Dichosos Dichos: Frases Y Expresiones Del Mundo Clásico Para El Siglo XXI. Origen, Usos Y Curiosidades — Víctor Amiano / Blessed Sayings: Phrases And Expressions Of The Classical World For The 21st Century. Origin, Uses And Curiosities by Víctor Amiano (spanish book edition)

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Me lo recomendaron, el mejor libro del autor y cuando lo he leído, no me ha defraudado lo más minimo, ya que da una cantidad de información muy amplia sobre cada uno de los dichos que se emplean hoy en día pero que proceden de la antiguedad (Grecia e imperio Romano). Sin lugar a duda lo recomiento para quien quiera ampliar sus conocimientos y cultura.
El origen de estas expresiones, podemos establecer cinco fuentes principales:
1. La épica de Homero y Virgilio: «estar tocado por las musas», «pronunciar palabras sibilinas», «la manzana de la discordia», etc.
2. Las narraciones mitológicas: «ser un adonis», «hilar y cortar el hilo de la vida», «ser un narciso o un narcisista», «ser un caco», etc.
3. La Historia de Roma y las noticias que esta nos da de la Historia de Grecia: «la mujer de César no solo tiene que ser casta sino parecerlo», «¡qué artista muere conmigo!», «establecer medidas draconianas», «la espada de Damocles», etc.
4. Usos y costumbres de griegos y romanos: «tener muchos humos», «costar un triunfo», «tener la negra», etc.
5. La fábula: «llevarse la parte del león», «andar como puta por rastrojo», «adornarse con plumas ajenas», etc.

Pájaro de mal agüero.
Los romanos fueron un pueblo muy atento a las señales divinas y multiplicaron las técnicas que les permitían interpretarlas. Con su afán taxonómico, distinguieron netamente entre aquellos mensajes que los dioses proporcionaban de manera espontánea (cualquier situación o manifestación que se saliera de la norma: un fenómeno natural inesperado, el nacimiento de una criatura con cualquier tipo de deformidad, un defecto de forma en un ritual y un largo etcétera), y aquellos otros que eran solicitados a los dioses en algunas circunstancias de interés público. La forma más desarrollada de este segundo tipo de adivinación eran los auspicios, de avis y spicere, esto es, «observar las aves», algo que incumbía a determinadas magistraturas. A través del vuelo de las aves, los dioses manifestaban su opinión sobre la decisión pública importante que se quisiera tomar. Dada la complejidad del sistema y las múltiples posibilidades de las respuestas, los magistrados podían recurrir a la asesoría del colegio de los augures, que practicaban también otras formas de adivinación, pero no esta.
La definición que el Diccionario de la Real Academia da a esa expresión es la de «persona que acostumbra a anunciar que algo malo sucederá en el futuro».

Ser ariete del equipo
Su significado no se le escapa a ningún aficionado al «deporte rey» y la motivación de la metáfora que aplica la denominación de ariete al delantero centro del equipo es aún más evidente sabiendo que esta posición es también denominada atacante o punta. Y es que esta imagen, como otras muchas de base bélica, encuentra su origen en las desarrolladas técnicas militares romanas, que proporcionaron a la pequeña ciudad de Roma la posibilidad de convertirse en un imperio de alcance mundial. En los asedios a las ciudades que pretendían conquistar, el ejército romano utilizaba el ariete para abrir un hueco en la muralla que las protegía.

Brillar por su ausencia.
«No estar presente una persona o cosa en el lugar que era de esperar» es la definición que proporciona el Diccionario de la Real Academia para esta expresión, utilizada con bastante frecuencia y, en último término, producto de esa factoría genial que son las obras de Tácito. En sus Anales se cuenta que en los funerales de Junia, hermana de Bruto y esposa de Casio, los más famosos de los asesinos de Julio César, fueron paseadas las imagines de todos sus antepasados y parientes, excepto las de los dos tiranicidas, pues estaba prohibido por ley que las imágenes de los convictos de crímenes contra el Estado pudieran ser paseadas en los cortejos funerarios. En el sentir de Tácito, la ausencia de los dos asesinos de César fue tan notoria que les hizo brillar más que si hubieran estado presentes.

