Las Indómitas — Elena Poniatowska / The Indomitable Ones* by Elena Poniatowska

La escritura de Poniatowska, más periodística que literaria es siempre vívida y posee un encanto especial. A lo largo de su ya muy dilatada trayectoria se ha ocupado de señalar las vidas y obras de muchas mujeres esenciales en la vida de México, país muy denostado en los medios, pero que sin embargo cuenta con una impresionante multitud de mujeres excepcionales, cuya existencia y gran reconocimiento de sus contemporáneos hace tambalear el muy manido y a menudo injusto tópico del machismo mexicano. Ya quisieran muchos países (incluida España), tener una pléyade femenina y/o feminista como la que Elena Poniatowska muestra aquí. Una lectura que considero imprescindible. Vitalista, sincera, pujante, excepcional en la forma y en el fondo y que incluye un anexo fotográfico

Jesusa Palancares murió en su casa, Sur 94, Manzana 8, Lote 12, Tercera Sección B, Nuevo Paseo de San Agustín. Más allá del aeropuerto, más allá de Ecatepec, el jueves 28 de mayo de 1987 a las siete de la mañana. En realidad, se llamaba Josefina Bórquez, pero cuando pensaba en ella pensaba en Jesusa.
Murió igual a sí misma: inconforme, rejega, brava. Corrió al cura, corrió al médico; cuando pretendí tomarle la mano, dijo: «¿Qué es esa necedad de andarlo manoseando a uno?». Nunca le pidió nada a nadie; nunca supo lo que era la compasión para sí misma. Toda su vida fue de exigencia. Como creía en la reencarnación, pensó que esta vez había venido al mundo a pagar deudas por su mal comportamiento en vidas anteriores. Reflexionaba: «He de haber sido un hombre muy canijo que infelizó a muchas mujeres», porque para ella ser hombre era sinónimo de portarse mal.

La masacre de estas soldaderas y la violación de las mujeres de Namiquipa fueron las mayores atrocidades que cometió Villa contra la población civil durante sus años como revolucionario. Constituyeron un cambio fundamental en la conducta que había seguido antes de su derrota de 1915, hasta ese momento, prácticamente todos los observadores habían quedado impresionados por la disciplina que Villa mantenía y por sus esfuerzos por proteger a los civiles y en especial a los miembros de las clases más bajas.
Josefina Bórquez, alias Jesusa Palancares, quien pertenecía al ejército constitucionalista, cuenta en Hasta no verte Jesús mío que fue detenida con cuatro casadas en Guerrero —nidada de zapatistas— entre Agua del Perro y Tierra Colorada, y entregada al general Zapata en persona.
Es justo recordar que mucho antes de la Revolución mexicana, en los inicios de la Independencia, varias mujeres tuvieron un papel destacado. Entre ellas Antonia Nava, quien nació en Tixtla, en 1779. Antonia Nava fue mujer del insurgente Nicolás Catalán a quien siguió y cuyos hijos crecieron en la lucha armada y fueron entrenados para lidiar con la muerte. Otro ejemplo, entre los que aporta Celia del Palacio, es María Josefa Martínez, esposa de Miguel Montiel, quien convirtió su rancho «en cuartel de operaciones de los insurgentes que dominaban la zona desde los llanos secos cercanos al pico de Orizaba y al volcán Sierra Negra, hasta los bosques de niebla y selvas húmedas cercanas a Huatusco». Cuando asesinaron a su marido, María Josefa se unió a Manuel Marroquín, asistente y compañero del difunto. Se vistió de hombre y los rancheros le tenían más miedo que a sus compañeros varones: «Para protegerse del frío de la montaña, usaba un capote de paño oscuro que le era muy útil para ocultar sus intenciones».

