Mi Lucha. El Libro Que Marcó La Historia Del Siglo XX — Sven Felix Kellerhoff / «Mein Kampf» – Die Karriere eines deutschen Buches (“Mein Kampf” The Book That Marked The History Of The Twentieth Century) by Sven Felix Kellerhoff

00A7A50B-B917-4796-A031-362E015CE25C
El contenido es muy interesante, se desenmascaran los sentimientos reales de hitler y se le intenta dar mediante un análisis imparcial la justificación al pensamiento del que era partícipe cuando cometía sus atrocidades, explicando a su vez las razones por las que llegó a pensar de ese modo. Es la obra más completa y documentada por el momento de la verdadera personalidad de hitler, sin leyendas de su persona ni divagaciones subjetivas de por qué hizo tal y tales cosas.
Mi opinión es que es recomendable para aquellos que se quieran hacer una idea clara de lo que realmente fue hitler, desde su nacimiento hasta su muerte y conocer a la persona que albergaba tanto odio en su interior hacia los judios, pero ¿Eso fue siempre?…
Eso si, estando interesado en la II Guerra Mundial y tienes un amplio catálogo de lecturas sobre esta en tu haber (incluida la del Mein Kampf), el libro aporta poco.

Todos podían leer hasta ahora el «Mein Kampf» de Hitler como un libro de anticuario, no se permitió volver a publicarlo hasta el 31.12.2015. Por supuesto que he leído el relato de Adolf Hitler, así que el subtítulo del libro, y traté de entenderlos en todos los detalles. Esto solo se puede hacer si uno entiende el momento de la Primera Guerra Mundial o la desgracia de la misma, o si todos los movimientos políticos partidarios surgieron entonces, en la década de 1920, en grandes cantidades.
El darwinismo social de Hitler culminó en la afirmación: «El más fuerte tiene que gobernar y no fusionarse con el más débil». Hoy es tarea de todas las personas escépticas aprovechar las ideologías o las religiones exactamente en este aspecto. Por favor compare esta afirmación con «Sura 61: 9: es Él quien ha enviado a Su Mensajero con la guía y la religión de la verdad, para que Él pueda hacer que prevalezca sobre todas las religiones, incluso si los idólatras lo odian».
En Radio Islam, un lado religioso fundamentalista y antisemita operado por Suecia, casi todo está disponible hoy en día, incluida una edición completa de Mein Kampf.
Hay innumerables otros sitios de Internet donde puede acceder fácilmente a los textos. Amazon ofrece más de una docena de diferentes versiones impresas de tapa dura y en rústica, así como versiones anteriores; también muchas ofertas anticuarias. Se venderán hasta 15,000 copias de varios números nuevos en los EE. UU. Por año. Es probable que las ventas en países antisemitas y antisionistas sean aún más elevadas. La 18ª edición del Mein Kampf de Hitler se puede comprar en Irán persa en todas las principales librerías. En la capital de Bangladesh, Dhaka, una traducción es uno de los éxitos entre los vendedores ambulantes más jóvenes: en un día normal, puedo vender cinco o seis de ellos, dice uno de esos comerciantes ambulantes «. (Página 313)
Sven Felix Kellerhoff logra en este libro una excelente visión general sobre la creación, recepción y desarrollo de Mein Kampf hasta la actualidad. (Por favor vea el bosquejo detallado en la vista previa) Es bueno que todos leamos este libro, comprendamos sus falacias y desequilibrios y podamos hablar de ello sin prejuicios.
En enero, el Instituto de Historia Contemporánea ofrece una versión comentada y grande, con la cual se puede ahondar aún más en el origen y la lógica de las ideas de Hitler. Es, creo, un paso absolutamente necesario hacia una comprensión integral del tiempo y los enredos de una persona que ha traído sufrimientos infinitos a la humanidad. Sobre todo, debería abrir nuestros ojos a las ideas racistas que están hoy entre nosotros.

Muchos lectores interesados ​​historia probablemente voy a entrar en demasiados detalles de la edición anotada de «Mein Kampf» del Instituto de Historia Contemporánea y por lo tanto parece poco apropiado para tratar un público más amplio. Además, el trabajo de propaganda de Hitler, aparte del contenido, incluso lingüísticamente apenas invita a ser leído en su totalidad. Una buena alternativa para hacer frente de manera competente todavía ideológico del nazismo de Hitler fundamento crítico, ofrece este libro, que presenta una forma compacta y de fácil comprensión, tanto en el contenido como en los antecedentes de la creación, distribución y recepción de «Mein Kampf» , Contrariamente a la anterior, experimentos similares apoyaron una discusión de este trabajo de propaganda Kellerhoff funciona muy textnah citando directamente pasajes y las caras originales.
No es infrecuente, sin embargo, que deba ocuparse de sus observaciones, sino de testigos, pasajes o fuentes contemporáneos poco fiables. Siguió esto revela contradicciones en el razonamiento de Hitler cuando menciona, por ejemplo, el miedo a poner en peligro la aria como «fundador cultural», que está en completo contraste con su estilo similar a la máxima de darwinismo social que el más fuerte es inevitable contra los débiles de Hitler. También trabaja a cabo de manera convincente que las diferentes obligaciones de otro tipo a pesar de las expresiones de los editores han experimentado cambios muy pesadas de sustancia, que van mucho más allá de la limitación de lenguaje grosero. Por ejemplo, en la primera edición Hitler enfatizó el principio electoral dentro del NSDAP, que incluía la elección del líder, el «Führer». Más tarde esto fue borrado, por supuesto, ya que esto socavaría la pretensión de poder de Hitler. En muchos lugares de su libro, Kellerhoff también señala deliberadamente los errores de contenido y las falsificaciones, especialmente cuando se trata de detalles biográficos o circunstancias históricas.
Una pregunta importante, que el autor también investiga, es si el libro de propaganda de Hitler fue leído. En contraste con las afirmaciones comunes, Kellerhoff llega a la conclusión de que «Mein Kampf» de ninguna manera fue solo no leído en las estanterías. Sin embargo, también limita que esto se aplique especialmente al tiempo posterior a 1933. Debido a que la base de un cálculo de muestra convincente puede demostrar que en 1932 sólo cada 60ª votantes NSDAP podrían ser «Mein Kampf» en posesión de un problema. Para los años posteriores a 1933, que apoya su tesis sobre la base de dos encuestas evaluados nuevamente en la zona de ocupación de Estados Unidos en 1946 y 1947. Un poco de piedad es, sin embargo, que el autor utiliza este enfoque sólo como una percha del capítulo correspondiente «lector» y luego a parte una vez más de una conexión entre la «preparación para la lectura» y en línea con Othmar Plöckinger – aunque sólo sea «sobreviviente fragmentaria» – «hace que las cifras de endeudamiento».
CONCLUSIÓN: Un cuestionamiento compacto, comprensible y en muchos lugares crítico del «trabajo de la vida» periodístico sin gloria de Hitler.

