Las Máscaras De Cristo — Lynn Picknett & Clive Prince / The Masks of Christ: Behind the Lies and Cover-ups About the Life of Jesus by Lynn Picknett & Clive Prince

La Gran Bretaña del siglo XIX era ilegal no creer que Jesús era el hijo de Dios. El cristianismo era obligatorio: no creer, o al menos de un modo que fuera adecuadamente visible a tus criados, iguales, y especialmente, a tus mayores y superiores, no era una opción. Todo el mundo, fuera cual fuera su condición social, no sólo tenía que creer en privado, también tenía que rezar en público. Por ejemplo, la jornada laboral en los hospitales no empezaba hasta que los médicos y las enfermeras se reunían para rezar. El legado de esta imposición religiosa pudo apreciarse hasta bien entrado el siglo XX, cuando declararse agnóstico suscitaba espanto, especialmente entre las generaciones de edad avanzada, para quienes profesar la fe cristiana era sinónimo de ser una persona decente y un buen ciudadano.
Pero las cosas son muy distintas hoy en día. A principios del siglo XXI, Gran Bretaña tiene fama de ser una de las naciones más laicas del mundo desarrollado, y no pasa nada por considerar (al menos en este país) que el cristianismo es en gran medida un factor irrelevante.

Las Máscaras de Cristo es una excelente mirada a la vida de Jesús de Nazaret y los extraños sucesos que rodean al Jesús histórico. Si está buscando una mirada en profundidad a la historia genuina detrás de Jesucristo y algunas preguntas desafiantes, pero objetivas, que ponderan los significados más profundos de la vida y las enseñanzas de este hombre, este es un excelente lugar para comenzar.
Los autores, Picknett y Prince, hacen un excelente trabajo al citar los momentos interesantes y provocativos en la vida de Jesús. Algunas de sus preguntas son desafiantes, ya que reflexionan sobre las intenciones detrás de las acciones políticas y espirituales de Jesús, las enseñanzas enigmáticas, y si lo que contienen las Escrituras es toda la verdad.
Con los hallazgos en las cuevas de Kibbutz Tzuba cerca de Ein Kerem, vinculadas a Juan el Bautista, los autores ofrecen algunas pruebas sorprendentes que apuntan al hecho de que el movimiento del Bautista era, quizás, parte de una denominación mucho más grande de la fe judía.
De ser cierto, las implicaciones podrían tener profundas consecuencias en la interpretación histórica de la Biblia y de la misión de Jesús en la tierra. Profundizando en la evidencia, los autores buscan pistas que sacan a la luz los aspectos misteriosos de las enseñanzas de Jesucristo y discuten otras posibles interpretaciones, incluyendo:

1) Jesús fue alumno de Juan el Bautista y no estaba relacionado.
2) Muchas de las Escrituras se han cambiado para hacer de Jesús en Cristo cuando en realidad hay evidencia que apoya la razón para creer que Juan el Bautista fue considerado el verdadero Mesías.
3) Jesús pudo haber practicado una forma pagana del misticismo del mago griego.
4) La Eucaristía puede ser una enseñanza secreta de Cristo.
5) Jesús pudo haber estado vinculado al segundo templo judío en Egipto, que rara vez se menciona.
5) Jesús pudo haber usurpado deliberadamente el movimiento de Juan y utilizar su nueva posición de poder, como el nuevo Mesías, para representar mejor sus revisiones radicales políticas y religiosas.
6) Si estas teorías y muchas otras similares resultan ser ciertas, los cristianos pueden estar siguiendo la versión incorrecta del cristianismo.

Después de presentar algunas evidencias sorprendentes, los autores dejan cada capítulo con una pregunta abierta que le permite al lector decidir por sí mismo si la evidencia respalda sus teorías o si hay más máscaras / variaciones / interpretaciones que aún deben ser consideradas.
Las Máscaras de Cristo es lo más divertido que he leído sobre el hombre histórico que sería Dios para millones de creyentes. Pero puede haber más en Jesucristo de lo que parece, y este libro despega las capas de máscaras en busca de algunas verdades ocultas. Si los autores tienen éxito o no depende de usted.
Recomendado para cualquier persona que quiera conocer al Jesús histórico de Nazaret, está interesado en ver las cosas desde un ángulo diferente y tiene una mente abierta.

