¡Sálvese Quién Pueda! El Futuro Del Trabajo En La Era De La Automatización — Andrés Oppenheimer / The Robots Are Coming!: The Future of Jobs in the Age of Automation by Andrés Oppenheimer

Sin duda un muy buen libro que sirve para la reflexión y el debate.
Desde que un estudio de la Universidad de Oxford pronosticó que 47% de los empleos corren el riesgo de ser reemplazados por robots y computadoras con inteligencia artificial en Estados Unidos durante los próximos 15 o 20 años, no he podido dejar de pensar en el futuro de los trabajos. ¿Cuánta gente perderá su empleo por la creciente automatización del trabajo en el futuro inmediato? El fenómeno no es nuevo, pero nunca antes se había dado tan aceleradamente. La tecnología ha venido destruyendo empleos desde la Revolución industrial de fines del siglo XVIII, pero hasta ahora los seres humanos siempre habíamos logrado crear muchos más fuentes de trabajo que los que habíamos aniquilado con la tecnología. ¿Podremos seguir creando más oportunidades de las que eliminamos?.
Kodak, un ícono de la industria fotográfica que tenía 140 000 empleados, fue empujada a la bancarrota en 2012 por Instagram, una empresita de apenas 13 empleados que supo anticiparse a Kodak en la fotografía digital. Blockbuster, la cadena de tiendas de alquiler de películas que llegó a tener 60 000 empleados en todo el mundo, se había ido a la quiebra poco antes por no poder competir con Netflix, otra pequeña empresa que empezó mandando películas a domicilio con apenas 30 empleados.
¿Que responden las grandes empresas a todo esto? La respuesta de la gran mayoría de las empresas que están automatizando sus operaciones es que —lejos de reducir empleos— están aumentando la productividad y creando nuevos trabajos para sus empleados. ¿Deberíamos creerles? ¿O nos están contando cuentos de hadas, o una media verdad que puede ser cierta en el momento en que se dijo, pero que no es sostenible en el tiempo? Y si lo que dicen no es cierto, ¿cuáles serán los trabajos que desaparecerán y cuáles los que los reemplazarán?.
El descontento de trabajadores de industrias tradicionales ha ocasionado el surgimiento de partidos nacionalistas, proteccionistas y antiglobalización en Estados Unidos y varios países europeos. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump logró ganar las elecciones de 2016 en buena parte explotando las ansiedades de los trabajadores y culpando a los migrantes indocumentados de quitarles empleos y hacer caer los salarios de los trabajadores estadounidenses. Sin embargo, lo que estaba haciendo perder empleos y reducir salarios no era la migración, sino la automatización del trabajo. El impacto de este fenómeno se hará cada vez más claro. Si no encontramos una solución a las dislocaciones que se vienen en algunas áreas clave del mundo del trabajo, vendrán tiempos aún más convulsionados en el mundo.

El algoritmo de Frey y Osborne produjo un ranking que comienza con los empleos que tienen 99% de posibilidades de ser reemplazados por robots, drones, vehículos que se manejan solos y otras máquinas inteligentes. En esa categoría, según el algoritmo, se encuentran los telemarketers —o vendedores que ofrecen productos por teléfono, los cuales ya han sido reemplazados por robots en muchos países—, los vendedores de seguros, los auditores de cuentas, los bibliotecarios y los agentes aduaneros. Esas ocupaciones las sustituirán programas de computación que pueden acumular información, procesarla y hacer proyecciones para el futuro mucho mejor que los humanos, concluyó el algoritmo.
Entre los trabajos con 98% de posibilidad de desaparecer en los próximos 15 o 20 años, el estudio citó a los empleados administrativos, los empleados bancarios dedicados a analizar y procesar préstamos y los inspectores de compañías aseguradoras, cuyas tareas rutinarias pueden ser fácilmente emuladas por la inteligencia artificial. Y en la misma categoría de riesgo de desaparición están curiosamente los árbitros deportivos.
Entre los empleos con 97% de probabilidades de desaparecer están las operadoras telefónicas y los vendedores en las tiendas, que ya están siendo reemplazados por el comercio electrónico y por los robots con aspecto humano (o humanoides), los cuales ya pueden responder preguntas de los clientes, de la misma manera en que Siri, Alexa, Cortana y otros asistentes virtuales pueden contestarnos cuando les pedimos una dirección o algún otro dato a nuestros celulares o altoparlantes inteligentes. Otros empleos que corren 97% de riesgo de desaparecer, según el estudio, son los de agentes de bienes raíces, que al igual que los agentes de viajes están siendo reemplazados por portales de internet que nos permiten visitar virtualmente las casas que nos quieren mostrar, así como los cajeros, que ya están siendo reemplazados por máquinas lectoras de precios en muchas tiendas y supermercados.
Entre los trabajos que corren hasta 97% de posibilidades de ser eliminados están, para mi sorpresa, los de recepcionistas y los camareros de restaurantes y hoteles.
Los robots están realizando cada vez más labores en las compañías de abogados, y ofreciendo servicios legales fuera de ellas. La firma de abogados estadounidense DLA Piper, una de las más grandes del mundo, con más de 4 000 abogados en 30 países, contrató en 2016 al programa de computación de la empresa de inteligencia artificial Kira Systems para analizar contratos corporativos y proponer correcciones, tareas que hasta entonces hacían los abogados jóvenes que recién ingresaban en la firma. Simultáneamente, muchos bufetes de abogados estaban empezando a utilizar plataformas de internet de servicios legales como LegalZoom y Rocket Lawyer para recopilar datos, algo que empezó a desplazar a muchos asistentes legales que antes realizaban esa tarea.
Lo que es más, las plataformas en línea como LegalZoom y Rocket Lawyer ya están ofreciendo servicios al cliente, como escrituras, contratos y hasta divorcios. En otras palabras, sus algoritmos le están pasando por encima a los abogados y están ofreciendo servicios legales automatizados que resultan mucho más baratos para los clientes.

