El Hombre Sin Cabeza — Sergio González Rodríguez / Man Without Head by Sergio González Rodríguez

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Es un interesante autor mexicano de quien he comentado libros en mi blog. Sergio González continua su relato descarnado de la realidad sociopolítica del México de los últimos 20 años, y lo hace poniendo en voz lo que los medios no traslucen, un libro, duro y dificil pero necesario.
Es un interesante estudio de un fenómeno que persiste en diferentes épocas y culturas con visiones desde la psicología y sociología hasta la estética y la política.

Acapulco dejó de ser el sitio pleno de encanto que fue medio siglo atrás, cuando viajaban al puerto las estrellas del cine de Hollywood, Orson Welles, John Huston, Rita Hayworth, Johnny Weissmuller, Ava Gardner, Frank Sinatra, María Félix, o John y Jacqueline Kennedy, el petrolero J. Paul Getty. Y Elvis Presley, que protagonizó allá la película Diversión en Acapulco. El ascenso de los comunistas en Cuba, la clausura de la isla en tanto territorio de libertinaje, le dio su auge al puerto mexicano. Se instalaron las grandes cadenas hoteleras, los restaurantes, centros nocturnos y fraccionamientos de lujo.
Mientras circulamos por la avenida Costera, me señala con su brazo los hoteles construidos al borde de la playa, en los que se observa escasa actividad. «Hay un índice muy alto de desocupación hotelera», explica: «la violencia terminó con Acapulco, el narcotráfico es ahora lo que da vida a la ciudad, ya que sus inversiones están en todos lados, los narcos son los dueños».
Acapulco, al igual que toda la provincia a la que pertenece, llamada Guerrero en honor a un héroe independentista que fue presidente del país, lleva un signo de tierra arisca y violenta. En la antigüedad precortesiana, se la conocía como Cihuatlán, lugar cercano a las mujeres, en náhuatl, y vivieron allá diversas tribus, entre las que sobresalieron los purépechas, chontales, mixtecos. Y los yopes, siempre insumisos, y casi exterminados por los españoles en el siglo dieciséis. Durante la época de la colonia, fue zona de tránsito para el comercio que venía de China, de las Filipinas, dominio español. Un territorio montañoso que contrasta sus zonas de fertilidad en tierra caliente y semidesértica al sur. La ciudad colonial de Taxco fue importante, y allí nació Juan Ruiz de Alarcón, escritor de mérito que brilló en el Siglo de Oro español como fuente de escarnio de sus contemporáneos Francisco de Quevedo, o Pedro Calderón de la Barca, ya que era contrahecho, jorobado, pelirrojo, novohispano. En la colonia, se asentaron a su vez contingentes de esclavos procedentes de África. El puerto de Acapulco, una aldea durante siglos, sólo comenzó a crecer a mediados del siglo veinte, al convertirse en centro del primer desarrollo del turismo a gran escala en el país. Y llegaron los visitantes, el dinero, la fama, las leyendas.
A lo largo de aquel siglo, el litoral del Pacífico mexicano y sus comunidades crecieron un tanto ajenos a los prestigios del progreso en el centro del país. Oaxaca, Guerrero, Michoacán, las costas de Colima, Jalisco y Nayarit, así como Sinaloa y Sonora, representan otro modelo de crecimiento y de cultura, más apegados a su pasado profundo y a la naturaleza.
Desde años atrás dos grupos delincuenciales han permanecido en este puerto, los del Cártel de Juárez, cuyos miembros desafectos serían identificados más tarde por las autoridades como Cártel de Sinaloa o del Pacífico, y los del Golfo. La pugna en todo el país entre ambos grupos y sus respectivos sicarios, llamados unos Los Pelones o Chapos sinaloenses y otros Los Zetas del Golfo, desertores de escuadrones de élite del ejército mexicano, se hizo pública. En aquellas fechas circuló en internet el interrogatorio y decapitación de un sujeto, al que se identificaba como miembro de Los Zetas, que confiesa haber participado en un ataque a una oficina ministerial en el que murió media docena de personas. Bajo el título de «Haz patria, mata a un Zeta», las imágenes grabadas muestran a la víctima sentado en una silla, vestido con una trusa negra mientras es interrogado por dos sicarios de quienes sólo se ven las manos envueltas en guantes quirúrgicos. La mímica feroz. Se escucha a la víctima aceptar en voz baja, titubeante, su participación en dicho ataque, y detallar que recibió órdenes del jefe del grupo delincuencial. En la frente de la víctima se ve pintada una letra Z…

