Yo Mono. Nuestros Comportamientos A Partir De La Observación De Primates — Pablo Herreros Ubalde / I’m Monkey. Our Behaviors From The Observation Of Primates by Pablo Herreros Ubalde (spanish book edition)

Explica nuestros comportamientos y actitudes desde el enfoque evolutivo. Que tenemos dos pulsiones , cuya preponderancia o dominio depende de factores del entorno, cultura, etc, la de ser cooperadores y la de ser agresivos.
Sin embargo, el instinto con el que nacemos y el que ha sido predominante en toda la evolución ha sido la cooperación.
Un libro que nos pone de manifiesto la similitud de conductas entre los primates y la los humanos , lectura amena y muy didáctica.
Los sonamuh habitan en manadas en varios continentes del planeta Tierra. Son una especie numerosa cuyos fósiles delatan un pasado sometido a cambios constantes en el ambiente. Por lo que sabemos, un meteorito que cayó en África hace varios millones de años les separó del resto de los primates y por eso presentan características propias. Tras el cataclismo, a un lado quedó la selva y al otro un bosque muy fragmentado. Ya no era posible saltar de una rama a otra, así que tuvieron que adaptarse a esta nueva vida.

Los sonamuh dedican gran parte de su tiempo a estrechar lazos con otros sonamuh del grupo. Son amables y altruistas con sus compañeros de manada, pero, curiosamente, al mismo tiempo desconfían de otros miembros de su especie que habitan en territorios vecinos, llegando a ser muy violentos con ellos.
Poseen un sistema de comunicación complejo. Al igual que otros monos, son muy creativos y también fabrican herramientas sofisticadas.
Si quieres saberlo, lee su nombre al revés.

Los primates juegan a los mismos juegos de poder que los humanos. Por ejemplo, un chimpancé no puede apoyarse exclusivamente en la dominación y la fuerza para conseguir lo que desea. Al igual que nosotros, emplean multitud de estrategias para obtenerlo. Ello se debe a que en este orden o grupo de especies al que pertenecemos, el ejercicio del poder es algo que se gestiona mediante diversas maniobras políticas, lo que incluye la manipulación, la creación de alianzas, la provocación de conflictos, la reconciliación, el chantaje o hacer intervenir a terceras partes, entre decenas de artimañas políticas más, todas ellas bien conocidas por nuestra especie.
Las investigaciones más recientes demuestran que nuestros parientes más cercanos, chimpancés y bonobos, viven en sociedades complejas y realizan maniobras políticas semejantes a las nuestras para resolver los desafíos que conlleva la vida en grupo.
Los humanos perseguimos los mismos propósitos que el resto de los primates, aunque las formas que usamos para transmitir este tipo de mensajes son más diversas. Nuestra especie posee el repertorio más amplio de la naturaleza. Los humanos dejamos patente nuestro poder mediante, por ejemplo, la forma de hablar o de andar, e incluso en ocasiones golpeamos objetos en presencia de otros para mostrar nuestra fuerza potencial. También a la hora de consumir tratamos de marcar estas diferencias con otros.