Los dos puntos más importantes relacionados con el nacimiento de Jesús y su resurrección. Estos son los dos aspectos más importantes de la fe cristiana. Pinknett y Prince examinaron los evangelios sinópticos de Marcos, Mateo y Lucas, y el Evangelio de Juan y expusieron muy claramente cómo la “palabra infalible de Dios” se contradecía en estos asuntos cruciales. La versión de Mateo dice que Jesús nació en el tiempo de Herodes el Grande. Los registros históricos indiscutibles mostraron que Herodes el Grande murió en 4 a. C. (o AC, como dicen los cristianos). Sin embargo, el evangelio de Lucas, que también tenía una historia igualmente elaborada del nacimiento de Jesús, lo estableció en el tiempo del censo romano en el tiempo de Quirinio, el gobernador romano de Siria. Ese censo no tuvo lugar hasta 10 años después de la muerte de Herodes el Grande. La trama de las historias no solo difirió (uno dijo que el padre de Jesús huyó a Egipto inmediatamente después del nacimiento de Jesús porque Herodes quería matar a todos los niños menores de 2 años; el otro dijo que hubo un gran regocijo cuando nació Jesús y no huyó a Egipto), la fecha de nacimiento tuvo lugar con 10 años de diferencia. Mateo y Lucas escribieron en detalle el linaje de Jesús desde María hasta el rey David (para probar la profecía del Antiguo Testamento de que el Mesías vendrá de David), pero los dos linajes son completamente diferentes. Incluso si uno puede aceptar el argumento apologista de que los linajes descritos son “aproximadamente” los mismos (los autores aquí mostraron por qué ese argumento es incorrecto) y no son inaceptables simplemente porque se han omitido algunos nombres, muchas preguntas importantes aún tendrían que resolverse. ser respondido ¿Se puede seguir considerando que la Biblia contiene la “infalible palabra de Dios”? ¿Con qué criterios se verifican las historias e interpretaciones de tales historias?.
Los autores también exponen en detalle, todos los diferentes relatos de la crucifixión y la resurrección, así como la ascensión al cielo de Jesús. Mientras que Christian negará cualquier contradicción en las versiones del evangelio, uno debe leer esto (o cualquier otro relato crítico) con una mente abierta y decidir por sí mismo si hubo contradicciones o no. En una versión, después de haberse levantado de la tumba, Jesús se encontró con sus discípulos en una montaña en Galilea; Otra versión dice que los encontró en una casa en Jerusalén. Lea este libro con una Biblia a mano y verá que mucho de lo que escribieron los autores es correcto. Esas son las partes que son obvias, y hay muchas de esas partes. Lo que podría desear contemplar y estudiar con más detalle son las hipótesis que los autores hacen en aquellas áreas en las que la evidencia no está clara. Por ejemplo, los autores argumentaron que era un argumento persuasivo, sin embargo, que por las razones que expusieron, no sería sorprendente que los judíos piensen que Jesús es el anticristo más que el Mesías.
El libro está repleto de interesantes pepitas de información y preguntas que hacen reflexionar. ¿Alguna vez se preguntó por qué Jesús tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista? El bautismo es un ritual en la limpieza del pecado. Si Jesús era dios (o incluso hijo de dios) ¿necesitaba limpieza? ¿Él pecó? ¿Tendría esa admisión (participar en un bautismo de un hombre mortal) que el argumento de que si Jesús hubiera existido, era un simple mortal y no un dios, un argumento más plausible que el argumento de que Jesús era un Dios convertido en hombre?.

Aparte de las dudas que suscitan estos emplazamientos tradicionales, algunos descubrimientos arqueológicos pueden relacionarse directamente con la vida de Jesús, aunque ninguno de ellos ofrece pruebas concluyentes de ello, y aunque así fuera, pocos añadirían información valiosa sobre lo que ya sabemos. Por ejemplo, en la década de los sesenta hubo varias excavaciones en la zona que rodea la antigua sinagoga de la ciudad de Cafarnaúm (la moderna Kefar Nahum), a orillas del mar de Galilea, donde, según tres de los evangelios, Jesús empezó a predicar y a reclutar a sus primeros discípulos. Los arqueólogos levantaron los cimientos de distintas casas de pescadores de la zona pertenecientes a ese mismo periodo (lo cual no constituye ninguna revelación, puesto que se trata de una localidad cercana a un lago). Se construyó una iglesia cristiana en una de esas viviendas en el siglo V, unos cuatrocientos años después de la época de Jesús. Las inscripciones grabadas sobre yeso indicaban que los creyentes estaban convencidos de que la iglesia se había erigido en la misma vivienda de Pedro, el discípulo que, según el Nuevo Testamento, estaba más cercano a Jesús.
Sin embargo, todo esto nos indica que cuatro siglos después de que sucediese…
Desde los escritos de los padres de la Iglesia, sabemos que en su día existieron cuarenta evangelios no canónicos. Hoy en día tenemos los textos más o menos completos de una docena de ellos, como el Evangelio de Judas recientemente descubierto.
Existe también una gran cantidad de fragmentos de obras perdidas, a veces referidas a proverbios o hechos de Jesús que no se encuentran en el Nuevo Testamento, pero que son aproximadamente de la misma época. De hecho, uno de los fragmentos —en realidad, cuatro pedacitos de papiro—, que está en el Museo Británico y se conoce por el fascinante título de «Egerton Papiro 2», es posiblemente el documento más antiguo que se conserva sobre Jesús. Está fechado entre los años 90 y 150 d. C.
Uno de los rasgos más interesantes de este evangelio es el modo en que representa a los discípulos de Jesús. En primer lugar, sorprende el hecho de que incluyera a mujeres, dos en particular: están María (casi con toda probabilidad, María Magdalena, aunque no se la menciona explícitamente) y Salomé entre las que le formulan preguntas. En segundo lugar, aunque Tomás, María y Salomé formulan preguntas inteligentes de contenido, mostrando así que conocen las enseñanzas de Jesús, las que plantean Pedro y Mateo (además de otros discípulos sin nombre) revelan que tienen una idea limitada de su pensamiento, lo cual le da a Jesús la opción de corregirlos. Nos queda la sensación de que unos cuantos discípulos escogidos constituían un círculo íntimo, que incluye a estas dos mujeres con nombre propio, pero no incluye a Pedro. Se trata de un detalle revelador si se compara con el modo en que los discípulos son tratados en el Nuevo Testamento.

