492 Muertos. Confesiones De Un Asesino A Sueldo — Klester Cavalcanti / O Nome Da Morte (492 Dead. Confessions of a Hitman) by Klester Cavalcanti

Es un interesante breve libro. Júlio Santana, un brasileño que se ha ganado la vida asesinando a otros brasileños. Y quien piense que los crímenes se perpetraban solo en los confines de la Amazonia se equivoca. En sus treinta y cinco años de profesión, Júlio ha matado personas en varios estados, incluyendo São Paulo, Paraná, Bahía y Goiás. Con todo, siempre se ha jactado de no haber asesinado jamás a nadie por odio o iniciativa propia. «Solo mato cuando me pagan por hacerlo», es un asesino profesional que en treinta y cinco años de trabajo mató a casi quinientas personas. Más concretamente, cometió 492 asesinatos, 487 de los cuales registró debidamente en un cuaderno junto a la fecha, el lugar del crimen, el dinero que cobró por el servicio y, lo más importante, los nombres de los contratantes y de las víctimas. Júlio Santana solo fue detenido una única vez, en mayo de 1987.
¿Queréis saber cuáles son los mandamientos de un sicario? El primero es no matar a una mujer embarazada. El segundo, no robar los bienes de la víctima. El tercero, no matar a otros sicarios. El cuarto, no dejar el cobro del servicio para después. El quinto, no matar a la víctima mientras duerme.

Era la primera vez en la vida que, desde aquella lejana tarde del 7 de agosto de 1971, cuando a los diecisiete años mató al pescador Amarelo, se sentía realmente feliz. Ahora, a los cincuenta y dos, por fin podría vivir de verdad y sin el castigo de tener que asesinar a un pobre desgraciado aquí y a otro allá para pagar las facturas y poner la comida en la mesa. Sus hijos jamás conocerían el pasado horripilante del padre. Creía que, con el tiempo, su esposa también conseguiría olvidar los asesinatos que había cometido. Y Dios, seguramente, no le negaría el perdón. Había decidido que nada lo haría matar de nuevo. En ese sitio nadie conocía su historia. Por tanto, no le ofrecerían ese tipo de trabajo.
Júlio Santana suele decir que aún no vive totalmente en paz porque, de vez en cuando, alguna de sus víctimas se le aparece en sueños. La última vez que tuvo una pesadilla así —el 6 de septiembre de 2006—, se despertó empapado en sudor en plena madrugada. Se pasó la palma de la mano por la frente sudada y fue a tenderse a una de las hamacas de la terraza. En el ensueño angustioso reconoció la cara ensangrentada del garimpeiro João Baiano, el chico de diecinueve años al que asesinó por equivocación en Serra Pelada en 1982. Júlio cree que todavía lo asaltan esos delirios porque no ha obtenido el perdón absoluto por todos los crímenes que cometió. Cuando tiene una nueva pesadilla, reza las diez avemarías y los veinte padrenuestros que, según le aseguraba el tío Cícero, le traerían el perdón. Y se vuelve a dormir.

It is an interesting short book. Júlio Santana, a Brazilian who has made a living killing other Brazilians. And whoever thinks that crimes were perpetrated only in the confines of the Amazon is wrong. In his thirty-five years of profession, Júlio has killed people in several states, including São Paulo, Paraná, Bahia and Goiás. All in all, he has always boasted of never having murdered anyone out of hatred or self-initiative. “I only kill when they pay me to do it”, is a professional murderer who in thirty-five years of work killed almost five hundred people. More specifically, he committed 492 murders, 487 of which he duly recorded in a notebook next to the date, the place of the crime, the money he charged for the service and, most importantly, the names of the contractors and the victims. Júlio Santana was only detained only once, in May 1987.
Do you want to know what the commandments of a hit man are? The first is not to kill a pregnant woman. The second, do not steal the assets of the victim. The third, do not kill other assassins. The fourth, do not leave the service charge for later. The fifth, do not kill the victim while sleeping.

It was the first time in his life that, since that distant afternoon of August 7, 1971, when he killed the fisherman Amarelo at the age of seventeen, he felt really happy. Now, at fifty-two, I could finally live for real without the punishment of having to kill a poor bastard here and someone else there to pay the bills and put the food on the table. His children would never know the horrifying past of the father. He believed that, in time, his wife would also manage to forget the murders he had committed. And God, surely, would not deny him forgiveness. He had decided that nothing would kill him again. In that place nobody knew its history. Therefore, they would not offer that kind of work.
Júlio Santana says that he still does not live totally in peace because, from time to time, some of his victims appear in his dreams. The last time he had such a nightmare-September 6, 2006-he woke up drenched in sweat in the middle of the night. He ran his palm over his sweaty forehead and went to lie down on one of the deck chairs. In the anguished reverie, he recognized the bloodied face of the garimpeiro João Baiano, the nineteen-year-old boy he murdered by mistake in Serra Pelada in 1982. Júlio believes that he is still assailed by these delusions because he has not obtained absolute pardon for all the crimes he committed. . When he has a new nightmare, he prays the ten Hail Marys and the twenty Our Fathers who, as Uncle Cicero assured him, would bring him forgiveness. And he goes back to sleep.

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