Salvar Los Medios De Comunicación — Julia Cagé / Saving the Media: Capitalism, Crowdfunding, and Democracy by Julia Cagé

Breve libro interesante sobre las consecuencias de la crisis económica, del cambio de habito de los lectores, del interés de los editores por el negocio frente a la información.
¿Puede aprovecharse la revolución digital para refundar los medios de comunicación y la democracia sobre nuevas bases?, ese es la idea del libro. Por supuesto, es normal que la persona que pone 10.000 euros tenga más poder que la que pone 1.000 euros, y que la que pone 100.000 euros tenga más que la que pone 10.000. Lo que hay que evitar es que las personas que ponen decenas o centenas de millones de euros cuenten con todo el poder. Además, los medios de comunicación se beneficiarían de la desgravación fiscal de la que gozan las donaciones, lo que permitiría reemplazar el sistema opaco de ayudas a la prensa por un apoyo neutro y transparente.

Esta crisis no afecta en absoluto únicamente a la prensa escrita. A finales de 2013, se propuso en France Télévision un plan de bajas voluntarias que afectaba a 361 puestos y, a principios de 2015, Radio France vivió la huelga más larga de su historia en un contexto de recortes presupuestarios y de reducción de la aportación financiera del Estado. En el Reino Unido, la BBC anunció en 2014 la supresión neta de 220 empleos en el sector de la información hasta 2016, en el marco del plan «Delivering quality first», que significa «prioridad a una difusión de calidad». Una nota de humor inglés… Y en julio de 2015 se anunció además la supresión de 1.000 puestos de trabajo debido a la disminución de los ingresos por el canon televisivo. La guinda de un pastel de difícil digestión.
Una precisión importante: no es una crisis nueva. No es fruto de Internet ni de la crisis de 2008. Tendemos a olvidarlo, pero ante cada innovación tecnológica –desde la radio, pasando por la televisión o incluso el Minitel en Francia– la prensa escrita, y luego el conjunto de nuevos medios de comunicación competidores, siempre han protestado, dado voces de alerta y augurado una muerte segura. Incluso en Estados Unidos, país de la publicidad por excelencia, los ingresos publicitarios de los diarios en relación con el producto interior bruto (PIB) no han dejado de disminuir desde 1956.
Sin embargo, esta crisis se ha acentuado radicalmente en los últimos años. Los medios de comunicación tradicionales están ahora amenazados, desesperados. La información se recoge, se transmite y se duplica, pero esa información –cuya producción es muy costosa– se reproduce sin pagar.

Un nuevo modelo de sociedad de medios de comunicación adaptado al siglo XXI. Propone en particular la creación de un estatuto de «sociedad de medios de comunicación sin ánimo de lucro», a medio camino entre el estatuto de fundación y el de sociedad por acciones (es tentador hablar de fundacción). Un modelo inspirado en parte en experiencias exitosas en las últimas décadas en el terreno de los medios de comunicación, así como en el de las grandes universidades internacionales, y que concilia actividad comercial y sin ánimo de lucro.
Ese ambicioso modelo permite a la vez garantizar la financiación de los actores mediáticos congelando su capital y limitar el poder de decisión de los accionistas exteriores mediante la adopción de estatutos restrictivos. Ofrece un nuevo lugar a las sociedades de lectores y de trabajadores, y un marco jurídico y fiscal favorable al desarrollo del crowdfunding (financiación participativa).