Los tecnoescépticos tienen serias dudas de que todos estos adelantos tecnológicos nos conduzcan a un mundo feliz. Pronostican un enorme aumento del desempleo, argumentando que el viejo axioma según el cual la tecnología siempre ha creado más trabajos que los que ha destruido ya no es válido. Aunque en el pasado eso era cierto, ya no lo es, porque los avances tecnológicos están sucediendo cada vez más rápido, tal como lo estipula la ley de Moore, y no están dando tiempo para crear suficientes nuevos empleos, dicen.
Una de las causas del creciente desempleo tecnológico es que gran parte de los actuales avances se dan en el campo del software, que genera mucho menos empleo que las industrias manufactureras de los siglos XIX y XX, afirman los tecnopesimistas.
El caso más reciente de creación de empleos por disrupción tecnológica es el de Amazon, la mayor tienda virtual del mundo. Amazon aumentó 50% el número de robots de transporte y carga en sus depósitos en 2016 —de 30 000 a 45 000 robots— para agilizar sus operaciones. Cuando salió la noticia, hubo especulaciones en la prensa de que la robotización de los depósitos de Amazon resultaría en la pérdida de 15 000 empleos. Sin embargo, ocurrió lo contrario: Amazon contrató a 50% más gente en el mismo periodo y anunció en su reporte del cuarto trimestre de 2016 que tenía planeado crear 100 000 nuevos puestos de trabajo durante los siguientes 18 meses.
Amazon explicó que gracias a que los robots son mucho más eficientes para descargar paquetes pesados de los camiones y colocarlos en los estantes de los depósitos, y también para llevarlos a los camiones de distribución, la empresa logró reducir significativamente sus costos de almacenamiento y transporte. Eso le permitió reducir sus precios y hacer que más gente comprara productos en Amazon, lo que produjo un aumento en la demanda que obligó a la empresa a contratar a más empleados para sus departamentos de ventas.
Frey, el economista de la Universidad de Oxford, me dijo que la mayor parte de los empleos del futuro se van a orientar al sector de los servicios personalizados, que “van a depender más de las preferencias de los consumidores y de una mayor demanda por servicios más personales, que son más difíciles de automatizar. No estoy pronosticando tanto un mundo de desempleados, sino un mundo continuamente más polarizado, donde veremos algunos pocos nuevos empleos en industrias tecnológicas y mucha demanda por servicios personales, que típicamente son peor pagados”.

¿Qué pasará cuando, gracias al internet de las cosas, el refrigerador llame directamente al servicio de reparación por una alarma falsa? O, lo que es mucho más peligroso, ¿qué pasará cuando se equivoque un robot en una cirugía de corazón abierto o en un diagnóstico de cáncer? ¿O cuando la torre de ametralladoras automatizada de Corea del Sur deje de tener un controlador humano y dispare por una “falla técnica” contra Corea del Norte? Los tecnooptimistas dirán que las posibilidades de que eso ocurra serán infinitamente menores a las equivocaciones que ocurren hoy en día por errores humanos. Sin embargo, es un tema que requiere más atención de la que le estamos dando. Antes de que las máquinas inteligentes se vuelvan tan astutas que puedan gobernar el mundo, deberíamos preocuparnos por una amenaza mucho más elemental: que simplemente se vuelvan locas.
A largo plazo, soy un tecnooptimista. La automatización del trabajo traerá consigo un enorme aumento de la productividad que abaratará los productos y producirá un crecimiento económico que nos beneficiará a todos. Pero a corto plazo, hasta que el aumento de la productividad se traduzca en ingresos masivos para nuestros países y nos pongamos de acuerdo en cómo distribuirlos mejor, muchos trabajadores quedarán desempleados y marginados.
La transformación a un mundo automatizado será cruel y creará terremotos sociales, como ya los está produciendo en muchos países industrializados. Los nuevos movimientos nacionalistas y racistas —que, como lo hace el presidente Donald Trump, culpan equivocadamente a los migrantes por las pérdidas de empleos y el deterioro de salarios.

La inteligencia artificial será crucial para procesar los datos y analizar millones de documentos en cuestión de segundos, pero siempre será necesario que los periodistas vayan a los lugares y certifiquen que los algoritmos no se hayan equivocado por algún error de quienes les dieron los datos. Hará falta el sentido común de los humanos. La conclusión final del estudio es que “la inteligencia artificial puede aumentar las capacidades del periodismo, pero nunca reemplazará al periodismo. La inteligencia artificial podrá ayudar en el proceso de reportar las noticias, pero los periodistas siempre van a ser necesarios para atar los cabos sueltos y construir una narrativa fácil de digerir y creativa”.
Estoy de acuerdo, aunque en el camino se perderán muchos trabajos de periodistas. El periodismo será cada vez menos un refugio para los negados a las matemáticas y cada vez más una profesión que requerirá analistas de datos, ingenieros y reporteros todoterreno capaces de trabajar en conjunto con sus colegas del mundo escrito, visual y auditivo para integrar estos medios en la narración de las noticias. La esencia del periodismo no cambiará, aunque la forma de presentar las noticias y los análisis noticiosos será muy distinta.

