El Naufragio. La Deconstrucción Del Sueño Independentista — Lola García / The Shipwreck. The Deconstruction From Independence Dream by Lola García (spanish book edition)

Interesante. Crónica periodística sobre “el procés”, descripción minuciosa de sus numerosas mutaciones, desde su génesis como “pacto fiscal” hasta el alumbramiento del engendro de una “república no implementada”, así como de los múltiples organismos que, por este orden, lo han liderado, parasitado y han acabado siendo digeridos y excretados por él.
Narración veraz que sin tomar partido acaba presentado al lector una línea temporal y una nómina de personajes y sus acciones que acaban configurándose en una tesis: “el procesismo” como fin, un electoralismo constante, una forma de hacer política cortoplacista que sólo se nutre de las emociones del pueblo de las que al final todos acaban siendo prisioneros.
Muy interesante, aquí no se encuentran opiniones o conclusiones, sólo un recuento ordenado a través de una escritura ágil y limpia para que cada uno sepa de dónde viene todo y, una vez tenga esto claro, a dónde quiere ir.
La autora, periodista de La Vanguardia, nos ofrece un detallado relato que es una reconstrucción de los principales acontecimientos de estos últimos años en la política catalana. Para ello, se nos dice en el prólogo, ha procurado la objetividad, alejándose de las pasiones que tanto han contribuido a la actual situación. En ese sentido logra un libro muy legible, muy entretenido, y ciertamente objetivo y neutral, al no hacer distinciones entre “buenos” y “malos”.
Sin embargo, por poner alguna “pega”, para mi gusto reducir este tema tan complejo a una mera descripción de hechos, por muy objetiva que sea, hace que el libro cojee un poco, porque el lector encontrará los hechos que ya conoce en líneas generales pero no se adentra a explica por qué han sucedido. Es cierto que hay muchos detalles que no salieron en los periódicos y aquí conoceremos, pero la autora no realiza ni análisis de fondo ni interpretaciones. Hay que insistir en ello para que el posible lector no se desencante. En este libro no se entra a valorar argumentos.

El desgaste que supuso para Zapatero el intento de resolver el contencioso mediante un nuevo Estatut acabó por persuadirle de que abrir melones políticos en Cataluña solo podía abocarle a lidiar con una fuente inagotable de problemas. Cada vez que políticos, empresarios o periodistas le inquirían durante los cinco años del proceso catalán por qué no negoció, Rajoy replicaba que cualquier otorgamiento que pudiera hacer al independentismo habría sido insuficiente y no les habría convencido de que abandonaran esa meta.
En este corto, pero intenso, lapso de la historia de Cataluña, muchos más protagonistas tuvieron un papel destacado. Pero el independentismo alegaría a esta premisa que este fue sobre todo un movimiento «de abajo a arriba», que surgió del pueblo y su fuerza acabó por arrastrar a los políticos. Es evidente que la enorme movilización ciudadana que abrazó la idea de una separación de Cataluña del resto de España es un elemento fundamental que define este periodo. Sin ese impulso popular, nada habría sido igual. Otra cosa será el análisis de las causas profundas del malestar que llevó a tantos catalanes a la calle. De igual forma, el procés no habría avanzado sin el liderazgo político desde el poder de la Generalitat.
El contexto económico y social propició un hábitat adecuado para que germinara un fuerte y activo movimiento en favor del independentismo.
Una utopía disponible», es decir, una buena parte de los catalanes consideraron que esa salida estaba a su alcance. El sueño de borrar todo lo que se había corrompido para construir una sociedad sin mácula parecía posible. Precisamente, a la tarea de presentar la independencia (sea o no utópica) como una meta factible en un corto plazo de tiempo contribuyó de manera decisiva el Gobierno de Cataluña. Un Gobierno que, como hemos visto, acabó en prisión.

