21 Lecciones Para El Siglo XXI — Yuval Noah Harari / 21 Lessons for the 21st Century by Yuval Noah Harari

A destacar todos los libros de este autor y valoro mucho cuando en lugar de una montaña de datos me aportan discernimiento y claridad. Este libro trata sobre los retos que encara la humanidad en el momento actual. Está escrito con la claridad y pedagogía que caracteriza al autor y es notorio el esfuerzo de documentación y trabajo en equipo que hay detrás. Muy recomendable para quien quiera reflexionar y desee orientarse mejor en su vida. Para mi es su peor libro de los 3 y sigue siendo sobresaliente.

Los dos libros anteriores de Harari, Sapiens (que exploraron nuestro pasado) y Homo Deus (que consideran nuestro futuro potencial en base a los desarrollos actuales), son aspectos excepcionales y detallados de una amplia gama de temas. En 21 Lecciones para el siglo XXI, desglosa estos temas más amplios en capítulos digeribles que son prácticos, relevantes y convincentes.
Muchas de las ideas aquí son las que exploré en sus trabajos anteriores, aunque encontré que revisarlos de nuevo me ayudaron y reforzaron; también les permiten a los nuevos lectores comprender sus teorías sin tener que trabajar en sus libros anteriores (lo que los lectores interesados ​​deberían hacer de todos modos). Además, organiza estas ideas en cinco grandes temas: el desafío tecnológico, el desafío político, la desesperación y la esperanza, la verdad y la resiliencia, y cada capítulo tiene un título (por ejemplo, “Libertad”) y un concepto central ( por ejemplo, “Big Data te está mirando”). Harari a menudo hace un buen trabajo atando un capítulo al siguiente, haciendo que todo el trabajo sea un argumento cohesivo en lugar de una serie de reflexiones no relacionadas.
Harari escribe desde una posición de autoridad no porque haya obtenido un doctorado en historia de Oxford, sino porque es reflexivo, perspicaz, conocedor y confía en la beca de muchos otros. Tiene la capacidad de construir argumentos poderosos a través de la investigación, la historia, los filósofos, el estudio cultural y sus propias ideas y análisis, y está bastante dispuesto a sugerir defectos en los argumentos de los grupos en ambos lados de cualquier tema: religioso, político, nacionalista, cultural, etc. Pero lo que más aprecio de esto es su repetida admonición de que no sabemos tanto como creemos que hacemos. Esto le permite tomar una posición de “guía en el costado” en lugar de ser un “sabio en el escenario” y, por lo tanto, se reta al lector a considerar los argumentos y encontrar puntos de acuerdo o desacuerdo.
Entonces, sí, hay áreas en las que una persona razonable podría estar en desacuerdo con Harari en términos de contenido y presentación. En un momento argumentó que dado que todas las experiencias son creadas por uno mismo, “Lo que sea que puedas sentir en Fiyi, puedes sentir en cualquier parte del mundo”. Creo que algunas experiencias son tan exclusivas de la ambientación y el contexto que solo ocurrirán en ese entorno específico (que incluye no solo a Fiji, sino a los “Atracadores del arca perdida” en la pantalla grande o asistiendo a un concierto de Bruce Springsteen). Su sección sobre “Desesperación y esperanza” es pesada en la desesperación y la luz (quizás ausente) de la esperanza, y su sección sobre la resiliencia se centra más en los desafíos que enfrentamos que en cómo podemos superarlos.
De hecho, Harari ofrece pocas soluciones a los numerosos problemas que describe. Curiosamente, su cierre del libro con Meditación sugiere que esto es lo más cercano que tiene a una respuesta, y en cierto sentido esto es correcto; dado su énfasis en la conciencia de nuestros desafíos, la práctica de prestar atención es fundamental. Sin embargo, él describe la meditación como un método para aliviar el sufrimiento personal al reconocer que todas las experiencias son creadas por uno mismo porque no hay una verdad objetiva, y la implicación parece ser que aliviar el sufrimiento es, por lo tanto, un objetivo central. Esto no significa que debemos concentrarnos en aliviar el sufrimiento de los demás, ya que comparte una anécdota de una persona que dice que su propósito en la vida era ayudar a los demás, pero “lo que todavía no he descubierto es por qué las otras personas están aquí”. ” ¿Harari cree que si todos aliviaran el sufrimiento personal estarían felices? ¿Importa si no hay un significado más amplio de la vida en términos de nuestra felicidad, cuando muchas investigaciones indican que una sensación de significado y propósito es lo que nos hace más felices? ¿Es un objetivo de la vida ser feliz o simplemente existir hasta que ya no existamos? Él podría haber respondido esto simplemente explicando por qué dedicó tanto tiempo a investigar y escribir este libro (y sus otros). Comprender qué fue lo que lo motivó a asumir esta tarea podría haber compartido algunas ideas sobre cómo él personalmente encuentra significado y propósito en la vida, lo que habría agregado un contexto agradable a su excelente trabajo. Lamentablemente, eso falta.