El primatólogo Joseph Manson ha demostrado que los machos de macaco que tienen los dientes en mal estado abren menos veces la boca que los que tienen una dentadura sana. De Waal cree que es probable que ésta sea la razón por la que los hombres apenas nos quejamos y vamos menos al médico, cuando está comprobado que nuestro umbral del dolor es bajo y lo soportamos peor que las mujeres. Algunos autores han sugerido que se trata de un mecanismo inconsciente para no mostrar un estado de salud deteriorado, una debilidad que puede ser aprovechada por otros machos. Esto es debido a que siempre hay otros grupos o individuos dispuestos a asaltar el poder el día que no puedas defenderte.
Para los chimpancés, la defensa del territorio también es importante porque necesitan que tenga el tamaño adecuado para albergar y alimentar a todos los adultos y crías del grupo. Como ocurre con muchas naciones humanas, las fronteras en ocasiones coinciden con accidentes geográficos, como por ejemplo ríos o montañas, con lo que ambos territorios quedan bien delimitados, pero entre los chimpancés las zonas de unos y otros casi siempre se solapan.
En algunas especies de primates, el método que emplean para que un individuo o grupo no cometa excesos es la cooperación de los subordinados en contra del poder. Por ejemplo, cuando un líder de chimpancé asciende a lo más alto de la jerarquía, comienzan movimientos en el grupo que cuajarán en alianzas que frenarán su violencia, ejerciendo una fuerza opuesta. De este modo cuestionan la autoridad de los más poderosos en todo momento.
Cuando un líder es expulsado de su puesto, normalmente se debe a una alianza entre varios miembros, de la que saldrá el nuevo líder, dando inicio a un nuevo proceso de formación de coaliciones. Es decir, el comportamiento despótico de los chimpancés tiene unos límites que vienen impuestos por distintos contrapoderes del grupo. Los cambios en las posiciones sociales y el desgaste del poder gobernante son procesos constantes.

Rumores malintencionados aparte, las nuevas tecnologías han favorecido la necesidad de relacionarnos que todos poseemos, una necesidad que nos ayuda a adaptarnos mejor, que forma parte de nuestras motivaciones más profundas desde hace cientos de miles de años y que ha desempeñado un papel fundamental en la historia evolutiva de nuestra especie. El software y el hardware han mejorado nuestra capacidad de gestionar relaciones antiguas y generar otras nuevas, como ya sucedió en una ocasión hace más de cien mil años gracias a una expansión en el tamaño y las conexiones del cerebro. Los humanos de entonces y los de ahora, al igual que el resto de los primates, sabemos que cuando una nueva persona se cruza en nuestras vidas se abren infinitas posibilidades y caminos.

La existencia de normas sociales es uno de los misterios más apasionantes de la ciencia, ya que la cooperación humana se basa en ellas. Las normas sociales son creencias que todos compartimos sobre cómo debemos comportarnos en determinadas circunstancias. Necesitamos unas reglas para colaborar sin que parte alguna salga perjudicada y acabe por no salirle a cuenta trabajar en equipo. Algunas de estas normas están recogidas por escrito en constituciones, códigos penales o de circulación, etc., pero otras no, ya que son implícitas y las seguimos de modo inconsciente.

Los humanos jugamos desde el nacimiento hasta la muerte. En los primeros años, nuestras madres y padres son los compañeros de juego principales. Nos hacen cosquillas, nos dan pequeños sustos y nos balancean de un lado a otro, algo que los bebés disfrutan muchísimo. Pronto se introducen juguetes y más adelante aparecen los compañeros, con los que se practican los juegos de persecución y equipo. Pero el juego no se detiene en esta fase de la vida. A medida que avanza el tiempo, la atracción por el juego comienza a hacerse más compleja y presenta formas más sofisticadas: juegos de palabras, ajedrez, cartas o, simplemente, ver a otros jugar.
El juego se originó hace por lo menos cien millones de años, porque contamos con pruebas de su existencia en la mayoría de los mamíferos, lo que significa que el ancestro común de todos nosotros ya poseía esta tendencia. Pero también está presente en algunas aves, reptiles y anfibios.
Cuando los chimpancés o bonobos juegan, muestran un comportamiento habitual en peleas reales, aunque los movimientos son simulados y de menor intensidad. Los niños se empujan, muerden y tiran del pelo, pero también se controlan, de lo contrario no se trataría de un verdadero juego. Por lo general, los primates fingen tener menos fuerza de la que tienen cuando juegan. Se trata de algo así como una suerte de minusvalía fingida o aparente detectada también en humanos.
El juego también cumple una función de integración social. En los chimpancés, los que no se controlan son rechazados.

