining between workers and employers …
The concepts enunciated here, and many others that could be cited, make the current Constitution a text of great quality. However, some changes may be convenient; in no case a total revision, nor a new constituent process, absolutely unnecessary and that does not have the necessary support in the current composition of the Chambers. In short, reform of the Constitution, no; reforms in the Constitution, yes.

The reforming tension is centered in the distribution of the territorial power, in the changes that are tried in the title VIII of the Constitution.
In fact, we have already attended several attempts to reform the Constitution without adjusting to the reform procedure established by it, through the provisions of the autonomous communities. You can list those attempts:
• The operation of «shielding» of the own competences in order to prevent the laws of bases of the State that harmonize the autonomic legislation as it establishes the article 150.3.
• The system of legislative mandate from an autonomous community to the State (modification of organic laws by simple enunciation in a Statute of Autonomy).
• The violation of the constitutional mechanism of delegation or transfer of powers (art.150.2) by the simple enunciation in a Statute.
• The fragmentation of national sovereignty through the reduction of the constituent body for the decision-making of the nation’s citizens. This was the proposal of the Basque Parliament known as the Ibarretxe Plan that sought to declare the Basque Country Commonwealth. It was rejected by the Congress of Deputies in February 2005.
“There are plenty of reasons to make the 1978 Constitution a clearly positive balance, but this should not stop us. In the context of living together in freedom that the Constitution offers us, we must continue working to fully implement all the social and democratic content of the Constitution and make the project of an advanced democratic society a reality.

Among the main criticisms that have been made of the closed and blocked lists we have:
• That they are not very democratic, because they restrict the options of the electors.
• That they strengthen the primacy of power of the partisan leaders.
• That they depersonalize the relationship between representatives and represented, because the party is voted and not the candidate.
There is almost general agreement on these criticisms, although there is also some skepticism that the opening of the electoral lists can generate a salvific solution. Without having to dig too much, it could be argued that in Spain there are already unblocked lists, which are presented for the election of senators, without having made great advances in the problems of representativeness that are denounced.

The aim is to impose on the whole of the catalonian people the language used by half of the population, but which is the proper one – now it is – of the Catalan politicians. It is understandable why nationalists and close friends do not want to talk about the languages ​​used in Catalonia. All try to look away, thus allowing a breach of the cultural roots of many citizens of Catalonia. There are many Catalans that today could say as Juan Luis Vives in his time: “We spent difficult times in which you can not talk or shut up without danger”.
It is urgent and necessary a reform that protects Catalan and Spanish, which prevents the linguistic immersion in a single language, be it Catalan or Castilian.
It is time for the centripetal and centrifugal nationalisms to direct their work towards the consolidation of the autonomous State, accepting the new limits set by the statutory reforms of the 8th legislature and by the Constitutional Court’s judgments and transforming its confrontation strategy into one of cooperation and collaboration of the State and the autonomous communities and of these among themselves.
If nationalisms accept a proposal similar to that expressed here, the future of Spain would be guaranteed towards progress and freedom, with a sincere and loyal recognition of diversity, of the identity of each community, and without preventing a project common for all Spaniards.
One of the problems is that the main political forces, of the left and of the right, show an unusual interest, even enthusiasm, for historical rights, the product of a reactionary tradition. The practice of what is politically correct has sealed the mouths of the popular, socialist and populist, all sheltering with their silence a historicist vision of the State that does not know the construction of a fully democratic nation. Repeat with insistence that the only way out of territorial problems is that of a federal state without understanding or knowing that this model of the State is based on the principle of equality that goes hand in hand with the inequality caused by subjecting citizens to a historicism advantageous, capable of extracting from the arcane “historical rights” the most striking inequalities.
We are facing an unnerving political scenario, defend historical rights is considered a sign of progress, claim that the holders of rights are people, not territories, and that the will of citizens can not be held hostage to history, as an example of conservative centralism. It is the world turned inside out and although some see it and regret it, few dare to express it.

The future of the Spanish nation needs a national feeling. Loving the country must stop being an emblem of the reactionary right that for years expropriated all Spaniards from concepts that belong to everyone. People with free, open thinking can not continue giving away the concept of Spain to the most reactionary sectors. Spain belongs to everyone and if it is not claimed by the progressives, it will remain imprisoned in the fold of the most conservative right.
Believing and defending the values ​​of the Constitution favors a united and solidary society.
The time has come for progressives to shed their prejudices and proclaim their patriotism. I will continue fighting for the Spain in which I believe.
Term, the unity of Spain is nothing other than equality between Spaniards, as simple as that, democratic. This is the fundamental principle of the construction of our Spain.

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