Subirse a las barbas
La expresión «subirse a las barbas» tenga su origen en uno de los episodios acaecidos en esa época. Se trata de una de esas leyendas creadas para dignificar el papel de los romanos en tan deshonrosa derrota, pues no hay que olvidar que, antes de la conquista de la Urbe, los senones, tribu gala de Breno, infligieron una humillante derrota a los romanos junto al río Alia, en la que los soldados huyeron del frente en desbandada, en un gesto tan vergonzoso como infrecuente en la historia del ejército romano. Por eso quizá se hicieron más necesarias leyendas que encumbraran el secular valor de los romanos.
Cuenta Plutarco que, tras la huida de los soldados, la ciudad quedó abandonada a su suerte. De sus habitantes, los más jóvenes y con capacidad para combatir se refugiaron con Manlio en el Capitolio, otros huyeron buscando refugio en ciudades vecinas, pero los senadores y algunos sacerdotes decidieron aguardar sentados en sus sitiales de marfil y vestidos con sus vestimentas oficiales la llegada de los galos, lo que no ocurrió hasta el tercer día después de la batalla del río Alia.
La versión de Livio insiste en la sorpresa del bárbaro ante la majestuosidad de los ancianos romanos:
Al quedarse parados ante ellos como si fueran estatuas, dicen que Manio Papirio, uno de ellos, golpeó en la cabeza con su bastón de marfil a un galo que le acariciaba la barba, larga como entonces la llevaba todo el mundo, y provocó su cólera, dando comienzo por él la matanza (Tito Livio, Desde la fundación de la ciudad, 5, 9, 10;).
Tal vez de aquel senón que «se subió a las barbas» de Papirio proceda nuestro dicho, pues en aquellos tiempos se consideraba un agravio tocar la barba de los ancianos, costumbre que pasó después a los países romanizados, como demuestra el famoso verso de Mío Cid: «por aquesta la mi barba que nadi non la mesó» (Ms. Per Abad 1355, v. 2832).

Ponerse hecho un basilisco
Suele decirse de aquella persona que por alguna circunstancia determinada se encoleriza enormemente, perdiendo el control. El basilisco es un reptil muy venenoso del que nos hablan Plinio el Viejo y otros autores, que al parecer se criaba en los desiertos de África. Tenía los ojos muy encendidos y rojos, la cabeza muy aguda y sobre ella una mancha blanca a modo de corona de tres puntas. Quizá por eso recibió el nombre de basiliscus, que deriva del griego basileus, que significa «rey», y con el sufijo -iscos, que indica «relación con». Por esa razón también recibía el nombre de régulo (regulus), que vendría a ser una traducción aproximada del nombre griego («reyezuelo»).

¿Quién le pondrá el cascabel al gato?
Quis ligabit campanellam in collo cati? Con un poco de convicción, esta frase la podrán traducir incluso los que no han estudiado latín. Efectivamente, «¿Quién atará la campanilla en el cuello del gato?», es decir, «¿Quién le pondrá el cascabel al gato?», es una expresión de absoluta vigencia en nuestra lengua y se emplea cada vez que tenemos ideas felices para solucionar nuestros problemas, pero muy difíciles de llevar a la práctica. Alude sobre todo a la falta de determinación de las personas y se utiliza frecuentemente cuando hay que tomar una decisión que se considera beneficiosa para la generalidad, pero nadie se atreve a tomarla, porque es arriesgada.
La frase procede de una fábula de Esopo, Los ratones y el gato (277), de la que realizó una versión Odón de Ceritona: De muribus et cato et cetera; este autor inglés del siglo XIII, continuador de Fedro, la incluyó en su colección, El libro de los gatos, que fue traducida al castellano en el siglo XV.
La expresión ha pasado también a otras lenguas y parece conservar plena vigencia en inglés (Who will bell the cat?) y alemán (Wer will der Katze die Schelle umhängen?).

Tocar diana
El origen de la expresión, introducida en español en el siglo XVIII, se encuentra, según explica Joan Corominas en su imprescindible Diccionario etimológico, en el italiano, pues Diana era en esa lengua el nombre con el que se conocía el planeta Venus, que anuncia el nuevo día, algo por lo que nosotros denominamos a esta estrella «lucero del alba», y los latinos Lucifer (literalmente, «portadora de luz»), denominación que, con el tiempo, se encargó de estigmatizar el cristianismo, al aplicársela al diablo.
Pero esta conexión entre la diana y la luz es aún más evidente si atendemos a la divinidad lunar romana del mismo nombre. Cicerón nos dice en Sobre la naturaleza de los dioses (2, 69) que «a Diana se la llama así porque era capaz de producir, aun siendo de noche, una especie de día».

Nacer con estrella / tener buena estrella
Son expresiones que se dicen del individuo que tiene buena suerte, ese al que le va bien en la vida. Tales frases implican el reconocimiento de que los astros influyen en el comportamiento humano, una creencia de origen oriental que tuvo en época grecorromana una notable vigencia. Entonces astronomía y astrología se confundían con frecuencia: los estudiosos de los astros no se conformaban con ponerles nombres y estudiar su posible ubicación, sino que, al mismo tiempo, indagaban sobre su influjo en la vida humana. Estas disciplinas han dado origen, además, a hermosos poemas didácticos.
Probablemente fue en los primeros siglos de nuestra era cuando los astrólogos hicieron su agosto. En esa época era corriente consultar al caldeo o babilonio —pues muchos de los astrólogos procedían de esos lugares— si el recién nacido tenía o no los astros a su favor.

