14 Julio — Eric Vuillard / 14 juillet (14 July) by Eric Vuillard

El autor relata lo que podría haber sido aquel 14 de julio de 1789. Asume el punto de vista de los habitantes de París, que protagonizaron la toma de la Bastilla. Destrucción, violencia desatada, brutalidad en su máxima expresión.
Con un estilo a menudo melodramático, pletórico, rimbombante, nos acerca a aquel día de desenfreno colectivo.
27 de abril de 1789, revueltas revueltas, la gente de París tiene hambre y comienza a saquear las hermosas casas. Los soldados toman represalias y fusiles, bayonetas y espadas recorren las calles con cadáveres. Existe la pompa de Versalles opuesta a la miseria de París. El reino está lleno de deudas, rey y reina gastan sin contar. Los ministros de finanzas se han seguido, pero el tesoro todavía está vacío.
4 de mayo, apertura de los Estados Generales, donde Mirabeau lanzará su famosa frase sobre “el pueblo” y “la fuerza de las bayonetas”. El 12 de julio, el ambiente es eléctrico. Un joven abogado llamado Camille Desmoulins acosa a la multitud. Las barricadas se levantan. El 13 de julio, el rey caza y la reina se divierte mientras los parisinos se están armando.
Y viviremos este día del 14 de julio de 1789, cuando cientos de miles de personas se dirigen a la Bastilla. Y es como estar en medio de la multitud. Eric Vuillard nos cuenta maravillosamente este día inolvidable que marcó nuestra historia. Fascinante

Todo comienza en la fabrica Réveillon.
El gran jefe quiere reducir los salarios. Fuera, París es malo, el desempleo, el hambre, la gente se queja, pero esta gota de agua va a regañar. Y es la Revolución que comienza, la toma de la Bastilla que se anuncia.
Primero forzamos el hogar de esta Eva y es el choque de dos mundos …
Y todo está vinculado, la Revolución vive, al nivel de quienes la hacen, quienes la viven; Estamos en las ventanas de las casas para ver crecer a la multitud, estamos con las personas que entran en las casas ricas para robar la armadura y los brazos de las decoraciones, romper muebles para hacer palos, estamos en la Bastilla Somos Louis Tournay quien sube los techos para abrir el puente levadizo de la Bastilla, estamos con los burgueses que sucumben, estamos cerca de María Antonieta o el Rey, estamos en el corazón de los acontecimientos y esta historia nos lleva Como si realmente estuviéramos allí.
En definitiva, una excelente novela para los amantes de las historias históricas.

Cuentan que, al concluir la jornada del 14 de julio, llovió. No estoy muy seguro. Existe división de opiniones. Lo que es indudable es que hubo una lluvia de papel. Volaron toda suerte de archivos judiciales, registros, demandas no atendidas, libros de cuentas, que se vio planear, revolotear, depositarse en los tejados, en el barro, sobre los árboles, en los sucios fosos de la fortaleza. Los curiosos observaban aquellas brazadas de hojas y de cuadernos arrojados por las ventanas. Parecían una especie de limosna, de ofrenda superflua e inútil. Caían los libros y nevaban las hojas.
Deberíamos abrir más a menudo las ventanas. De cuando en cuando, así como así, de improviso, mandarlo todo a hacer puñetas. Sería un alivio. Deberíamos, cuando se nos encoge el corazón, cuando el orden nos envenena, cuando el desasosiego nos asfixia, forzar las puertas de nuestros Elíseos irrisorios, donde los últimos vínculos terminan de pudrirse, y birlar las carteras, camelar a los alguaciles, morder las patas de las sillas y buscar por la noche, bajo las corazas, la luz como un recuerdo.
Sí, a veces, cuando el tiempo es demasiado gris, cuando el horizonte es demasiado mortecino, deberíamos abrir los cajones, romper los cristales a pedradas y arrojar los documentos por la ventana. Sin duda me hace vincularlo a los tiempos de ls chalecos amarillos, habremos cambiado tanto como creemos.

The author recounts what could have been that July 14, 1789. It assumes the point of view of the inhabitants of Paris, who starred in the taking of the Bastille. Destruction, unleashed violence, brutality at its best.
With a style often melodramatic, plethoric, bombastic, brings us closer to that day of collective debauchery.
April 27, 1789, riots revolts, the people of Paris are hungry and begins to loot the beautiful houses. The soldiers retaliate and rifles, bayonets and swords run through the streets with corpses. There is the pomp of Versailles opposite the misery of Paris. The kingdom is full of debts, king and queen spend without counting. The finance ministers have been followed, but the treasure is still empty.
May 4, opening of the States General, where Mirabeau will launch his famous phrase about “the people” and “the strength of bayonets.” On July 12, the atmosphere is electric. A young lawyer named Camille Desmoulins harasses the crowd. The barricades are raised. On July 13, the king hunts and the queen has fun while the Parisians are arming.
And we will live this day of July 14, 1789, when hundreds of thousands of people go to the Bastille. And it’s like being in the middle of the crowd. Eric Vuillard tells us marvelously this unforgettable day that marked our history. Fascinating

Everything starts at the Réveillon factory.
The big boss wants to reduce wages. Outside, Paris is bad, unemployment, hunger, people complain, but this drop of water is going to scold. And it is the Revolution that begins, the taking of the Bastille that is announced.
First we force the home of this Eva and it is the clash of two worlds …
And everything is linked, the Revolution lives, at the level of those who make it, who live it; We are in the windows of the houses to see the crowd grow, we are with the people who enter the rich houses to steal the armor and the arms of the decorations, break furniture to make sticks, we are in the Bastille We are Louis Tournay who climbs the roofs to open the drawbridge of the Bastille, we are with the bourgeois who succumb, we are close to Marie Antoinette or the King, we are at the heart of events and this story takes us As if we were really there.
In short, an excellent novel for lovers of historical stories.

They say that, at the end of the day of July 14, it rained. I’m not so sure. There is a division of opinions. What is undeniable is that there was a rain of paper. They flew all sorts of judicial files, records, unanswered demands, account books, which were planned, fluttered, deposited on the roofs, in the mud, on the trees, in the dirty pits of the fortress. The curious observed those armfuls of leaves and notebooks thrown by the windows. They seemed like a kind of alms, a superfluous and useless offering. The books fell and the leaves were snowing.
We should open the windows more often. From time to time, just like that, suddenly, send everything to do puñetas. It would be a relief. We should, when our hearts cringe, when order poisons us, when restlessness suffocates us, force the doors of our ridiculous Elíseos, where the last bonds end up rotting, and swiping the wallets, baiting the alguaciles, biting the legs of the chairs and look for the night, under the armor, the light as a memory.
Yes, sometimes, when the weather is too gray, when the horizon is too dull, we should open the drawers, break the glass with stones and throw the documents out the window. Without a doubt it makes me link it to the times of the yellow vests revolt, we will have changed as much as we believe.

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