Diez Mil Millones — Stephen Emmott / Ten Billion by Stephen Emmott

Si habéis visto el documental de 10000 millones como yo habia hecho, os defraudara bastante porque no deja de ser una traduccion literal del documental, sin absolutamente nada nuevo, si en cambio no habeis visto el documental, está muy bien con un argumento interesante.

En la actualidad explotamos con fines agrícolas el 40 por ciento de la superficie del planeta.
La tierra restante consiste en:
1. Las regiones ártica y antártica.
2. El Sáhara y grandes zonas de Australia, ninguna de las cuales es aprovechable para la agricultura. Tundras de Siberia y otros lugares, que tampoco son aprovechables para la agricultura; por ahora.
3. Los lugares en que vivimos: ciudades y pueblos, más la espectacular infraestructura que los acompaña, es decir, redes viarias y ferroviarias, puertos y aeropuertos.
4. Áreas protegidas, por ejemplo los parques nacionales.
5. La tierra utilizada para extraer los limitados recursos de la Tierra: carbón, petróleo, oro, tierras raras, hierro, cobre, zinc, minerales y fosfatos.
6. Bosques controlados que se emplean para la producción maderera.
Desde el año 2000 ha habido decenas de millares de compraventas de tierras en las que han estado implicados gobiernos, grandes empresas, grupos empresariales diversificados, fondos de inversión libre e instituciones sin definición concreta de países como China, Arabia Saudí, Qatar, Noruega, Francia, Reino Unido, Alemania, Indonesia y Estados Unidos.
Estas organizaciones vienen comprando grandes cantidades de tierra en diversas regiones, entre ellas el África subsahariana, Asia y Sudamérica. Las adquieren para obtener madera, metales, minerales, tierras raras y fosfatos, o simplemente para deforestarla con vistas a la explotación ganadera o agrícola.
La diversidad de la vida en la Tierra –esa diversidad que estamos destruyendo a pasos agigantados– es la que produce y aporta multitud de funciones vitales planetarias, entre ellas numerosos «servicios ecosistémicos», es decir, las cosas que la naturaleza nos da «gratis». Por ejemplo, el agua, la comida y el clima.

Que aumente la necesidad de comida no es sorprendente. Lo sorprendente es que la necesidad de comida aumente a un ritmo mucho mayor que el crecimiento de la población.
¿Por qué? Hay tres explicaciones.
La primera es que hay más personas que consumen más comida. Conforme aumenta el PIB (Producto Interior Bruto: el indicador oficial de la riqueza de un país y de sus habitantes), aumenta igualmente el consumo de calorías. Cuanto más ricos somos (o cuanta menos pobreza tenemos), más comida consumimos.
La segunda explicación es que un número mayor de ciudadanos no sólo consumen más, sino que consumen más variedad de productos. En concreto, un número creciente de personas de regiones en vías de desarrollo, como Brasil, África y China, come más carne.
La tercera, que comer, para centenares de millones de consumidores, se ha vuelto un pasatiempo, una diversión.
Lo cual aumenta más aún la necesidad de producir comida y de explotar la tierra. Un mayor consumo de carne significa una mayor producción de soja. La soja es un alimento animal de primer orden y se usa porque es un medio rápido de producir proteína animal. La creciente explotación del suelo para producir soja que alimente al ganado, más el creciente uso de la tierra para mantenerlo, incrementan con un significativo valor añadido la explotación de la tierra y la deforestación.

Mientras nuestros políticos, nuestros empresarios y nuestra propia estupidez se encarguen de que sigamos siendo mortalmente adictos al petróleo, al gas y al carbón, convendría señalar que centenares de millones de personas sin recursos queman leña diariamente para ir tirando.

La Revolución Verde fue un mito.
Lo que necesitamos es una revolución alimentaria. Pero ésta es una revolución que necesitará una ciencia radicalmente distinta.
En pocas palabras, tenemos que consumir menos. Mucho menos. Radicalmente menos. Y necesitamos conservar más. Mucho más.
Para realizar un cambio tan radical en nuestro comportamiento, necesitaremos además una radical acción oficial.
Pero en lo referente a esta clase de cambio, los políticos son actualmente parte del problema, no parte de la solución, porque las decisiones que hay que tomar para implementar un cambio de conducta significativo harán muy impopulares a los políticos; será inevitable; y ellos lo saben muy bien.

Esto es más un panfleto que un libro y lo encontrará alarmantemente delgado si está esperando un libro adecuado con un argumento coherente basado en una profunda comprensión de la evidencia. Esto es más como un manifiesto. El autor está ansioso por convencernos de su caso y no permite que aparezca nada que sea en absoluto contradictorio por temor a que pueda confundir los problemas. Por lo tanto, no hay sombras de gris ni se puede encontrar ningún análisis alternativo. Esto inevitablemente debilita el trabajo y el resultado es más simplista y, al final, un tanto soso. Estoy seguro de que el autor es un individuo sincero y bien intencionado, pero estos temas importantes requieren una discusión mucho más seria y profunda que cualquier otra cosa que se ofrezca aquí.
En casi todas las páginas hay “hechos” pero hechos cuidadosamente seleccionados para presentarnos un pronóstico cargado de condena unidimensional e invariable.
Genial, otro libro que señala los fracasos de la raza humana. Oh, bueno, solo somos humanos. Soy un ardiente ecologista, pero libros como este no ayudan, ya que todo es desesperación y ninguna esperanza, mientras que los libros como Tony Juniper “Qué ha hecho la naturaleza por nosotros” y “Farmageddon” de Phillip Lymbery nos dicen cosas malas pero también nos dicen Lo que podemos hacer para mejorar las cosas.
Este libro parece pensar que la raza humana está condenada, lo cual es claramente una tontería, ya que probablemente sea la especie más adaptable del planeta. Tal vez la población alcanzará un máximo de 10 mil millones y luego disminuirá, pero los ambientalistas contemporáneos dicen que la población humana ideal sería de alrededor de mil millones, por lo que tal vez habrá una disminución gradual de este número, pero difícilmente nos extinguiremos.
Yo digo que vaya a comprar un automóvil eléctrico para que la tecnología esté ahí para la sociedad de post-hidrocarburos que tendremos en unos pocos cientos de años.

