Juego De Escaños. Relato Del Divorcio Entre Política Y Ciudadanía — María Rey / Set Of Seats. Story of Divorce Between Politics and Citizenship by María Rey (spanish book edition)

Interesante repaso periodístico hasta la actualidad de la vida en las cortes, es muy ligero y de fácil lectura, ideal para periodistas, ciudadanos curiosos, personalmente me gustó más la segunda parte, correspondiente a las últimas legislaturas, por las curiosidades en el congreso y para saber ciertas actitudes de los diputados en el hemiciclo, mención aparte merece el funcionamiento del congreso, algo que la autora describe a lo largo de la crónica, de manera brillante, y lo mejor, el último capítulo dedicado a sus señorías.
— A modo de conclusión, repaso amable a la vida política del país desde la óptica periodística y ciudadana a la vez, deja buen sabor de boca, aprendes y arroja un poco de luz al por qué de la miopía política, y su divorcio con la sociedad.

Los ciudadanos apenas conocían a sus representantes, ni siquiera a los de sus provincias. No sabían nada de su trabajo, de sus horarios, de sus obligaciones, y tenían información confusa sobre sus salarios y supuestos privilegios.
Como telón de fondo, los casos de corrupción, que gota a gota se colaban en la prensa diaria, fueron demostrando que nuestra democracia adormecida era incapaz de vigilar cómo se ejercía el poder. Nada era nuevo salvo una cosa: sucedía en un país atrapado en el túnel de la crisis.
La indignación contra la clase política se cocinó en la madrileña Puerta del Sol, a menos de diez minutos caminando en línea recta desde el Congreso de los Diputados. No hablamos de la primavera de 2011, sino de mucho antes, del inicio del verano de 2004. España intentaba asimilar el horror de las bombas del 11 de marzo, un atentado que había marcado las elecciones generales que se celebraron tres días después, profundizando la brecha entre los dos principales partidos políticos.
El Congreso arrancó, no sin dificultades, una comisión de investigación que debería haber ayudado a esclarecer los errores y desidias que favorecieron la masacre. Desde el primer momento se mostraron las debilidades de una comisión partida en dos, los diputados del Partido Popular dolidos por acusaciones demasiadas veces injustas y por haber perdido el Gobierno desde una mayoría absoluta que creían robusta. Enfrente el PSOE, todavía sin digerir el cúmulo de circunstancias que lo empujaron al poder, y el resto de los partidos ayudando a los socialistas a pasar factura a la pétrea figura de Aznar.
Pilar Manjón los reprendió por no haberlos tenido en cuenta, por no haber hablado del sufrimiento que les produjeron los fallos de coordinación en las primeras horas tras el atentado. Les echó en cara que no les preocupasen sus problemas con el sistema público de salud. Se sentían desatendidos y perdidos en las listas de espera, mientras su angustia los devoraba por dentro. Se quejaron por la falta de pudor de los medios que mostraban una y otra vez los trenes destrozados con mantas cubriendo cuerpos, mientras ellos, desde sus casas, intentaban descubrir en aquellos bultos algún rasgo familiar. Lamentaron que no se respetara su intimidad porque constantemente recibían llamadas de organismos públicos y privados ofreciéndoles servicios, sin que nadie les hubiera pedido permiso para ceder sus datos.

Tres factores el éxito de la protesta:
 
•    la crisis económica;
•    la percepción de que el sistema estaba siendo incapaz de resolver los problemas provocados por la crisis y;
•    la sensación de que los políticos estaban fracasando en su trabajo mientras seguían viviendo del dinero público.
 
Además, Castells añade otro elemento que define como «la arrogancia del bipartidismo». Mantiene que la actitud durante décadas de los dos grandes partidos es la que ha permitido construir nuevos liderazgos extraparlamentarios. Algo inimaginable muy pocos años antes de eso que se llegó a llamar Spanish Revolution.