En primer lugar, es el trabajo de los periodistas lo que transforma un «hecho» en información. Y ése es el primer reto de la definición de la información. Definir la información es definir a quienes la producen: los periodistas. En tiempos de la cultura digital, de la información en tiempo real, de los blogs y las redes sociales, se lee a veces –equivocadamente– que hay tantos periodistas como internautas. Y se olvida que ser periodista es un oficio.
Para algunos observadores, los responsables de esta inquietante situación serían los propios medios, al haber multiplicado sus errores a lo largo de los últimos años y negándose a adaptarse a un nuevo mundo. Mi análisis es algo diferente: los medios de comunicación no han dado con el modelo económico adecuado, dado que seguimos viviendo con los reflejos del pasado al carecer de un análisis de la crisis que la información vive en la actualidad.
La información está en peligro. El soporte digital y la gratuidad no sólo pueden acabar con la prensa escrita, sino que también representan una amenaza para la información producida por los otros medios de comunicación, la radio y la televisión. Están desapareciendo los periodistas y, con ellos, la información que sólo ellos pueden producir. Y, sin embargo, no se hace nada para evitarlo. ¿Cuál es la razón de esa pasividad?
La crisis de los medios de comunicación no es invisible, ni mucho menos. Frecuentemente está en el epicentro de la actualidad, pero no se ven las causas. Muy a menudo, el debate se centra en la «muerte del papel». Y lo importante no es el soporte, sino el contenido.
No sólo el maná publicitario ha disminuido, sino que desde hace mucho tiempo también se ha reducido la parte de la prensa en el gasto publicitario total. El fin de la publicidad, como la crisis de la prensa, no comenzó con la llegada de Internet. En el caso de la prensa, la primera sacudida se vivió con la irrupción de la radio. La segunda, con la introducción de la publicidad en la televisión.
También es importante destacar que, aunque la aparición de la publicidad en línea a principios del siglo XXI permitió que por un tiempo los ingresos publicitarios se mantuvieran relativamente en el conjunto de los ingresos en Estados Unidos, fue una situación breve, ya que desde 2006 se constata una caída de la parte de la publicidad, incluso si se tiene en cuenta la publicidad digital.
Por ello los medios de comunicación han expresado una creciente voluntad de innovar su oferta publicitaria. El aspecto negativo de esa innovación es el recurso cada vez más habitual a la «publicidad nativa», a la que ya recurren sin titubear hasta los medios de comunicación de referencia (mientras que esa práctica sólo la utilizaban al principio medios como BuzzFeed, cuyos beneficios en 2013 se basaron casi exclusivamente en la publicidad nativa).
El problema para los medios de comunicación no es sólo la debilidad del mercado publicitario digital –ese mercado existe y representa 43.000 millones de dólares en Estados Unidos–, sino el hecho de que una pequeña parte de las empresas tienden a apropiarse de una parte creciente del pastel. La mitad del mercado publicitario local va así ahora a los grandes actores de la web (como Google y Facebook, a los que pronto cabrá añadir Amazon). Sólo un cuarto de la publicidad local va a los periódicos. Y menos del 12 % del mercado publicitario digital.

En casi todo el mundo la prensa cuenta con el apoyo del Estado, pero existen numerosas particularidades nacionales. ¿Cuál es el verdadero peso de las ayudas a la prensa?
En Francia –país que tiene la reputación de conceder las ayudas más elevadas–, las ayudas a la prensa suman por una parte tres partidas presupuestarias del Estado (ayudas a la difusión, ayudas a la modernización, ayudas al pluralismo) que representaron 419 millones de euros en 2012; por otra parte, los gastos fiscales, principalmente el IVA superreducido a 2,1 % (265 millones); y, finalmente, las suscripciones del Estado a la AFP (117,9 millones de euros). En total, las ayudas a la prensa se elevaron en 2012 a 800 millones de euros.
¿Qué sucede en el resto del mundo? En Estados Unidos, el total de las ayudas a la prensa (ayuda postal y exenciones fiscales) representa menos del 3 % del volumen de negocio de los diarios y apenas el 1,5 % del volumen de negocio total de la prensa (diarios y revistas). En los países nórdicos, a pesar de la supuesta generosidad de su sistema de ayudas a la prensa, éstas representan menos del 3 % del volumen de negocio de los periódicos de información, 2,2 % en Noruega y 2,9 % en Suecia.
En particular, en todos los países, las ayudas representan una fracción muy minoritaria del volumen de negocio de los diarios (siempre inferior al 10 % y generalmente por debajo del 5 %).

