La Economía Desenmascarada — Steve Keen Sydney / Debunking Economics – Revised and Expanded Edition: The Naked Emperor Dethroned? by Steve Keen Sydney

Este libro de este economista australiano choca con la ortodoxia académica actual. Pero pocos tan rigurosos y metódicos en el desmontaje de la teoría económica neoclasica como éste, a partir de las inconsistencias afloradas desde hace décadas por los propios economistas neoclásicos. Inconsistencias ignoradas o ninguneadas solo por no encajar en la linea ideológica que se pretendía respaldar “cientificamente”. Y Steve Keen lo expone con gran meticulosidad y rigor. Sin embargo, y a pesar de los intentos de Steve Keen por llegar al gran público, si no tienes formación como economista te resultará bastante árido y difícil de seguir.
Pero, vamos, que es todo un hallazgo. Indispensable en la biblioteca de cualquier economista que se precie.

“La Economía Desenmascarada” de Steve Keen es un documento minucioso y desafiante en la lucha en curso para comprender las limitaciones de la ciencia social moderna y la economía en particular. Merece una lectura y comparación más cuidadosas con otros estudios creíbles de economía que se enumeran a continuación.
Es similar a, pero mucho más largo que “El libro anti-texto de economía” de Hill y Myatt, ya que ambos siguen los temas principales de los libros de texto de pregrado (solo micro en EAT). Hill y Myatt presentan las posiciones económicas de los libros de texto ortodoxos de manera clara, sucinta y suficiente para comprender su crítica ecléctica. En comparación, por la profundidad y el alcance de la crítica de Keen, dudo que sus resúmenes de la ortodoxia sean realmente entendidos por el lector general sin formación económica, y por lo tanto su crítica también podría no ser totalmente apreciada: todavía se necesita estudiar un libro de texto de economía. Para entender completamente y probar la crítica de Keen.
¡Pero qué crítica es! Eminentemente claro y preciso, es difícil encontrarle defectos.
En general, Keen es la crítica mucho más completa, más profunda, más integrada y más convincente. Ambas son útiles para comprender la debilidad de la economía positivista con su estado falso y ficticio de “valor libre” (¡los juicios de valor ocultos abundan en cada elección hecha en cada libro de texto!) Y la urgencia de la revisión radical, como se mencionó anteriormente, para La verdad y el interés público. Solo una pregunta: ¿Las referencias a sí mismas en todo el texto ayudan o dificultan el argumento?
Quizás una segunda versión, más breve y más sencilla para el público en general (por ejemplo, entre 50-250pp con un título pegadizo como “El mecanismo del mercado: por qué no funciona y qué funciona” podría penetrar en los medios de comunicación, y luego en la conciencia pública más Dirija directamente a las elites políticas para que tomen nota del trabajo más amplio. Lo que más se necesita es un nuevo examen radical de la economía (y de las ciencias sociales) para ver cómo podemos mejorarlo, tanto por el bien de la verdad como por el bien común. (Después de todo, la economía como la política es un conocimiento práctico).
Pero me gustaría recomendar un libro que penetre más profundamente en la filosofía política y económica detrás de la “ciencia” moderna de la economía examinando Hobbes, Locke, Smith, Marshall, Keynes, Hayek, Myrdal y Rational Expectations Economics, en parte en el Luz de Aristóteles.
Ese libro es “Irracionalidad deductiva. Una crítica del sentido común del racionalismo económico” 073911624X) por Stephen McCarthy y David Kehl, basada en las enseñanzas y escritos del Dr. Richard W. Staveley aquí en Brisbane, Australia, desde la década de 1960 hasta finales del siglo pasado. .
En conjunto, la irracionalidad deductiva y la economía de desmantelamiento son complementarias y merecen un estudio cuidadoso como parte de la renovación de las ciencias sociales.

Así, algunos otros libros de interés que revisan la economía incluyen:
1. Irracionalidad deductiva. Una crítica del sentido común del racionalismo económico
2. The Anti-Textbook The Economics de Rod Hill y Tony Myatt;
3. El economista escéptico por J. Aldred;
4. Economía para el resto de nosotros por Moshe Adler;
5. Cómo los mercados fallan por John Cassidy;
6. Los espíritus animales por George Akerloff y Robert Schiller.
De hecho, es un momento emocionante para reflexionar sobre el significado de la economía y considerar lo que eventualmente debe ocurrir después del fracaso de la ciencia social positivista.

