Un Mundo Mejor Para Nuestros Hijos. Discursos 2009-2016 — Barack Obama / We Are the Change We Seek: The Speeches of Barack Obama by Barack Obama

Después de leer varios discursos, comienzo a encontrar algunos de los temas comunes que se enumeran a continuación:
1. Obama tiene un profundo y rico sentido de la historia y aprecio por la singularidad y diversidad de Estados Unidos.
2. Obama es un pensador profundo y es consciente de su singularidad personal y de sus luchas como estadounidense, cristiano y demócrata.
3. Sus ideas, prescripción de políticas y logros políticos (incluido el legado, con suerte) provienen de su comprensión de lo que hace que Estados Unidos sea único y hermoso en todas sus ramificaciones. Esto se debe a que ha vivido entre las comunidades a las que sirvió en varios niveles
4. Es un político “decente” y empático. Presenta un modelo sobre cómo hablar de otros, cuyas ideologías o creencias no podemos compartir.
5. Es un optimista eterno y siempre está dispuesto a participar y asimilar nueva información.
Mi esperanza es que el Partido Demócrata y cualquiera que desee servir verdaderamente a la gente regrese y lea / escuche la mayoría de los discursos que este material tiene hermoso catalogado. Podrían aprender a hablar con personas de todo Estados Unidos con empatía, esperanza y un cinismo saludable, cuando sea necesario.

Bien sabemos que estamos en medio de una crisis. Nuestra nación se halla en guerra contra una red de violencia y odio de muy amplio alcance. Nuestra economía se ha debilitado mucho como consecuencia de la avaricia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva a la hora de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido hogares, destruido puestos de trabajo, cerrado empresas. Nuestra sanidad es demasiado cara; nuestras escuelas defraudan las expectativas de demasiada gente, y cada día se hace más evidente que el modo en que consumimos energía refuerza a nuestros adversarios y supone una amenaza para el planeta.
Estos son los indicadores de la crisis, según los datos y las estadísticas. Menos mesurable, pero no menos profunda, es la pérdida de confianza en todo nuestro territorio; el inquietante temor de que el declive del país resulte inevitable, de que la próxima generación deba rebajar sus miras de futuro.
Hoy os digo que los desafíos que tenemos ante nosotros son reales. Son graves, y muchos. No se resolverán fácilmente, ni en un corto periodo de tiempo. Pero que no te quepa duda, América: los resolveremos.

A los que trabajen en el sector financiero, permítanme que les diga esto: no siempre compartimos el mismo punto de vista; no siempre estamos de acuerdo. Pero eso no significa que hayamos de elegir entre dos extremos. No se trata de escoger entre mercados tan libres que ni siquiera dispongan de la más mínima protección ante las crisis, o mercados limitados por una normativa tan gravosa que suprima la iniciativa emprendedora y la innovación. Esa es una falsa disyuntiva. Y la mejor prueba de ello es la crisis que acabamos de sufrir.
Siempre ha existido tensión entre el deseo de permitir que los mercados funcionen sin interferencias y la ineludible necesidad de reglas para prevenir que los mercados se desquicien. Pero saber gestionar esa tensión, algo que llevamos debatiendo desde el nacimiento de esta nación, es lo que ha permitido que este país marche al ritmo que exigen los cambios del mundo. Porque al abordar este debate, al hallar el modo de aplicar viejos principios a cada nueva era, nos aseguramos de que no nos estamos inclinando demasiado hacia un polo o el otro, y de que nuestra democracia y nuestra economía siguen siendo tan dinámicas como lo fueron en el pasado. Por tanto, sí, este debate puede resultar muy disputado, muy acalorado. Pero al final solo puede hacer que nuestro país sea más fuerte. Es lo que nos ha permitido adaptarnos y prosperar.