Pierre Omidyar, fundador de eBay, ha invertido casi 250 millones de dólares en la creación de First Look Media, una operación híbrida que combina una redacción sin ánimo de lucro y una empresa de tecnología con ánimo de lucro. Con una veintena de periodistas experimentados, entre ellos Glenn Greenwald –conocido sobre todo por haber publicado las revelaciones de Edward Snowden–, ha lanzado The Intercept, una revista digital de investigación que ha denunciado la vigilancia ejercida por la NSA.
John Henry, inversor norteamericano y propietario de los Red Sox, por su parte, ha comprado el Boston Globe por 70 millones de dólares, a la par que Doug Manchester, promotor inmobiliario, adquiría el San Diego UnionTribune.
Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de Amazon, compró en octubre de 2013 el Washington Post –monumento del periodismo norteamericano– por 250 millones de dólares, una miseria para alguien cuya fortuna se estima en alrededor de 30.000 millones. ¿Es una buena noticia? Esa compra ha garantizado a los periodistas del Post recursos y autonomía a largo plazo. Mientras que los despidos se habían multiplicado a lo largo de los últimos años, el diario invierte y contrata de nuevo en la renovación de su sitio web, la apertura de una oficina para las noticias de noche y la creación de un equipo de breaking news. Los recursos infinitos del nuevo dueño permitirán al Post convertirse en un laboratorio de experimentación en la era digital, reflexionar y recuperarse, y contar con tiempo para hallar el modelo adecuado.

Los medios de comunicación no son empresas como las demás. Son empresas cuyo principal objetivo es proporcionar un bien público –una información de calidad, libre e independiente, indispensable para el debate democrático–, y no la maximización del beneficio y el reparto de dividendos entre sus accionistas. O, por lo menos, los medios de comunicación no deberían ser empresas como las otras. Porque cuando lo son, por lo general, es en detrimento de la información.
Los medios de información deben por lo tanto superar la ley del mercado, puesto que la persecución de los beneficios les conduce a olvidar su primer objetivo: proporcionar una información independiente y de calidad. Digámoslo claramente: no deberían cotizar. Más aún dado que, cuando cotizan, los diarios tienen en Estados Unidos una responsabilidad fiduciaria de maximización de los beneficios frente a sus accionistas. Y eso entra en contradicción con su responsabilidad «moral» que es, como recuerda la declaración de principios de la sociedad de editores de periódicos norteamericanos, servir al bien público. Igualmente, es impensable sacar a Bolsa las universidades cuya responsabilidad moral es educar, formar e investigar.
¿Cuál será el coste? Eso dependerá por una parte del número de empresas que se decanten por la sociedad de medios de comunicación y, por otra, de la determinación de los umbrales por parte del legislador, así como de la importancia de las deducciones de impuestos, cosa que sin duda variará según los países. Porque corresponderá al legislador decidir esas desgravaciones en el marco de la sociedad de medios de comunicación. Le corresponderá igualmente instaurar otros límites si lo desea, por ejemplo, sobre la parte de ingresos del medio de comunicación que puedan proceder de la publicidad.
La sociedad de medios de comunicación permitiría además la emergencia de nuevas cabeceras o de sitios de información en línea que podrían a la vez conseguir con mayor facilidad fondos de sus lectores y recurrir a grandes accionistas externos sin temer perder el control de su medio de comunicación antes incluso de su lanzamiento, puesto que estos últimos verían desde el primer momento su derecho de voto –es decir, su poder– limitado. De igual manera, permitiría a los medios de comunicación sin ánimo de lucro existentes, de los que hemos visto que cuentan con un número de periodistas demasiado reducido debido a sus modestos presupuestos, desarrollarse más rápidamente, desplegando por ejemplo con éxito campañas de crowdfunding.
Por encima de todo, la sociedad de medios de comunicación va más allá de los medios. Expresa la necesidad de pensar un modelo entre la fundación y la sociedad por acciones. De repensar el reparto de poder de una manera más democrática en el capitalismo.
Las nuevas tecnologías, Internet en particular, permiten hoy la democratización del capitalismo, como lo prueba el desarrollo del crowdfunding. Pero no hay que limitarse a las donaciones; es necesario que todo el mundo obtenga derecho de voto y poder político para estar más motivado a comprometerse con la sociedad. Para recuperar el control de nuestro propio destino. Capitalismo, crowdfunding, democracia.