¿Los evangelios gnósticos carecen totalmente de valor? ¿Podrían tal vez conservar un recuerdo genuino, por ejemplo, de la relación entre Jesús y sus discípulos, especialmente con María Magdalena? A fin de cuentas, los creadores de estos documentos habían decidido convertirse al cristianismo, así que algo debían saber sobre la religión. Es cierto que pudieron haber reformado algunos pasajes para que se correspondieran con su visión del mundo, pero sus creencias fundamentales deben haber sido en esencia las mismas que las de los cristianos que leían y aceptaban los Evangelios canónicos. (A fin de cuentas, incluso los escritores y editores de los libros del Nuevo Testamento no eran incapaces de reinventarse pasajes cuando les convenía a nivel teológico o incluso político.) Pero, por otra parte, aunque tanto sus defensores como sus detractores tendían a juntar los libros, que en origen son una colección de textos dispares, cada uno debe ser valorado sobre la base de sus méritos. Los evangelios gnósticos pueden utilizarse para ayudarnos en nuestra búsqueda del verdadero Jesús, aunque tenemos que ser cautelosos y emplear el discernimiento.

Otro grupo influyente, que no niega la existencia de Jesús, cree que los Evangelios del Nuevo Testamento estaban tan tamizados por la ficción que ofrecen información poco útil sobre Jesús. Esta es la «escuela Q», impulsada principalmente por Burton L. Mack en una serie de libros.
Sin embargo, creemos que los datos no sustentan el argumento de Mack: Jesús sí que predicó un mensaje milenarista y no cabe la menor duda de que fue crucificado, aunque partes del relato sean pura fantasía. Hay otras razones que podrían explicar la razón por la cual el texto Q original debería ser revisado, y una de ellas podría ser la composición de un relato más completo de Jesús incorporando a otras fuentes.
El problema principal con la reconstrucción de Mack es la necesidad de justificar la afirmación de que sólo Q conserva información genuina sobre Jesús. Él mismo identifica varios grupos distintos de tradiciones tempranas sobre Jesús que se integraron en los Evangelios. Aparte de los recopiladores de las enseñanzas de Jesús para producir el texto Q, Mack identifica a otro grupo que creó otros «relatos de pronunciamiento» —de los cuales surgieron las partes de las enseñanzas de Jesús en los Evangelios que no procedían de Q—, e incluso a otro grupo que inventó los relatos milagrosos sobre Jesús.
Jesús no sólo no logró cumplir con lo que simbólicamente se esperaba del Mesías, sino que creó el efecto contrario. Los judíos esperaban a su líder no sólo para que los liberara y restableciera sus años dorados, sino para que los convirtiera en la nación más poderosa de la tierra, gobernando en supremacía el planeta entero. Pero en Jesús encontraron a alguien en cuyo nombre (aunque no porque él lo quisiera así) se creó una religión cuyos devotos se aseguraron de que los judíos fueran vilipendiados como deicidas rechazados por Dios, lo cual dio como resultado directo varios siglos de represión y los pogromos más atroces, desalmados e implacables.
En cuanto al significado original de Mesías, no cabe la menor duda de que para millones de judíos a lo largo de los años, simplemente por un giro del destino, Jesús era en realidad el Anticristo.
En resumidas cuentas: no sabemos casi nada sobre Jesús antes de que empezara su carrera pública. Gran parte de la información de los Evangelios es claramente ficticia, y lo que queda es cuestionable y genera poca confianza.
La información que parece fidedigna es muy escasa. Sabemos el nombre de la madre de Jesús y el de sus parientes varones, así como probablemente el de su padre. Sabemos que hubo algo extraño sobre su paternidad que ha dado pie a todo tipo de historias sobre su concepción milagrosa y su filiación ilegítima. Se le sitúa en Galilea, pero no queda claro si ese fue su hogar familiar o el lugar de su nacimiento.
No hay nada que podamos dar por sentado acerca del cuándo, dónde o en qué circunstancias nació Jesús, o cualquier otro aspecto de su trasfondo familiar. Tampoco sabemos nada sobre dónde fue educado, o si recibió algún tipo de educación. A pesar de la creencia popular de que era carpintero, no disponemos de información veraz sobre cómo se ganaba la vida. Pudo ser oriundo de Nazaret o no.
Pero incluso los huecos y las invenciones nos dicen algo: que los que se esforzaron por dejar constancia escrita de la vida de Jesús no sabían nada antes de que hiciera su aparición en la escena pública. Esto tiene que querer decir que ninguno de sus primeros seguidores sabía nada, de lo contrario algún tipo de información se habría filtrado entre los autores del Evangelio. Jesús debió de haber sido un misterio incluso para sus allegados. (Se trata de un hecho muy extraño, ya que algunos miembros de su familia se hicieron cargo del movimiento tras su muerte. ¿Es que no le contaron nada a nadie acerca de su pasado?).