La escritura de Nellie Campobello es fulgurante. Escribe a gritos. Ninguna otra escritora mexicana es tan abrupta, tan arisca, tan peligrosa, tan dinamita. Explota pero también analiza. Nellie tiene la misma capacidad que Martín Luis Guzmán para juzgar la Revolución, la pistola al cinto, las frases listas para salir de su cartuchera. ¡Ah, jijos! Sin embargo, es mujer y no la toman en cuenta. Al rato la escritora se desencanta de tanta pasión sin objetivo. También ella vivió la Revolución mexicana, fue parte de ella; conoció la indignación; tuvo arranques de cólera frente a la injusticia; dividió el mundo entre buenos y malos; se hizo ilusiones. La tragedia del bien y del mal nunca le fue ajena, aunque sus juicios y su tabla de valores nos desconcierten. Vencer o ser vencidos eran sus dos opciones y nunca se resignó a la derrota. Cuando vio que escribía en el vacío, decidió entregarse a la danza, que es una de las grandes dinámicas redentoras de la vida, al aliento del que hace que tanto hombre como mujer vuelen sobre el escenario. El movimiento nos salva y saca a flote al jaguar que traemos dentro, que ella solo pudo domesticar.

Rosario Castellanos fue una gran escritora mexicana, si no grande en sus logros, grande en sus aspiraciones. Y grande sobre todo el amor que suscitó y nos sigue inspirando. Antes que ella, nadie sino Sor Juana se entregó realmente a su vocación. Ninguna vivió para escribir. Rosario es fielmente eso: una creadora, una hacedora de libros. Sus libros —poesía y prosa— son el diario de su vida. Y su vida estuvo marcada por la muerte. Había en ella, como en la tragedia griega, la mitad de un rostro risueño y la otra de uno que llora. Su esfuerzo a lo largo de cuarenta y nueve años de vida —un esfuerzo moral— nos la hace valiosa, entrañable. Rosario completó su obra con su vida y entre las dos —vida y obra, rostro que ríe, rostro que llora—. Supo que escribir era su oficio, pero desde un principio vivió su doble condición: mujer mexicana, mujer latinoamericana, mujer y marginada. Testigo de su propio aislamiento y de su impotencia, quiso hacerlos evidentes. Nunca mintió, nunca fingió; salvaguardó siempre su verdad interna. Al hacerlo, ella misma se condenó de antemano, puso a la vista de todos el total de sus limitaciones. Nunca hizo nada por escapar a la maldición; en realidad no creo que deseara salvarse.

¿Por qué es tan silenciada en México la situación de las sirvientas? Porque su misma condición de sirvientas, como ya lo vimos, borra su voz. A las sirvientas, cuando están, se les olvida; toda su formación, el entrenamiento que reciben tiende a nulificarlas. Una buena sirvienta no debe hacerse oír ni ocupar espacio, debe pasar inadvertida. Es como el quehacer doméstico. Le sucede lo que a la escoba y al recogedor: solo existen cuando no hay. De que un gremio conforma a otro no cabe la menor duda, de que los dos bandos son enemigos, he aquí una prueba.

Durante cuarenta años he visto a Marta Lamas pasar de feminista militante y vociferante a espléndida teórica del género, de gestora de asuntos a generadora de proyectos colectivos y creadora de instituciones y publicaciones, de intelectual y académica a presencia política formidable en el panorama nacional. Es la única feminista en México que conjuga con seriedad esos muchos planos, que por lo general se dan separados, y eso es muy importante porque la lucha por las mujeres requiere de todas esas capacidades y modos de acción.
En algunas de esas etapas caminamos juntas, en otras no. No por desacuerdos ni diferencias en cuanto al objetivo, sino más bien en cuanto al modo de interpretar ciertas situaciones, de seguir a ciertos intelectuales y, sobre todo, al tipo de población a quienes apuntar para conseguirlo. Paradójicamente, dichas diferencias y desacuerdos han surgido por seguir el consejo de la propia Marta Lamas en uno de sus libros, según el cual lo que nos hace falta es hacer nuevas preguntas y ver las cosas desde otros ángulos.
Inteligente, apasionada, lúcida e irreverente, Marta Lamas es quizá la figura más singular del feminismo mexicano. Participa lo mismo en performances callejeros de protesta que en debates de altos vuelos. Y es quizá esa mezcla de activismo iconoclasta y riguroso trabajo Intelectual — indisociables en su caso— la que viste su singularidad.
Es una feminista atípica que no se toma muy en serio su papel. Apasionada por la teoría y el trabajo Intelectual, no comulga con las posturas del feminismo doctrinario. Lo de ella es la reflexión crítica y el intercambio de opiniones, y no la defensa a ultranza de posturas Intransigentes y sectarias. Por lo mismo, es una intelectual antisolemne a quien le aburren los discursos hechos y las luchas carentes de imaginación y de sentido del humor.
Marta Lamas también es toda una estratega política.
En el México corrupto en el que nos ha tocado vivir, Marta Lamas es un fenómeno único. Comprometida hasta el tuétano con una causa que a no pocos resulta incómoda ha llegado más lejos de lo que nadie podía prever. Sus convicciones, su valentía, su disciplina, su inteligencia y su ironía no solo la definen como defensora de los derechos de la mujer y de las minorías sexuales sino que la coronan como una digna e indómita Adelita del siglo XXI a la que —seguramente— (una generala de la Revolución) admitiría entre su tropa.