La mayor amenaza para los trabajos de los empleados bancarios no serán los robots recepcionistas, como Pepper, sino el cierre de sucursales bancarias por el creciente uso de servicios bancarios en línea, la gradual desaparición del dinero en efectivo y la sustitución de muchos bancos tradicionales por bancos virtuales, o sea, instituciones financieras que operan exclusivamente en internet.
Cada vez más gente en los países desarrollados está usando su teléfono celular, tableta, computadora personal o los cajeros automáticos para sus transacciones bancarias, y cada vez menos gente necesita interactuar con un empleado bancario de carne y hueso. Según una encuesta de clientes de bancos realizada por la compañía consultora Accenture en 2015, un cliente bancario promedio en Estados Unidos interactúa con su banco unas 17 veces por mes, de las cuales 15 consisten en contactos “no humanos”, incluyendo transacciones por celulares, tabletas, consultas telefónicas a centros de atención al público robotizados y retiros de cajeros automáticos.
Ya hay pueblos como Windsor, una población de 6 200 personas en el norte del estado de Nueva York, donde no queda ningún banco: el último que existía, First Niagara Bank, cerró sus puertas en 2017. Hay unos 1 100 pueblos como Windsor que se han quedado sin bancos “y esa cifra podría duplicarse fácilmente si siguen cerrando los pequeños bancos comunitarios”.
Es probable que las sucursales bancarias no desaparezcan por completo, sino que —con mucho menos empleados que ahora— cumplan un papel de asesoramiento y consulta, en lugar de dedicarse a las transacciones bancarias. Físicamente se parecerán más a salas de estar, con sillones cómodos y obras de arte en las paredes, donde los clientes se sentarán a tomar un café con un asesor bancario, en lugar de hacer cola y terminar parados detrás de un mostrador.
En Estados Unidos, los bancos virtuales como Betterment.com y Nutmeg.com cobran una comisión de administración de fondos de alrededor de 0.25% por año, mucho menor que el 1% que cobran los bancos físicos. Y además, se jactan de tener algoritmos tanto o más sofisticados que los de los bancos físicos.
“Ese 30% de los empleos que se perderán no será cambiado por un número equivalente de otros empleos. Lo más probable es que 20 empleados administrativos cuyos trabajos desaparecerán por la automatización serán reemplazados por un analista de datos”

Los robots cirujanos se han usado desde la década de 1980 y proliferaron en la década de 1990 después de que se pusieron de moda las laparoscopías o intervenciones mediante pequeñas incisuras que permiten introducir cámaras y aparatos quirúrgicos en el abdomen para realizar operaciones sin necesidad de abrir el vientre. Estas operaciones se popularizaron por ser menos invasivas, dejar menos cicatrices y permitir que los pacientes salieran antes del hospital. Años más tarde, el uso de robots cirujanos se popularizó aún más con la aparición del Da Vinci, de la empresa Intuitive Surgical —un cirujano robótico que primero fue usado para cirugías cardiovasculares y luego para operaciones ginecológicas y urinarias— y otros como el Renaissance, para cirugías de la columna. Según una encuesta de cirujanos estadounidenses, las operaciones con robots aumentarán de 15% en la actualidad a 35% en 2021. El principal motivo por el que no hay más cirujanos robots hoy en día es su alto costo, ya que la mayoría de ellos cuesta más 1.5 millones de dólares, dice el estudio.
Los críticos, sin embargo, señalan que el aumento del uso de robots cirujanos es más un fenómeno de marketing que otra cosa. Según esta visión, muchos hospitales privados en Estados Unidos están usando robots como estrategia publicitaria para dar una imagen de modernidad y atraer a más pacientes. Mucha gente presupone automáticamente que los robots se equivocan menos que los cirujanos de carne y hueso, y le atraen los anuncios de hospitales que aducen tener las últimas tecnologías médicas, dicen los escépticos. Cuando le pregunté al respecto, Kraft me dijo que hay un poco de todo, pero el uso creciente de robots cirujanos será un fenómeno gradual e imparable.
Varias especialidades de los médicos serán reemplazadas por las máquinas inteligentes y sustituidas por otras, como el análisis de datos, la genética y la ingeniería robótica. Los médicos seguirán existiendo, pero su principal misión será la de monitorear de forma permanente la información de nuestros sensores, interpretar los diagnósticos, las aplicaciones de nuestros teléfonos inteligentes y nuestros laboratorios médicos caseros, ayudarnos a escoger las dietas, las medicinas y los tratamientos que nos recomendarán las máquinas inteligentes, y darnos consejos prácticos y apoyo anímico durante el proceso. En otras palabras, los médicos serán cada vez menos reparadores de órganos enfermos y cada vez más consejeros de conductas que potencien nuestra salud. Y —en eso sí tiene razón Chopra— los médicos que no se adapten a esto se volverán irrelevantes.