A Favor: La crítica de Keen a la economía neoclásica es un tour de force. No solo señala cómo los inquilinos centrales de la corriente económica principal violan la experiencia humana básica, sino que también explica la inconsistencia teórica interna y la inconsistencia externa de la teoría con la investigación empírica. Lo más condenatorio de todo es que muestra que la economía dominante ha sido sistemáticamente desacreditada por los principales neoclásicos, en las principales revistas de economía, solo para que los economistas académicos continúen como si nada hubiera pasado.
Keen también hace un buen trabajo señalando la corrupción de la profesión económica. Además de la deshonestidad intelectual de ignorar los graves problemas teóricos y empíricos, la profesión margina a quienes intentan resolver estos problemas. El empleo académico se basa en la publicación. Pero cuanto más prestigiosa sea la revista de economía, menos probable será que se publique en ella un artículo no neoclásico. El resultado es que cuanto más exitoso es un economista en términos de honores académicos y empleo en escuelas prestigiosas, es menos probable que sepa cómo funcionan las economías. Pero la realidad aterradora es que los gobiernos y las empresas tienden a escuchar a los principales economistas ortodoxos. Uno no debe sorprenderse, por lo tanto, cuando suceden cosas malas.
Además, Keen escribe de una manera accesible, con una prosa atractiva, siendo simple sin ser simplista. Los lectores encontrarán el libro intelectualmente desafiante, pero no más de lo necesario. Además, Keens incluso realiza su análisis matemático en inglés, por lo que este libro es accesible para todos los lectores inteligentes.

En Contra: Mi principal crítica es que Keen hace críticas inválidas a la economía austriaca. Siempre se debe tener cuidado al evaluar a otro científico social como científico, porque la ideología es difícil de separar de la descripción. Si Keen simplemente propusiera políticas diferentes de las que yo hubiera otorgado, habría otorgado cinco estrellas, aunque podría estar en desacuerdo con ellas y ser capaz de presentar fuertes argumentos en contra de ellas. Pero hay afirmaciones en este libro sobre la economía austriaca que son demostrablemente falsas. Para eso atracé una estrella.
Por ejemplo, (Capítulo 10: Por qué no lo vieron venir), Keen afirma que los economistas tanto neoclásicos como austriacos “no consideran el papel del crédito en una economía capitalista”. Y en , él también afirma que ambas escuelas argumentan que los problemas generales y las depresiones son imposibles. Keen afirma que tanto los austriacos como los neoclásicos ignoran el ciclo de expansión del crédito y el auge económico seguido por la contracción del crédito y la quiebra, es decir, el ciclo económico.
Obviamente, Keen no está familiarizado con el libro de Ludwig von Mises de 1912, The Theory of Money and CREDIT. En él, Mises expuso la esencia de la teoría austriaca del ciclo económico, que fue desarrollada por FA Hayek en Precios y Producción (1931) y culminó en La teoría pura del capital (1941). La esencia de esa teoría es que la expansión del crédito, mediante un sistema bancario de reserva fraccionaria insostenible o la impresión de dinero del gobierno, genera una demanda insostenible que hace que los empresarios sobreestimen la demanda futura, sobrepasen la capacidad productiva y conducen a un exceso general que solo puede ser resuelto Período de contracción del crédito, ajuste de precios y quiebra de negocios insostenibles.
Una de las principales fuentes contemporáneas de ABCT es Roger Garrison, cuyo libro de 2000, Time and Money, es accesible, sucinto y preciso. Garrison también presenta la teoría en una conferencia de una hora disponible en YouTube y titulada “Teoría austriaca del ciclo comercial”. Si bien Keen menciona que Peter Schiff, un austriaco, fue uno de los que predijeron el auge de la vivienda y la crisis financiera (una afirmación que es difícil de conciliar con la proposición que los austriacos no creen en la depresión), no señala a los muchos otros austriacos quien vio la burbuja de GFC y Dotcom en el horizonte. Tampoco menciona que Mises y Hayek advirtieron sobre la Gran Depresión. Todas estas predicciones y más están documentadas, solo Google “predicciones austriacas”.
Sospecho que Keen está mucho más familiarizado con la primera generación de economía austriaca, iniciada por Carl Menger (a quien Keen menciona varias veces) y ampliamente absorbida por la corriente principal, que la segunda iniciada por Mises (a quien Keen menciona solo dos veces, y no cuando exponiendo su comprensión de la teoría austriaca) y continuado por Hayek, Rothbard, Kirzner, Block, Garrison, Salerno, Thornton, Herbner, Murphy, et al. Una excelente fuente para ayudar a distinguir a los dos es la conferencia de 2 horas y 2 horas de Israel Kirzner titulada La historia de la economía austriaca, disponible en YouTube.
No estamos para estos errores, le habría dado al libro la perfección. Si Keen presentara con precisión la teoría austriaca y no estuviera de acuerdo con ella, sería diferente. Pero estas no son diferencias válidas de opinión sobre política o teoría. Son afirmaciones verificables falsas sobre el contenido de la teoría austriaca. Las críticas de Keen a la economía austriaca pueden haber sido válidas hace 100 años. Pero es inexacto como se aplica a la economía austriaca hoy. Dado el hecho de que compara esta versión antigua de la teoría austriaca con su propia teoría poskeynesiana actualizada, Keen crea un hombre de paja que engaña al lector, intencional o involuntariamente.
Afortunadamente, esta es una pequeña parte de una lectura que de otra manera vale la pena.