Poniatowska’s writing, more journalistic than literary, is always vivid and has a special charm. Throughout her already long career, she has focused on pointing out the lives and works of many essential women in the life of Mexico, a country that is very reviled in the media, but which nonetheless has an impressive array of exceptional women, whose existence and great recognition of his contemporaries shakes the very hackneyed and often unfair topic of Mexican machismo. They would like many countries (including Spain), to have a feminine and / or feminist plot like the one Elena Poniatowska shows here. A reading that I consider essential. Vitalist, sincere, powerful, exceptional in form and substance and that includes a photographic annex

Jesusa Palancares died at home, South 94, Block 8, Block 12, Third Section B, New St. Augustine Walk. Beyond the airport, beyond Ecatepec, on Thursday, May 28, 1987 at seven in the morning. Actually, her name was Josefina Bórquez, but when she thought of her, she thought of Jesusa.
She died the same as herself: dissatisfied, rejega, brava. He ran to the priest, ran to the doctor; when I pretended to take his hand, he said: “What is that foolishness of walking around touching one?” He never asked anyone for anything; she never knew what compassion was for herself. All his life was demanding. As he believed in reincarnation, he thought that this time he had come into the world to pay debts for his bad behavior in previous lives. He reflected: “I must have been a very small man who unhappy many women,” because for her being a man was synonymous with misbehaving.

The massacre of these soldaderas and the rape of the women of Namiquipa were the greatest atrocities that Villa committed against the civilian population during his years as a revolutionary. They constituted a fundamental change in the behavior he had followed before his defeat in 1915, until then, virtually all observers had been impressed by the discipline that Villa maintained and by his efforts to protect civilians and especially members of the lowest classes.
Josefina Bórquez, alias Jesusa Palancares, who belonged to the constitutionalist army, tells in Hasta no verte Jesús mi mío that she was arrested with four married women in Guerrero -anidada of Zapatistas- between Agua del Perro and Tierra Colorada, and delivered to General Zapata in person.
It is fair to remember that long before the Mexican Revolution, at the beginning of Independence, several women played a leading role. Among them Antonia Nava, who was born in Tixtla, in 1779. Antonia Nava was a woman of the insurgent Nicolás Catalán whom she followed and whose children grew up in the armed struggle and were trained to deal with death. Another example, among those contributed by Celia del Palacio, is María Josefa Martínez, wife of Miguel Montiel, who converted his ranch “into the operations headquarters of the insurgents who dominated the area from the dry plains near the Orizaba peak and the Sierra volcano. Black, to the cloud forests and humid jungles near Huatusco. ” When her husband was murdered, María Josefa joined Manuel Marroquín, assistant and companion of the deceased. He dressed as a man and ranchers feared him more than his male companions: “To protect himself from the cold of the mountain, he wore a cloak of dark cloth that was very useful to hide his intentions”.