Muchos académicos y especialistas de círculos alternativos consideran que la familia de Jesús estuvo estrechamente relacionada con su misión, incluso hasta el punto de prepararlo desde el nacimiento para su importante papel en su vida adulta. Evidentemente, la supuesta fricción entre él y su familia plantea un gran problema para estas teorías.
Algunos creen que Jesús creció con la expectativa de que cumpliría un papel importante, pero que su comprensión de ese papel difería del que tenía su familia y eso llevó a una ruptura. Aunque esta explicación conciliaría la contradicción entre las expectativas de su familia y la frialdad entre ellos cuando Jesús se convirtió en un consumado predicador, sólo es necesaria si partimos de la base de que la familia albergaba esas esperanzas.
Pero una cosa está muy clara: que la percepción que tienen las personas de Jesús estuvo influida por su antigua asociación con Juan el Bautista. Ello nos lleva a plantearnos preguntas fundamentales sobre la naturaleza precisa de la relación entre los dos hombres durante la misión de Galilea de Jesús después del arresto de Juan, y también sobre la relación que mantuvieron sus respectivos grupos de discípulos.
Una de las consecuencias inmediatas de la muerte de Juan el Bautista es la alimentación de la multitud, es decir, proveer de comida suficiente a un gran número de personas a partir de un puñado de panes y de peces. Aunque los Evangelios presentan este incidente como un milagro con connotaciones simbólicas, sin duda alguna el suceso tuvo una gran trascendencia, aunque su verdadero mensaje se sobrentendía en el momento de la composición de los Evangelios o, por alguna razón, decidió omitirse. Como los propios autores no tenían ni idea de lo que era, se limitaron a explicarlo como un milagro espectacular.
Aun así, tuvo que ser una de las obras más importantes de Jesús que, junto con el caminar sobre las aguas —con connotaciones que tampoco están claras— es el único episodio de Jerusalén que aparece en los cuatro Evangelios canónicos.
Las circunstancias concretas de la muerte de Juan el Bautista son sospechosas, y lo único que podemos decir al respecto es que se produjo como resultado de una especie de intriga palaciega por la que Herodes Antipas fue engañado o incitado en contra de sus deseos y de su olfato político. Curiosamente, parece ser que Jesús contaba con seguidores dentro de la casa de Antipas. Fuera lo que fuera lo que realmente ocurrió, no cabe la menor duda de que la muerte del Bautista redundó en beneficio de Jesús, pues le permitió asumir el control del movimiento de Juan y efectuar cambios significativos en su propia misión. Ahora pondría el punto de mira en Jerusalén, su destino final.

Fuera cual fuera el significado de los misterios de Betania, eran básicamente actos privados para Jesús y sus seguidores. Pero a partir de aquí, los datos apuntan hacia una orquestación deliberada de su carrera pública, especialmente la organización de los episodios que le permitirían cumplir con las señales que se esperaban del Mesías.
La idea de que Jesús dio forma conscientemente a su carrera para que encajara en las profecías del Mesías se planteó por vez primera en la década de 1930, y Hugh Schonfield la defendió con ahínco en El complot de Pascua. ¿Por qué se ha tardado dos milenios en sugerir algo así? A fin de cuentas, tanto Jesús como sus seguidores conocían las profecías del Antiguo Testamento que presentaban los rasgos más destacados de un Mesías. Lo único que tenían que hacer era asegurarse de que se cumplían esos requisitos.
En la crónica de Marcos, Jesús y su grupo llegan a las afueras de Jerusalén, «Betfagué y Betania en el Monte de los Olivos», y luego aquel envía a dos discípulos elegidos a dedo con las siguientes instrucciones: «Id al pueblo más cercano, y al entrar, encontraréis a un burrito que nadie ha montado. Traedlo aquí…”
No obstante, con o sin el personaje siniestro de Judas, la historia de Jesús llega a un punto álgido con un cuerpo herido y retorcido clavado sobre una cruz, el fin de un rebelde común. Pero de esta muerte tan vergonzosa nació una de las religiones as influyentes.

Existen dos variantes básicas a la teoría de que Jesús todavía estaba vivo cuando lo bajaron de la cruz. La primera es que recobró la conciencia en el sepulcro de forma natural. La segunda es que su muerte fue una simple representación.
La primera versión, no obstante, requería cierta colaboración con sus seguidores, ya que no pudo haber salido del sepulcro por su propio pie si la entrada estaba bloqueada por una piedra. Los primeros en visitar la tumba tuvieron que hallarlo en vida y lo reanimaron (no necesariamente para convencer a las personas de su resurrección, sino para protegerlo de los romanos, puesto que era un hombre condenado).
La idea de que Jesús sobreviviera a la cruz, basada en la creencia de que se recuperó de su estado moribundo, ha circulado a menudo en todo tipo de obras, empezando por la extravagante versión de la década de 1770 del teólogo alemán Karl Friedrich Bahrdt.
La idea de que Jesús no murió en la cruz, al menos en el sentido que conocemos, empezó a gestarse muy pronto. Un maestro gnóstico, Basilides, que estuvo activo entre los años 120 y 130, creyó que Simón de Cirene había sido crucificado en lugar de Jesús. Las variantes de este concepto (como la idea de un Jesús ilusorio, como si se un doble holográfico se tratara, que encontramos en el Corán) aparecen en algunos textos gnósticos. Sin embargo, la idea no se basaba en ninguna información sobre la crucifixión, sino en la teología gnóstica: como Jesús había adoptado una forma de hombre mientras seguía siendo el ser divino que existía junto al creador desde el inicio de los tiempos, no podía sufrir ni morir.
Sin embargo, las teorías modernas hacen observaciones válidas. Si hay que creer en la cronología de los Evangelios, Jesús murió inesperadamente pronto, unas tres horas después de ser crucificado.
Lüdemann señala que, debido a la desbandada de discípulos después del arresto de Jesús, no estaban en disposición de organizar el robo de su cuerpo. No obstante, los apóstoles no fueron sus únicos devotos. Los otros «fijos» de Betania pudieron haberlo hecho. (Y si María Magdalena era la hermana de Lázaro, entonces fue uno del grupo de Betania el que comunicó por primera vez la noticia de la tumba vacía.)
A partir de ese sencillo subterfugio, se ha llegado a crear una importante religión internacional basada en la idea de que Jesús resucitó.