Lo prohibido atrae. Todo aquello que una autoridad considera perjudicial o, incluso, peligroso adquiere, de un modo casi inevitable, un halo de interés. Y eso ocurre incluso cuando, en realidad, no existe tal prohibición. Incluso cuando solo se trata de un malentendido. Porque lo cierto es que en Alemania el libro de Adolf Hitler no está prohibido. Cualquiera puede poseerlo, leerlo y hasta venderlo. Siempre y cuando sea un ejemplar de anticuario.
¿Y cuáles son las consecuencias de las trabas que las autoridades de Baviera están poniendo a los historiadores que desean hacer un estudio científico serio? El libro de Hitler está rodeado de mitos que hunden sus raíces en la fértil tierra de la ignorancia. A diferencia de lo que ocurre con muchos otros temas importantes del pasado reciente de Alemania, en torno a Mi lucha no existe todavía un consenso social. La persecución de los judíos, el Holocausto, las devastadoras consecuencias de las campañas de la Wehrmacht en la Unión Soviética o Yugoslavia, la cruel ocupación de Grecia o Italia: nadie, salvo un grupúsculo de extremistas de derechas, discute ya estos hechos.

Su intención no es en modo alguno convencer de sus ideas a aquellas personas que hasta ese momento habían contemplado el nacionalsocialismo con indiferencia o, incluso, con escepticismo. De acuerdo con el prólogo del autor, Mi lucha no se dirige, en realidad, «a los extraños, sino a aquellos que, perteneciendo de corazón al movimiento, ansían penetrar más hondamente en la ideología nacionalsocialista». Es especialmente a ellos a los que Hitler puede llegar a través de esa instintiva forma de demagogia que caracteriza todos sus discursos y también su libro. Con el mismo concepto de oposición explica la elección del medio. Por una parte, Hitler subraya que «el progreso de todo movimiento trascendental en el mundo se debió generalmente más a grandes oradores que a grandes escritores». Por otra, constata: «Sin embargo, es indispensable que una doctrina quede expuesta en su parte esencial para poderla sostener y propagar de manera uniforme y sistemática».
Sin duda, el fracaso del golpe de estado, sus antecedentes y sus consecuencias habrían sido un material interesantísimo para una novela por entregas. Sin embargo, con excepción del prólogo y de la dedicatoria, además de alguna que otra alusión en Mi lucha Hitler no vuelve a este episodio hasta la última página del segundo volumen, y lo hace con una clara determinación.
A partir de este inicio construido de forma bastante hábil, Hitler describe sus orígenes, supuestamente humildes; su infancia temprana, marcada por la identidad austro-germana, y su rechazo hacia «Francia, el enemigo de siempre». Ya en la segunda página aparece la primera de esas digresiones que son tan características de la obra. En este caso es en relación con un acontecimiento relativamente cercano al momento en que se escribió el libro: la ejecución, a finales de mayo de 1923, de Leo Schlageter —nacionalista y autor de varios atentados con bomba— por parte de los soldados franceses en la Renania ocupada. De ese modo, Hitler conecta con las expectativas de su público, que conoce la figura del «héroe nacional» Schlageter a través de numerosos relatos adornados con tintes románticos.
Hitler dedica varias páginas a los antisemitas austríacos Karl Lueger y Georg Schönerer. Mientras que el primero tuvo bastante éxito, ya que durante trece años gobernó y modernizó Viena en calidad de alcalde, el segundo, que no solo era enemigo de los judíos, sino también nacionalista pangermanista, no consiguió atraer a un número relevante de seguidores. Hitler subraya, en cualquier caso, el fracaso de ambos.

Orador»: esa es la palabra clave del siguiente capítulo, que, aunque solo ocupa doce páginas, merece una especial atención. Bajo el título «Propaganda de guerra», Hitler expone sus conclusiones acerca de la influencia que ejercieron los bandos de la contienda sobre las masas. Y hasta los críticos más acérrimos de Mi lucha coincidieron en considerar esta parte como la más interesante de todo el libro. Porque Hitler habla aquí abiertamente, sin tapujos: «Durante la guerra, la propaganda era un medio para alcanzar el fin, y el fin era luchar por la existencia del pueblo alemán. Por eso, la propaganda solo podía juzgarse a partir de los principios válidos en ese contexto».
Mi lucha es un libro caótico y, al mismo tiempo, sumamente repetitivo. Es cierto que Hitler mantiene el marco externo: el primer volumen constituye un relato autobiográfico que se extiende hasta la creación del Partido Nacionalsocialista; el segundo es una exposición más o menos sistemática de sus objetivos políticos y de su trayectoria entre 1920 y 1923. Sin embargo, la enorme cantidad de digresiones y divagaciones que contiene merma su estructura. En general, lo único que queda claro son dos aspectos fundamentales que quiso expresar su autor: su antisemitismo radical, con fantasías de aniquilación, y su sensación de estar llamado a asegurar un futuro al pueblo alemán a través de la conquista de espacio vital en el Este, lo que se conseguiría tras lograr el anhelado (aunque nada realista) entendimiento con Gran Bretaña.