Matar a la gallina de los huevos de oro
Utilizamos esta expresión cuando vemos que alguien, movido por su ambición o estupidez, destruye aquello que más le beneficia.
El dicho está relacionado con una fábula clásica de larga tradición. La encontramos en Esopo (87), Babrio (123), Aviano (33) y, entre los modernos, en La Fontaine (V, 13) y Samaniego (V, 6). El apólogo pretende denunciar a los ambiciosos, que en su afán de enriquecerse rápidamente pierden lo que poseen: el dueño de una gallina que ponía diariamente un huevo de oro, abrió sus tripas, pensando que allí encontraría mayores riquezas, y solo consiguió matar a su benefactor animal. «De igual modo, en muchas ocasiones los ambiciosos, por su ansia de mayores beneficios, pierden incluso lo que tienen entre manos», apostilla la moraleja de Esopo.
En ciertas versiones la fábula está protagonizada por una gallina (Babrio, Samaniego) y en otras por una oca o ganso (Esopo, Aviano). Por eso, en algunas lenguas el dicho tiene un protagonista distinto, como por ejemplo en inglés: Kill the goose that lays the golden egg, donde la frase también es de uso común.

Me importa un higo
Es esta una frase, menos usada que otras como «me importa un bledo», «un pimiento» o «un huevo», que utilizamos para dar a entender que algo no nos preocupa en absoluto. No es que el higo tenga mucho valor, pero es muy probable que esa frase se utilice por otra que tiene menor uso hoy en día, pero gozó de cierta popularidad en otro tiempo: «me importa una higa» o «se me da una higa
La expresión ha caído en desuso y hoy casi nadie sabe qué es una higa. En origen, una higa era una acción despreciativa que se hacía cerrando el puño y colocando el pulgar entre el dedo índice y el corazón. La imagen de la higa parece tener su origen en época romana. Su misión era alejar el mal de ojo y tal vez intentaba representar al pene y los dos testículos. Así pues, tenía la misma función que los Príapos que abundaban en las casas romanas: se colocaba la imagen de este dios itifálico, dotado de un enorme pene, para alejar la mala suerte y procurar la fertilidad de la tierra. En nuestros museos arqueológicos se pueden ver los amuletos con esta imagen que llevaban los gladiadores para alejar la mala suerte. También era frecuente colgar este tipo de amuletos en las puertas de las casas o en el cuello de los niños.
El gesto, que se hacía antiguamente para alejar el mal fario, pasó a tener un significado despreciativo y, de aquí, surgió la expresión mencionada «se me da una higa», muy empleada en el castellano más antiguo, que quería decir algo así como: «Ante eso que dices o propones me dan ganas de hacerte una higa». «Se me da una higa» no era bien comprendido, así que en un intento de clarificación se empezó a utilizar «me importa una higa» y de aquí al higo solo había una vocal.

Quedarse con la parte del león
Es una expresión que resume el conocido apólogo en el que diferentes animales capturan juntos un ciervo y el león hace un reparto sui generis gracias al cual se queda con todas las partes de la presa.
La expresión, que está perdiendo vigencia en nuestra lengua, ha engendrado un retoño que parece tener bastante éxito: el famoso «contrato leonino», una forma erudita de designar los contratos abusivos, en los que la parte poderosa impone duras condiciones al contratante débil.
La verdad es que, en este caso, el contento del filólogo, cuando ve que una expresión tan evocadora se mantiene en nuestra lengua, se tiñe inmediatamente de tristeza, al constatar que la fortuna de la expresión no hace más que reflejar la cruda realidad de una sociedad en la que cada vez se firman más contratos leoninos.
La actuación del león en esta fábula, como vemos, es la propia de un tirano que impone una serie de medidas excesivas. A este comportamiento puede uno referirse también acudiendo a otro referente de la Antigüedad, Dracón de Tesalia (siglo VII a.C.), legislador griego que resultó en exceso severo con sus medidas punitivas, de modo que un robo podía suponer la pena capital. Por eso llamamos «medidas draconianas» a aquellas normas que resultan desmesuradas y poco acordes con los dictados del sentido común.

La manzana de la discordia
Expresión habitual para indicar cuál es el problema o la diferencia fundamental en una discusión, un punto de desacuerdo cuya resolución solventaría un conflicto.
En el origen de esta expresión está indisolublemente la muy hermosa Helena, en los albores de la famosa guerra de Troya. Cuenta el mito que en las bodas de los futuros padres de Aquiles, Tetis, una diosa marina, y Peleo, un mortal, Zeus invitó a todas las divinidades de la Hélade, tanto las más poderosas como las más insignificantes. Sin embargo, olvidó invitar a Eris, la personificación de la Discordia, que inopinadamente se presentó en el banquete nupcial. Para sembrar cizaña, la diosa Eris arrojó delante de todos los allí reunidos una manzana de oro con una palabra inscrita en griego: Kallistei, «para la más bella». Aquel premio suscitó de inmediato la riña de tres de las diosas más poderosas del Olimpo griego: Hera, la hermosa esposa de Zeus, Atenea, su hija dilecta, y Afrodita, la diosa del amor y la seducción. Ante semejante apuro, Zeus decidió lavarse las manos y recurrió al juicio de un mortal, Paris, hijo de Príamo y Hécuba, reyes de Troya, de donde el famoso «juicio de Paris». Por aquel entonces, este era pastor en el monte Ida y desconocía su ilustre origen.

