No Somos Fachas, Somos Españoles — Emilia Landaluce / We Aren’t Poshs We’re Spaniards by Emilia Landaluce (spanish book edition)

Este es un libro que puede ser leído y generará debate. Antes del 8 de octubre nadie hubiera imaginado que cerca de un millón de personas saldría a las calles de Barcelona para decir lo evidente: que Cataluña es España y que el nacionalismo (menos de la mitad del censo de la comunidad autónoma) no tenía derecho a decidir por el resto de los españoles.
Aquella manifestación no fue el resultado de la acción planificada de ningún partido político. Tampoco de una plataforma cívica (pese al protagonismo de Sociedad Civil Catalana) o de la compleja ingeniería social que rige los intereses de los medios de comunicación en España. Se trató más bien de una reacción popular que comenzó en algún rincón de España cuando un ciudadano o muchos ciudadanos anónimos sacaron la bandera constitucional al balcón para decirle a los no nacionalistas que vivían en Cataluña que no estaban solos.

Facha hoy es todo aquello que esté fuera de los límites de lo políticamente correcto, un espacio ideológico que suele estar definido por las élites, esas élites. (Dejamos fuera de esas élites a las verdaderas élites: médicos, científicos, ingenieros, profesores, empresarios, autónomos… los profesionales, que son las que realmente han conseguido sacar España adelante en los momentos más difíciles).
Se pretende volver a hacernos creer que Cataluña es uniforme y nacionalista, que no existe la división entre catalanes y que el pueblo catalán es uno solo. Que los españoles catalanes en Cataluña son solo cuatro gatos.

Los nacionalismos en España llevan años aprovechándose de la baja autoestima que arrastran los ciudadanos por culpa de esas élites y de la crisis económica mundial. No era la primera vez. Ya lo habían hecho en el 98. Y lo mismo había pasado en 1936, cuando se desdeñó la paz y los extremos se impusieron a la silenciosa mayoría. Por eso en 2012 Artur Mas logró convocar por primera vez a cientos de miles de nacionalistas en una Diada. Urgía deshacerse de España, un país incapaz de salir de la crisis.
Lo peor es que, de alguna manera, hasta 2017 muchos españoles asumieron las tesis del nacionalismo respecto a España. Que es un Estado atrasado, fallido, corrupto.
Henry Kissinger, secretario de Estado norteamericano y que tan relevante (para bien y para mal) fue en el desenlace de la Transición, cuando se pasó casi un mes en España viendo partidos del mundial en 1982: «Las (esas) élites en España no valen nada, no hacen nada bueno por su país… pero los españoles son gente extraordinaria..».
“Ç¿Cuántas veces hemos escuchado que Cataluña, el País Vasco y Galicia son diferentes? O peor todavía, que la que es different (anómala) es España, con su democracia de tres al cuarto y su franquismo aletargado en el Valle de los Caídos. Gran parte de la izquierda radical (por lo general pesimista, negrolegendaria, noventayochista en el sentido más cenizo) comenzó a extender tópicos como que España es el país más corrupto del mundo, intolerante, machista, precario, en el que la sociedad permite niveles estratosféricos de pobreza infantil por lo que hordas de niños dickensianos se veían obligadas a salir a las calles de Madrid para buscarse la vida.
Precisamente, corrupto es una de las palabras que el nacionalismo catalán asocia a los españoles.
La industrialización del País Vasco y Cataluña solo fue posible después de que España se convirtiese en nación política. Antes, el desarrollo industrial estaba frenado en estas regiones por la servidumbre que exigían las oligarquías locales. La centralización y la uniformización, también la apertura de mercados y puertos, serán elementos de liberación. Las élites catalanas no tardarían en calificar la nación de despotismo, pues terminaba con las «libertades tradicionales». ¿Qué libertades? La libertad de aquellos señoríos no tenía ni tiene nada que ver con la tiranía con la que esos mismos señores trataban a los particulares catalanes, que desde 1812 pasaron a ser ciudadanos iguales a ellos.
La alta industrialización en Cataluña también se debió en parte a la legislación comercial española.