La razón más inmediata que dieron los discípulos para desvincularse de los hechos es fácilmente identificable: fuera quien fuera Jesús y sus objetivos, tenía un carisma muy especial como persona. A ojos de sus seguidores, era un individuo excepcional que no podía ser derrotado por simples poderes mortales, ni siquiera los del Imperio romano.
Sin embargo, ser carismático e inspirado no es garantía de ser una persona sabia o de tener una conducta ética impecable —muchos líderes de sectas son personalidades sumamente magnéticas que ejercen un enorme poder sobre sus seguidores, para bien o para mal, pero a menudo para esto último—. No obstante, el atractivo que ejerció Jesús en un principio, fuera cual fuera su origen, llevó a la creación de la religión más exitosa que el mundo haya conocido jamás.
Resulta irónico que Jesús, como persona, encaje mejor con la imagen del líder de una de esas sectas tan denostadas por las organizaciones antisectarias, casi todas ellas dirigidas por cristianos. Según ellos, la clave para detectar al líder de una secta es la presencia de un hombre carismático que dice tener una relación especial con Dios o ser de algún modo guiado por él; alguien que además predica un suceso apocalíptico e instruye a sus seguidores para romper lazos con la familia para seguirle a él y estar dispuesto a morir por él si es necesario.
Así que la razón principal por la que sus seguidores más allegados continuaron creyendo en él después de que no lograra hacer lo que todos esperaban puede explicarse simplemente por la hipótesis del «líder de la secta». No obstante, esta hipótesis no logra explicar la continuación del movimiento y su consolidación como religión.
El éxito del cristianismo en su establecimiento como religión mundial podría atribuirse a una casualidad histórica, puesto que se ganó las simpatías del emperador Constantino a mediados del siglo IV. Pudo haber elegido otra de sus religiones rivales —el culto a Mitra, por ejemplo, o a uno de sus grandes competidores, la religión de Isis y Orisis—1 y habría sido la religión predominante durante dos mil años.
El cristianismo atrajo a conversos gentiles, aunque no deja claro por qué continuó detrás de tantas máscaras distintas. La perspectiva académica predominante (que también cuenta con sus críticos) entiende la historia de un modo sencillo: los objetivos religioso y político de Jesús estaban interconectados y eran única y fundamentalmente judíos. Aunque hay cierto desacuerdo sobre si su principal preocupación era la reforma religiosa o la política como legítimo rey de los judíos, en ambos casos la reivindicación era entera y exclusivamente judaica. La Iglesia de Jerusalén, encabezada por su hermano Jacobo el Justo, fue la verdadera continuación del movimiento de Jesús, y la versión gentil de Pablo constituía una separación radical que habría sorprendido a Jesús. Pero la Iglesia de Jerusalén desapareció durante la acción romana contra la revuelta judía, o quedó tan mermada que perdió su autoridad, allanando el camino para que triunfara la versión de Pablo. No obstante, los datos históricos demuestran que esta imagen sencilla y directa es simple y llanamente incorrecta.

Si el debate en torno al matrimonio con María Magdalena ha zarandeado los cimientos de la Iglesia Católica —y aún no ha terminado— entonces la revelación de que Cristo consideraba a Juan el Bautista como el salvador del mundo amenaza con hacer estallar esa base de una vez por todas. Incluso saber que algunos consideraban a Juan el Bautista como el Cristo, y que el propio Jesús parecía suscribir esa creencia —hasta el punto de someterse a otro hombre santo— lo cambia todo. Si Jesús no era único ni superior, ¿por qué tenemos que seguirle?.
A lo largo de dos mil años las palabras de Jesús se han distorsionado e ignorado a propósito, de manera que el clero pudiera controlar sin dificultad a sus fieles. Por lo visto, el propio Jesús se habría mostrado partidario de que los cristianos lleven dos mil años adorando al Cristo equivocado.

The nineteenth century Britain was illegal not to believe that Jesus was the son of God. Christianity was mandatory: not believing, or at least in a way that was properly visible to your servants, equals, and especially, to your elders and superiors, was not an option. Everyone, whatever their social status, not only had to believe in private, they also had to pray in public. For example, working hours in hospitals did not begin until doctors and nurses met to pray. The legacy of this religious imposition could be appreciated well into the twentieth century, when declaring oneself an agnostic aroused fright, especially among the elderly generations, for whom professing the Christian faith was synonymous with being a decent person and a good citizen.
But things are very different today. At the beginning of the 21st century, Great Britain is reputed to be one of the most secular nations in the developed world, and it does not matter at all (at least in this country) that Christianity is largely irrelevant.

The Masks of Christ is an excellent look into the life of Jesus of Nazareth and the strange goings on which surround the historical Jesus. If you’re looking for a in depth look at the genuine history behind Jesus Christ and some challenging, yet objective, questions which ponder the deeper meanings of the life and teachings of this man, then this is an excellent place to start.
The authors, Picknett and Prince, do an excellent job of citing the interesting and provocative moments in Jesus’ life. Some of their questions are challenging ones, as they ponder the intentions behind Jesus’ political and spiritual actions, enigmatic teachings, and if what is contained in the scriptures is the whole truth?
With the findings in Kibbutz Tzuba caves near Ein Kerem, linked to John the Baptist, the authors offer some surprising evidence which points to the fact that the movement the Baptist was, perhaps, a part of a much larger denomination of the Jewish faith.
If true, the implications could have profound consequences on the historical interpretation of the Bible and of Jesus’ mission on earth. Delving deep into the evidence the authors search for clues which bring to light the mysterious aspects of Jesus Christ’s teachings and discuss other possible interpretations including:

1) Jesus was a pupil of John the Baptist and weren’t related.
2) Many of the scriptures have been changed to make Jesus into the Christ when in actuality there is evidence which supports reason to believe that John the Baptist was considered the true Messiah.
3) Jesus may have practiced a pagan form of Greek magus mysticism.
4) The Eucharist may be a secret teaching of Christ.
5) Jesus may have been linked to the rarely mentioned second Jewish Temple in Egypt.
5) Jesus may have purposely usurped John’s movement and used his newfound position of power, as the new Messiah, to better enact his radical political and religious revisions.
6) If these theories and many more like them prove to be true, Christians may be following the wrong version of Christianity.