El auge de los cursos universitarios en línea es otro indicio de que la educación terciaria tradicional —en la que los estudiantes van a edificios y se sientan en clases— está en crisis. Los cursos universitarios masivos en línea, conocidos por sus siglas en inglés como MOOC, se dispararon en los últimos años, y cada vez más universidades están ofreciendo carreras con certificados.
Habrá más docentes en las próximas décadas, por el crecimiento poblacional, porque habrá cada vez más gente que estudiará en forma intermitente durante toda su vida y porque los trabajos del futuro requerirán más educación terciaria. Pero el papel del docente universitario cambiará, ya que habrá menos impartidores de conocimiento y más psicólogos, motivadores personales e ingenieros que programen y aceiten a los robots.
Las máquinas inteligentes serán insuperables para impartir la educación informativa, gracias a su paciencia infinita, su tiempo ilimitado y su capacidad para contestar cualquier pregunta en forma personalizada según las necesidades de cada estudiante. Pero harán falta docentes humanos para guiar, motivar y formar éticamente a los estudiantes. Y a medida que los robots hagan cada vez más trabajos rutinarios de trabajadores manufactureros, meseros y recepcionistas, habrá cada vez más necesidad de contratar a analistas de datos, ingenieros y otros profesionales que requieren estudios universitarios. En el futuro, si la gente no quiere trabajar para un robot, tendrá que estudiar para manejar un robot.

Con la expansión del internet de las cosas —que permite que las cosas se comuniquen entre sí por internet gracias a los sensores que transmiten datos—, harán falta programadores y expertos en sensores que puedan supervisar la comunicación entre las máquinas de las fábricas. Las máquinas tienen cada vez más sensores comunicados entre sí, que se avisan cuándo terminan un proceso y deben comenzar otro. Pero harán falta los especialistas que sepan monitorear los sensores, repararlos cuando se dañen y asegurarse de que estén bien coordinados.
A medida que las plantas manufactureras se automaticen, será necesario tener técnicos calificados, con mucho mayor preparación que los trabajadores del pasado. Será cada vez más difícil distinguir entre jefes y obreros: todos estarán monitoreando las hileras de robots o las impresoras 3D, resolviendo problemas y pensando en nuevos productos, o en nuevos procesos de producción. Los humanos que convivan con los robots en las nuevas fábricas manufactureras estarán ahí por su trabajo mental, no por su trabajo manual.

La idea de que los robots produzcan cada vez más, hagan crecer la economía y nos paguen un sueldo a los humanos está ganando muchos adeptos y no sólo entre los líderes tecnológicos como Mark Zuckerberg. La ciudad de Stockton, en California, planeaba comenzar a implementar en 2018 un experimento de pagar un ingreso básico universal sin condicionamientos de 6 000 dólares para sus residentes. La provincia canadiense de Ontario había lanzado una prueba similar en 2017, anunciando que unos 4 000 residentes comenzarían a recibir casi 17 000 dólares anuales en el caso de personas solteras y hasta 24 000 dólares en el caso de parejas. En Finlandia, Gran Bretaña, Kenia y otros países se estaban desarrollando experimentos similares. Hasta los tecnooptimistas —o tecnoutópicos, según se les mire— como Diamandis están aceptando con entusiasmo esta idea como un remedio contra el desempleo tecnológico.
“¿No sería una buena idea dar un ingreso básico universal y pedirle a la gente que a cambio de eso destine una parte de su tiempo a servicios comunitarios? Por ejemplo, se podría pedir a la gente con pocos estudios que dedique cinco horas por semana a limpiar un parque y a la gente con mayor educación que le dé clases particulares de matemáticas a un niño rezagado en la escuela. Muchos estudiantes con alguna dificultad de aprendizaje podrían tener un tutor particular, un lujo que hoy sólo pueden darse los ricos. ¿Por qué no diseñar programas de ingresos básicos que cumplan una función social?
“En principio no lo vería mal. Mi temor es que si lo administra el Estado, esto podría producir altos costos administrativos y una gran burocracia”.

En el futuro inmediato, mientras naveguemos en la transición hacia un mundo cada vez más robotizado, tendremos que adaptarnos, actualizarnos, reinventarnos y buscar nuevos nichos en un universo laboral constantemente cambiante y a menudo turbulento. A corto plazo, hasta que las cosas se reacomoden para bien, como siempre ha ocurrido en el pasado, la consigna deberá ser: “¡Sálvese quien pueda!.