Se dejó a la mitad de Cataluña a merced de la otra media. Con una diferencia: los no nacionalistas no pretenden excluir a nadie. «Nosotros podemos con vosotros. ¿Por qué vosotros no podéis convivir con nosotros?», decía una pancarta de españoles catalanes.

Ocupando una posición media en los rankings de transparencia, los españoles no somos más corruptos que el resto de los ciudadanos de Europa. Al contrario, tenemos una obsesión probada porque se haga justicia.
Ese afán aparece claramente reflejado en nuestro teatro: los argumentos de dos de las obras dramáticas más conocidas de nuestra literatura, Fuenteovejuna y El alcalde de Zalamea, no tienen paralelismo en otros países… Como tampoco la tiene la picaresca, género típicamente español que no solo persigue mostrar las peripecias cómicas, sino que más bien tienen un fin moralizante.
El rey es una figura odiada por los que cuestionan la nación española. No se trata tanto de una opinión de izquierdas, sino de ese pesimismo que caracteriza al nacionalismo y las tiranías, que considera que España es un fracaso y como tal tienen a sus símbolos.
Para muchos españoles, el rey es el símbolo de la continuidad de España. Es decir, la línea genealógica (al menos la oficial) del rey Felipe VI se remonta hasta la nación histórica que fue España; prosigue después de la nación moderna que se constituyó con 1469 con la unión dinástica de Castilla y Aragón por el matrimonio de los Reyes Católicos y la posterior incorporación del Reino de Navarra en 1513. Y persistió hasta que por fin, en 1812, España se convirtió en una nación política.
Para otros, el elemento básico de su legitimidad reside en el respeto de la corona al régimen de libertades y de derechos. Esa es la razón por la que la corona pierde legitimidad cuando incumple la Constitución, como ocurrió al final del reinado de Isabel II o cuando Alfonso XIII respaldó el golpe de Estado de Primo de Rivera. Esto es lo realmente importante.

Cataluña, aunque el nacionalismo lo niegue, es diversa. Ese 8 de octubre se evidenció que los catalanes no son un pueblo homogéneo, unido en pos de la independencia. Al contrario, Ciudadanos ganó las elecciones del 21 de diciembre y el no nacionalismo obtuvo más votos que los soberanistas, aunque estos lograran más escaños en el Parlament.
Sin embargo, el nacionalismo sigue empeñado en gobernar exclusivamente para los suyos, en proseguir una deriva identitaria supremacista, en utilizar a los mossos como si fueran una policía privada y en despreciar al jefe de Estado.
Algunos dirán que estamos peor que hace unos años pero no es así. El no nacionalismo, por fin, ha dejado de lado sus complejos y exige recuperar un espacio que también le pertenece.
En cualquier caso, los españoles deben —debemos— ser conscientes de que somos los únicos que podemos contener la deriva que suponga el final de España y su voluntad «verdaderamente empecinada» de vivir en libertad juntos los distintos.

This is a book that can be read and will generate debate. Before October 8, no one would have imagined that nearly a million people would take to the streets of Barcelona to say the obvious: that Catalonia is Spain and that nationalism (less than half the census of the autonomous community) had no right to decide for the rest of the Spanish.
That demonstration was not the result of the planned action of any political party. Neither a civic platform (despite the prominence of Catalan Civil Society) or the complex social engineering that governs the interests of the media in Spain. It was rather a popular reaction that began in some corner of Spain when a citizen or many anonymous citizens took the constitutional flag to the balcony to tell non-nationalists living in Catalonia that they were not alone.

Hooligan today is everything that is outside the limits of what is politically correct, an ideological space that is usually defined by the elites, those elites. (We leave out of these elites the real elites: doctors, scientists, engineers, professors, entrepreneurs, freelancers … the professionals, who are the ones who have really managed to get Spain through the most difficult moments).
It is intended to make us believe that Catalonia is uniform and nationalist, that there is no division between Catalans and that the Catalan people are one. That the Catalan Spaniards in Catalonia are only a minimal population.