La mentira no tiene pies
Así decimos cuando queremos indicar que la verdad se impone mientras que la mentira no va a ninguna parte; en italiano también encontramos el proverbio: le bugie hanno le gambe corte. Sin duda, ambas expresiones derivan de una latina que no nos es posible reproducir con exactitud, pero a la que Fedro alude en la fábula Prometeo y el engaño.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda
La relación de este proverbio con «adornarse con plumas ajenas es evidente, pues habla también de apariencias y falsedad. El Diccionario de autoridades lo define así: «Refrán que enseña que la mudanza o fortuna de estado nunca puede ocultar sus principios bajos, sin mucho estudio y cautela». Pero esta definición quizá se queda corta, pues se utiliza con profusión para denunciar a quien pretende esconder sus defectos con falaces apariencias o fingir con adornos superficiales cualidades que no posee. Quizá porque resulta demasiado extenso o porque en determinadas ocasiones puede resultar impertinente su utilización, es frecuente que se abrevie, pronunciándose solo la primera parte: «aunque la mona se vista de seda…».
En los primeros versos de su fábula La mona (26), una de las más logradas, Iriarte nos cuenta que la compuso a partir de este refrán:
«Aunque se vista de seda
la mona, mona se queda.»
El refrán lo dice así
yo también lo diré aquí;
y con eso lo verán
en fábula y en refrán.
Un traje de colorines
como el de los matachines,
cierta mona se vistió;
aunque más bien creo yo
que su amo la vestiría,
porque difícil sería
que tela y sastre encontrase.
El refrán lo dice; pase…

Erasmo de Rotterdam menciona también el proverbio en su Elogio de la locura (cap. 17), indicando su origen griego. Vestigio del primitivo refrán encontramos en la versión inglesa: an ape is an ape, a varlet is a varlet, though they be clad in silk and scarlet, también bastante usada y donde se mezclan seda y púrpura. En otras lenguas parece haber caído en desuso, como por ejemplo en italiano, la scimmia é sempre scimmia, anche vestita di seta, en beneficio de su competidor l’abito non fa il monaco, también muy utilizado en castellano.

Andar como puta por rastrojo
Es una de las expresiones más populares y repetidas en la lengua coloquial. La mayoría de los hablantes comprenden que se refiere a una persona que se encuentra en una situación muy apurada o fastidiosa.
Sin embargo, cuesta adivinar, a simple vista, cuál pueda ser su procedencia. Es posible que el origen de esta frase pueda rastrearse en la fábula de Fedro El mono y la zorra. Un mono pedía a una zorra una parte de su cola para poder cubrir con decoro sus nalgas desnudas. La mezquina zorra le contestó: «Aunque crezca, la arrastraré sin embargo por el fango y los rastrojos antes que darte a ti una parte de ella, por pequeña que sea.

Hacerse el sueco
Utilizamos esta expresión cuando alguien se hace el desentendido o finge que algo no le atañe. Lo normal es pensar que el dicho hace referencia a los habitantes de Suecia, que, al tener una lengua muy distinta a la nuestra, no comprenden cuando les hablamos y se desentienden de lo que decimos.
El origen del dicho es muy distinto. Este sueco proviene del latín soccus, que era el calzado utilizado por los comediantes en la antigua Roma, mientras que los actores de tragedia calzaban coturnos; el soccus era un calzado más bajo, en tanto que el coturno tenía una suela de corcho de varios centímetros que les hacía parecer más altos. De soccus procede, obviamente, el castellano zueco, derivación diferente, que con toda probabilidad se originó en Andalucía y nos permite averiguar cómo era aproximadamente el mencionado calzado.
Por metonimia se llamaba soccus a los comediantes, por una razón similar a la que hace que llamemos espada a los toreros o zapatones al tipo de payaso que forma pareja habitual con el clown. A partir de aquí, «hacerse el sueco» significó «hacerse el desentendido», como hacían los comediantes antiguos o los zapatones de la actualidad, quienes, para hacer reír al público, fingen que no entienden, equivocándose, tropezándose y no haciendo ningún caso de lo que se les dice.