Posibles profesiones de futuro:
1) Los asistentes de salud: el aumento de la expectativa de vida y el envejecimiento de la población mundial harán que los trabajos que tienen que ver con el cuidado de la salud —incluyendo los consejeros médicos que nos ayudarán a interpretar los diagnósticos de las computadoras, las enfermeras, los psicólogos, los nutricionistas, los masajistas y los entrenadores físicos— sobrevivan a la automatización y sean cada vez más importantes.
2) Los analistas de datos, ingenieros de datos y programadores: los datos serán el producto más valioso en los próximos años —el petróleo el siglo XXI, como ya los llaman muchos— y quienes se dediquen a su exploración y análisis tendrán trabajo asegurado. Ya hoy todo tipo de industrias —desde bancos hasta restaurantes— están reclutando a la mayor cantidad de analistas e ingenieros de datos que puedan para identificar nuevos clientes y retener los que ya tienen. El crecimiento de las clases medias de China, India y otros países emergentes resultará en un aumento de 1 000 millones de consumidores en el mundo para 2025, y un incremento de 50% en el gasto mundial en tecnología para 2030.
3) Los policías digitales: a medida que la economía se traslada al mundo digital, hará falta proteger cada vez más a las empresas contra los ataques cibernéticos. Así como cualquier empresa tiene un policía en la puerta, cualquier negocio deberá tener un policía digital, o muchos, para que sus datos no sean robados por algún adolescente travieso, un grupo de ciberespionaje profesional ruso, los gobiernos de Corea del Norte o China.
4) Los asesores de ventas: gracias a la mayor productividad y el crecimiento de las clases medias, el consumo mundial aumentará más de 23 trillones de dólares entre 2015 y 2030, según el McKinsey Global Institute. Y a medida que las tiendas físicas sean reemplazadas por el comercio en línea, harán falta especialistas que puedan asesorar al público sobre las cualidades y el precio de cada producto. Los asesores de ventas reemplazarán a lo que hoy llamamos vendedores. En algunos casos se llamarán especialistas o genios, como ya se autodenominan quienes atienden al público en las tiendas de Apple.
5) Los cuidadores y programadores de robots: las ventas de robots industriales a escala mundial se quintuplicarán de 253 000 unidades vendidas en 2015 a casi 1.3 millones de unidades en 2025, lo cual requerirá muchos ingenieros y mecánicos para darles apoyo técnico. Harán falta desde ingenieros en robótica para aceitarlos hasta programadores para actualizar su software.
6) Los profesores y maestros: con la creciente automatización de los empleos, harán falta cada vez más profesores y maestros para educar a la gente a manejar los robots y realizar tareas cada vez más sofisticadas. Habrá dos tipos de empleos: aquellos en que los robots supervisarán a los humanos y aquellos en que los humanos supervisarán a los robots. Y estos últimos serán los mejor remunerados y los que requerirán mayor educación. El viejo esquema en el que uno estudiaba de joven y aplicaba lo que había aprendido durante el resto de su vida se ha vuelto obsoleto.
7) Los especialistas en energías alternativas: con la creciente alarma mundial por el cambio climático y el abaratamiento de los costos de las energías limpias, como la energía solar y eólica, surgirán decenas de carreras relacionadas con las nuevas industrias verdes. Se necesitarán cada vez más científicos especializados en energías renovables, y arquitectos e ingenieros encargados de montar plantas y hacer que las fábricas, los edificios y los vehículos sean más eficientes o se conviertan para poder usar energías alternativas.
8) Los artistas, deportistas y creadores de entretenimiento: a medida que el promedio de la gente está trabajando menos horas y tiene cada vez más trabajos temporales y flexibles, habrá más tiempo para el ocio y más necesidad de contratar trabajadores en industrias creativas como el cine —ya sea en pantallas o en visores de realidad virtual—, la música, el arte y la literatura. El acortamiento de la semana laboral que ya estamos viendo en países como Holanda generará una mayor demanda de contenido para entretener a la población. El auge de las series de televisión de Netflix, HBO y Amazon ya es prueba de este fenómeno.
9) Los creadores y diseñadores de contenidos comerciales: a medida que aumenta el comercio en línea y los consumidores toman sus decisiones de acuerdo con lo que ven en internet, harán falta más creadores de contenidos visuales, diseñadores y escritores de blogs y artículos publicados en redes sociales para promocionar empresas y productos.
10) Los consejeros espirituales: los sacerdotes, imanes y rabinos tendrán su trabajo asegurado durante mucho tiempo, así como todos los demás guías espirituales. Como ya ha ocurrido desde hace varios años, la disgregación de las familias y la creciente soledad de la gente en la era de las comunicaciones digitales están generando una mayor necesidad de contratar gurúes espirituales para que le encontremos un sentido a nuestra vida.

Undoubtedly a very good book that serves for reflection and debate.
Since a study at the University of Oxford predicted that 47% of jobs run the risk of being replaced by robots and computers with artificial intelligence in the United States during the next 15 or 20 years, I could not stop thinking about the future of the works. How many people will lose their jobs due to the increasing automation of work in the immediate future? The phenomenon is not new, but it has never happened so quickly before. Technology has been destroying jobs since the Industrial Revolution of the late eighteenth century, but until now human beings have always managed to create many more jobs than we had wiped out with technology. Can we continue creating more opportunities than we eliminate?
Kodak, an icon of the photographic industry that had 140,000 employees, was pushed into bankruptcy in 2012 by Instagram, a small business with just 13 employees that knew how to anticipate Kodak in digital photography. Blockbuster, the chain of movie rental stores that had 60,000 employees worldwide, had gone bankrupt shortly before for not being able to compete with Netflix, another small company that started sending home movies with barely 30 employees. .
What are the big companies responding to all this? The response of the vast majority of companies that are automating their operations is that – far from reducing jobs – they are increasing productivity and creating new jobs for their employees. Should we believe them? Or are they telling us fairy tales, or a half truth that may be true at the time it was said, but that is not sustainable over time? And if what they say is not true, what will be the jobs that will disappear and which ones will replace them?
The discontent of workers in traditional industries has led to the emergence of nationalist, protectionist and anti-globalization parties in the United States and several European countries. In the United States, President Donald Trump managed to win the 2016 election in large part by exploiting workers’ anxieties and blaming undocumented migrants for taking jobs and dropping the wages of American workers. However, what was causing job losses and reducing wages was not migration, but the automation of work. The impact of this phenomenon will become increasingly clear. If we do not find a solution to the dislocations that are coming in some key areas of the world of work, even more convulsive times will come in the world.