El agua, las montañas y la costa hacia el Pacífico representan los símbolos de esta provincia: Michoacán. El viajero confronta allá los mismos parajes que debieron asombrar a sus primeros nómadas, y luego a los conquistadores españoles, a los frailes que diseminaron la fe cristiana y a quienes, nacidos del mestizaje entre los antiguos americanos y los oriundos de ultramar, transitaron a pie en donde sólo habla la tierra y la sustancia primordial de la vida. Un mundo siempre anterior y siempre ulterior a nosotros. Y si Michoacán traduce una historia peculiar de empeño humano contra la naturaleza, que consta en las pirámides precortesianas y continúa en los pueblos hospitales de la colonia y las autopistas o puentes contemporáneos, la incidencia de una crónica de viaje tanto factual en el presente como evocativa de su pasado convoca la visión de los mapas. Frente a un mapa de Michoacán, y no sólo un mapa convencional, sino el mapa de su historia, este territorio ha mantenido dos tipos de tránsito privilegiado. El primero es la ruta que lo une con la capital del país, centro también de la antigua civilización mesoamericana, y transcurre a un lado del Nevado de Toluca para continuar hacia el occidente. El segundo consiste en la senda interior que va de la capital michoacana a la costa, y toca diversos destinos.
Aparte de en Acapulco y Uruapan, se han registrado decapitaciones en ciudades disímbolas como Rosarito, Aguililla, Apatzingán, Aguaje y Monterrey. Los carteles muestran los desafíos mutuos entre los narcotraficantes: «Lazcano, para que me sigas mandando más pendejadas de tus gafes», «Un mensaje más, mugrosos. Para que aprendan a respetar», «Ahí está tu gente, aunque te proteja el AFI y otras corporaciones, sigues tú: Édgar Díaz Villarreal (Barby) Arturo Beltrán Leyva y tú Lupillo sigue riendo que te voy a encontrar. Atte. Sombra». En Uruapan, pocos días antes de lo acontecido en el Luz y Sombra, una mujer fue decapitada. Tenía tres meses de embarazo y le fue mutilado un dedo de la mano: la asesinaron por delatar a alguien.
En los últimos años hemos visto cómo la iconofilia propia de la modernidad se ha convertido en algo más: en una depredación visual y virtual que complementa la depredación física, objetual de las personas. De esta última surgió la otra, que ahora se ha convertido en un velo o corteza intangible y tenaz que envuelve el planeta en un tejido infinitesimal, ubicuo, simultáneo. No sólo hay un deseo engolosinado en torno del disfrute de la imagen violenta como se ha propuesto, sino una avidez destructiva que devora la imagen del otro y de quien mira también.
Un sicario declaró que, al decapitar a una víctima, quería castigarlo porque se atrevió a pensar, a tomar decisiones por encima de los jefes. En el negocio delincuencial nadie se manda a sí mismo, o le cortan la cabeza. Todos pueden entrar, nadie puede salir. Muchos observan, pero sólo uno o un par de ellos ordena. Y todo lo escucha, todo lo mira. En Michoacán, a un decapitado le quemaron los ojos con cera hirviente. Un sarcasmo que, sin saberlo, conjugaba el mito de Psique y Eros con el de Perseo. Las transgresiones fatales.
Los ojos del decapitado se hunden en la abyección. De allí acaso que muchos de los que han sufrido tal suplicio prefieran cerrarlos. Quisieran borrar con ese gesto el abismo inconmensurable que los devora. Y evocar aunque sea por un instante, en el fosfeno final tras los párpados yertos, la espiga de luz que presenciaron en algún sueño ya perdido.