Coger el toro por los cuernos
Relacionadas con la leyenda de Hércules, o Heracles en su nombre griego, encontramos algunas expresiones proverbiales bastante frecuentes. Uno de sus famosos doce trabajos, quizá no de los más conocidos, es probablemente el origen de «coger el toro por los cuernos», frase utilizada cuando alguien afronta con resolución un problema, asumiendo las repercusiones que la solución adoptada pudiera plantear, hasta sus últimas consecuencias.
El monstruoso animal, como todos los de su especie (véase «soñar o perseguir quimeras»), era enormemente peligroso por su ferocidad y por echar fuego por la nariz, pero ni siquiera eso impidió que el gran Hércules lo doblegara, cogiéndolo por los cuernos, como se aprecia en muchas representaciones de esa prueba.
Uno de los primeros testimonios de estas prácticas lo encontramos en un conocido fresco del palacio de Cnosos, en la isla de Creta, que presenta en todo su esplendor (sobre todo después de diversas intervenciones polémicas) la prestancia de la civilización minoica, en la que el toro tuvo un papel preeminente. En esa representación, conocida con el nombre de taurocatapsia, puede verse a tres personajes que rodean a un toro: uno por delante que le agarra los cuernos, otro por detrás y un tercero que realiza una cabriola sobre el animal, algo similar al toreo practicado en Portugal.

Zapatero a tus zapatos
Suele emplearse esta frase para recriminar a aquellas personas que opinan o aconsejan sobre cuestiones que exceden los límites de su competencia. El origen de este proverbio está en una anécdota protagonizada por Apeles de Cos, que vivió en el siglo IV a.C. y fue considerado en la Antigüedad como el más grande de todos los pintores; al menos, Plinio el Viejo lo tenía muy claro: «Apeles de Cos […] superó a todos sus predecesores y a los que habrían de venir después». Alejandro Magno acudía con frecuencia a su taller y prohibió por decreto que le retratara cualquier otro pintor. En cierta ocasión Alejandro le pidió que pintara desnuda a su favorita y, como observase que Apeles se había enamorado de ella, se la cedió magnánimo, Magno también de ánimo.
El proverbio también se mantiene en otras lenguas modernas con parecida vigencia a la que tiene en español: en alemán, Schuster, bleib bei deinem Leisten! («Zapatero, limítate a tu horma»); en italiano, Ciabattin, fa l’arte tua («Zapatero, haz tu oficio») y en inglés, The cobbler should stick to his last («El zapatero debe ceñirse a su horma»).

Friends recommended it to me, the best book of the author and when I have read it, it has not disappointed me the least, since it gives a very broad amount of information about each one of the sayings that are used nowadays but that come from the antiquity (Greece and Roman Empire). Without a doubt, I recommend it for anyone who wants to expand their knowledge and culture.
The origin of these expressions, we can establish five main sources:
1. The epic of Homer and Virgil: «to be touched by the muses», «to pronounce sibylline words», «the apple of discord», etc.
2. The mythological narrations: «to be an adonis», «to spin and cut the thread of life», «to be a narcissist or a narcissist», «to be a caco», etc.
3. The History of Rome and the news it gives us of the History of Greece: «Cesar’s wife does not only have to be chaste, but look like it», «what artist dies with me!», «Establish draconian measures», « the sword of Damocles «, etc.
4. Uses and customs of Greeks and Romans: «to have many fumes», «to cost a triumph», «to have the black one», etc.
5. The fable: «take away the part of the lion», «walk like a whore by stubble», «adorn themselves with other feathers», etc.

Bird of ill omen.
The Romans were a people very attentive to the divine signs and multiplied the techniques that allowed them to interpret them. With their taxonomic eagerness, they clearly distinguished between those messages that the gods provided spontaneously (any situation or manifestation that went beyond the norm: an unexpected natural phenomenon, the birth of a creature with any type of deformity, a defect of form in a ritual and a long etcetera), and those others that were solicited from the gods in some circumstances of public interest. The most developed form of this second type of divination was the auspices, of avis and spicere, that is, «to observe the birds», something that incumbía to certain magistratures. Through the flight of the birds, the gods expressed their opinion on the important public decision that they wanted to take. Given the complexity of the system and the multiple possibilities of the answers, the magistrates could resort to the advice of the college of the augurs, who also practiced other forms of divination, but it is not.
The definition that the Dictionary of the Royal Academy gives to this expression is that of «a person who usually announces that something bad will happen in the future».

Be a team batter
Its meaning does not escape any fan of the «king sport» and the motivation of the metaphor that applies the name of battering ram to the center forward of the team is even more evident knowing that this position is also called attacker or rush. And this image, like many other military-based, finds its origin in the developed Roman military techniques, which gave the small city of Rome the possibility of becoming an empire of global reach. In the sieges to the cities that they wanted to conquer, the Roman army used the ram to open a hole in the wall that protected them.