After bring up some surprising evidence the authors leave each chapter with an open ended question which lets the reader decide for themselves whether or not the evidence supports their theories, or whether there are more masks/variations/interpretations which still need to be considered?
The Masks of Christ is the most fun I’ve had reading about the historical man who would be God for millions of believers. But there may be more to Jesus Christ than meets the eye, and this book peels back the layers of masks in search of some hidden truths. Whether or not the authors succeed is up to you.
Recommended for anyone who wants to know the historical Jesus of Nazareth, is interested in looking at things from a different angle, and has an open mind.

The two most important points made concern the birth of Jesus and his resurrection. These are the two of the most important aspects of the Christian faith. Pinknett and Prince examined the synoptic gospels of Mark, Matthew, and Luke, and the Gospel of John and set out very clearly how the “inerrant word of God” contradicted itself in these crucial matters. Mathew’s version says Jesus was born in the time of Herod the Great. Undisputed historical records showed that Herod the Great died in 4 BCE (or BC as the Christians say). However, Luke’s gospel, which also had a similarly elaborate story of Jesus’ birth, set it in the time of the Roman census in the time of Quirinius, the Roman governor of Syria. That census did not take place until 10 years after the death of Herod the Great. Not only were the plot in the stories differ (one said Jesus’ parent fled to Egypt immediately after the birth of Jesus because Herod wanted to kill all male infants under the age of 2; the other said that There was great rejoicing when Jesus was born and there was no fleeing to Egypt), the date of birth took place 10 years apart. Matthew and Luke wrote in detail tracing Jesus’ lineage from Mary to King David (so as to prove the Old Testament prophecy that the Messiah will come from David) but the two lineages are entirely different. Even if one can accept the apologist argument that the describe lineages are “roughly” the same (the authors here showed why that argument is wrong) and are not unaccepteable just because a few names have been left out, many important questions would still have to be answered. Can the Bible still be regarded as containing the “inerrant word of God”? By what criteria does one verify stories and interpretations of such stories?
The authors also set out in detail, all the different accounts of the crucifixion and resurrection as well as the ascension to heaven of Jesus. While Christian will deny any contradictions in the gospel versions, one should read this (or any other critical account) with an open mind and decide for himself whether there were contradictions or not. In one version, after having risen from the tomb, Jesus met his disciples in a mountain in Galilee; another version says he met them in a house in Jerusalem. Read this book with a Bible handy and you will see much of what the authors wrote is correct. Those are the parts that are obvious – and there are many such parts. What you might wish to contemplate and study in more detail are the hypotheses that the authors make in those areas in which evidence is not clear. For example, the authors argued it was a persuasive argument though) that for the reasons they set out, it would not be surprising that the Jews think Jesus to be the antichrist rather than the Messiah.
The book is replete with interesting nuggets of information and thought-provoking questions. Ever wondered why Jesus had to be baptized by John the Baptist? Baptism is a ritual in the cleansing of sin. If Jesus was god (or even son of god) did he need cleansing? Did he sin? Would that admission (partaking in a baptism by a mortal man) tend to show that the argument that if Jesus had in fact existed, he was mere mortal and not god – a more plausible argument than the argument that Jesus was god turned man?.

Apart from the doubts raised by these traditional sites, some archaeological discoveries may relate directly to the life of Jesus, although none of them offers conclusive evidence of this, and even if it were, few would add valuable information about what we already know. For example, in the 1960s there were several excavations in the area surrounding the ancient synagogue in the city of Capernaum (the modern Kefar Nahum), on the shores of the Sea of ​​Galilee, where, according to three of the Gospels, Jesus began to preach and recruit their first disciples. Archaeologists built the foundations of different fishermen’s houses in the area belonging to that same period (which is not a revelation, since it is a town near a lake). A Christian church was built in one of those houses in the fifth century, some four hundred years after the time of Jesus. The inscriptions engraved on plaster indicated that the believers were convinced that the church had been erected in the same dwelling of Peter, the disciple who, according to the New Testament, was closest to Jesus.
However, all this tells us that four centuries after it happened …
From the writings of the fathers of the Church, we know that in their day there were forty non-canonical gospels. Today we have the more or less complete texts of a dozen of them, such as the recently discovered Gospel of Judas.
There is also a large number of fragments of lost works, sometimes referring to proverbs or deeds of Jesus that are not found in the New Testament, but are roughly from the same period. In fact, one of the fragments – in fact, four pieces of papyrus – that is in the British Museum and is known by the fascinating title of “Egerton Papyrus 2”, is possibly the oldest surviving document about Jesus. It is dated between 90 and 150 d. C.
One of the most interesting features of this gospel is the way it represents the disciples of Jesus. In the first place, it is surprising that it included women, two in particular: María (almost in all probability, María Magdalena, although it is not mentioned explicitly) and Salomé among those who ask her questions. Secondly, although Thomas, Mary and Salome formulate intelligent questions of content, thus showing that they know the teachings of Jesus, those posed by Peter and Matthew (in addition to other unnamed disciples) reveal that they have a limited idea of ​​their thinking, which gives Jesus the option to correct them. We have the feeling that a few chosen disciples constituted an intimate circle, which includes these two women with their own names, but does not include Peter. It is a revealing detail when compared to the way in which the disciples are treated in the New Testament.