En resumen. Para Steve Keen —economista australiano, poskeynesiano, sraffiano engagé— la economía neoclásica es responsable. No solo por no haber anticipado la Gran Recesión —que, según el autor, los historiadores denominarán, con más propiedad, Segunda Gran Depresión, pues si no es comparable con la primera en profundidad, la supera en duración y en complejidad—, sino por ser intrínsecamente errónea y haber contribuido a multiplicar la calamidad que intentaba prever. Si su único fallo hubiera sido no anunciar con tiempo la crisis financiera, para que los ciudadanos pudiesen guarecerse, los economistas neoclásicos no se diferenciarían de los meteorólogos que no ven llegar una destructiva tormenta. Serían culpables de no haber dado la alerta, pero no se les podría responsabilizar de la tormenta misma. La economía neoclásica, en cambio, tiene una responsabilidad directa en la tormenta económica: sus representantes convirtieron lo que podría haber sido una crisis financiera y una recesión «del montón» en una crisis mayor del capitalismo, junto a la Gran Depresión y a las dos guerras mundiales. Las creencias y las acciones de los neoclásicos hicieron que esa crisis económica fuese mucho peor de lo que hubiera sido sin su intervención. Sostiene Keen que la economía no precisa de una teoría económica exacta en el mismo sentido en que se necesita una teoría exacta de la propulsión para construir un cohete espacial. Pero, al menos, que sea inofensiva. La falsa confianza que engendró sobre la estabilidad estructural de la economía de mercado —los ciudadanos estaban seguros de que no se podría repetir el efecto Gran Depresión— animó a muchos responsables políticos a desmantelar o demediar bastantes de las instituciones que se habían desarrollado a partir de la década de los años treinta del siglo pasado —por ejemplo, los organismos reguladores—, para tratar de contener y limitar el grado de las turbulencias. Así, las «reformas económicas» introducidas paso a paso, en la creencia de que harían funcionar más eficazmente a la sociedad, solo han hecho del capitalismo moderno —un capitalismo financiero— un sistema social más pobre, más desigual, más frágil, más inestable.
La crisis interminable en la que está ahora inmerso EE.UU. y gran parte de la OCDE no era un «cisne negro». Su inevitabilidad era evidente para cualquiera que prestara atención al nivel de especulación financiada con deuda que estaba teniendo lugar, y pensara en qué pasaría con la economía cuando la fiesta del crédito llegara a su fin. El hecho de que la gran mayoría de los economistas no preste atención en absoluto a estas cuestiones es lo que explica que los tomaran por sorpresa.
El que los economistas formados convencionalmente ignoren el papel del crédito y la deuda privada en la economía es algo que puede sorprender a los no economistas —y, francamente, es sorprendente—, pero es la pura verdad. Incluso hoy en día, solo un puñado de los más rebeldes de entre los economistas «neoclásicos» establecidos —gente como Joe Stiglitz y Paul Krugman— presta alguna atención al papel de la deuda privada en la economía, e incluso ellos lo hacen desde la perspectiva de una teoría económica en la que el dinero y la deuda no juegan ningún papel intrínseco. Una teoría económica que ignora el papel del dinero y la deuda en una economía de mercado no puede dar cuenta de la compleja economía —monetaria y basada en el crédito— en la que vivimos. Y, sin embargo, esa es la teoría que ha dominado la economía durante el último medio siglo. Si la economía de mercado ha de tener un futuro, este modelo ampliamente creído, pero inherentemente delirante, tiene que ser desechado.