La mayoría de los primates poseemos una intensa vida sexual. Mientras que las hembras de otras especies animales sólo están disponibles y motivadas en periodos muy limitados —una vez al mes o cada varios meses—, en las mujeres no es así. Las personas están dispuestas a copular en cualquier momento del mes, ya que ello no guarda una conexión con la ovulación de la mujer. Esta incapacidad de los hombres para detectar los periodos fértiles de las mujeres se cree que es una adaptación evolutiva para engañar a los
machos y tenerlos interesados incluso cuando ellas no pueden quedarse embarazadas, evitando así que se vayan con otras.
El bonobo, tan cercano al ser humano como el chimpancé, es el gran simio con mayores tasas de homosexualidad en sus sociedades, tanto masculina como femenina.Ambos sexos se dan besos con lengua, se masturban mutuamente y frotan sus genitales.

La etiqueta del famoso Anís del Mono, bebida que se elabora en Cataluña desde 1870, muestra una caricatura de Darwin con cuerpo de mono o un mono con cabeza de Darwin. La leyenda cuenta que en los almacenes vivía un mono llegado en un barco de África, y de ahí el nombre. No sé si la familia Bosch, fundadores de la empresa, sabían de la afición de los primates por el alcohol, pero es que el gusto por la bebida no es patrimonio exclusivo del ser humano. En África, cuando los frutos de la marula fermentan generan un alcohol que se queda dentro. Es el momento en el que todos los animales de la zona se olvidan de sus diferencias y se acercan a pasar un buen rato como si estuvieran en un pub. Tras unas horas, se ve a los elefantes y jirafas haciendo eses, y a los monos caer de los árboles debido a las borracheras que se agarran.
En la India, donde los macacos son sagrados, no son raros los saqueos, que incluyen la ingesta de algún tipo de bebida alcohólica. Las consecuencias del alcohol en su organismo son muy parecidas a las que nosotros sufrimos: fallos en la locomoción, caídas y, finalmente, somnolencia. Al día siguiente también tienen resaca.
También parecen estar predispuestos a la adicción con otras drogas. Tras administrar a los chimpancés morfinas y opioides varios días, se les expuso a situaciones en las que debían escoger entre cajas que contenían comida o nuevas dosis de droga. Éstos prefirieron la caja que contenía la droga, lo que demostró el potencial adictivo de estas sustancias en primates humanos y no humanos.

Del mismo modo, entre primates no humanos es frecuente que se consuelen los unos a los otros tras un suceso que ha generado angustia. Éstos suelen abrazarse y acariciarse o acicalarse, lo que disminuye el estrés.
En la selva, cuando un chimpancé muere, los compañeros emiten unos sonidos que en esta especie están asociados con la ansiedad y que recuerdan a la angustia humana. También dejan de comer durante un tiempo y su salud se deteriora. Esta reacción me recuerda a los testimonios de muchas personas que están seguras de que su abuelo o abuela murió de pena meses después de haber fallecido su pareja, tras varias décadas viviendo juntos. Estos viudos o viudas pierden las ganas de vivir y dejan de comer, como dejándose morir.
El amor es un sentimiento que todo el mundo experimenta alguna vez, y aun así es muy complicado de explicar.

Nacemos con una tendencia al altruismo y la empatía con los miembros de nuestra tribu, pero también nos dejamos llevar por instintos violentos frente a lo desconocido, desconfiamos de los extraños y provocamos guerras en el extranjero en las que mueren inocentes. Por eso, los humanos somos el mono de las dos caras. Asumiendo que poseemos un lado oscuro, también debemos sentirnos orgullosos de ser unos seres emocionales, creativos y juguetones a quienes se les contagia fácilmente todo lo que ocurre a su alrededor y que desarrollamos fuertes apegos en poco tiempo. Lo que ocurre, como dice De Waal, es que «se puede sacar al mono de la selva pero no a la selva del mono». Porque, para bien y para mal, todos somos monos, tú y yo.