Nationalisms in Spain have for years taken advantage of the low self-esteem that citizens drag because of these elites and the global economic crisis. It was not the first time. They had already done it in 98. And the same thing had happened in 1936, when peace was disdained and extremes were imposed on the silent majority. That is why in 2012 Artur Mas managed to summon hundreds of thousands of nationalists for the first time in one day. Urge to get rid of Spain, a country unable to get out of the crisis.
The worst thing is that, somehow, until 2017 many Spaniards assumed the thesis of nationalism with respect to Spain. That it is a backward, failed, corrupt state.
Henry Kissinger, US Secretary of State and how relevant (for good and ill) was in the outcome of the Transition, when he spent almost a month in Spain watching World Cup matches in 1982: “The (those) elites in Spain do not they are worth nothing, they do not do anything good for their country … but the Spaniards are extraordinary people .. ».
“How many times have we heard that Catalonia, the Basque Country and Galicia are different? Or worse still, the one that is different (anomalous) is Spain, with its democracy from three to four and its lethargic Francoism in the Valley of the Fallen. A large part of the radical left (usually pessimistic, black-literate, ninety-eight in the most murderous sense) began to spread topics such as Spain is the most corrupt country in the world, intolerant, sexist, precarious, in which society allows stratospheric levels of child poverty so that hordes of Dickensian children were forced to take to the streets of Madrid to look for their lives.
Precisely, corrupt is one of the words that Catalan nationalism associates with the Spanish.
The industrialization of the Basque Country and Catalonia was only possible after Spain became a political nation. Before, industrial development was held back in these regions by the servitude demanded by local oligarchies. The centralization and uniformization, also the opening of markets and ports, will be elements of liberation. The Catalan elites would soon describe the nation as despotism, as it ended with “traditional liberties.” What liberties? The freedom of those manors did not have and has nothing to do with the tyranny with which those same gentlemen treated the Catalan individuals, who since 1812 became equal citizens to them.
The high industrialization in Catalonia was also partly due to Spanish commercial legislation.

It was left half of Catalonia at the mercy of the other media. With one difference: non-nationalists do not intend to exclude anyone. «We can with you. Why can not you coexist with us? “Said a banner of Catalonian Spaniards.

Occupying an average position in the transparency rankings, Spaniards are no more corrupt than the rest of the citizens of Europe. On the contrary, we have a proven obsession because justice is done.
That eagerness is clearly reflected in our theater: the arguments of two of the most well-known dramatic works of our literature, Fuenteovejuna and The mayor of Zalamea, do not have parallelism in other countries … Like the picaresque does not have it, a typically Spanish genre that not only It aims to show the comic adventures, but rather have a moralizing purpose.
The king is a figure hated by those who question the Spanish nation. It is not so much an opinion of the left, but of that pessimism that characterizes nationalism and tyrannies, which considers that Spain is a failure and as such has its symbols.
For many Spaniards, the king is the symbol of the continuity of Spain. That is, the genealogical line (at least the official line) of King Felipe VI goes back to the historical nation that was Spain; continues after the modern nation that was formed in 1469 with the dynastic union of Castile and Aragon by the marriage of the Catholic Monarchs and the subsequent incorporation of the Kingdom of Navarre in 1513. And persisted until finally, in 1812, Spain became in a political nation.
For others, the basic element of their legitimacy resides in the respect of the crown to the regime of liberties and rights. That is the reason why the crown loses legitimacy when it violates the Constitution, as it happened at the end of the reign of Isabel II or when Alfonso XIII supported Primo de Rivera’s coup d’état. This is what is really important.

Catalonia, although nationalism denies it, is diverse. That October 8th it was evident that the Catalonians aren’t a homogeneous people, united in pursuit of independence. On the contrary, Citizens won the elections of December 21 and non-nationalism won more votes than the sovereignists, although they won more seats in the Parliament.
However, nationalism remains committed to rule exclusively for their own, to pursue a supremacist identity drift, to use the Mossos (catalonian police) as if they were a private police and to despise the head of state.
Some will say that we are worse off than a few years ago but it is not like that. Non-nationalism, at last, has set aside its complexes and demands the recovery of a space that also belongs to it.
In any case, Spaniards must -we must- be aware that we are the only ones who can contain the drift that the end of Spain implies and their “truly determined” will to live in freedom together.

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