Que algo sea verdadero o falso no depende de la cantidad. Aquello que se ha imprimido cientos de miles de veces, que han creído millones de personas y que se ha vuelto a contar en innumerables ocasiones no tiene por qué ser cierto. Pero si una afirmación está lo suficientemente bien inventada, es decir, se ha formulado de una manera sencilla y coincide con las ideas generales, puede adquirir vida propia y acabar propagando a lo largo de generaciones y generaciones su pretendida verdad.
Es lo que ha ocurrido, de hecho, con la historia sobre cómo surgió Mi lucha y, especialmente, sobre quién escribió en realidad el primer volumen entre 1924 y 1925. En 1938, la editorial Eher publicó una extensa tirada de un folleto publicitario sobre «el libro de los alemanes». El motivo: el número total de ejemplares impresos en alemán había superado el umbral de los cuatro millones. En aquel texto, su autor, no identificado, hablaba de la evolución de las ventas en Alemania y de las traducciones —de las que se reproducía la mayoría de las portadas— que ya se habían publicado. «La obra del Führer —ese era el mensaje—, difundida por todo el planeta, ayudará a que los pueblos comprendan al pueblo alemán, que con tanto esfuerzo lucha por su libertad en la posguerra.» Además, se explicaba muy brevemente cómo había surgido el libro y se hablaba del ingreso de Hitler en la prisión de Landsberg, en 1924, para cumplir condena por alta traición; una circunstancia que, de acuerdo con la «firme opinión» de la prensa de la época, había «asestado un golpe mortal» al Partido Nacionalsocialista.
La historia acerca de cómo Hitler dictó Mi lucha a su compañero Rudolf Heß apareció por primera vez en formato de libro en Hitler hinter Festungsmauern. Ein Bild aus trüben Tagen («Hitler tras los muros de la prisión. Una imagen de los oscuros días»), una obra escrita a toda prisa, probablemente en la primavera de 1933, por Otto Lurker, antiguo guardián de la cárcel de Landsberg.
En realidad, Heß tuvo muy poco que ver con Mi lucha: su participación se limitó sencillamente a escuchar —al principio, solo de cuando en cuando; en otras épocas, con regularidad— los capítulos que iba escribiendo Hitler en Landsberg y, ya fuera de la prisión, a corregir las galeradas, tarea esta que a veces endosaba a Ilse Pröhl, que por aquel entonces era solo una conocida suya, aunque más tarde se convertiría en su mujer. La primera vez que Heß mencionó el proyecto del libro en las cartas que escribía casi a diario desde la cárcel fue el 29 de junio de 1924, es decir, seis semanas después de su ingreso en prisión. En aquella época, el texto iba ya tan avanzado que su autor estaba pensando incluso en cuestiones como el diseño de la edición.
Pese a todas las leyendas que aseguran lo contrario, fue Hitler quien escribió su libro: mecanografió él mismo la primera parte en Landsberg y dictó la segunda a una secretaria. Contó con ayuda para la redacción, desde luego, pero sus colaboradores no tuvieron ninguna influencia relevante en el contenido. Por eso el tono de Mi lucha es, en realidad, el tono original de la obra.
Entre los pocos textos que Hitler reconoció abiertamente haber utilizado para su libro, se encuentra un clásico de la literatura antisemita de la posguerra, traducido a al menos dieciocho idiomas: «Los protocolos de los sabios de Sión, tan odiados por los judíos, demuestra, mejor que ninguna otra obra, hasta qué punto toda la existencia de este pueblo se basa en un embuste continuado».[*] Hitler sabía que aquella era una fuente de fiabilidad muy dudosa, pero no le molestaba lo más mínimo: «“Son falsos”, según se lamenta el periódico Frankfurter Zeitung ante el mundo»; esa es la mejor prueba de que son verdaderos».
Una de las consignas fundamentales de la ideología nacionalsocialista era el concepto de «espacio vital». El objetivo de conquistar territorios en la Europa del Este para los colonos alemanes era, junto con la «aniquilación del bolchevismo judío», el principal motivo para declarar la guerra a la Unión Soviética. Sin embargo, si bien el antisemitismo formaba parte del pensamiento de Hitler desde el principio, el Führer no dijo ni una sola palabra acerca del «espacio vital» hasta que estuvo preso en Landsberg, o, al menos, no utilizó el término en el sentido que se le daría posteriormente. En sus borradores no lo menciona, aunque sí en los correspondientes pasajes de Mi lucha.
Dado que Hitler no era ni un lector sistemático ni un pensador estructurado, sino que se dejaba llevar constantemente por emociones nacidas del odio, en la mayoría de las ocasiones no consiguió citar de un modo concreto las fuentes de sus afirmaciones. Se lo impedían sus métodos de lectura selectiva, arbitraria y orientada conforme a sus prejuicios. Por eso resulta imposible reconstruir de un modo fiable su proceso de pensamiento. Sobre las otras publicaciones de las que tomó sus argumentos no se pueden hacer más que conjeturas.