El famoso epíteto de Margaret Thatcher de que «la sociedad es algo que no existe» expresa de forma sucinta la teoría neoclásica conforme a la cual los mejores resultados sociales se obtienen a partir del momento en que todos los individuos miran por su propio interés particular: en el momento en que los individuos consideren únicamente su propio bienestar, el mercado se encargará de la maximización del bienestar de todos. Este enfoque hedonista e individualista de analizar la sociedad es fuente de gran parte de la oposición popular a la economía. ¿No es cierto acaso —dicen los críticos— que la gente es algo más que un conjunto de hedonistas egoístas, y que la sociedad es algo más que la mera suma de los individuos que la componen?
Los economistas neoclásicos concederán que su modelo hace una abstracción de algunos de los aspectos más sutiles de la humanidad y de la sociedad. Sin embargo, afirman que tratar a los individuos como hedonistas interesados captura la esencia de su conducta económica, y que la conducta económica colectiva de la sociedad puede deducirse de sumar la conducta de su multitud interesada. La creencia de que el aspecto económico de la sociedad es sustancialmente más que la suma de sus partes —nos dicen— es equivocada.
Esto no es verdad. Aunque la economía convencional empezara asumiendo que este enfoque hedonista e individualista para analizar la demanda del consumidor era intelectualmente sólido, terminó probando que no lo era. Los críticos estaban en lo cierto: la sociedad es algo más que la suma de sus miembros individuales, y la conducta de la sociedad no puede ser modelizada por el simple procedimiento de sumar las conductas de todos los individuos en su seno.

Los modelos de economía neoclásicos, en general, ignoran los procesos que tienen lugar durante un periodo paulatino de tiempo y, en lugar de ello, asumen que todo cuanto ocurre lo hace en equilibrio. Para que esto sea aceptable, el equilibrio de los procesos dinámicos de una economía de mercado debe ser estable, pero lo cierto es que desde hace ya cuarenta años sabemos que esos procesos son inestables (es decir, que una pequeña divergencia en el equilibrio no va a desencadenar fuerzas que devuelvan el sistema al equilibrio). El curso dinámico de la economía, por lo tanto, no puede ser ignorado, y, sin embargo, la mayor parte de los economistas continúan siendo casi criminalmente inconscientes de las cuestiones relacionadas con el análisis de sistemas dinámicos y variables en el tiempo.

En el pasado, los economistas neoclásicos han despachado a sus críticos con la afirmación de que sus objeciones a la teoría neoclásica se explican por el hecho de que no saben matemáticas. Esta vez, sin embargo, el ataque les viene, no solo de los críticos que se abstienen del uso de las matemáticas, sino de aquellos para quienes el pensamiento matemático es su segunda naturaleza.
Muchos críticos de la economía le han echado la culpa a las matemáticas de los errores manifiestos de la disciplina. Las matemáticas, alegan, han llevado a la economía a un excesivo formalismo, que ha oscurecido la naturaleza social inherente a la disciplina.
Si bien es innegable que el amor exorbitante por el formalismo matemático ha contribuido a algunos de los excesos intelectuales en economía, por lo general esta reacción es como echarle la culpa al piano de las discordancias perpetradas por el mal pianista. Si hay que disparar a alguien, es al pianista, no al piano.
Aunque las matemáticas tienen limitaciones definidas, si se emplean correctamente, constituyen una herramienta lógica que debería iluminar antes que oscurecer. Si los economistas han oscurecido la realidad utilizando las matemáticas es porque han hecho mala matemática, y porque no se han dado cuenta de los límites de las matemáticas.

En último término, tengamos fe en la capacidad ulterior de la humanidad para desarrollar una perspectiva teórica realista sobre cómo funciona una economía de mercado monetaria y compleja, y para dejar atrás la ordenada, plausible y equivocada creación que es la economía neoclásica.
El que mi fe en este frente se revele justificada o resulte ser una vana ilusión no depende de mí, sino de todos nosotros.