If you have seen the ten billion documentary like I had done, you will be disappointed because it is a literal translation of the documentary, without anything new, if you have not seen the documentary, it is very well with an interesting argument.

At present, we exploit 40 percent of the planet’s surface for agricultural purposes.
The remaining land consists of:
1. The Arctic and Antarctic regions.
2. The Sahara and large areas of Australia, none of which is profitable for agriculture. Tundras of Siberia and other places, which are also unusable for agriculture; for now.
3. The places where we live: cities and towns, plus the spectacular infrastructure that accompanies them, that is, road and rail networks, ports and airports.
4. Protected areas, for example national parks.
5. The land used to extract the limited resources of the Earth: coal, oil, gold, rare earths, iron, copper, zinc, minerals and phosphates.
6. Controlled forests that are used for timber production.
Since 2000, there have been tens of thousands of land purchases involving governments, large companies, diversified business groups, hedge funds and institutions without specific definition of countries such as China, Saudi Arabia, Qatar, Norway, France. , United Kingdom, Germany, Indonesia and the United States.
These organizations have been buying large amounts of land in various regions, including sub-Saharan Africa, Asia and South America. They acquire them to obtain wood, metals, minerals, rare earths and phosphates, or simply to deforest it with a view to livestock or agricultural exploitation.
The diversity of life on Earth – that diversity that we are destroying by leaps and bounds – is what produces and provides a multitude of vital planetary functions, including numerous “ecosystem services”, that is, the things that nature gives us «for free » For example, water, food and climate.

Increasing the need for food is not surprising. The surprising thing is that the need for food increases at a much faster rate than the population growth.
Why? There are three explanations.
The first is that there are more people who consume more food. As the GDP increases (Gross Domestic Product: the official indicator of the wealth of a country and its inhabitants), it also increases the consumption of calories. The richer we are (or the less poverty we have), the more food we consume.
The second explanation is that a greater number of citizens not only consume more, but consume more variety of products. Specifically, a growing number of people from developing regions, such as Brazil, Africa and China, eat more meat.
The third, that eating, for hundreds of millions of consumers, has become a hobby, a diversion.
Which further increases the need to produce food and to exploit the land. A higher consumption of meat means a higher production of soybeans. Soy is an animal feed of the first order and is used because it is a fast means of producing animal protein. The increasing exploitation of the soil to produce soybeans that feed the livestock, plus the increasing use of land to maintain it, increase the exploitation of land and deforestation with a significant added value.

While our politicians, our businessmen and our own stupidity take care that we continue to be mortally addicted to oil, gas and coal, it should be noted that hundreds of millions of people without resources burn wood daily to pull.

The Green Revolution was a myth.
What we need is a food revolution. But this is a revolution that will need a radically different science.
In short, we have to consume less. A lot less. Radically less. And we need to keep more. Much more.
To make such a radical change in our behavior, we will also need a radical official action.
But in relation to this kind of change, politicians are currently part of the problem, not part of the solution, because the decisions that have to be taken to implement a significant change in behavior will make politicians very unpopular; it will be inevitable; and they know it very well.

This is more a pamphlet than a book and you will find it alarmingly thin if you are expecting a proper book with a coherent argument based on a deep understanding of the evidence. This is more like a manifesto. The author is anxious to convince us of his case and doesn’t allow anything to appear that is at all contradictory for fear that it might just blur the issues. So there are no shades of grey or any alternative analysis to be found. This inevitably weakens the work and the result is over simplistic and in the end somewhat bland. I’m sure the author is a sincere and well meaning individual but these important issues require much more serious and penetrating discussion than anything being offered here.
ON almost every page there are ‘facts’ but carefully selected facts to present us with a one dimensional and unvarying doom-laden prognosis.
Great, another book pointing out the failures of the human race. Oh well, we’re only human. I am an ardent environmentalist but books like this don’t help as it’s all despair and no hope, whereas books like Tony Juniper’s ‘What has nature ever done for us’ and Phillip Lymbery’s ‘Farmageddon’ tell us the bad stuff but also tell us what we can do to make things better.
This book seems to think that the human race is doomed which is clearly nonsense as we are probably the most adaptable species on the planet. Maybe the population will peak at 10 billion and then decline but contemporary environmentalists say that the ideal human population would be around 1 billion so maybe there will be a gradual decline to this number, but we’ll hardly be extinct.
I say go buy an electric car so the technology is there for the post-hydrocarbon society that we’ll have in a few hundred years.

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