Aquella especie de experimento político que fue la XI legislatura acabó y dejó por el camino muchas horas de trabajo sin culminar. Según los datos que recopiló la agencia EFE, en cuatro meses se presentaron 230 proposiciones no de ley para su debate en Pleno y 701 en comisión. También se registraron casi 40 proposiciones de ley pero solo cinco superaron la primera fase, su admisión a trámite por el Pleno. En el Senado la actividad fue notablemente inferior, pero en ambos casos el resultado fue el mismo. Las iniciativas, al no completar su trámite, murieron con la legislatura.
Tanto trajín, tanta carrera, tantas horas de guardia esperando el resultado de una negociación acabó con la convocatoria de elecciones, aunque fue algo más que un paréntesis político. Las formas parlamentarias cambiaron aunque las normas todavía se resistían. Cuando comenzó la siguiente legislatura muchas cosas ya no tenían vuelta atrás.

Aunque las movilizaciones de indignados representaban mayoritariamente a una ideología de izquierda, el malestar hacia la política es más transversal, está en todas las generaciones y colores políticos. Lo demuestran las encuestas que el Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS, hace periódicamente para medir la opinión de los ciudadanos. En los últimos años «los políticos y la política en general» aparece entre las principales preocupaciones de los encuestados, después la economía y el paro. Algunos meses, los políticos figuran como problema antes que la corrupción.
Ese desgaste de la clase política tiene una traducción inmediata en la forma en la que los ciudadanos perciben la actividad parlamentaria. Poco trabajo a cambio de mucho sueldo, esa es la sensación generalizada. El principal problema es el desconocimiento. Los ciudadanos no saben qué hacen los diputados ni tampoco tienen una idea exacta de cuánto ganan. Buena parte de la culpa está dentro. Durante demasiado tiempo los políticos han creído que solo tenían que rendir cuentas cada cuatro años, y tanto el Congreso como el Senado no percibieron la necesidad de traspasar sus muros y explicar en la calle lo que pasaba dentro.
Para entender la profundidad y gravedad de la brecha que separa a representantes y representados, hay que tener en cuenta las circunstancias que han coincidido en el tiempo. Una crisis económica sin precedentes en la democracia, la sucesión de escándalos de corrupción política y económica, el desgaste de unas leyes que no se han adaptado a las necesidades de los ciudadanos y una revolución tecnológica que ha cambiado nuestra forma de comunicarnos y acceder a la información.
La sociedad española fue caminando hacia la modernidad con leyes que salieron de los debates que acogió ese lugar. Llegó el divorcio, la ley que regulaba el aborto, la que reconocía el matrimonio entre personas del mismo sexo… La vida de todos pasó y pasa por allí. Las pensiones de los mayores, la educación de los pequeños, la sanidad, la cultura, la economía. Todo es política porque no hay política sin Parlamento. El problema es haber creído que ese vetusto espacio puede resistirse a los cambios que se reclaman desde la calle. Que evolucionar, revisar las reglas del juego, replantearse los privilegios diseñados hace muchos años, es renunciar a los derechos de los parlamentarios.

Acaba con una carta a sus señorías. El Reglamento de las Cortes se ha quedado obsoleto. Fue aprobado en 1982 y apenas se han hecho un puñado de modificaciones parciales. Hace treinta años que ustedes y sus predecesores prometen reformarlo. He asistido a muchísimas ruedas de prensa en las que anunciaban acuerdos inminentes. No lo han conseguido. Da la sensación de que nadie ha tenido hasta ahora verdadero interés en hacerlo. Si es así, convendría ser claro y explicar por qué.
Puestos a ganar en flexibilidad, donde más urge la reforma es en las iniciativas legislativas populares. Ustedes mismos lo han sugerido a menudo. Resulta excesivo reclamar medio millón de firmas para conseguir que el Parlamento estudie una propuesta de ley elaborada por los ciudadanos. Más si tenemos en cuenta que la Cámara europea exige un millón de firmas para una población muchísimo mayor. Y no solo eso. Tienen que encontrar la manera de que esas propuestas que llegan desde la calle no se atasquen esperando un turno para ser discutidas en Pleno o ni siquiera lleguen por el exceso de filtros.
No necesitamos que congelen sus salarios más de lo que le toque al resto de los trabajadores públicos. Si les pagamos lo que necesitan, a lo mejor se pueden evitar compensaciones en especie que la gente no termina de comprender. Hoy en día la mayoría tenemos en casa acceso a internet sin que la empresa que nos contrata se ocupe del gasto.
Me parece correcto que el Congreso se haga cargo del coste de sus desplazamientos entre Madrid y su provincia. Seguro que ustedes saben entender dónde están los límites para que sus mítines de partido u otro tipo de viajes no se mezclen en esa contabilidad.
No me aporta nada como ciudadana hacerles trabajar gratis o renunciar a su indemnización de dos meses de sueldo al final del mandato si eso compensa el que no tengan derecho a paro.
Tampoco hace falta que los plenos acaben a las once de la noche. Es cuestión de organizarse y empezar antes, y si para ello los portavoces tienen que viajar a Madrid el lunes por la noche y dormir un día menos en casa, pues se hace porque eso sí les va en el sueldo.
En cualquier caso lo importante es que todo lo que tiene que ver con su trabajo esté claro y que cualquier ciudadano pueda comprobarlo de forma rápida y sencilla. La transparencia es la mejor medicina contra los mentirosos. Les sugiero que, además de ser transparentes, lo parezcan.
Pero si algo quiero pedirles encarecidamente es que se sienten a pensar seriamente qué hacer con el Senado. No sé si el camino es cerrarlo. Yo preferiría replantear sus funciones y llenarlo de contenido. ¿Para qué queremos una Cámara de segunda lectura si no tiene un papel real porque en la práctica siempre el Congreso tiene la última palabra?
Hablan a menudo de convertirla en una Cámara de representación territorial…