Este trabajo se centra en el futuro inmediato del siglo XXI con las 21 lecciones divididas en 5 partes:
1) El desafío tecnológico
2) El desafío político
3) Desesperación y esperanza
4) Verdad
5) Resistencia
El autor trata de centrarse esencialmente en los aspectos principales de la humanidad y rastrear el pasado para predecir el futuro y es vocal sobre lo que debería o podría hacerse. Pocas naciones o religiones se libran a través de este proceso y ciertamente muchos encontrarán partes de este trabajo ofensivas. Personalmente, diría que el autor tiene mucho sentido con sus argumentos y es extremadamente filosófico en su enfoque.
Mis partes favoritas de este trabajo fueron:
“Cómo la Inteligencia Artificial será muy prominente y mejorará pronto, pero da miedo lo prominente que ya es (piense en las recomendaciones de Netflix o Spotify o Amazon …)
-El hecho de que Big Data será esencialmente la nueva moneda y valorará potencialmente más que la tierra
– ¿Qué tan necesaria es la humildad para el ser humano para tener puntos de vista más amplios en la religión y la nacionalidad que luego se expande a la inmigración.
-El significado de la vida (Sí, él aborda eso).

Como el mundo es tan complejo, este autor se dio cuenta de que no obtuvo las respuestas que quería en la escuela para preguntas profundas sobre Guerra, Dios, Justicia, etc. y probablemente nunca lo hiciera. Comenzó a meditar durante 2 horas por día, lo que le liberó la mente. Un mensaje clave del autor que es bueno es que es mejor que comiences a conocerte a ti mismo realmente, realmente bien (Nosotros los humanos no somos geniales en eso) porque si no lo haces, AI eventualmente lo hará por ti.
Aunque el libro puede divagar a veces, ser prudente, demasiado filosófico y no es el trabajo más fácil de leer en el mundo, no es demasiado largo y hace que hagas lo que todos deberíamos hacer más en este mundo en rápido movimiento y eso es Siéntese, piense y pondere los significados de nuestras vidas y cómo planeamos vivirlos para ser mejores de lo que somos hoy.