Entre los miembros de La Compañía se selecciona a los más aptos al respecto. Todos los miembros deben volverse adoradores de la Santa Muerte, que domina su conducta y establece códigos sectarios de silencio y obediencia. En cada grupo de La Compañía hay un encargado de inducir y vigilar el cumplimiento del culto. El Decapitador afirma que nunca ha sentido otro afecto familiar excepto el que profesa a su madre, ya que desde temprana edad le han inculcado respetar su figura. Y se muestra ajeno a todo sentimiento de culpabilidad. Cuando le asignan cortar una cabeza se prepara y se distancia de su vida y sus recuerdos. Se concentra en cumplir la orden pues de esto depende su permanencia en La Compañía. Después de cada decapitación se retira del grupo y, a solas, se encomienda a la Santa Muerte para pedirle que lo proteja. Ante la pregunta acerca de lo que siente al cortar una cabeza, responde: «Primero me tomo cuatro o cinco tequilas antes de actuar, porque no sé si vamos a encontrar al candidato y ejecutarlo. Llegado el momento, con o sin testigos del grupo, todavía calientito el cuerpo, lo pongo boca abajo, en el borde de un sillón o silla, y le dejo caer el machete, siempre con las dos manos para tener fuerza y que no me rebote el golpe con el hueso de la columna.
El verano de dos mil ocho, el periodo de mayor violencia contra las instituciones que se recuerde en México, entrelazó diversos episodios que incrementaron la escalada. Durante varios días y en diversas ciudades del país se descubrieron grandes anuncios y mensajes en los que los traficantes de droga amenazaban a autoridades y funcionarios por su falta de respeto a los acuerdos establecidos con el crimen organizado.

He´s an interesting Mexican author who I have commented on in my blog. Sergio González continues his stark account of the socio-political reality of Mexico in the last 20 years, and does so by putting into voice what the media does not reveal, a book, hard and difficult but necessary.
It is an interesting study of a phenomenon that persists in different times and cultures with visions from psychology and sociology to aesthetics and politics.

Acapulco ceased to be the place full of charm that was half a century ago, when the stars of the Hollywood cinema, Orson Welles, John Huston, Rita Hayworth, Johnny Weissmuller, Ava Gardner, Frank Sinatra, Maria Felix, or John, traveled to the port. Jacqueline Kennedy, oil tanker J. Paul Getty. And Elvis Presley, who starred there the movie Fun in Acapulco. The rise of the Communists in Cuba, the closure of the island as a territory of libertinism, gave its peak to the Mexican port. Large hotel chains, restaurants, nightclubs and luxury developments were installed.
While we drive along Costera Avenue, he points his arm at the hotels built on the edge of the beach, where little activity is observed. «There is a very high rate of hotel unemployment,» he explains: «the violence ended with Acapulco, drug trafficking is now what gives life to the city, since its investments are everywhere, the narcos are the owners.»
Acapulco, like the entire province to which it belongs, called Guerrero in honor of a pro-independence hero who was president of the country, carries a sign of uncouth and violent land. In pre-Cortesian antiquity, it was known as Cihuatlán, a place close to women, in Nahuatl, and various tribes lived there, among which the Purépecha, Chontal, Mixteco stood out. And the yopes, always insumisos, and almost exterminated by the Spaniards in the sixteenth century. During colonial times, it was a transit area for trade that came from China, from the Philippines, Spanish domain. A mountainous territory that contrasts its fertility zones in hot and semi-desert land to the south. The colonial city of Taxco was important, and there was born Juan Ruiz de Alarcón, writer of merit that shone in the Spanish Golden Age as a source of derision of his contemporaries Francisco de Quevedo, or Pedro Calderón de la Barca, since it was counterfeit, hunchback, redhead, novohispano. In the colony, contingents of slaves from Africa settled in turn. The port of Acapulco, a village for centuries, only began to grow in the mid-twentieth century, becoming the center of the first development of large-scale tourism in the country. And the visitors arrived, the money, the fame, the legends.
Throughout that century, the Mexican Pacific coast and its communities grew somewhat alien to the prestige of progress in the center of the country. Oaxaca, Guerrero, Michoacán, the coasts of Colima, Jalisco and Nayarit, as well as Sinaloa and Sonora, represent another model of growth and culture, more attached to their deep past and nature.
For years, two criminal groups have remained in this port, those of the Juarez Cartel, whose disaffected members would later be identified by the authorities as the Sinaloa or Pacific Cartel, and those of the Gulf. The struggle in the whole country between both groups and their respective assassins, called Los Pelones or Chaos from Sinaloa and other Los Zetas del Golfo, deserters from elite squads of the Mexican army, became public. At that time the interrogation and decapitation of a subject circulated on the internet, to which he identified himself as a member of Los Zetas, who confessed to having participated in an attack on a ministerial office in which half a dozen people died. Under the title of «Homeland, kill a Zeta,» the recorded images show the victim sitting in a chair, dressed in a black trusa while being interrogated by two assassins whose only hands are wrapped in surgical gloves. The fierce mimicry. The victim is heard accepting in a low, hesitant voice, his participation in said attack, and detailing that he received orders from the head of the criminal group. A letter Z is painted on the forehead of the victim …