En la Moncloa el PP celebra su primer año de Gobierno, aunque puede calificarse de annus horribilis: subidas de impuestos, dos huelgas generales, paro desbocado, recortes… Rajoy y los suyos esperan respirar algo en 2013 y, desde luego, Cataluña no es ninguna prioridad. Pero Mas, lejos de virar la nave, decide continuar. En su investidura como president después de las elecciones, anuncia que pone «rumbo de colisión»
Mas presentará el libro blanco para la transición nacional en febrero de 2016 como una prueba de que la Generalitat no está lanzando a Cataluña a un abismo, sino que tiene planificado el día después de la independencia, si esta se logra aplicar. Es un instrumento que sirve para convencer a la sociedad de que todo es posible «si se hace bien». Se pretende garantizar así que en ningún momento se producirá un vacío legal. Más adelante esa idea se expresaría con la frase «pasar de la ley a la ley». Todo ello contribuye a potenciar la máxima que empieza a hacerse popular entre los independentistas, el «tenim pressa». La primera vez que surgió esa frase fue en 2010, antes de la gran manifestación de respuesta a la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, en un vídeo de Òmnium Cultural titulado Somniem (soñemos), inspirado en la canción de Lluís Llach. En él participan diferentes personalidades del mundo político, cultural y mediático catalán, desde Jordi Basté hasta Justo Molinero, Jordi Pujol, Lloll Bertran, Gerard Quintana o los sindicalistas Joan Carles Gallego y Josep Maria Álvarez, que recitan un texto que contiene referencias como «hemos aprendido a esperar y lo esperamos todo».
La inhabilitación preocupa a Mas de forma relativa, puesto que aún cree que puede apartarse un tiempo y regresar, pero el Tribunal de Cuentas les impondría a todos los encausados por el 9-N el pago de los gastos de la consulta, es decir, más de cinco millones de euros que han supuesto el embargo de sus bienes. El patrimonio de Mas y de sus consellers resulta perjudicado. El president lo considera un golpe bajo. Que le despojen de sus posesiones a él, y por tanto a su familia, es un revés que le llena de amargura e indignación.

A la dimisión de consellers se suma también la del director general de los Mossos, Albert Batlle, que en su carta de renuncia muestra su confianza en que la policía catalana cumplirá la ley. Es sustituido en el cargo por Pere Soler, partidario del referéndum unilateral y que, nada más ser nombrado, se ve envuelto en la polémica al conocerse que había tuiteado frases como «espero que nos vayamos ya porque me dais pena todos los españoles».
Acabada la purga en el Gobierno catalán, todos los que quedan saben que, a partir de ahora, no hay marcha atrás. Que deberán asumir las decisiones que tome Puigdemont y su Estado Mayor, aunque eso suponga poner en riesgo su patrimonio o incluso su libertad. Sin embargo, en el momento de tomar posesión de sus cargos, prefieren pensar que el pulso al Estado no acabará de forma tan dramática. Quieren creer que en algún momento alguien frenará. O que, en cualquier caso, las consecuencias no irán más allá de su inhabilitación para ocupar un cargo público. La realidad iba a ser mucho más dura de lo que, a estas alturas, son capaces de discernir.

El presidente blaugrana argumenta que el club debe ir justo un paso por detrás de lo que dicte la mayoría de la sociedad catalana y que defiende la libertad de expresión de los socios en el campo. Pero esa posición no suele convencer ni a un extremo ni al otro. A sus colaboradores les ha confesado en más de una ocasión que el independentismo ha intentado desbancarle porque no se pliega a sus deseos. De hecho, Bartomeu fue grabado a escondidas por un supuesto socio que se quejaba de la propensión del club a contentar al independentismo y él le contesta: «Tengo todo en contra. Todo el mundo independentista contra mí. Me odian. El campo es libre para todo el mundo. No vamos a prohibir nunca nada». Y, refiriéndose al Gobierno de Cataluña, añade: «La realidad es que me quieren fuera del Barça porque yo no estoy ayudando al proceso. Hay una campaña en contra del club. Todo el soberanismo independentista va en contra de nosotros, la directiva del Barça, porque no ayudamos ni financiamos».
Pero hoy es 1 de octubre de 2017. Un día histórico. Se está celebrando un referéndum de independencia en Cataluña declarado ilegal.