Are the Gnostic gospels totally worthless? Could they perhaps keep a genuine memory, for example, of the relationship between Jesus and his disciples, especially with Mary Magdalene? After all, the creators of these documents had decided to convert to Christianity, so they should know something about religion. It is true that they could have reformed some passages to correspond with their world view, but their fundamental beliefs must have been essentially the same as those of the Christians who read and accepted the canonical Gospels. (At the end of the day, even the writers and editors of the New Testament books were not incapable of reinventing passages when it suited them theologically or even politically.) But, on the other hand, although both their advocates and their detractors tended to put together the books, which are originally a collection of disparate texts, each one must be valued on the basis of its merits. The Gnostic gospels can be used to help us in our search for the true Jesus, although we have to be cautious and use discernment.

Another influential group, which does not deny the existence of Jesus, believes that the New Testament Gospels were so sifted by fiction that they offer unhelpful information about Jesus. This is the “Q school,” driven primarily by Burton L. Mack in a series of books.
However, we believe that the data do not support Mack’s argument: Jesus did preach a millenarian message and there is no doubt that he was crucified, although parts of the story are pure fantasy. There are other reasons that could explain why the original Q text should be revised, and one of them could be the composition of a more complete account of Jesus incorporating other sources.
The main problem with Mack’s reconstruction is the need to justify the claim that only Q retains genuine information about Jesus. He himself identifies several distinct groups of early traditions about Jesus that were integrated into the Gospels. Apart from the compilers of the teachings of Jesus to produce the Q text, Mack identifies another group that created other “pronouncement accounts” -from which the parts of the teachings of Jesus in the Gospels that did not come from Q- arose, and even to another group that invented the miraculous stories about Jesus.
Jesus not only failed to fulfill what was symbolically expected of the Messiah, but he created the opposite effect. The Jews awaited their leader not only to liberate them and restore their golden years, but to make them the most powerful nation on earth, ruling the entire planet in supremacy. But in Jesus they found someone in whose name (though not because he wanted it that way) a religion was created whose devotees made sure that the Jews were vilified as deicides rejected by God, which resulted in several centuries of repression and the most atrocious, heartless and implacable pogroms.
As to the original meaning of Messiah, there is no doubt that for millions of Jews over the years, simply by a twist of fate, Jesus was actually the Antichrist.
In short: we know almost nothing about Jesus before his public career began. Much of the information in the Gospels is clearly fictitious, and what remains is questionable and generates little confidence.
The information that seems reliable is very scarce. We know the name of Jesus’ mother and that of his male relatives, as well as probably that of his father. We know that there was something strange about his fatherhood that has given rise to all kinds of stories about his miraculous conception and his illegitimate filiation. He is placed in Galilee, but it is not clear if that was his family home or the place of his birth.
There is nothing we can take for granted about when, where or under what circumstances Jesus was born, or any other aspect of his family background. We also do not know anything about where he was educated, or if he received any kind of education. Despite the popular belief that he was a carpenter, we do not have accurate information about how he earned his living. He could be a native of Nazareth or not.
But even gaps and inventions tell us something: that those who endeavored to leave a written record of the life of Jesus knew nothing before he made his appearance on the public stage. This has to mean that none of his first followers knew anything, otherwise some kind of information would have leaked out among the authors of the Gospel. Jesus must have been a mystery even to his relatives. (It is a very strange fact, since some members of his family took charge of the movement after his death. Did they not tell anyone about his past?).

Many academics and specialists in alternative circles consider that Jesus’ family was closely related to his mission, even to the point of preparing him from birth for his important role in his adult life. Evidently, the supposed friction between him and his family poses a big problem for these theories.
Some believe that Jesus grew up with the expectation that he would play an important role, but that his understanding of that role differed from that of his family and that led to a break. Although this explanation would reconcile the contradiction between the expectations of his family and the The coldness between them when Jesus became an accomplished preacher is only necessary if we start from the basis that the family harbored those hopes.
A thing is very clear: that the perception that people have of Jesus was influenced by their old association with John the Baptist. This leads us to ask fundamental questions about the precise nature of the relationship between the two men during the Galilee mission of Jesus after John’s arrest, and also about the relationship that their respective groups of disciples maintained.
One of the immediate consequences of the death of John the Baptist is the feeding of the multitude, that is, providing enough food to a large number of people from a handful of loaves of bread and fish. Although the Gospels present this incident as a miracle with symbolic connotations, without a doubt the event had a great transcendence, although its true message was understood at the time of the composition of the Gospels or, for some reason, decided to omit. As the authors themselves had no idea what it was, they just explained it as a spectacular miracle.
Even so, it had to be one of the most important works of Jesus that, along with walking on the waters -with connotations that are not clear either- is the only episode of Jerusalem that appears in the four canonical Gospels.
The concrete circumstances of the death of John the Baptist are suspect, and the only thing we can say about it is that it came as a result of a kind of palace intrigue for which Herod Antipas was tricked or incited against his wishes and his political smell Interestingly, it seems that Jesus had followers within the house of Antipas. Whatever was really happening, there is no doubt that the death of the Baptist benefited Jesus, allowing him to take control of Juan’s movement and make significant changes in his own mission. Now he would set his sights on Jerusalem, his final destination.