This book from an aussie economist clashes with current academic orthodoxy. But few so rigorous and methodical in the dismantling of the economic theory neoclassical like this, from the inconsistencies emerged for decades by the neoclassical economists Themselves. Inconsistencies ignored or ninguneadased only by not fitting into the ideological line that was intended to back “scientifically”. And Steve Keen exposes it with great meticulousness and Rigor. however, despite Steve Keen’s attempts to reach the general public, if you do not have training as an economist you will find it quite arid and difficult to follow but, come on, That’s quite a find. Indispensable in the library of any self-respecting Economist.

Steve Keen’s “Debunking Economics” is a thorough and most challenging document in the ongoing struggle to understand the limitations of modern social science and economics in particular. It deserves a most careful reading and comparison with other credible studies of economics listed below.
It is similar to, but much longer than Hill and Myatt’s “The Economics Anti-Textbook” in that they both follow the main topics of undergraduate textbooks (micro only in EAT). Hill and Myatt present the orthodox textbook economic positions clearly, succinctly and sufficiently to understand their eclectic critique. By comparison, for the depth and extent of Keen critique I doubt his summaries of the orthodoxy will truly be understood by the non-economically trained general reader, and therefore his critique might also not be fully appreciated: One still needs to study an economics textbook to fully understand and test Keen’s critique.
But what a critique it is! Eminiently clear and precise it is hard to find fault with it.
Taken overall, Keen’s is the far more comprehensive, deeper, more integrated, and more cogent critique. Both are helpful to grasp the weakness of positivist economics with its false and fictional ‘value free’ status (concealed value judgements abound in every choice made in every textbook!) and the urgency of the need to radically revise it, as mentioned above, for truth sake and the public interest. Just one question: Does the self-referencing throughout the text help or hinder the argument?
Perhaps a second, shorter simpler version for the general public (say between 50-250pp with a catchy title like “The Market Mechanism: Why it doesn’t work and what does.” might penetrate the mass media, and then the public consciousness more directly and lead the policy elites to take note of the larger work. What is most needed is a radical re-examination of economics (and social science altogether) to see how we can improve it, both for the sake of truth and the common good (after all economics like politics is a practical knowledge).
But, I would like to recommend a book that penetrates more deeply into the political and economic philosophy behind the modern “science” of economics by examining Hobbes, Locke, Smith, Marshall, Keynes, Hayek, Myrdal, and Rational Expectations Economics partly in the light of Aristotle.
That book is “Deductive Irrationality. A Commonsense Critique of Economic Rationalism” 073911624X) by Stephen McCarthy and David Kehl based on the teaching and writings of Dr. Richard W. Staveley here in Brisbane, Australia from the 1960s to the end of the last century.
Together, Deductive Irrationality and Debunking Economics are complementary and deserve assiduous study as part of the renovation of the social sciences.

So,some other books of interest reviewing economics include:
1. Deductive Irrationality.A Commonsense Critique of Economic Rationalism
2. The Economics Anti-Textbook by Rod Hill and Tony Myatt;
3. The Skeptical Economist by J. Aldred;
4. Economics for the Rest of Us by Moshe Adler;
5. How Markets Fail by John Cassidy;
6. Animal Spirits by George Akerloff and Robert Schiller.
It is indeed an exciting time to think through the meaning of economics and consider what must eventually come after the failure of positivist social science.

PRO: Keen’s critique of neoclassical economics is a tour de force. Not only does he point out how central tenants of the economic mainstream violate basic human experience, he explains the theory’s internal, theoretical inconsistency and external inconsistency with empirical research. Most damning of all, he shows that mainstream economics has been consistently debunked by leading neoclassicals, in leading economics journals, only to have academic economists continue as if nothing happened.
Keen also does a good job pointing out the corruption of the economics profession. In addition to the intellectual dishonesty of ignoring serious theoretical and empirical problems, the profession marginalizes those who try and address these problems. Academic employment is based on publication. But the more prestigious the economics journal, the less likely a non-neoclassical paper will be published therein. The result is that the more successful an economist is in terms of academic honors and employment at prestigious schools, the less likely he is to know how economies work. But the terrifying reality is that governments and businesses tend to listen to the leading orthodox economists. One shouldn’t be surprised, therefore, when bad things happen.
Moreover, Keen writes in an accessible way, with engaging prose, being simple without being simplistic. Readers will find the book intellectually challenging, but no more so than necessary. Further, Keens does even his mathematical analysis in English, so this book is accessible to all intelligent readers.