Las fronteras entre la obsesión y el delirio son difusas. No es posible determinar con precisión, ni cualitativa ni cuantitativamente, en qué momento ni por qué motivos una idea fija se convierte en una auténtica locura. No obstante, si alguien repite una y otra vez, decenio tras decenio, un juicio equivocado, en variantes que se cuentan literalmente por millares, es seguro que esa persona ya no está obsesionada, sin más, sino que, simple y llanamente, delira.
Las primerísimas declaraciones políticas de Adolf Hitler, en sentido estricto, giraban en torno a los «judíos» y a su discriminación. En una carta a Adolf Gemlich, un soldado de Ulm, Hitler escribió, en nombre de su superior militar, el capitán Karl Mayr: «El antisemitismo que nace exclusivamente del sentimiento se traducirá en último término en pogromos. En cambio, el antisemitismo responsable debe llevarnos a luchar de un modo planificado y legal, así como a arrebatarle al judío los privilegios de los que disfruta en la actualidad, a diferencia de los demás extranjeros que viven entre nosotros…
El antisemitismo constituía el núcleo de la visión del mundo que mantenía Hitler y también estaba presente en Mi lucha, libro que sentó las bases de su ideología. Desde un punto de vista meramente estadístico, en las setecientas ochenta páginas del texto se encuentran casi seiscientas expresiones nacidas del odio hacia los judíos. En ocasiones se trata de insultos aislados; otras veces, de párrafos completos con una orientación clara. Como es lógico, estas referencias no aparecen en la misma proporción en los veintisiete capítulos de la obra. Son más frecuentes en el capítulo «El pueblo y la raza», del primer volumen —que es, en sí mismo, una sucesión de prejuicios y estereotipos—, así como en los capítulos trece y catorce del segundo volumen, en los que se aborda la política alemana de alianzas y su orientación futura. Pero en el resto del texto también son numerosos los ataques contra los judíos. Hitler se apropió prácticamente de todas las opiniones que sostuvieron los antisemitas en su presencia y radicalizó muchas de ellas.
Ningún otro tema —ni siquiera el afán de «espacio vital»— está tan presente en Mi lucha como el antisemitismo. Sin embargo, el origen de ese odio hacia los judíos que se describe en el libro era, en buena medida, una proyección. Está probado que Hitler falseó la evolución de ese sentimiento. No hay duda: entre mayo y septiembre de 1919, aquel soldado de primera que no tenía interés alguno por la política se convirtió en un antisemita convencido. No es posible determinar con seguridad qué motivó ese cambio. Hay muchos indicios de que la ira desmedida que Hitler sentía hacia los judíos era una exagerada compensación de su breve e insignificante participación en la República de los Consejos de Múnich, que con el tiempo él mismo consideró como un error.

De todas formas, en Mi lucha esta es la única descripción algo detallada de un combate concreto en el que Hitler participó. El pasaje, que pertenece al capítulo «La guerra mundial», sorprendentemente breve —apenas veintiuna páginas—, se cierra con las siguientes frases: «Este fue el comienzo. Y así continuó año tras año; mas lo romántico de la guerra fue reemplazado por el horror de las batallas». Con esas palabras, Hitler pretendía dar al lector la impresión de que había vivido experiencias similares durante los cuatro años siguientes. Pero aquello no era cierto: el combate de Gheluvelt fue, en realidad, el único ataque en el que participó aquel voluntario. El 3 de noviembre de 1914 lo ascendieron a soldado de primera y, seis días más tarde, según había solicitado él mismo, lo destinaron como ordenanza al estado Mayor del regimiento. Se convirtió en uno de sus aproximadamente diez correos, que se encargaban de llevar órdenes del comandante a los puestos de mando de los batallones.
A Hitler, la precisión y la objetividad le interesaban tan poco como la argumentación lógica. Las falsedades que contó sobre su propia vida eran deliberadas, al menos en parte, y servían para maquillar la realidad: Hitler inventó a posteriori su vida según le parecía útil para sus fines políticos.
Objetivamente hablando, el libro de Hitler no podía convencer —ni por su estilo ni por su argumentación— a un lector cultivado y no comprometido todavía con la causa. Es decir, no podía ganar a ese perfil de lector para el nacionalsocialismo. Sin embargo, respondía perfectamente a las emociones de los círculos völkisch y antisemitas, gracias en parte a su retórica, literalmente subyugante. Ahí es donde residía su verdadera virtud: Mi lucha respondía exactamente a las expectativas de los grupos a los que de verdad se destinaba. Por eso las críticas no tenían nada que hacer frente a aquella obra.
Aunque Hitler se refirió a su libro en varias ocasiones como la «base granítica» del movimiento, una base que no era necesario revisar, aquella obra sufrió miles de modificaciones a lo largo de su historia. La mayoría de ellas no tuvieron efectos sobre su contenido y, por tanto, eran insignificantes. Sin embargo, más interesantes que cualquier cambio relevante que se conozca son algunos pasajes que resultaban sumamente explosivos y que, a pesar de todo, se mantuvieron intactos hasta las últimas ediciones.

Desde luego, Mi lucha no fue un éxito editorial hasta finales de 1928, pese a que en aquel momento se hubiesen vendido en total unos veintitrés mil ejemplares, a doce marcos cada uno. Y tampoco es que los 7.664 libros que se vendieron en 1929 supusieran un gran cambio en este sentido.
Pero, de repente, las ventas experimentaron un auge. En muy poco tiempo, hubo que reimprimir la edición popular cuatro veces para dar respuesta a la demanda. Lo cierto es que después del humillante resultado de las elecciones al Reichstag de 1928, en las que el Partido Nacionalsocialista apenas obtuvo un 2,8 % de votos en toda Alemania, varias elecciones regionales demostraron que, en realidad, la formación nazi estaba en pleno auge. En las elecciones municipales de Berlín, el 17 de noviembre de 1929, el movimiento de Hitler obtuvo un aumento del 5,8 % frente a los resultados de 1928, lo que le sirvió para triplicar su presencia a nivel local.
El 2 de octubre de 1933 se entregó, según la prensa, el «ejemplar número un millón». Por aquel entonces se disponía de tres imprentas: dos en Múnich y una en Leipzig. Entre el 1 de enero y el 17 de noviembre de 1933 se pudieron vender 854.127 ejemplares, pero las cifras hasta finales de aquel año fueron aún superiores: según el Partido Nacionalsocialista, 1,182 millones; otras fuentes, en cambio, hablaban de 1,08 millones. Grosso modo, se había multiplicado por cinco el número de ejemplares comercializados hasta finales de 1932, mientras que la cantidad de afiliados (frenada, en cualquier caso, por la suspensión de admisiones) se multiplicó en el mismo período por algo más de tres.
Hasta 1945 se imprimieron más de doce millones de ejemplares del libro de Hitler en su lengua original. Y en su mayoría se vendieron. Teóricamente, eso significa que uno de cada seis lectores potenciales dispuso de su propio ejemplar. Nunca un libro de autor alcanzó una mayor difusión entre su público objetivo.