A brief interesting book about the consequences of the economic crisis, the change of habit of the readers, the interest of the editors for the business versus the information.
Can the digital revolution be used to refound the media and democracy on new bases? This is the idea of ​​the book. Of course, it is normal that the person who puts 10,000 euros has more power than the one that puts 1,000 euros, and that the one that puts 100,000 euros has more than the one that puts 10,000. What you have to avoid is that people who put tens or hundreds of millions of euros have all the power. In addition, the media would benefit from the tax relief granted by donations, which would allow replacing the opaque system of press aids with neutral and transparent support.

This crisis does not affect the written press at all. At the end of 2013, a voluntary redundancy plan involving 361 posts was proposed in France Télévision and, at the beginning of 2015, Radio France experienced the longest strike in its history in a context of budget cuts and reduction of financial contribution of the State. In the United Kingdom, the BBC announced in 2014 the net abolition of 220 jobs in the information sector until 2016, under the “Delivering quality first” plan, which means “priority to quality dissemination”. A note of English humor … And in July 2015 the abolition of 1,000 jobs was also announced due to the decrease in income from the television canon. The icing on a cake difficult to digest.
An important precision: it is not a new crisis. It is not the result of Internet or the crisis of 2008. We tend to forget it, but before each technological innovation -from the radio, through television or even the Minitel in France- the written press, and then the set of new media competitors, have always protested, voiced warning and augured certain death. Even in the United States, the country of advertising par excellence, the advertising revenues of newspapers in relation to gross domestic product (GDP) have not stopped decreasing since 1956.
However, this crisis has been dramatically accentuated in recent years. The traditional media are now threatened, desperate. The information is collected, transmitted and duplicated, but that information -whose production is very expensive- is reproduced without paying.

A new model of media society adapted to the 21st century. In particular, it proposes the creation of a statute for a “non-profit media society”, halfway between the founding charter and the joint stock company (it is tempting to talk about foundation). A model inspired in part by successful experiences in the last decades in the field of the media, as well as in that of the great international universities, and which reconciles commercial and non-profit activity.
This ambitious model allows both to guarantee the financing of media players by freezing their capital and limiting the decision-making power of external shareholders through the adoption of restrictive statutes. It offers a new place to the societies of readers and workers, and a legal and fiscal framework favorable to the development of crowdfunding (participative financing).

In the first place, it is the work of journalists that transforms a “fact” into information. And that is the first challenge of defining information. Defining the information is defining who produces it: journalists. In times of digital culture, information in real time, blogs and social networks, it is sometimes read-mistakenly-that there are as many journalists as there are Internet users. And he forgets that being a journalist is a trade.
For some observers, those responsible for this disturbing situation would be the media themselves, having multiplied their errors over the past few years and refusing to adapt to a new world. My analysis is somewhat different: the media have not found the right economic model, given that we continue to live with the reflections of the past, lacking an analysis of the crisis that information is currently experiencing.
The information is in danger. The digital support and the gratuity can not only end the written press, but also represent a threat to the information produced by the other media, radio and television. Journalists are disappearing and, with them, the information that only they can produce. And yet, nothing is done to prevent it. What is the reason for that passivity?
The crisis of the media is not invisible, far from it. Frequently it is in the epicenter of the present, but the causes are not seen. Very often, the debate focuses on the “death of paper”. And the important thing is not the support, but the content.
Not only the advertising manna has diminished, but the part of the press in total advertising spending has also been reduced for a long time. The end of advertising, like the crisis in the press, did not begin with the arrival of the Internet. In the case of the press, the first shake was experienced with the irruption of the radio. The second, with the introduction of advertising on television.
It is also important to point out that, although the appearance of online advertising at the beginning of the 21st century allowed for advertising revenues to remain relatively constant for a time in the United States, it was a brief situation, since 2006 notes a drop in the advertising side, even if digital advertising is taken into account.
That is why the media have expressed a growing desire to innovate their advertising offer. The negative aspect of this innovation is the increasingly common recourse to “native advertising”, to which they are already resorting without hesitation to the media of reference (while this practice was only used at the beginning by means such as BuzzFeed, whose benefits in 2013 they relied almost exclusively on native advertising).
The problem for the media is not only the weakness of the digital advertising market – that market exists and represents 43,000 million dollars in the United States – but the fact that a small part of the companies tend to appropriate a growing part of the market. cake. Half of the local advertising market now goes to the big players on the web (such as Google and Facebook, to which Amazon will soon be added). Only a quarter of local advertising goes to newspapers. And less than 12% of the digital advertising market.