CON: My main critique is that Keen makes invalid criticisms of Austrian economics. One should always be careful when assessing another social scientist as a scientist, because ideology is hard to separate from description. If Keen just put forward different policies than I would, I would have given five stars, even though I might disagree with them and be able to put forth strong arguments against them. But there are claims in this book about Austrian economics that are demonstrably false. For that I docked a star.
For example, (Chapter 10: Why They Didn’t See It Coming), Keen claims both neoclassical and Austrian economists “fail to consider the role of credit in a capitalist economy.” And he similarly claims both schools argue general gluts and depressions are impossible. Keen claims Austrians and neoclassicals alike ignore the cycle of credit expansion and economic boom followed by credit contraction and bust, i.e., the business cycle.
Obviously, Keen is unfamiliar with Ludwig von Mises’ 1912 book, The Theory of Money and CREDIT. In it, Mises laid out the essence of Austrian business cycle theory, which was developed by FA Hayek in Prices and Production (1931) and culminating in The Pure Theory of Capital (1941). The essence of that theory is that credit expansion, by an unsustainable fractional reserve banking system or government money printing, generates unsustainable demand that causes entrepreneurs to overestimate future demand, overextending productive capacity and leading to a general glut that can only be worked off by a period of credit contraction, price adjustment, and bankruptcy of unsustainable businesses.
A leading contemporary source on ABCT is Roger Garrison, whose 2000 book, Time and Money, is accessible, succinct and accurate. Garrison also presents the theory in an hour long lecture available on YouTube and entitled “Austrian Theory of the Trade Cycle.” While Keen mentions Peter Schiff, an Austrian, was among those who predicted the housing boom and financial bust (a claim that’s itself hard to reconcile with the proposition Austrians don’t believe in depression), he doesn’t point out the many other Austrians who saw the GFC and the Dotcom bubble on the horizon. Nor does he mention that Mises and Hayek warned of the Great Depression. All these predictions and more are documented, just Google “Austrian predictions.”
I suspect that Keen is much more familiar with the first generation of Austrian economics, started by Carl Menger (whom Keen mentions several times) and largely absorbed into the mainstream, than the second started by Mises (whom Keen mentions only twice, and not when laying out his understanding of Austrian theory) and continued by Hayek, Rothbard, Kirzner, Block, Garrison, Salerno, Thornton, Herbner, Murphy, et al. An excellent source to help one distinguish the two is Israel Kirzner’s 2 part, 2 hour lecture entitled The History of Austrian Economics, available on YouTube.
We’re it not for these errors, I would have given the book as a perfect book. If Keen accurately presented Austrian theory and disagreed with it, that would be different. But these aren’t valid differences of opinion on policy or theory. They’re verifiably false claims about the content of Austrian theory. Keen’s critiques of Austrian economics may have been valid 100 years ago. But it’s inaccurate as applied to Austrian economics today. Given the fact he compares this old version of Austrian theory with his own up-to-date, Post-Keynesian theory, Keen creates a strawman that misleads the reader, intentionally or unintentionally.
Fortunately, this is a small part of an otherwise worthwhile read.