Solo durante un tiempo, sobre todo entre 1930 y 1932, Mi lucha cumplió las expectativas de Hitler. Antes de aquellos años los beneficios fueron bastante aceptables en general, sí, pero se quedaron muy lejos de lo que requería el Führer para mantener a sus colaboradores y sus lujos personales, como su veloz automóvil o sus exclusivos alojamientos durante sus viajes. A partir de 1933, Hitler no distinguió entre los beneficios (ya superlativos) de su libro y otras fuentes de recursos, que por aquella época brotaban a borbotones y convertían los ingresos de Mi lucha en apenas un complemento económico.
En definitiva, no puede decirse que Mi lucha fuese un éxito de ventas que, en realidad, nadie leyó. Su mensaje se difundió ampliamente en el Tercer Reich. De hecho, al finalizar la segunda guerra mundial, al menos uno de cada cinco alemanes —es probable que fueran muchos más— había leído total o parcialmente el libro de Hitler. Con todo, no es posible determinar cuántos de ellos comprendieron la obra y se tomaron su mensaje en serio.

En el segundo volumen de Mi lucha, Hitler se refirió en varias páginas a la «higiene racial». Sus tesis culminaban con la formulación de la que había de ser la principal labor del estado völkisch en este sentido: «Debe velar por que solo tenga hijos quien esté sano, ya que solo existe una vergüenza: traer hijos al mundo a pesar de las propias enfermedades y taras. Y existe un honor máximo: renunciar a hacerlo. También es condenable la actitud contraria, es decir, privar a la nación de hijos sanos». En los años veinte aquella no era en modo alguno una idea original, sino que se trataba de la opinión dominante en un importante sector de los biólogos genetistas y los expertos en genética humana de Europa y Estados Unidos. En 1932, varios biólogos de Prusia no vinculados al Partido Nacionalsocialista habían propuesto un borrador de ley para que se esterilizara a las personas que padecían una enfermedad hereditaria, siempre que se prestasen a ello voluntariamente. Los impulsores de aquella idea fueron Hermann Muckermann, un estricto católico, y Richard Goldschmidt.
La época de éxito mundial de Mi lucha fue, en esencia, la comprendida entre 1933 y 1941. En vida de Hitler se vendieron por lo menos un millón de ejemplares de esta obra en todas las lenguas a las que se tradujo. Y estamos hablando tan solo de las versiones que reproducen como mínimo la mitad del original. La cifra en sí es, sin duda, elevada, pero, si se la compara con las ventas que se registraron en Alemania, parece más bien decepcionante: en todo el mundo las adquisiciones apenas llegaron al 10 % del volumen de ventas que se alcanzó en el Tercer Reich.

La polémica ha acompañado a Mi lucha desde 1945. Pese a que la obra no está prohibida formalmente, las medidas que ha adoptado la Consejería de Hacienda de Baviera pueden hacer creer a los observadores poco informados que es así. Con ello, los funcionarios de Múnich llevan decenios provocando justo lo contrario de lo que desean: en lugar de quitar toda importancia al libro de Hitler, están alimentando el mito.

D0E39367-FA35-4B29-AA6F-4B3FC658A37A

The book is very interesting, the real feelings of Hitler are unmasked and an attempt is made to give impartial justification to the thought of the participant when he committed his atrocities, explaining in turn the reasons why he came to think that way . It is the most complete and documented work by the moment of the true personality of Hitler, without legends of his person or subjective digressions of why he did such and such things.
My opinion is that it is advisable for those who want to get a clear idea of ​​what Hitler really was, from his birth to his death and to know the person who harbored so much hatred inside him towards the Jews, but was that always? …
That if, being interested in World War II and you have a wide catalog of readings on this to your credit (including that of Mein Kampf), the book provides little.

Everyone could read Hitler’s «Mein Kampf» as an antiquarian book, it was not allowed to publish it until 31.12.2015. Of course I have read the account of Adolf Hitler, so the subtitle of the book, and I tried to understand them in all the details. This can only be done if one understands the moment of the First World War or the misfortune of it, or if all the partisan political movements emerged then, in the 1920s, in large numbers.
Hitler’s social Darwinism culminated in the affirmation: «The strongest has to govern and not merge with the weakest.» Today it is the task of all skeptics to take advantage of ideologies or religions exactly in this aspect. Please compare this statement with «Surah 61: 9: it is He who has sent His Messenger with guidance and the religion of truth, so that He can make it prevail over all religions, even if idolaters hate it.»
In Radio Islam, a fundamentalist and anti-Semitic religious side operated by Sweden, almost everything is available today, including a complete edition of Mein Kampf.
There are countless other Internet sites where you can easily access the texts. Amazon offers more than a dozen different hardcover and paperback versions, as well as previous versions; also many antiquarian offers. Up to 15,000 copies of several new numbers will be sold in the US UU By year. It is likely that sales in anti-Semitic and anti-Zionist countries are even higher. The 18th edition of Hitler’s Mein Kampf can be purchased in Persian Iran at all major bookstores. In the capital of Bangladesh, Dhaka, a translation is one of the successes among the youngest street vendors: on a typical day, I can sell five or six of them, says one of those itinerant merchants. «(Page 313)
Sven Felix Kellerhoff achieves in this book an excellent overview of the creation, reception and development of Mein Kampf up to the present. (Please see the detailed outline in the preview) It is good that we all read this book, understand its fallacies and imbalances and we can talk about it without prejudice.
In January, the Institute of Contemporary History offers a commentary and large version, with which you can further delve into the origin and logic of Hitler’s ideas. It is, I believe, an absolutely necessary step towards a comprehensive understanding of the time and entanglements of a person who has brought infinite suffering to humanity. Above all, we should open our eyes to the racist ideas that are among us today.