Aquel viaje a Ítaca emprendido hace cinco años ha acabado en naufragio.
En la calle, los miles de personas reunidas para celebrar el advenimiento de la república reclaman con insistencia que se arríe la bandera española del edificio de la Generalitat. Pero Puigdemont ha dado órdenes de no hacerlo. Ni piensa salir al balcón ni tiene intención de mandar arriar la rojigualda.
Cuando la multitud acaba dispersándose por sí sola, antes de la medianoche, la bandera española sigue ondeando en lo alto del Palau de la Generalitat, como el símbolo más evidente del despertar de un sueño.
Habrá quienes concluirán que el independentismo, esta vez, ha sido derrotado para varias generaciones. También quienes añorarán el catalanismo como espacio de convivencia basado en una defensa de la identidad propia sin forzar la máquina, para que nadie se sintiera excluido. Una parte de los independentistas han visto cómo la ilusión de los últimos cinco años se desvanecía dejando atrás lo que vivieron como una oportunidad histórica. Y otros mantendrán que aún es posible superar el reto, que se ha traspasado la línea roja y que ya no hay marcha atrás.
El independentismo no ha llegado al 50 % de los votos, pero no puede descartarse en absoluto que lo consiga en el futuro. Hace diez años era una postura casi residual política y socialmente, mientras que ahora ocupa el centro del debate entre las clases medias. Esa fuerza no es suficiente para doblegar a un Estado, pero tampoco para que este la ignore y pretenda la ficción de meter ese movimiento en vereda recurriendo a los tribunales. Para muchos, la aventura no se ha acabado. Al fin y al cabo, el proceso ha sido un relato tan potente que ha logrado atrapar a más de dos millones de personas. Es una historia cuyo final no está escrito. Sin duda, llegarán otros líderes que intentarán una nueva travesía.

Interesting. Journalistic chronicle about “el procés”, detailed description of its numerous mutations, from its genesis as “fiscal pact” to the birth of the spawn of a “non-implemented republic”, as well as of the multiple organisms that, in this order, have led, parasitized and have ended up being digested and excreted by him.
True story that without taking sides has presented the reader a timeline and a list of characters and their actions that end up being configured in a thesis: “the process” as an end, a constant electioneering, a form of short-term politics that only nourishes the emotions of the people from which in the end they all end up being prisoners.
Very interesting, here there are no opinions or conclusions, only an ordered recount through an agile and clean writing so that everyone knows where everything comes from and, once this is clear, where they want to go.
The author, a journalist from La Vanguardia, offers us a detailed account that is a reconstruction of the main events of recent years in Catalan politics. For this, we are told in the prologue, has sought objectivity, away from the passions that have contributed so much to the current situation. In this sense he achieves a very readable, very entertaining, and certainly objective and neutral book, by not making distinctions between “good” and “bad”.
However, to put some “snag”, for my pleasure to reduce this complex topic to a mere description of facts, however objective, makes the book cojee a bit, because the reader will find the facts you already know in lines general but does not go into explains why they have happened. It is true that there are many details that did not appear in the newspapers and here we will know, but the author does not perform any background analysis or interpretations. We must insist on this so that the possible reader does not become disenchanted. In this book you do not enter to value arguments.

The wear and tear on Zapatero’s attempt to resolve the dispute by means of a new Estatut finally persuaded him that opening up political melons in Catalonia could only lead him to deal with an inexhaustible source of problems. Every time politicians, businessmen or journalists asked him during the five years of the Catalan process why he did not negotiate, Rajoy replied that any grant he could make to the independence movement would have been insufficient and would not have convinced them to abandon that goal.
In this short, but intense, span of the history of Catalonia, many more protagonists played a leading role. But the independence movement would argue to this premise that this was above all a movement “from the bottom up,” that emerged from the people and its strength eventually dragged the politicians. It is evident that the enormous citizen mobilization that embraced the idea of ​​a separation of Catalonia from the rest of Spain is a fundamental element that defines this period. Without that popular impulse, nothing would have been the same. Another thing will be the analysis of the deep causes of the malaise that took so many Catalans to the street. Similarly, the procés would not have advanced without political leadership from the power of the Generalitat.
The economic and social context propitiated an adequate habitat for a strong and active movement in favor of the independence movement to germinate.
An available utopia “, that is, a good part of the Catalans considered that this exit was within their reach. The dream of erasing all that had been corrupted to build a society without blemish seemed possible. Precisely, the task of presenting independence (whether utopian or not) as a feasible goal in a short period of time contributed decisively to the Government of Catalonia. A Government that, as we have seen, ended up in prison.