Interesting journalistic review to the present of life in the courts, it is very light and easy to read, ideal for journalists, curious citizens, I personally liked the second part, corresponding to the last legislatures, for the curiosities in the congress and for know certain attitudes of the deputies in the Chamber, separate mention deserves the operation of the congress, something that the author describes throughout the chronicle, brilliantly, and best, the last chapter dedicated to their lordships.
– By way of conclusion, a nice review of the political life of the country from the journalistic and citizen perspective at the same time, it leaves a good taste in your mouth, you learn and throws a little light on why political short-sightedness, and its divorce with the society.

Citizens hardly knew their representatives, not even those of their provinces. They did not know anything about their work, their schedules, their obligations, and they had confusing information about their salaries and alleged privileges.
As a backdrop, corruption cases, which drop by drop in the daily press, were demonstrating that our dormant democracy was incapable of monitoring how power was exercised. Nothing was new except one thing: it happened in a country stuck in the tunnel of crisis.
The indignation against the political class was cooked in Madrid’s Puerta del Sol, less than ten minutes walking in a straight line from the Congress of Deputies. We are not talking about the spring of 2011, but much earlier, the beginning of the summer of 2004. Spain was trying to assimilate the horror of the bombings of March 11, an attack that had marked the general elections that were held three days later, deepening the gap between the two main political parties.
The Congress started, not without difficulties, a commission of investigation that should have helped to clarify the errors and desidias that favored the massacre. From the first moment the weaknesses of a split commission were shown, the People’s Party deputies hurt by too many unjust accusations and for having lost the Government from an absolute majority that they believed to be robust. Opposite the PSOE, still without digesting the accumulation of circumstances that pushed him to power, and the rest of the parties helping the Socialists to pass bill to the stony figure of Aznar.
Pilar Manjón reprimanded them for not having taken them into account, for not having spoken of the suffering caused by the coordination failures in the first hours after the attack. He reproached them for not worrying about their problems with the public health system. They felt neglected and lost in the waiting lists, while their anguish devoured them inside. They complained about the lack of modesty of the media that showed again and again the trains destroyed with blankets covering bodies, while they, from their homes, tried to discover in those packages some family trait. They regretted that their privacy was not respected because they were constantly receiving calls from public and private organizations offering them services, without anyone having asked them to give their data.

Three factors the success of the protest:

• the economic crisis;
• the perception that the system was being unable to solve the problems caused by the crisis and;
• the feeling that politicians were failing in their work while still living on public money.

In addition, Castells adds another element that he defines as “the arrogance of bipartisanship”. He maintains that the decades-old attitude of the two major parties has allowed for the construction of new extra-parliamentary leaderships. Something unimaginable a few years before that that came to be called Spanish Revolution.