The algorithm of Frey and Osborne produced a ranking that begins with jobs that have a 99% chance of being replaced by robots, drones, vehicles that operate alone and other intelligent machines. In that category, according to the algorithm, there are telemarketers -or sellers that offer products over the phone, which have already been replaced by robots in many countries-, insurance salesmen, account auditors, librarians and customs agents. . These occupations will be replaced by computer programs that can accumulate information, process it and make projections for the future much better than humans, the algorithm concluded.
Among the jobs with 98% chance of disappearing in the next 15 or 20 years, the study cited administrative employees, bank employees dedicated to analyzing and processing loans and insurers of insurance companies, whose routine tasks can be easily emulated by artificial intelligence. And in the same category of risk of disappearance are curiously the sports referees.
Among the jobs with a 97% probability of disappearing are the telephone operators and the sellers in the stores, which are already being replaced by electronic commerce and by human-looking robots (or humanoids), which can now answer questions from the customers, in the same way that Siri, Alexa, Cortana and other virtual assistants can answer us when we ask for an address or some other information to our smartphones or speakers. Other jobs that run 97% risk of disappearing, according to the study, are those of real estate agents, which like travel agents are being replaced by internet portals that allow us to virtually visit the homes they want to show us, as well as ATMs, which are already being replaced by price reading machines in many stores and supermarkets.
Among the jobs that run up to 97% chance of being eliminated are, to my surprise, those of receptionists and waiters of restaurants and hotels.
The robots are doing more and more work in the companies of lawyers, and offering legal services outside of them. The American law firm DLA Piper, one of the largest in the world, with more than 4,000 lawyers in 30 countries, contracted in 2016 the computer program of the artificial intelligence company Kira Systems to analyze corporate contracts and propose corrections, tasks that until then did the young lawyers who had just joined the firm. Simultaneously, many law firms were beginning to use legal services internet platforms such as LegalZoom and Rocket Lawyer to collect data, something that began to displace many legal assistants who previously performed that task.
What’s more, online platforms such as LegalZoom and Rocket Lawyer are already offering customer services, such as deeds, contracts and even divorces. In other words, their algorithms are passing over to lawyers and they are offering automated legal services that are much cheaper for clients.

The technoskeptics have serious doubts that all these technological advances lead us to a happy world. They predict a huge increase in unemployment, arguing that the old axiom that technology has always created more jobs than the ones it has destroyed is no longer valid. Although that was true in the past, it is not, because technological advances are happening faster and faster, as stipulated by Moore’s Law, and they are not giving time to create enough new jobs, they say.
One of the causes of the growing technological unemployment is that much of the current progress is in the field of software, which generates much less employment than the manufacturing industries of the nineteenth and twentieth centuries, say the techno-pessimists.
The most recent case of job creation due to technological disruption is that of Amazon, the largest virtual store in the world. Amazon increased the number of transport and cargo robots in its deposits by 50% in 2016 – from 30,000 to 45,000 robots – to streamline its operations. When the news came out, there was speculation in the press that the robotization of Amazon deposits would result in the loss of 15,000 jobs. However, the opposite happened: Amazon hired 50% more people in the same period and announced in its fourth quarter 2016 report that it planned to create 100,000 new jobs over the next 18 months.
Amazon explained that because robots are much more efficient at unloading heavy packages from trucks and placing them on the shelves of warehouses, and also to take them to distribution trucks, the company managed to significantly reduce its storage and transportation costs. That allowed him to reduce his prices and make more people buy products on Amazon, which produced an increase in demand that forced the company to hire more employees for its sales departments.
Frey, the economist at the University of Oxford, told me that most of the jobs of the future will be aimed at the personalized services sector, which “will depend more on the preferences of consumers and a greater demand for more personal services, which are more difficult to automate. I am not forecasting a world of unemployed people, but a continually more polarized world, where we will see a few new jobs in technology industries and a lot of demand for personal services, which are typically lower paid”.

What will happen when, thanks to the internet of things, the refrigerator calls the repair service directly for a false alarm? Or, what is much more dangerous, what happens when a robot is mistaken in an open heart surgery or in a diagnosis of cancer? Or when the automated machine gun tower of South Korea stops having a human controller and shoots for a “technical failure” against North Korea? The techno-optimists will say that the chances of that happening will be infinitely less than the mistakes that occur today due to human errors. However, it is a subject that requires more attention than we are giving it. Before intelligent machines become so cunning that they can rule the world, we should worry about a much more elemental threat: that they simply go crazy.
In the long term, I am a techno-optimist. The automation of work will bring with it a huge increase in productivity that will cheapen the products and produce economic growth that will benefit us all. But in the short term, until the increase in productivity is translated into massive revenues for our countries and we agree on how to distribute them better, many workers will be unemployed and marginalized.
The transformation to an automated world will be cruel and will create social earthquakes, as it is already occurring in many industrialized countries. The new nationalist and racist movements – which, as President Donald Trump does, mistakenly blame migrants for job losses and deteriorating wages.