In the Moncloa the PP (Popular Party) celebrates its first year of government, although it can be described as annus horribilis: tax increases, two general strikes, runaway unemployment, cuts … Rajoy and his people hope to breathe something in 2013 and, of course, Catalonia does not It is no priority. But Mas, far from turning the ship, decides to continue. In his inauguration as president after the elections, he announces that he puts “collision course”
But he will present the white paper for the national transition in February 2016 as proof that the Generalitat is not launching Catalonia into an abyss, but has planned the day after independence, if it is implemented. It is an instrument that serves to convince society that everything is possible “if it is done well”. It is intended to guarantee that there will be no legal vacuum at any time. Later that idea would be expressed with the phrase “move from the law to the law”. All this contributes to boost the maximum that begins to become popular among the pro-independence, the “tenim pressa”. The first time this phrase came up was in 2010, before the great demonstration of response to the Constitutional ruling on the Estatut, in a video of Òmnium Cultural entitled Somniem (we dream), inspired by the song by Lluís Llach. Different personalities from the Catalan political, cultural and media world participate in it, from Jordi Basté to Justo Molinero, Jordi Pujol, Lloll Bertran, Gerard Quintana or the trade unionists Joan Carles Gallego and Josep Maria Álvarez, who recite a text that contains references such as “We have learned to wait and we expect everything ».
The disqualification is of more concern, since he still believes that he can set aside time and return, but the Court of Auditors would impose on all those prosecuted by 9-N the payment of the cost of the consultation, that is, more of five million euros that have meant the seizure of their assets. The heritage of Mas and his consellers is damaged. The president considers it a low blow. That they deprive him of his possessions, and therefore of his family, is a setback that fills him with bitterness and indignation.

To the resignation of consellers is also added that of the general director of the Mossos, Albert Batlle, who in his letter of resignation shows his confidence that the Catalan police will comply with the law. He is replaced in office by Pere Soler, supporter of the unilateral referendum and who, just after being named, gets involved in the controversy when he learned that he had tweeted phrases like “I hope we leave now because you feel sorry for all the Spaniards”.
After the purge in the Catalan Government, all those who remain know that, from now on, there is no going back. That they will have to assume the decisions that Puigdemont and its General Staff take, even if that supposes putting in risk his patrimony or even his freedom. However, at the time of taking office, they prefer to think that the pulse to the State will not end so dramatically. They want to believe that at some point someone will stop. Or that, in any case, the consequences will not go beyond his disqualification to hold public office. The reality was going to be much harder than what, at this point, they are capable of discerning.

The president blaugrana (red & blue) argues that the club should go just one step behind what dictates the majority of Catalan society and defends the freedom of expression of partners in the field. But that position does not usually convince one end or the other. To his collaborators he has confessed on more than one occasion that the independence movement has tried to oust him because he does not bend to his wishes. In fact, Bartomeu was secretly recorded by a supposed partner who complained about the club’s propensity to content the independence movement and he replies: “I have everything against it. The whole independence world against me. They hate me. The field is free for everyone. We will never prohibit anything ». And, referring to the Government of Catalonia, he adds: “The reality is that they want me out of Barca because I am not helping the process. There is a campaign against the club. All the independence sovereignty goes against us, the Barca directive, because we do not help or finance ».
But today is October 1, 2017. A historic day. A referendum of independence in Catalonia declared illegal is being held.

That trip to Ithaca started five years ago has ended in shipwreck.
On the street, the thousands of people gathered to celebrate the advent of the republic insist with insistence that the Spanish flag be lowered from the building of the Generalitat. But Puigdemont has given orders not to do so. He does not even want to go out on the balcony, nor does he intend to arising the spaniard flag.
When the crowd ends up dispersing by itself, before midnight, the Spanish flag is still flying on top of the Palau de la Generalitat, as the most obvious symbol of the awakening of a dream.
There will be those who will conclude that the independence movement, this time, has been defeated for several generations. Also those who yearn for Catalanism as a space of coexistence based on a defense of one’s own identity without forcing the machine, so that nobody feels excluded. A part of the independentistas have seen how the illusion of the last five years vanished leaving behind what they experienced as a historic opportunity. And others will maintain that it is still possible to overcome the challenge, that the red line has been crossed and that there is no turning back.
The independence movement has not reached 50% of the votes, but it can not be ruled out at all that it will succeed in the future. Ten years ago it was an almost residual position politically and socially, whereas now it occupies the center of the debate among the middle classes. That force is not enough to subdue a State, but neither is it so that it ignores it and pretends the fiction of putting that movement in the path by resorting to the courts. For many, the adventure is not over. After all, the process has been such a powerful story that it has managed to catch more than two million people. It is a story whose end is not written. Without doubt, other leaders will arrive who will try a new journey.

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