Lo cierto es que ese pronóstico se ha cumplido. Hoy luce el sol. Sé que esta ha sido una larga noche para todos. También lo ha sido para mí. Tuve ocasión de hablar con el presidente electo, con el señor Trump, la pasada noche –serían aproximadamente las tres y media de la madrugada–, para felicitarle por su victoria en estas elecciones. Y tuve la oportunidad de invitarle a que viniera mañana a la Casa Blanca para hablar y asegurarnos de que el relevo entre ambas Presidencias se efectúe satisfactoriamente.
No es ningún secreto que entre el presidente electo y yo existen diferencias muy importantes. Pero recuerden que, hace ocho años, existían diferencias igualmente importantes entre el presidente Bush y yo. Sin embargo, el equipo del presidente Bush no podría haber sido más profesional y más amable a la hora de garantizar una transición fluida que nos permitiera poner de inmediato manos a la obra. Y si de algo te das cuenta rápidamente en este trabajo es de que la Presidencia, y la Vicepresidencia, está por encima de cualquiera de nosotros.
Todos deseamos lo mejor para este país. Eso es lo que oí la pasada noche en las palabras del señor Trump. Eso es lo que oí cuando hablé con él directamente. Y me infundió aliento. Eso es lo que necesita el país: un sentimiento de unidad; un sentimiento de inclusión; el respeto a las instituciones, a nuestro modo de vida, al Estado de derecho; y el respeto mutuo entre todos nosotros. Yo espero que el señor Trump mantenga ese espíritu durante este periodo de transición, y desde luego espero también que sea esa la forma en que pueda empezar su Presidencia.
Hoy también le he dicho a mi equipo que mantenga bien alta la cabeza, porque la fantástica labor que día tras día ha llevado a cabo –a menudo sin demasiado bombo ni atraer demasiada atención–, su trabajo en los diferentes organismos, o ese trabajo en oscuros ámbitos de la política que hace que el Gobierno funcione mejor, con una mayor capacidad de respuesta y mayor eficiencia, con un mejor servicio al ciudadano para resultar útil a más gente; ese fantástico trabajo le ha dejado al próximo presidente un país mejor y más fuerte que el que teníamos hace ocho años.
En ocasiones, se pierde una disputa. En ocasiones, se pierden las elecciones. El camino que ha recorrido este país nunca ha sido una línea recta. Nos hemos movido en zigzag, y a veces lo hemos hecho de forma que unos pensaban que avanzábamos y otros que retrocedíamos. Y está bien que así sea. He perdido elecciones antes.
Estoy convencido de que este increíble viaje en el que como estadounidenses nos hemos embarcado va a continuar. Y estoy deseando hacer todo lo que esté en mi mano para que el próximo presidente tenga éxito en ello. Ya lo he dicho antes: considero este trabajo como si se tratara de una carrera de relevos; coges el testigo, corres la mejor carrera posible y, con un poco de suerte, cuando lo entregas estás algo más adelante, has progresado un poco. Puedo decir que eso lo hemos conseguido, y ahora quiero asegurarme de que entregamos perfectamente el testigo, porque, en definitiva, todos estamos en el mismo equipo.
Bien, muchas gracias a todos.

After reading to a number of speeches, I begin to found a few common themes listed below:
1. Obama has a deep and rich sense of history and appreciation for America’s uniqueness and diversity
2. Obama is a deep thinker and he’s self-aware of his personal uniqueness and struggles as an American, a Christian and a Democrat
3. His ideas, policy prescription and policy achievements (including legacy, hopefully) are drawn from his understanding of what makes America unique and beautiful in all its ramifications. This is because he’s lived among the communities he served at various levels
4. Is a “decent” and empathetic politician. He presents a model for how to talk about others, whose ideologies or beliefs we may not share
5. He’s an eternal optimist and ever willing to engage and assimilate new information
My hope is that the Democratic Party and anyone hoping to truly serve the people would go back and read/listen to most of the speeches that this material has beautiful cataloged. They might learn how to speak with people all across America with empathy, hope and a healthy cynicism, when necessary.