Artificial intelligence will be crucial to process data and analyze millions of documents in a matter of seconds, but it will always be necessary for journalists to go to places and certify that the algorithms have not been mistaken by some error of those who gave them the data. It will take the common sense of humans. The final conclusion of the study is that “artificial intelligence can increase the capabilities of journalism, but it will never replace journalism. Artificial intelligence can help in the process of reporting the news, but journalists will always be necessary to tie loose ends and build a narrative that is easy to digest and creative. ”
I agree, although many journalists’ jobs will be lost along the way. Journalism will become less and less a refuge for those denied to mathematics and increasingly a profession that will require data analysts, engineers and off-road reporters capable of working together with their colleagues in the written, visual and auditory world to integrate these media into the narration of the news. The essence of journalism will not change, although the way of presenting the news and news analysis will be very different.

The biggest threat to the jobs of bank employees will not be the robot receptionists, like Pepper, but the closure of bank branches due to the growing use of online banking services, the gradual disappearance of cash and the replacement of many traditional banks by virtual banks, that is, financial institutions that operate exclusively on the internet.
More and more people in developed countries are using their cell phone, tablet, personal computer or ATMs for their banking transactions, and fewer and fewer people need to interact with a real-life bank employee. According to a survey of bank clients conducted by the consulting company Accenture in 2015, an average bank customer in the United States interacts with your bank about 17 times per month, of which 15 consist of “non-human” contacts, including mobile transactions, tablets, telephone consultations to robotic customer service centers and withdrawals from ATMs.
There are already towns like Windsor, a population of 6,200 people in the north of the state of New York, where there is no bank left: the last one, First Niagara Bank, closed its doors in 2017. There are about 1 100 towns like Windsor that they have run out of banks “and that figure could easily double if they continue to close small community banks.”
It is likely that the bank branches do not disappear completely, but that – with much fewer employees than now – they fulfill a role of advice and consultation, instead of engaging in banking transactions. Physically they will look more like living rooms, with comfortable armchairs and works of art on the walls, where customers will sit down for a coffee with a banking advisor, instead of standing in line and ending up standing behind a counter.
In the United States, virtual banks such as Betterment.com and Nutmeg.com charge a fund administration fee of around 0.25% per year, much less than the 1% charged by physical banks. And also, they boast of having algorithms as much or more sophisticated than those of physical banks.
“That 30% of jobs that will be lost will not be changed by an equivalent number of other jobs. Most likely, 20 administrative employees whose jobs will disappear due to automation will be replaced by a data analyst. ”

Surgeon robots have been used since the 1980s and proliferated in the 1990s after laparoscopies or interventions were made fashionable through small incisions that allow cameras and surgical devices to be inserted into the abdomen to perform operations without opening the belly. These operations were popularized because they were less invasive, leaving fewer scars and allowing patients to leave before hospital. Years later, the use of robot surgeons became even more popular with the appearance of Da Vinci, from the company Intuitive Surgical -a robotic surgeon who was first used for cardiovascular surgeries and then for gynecological and urinary operations- and others such as the Renaissance, for surgeries of the spine. According to a survey of American surgeons, operations with robots will increase from 15% today to 35% in 2021. The main reason why there are no more robotic surgeons today is their high cost, since most of them cost plus 1.5 million dollars, says the study.
Critics, however, point out that the increased use of robot surgeons is more of a marketing phenomenon than anything else. According to this vision, many private hospitals in the United States are using robots as an advertising strategy to give an image of modernity and attract more patients. Many people automatically assume that robots are less mistaken than flesh-and-blood surgeons, and they are attracted to hospital ads that claim to have the latest medical technologies, skeptics say. When I asked him about it, Kraft told me that there is a bit of everything, but the growing use of robot surgeons will be a gradual and unstoppable phenomenon.
Several specialties of physicians will be replaced by intelligent machines and replaced by others, such as data analysis, genetics and robotic engineering. The doctors will continue to exist, but their main mission will be to permanently monitor the information of our sensors, interpret the diagnoses, the applications of our smartphones and our home medical laboratories, help us choose the diets, medicines and treatments that They will recommend the intelligent machines, and give us practical advice and encouragement during the process. In other words, doctors will be less and less repairers of diseased organs and more and more counselors of behaviors that enhance our health. And – in that Chopra is right – doctors who do not adapt to this will become irrelevant.

The rise of online university courses is another indication that traditional tertiary education – in which students go to buildings and sit in classes – is in crisis. Massive online university courses, known by their acronym in English as MOOC, have skyrocketed in recent years, and more and more universities are offering degrees with certificates.
There will be more teachers in the coming decades, due to population growth, because there will be more and more people who will study intermittently throughout their lives and because the jobs of the future will require more tertiary education. But the role of the university teacher will change, since there will be fewer knowledge providers and more psychologists, personal motivators and engineers who program and ocelize the robots.
The intelligent machines will be unsurpassed to impart information education, thanks to their infinite patience, their unlimited time and their ability to answer any question in a personalized way according to the needs of each student. But it will take human teachers to guide, motivate and ethically train students. And as robots make more and more routine jobs for manufacturing workers, waiters and receptionists, there will be an increasing need to hire data analysts, engineers and other professionals who need university studies. In the future, if people do not want to work for a robot, they will have to study to operate a robot.