Many readers interested story will probably go into too many details of the annotated edition of «Mein Kampf» of the Institute of Contemporary History and therefore seems inappropriate to deal with a wider audience. In addition, Hitler’s propaganda work, apart from the content, even linguistically, hardly invites to be read in its entirety. A good alternative to face in a competent yet ideological way the Hitler Nazism critical foundation, offers this book, which presents a compact and easy to understand, both in the content and in the background of the creation, distribution and reception of «Mein Kampf «, Contrary to the previous one, similar experiments supported a discussion of this propaganda work Kellerhoff works very textnah quoting directly passages and original faces.
It is not uncommon, however, that you should deal with your observations, but witnesses, passages or unreliable contemporary sources. He continued this reveals contradictions in Hitler’s reasoning when he mentions, for example, the fear of endangering the aria as «cultural founder», which is in complete contrast to his style similar to the maxim of social Darwinism that the strongest is inevitable against the weak of Hitler. It also works out convincingly that different obligations of another type despite editors’ expressions have undergone very heavy changes of substance, which go far beyond the limitation of rude language. For example, in the first edition Hitler emphasized the electoral principle within the NSDAP, which included the election of the leader, the «Führer». Later this was deleted, of course, as this would undermine Hitler’s claim to power. In many places of his book, Kellerhoff also deliberately points out content errors and falsifications, especially when it comes to biographical details or historical circumstances.
An important question, which the author also investigates, is whether Hitler’s propaganda book was read. In contrast to the common claims, Kellerhoff concludes that «Mein Kampf» was by no means just unread on the shelves. However, it also limits that this applies especially to the time after 1933. Because the basis of a convincing sample calculation can show that in 1932 only every 60th NSDAP voters could be «Mein Kampf» in possession of a problem. For the years after 1933, he supported his thesis on the basis of two surveys evaluated again in the US occupation zone in 1946 and 1947. A little pity is, however, that the author uses this approach only as a perch of the corresponding chapter «reader» and then again part of a connection between the «readiness to read» and online with Othmar Plöckinger – even if only «fragmentary survivor» – «makes the figures of indebtedness.»
CONCLUSION: A questioning compact, understandable and in many places critical of the «work of life» journalism without Hitler’s glory.

The forbidden attracts. Everything that an authority considers harmful or even dangerous acquires, almost inevitably, a halo of interest. And that happens even when, in reality, there is no such prohibition. Even when it’s just a misunderstanding. Because the truth is that in Germany the book of Adolf Hitler is not prohibited. Anyone can own it, read it and even sell it. As long as it is an antiquarian copy.
And what are the consequences of the obstacles that the Bavarian authorities are placing on historians who wish to make a serious scientific study? Hitler’s book is surrounded by myths that have their roots in the fertile land of ignorance. Unlike what happens with many other important issues in Germany’s recent past, there is still no social consensus around My struggle. The persecution of the Jews, the Holocaust, the devastating consequences of the campaigns of the Wehrmacht in the Soviet Union or Yugoslavia, the cruel occupation of Greece or Italy: nobody, except a small group of right-wing extremists, already discusses these facts.

His intention is not in any way to convince those who until then had contemplated National Socialism with indifference or even with skepticism of their ideas. According to the author’s prologue, My struggle is not, in fact, directed «at strangers, but at those who, belonging to the movement from the heart, wish to penetrate more deeply into the National Socialist ideology.» It is especially to them that Hitler can reach through that instinctive form of demagogy that characterizes all his speeches and also his book. With the same concept of opposition explains the choice of means. On the one hand, Hitler emphasizes that «the progress of every transcendental movement in the world was generally due more to great speakers than to great writers.» On the other, he states: «However, it is essential that a doctrine be exposed in its essential part to be able to sustain and propagate in a uniform and systematic manner.»
Without a doubt, the failure of the coup d’etat, its antecedents and its consequences would have been an extremely interesting material for a serialized novel. However, with the exception of the prologue and the dedication, in addition to the occasional allusion in My Struggle Hitler does not return to this episode until the last page of the second volume, and he does so with a clear determination.
From this beginning built in a rather skilful way, Hitler describes his origins, supposedly humble; his early childhood, marked by the Austro-Germanic identity, and his rejection of «France, the enemy of always». Already on the second page appears the first of those digressions that are so characteristic of the work. In this case it is in relation to an event relatively close to the moment in which the book was written: the execution, at the end of May 1923, of Leo Schlageter -nationalist and author of several bomb attacks- by the French soldiers in the occupied Rhineland. In this way, Hitler connects with the expectations of his audience, who knows the figure of the «national hero» Schlageter through numerous stories adorned with romantic overtones.
Hitler devotes several pages to the Austrian anti-Semites Karl Lueger and Georg Schönerer. While the former was quite successful, since for thirteen years he ruled and modernized Vienna as mayor, the latter, who was not only an enemy of the Jews but also a Pan-German nationalist, failed to attract a relevant number of followers. Hitler underlines, in any case, the failure of both.