Shine by their absence.
«Not being present a person or thing in the place that was expected» is the definition provided by the Dictionary of the Royal Academy for this expression, used quite often and, ultimately, product of that great factory that are the works of Tacitus. In his Annals it is said that at the funerals of Junia, sister of Brutus and wife of Cassius, the most famous of the murderers of Julius Caesar, the images of all his ancestors and relatives were wandered, except those of the two tyrannicides, since he was It is forbidden by law that the images of those convicted of crimes against the State could be walked in funeral processions. In the feeling of Tacitus, the absence of the two assassins of Caesar was so notorious that it made them shine more than if they had been present.

Climbing the beards
The expression «climb the beards» has its origin in one of the episodes that occurred at that time. It is one of those legends created to dignify the role of the Romans in such a dishonorable defeat, because we must not forget that, before the conquest of the city, the Senones, the tribe of Breno gala, inflicted a humiliating defeat to the Romans next to the river Alia, in which the soldiers fled from the front in disarray, in a gesture as shameful as infrequent in the history of the Roman army. That is why perhaps legends that encumbered the secular value of the Romans became more necessary.
Plutarch account that, after the flight of the soldiers, the city was left to its fate. Of its inhabitants, the youngest and with capacity to fight took refuge with Manlio in the Capitol, others fled seeking refuge in neighboring cities, but the senators and some priests decided to wait seated in their seats of ivory and dressed in their official clothes the arrival of the Gauls, which did not happen until the third day after the Battle of the Alia River.
Livio’s version insists on the surprise of the barbarian before the majesty of the Roman elders:
Standing before them as if they were statues, they say that Manio Papirius, one of them, hit on the head with his ivory cane a Gaul who caressed his beard, long as it was then carried by everyone, and provoked his anger , beginning with him the slaughter (Livy Tito, Since the foundation of the city, 5, 9, 10;).
Perhaps from that senón that «rose to the beards» of Papirio our saying comes, because in those times it was considered a grievance to touch the beard of the elderly, a custom that happened later to the Romanized countries, as the famous verse of Mine shows. Cid: «For this my beard that never did not come» (Ms. Per Abad 1355, v. 2832).

Become a basilisk
It is often said of that person who for some particular circumstance becomes very angry, losing control. The basilisk is a very poisonous reptile spoken of by Pliny the Elder and other authors, who apparently grew up in the deserts of Africa. Her eyes were very bright and red, her head was very sharp, and on her a white spot like a three-pointed crown. Perhaps that is why it received the name of basiliscus, which derives from the Greek basileus, meaning «king», and with the suffix -iscos, which indicates «relation with». For that reason also it received the name of regulus (regulus), that would come to be an approximate translation of the Greek name («a nimius king»).

Who will rattle the cat?
Quis ligabit campanellam in collo cati? With a little conviction, this phrase can be translated even by those who have not studied Latin. Indeed, «Who will tie the bell on the neck of the cat?», That is, «Who will rattle the cat?» Is an expression of absolute validity in our language and is used every time we have happy ideas solve our problems, but very difficult to put into practice. It refers above all to the lack of determination of the people and is frequently used when a decision has to be made that is considered beneficial for the general public, but nobody dares to take it, because it is risky.
The phrase comes from a fable of Aesop, the mice and the cat (277), of which he made an Odón version of Ceritona: De muribus et cato et cetera; This English author of the thirteenth century, a follower of Phaedrus, included it in his collection, The Book of Cats, which was translated into Spanish in the fifteenth century.
The expression has also changed to other languages ​​and seems to remain fully valid in English (Who will bell the cat?) And German (Wer will der Katze die Schelle umhängen?).

Touch target
The origin of the expression, introduced in Spanish in the eighteenth century, is, according to Joan Corominas in his essential etymological Dictionary, in Italian, because Diana was in that language the name by which the planet Venus was known, which announces the new day, something we call this star «morning star», and the Latin Lucifer (literally, «light carrier»), a name that, over time, was responsible for stigmatizing Christianity, by applying it to Devil.
But this connection between the target and the light is even more evident if we look at the Roman lunar deity of the same name. Cicero tells us in On the nature of the gods (2, 69) that «Diana is called so because she was able to produce, even at night, a kind of day.»

Be born with star / have good star
They are expressions that are said of the individual who has good luck, that who is doing well in life. Such phrases imply the recognition that the stars influence human behavior, a belief of oriental origin that had a remarkable validity in Greco-Roman times. Then astronomy and astrology were often confused: the astronomers of the stars were not satisfied with giving them names and studying their possible location, but, at the same time, they inquired about their influence on human life. These disciplines have also led to beautiful didactic poems.
It was probably in the first centuries of our era when the astrologers made their August. At that time it was common to consult the Chaldean or Babylonian-for many of the astrologers came from those places-whether or not the newborn had the stars in their favor.