The water, the mountains and the coast towards the Pacific represent the symbols of this province: Michoacán. The traveler confronts there the same places that should have amazed his first nomads, and then the Spanish conquerors, the friars who disseminated the Christian faith and those who, born of the miscegenation between the ancient Americans and the natives of overseas, traveled on foot in where only the earth and the primordial substance of life speak. A world always previous and always ulterior to us. And if Michoacán translates a peculiar history of human endeavor against nature, which is found in the pre-Cortesian pyramids and continues in the hospitals of the colony and contemporary highways or bridges, the incidence of a chronicle of travel both factual in the present and evocative from his past he summons the vision of the maps. In front of a map of Michoacán, and not only a conventional map, but the map of its history, this territory has maintained two types of privileged transit. The first is the route that links it with the capital of the country, also the center of the ancient Mesoamerican civilization, and passes by the Nevado de Toluca to continue towards the west. The second consists of the inner path that goes from the Michoacan capital to the coast, and touches various destinations.
Aside from Acapulco and Uruapan, decapitations have been recorded in dissimilar cities such as Rosarito, Aguililla, Apatzingán, Aguaje and Monterrey. The posters show the mutual challenges between the drug traffickers: «Lazcano, so that you keep sending me more bullshit from your gafes», «One more message, filthy. So that they learn to respect »,« There are your people, even if you protect AFI and other corporations, you follow: Édgar Díaz Villarreal (Barby) Arturo Beltrán Leyva and you Lupillo keeps laughing that I will find you. Atte. Shadow». In Uruapan, a few days before what happened in Luz y Sombra, a woman was beheaded. She was three months pregnant and her finger was mutilated: she was murdered for betraying someone.
In recent years we have seen how the iconofilia of modernity has become something else: in a visual and virtual depredation that complements the physical, objectual depredation of people. From the latter emerged the other, which has now become an intangible and tenacious veil or bark that envelops the planet in an infinitesimal, ubiquitous, simultaneous tissue. Not only is there a desire enticed around the enjoyment of the violent image as proposed, but a destructive avidity that devours the image of the other and who looks also.
An assassin declared that, when beheading a victim, he wanted to punish him because he dared to think, to make decisions over the bosses. In the criminal business nobody sends himself, or they cut off his head. Everyone can enter, nobody can leave. Many observe, but only one or a couple of them order. And he listens to everything, he watches everything. In Michoacán, a beheaded man’s eyes were burned with boiling wax. A sarcasm that, unknowingly, conjugated the myth of Psyche and Eros with that of Perseus. The fatal transgressions.
The beheaded’s eyes sink into abjection. Hence perhaps many of those who have suffered such torture prefer to close them. They would like to erase with that gesture the immeasurable abyss that devours them. And to evoke, even for a moment, in the final phosphene behind the eyelids, the spike of light that they witnessed in some dream already lost.

Among the members of the Company, the most suitable are selected. All members must become worshipers of Santa Muerte, who dominate their conduct and establish sectarian codes of silence and obedience. In each group of the Company there is a charge of inducing and monitoring the fulfillment of the cult. The Decapitator affirms that he has never felt another family affection except that which he professes to his mother, since from an early age he has been taught to respect his figure. And he is oblivious to any feeling of guilt. When you are assigned to cut a head, you prepare and distance yourself from your life and your memories. He concentrates on fulfilling the order because his permanence in The Company depends on this. After each decapitation he retires from the group and, alone, is entrusted to Santa Muerte to ask him to protect him. When asked about what he feels when cutting a head, he responds: «First I take four or five tequilas before acting, because I do not know if we are going to find the candidate and execute him. At the moment, with or without witnesses of the group, I still warm the body, I put it face down, on the edge of an armchair or chair, and I drop the machete, always with both hands to have strength and that does not bounce me the blow with the bone of the spine.
The summer of two thousand and eight, the period of greatest violence against institutions that is remembered in Mexico, interlinked several episodes that increased the escalation. During several days and in various cities of the country, large advertisements and messages were discovered in which drug traffickers threatened authorities and officials for their lack of respect for the agreements established with organized crime.

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