Las “21 lecciones para el siglo XXI” de Yuval Harari es una colección de visiones del futuro fascinante, estimulante y a menudo aterradora. La relación del individuo con las comunidades grandes y pequeñas, físicas y virtuales, así como con los poderes que las ejecutan y manipulan, se discuten con gran detalle. La naturaleza de los grupos humanos, por miles de años restringidos en tamaño por la biología humana, por la geografía y por los límites de la tecnología, ahora está cambiando rápidamente, y sin un reglamento o mucho en el camino de la precedencia significativa para ir por .
En cierto modo, este libro parece ser una síntesis de sus dos volúmenes anteriores, donde el enfoque se centró principalmente en la historia humana (“Sapiens”), y cómo los avances en la tecnología del futuro cambiarán drásticamente nuestras vidas (“Homo Deus” ) Ahora, Harari está vinculando a los dos en la historia de cómo nuestra tecnología actual está amplificando y distorsionando nuestras sociedades de una manera que pocos podrían haber predicho incluso hace 10 años.
Personalmente, me siento impresionado por la claridad de pensamiento y la explicación coherente del autor, pero también tengo mis dudas sobre cuán penetrante y efectiva podría ser nuestra tecnología, especialmente en los importantísimos vínculos entre el ser humano y la máquina. A menudo también sentí esta frustración al leer “Homo Deus”.
Como ejemplo:
Harari escribe frecuentemente sobre “sensores biométricos” como la interfaz principal entre AI y el cuerpo humano; actualmente no están ni cerca de estar en el punto en que todos nuestros pensamientos y procesos biológicos puedan ser monitoreados constantemente, independientemente de si algún poder hermano mayor podría desear que así sea. Se menciona el ejemplo de un médico de IA, y si bien es cierto que las computadoras ciertamente ayudan a todo tipo de procedimientos médicos, como la cirugía asistida por computadora en circunstancias muy especializadas, eso está muy lejos de tener una máquina que haga todo el trabajo. . La robótica de la IA no está cerca de poder usarse en una situación de cirugía general no específica (piense en el hecho de que un robot tiene una enorme dificultad simplemente doblando la ropa). El problema a menudo parece ser la interfaz física, que no puede ser lo suficientemente general y específica al mismo tiempo. Además, AI podría tener dificultades con el hecho de que la ubicación de nuestros órganos internos puede variar significativamente de individuo a individuo, algo que puede afectar en gran medida la forma en que se puede realizar una cirugía automatizada completamente (una fibra nerviosa viaja de forma atípica en el lado interno de este hueso, no cortarlo! “).
Dado que parte de la medicina es la lactancia e implica una retroalimentación directa del paciente (“Si muevo la pierna ligeramente hacia arriba y hacia la izquierda, ¿duele?”), Queda por ver si esta parte de la revolución de la IA podría ser realizado en la forma en que el autor lo retrata.
En general, incluso la inteligencia artificial más avanzada que utiliza los conjuntos de datos más grandes requiere una red física confiable, y dado que nuestra internet está sujeta a numerosos fallos y fallas, tanto en el diseño como en la implementación (software defectuoso, cables, fibra óptica y servidores sujetos a sobrecalentamiento, solo por nombrar algunos ejemplos), tengo que preguntarme si estamos sobreestimando su capacidad para sobrevivir, digamos, una “pequeña” catástrofe nuclear o natural, y también por qué los poderes podrían arriesgar sus costosos negocios / gobernanza en algo relativamente propenso al fracaso. (Un ejemplo reciente fue la reducción del servicio de Internet a más de 29 millones de estadounidenses en todo el país durante más de 12 horas, debido a dos interrupciones de cable de fibra óptica el 29/6/18).
Dicho esto, hay mucho más en este libro, en relación con el nacionalismo, la identidad cultural y la religión en relación con la inmigración y la asimilación, y muchos otros temas. Parece que una de las cosas más difíciles para nosotros, los humanos, al hacer decisiones grandes y pequeñas es reconocer primero y luego tener en cuenta nuestros propios sesgos internos.
“Hijitos, pequeños problemas. Niños grandes, grandes problemas ”
Creo que este es un libro muy importante para las personas que buscan darle sentido a un mundo cada vez más caótico, donde nos arriesgamos a que nuestra tecnología “Grande” se utilice con fines drásticamente inapropiados para las especies. Buena suerte para todos nosotros.

Las 21 lecciones están organizadas en 5 partes.
En lugar de repetir los 21 títulos de los capítulos (que son más descriptivos que descriptivos), resumiré sucintamente el tema del capítulo.
Aquí hay un adelanto de las 21 lecciones de Harari:

PARTE I: El desafío tecnológico: es el desafío más grande que la humanidad ha enfrentado alguna vez.
1. Desilusión: el final de la historia ha sido pospuesto (es decir, el liberalismo no puede declarar la victoria todavía).
2. Trabajo: la IA y la robótica desplazarán a millones de trabajos. El Ingreso Básico Universal (UBI) puede convertirnos en criaturas contemplativas.
3. Libertad: las dictaduras digitales, alimentadas por algoritmos de Big Data, pueden convertirse en los reyes del siglo XXI.
4. Igualdad: al igual que los algoritmos de Big Data pueden terminar con nuestra libertad, también pueden crear la sociedad más desigual desde la Edad Media. ¿Cómo regulamos la propiedad de los datos?

PARTE II: El desafío político: debemos superar nuestro tribalismo.
5. Comunidad: la sociedad polarizada y el colapso de la comunidad es algo que las redes sociales no están ayudando.
6. Civilización: la aldea global ha llegado.
7. Nacionalismo: es una reacción violenta contra la globalización y es una distracción dañina; no podemos desglobilizar
8. Religión: la fe es un problema, no una solución.
9. Inmigración: la UE debe dar el ejemplo sobre cómo integrar a los inmigrantes si queremos seguir aprovechando el poder positivo de la inmigración.

PARTE III: Desesperación y esperanza: mantenga nuestros miedos bajo control y sea más humilde.
10. Terrorismo: Sobreestimamos el peligro que representan los terroristas, pero eso podría cambiar si se apoderan de armas de destrucción masiva reales.
11. Guerra: es posible que pueda envolver al mundo de nuevo.
12. Humildad: un capítulo imprescindible sobre cómo todos sobreestimamos nuestra importancia y la importancia de nuestra tribu.
13. Dios: no existe.
14. Laicismo: tiene la llave para progresar.

PARTE IV: Verdad: Cómo no caer en las noticias falsas.
15. Ignorancia: todavía somos ignorantes, y eso está bien.
16. Justicia: Minorías, género, LGBT y derechos de los animales continuarán mejorando.
17. Pos-verdad: pague por noticias confiables y lea literatura científica.
18. Ciencia ficción: no confundas la inteligencia con la conciencia.