Kill the goose that lays the golden eggs
We use this expression when we see that someone, moved by his ambition or stupidity, destroys what most benefits him.
The saying is related to a classic fable of long tradition. We find it in Aesop (87), Babrio (123), Aviano (33) and, among the moderns, in La Fontaine (V, 13) and Samaniego (V, 6). The apologist pretends to denounce the ambitious ones, who in their eagerness to get rich quickly lose what they have: the owner of a hen who put a golden egg daily, opened his guts, thinking that there he would find greater riches, and only managed to kill his animal benefactor. «In the same way, in many occasions the ambitious ones, for their desire for greater benefits, lose even what they have in their hands,» says the moral of Aesop.
In certain versions the fable is carried out by a hen (Babrio, Samaniego) and in others by a goose or goose (Aesop, Aviano). For that reason, in some languages ​​the saying has a different protagonist, as for example in English: Kill the goose that lays the golden egg, where the phrase also is of common use.

I do not care a fig
This is a phrase, less used than others such as «I do not give a damn», «a pepper» or «an egg», which we use to imply that something does not concern us at all. It is not that the fig has much value, but it is very likely that this phrase is used for another that has less use today, but enjoyed a certain popularity in the past: «I do not care a fig» or «I am given a fig
The expression has fallen into disuse and today almost nobody knows what a daughter is. Originally, a fig was a contemptuous action that was done by closing the fist and placing the thumb between the index finger and the heart. The image of the daughter seems to have its origin in Roman times. His mission was to ward off the evil eye and perhaps tried to represent the penis and the two testicles. Thus, it had the same function as the Priads that abounded in Roman houses: the image of this itypical god, endowed with a huge penis, was placed to ward off bad luck and procure the fertility of the earth. In our archaeological museums you can see the amulets with this image that the gladiators carried to ward off bad luck. It was also common to hang this type of amulets on the doors of houses or on the neck of children.
The gesture, which was done in the past to ward off the evil, came to have a contemptuous meaning and, from here, emerged the expression «I am given a gig», very used in the oldest Spanish, which meant something like : «When you say or propose, I want to make you a friend». «I was given a headache» was not well understood, so in an attempt to clarify it began to use «I do not care a fig» and from here to fig there was only one vowel.

Stay with the lion’s share
It is an expression that sums up the well-known apologia in which different animals capture a deer together and the lion makes a sui generis distribution thanks to which he keeps all the parts of the prey.
The expression, which is losing validity in our language, has spawned an offshoot that seems to be quite successful: the famous «leonine contract», a scholarly way of designating abusive contracts, in which the powerful party imposes harsh conditions on the weak contracting party.
The truth is that, in this case, the philologist’s delight, when he sees that such an evocative expression is maintained in our language, is immediately tinged with sadness, when he realizes that the fortune of the expression only reflects the harsh reality of a society in which more and more leonine contracts are signed.

The performance of the lion in this fable, as we see, is that of a tyrant who imposes a series of excessive measures. This behavior can also be referred to another reference of antiquity, Dragon of Thessaly (seventh century BC), Greek legislator that resulted in severe excess with punitive measures, so that a robbery could be capital punishment. That is why we call «draconian measures» those rules that are disproportionate and not very consistent with the dictates of common sense.

The Apple of discord
Common expression to indicate what is the problem or the fundamental difference in a discussion, a point of disagreement whose resolution would solve a conflict.
At the origin of this expression is the indissibly beautiful Helen, at the dawn of the famous Trojan War. The myth tells that at the wedding of the future parents of Achilles, Thetis, a sea goddess, and Peleus, a mortal, Zeus invited all the deities of Hellas, both the most powerful and the most insignificant. However, he forgot to invite Eris, the personification of Discordia, who unexpectedly showed up at the wedding feast. To sow weeds, the goddess Eris threw in front of all those gathered a golden apple with a word inscribed in Greek: Kallistei, «for the most beautiful.» That prize immediately provoked the quarrel of three of the most powerful goddesses of Greek Olympus: Hera, the beautiful wife of Zeus, Athena, his beloved daughter, and Aphrodite, the goddess of love and seduction. Before such a hurry, Zeus decided to wash his hands and resorted to the trial of a mortal, Paris, son of Priam and Hecuba, kings of Troy, whence the famous «Paris trial». At that time, he was a shepherd on Mount Ida and did not know his illustrious origin.

The lie has no feet
So we say when we want to indicate that the truth is imposed while the lie does not go anywhere; in Italian we also find the proverb: le bugie hanno le gambe cut. Undoubtedly, both expressions derive from a Latin that we can not reproduce accurately, but to which Phaedrus refers in the fable Prometheus and deception.