With the expansion of the internet of things, which allows things to communicate with each other on the Internet thanks to the sensors that transmit data, will require programmers and experts in sensors that can monitor the communication between the machines of the factories. Machines have more and more sensors communicated with each other, which warn when they finish a process and must start another. But it will take specialists who know how to monitor the sensors, repair them when they are damaged and make sure they are well coordinated.
As the manufacturing plants are automated, it will be necessary to have qualified technicians, with much more preparation than the workers of the past. It will be increasingly difficult to distinguish between bosses and workers: everyone will be monitoring the rows of robots or 3D printers, solving problems and thinking about new products, or new production processes. The humans who live with the robots in the new manufacturing factories will be there for their mental work, not for their manual work.

The idea that robots produce more and more, make the economy grow and pay us a salary to humans is gaining many followers and not only among technology leaders like Mark Zuckerberg. The city of Stockton, in California, planned to begin implementing in 2018 an experiment to pay a basic universal income without conditions of $ 6,000 for its residents. The Canadian province of Ontario had launched a similar test in 2017, announcing that some 4,000 residents would start receiving almost $ 17,000 per year in the case of single people and up to $ 24,000 in the case of couples. Similar experiments were being developed in Finland, Great Britain, Kenya and other countries. Even technooptimists-or techno-opticians, depending on how you look at them-like Diamandis are enthusiastically accepting this idea as a remedy against technological unemployment.
“Would not it be a good idea to give a basic universal income and ask people to devote part of their time to community services instead? For example, people with few studies may be asked to spend five hours a week cleaning a park and more educated people who give math tutoring to a child who is behind in school. Many students with some learning difficulty could have a private tutor, a luxury that only the rich can afford today. Why not design basic income programs that fulfill a social function?
“In principle I would not see it wrong. My fear is that if the State administers it, this could produce high administrative costs and a large bureaucracy. ”

In the immediate future, while navigating in the transition towards an increasingly robotized world, we will have to adapt, update, reinvent ourselves and look for new niches in a constantly changing and often turbulent work universe. In the short term, until things are adjusted for good, as has always happened in the past, the slogan should be: “Save yourself who can!

Possible professions of the future:
1) Health assistants: the increase of the life expectancy and the aging of the world population will make the jobs that have to do with health care -including the medical advisors that will help us to interpret the diagnoses of the computers , nurses, psychologists, nutritionists, massage therapists and physical trainers – survive automation and become increasingly important.
2) Data analysts, data engineers and programmers: the data will be the most valuable product in the coming years-oil in the 21st century, as many call it-and those who devote themselves to its exploration and analysis will have assured work. Today, all kinds of industries – from banks to restaurants – are recruiting as many data analysts and engineers as possible to identify new clients and retain the ones they already have. The growth of the middle classes in China, India and other emerging countries will result in an increase of 1 billion consumers worldwide by 2025, and a 50% increase in global technology spending by 2030.
3) The digital police: as the economy moves to the digital world, it will be necessary to protect companies more and more against cyber attacks. Just as any company has a police officer at the door, any business should have a digital police, or many, so that their data is not stolen by some mischievous teenager, a Russian professional cyber-espionage group, the governments of North Korea or China.
4) Sales consultants: thanks to increased productivity and growth of the middle classes, global consumption will increase more than 23 trillion dollars between 2015 and 2030, according to the McKinsey Global Institute. And as physical stores are replaced by online commerce, specialists will need to be able to advise the public on the qualities and price of each product. Sales consultants will replace what we now call sellers. In some cases they will be called specialists or geniuses, as they already call themselves those who serve the public in Apple stores.
5) Robot Caregivers and Programmers: Sales of industrial robots worldwide will increase fivefold from 253,000 units sold in 2015 to almost 1.3 million units in 2025, which will require many engineers and mechanics to give them technical support. It will take engineers from robotics to oiling them to programmers to update their software.
6) Teachers and teachers: with the increasing automation of jobs, more and more teachers and teachers will be needed to educate people to handle robots and perform increasingly sophisticated tasks. There will be two types of jobs: those in which robots will supervise humans and those in which humans will supervise robots. And the latter will be the best paid and those that will require more education. The old scheme in which one studied as a young man and applied what he had learned during the rest of his life has become obsolete.
7) Specialists in alternative energies: with the growing global alarm about climate change and the reduction in costs of clean energies, such as solar and wind energy, dozens of careers related to the new green industries will emerge. More and more scientists specialized in renewable energies will be needed, as well as architects and engineers in charge of setting up plants and making factories, buildings and vehicles more efficient or converted to be able to use alternative energies.
8) Artists, athletes and creators of entertainment: as the average of people is working fewer hours and has more and more temporary and flexible jobs, there will be more time for leisure and more need to hire workers in creative industries such as cinema -either on screens or virtual reality viewers-, music, art and literature. The shortening of the working week that we are already seeing in countries like the Netherlands will generate a greater demand for content to entertain the population. The rise of the Netflix, HBO and Amazon television series is already proof of this phenomenon.
9) The creators and designers of commercial content: as online commerce increases and consumers make their decisions according to what they see on the Internet, more creators of visual content, designers and writers of blogs and articles published in social networks to promote companies and products.
10) Spiritual counselors: priests, magnets and rabbis will have their work secured for a long time, as well as all other spiritual guides. As has been the case for several years, the disintegration of families and the growing loneliness of people in the era of digital communications are generating a greater need to hire spiritual gurus.

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