That kind of political experiment that was the Eleventh Legislature ended and left many hours of work unfinished along the way. According to the data compiled by the EFE agency, in four months, 230 non-law proposals were submitted for debate in the Plenary and 701 in committee. Almost 40 bills were also registered but only five passed the first phase, its admission to be processed by the Plenary. In the Senate the activity was noticeably lower, but in both cases the result was the same. The initiatives, not completing their process, died with the legislature.
Both work, so much career, so many hours of guard waiting for the result of a negotiation ended with the call for elections, although it was more than a political parenthesis. The parliamentary forms changed although the rules still resisted. When the next legislature began many things had no way back.

Although the mobilizations of the indignados mostly represented a leftist ideology, the discontent towards politics is more transversal, it is in all generations and political colors. This is demonstrated by the surveys that the Center for Sociological Research, CIS, periodically conducts to measure the opinion of citizens. In recent years “politicians and politics in general” appears among the main concerns of the respondents, then the economy and unemployment. Some months, politicians figure as a problem before corruption.
That erosion of the political class has an immediate translation in the way citizens perceive parliamentary activity. Little work in exchange for a lot of salary, that’s the general feeling. The main problem is ignorance. The citizens do not know what the deputies are doing nor do they have an exact idea of ​​how much they earn. Much of the fault is inside. For too long the politicians have believed that they only had to give an account every four years, and both the Congress and the Senate did not perceive the need to go beyond its walls and explain what was going on inside the street.
To understand the depth and severity of the gap that separates representatives and represented, we must take into account the circumstances that have coincided in time. An unprecedented economic crisis in democracy, the succession of scandals of political and economic corruption, the erosion of laws that have not been adapted to the needs of citizens and a technological revolution that has changed our way of communicating and accessing the information.
Spanish society was walking towards modernity with laws that came out of the debates that hosted that place. The divorce arrived, the law that regulated the abortion, the one that recognized the marriage between people of the same sex … The life of all happened and it passes through there. The pensions of the elderly, the education of the little ones, the health, the culture, the economy. Everything is political because there is no politics without Parliament. The problem is to have believed that this ancient space can resist the changes that are claimed from the street. To evolve, to revise the rules of the game, to rethink the privileges designed many years ago, is to renounce the rights of parliamentarians.

Finish with a letter to your lordships. The Rules of the Courts have become obsolete. It was approved in 1982 and only a handful of partial modifications have been made. Thirty years ago you and your predecessors promised to reform it. I have attended many press conferences announcing imminent agreements. They have not succeeded. It seems that no one has had any real interest in doing so until now. If so, it would be helpful to be clear and explain why.
Put to win in flexibility, where reform is most urgent is in the popular legislative initiatives. You yourselves have suggested it often. It is excessive to claim half a million signatures to get Parliament to study a bill prepared by citizens. More if we take into account that the European Chamber requires one million signatures for a much larger population. And not only that. They have to find a way that those proposals that come from the street do not get stuck waiting for a turn to be discussed in plenary or even come by the excess of filters.
We do not need them to freeze their salaries any more than the rest of the public workers. If we pay them what they need, maybe compensations in kind that people do not fully understand can be avoided. Nowadays, most of us have access to the Internet at home, without the company that hires us taking care of the expense.
I think it is right that Congress takes charge of the cost of their travels between Madrid and its province. Surely you know how to understand where the limits are so that your party rallies or other types of trips do not mix in that accounting.
It does not give me anything as a citizen to make them work for free or give up their compensation of two months of salary at the end of the term if that compensates for not having the right to unemployment.
Nor do the plenary sessions need to end at eleven o’clock at night. It is a matter of organizing and starting before, and if for this the spokespersons have to travel to Madrid on Monday night and sleep a day less at home, because it is done because that does pay their salary.
In any case, the important thing is that everything that has to do with your work is clear and that any citizen can check it quickly and easily. Transparency is the best medicine against liars. I suggest that, in addition to being transparent, they seem so.
But if something I want to ask you earnestly is that they sit and think seriously about what to do with the Senate. I do not know if the way is to close it. I would prefer to rethink its functions and fill it with content. Why do we want a second reading Chamber if it does not have a real role because in practice, Congress always has the last word?
They often talk about turning it into a Chamber of territorial representation …

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