In summary. For Steve Keen – an Australian economist, a post-Keynesian, a Seraphian engagé – neoclassical economics is responsible. Not only for not having anticipated the Great Recession – which, according to the author, historians will call, with more property, Second Great Depression, because if it is not comparable with the first in depth, it surpasses it in duration and complexity – but by to be intrinsically wrong and to have contributed to multiply the calamity that I was trying to foresee. If their only failure had been not to announce the financial crisis in time, so that citizens could take refuge, neoclassical economists would not differ from meteorologists who do not see a destructive storm coming. They would be guilty of not having given the alert, but they could not be held responsible for the storm itself. Neoclassical economics, on the other hand, has a direct responsibility in the economic storm: its representatives converted what could have been a financial crisis and a recession “in the heap” in a major crisis of capitalism, next to the Great Depression and the two wars worldwide. The beliefs and actions of the neoclassicals made that economic crisis much worse than it would have been without their intervention. Keen argues that economics does not require an exact economic theory in the same sense that an exact theory of propulsion is needed to build a space rocket. But, at least, that is harmless. The false confidence it engendered about the structural stability of the market economy – citizens were sure that the Great Depression effect could not be repeated – encouraged many policy makers to dismantle or demean many of the institutions that had developed from the decade of the thirties of the last century -for example, regulatory agencies-, to try to contain and limit the degree of turbulence. Thus, the “economic reforms” introduced step by step, in the belief that they would make society function more effectively, have only made modern capitalism – a financial capitalism – a poorer, more unequal, more fragile, more unstable social system.
The endless crisis in which the US is now immersed and a large part of the OECD was not a “black swan”. Its inevitability was evident to anyone paying attention to the level of speculation financed by debt that was taking place, and thinking about what would happen to the economy when the credit party came to an end. The fact that the vast majority of economists do not pay attention to these issues at all is what explains why they were taken by surprise.
The fact that conventionally trained economists ignore the role of credit and private debt in the economy is something that may surprise non-economists – and, frankly, it is surprising – but it is the pure truth. Even today, only a handful of the most rebellious of the established “neoclassical” economists-people like Joe Stiglitz and Paul Krugman-pay some attention to the role of private debt in the economy, and even they do it from the perspective of an economic theory in which money and debt play no intrinsic role. An economic theory that ignores the role of money and debt in a market economy can not account for the complex economy – monetary and credit-based – in which we live. And yet, that is the theory that has dominated the economy for the last half century. If the market economy is to have a future, this widely believed, but inherently delirious model has to be discarded.

Margaret Thatcher’s famous epithet that “society is something that does not exist” expresses succinctly the neoclassical theory according to which the best social results are obtained from the moment in which all individuals look for their own particular interest: The moment that individuals consider only their own welfare, the market will be in charge of maximizing everyone’s welfare. This hedonistic and individualistic approach to analyzing society is a source of much popular opposition to the economy. Is it not true, say the critics, that people are something more than a set of selfish hedonists, and that society is something more than the mere sum of the individuals that compose it?
Neoclassical economists will grant that their model abstracts from some of the more subtle aspects of humanity and society. However, they claim that treating individuals as interested hedonists captures the essence of their economic behavior, and that the collective economic behavior of society can be inferred from summing up the behavior of their interested multitude. The belief that the economic aspect of society is substantially more than the sum of its parts – they tell us – is wrong.
This is not true. Although conventional economics began by assuming that this hedonistic and individualistic approach to analyzing consumer demand was intellectually sound, it ended up proving that it was not. The critics were right: society is something more than the sum of its individual members, and the behavior of society can not be modeled by the simple procedure of adding the behaviors of all the individuals in its midst.

Neoclassical economic models, in general, ignore the processes that take place during a gradual period of time and, instead, assume that everything that happens does so in equilibrium. For this to be acceptable, the equilibrium of the dynamic processes of a market economy must be stable, but the truth is that for forty years now we know that these processes are unstable (that is, a small divergence in equilibrium does not go to unleash forces that return the system to equilibrium). The dynamic course of economics, therefore, can not be ignored, and yet, most economists continue to be almost criminally unaware of the issues related to the analysis of dynamic and time-varying systems.

In the past, neoclassical economists have dismissed their critics with the claim that their objections to neoclassical theory are explained by the fact that they do not know mathematics. This time, however, the attack comes to them, not only from critics who abstain from the use of mathematics, but from those for whom mathematical thought is their second nature.
Many critics of economics have blamed mathematics for the manifest errors of discipline. Mathematics, they argue, has led the economy to excessive formalism, which has obscured the social nature inherent in the discipline.
While it is undeniable that exorbitant love for mathematical formalism has contributed to some of the intellectual excesses in economics, this reaction is usually like blaming the misconduct perpetrated by the bad pianist at the piano. If you have to shoot someone, it’s the pianist, not the piano.
Although mathematics have definite limitations, if they are used correctly, they are a logical tool that should illuminate rather than obscure. If economists have obscured reality using mathematics, it is because they have done bad mathematics, and because they have not realized the limits of mathematics.

Ultimately, let us have faith in humanity’s further capacity to develop a realistic theoretical perspective on how a complex and monetary market economy works, and to leave behind the orderly, plausible and misguided creation that is neoclassical economics.
Whether my faith on this front is revealed justified or turns out to be a vain illusion does not depend on me, but on all of us.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.