Whatever the meaning of the mysteries of Bethany was, they were basically private acts for Jesus and his followers. But from here, the data point to a deliberate orchestration of his public career, especially the organization of episodes that would allow him to fulfill the signs that were expected of the Messiah.
The idea that Jesus consciously shaped his career to fit the prophecies of the Messiah was first raised in the 1930s, and Hugh Schonfield vigorously defended it in The Easter Plot. Why has it taken two millennia to suggest something like that? After all, both Jesus and his followers knew the prophecies of the Old Testament that presented the most salient features of a Messiah. All they had to do was make sure these requirements were met.
In Mark’s chronicle, Jesus and his group arrive on the outskirts of Jerusalem, “Bethphage and Bethany on the Mount of Olives,” and then he sends two hand-picked disciples with the following instructions: “Go to the nearest town , and when entering, you will find a burrito that nobody has ridden. Bring it here … ”
However, with or without the sinister character of Judas, the story of Jesus reaches a high point with a wounded and twisted body nailed to a cross, the end of a common rebel. But from this shameful death was born one of the influential religions.

There are two basic variants to the theory that Jesus was still alive when he was taken down from the cross. The first is that he regained consciousness in the grave in a natural way. The second is that his death was a simple representation.
The first version, however, required some collaboration with his followers, since he could not have left the tomb by his own foot if the entrance was blocked by a stone. The first to visit the tomb had to find him alive and he was revived (not necessarily to convince people of his resurrection, but to protect him from the Romans, since he was a condemned man).
The idea that Jesus survived the cross, based on the belief that he recovered from his dying state, has often circulated in all kinds of works, beginning with the extravagant version of the 1770s by the German theologian Karl Friedrich Bahrdt.
The idea that Jesus did not die on the cross, at least in the sense we know, began to take shape very soon. A Gnostic teacher, Basilides, who was active between 120 and 130 years, believed that Simon of Cyrene had been crucified instead of Jesus. The variants of this concept (such as the idea of ​​an illusory Jesus, as if it were a holographic double, that we find in the Koran) appear in some Gnostic texts. However, the idea was not based on any information about the crucifixion, but on Gnostic theology: since Jesus had adopted a man form while still being the divine being that existed together with the creator from the beginning of time, he could not suffer nor die.
However, modern theories make valid observations. If you have to believe in the chronology of the Gospels, Jesus died unexpectedly soon, about three hours after being crucified.
Lüdemann points out that, because of the disbanding of disciples after the arrest of Jesus, they were not in a position to organize the theft of his body. However, the apostles were not their only devotees. The other “fixed” Bethany could have done it. (And if Mary Magdalene was the sister of Lazarus, then it was one of the Bethany group that first communicated the news of the empty tomb.)
From this simple subterfuge, an important international religion has been created based on the idea that Jesus was resurrected.

The most immediate reason given by the disciples to disassociate themselves from the facts is easily identifiable: regardless of who Jesus was and his objectives, he had a very special charisma as a person. In the eyes of his followers, he was an exceptional individual who could not be defeated by mere mortal powers, not even those of the Roman Empire.
However, being charismatic and inspired is not a guarantee of being a wise person or having an impeccable ethical behavior – many leaders of sects are highly magnetic personalities who wield enormous power over their followers, for better or for worse, but often for the latter-. However, the attraction that Jesus exercised in the beginning, whatever its origin, led to the creation of the most successful religion that the world has ever known.
It is ironic that Jesus, as a person, fits better with the image of the leader of one of those sects so reviled by anti-sectarian organizations, almost all of them led by Christians. According to them, the key to detecting the leader of a sect is the presence of a charismatic man who claims to have a special relationship with God or to be in some way guided by him; someone who also preaches an apocalyptic event and instructs his followers to break ties with the family to follow him and be willing to die for him if necessary.
So the main reason why his closest followers continued to believe in him after he failed to do what everyone expected can be explained simply by the “leader of the sect” hypothesis. However, this hypothesis does not explain the continuation of the movement and its consolidation as a religion.
The success of Christianity in its establishment as a world religion could be attributed to a historical coincidence, since it gained the sympathies of Emperor Constantine in the middle of the fourth century. He could have chosen another of his rival religions-the cult of Mitra, for example, or one of his great competitors, the religion of Isis and Orisis-1 and would have been the predominant religion for two thousand years.
Christianity attracted gentile converts, though it does not make it clear why it continued behind so many different masks. The predominant academic perspective (which also has its critics) understands history in a simple way: the religious and political objectives of Jesus were interconnected and were uniquely and fundamentally Jewish. Although there is some disagreement about whether their main concern was religious reform or politics as the legitimate king of the Jews, in both cases the claim was entirely and exclusively Jewish. The Church of Jerusalem, headed by her brother James the Just, was the true continuation of Jesus’ movement, and Paul’s gentle version constituted a radical separation that would have surprised Jesus. But the Church of Jerusalem disappeared during the Roman action against the Jewish revolt, or was so depleted that it lost its authority, paving the way for Paul’s version to triumph. However, historical data shows that this simple and direct image is simply and simply incorrect.

If the debate over marriage with Mary Magdalene has shaken the foundations of the Catholic Church-and it is not over yet-then the revelation that Christ considered John the Baptist as the savior of the world threatens to blow that foundation away once and for all. for all. Even knowing that some considered John the Baptist as the Christ, and that Jesus himself seemed to subscribe to that belief-to the point of submitting to another holy man-changes everything. If Jesus was not unique or superior, why do we have to follow him?
For two thousand years the words of Jesus have been distorted and ignored on purpose, so that the clergy could control their faithful without difficulty. Apparently, Jesus himself would have been in favor of Christians having spent two thousand years worshiping the wrong Christ.

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Un pensamiento en “Las Máscaras De Cristo — Lynn Picknett & Clive Prince / The Masks of Christ: Behind the Lies and Cover-ups About the Life of Jesus by Lynn Picknett & Clive Prince

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