Explain our behaviors and attitudes from the evolutionary approach. That we have two drives, whose preponderance or dominance depends on factors of the environment, culture, etc, that of being cooperative and that of being aggressive.
However, the instinct with which we are born and the one that has been predominant throughout evolution has been cooperation.
A book that shows us the similarity of behaviors between primates and humans, pleasant reading and very didactic.
Sonamuh live in herds on several continents on planet Earth. They are a numerous species whose fossils reveal a past subjected to constant changes in the environment. As far as we know, a meteorite that fell in Africa several million years ago separated them from the rest of the primates and that is why they present their own characteristics. After the cataclysm, on one side was the jungle and on the other a very fragmented forest. It was no longer possible to jump from one branch to another, so they had to adapt to this new life.

Sonamuh devote much of their time to bond with other sonamuh of the group. They are friendly and altruistic with their packmates, but, curiously, at the same time they distrust other members of their species that live in neighboring territories, becoming very violent with them.
They have a complex communication system. Like other monkeys, they are very creative and also make sophisticated tools.
If you want to know, read his name upside down.

Primates play the same power games as humans. For example, a chimpanzee can not rely exclusively on domination and strength to get what he wants. Like us, they use a multitude of strategies to obtain it. This is because in this order or group of species to which we belong, the exercise of power is something that is managed through various political maneuvers, including manipulation, the creation of alliances, the provocation of con fl icts, reconciliation, blackmail or involve third parties, among dozens of other political tricks, all well known by our species.
The most recent research shows that our closest relatives, chimpanzees and bonobos, live in complex societies and carry out political maneuvers similar to ours to solve the challenges of group life.
Humans pursue the same purposes as other primates, although the ways we use to convey these types of messages are more diverse. Our species has the broadest repertoire of nature. Humans make our power clear through, for example, the way we talk or walk, and sometimes we hit objects in the presence of others to show our potential strength. Also at the time of consumption we try to mark these differences with others.

Primatologist Joseph Manson has shown that macaque males who have teeth in poor condition open less mouth than those who have a healthy teeth. De Waal believes that this is probably the reason why men just complain and go less to the doctor, when it is proven that our pain threshold is low and we endure it worse than women. Some authors have suggested that it is an unconscious mechanism to not show a deteriorated state of health, a weakness that can be exploited by other males. This is because there are always other groups or individuals willing to storm power the day you can not defend yourself.
For chimpanzees, the defense of the territory is also important because they need it to have the right size to house and feed all the adults and offspring of the group. As with many human nations, the borders sometimes coincide with geographical accidents, such as rivers or mountains, so that both territories are well delimited, but among the chimpanzees, the zones of each other almost always overlap.
In some primate species, the method they use for an individual or group not to commit excesses is the cooperation of subordinates against power. For example, when a chimpanzee leader ascends to the top of the hierarchy, movements in the group begin to form in alliances that will stop their violence, exerting an opposite force. In this way they question the authority of the most powerful at all times.
When a leader is expelled from his position, it is usually due to an alliance between several members, from which the new leader will emerge, starting a new process of coalition formation. That is to say, the despotic behavior of the chimpanzees has some limits that are imposed by different counterpowers of the group. Changes in social positions and the erosion of the ruling power are constant processes.

Malicious rumors aside, the new technologies have favored the need to relate that we all have, a need that helps us to adapt better, that is part of our deepest motivations for hundreds of thousands of years and that has played a fundamental role in the evolutionary history of our species. Software and hardware have improved our ability to manage old relationships and generate new ones, as happened once more than a hundred thousand years ago thanks to an expansion in brain size and connections. The humans of then and now, like the rest of the primates, know that when a new person crosses our lives, infinite possibilities and paths open up.

The existence of social norms is one of the most exciting mysteries of science, since human cooperation is based on them. Social norms are beliefs that we all share about how we should behave in certain circumstances. We need some rules to collaborate without any part is damaged and end up not going out on account to work as a team. Some of these norms are collected in writing in constitutions, penal or circulation codes, etc., but others are not, since they are implicit and we follow them unconsciously.