Speaker »: that is the key word of the following chapter, which, although it only occupies twelve pages, deserves special attention. Under the title «Propaganda of war», Hitler exposes his conclusions about the influence exerted by the sides of the war on the masses. And even the most bitter critics of mein kampf agreed to consider this part as the most interesting of the whole book. Because Hitler speaks here openly, without hesitation: «During the war, propaganda was a means to reach the end, and the goal was to fight for the existence of the German people. Therefore, propaganda could only be judged on the valid principles in that context ».
My struggle is a chaotic book and, at the same time, extremely repetitive. It is true that Hitler maintains the external framework: the first volume constitutes an autobiographical account that extends until the creation of the National Socialist Party; the second is a more or less systematic exposition of its political objectives and its trajectory between 1920 and 1923. However, the enormous amount of digressions and digressions that it contains diminishes its structure. In general, the only thing that is clear are two fundamental aspects that the author wanted to express: his radical anti-Semitism, with fantasies of annihilation, and his sense of being called to ensure a future for the German people through the conquest of vital space in the This, what would be achieved after achieving the desired (although unrealistic) understanding with Britain.

Whether something is true or false does not depend on the quantity. That which has been printed hundreds of thousands of times, that millions of people have believed and that has been counted countless times does not have to be true. But if an affirmation is sufficiently well invented, that is, it has been formulated in a simple way and coincides with general ideas, it can acquire a life of its own and end up propagating its pretended truth through generations and generations.
This is what has happened, in fact, with the story about how mein kampf arose and, especially, about who actually wrote the first volume between 1924 and 1925. In 1938, the publisher Eher published a long run of an advertising pamphlet on « the book of the Germans ». The reason: the total number of copies printed in German had exceeded the threshold of four million. In that text, its author, not identified, talked about the evolution of sales in Germany and the translations -of which most of the covers were reproduced- that had already been published. «The work of the Führer – that was the message – spread throughout the planet, will help the people to understand the German people, who struggle so hard for their postwar freedom.» In addition, it explained very briefly how it had emerged the book and there was talk of the entrance of Hitler in the prison of Landsberg, in 1924, to serve a sentence for high treason; a circumstance that, according to the «firm opinion» of the press of the time, had «dealt a death blow» to the National Socialist Party.
The story about how Hitler dictated mein kampf to his companion Rudolf Heß appeared for the first time in book format in Hitler hinter Festungsmauern. Ein Bild aus trüben Tagen («Hitler behind the prison walls, an image of the dark days»), a work written in a hurry, probably in the spring of 1933, by Otto Lurker, former guardian of the Landsberg prison.
Actually, Heß had very little to do with mein kampf: his participation was simply to listen-at first, only from time to time; at other times, regularly-the chapters that Hitler was writing in Landsberg and, out of prison, to correct the galleys, a task that sometimes endorsed Ilse Pröhl, who at that time was only one of his acquaintances, although Later he would become his wife. The first time Heß mentioned the book project in the letters he wrote almost daily from prison was on June 29, 1924, that is, six weeks after his entry into prison. At that time, the text was already so advanced that its author was even thinking about issues such as the design of the edition.
Despite all the legends that claim otherwise, it was Hitler who wrote his book: he typed himself the first part in Landsberg and dictated the second to a secretary. Of course, he had writing help, but his collaborators did not have any relevant influence on the content. That is why the tone of mein kampf is, in fact, the original tone of the work.
Among the few texts that Hitler admitted openly used for his book, is a classic of post-war anti-Semitic literature, translated into at least eighteen languages:» The protocols of the wise men of Zion, so hated by the Jews, proves , better than any other work, to what extent the whole existence of this people is based on a continued trick. «[*] Hitler knew that this was a very doubtful source of reliability, but it did not bother him in the slightest:» They are false, «as the Frankfurter Zeitung newspaper complains to the world»; that is the best proof that they are true ».
One of the fundamental slogans of the National Socialist ideology was the concept of «vital space». The objective of conquering territories in Eastern Europe for the German settlers was, together with the «annihilation of Jewish Bolshevism,» the main reason for declaring war on the Soviet Union. However, although anti-Semitism was part of Hitler’s thinking from the beginning, the Fuehrer did not say a word about «living space» until he was imprisoned in Landsberg, or, at least, he did not use the term in the sense that would be given later. In his drafts he does not mention it, although in the corresponding passages of mein kampf.
Since Hitler was neither a systematic reader nor a structured thinker, but was constantly led by emotions born of hatred, in most cases he failed to mention in a concrete way the sources of his statements. They were prevented by their selective reading methods, arbitrary and oriented according to their prejudices. That is why it is impossible to reconstruct in a reliable way your thought process. You can not make more than conjectures about the other publications from which he took his arguments.

The boundaries between obsession and delirium are blurred. It is not possible to determine with precision, qualitatively or quantitatively, at what moment or for what reasons a fixed idea becomes an authentic madness. However, if someone repeats over and over again, decade after decade, a wrong judgment, in variants that count literally by thousands, it is certain that this person is no longer obsessed, without more, but simply, plain and simple, delirious.
The very first political statements of Adolf Hitler, strictly speaking, revolved around the «Jews» and their discrimination. In a letter to Adolf Gemlich, a soldier from Ulm, Hitler wrote, on behalf of his military superior, Captain Karl Mayr: «The anti-Semitism that arises exclusively from feeling will ultimately result in pogroms. On the other hand, responsible anti-Semitism must lead us to fight in a planned and legal way, as well as to wrest from the Jew the privileges that he enjoys today, unlike the other foreigners who live among us …
Anti-Semitism was the core of Hitler’s vision of the world and was also present in My Struggle, a book that laid the foundations of his ideology. From a purely statistical point of view, in the seven hundred and eighty pages of the text there are almost six hundred expressions born of hatred towards the Jews. Sometimes it’s isolated insults; other times, of complete paragraphs with a clear orientation. As is logical, these references do not appear in the same proportion in the twenty-seven chapters of the work. They are more frequent in the chapter «The people and the race», of the first volume -which is, in itself, a succession of prejudices and stereotypes-, as well as in chapters thirteen and fourteen of the second volume, in which it is addressed the German policy of alliances and their future orientation. But in the rest of the text there are also numerous attacks against Jews. Hitler appropriated virtually all the opinions held by the anti-Semites in his presence and radicalized many of them.
No other topic-not even the desire for «living space» -is as present in My struggle as anti-Semitism. However, the origin of that hatred towards the Jews that is described in the book was, to a large extent, a projection. It is proven that Hitler falsified the evolution of that feeling. There is no doubt: between May and September of 1919, that first-rate soldier who had no interest in politics became a convinced anti-Semite. It is not possible to determine with certainty what motivated that change. There are many indications that the excessive anger that Hitler felt toward the Jews was an exaggerated compensation for his brief and insignificant participation in the Republic of the Munich Councils, which he himself eventually considered a mistake.