We know well that we are in the middle of a crisis. Our nation is at war against a network of violence and hatred of very broad scope. Our economy has been greatly weakened as a result of the greed and irresponsibility of some, but also because of our collective inability to make difficult decisions and prepare the nation for a new era. Homes have been lost, jobs destroyed, businesses closed. Our health is too expensive; our schools defraud the expectations of too many people, and every day it becomes more evident that the way we consume energy reinforces our adversaries and poses a threat to the planet.
These are the indicators of the crisis, according to the data and statistics. Less measurable, but no less profound, is the loss of confidence in our entire territory; the disturbing fear that the country’s decline will be inevitable, that the next generation should reduce its future prospects.
Today I tell you that the challenges before us are real. They are serious, and many. They will not be solved easily, even in a short period of time. But do not worry, America: we will solve them.

To those who work in the financial sector, let me tell you this: we do not always share the same point of view; We do not always agree. But that does not mean that we have to choose between two extremes. It is not a matter of choosing between such free markets that do not even have the slightest protection against crises, or markets limited by such a heavy regulation that suppresses entrepreneurial initiative and innovation. That is a false dilemma. And the best proof of that is the crisis that we just suffered.
There has always been tension between the desire to allow markets to function without interference and the inescapable need for rules to prevent markets from falling apart. But knowing how to manage that tension, something that we have been debating since the birth of this nation, is what has allowed this country to march at the pace demanded by the changes in the world. Because in addressing this debate, by finding ways to apply old principles to each new era, we make sure that we are not leaning too much towards one pole or the other, and that our democracy and our economy are still as dynamic as they were in the past. Therefore, yes, this debate can be very disputed, very heated. But in the end it can only make our country stronger. It is what has allowed us to adapt and prosper.

The truth is that this forecast has been met. Today the sun shines. I know this has been a long night for everyone. It has also been for me. I had the opportunity to talk with the president-elect, with Mr. Trump, last night-it would be about three-thirty in the morning-to congratulate him on his victory in these elections. And I had the opportunity to invite him to come to the White House tomorrow to speak and make sure that the change between both Presidencies is carried out satisfactorily.
It is no secret that there are very important differences between the president-elect and myself. But remember that, eight years ago, there were equally important differences between President Bush and me. However, President Bush’s team could not have been more professional and kinder when it came to ensuring a smooth transition that would allow us to immediately get to work. And if you notice something quickly in this work is that the Presidency, and the Vice Presidency, is above any of us.
We all wish the best for this country. That’s what I heard last night in Mr. Trump’s words. That’s what I heard when I spoke with him directly. And it gave me breath. That is what the country needs: a feeling of unity; a feeling of inclusion; respect for institutions, our way of life, the rule of law; and mutual respect among all of us. I hope that Mr. Trump will maintain that spirit during this period of transition, and I certainly hope that this is the way in which he can begin his Presidency.
Today I have also told my team to keep their heads high, because the fantastic work that they have carried out day after day – often without too much hype or attract too much attention -, their work in the different organisms, or that work in dark areas of politics that make the government work better, with a greater capacity for response and greater efficiency, with a better service to the citizen to be useful to more people; that fantastic work has left the next president a better and stronger country than we had eight years ago.
Sometimes, a dispute is lost. Sometimes, the elections are lost. The road that this country has traveled has never been a straight line. We have moved in zigzag, and sometimes we have done it in a way that some thought we were advancing and others that we were going backwards. And it’s okay, so be it. I lost elections before.
I am convinced that this incredible journey in which as Americans we have embarked is going to continue. And I’m willing to do everything in my power to make the next president succeed in it. I have already said it before: I consider this work as if it were a relay race; You take the witness, you run the best possible race and, with a bit of luck, when you deliver it, you are a little further on, you have progressed a bit. I can say that we have achieved that, and now I want to make sure that we deliver the witness perfectly, because, in short, we are all on the same team.
Well, thank you very much everyone.

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