Humans play from birth to death. In the first years, our mothers and fathers are the main playmates. They tickle us, give us little scares and swing us from one place to another, something that babies really enjoy. Soon toys are introduced and later the companions appear, with whom the persecution games and equipment are practiced. But the game does not stop at this phase of life. As time progresses, the attraction for the game begins to become more complex and presents more sophisticated forms: games of words, chess, cards or, simply, see others play.
The game originated at least a hundred million years ago, because we have proof of its existence in most mammals, which means that the common ancestor of all of us already had this tendency. But it is also present in some birds, reptiles and amphibians.
When the chimpanzees or bonobos play, they show a habitual behavior in real fights, although the movements are simulated and of smaller intensity. Children push themselves, bite and pull their hair, but they also control themselves, otherwise it would not be a real game. In general, primates have less strength than they have when they play. It is something like a sort of fixed or apparent disability also detected in humans.
The game also fulfills a function of social integration. In chimpanzees, those that are not controlled are rejected.

Most primates have an intense sexual life. While females of other animal species are only available and motivated in very limited periods – once a month or every several months – in women it is not. People are willing to copulate at any time of the month, since it does not keep a connection with the ovulation of the woman. This inability of men to detect the fertile periods of women is thought to be an evolutionary adaptation to deceive
males and have them interested even when they can not get pregnant, thus preventing them from leaving with others.
The bonobo, as close to the human being as the chimpanzee, is the great ape with higher rates of homosexuality in their societies, both male and female. Both sexes give each other tongue kisses, masturbate each other and rub their genitals.

The label of the famous Anís del Mono, a drink made in Catalonia since 1870, shows a caricature of Darwin with a monkey body or a monkey with Darwin’s head. Legend has it that in the stores lived a monkey arrived on a boat from Africa, and hence the name. I do not know if the Bosch family, founders of the company, knew about the primacy of the primates for alcohol, but the taste for drinking is not the exclusive preserve of the human being. In Africa, when the fruits of the marula ferment they generate an alcohol that stays inside. It is the moment in which all the animals in the area forget their differences and come to have a good time as if they were in a pub. After a few hours, you see the elephants and giraffes making waves, and the monkeys fall from the trees due to the drunkenness they get.
In India, where macaques are sacred, looting is not uncommon, which includes the ingestion of some type of alcoholic beverage. The consequences of alcohol in your body are very similar to those we suffer: locomotion failures, falls and, finally, drowsiness. The next day they also have a hangover.
They also seem to be predisposed to addiction with other drugs. After administering morphine and opioid chimpanzees for several days, they were exposed to situations in which they had to choose between boxes containing food or new doses of drugs. They pre- ferred the box containing the drug, which demonstrated the addictive potential of these substances in human and non-human primates.

In the same way, among non-human primates, it is common for them to console each other after an event that has generated anguish. These tend to hug and caress or groom themselves, which reduces stress.
In the jungle, when a chimpanzee dies, the companions emit sounds that in this species are associated with anxiety and that remind us of human anguish. They also stop eating for a while and their health deteriorates. This reaction reminds me of the testimonies of many people who are sure that their grandfather or grandmother died of grief months after the death of their partner, after several decades living together. These widows or widows lose their will to live and stop eating, as if they were dying.
Love is a feeling that everyone experiences at some time, and even then it is very complicated to explain.

We are born with a tendency towards altruism and empathy with the members of our tribe, but we also let ourselves be carried away by violent instincts in the face of the unknown, we distrust strangers and provoke wars abroad in which innocent people die. That is why humans are the monkey of both faces. Assuming that we have a dark side, we should also feel proud to be emotional, creative and playful beings who are easily infected by everything that happens around them and we develop strong attachments in a short time. What happens, as De Waal says, is that “you can take the monkey out of the jungle but not the monkey jungle.” Because, for better or for worse, we are all monkeys, you and me.

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