El Orden Del Día — Éric Vuillard / The Order of the Day by Éric Vuillard

Vuillard, autor y cineasta, dramatiza el Anschluss (Spring, 1938), llenando su libro corto con ira y burla velada. Estableciendo la escena, al principio del libro, con su caracterización de la reunión de Hitler Schuschnigg en Berchtesgaden, Vuillard pregunta “¿qué estaba haciendo [el canciller austríaco] en este nido de avispas?” Todos cautivos e intimidados, Schuschnigg capituló en la cara de la amenaza Nazi, afirmando que fue coaccionado en el acuerdo para convertir a Austria en un estado alemán. Es una “elección fácil” para Vuillard quien lo critica, llamándolo “cabeza de alfiler”, ignorando la inmensa presión sobre él y Austria y ridiculizando su encarcelamiento una vez que renunció. Lo que sigue después es más de lo mismo; ficción enmascarada como historia. El libro de Vuillard posee la superficialidad de la tendencia moderna hacia la historia cinematográfica, alimentado por la cólera palpable, delgado en los detalles y desprovisto de estudios historiográficos.
El libro me ha gustado. Es otra perspectiva de la historia. Es increíble que una clase empresarial bien formada, culta,… acompañase a Hitler en su locura, en lugar de darle la espalda o, mejor aún, expresarle su rechazo absoluto a la barbaridad que se estaba gestando. Sin embargo, ocurrió así, la gran empresa alemana financió la tragedia. Observo, salvando las distancias, un cierto paralelismo con lo que está aconteciendo en Cataluña, donde el sector empresarial ha sido muy timorato, salvo excepciones, con el llamado “proceso”.
Es una de mis lecturas más sabrosas de este 2018. Cada página una fiesta, un relámpago de ironía, de desvelo intelectual, de reflexión sobre cómo los libros (y las películas, los estantes de atrezzo de Hollywood) construyen una Historia que se ha dejado por el camino los pequeños detalles. Detrás de la fachada de los libros de texto están los pasillos por los que se movieron los hechos. Junto a los personajes con mayúsculas están los tipos cotidianos que fueron expulsados del relato. El orden del día cuenta cómo se fraguó la invasión de Austria (se cumplen 80 años estos días) y las miserias humanas que contribuyeron a la ascensión de Hitler y el fascismo: la connivencia de las grandes empresas para hacer así negocio (y ahí siguen),la indulgencia (ignorancia, despreocupación) de las potencias extranjeras hasta que ya fue demasiado tarde, la entrega de ciertos sectores de la población, cómo en ocasiones los tanques entran sobre alfombras rojas (75). Todo esto lo cuenta Vuillard en un libro corto en el que hasta los pasajes que parecen metidos con calzador (¿a qué viene despiezar un partido de tenis?) adquieren profundidad y sentido apenas unas páginas después. Qué placer leer libros así. Qué cosquillas te generan esos párrafos en los que históricos encuentros políticos se producen en salas en las que el “tapizado de las butacas es vulgar, los cojines demasiado blandos“ (42), en los que los grandes nombres de la historia se ponen las pantuflas nada más amanecer un día decisivo porque “el parqué está frío“ (69), en el que se subrayan los ingredientes del menú que se comía en cenas decisivas (84). Porque en las grandes fotos históricas rara vez sale “el dobladillo mugriento, el hule amarillo, la mancha de café“ (125). Y frente al reverso cutre, la dignidad de personas como Alma, Karl, Leopold o Helene, personas que no salen en los libros de Historia, pero que encuentran su homenaje en este libro de historias. Brutalmente delicioso.

Vuillard, author and filmmaker, dramatizes the Anschluss (Spring, 1938), filling his short book with anger and thinly veiled derision. Setting the scene, early in the book, with his characterization of the Hitler Schuschnigg meeting in Berchtesgaden, Vuillard queries “[w]hat was he [the Austrian chancellor] doing in this hornet’s nest?” All but captive and intimidated, Schuschnigg capitulated in the face of Nazi threat, contending he was coerced into the agreement to make Austria a German state. He is “easy pickings” for Vuillard who excoriates him, calling him a “pinhead,” ignoring the immense pressure on him and Austria and deriding his imprisonment once he stepped down. What follows after is more of the same; fiction masquerading as history. Vuillard’s book is possessed of the shallowness of the modern trend towards cinematic history, fueled by palpable anger, slim on details and devoid of historiographic scholarship.
I liked the book It is another perspective of history. It is incredible that a well-trained, educated business class … should accompany Hitler in his madness, instead of turning his back on him or, better still, expressing his absolute rejection of the barbarity that was brewing. However, it happened like this, the great German company financed the tragedy. I observe, overcoming the distances, a certain parallelism with what is happening in Catalonia, where the business sector has been very timid, with some exceptions, with the so-called “process”.
It’s one of my tastiest readings of this 2018. Every page a party, a flash of irony, of intellectual wakefulness, of reflection on how books (and movies, the Hollywood props shelves) build a History that has been left along the way the little details. Behind the facade of the textbooks are the corridors through which the facts moved. Along with the characters in capital letters are the daily types that were expelled from the story. The order of the day tells how the invasion of Austria was forged (they turn 80 these days) and the human miseries that contributed to the rise of Hitler and fascism: the connivance of large companies to do business (and that’s still the case) , the indulgence (ignorance, carelessness) of the foreign powers until it was too late, the delivery of certain sectors of the population, how sometimes the tanks enter on red carpets (75). Vuillard tells all this in a short book in which even the passages that seem to be stuck with a shoehorn (what does a tennis match come to?) Acquire depth and meaning just a few pages later. What a pleasure to read books like that. What a tickle those paragraphs generate in which historical political encounters take place in rooms in which the “upholstery of the seats is vulgar, the cushions too soft” (42), in which the great names of history put on their slippers Nothing else dawn a decisive day because “the parquet is cold” (69), in which the ingredients of the menu that ate in decisive dinners are emphasized (84). Because in the great historical photos seldom comes “the filthy hem, the yellow oilcloth, the coffee stain” (125). And in front of the shabby back, the dignity of people like Alma, Karl, Leopold or Helene, people who do not appear in the history books, but who find their homage in this book of stories. Brutally delicious.

Un pensamiento en “El Orden Del Día — Éric Vuillard / The Order of the Day by Éric Vuillard

  1. A mí también me pareció un buen libro. En rigor no es una novela, tampoco un libro de historia, pero tiene algo de ambos y se lee muy bien.
    Un saludo y feliz año, amigo.

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