In almost all the world the press has the support of the State, but there are many national peculiarities. What is the true weight of the aid to the press?
In France, a country that has the reputation of granting the highest aid, press aids add up on the one hand three budget items of the State (aid for dissemination, aid for modernization, aid for pluralism) that represented 419 million euros in 2012; on the other hand, tax expenditures, mainly VAT super reduced to 2.1% (265 million); and, finally, the subscriptions of the State to the AFP (117.9 million euros). In total, aid to the press rose in 2012 to 800 million euros.
What happens in the rest of the world? In the United States, the total amount of aid to the press (postal aid and tax exemptions) represents less than 3% of the business volume of the newspapers and only 1.5% of the total business volume of the press (newspapers and magazines ). In the Nordic countries, despite the supposed generosity of their press aid system, they represent less than 3% of the turnover of newspaper information, 2.2% in Norway and 2.9% in Sweden.
In particular, in all countries, aid represents a very small fraction of the business volume of newspapers (always below 10% and generally below 5%).

Pierre Omidyar, founder of eBay, has invested almost 250 million dollars in the creation of First Look Media, a hybrid operation that combines a non-profit writing and a for-profit technology company. With a score of experienced journalists, among them Glenn Greenwald – known above all for having published Edward Snowden’s revelations – he has launched The Intercept, a digital research magazine that has denounced the surveillance exercised by the NSA.
John Henry, American investor and owner of the Red Sox, has bought the Boston Globe for 70 million dollars, while Doug Manchester, real estate developer, acquired the San Diego UnionTribune.
Jeff Bezos, founder and CEO of Amazon, bought in October 2013 the Washington Post, an American journalism movement, for 250 million dollars, a misery for someone whose fortune is estimated at around 30,000 million. Is it good news? This purchase has guaranteed Post journalists resources and long-term autonomy. While the layoffs had multiplied over the last few years, the newspaper invests and contracts again in the renovation of its website, the opening of an office for night news and the creation of a breaking news team. The infinite resources of the new owner will allow the Post to become a laboratory of experimentation in the digital age, reflect and recover, and have time to find the right model.

The media are not companies like the others. These are companies whose main objective is to provide a public good-quality information, free and independent, indispensable for democratic debate-and not the maximization of profits and the distribution of dividends among its shareholders. Or, at least, the media should not be companies like the others. Because when they are, in general, it is to the detriment of information.
The media must therefore overcome the law of the market, since the pursuit of benefits leads them to forget their first objective: to provide independent and quality information. Let’s put it clearly: they should not quote. Even more so given that, when quoted, the newspapers have a fiduciary responsibility in the United States to maximize profits vis-à-vis their shareholders. And that contradicts their “moral” responsibility, which is, as the declaration of principles of the society of publishers of American newspapers reminds us, to serve the public good. Equally, it is unthinkable to take to the stock market universities whose moral responsibility is to educate, train and research.
What will be the cost? This will depend on a part of the number of companies that opt ​​for the media society and, on the other hand, the determination of the thresholds by the legislator, as well as the importance of tax deductions, which undoubtedly It will vary according to the countries. Because it will be up to the legislator to decide these reliefs within the framework of the media society. You will also have to establish other limits if you wish, for example, on the part of income of the means of communication that may come from advertising.
The media society would also allow the emergence of new headers or online information sites that could more easily get funds from their readers and appeal to large external shareholders without fearing losing control of their media before even of its launching, since the latter would see their right to vote – that is, their power – limited right from the start. Likewise, it would allow existing non-profit media outlets, of which we have seen that they have a number of journalists that is too small due to their modest budgets, to develop more quickly, for example by successfully deploying crowdfunding campaigns.
Above all, the media society goes beyond the media. Expresses the need to think a model between the foundation and the society by actions. To rethink the distribution of power in a more democratic way in capitalism.
The new technologies, Internet in particular, today allow the democratization of capitalism, as evidenced by the development of crowdfunding. But do not be limited to donations; It is necessary that everyone gets the right to vote and political power to be more motivated to engage with society. To regain control of our own destiny. Capitalism, crowdfunding, democracy.

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