The writing of Nellie Campobello is brilliant. Write loudly. No other Mexican writer is so abrupt, so unruly, so dangerous, so dynamite. It explodes but also analyzes. Nellie has the same capacity as Martín Luis Guzmán to judge the Revolution, the pistol in his belt, the sentences ready to come out of his cartridge belt. Ah, heck! However, it is a woman and they do not take it into account. Soon the writer becomes disenchanted with so much passion without aim. She also lived the Mexican Revolution, was part of it; he knew the indignation; he had fits of anger in the face of injustice; divided the world between good and bad; He had illusions. The tragedy of good and evil was never alien to him, although his judgments and his table of values ​​disconcert us. Winning or being defeated were his two options and he never resigned himself to defeat. When he saw that he was writing in a vacuum, he decided to give himself up to dance, which is one of the great redeeming dynamics of life, to the breath of the one that makes both man and woman fly on stage. The movement saves us and brings out the jaguar that we bring inside, which she could only tame.

Rosario Castellanos was a great Mexican writer, if not great in her achievements, great in her aspirations. And great above all the love that aroused and continues to inspire us. Before her, no one but Sor Juana really gave herself to her vocation. None lived to write. Rosario is faithfully that: a creator, a book maker. His books-poetry and prose-are the diary of his life. And his life was marked by death. There was in her, as in Greek tragedy, half a laughing face and the other half of a weeping one. His effort over forty-nine years of life – a moral effort – makes us valuable, endearing. Rosario completed her work with her life and between the two – life and work, a face that laughs, a face that cries. He knew that writing was his job, but from the beginning he lived his double condition: Mexican woman, Latin American woman, woman and marginalized. Witness of his own isolation and his impotence, he wanted to make them evident. He never lied, he never pretended; He always safeguarded his inner truth. In doing so, she condemned herself in advance, she put all of her limitations before her eyes. He never did anything to escape the curse; I really do not think he wanted to save himself.

Why is the situation of the servants so silenced in Mexico? Because her very condition as servants, as we have already seen, erases her voice. The servants, when they are, forget them; all their training, the training they receive tends to nullify them. A good servant should not be heard or occupy space, should go unnoticed. It’s like housework. What happens to the broom and the collector happens: they only exist when there is not. Since one guild conforms to another there is no doubt, that both sides are enemies, here is a test.

For forty years I have seen Marta Lamas go from a militant and vociferous feminist to a splendid gender theorist, from a manager of issues to a generator of collective projects and a creator of institutions and publications, from an intellectual and academic to a formidable political presence on the national scene. She is the only feminist in Mexico who seriously combines these many plans, which are usually separated, and that is very important because the struggle for women requires all those capacities and modes of action.
In some of these stages we walk together, in others we do not. Not because of disagreements or differences in terms of the objective, but rather in the way of interpreting certain situations, of following certain intellectuals and, above all, the type of population to aim for. Paradoxically, these differences and disagreements have arisen by following the advice of Marta Lamas herself in one of her books, according to which what we need is to ask new questions and see things from other angles.
Intelligent, passionate, lucid and irreverent, Marta Lamas is perhaps the most singular figure of Mexican feminism. Participate the same in street protest performances as in high-flying debates. And it is perhaps this mixture of iconoclastic activism and rigorous intellectual work – inseparable in its case – that you see its uniqueness.
She is an atypical feminist who does not take her role very seriously. Passionate about Intellectual theory and work, she does not agree with the positions of doctrinal feminism. What is about it is critical reflection and the exchange of opinions, and not the defense at all costs of intransigent and sectarian positions. For the same reason, she is an anti-idemic intellectual who is bored by the speeches made and the struggles lacking in imagination and sense of humor.
Marta Lamas is also a political strategist.
In the corrupt Mexico in which we live, Marta Lamas is a unique phenomenon. Committed to the core with a cause that is not uncomfortable for many has gone further than anyone could have foreseen. Her convictions, her courage, her discipline, her intelligence and her irony not only define her as an advocate of the rights of women and of sexual minorities, but they crown her as a dignified and untrustworthy Adelita of the 21st century to which-surely- (a general of the Revolution) would admit among his troops.

*Thanks to Kathy from KY, The States, to my way of thinking she´s the one, I had a big err in the title of the book and she was so kindly… Thanks again my dear Kathy.

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