Although the monkey dresses in silk, mona stays
The relation of this proverb to «adorning oneself with other feathers is evident, since it also speaks of appearances and falsehood. The Dictionary of authorities defines it this way: «Refrain that teaches that the change or fortune of state can never hide its low principles, without much study and caution». But this definition may fall short, because it is used profusely to denounce who seeks to hide their defects with false appearances or pretend with superficial adornments that he does not possess. Perhaps because it is too long or because in certain occasions its use may be impertinent, it is often abbreviated, pronouncing only the first part: «although the monkey dresses in silk …».
In the first verses of his fable La mona (26), one of the most successful, Iriarte tells us that he composed it from this proverb:
«Even if you wear silk
the cute, cute girl stays. »
The saying says so
I will also say it here;
and with that you will see
in fable and in proverb.
A suit of colors
like that of the matachines,
a certain mona dressed;
although, rather, I think
that her master would dress her,
because it would be difficult
what cloth and tailor he found.
The saying says it; pass…

Erasmus of Rotterdam also mentions the proverb in his Praise of Folly (chapter 17), indicating its Greek origin. Vestige of the primitive saying we find in the English version: an ape is an ape, a varlet is a varlet, although they are clad in silk and scarlet, also quite used and where they mix silk and purple. In other languages ​​it seems to have fallen into disuse, as for example in Italian, scimmia é semper scimmia, anche vestita di seta, for the benefit of its competitor l’abito non fa il monaco, also widely used in Spanish.

Walking like a bitch by stubble
It is one of the most popular and repeated expressions in the colloquial language. Most speakers understand that it refers to a person who is in a very hurried or annoying situation.
However, it is difficult to guess, at first glance, what its origin may be. It is possible that the origin of this phrase can be traced in the fable of Phaedrus the monkey and the fox. A monkey asked a fox a part of its tail to be able to cover with honor its naked buttocks. The mean bitch replied: «Even if it grows, I will drag it through the mud and the stubble instead, before giving you a part of it, however small it may be.

Become a Socuss no sweden
We use this expression when someone misunderstands or pretends that something does not concern them. It is normal to think that the saying refers to the inhabitants of Sweden, who, having a language very different from ours, do not understand when we speak to them and they ignore what we say.
The origin of the saying is very different. This Swedish comes from the Latin soccus, which was the footwear used by comedians in ancient Rome, while the actors of tragedy wore coturnos; the soccus was a lower footwear, while the coturno had a cork sole several centimeters that made them look taller. Soccus obviously comes from the Spanish clog, a different derivation, which in all probability originated in Andalusia and allows us to find out what the shoe was about.
By metonymy it was called soccus to the comedians, for a reason similar to the one that causes that we call sword to the bullfighters or zapatones to the clown type that forms habitual partner with the clown. From here on, «playing Swedish» meant «acting out», as did the old comedians or the present-day shoeers, who, to make the audience laugh, pretend they do not understand, making mistakes, stumbling and not paying attention of what they are told.

Catch the bull by the horns
Related to the legend of Hercules, or Heracles in its Greek name, we find some fairly frequent proverbial expressions. One of his famous twelve works, perhaps not the best known, is probably the origin of «catching the bull by the horns», a phrase used when someone faces a problem with resolution, assuming the repercussions that the adopted solution could pose, even their last consequences.
The monstrous animal, like all of its kind (see «dream or chase chimeras»), was enormously dangerous because of its ferocity and fire by the nose, but not even that prevented the great Hercules from bending him, taking him by the horns , as seen in many representations of that test.
One of the first testimonies of these practices is found in a well-known fresco of the palace of Knossos, on the island of Crete, which presents in all its splendor (especially after various controversial interventions) the excellence of the Minoan civilization, in which the bull had a pre-eminent role. In that representation, known as taurocatapsia, you can see three characters that surround a bull: one in front that grabs the horns, another from behind and a third that makes a caper on the animal, something similar to bullfighting practiced in Portugal.

Shoemaker to your shoes
Usually this phrase is used to recriminate those people who think or advise on issues that exceed the limits of their competence. The origin of this proverb is in an anecdote starring Apelles de Cos, who lived in the fourth century a.C. and was considered in Antiquity as the greatest of all painters; at least, Pliny the Elder had it very clear: «Apeles de Cos […] surpassed all his predecessors and those who would come later». Alexander the Great often went to his workshop and forbade, by decree, any other painter to portray him. On one occasion Alejandro asked her to paint her favorite nude and, as it was observed that Apelles had fallen in love with her, she gave it to him magnanimously, Magno also of encouragement.
The proverb also remains in other modern languages ​​with similar validity to the one it has in Spanish: in German, Schuster, bleib bei deinem Leisten! («Zapatero, limit yourself to your last»); in Italian, Ciabattin, fa l’arte tua («Zapatero, do your job») and in English, The cobbler should stick to his last («The shoemaker should stick to his last»).

2 pensamientos en “Dichosos Dichos: Frases Y Expresiones Del Mundo Clásico Para El Siglo XXI. Origen, Usos Y Curiosidades — Víctor Amiano / Blessed Sayings: Phrases And Expressions Of The Classical World For The 21st Century. Origin, Uses And Curiosities by Víctor Amiano (spanish book edition)

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