Anyway, in mein kampf this is the only somewhat detailed description of a concrete combat in which Hitler participated. The passage, which belongs to the chapter «The World War», surprisingly short-just twenty-one pages-closes with the following phrases: «This was the beginning. And so it continued year after year; but the romantic side of the war was replaced by the horror of battles. » With those words, Hitler intended to give the reader the impression that he had lived similar experiences during the following four years. But that was not true: Gheluvelt’s combat was, in fact, the only attack in which that volunteer participated. On November 3, 1914, he was promoted to a soldier of the first rank and, six days later, as he had requested, he was assigned as an ordinance to the regimental staff. He became one of his approximately ten couriers, who were in charge of taking orders from the commander to the command posts of the battalions.
For Hitler, precision and objectivity interested him as little as logical argumentation. The falsehoods that he told about his own life were deliberate, at least in part, and were used to make up the reality: Hitler invented his life a posteriori as it seemed useful for his political purposes.
Objectively speaking, Hitler’s book could not convince – neither by its style nor by its argumentation – a reader cultivated and not yet committed to the cause. I mean, I could not win that profile of a reader for National Socialism. However, he responded perfectly to the emotions of völkisch and anti-Semitic circles, thanks in part to his rhetoric, literally subjugating. That is where his true virtue resided: mein kampf responded exactly to the expectations of the groups to which it was really destined. That’s why the critics had nothing to do with that work.
Although Hitler referred to his book on several occasions as the «granite base» of the movement, a base that did not need to be revised, that work underwent thousands of modifications throughout its history. Most of them had no effect on their content and, therefore, were insignificant. However, more interesting than any relevant change that is known are some passages that were extremely explosive and that, despite everything, remained intact until the last editions.

Of course, mein kampf was not an editorial success until the end of 1928, despite the fact that at that time a total of some twenty-three thousand copies had been sold, at twelve marks each. And it is not that the 7,664 books that were sold in 1929 supposed a big change in this sense.
But, suddenly, sales experienced a boom. In a very short time, the popular edition had to be reprinted four times to respond to the demand. The truth is that after the humiliating result of the 1928 Reichstag elections, in which the National Socialist Party barely got 2.8% of votes in all of Germany, several regional elections showed that, in reality, the Nazi formation was in full boom. In the municipal elections of Berlin, on November 17, 1929, the Hitler movement obtained an increase of 5.8% compared to the results of 1928, which served to triple its presence at the local level.
On October 2, 1933, the «exemplary number one million» was delivered, according to the press. At that time there were three printers: two in Munich and one in Leipzig. Between January 1 and November 17, 1933, 854,127 copies could be sold, but the figures up to the end of that year were even higher: according to the National Socialist Party, 1,182 million; other sources, on the other hand, spoke of 1.08 million. Grosso modo, had multiplied by five the number of copies marketed until the end of 1932, while the number of members (braked, in any case, by the suspension of admissions) multiplied in the same period by just over three.
Until 1945 more than twelve million copies of Hitler’s book were printed in its original language. And mostly they were sold. Theoretically, that means that one in six potential readers had their own copy. Never an author’s book reached a greater diffusion among its target audience.

Only for a while, especially between 1930 and 1932, did mein kampf meet Hitler’s expectations. Before those years the benefits were quite acceptable in general, yes, but they fell far short of what the Führer required to maintain his collaborators and his personal luxuries, such as his fast car or his exclusive accommodations during his trips. From 1933, Hitler did not distinguish between the (already superlative) benefits of his book and other sources of resources, which at that time gushed forth and turned the income of mein kampf into just an economic complement.
In short, it can not be said that mein kampf was a sales success that, in fact, nobody read. His message was widely disseminated in the Third Reich. In fact, at the end of the Second World War, at least one in five Germans – it is probable that they were many more – had read all or part of Hitler’s book. However, it is not possible to determine how many of them understood the work and took their message seriously.

In the second volume of mein kampf, Hitler referred to «racial hygiene» on several pages. His theses culminated with the formulation of what was to be the main work of the Völkisch state in this regard: «It must ensure that only children have who is healthy, since there is only one shame: bring children to the world despite their own diseases and defects. And there is a maximum honor: give up doing it. The contrary attitude is also condemned, that is, to deprive the nation of healthy children. » In the 1920s that was not an original idea at all, but rather it was the dominant opinion in an important sector of geneticist biologists and experts in human genetics in Europe and the United States. In 1932, several Prussian biologists unrelated to the National Socialist Party had proposed a draft law to sterilize people suffering from a hereditary disease, provided they voluntarily lent themselves to it. The impellers of that idea were Hermann Muckermann, a strict Catholic, and Richard Goldschmidt.
The era of worldwide success of mein kampf was, in essence, that between 1933 and 1941. In Hitler’s lifetime, at least one million copies of this work were sold in all the languages ​​to which it was translated. And we are talking only about the versions that reproduce at least half of the original. The figure itself is undoubtedly high, but compared to the sales that were registered in Germany, it seems rather disappointing: Across the world acquisitions barely reached 10% of the sales volume that was reached in the Third Reich.

The controversy has accompanied mein kampf since 1945. Although the work is not formally prohibited, the measures adopted by the Bavarian Ministry of Finance may lead observers to believe that they are not well informed. With this, officials in Munich have been doing for decades the opposite of what they want: instead of removing all importance from Hitler’s book, they are feeding the myth.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.