PARTE V: resiliencia: cómo vivir en la era del desconcierto
19. Educación: estamos pirateando humanos y nuestro sistema educativo no está listo para ello.
20. Significado: debes observar el sufrimiento y explorarlo por lo que es.
21: Meditación: debes meditar.

Aunque Harari intenta unir estas 21 ideas, el libro parece más como 21 ensayos en lugar de un libro coherente como sus dos tomos anteriores.
A veces, se siente como un paseo.
Aún así, eso no significa que no valga la pena leerlo.
Harari siempre vale la pena ser leído.

En un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder. En teoría, cualquiera puede intervenir en el debate acerca del futuro de la humanidad, pero es muy difícil mantener una visión clara. Con frecuencia, ni siquiera nos damos cuenta de que se produce un debate, o de cuáles son las cuestiones clave. Somos miles de millones las personas que apenas podemos permitirnos el lujo de indagar en estos asuntos.
El liberalismo está perdiendo credibilidad justo cuando las revoluciones paralelas en la tecnología de la información y en la biotecnología nos enfrentan a los mayores retos que nuestra especie ha encontrado nunca. La fusión de la infotecnología y la biotecnología puede hacer que muy pronto miles de millones de humanos queden fuera del mercado de trabajo y socavar tanto la libertad como la igualdad. Los algoritmos de macrodatos pueden crear dictaduras digitales en las que todo el poder esté concentrado en las manos de una élite minúscula al tiempo que la mayor parte de la gente padezca no ya explotación, sino algo muchísimo peor: irrelevancia.

En el siglo que viene, la biotecnología y la infotecnología nos proporcionarán el poder de manipular nuestro mundo interior y remodelarnos, pero debido a que no comprendemos la complejidad de nuestra propia mente, los cambios que hagamos podrían alterar nuestro sistema mental hasta tal extremo que también este podría descomponerse.
Las revoluciones en la biotecnología y la infotecnología las llevan a cabo los ingenieros, los emprendedores y los científicos, que apenas son conscientes de las implicaciones políticas de sus decisiones, y que ciertamente no representan a nadie.
La libertad no vale mucho a menos que esté vinculada a algún tipo de sistema de seguridad social. Los estados socialdemócratas de bienestar combinaron la democracia y los derechos humanos con la educación y la atención sanitaria sufragadas por el Estado. Incluso Estados Unidos, ultracapitalista, se ha dado cuenta de que la protección de la libertad requiere al menos algunos servicios de bienestar facilitados por el gobierno. Los niños hambrientos no tienen libertades.
En los primeros años de la década de 1990, tanto pensadores como políticos saludaron «el fin de la historia» y afirmaron confiados que todas las cuestiones políticas y económicas ya habían sido zanjadas, y que el paquete liberal renovado de democracia, derechos humanos, mercados libres y prestaciones de bienestar gubernamentales seguía siendo la única alternativa. Dicho paquete parecía destinado a extenderse por el planeta, a vencer todos los obstáculos, a borrar todas las fronteras nacionales y a transformar a la humanidad en una comunidad global libre.
Pero el liberalismo no tiene respuestas obvias a los mayores problemas a los que nos enfrentamos: el colapso ecológico y la disrupción tecnológica. Tradicionalmente, el liberalismo se basaba en el crecimiento económico para resolver como por arte de magia los conflictos sociales y políticos difíciles. El liberalismo reconciliaba al proletariado con la burguesía, a los fieles con los ateos, a los nativos con los inmigrantes y a los europeos con los asiáticos, al prometer a todos una porción mayor del pastel. Con un pastel que crecía sin parar, esto era posible. Sin embargo, el crecimiento económico no salvará al ecosistema global; justo lo contrario, porque es la causa de la crisis ecológica. Y el crecimiento económico no resolverá la disrupción tecnológica: esta se afirma en la invención de tecnologías cada vez más disruptivas.

Cuando los algoritmos lleguen a conocernos tan bien, los gobiernos autoritarios se harán con un control absoluto sobre sus ciudadanos, más incluso que en la Alemania nazi, y la resistencia a tales regímenes podría ser de todo punto imposible. El régimen no solo sabrá exactamente cómo sentimos: podrá hacer que sintamos lo que quiera. El dictador tal vez no sea capaz de proporcionar a los ciudadanos asistencia sanitaria o igualdad, pero podrá hacer que lo amen y que odien a sus oponentes. En su forma actual, la democracia no sobrevivirá a la fusión de la biotecnología y la infotecnología. O bien se reinventa a sí misma con éxito y de una forma radicalmente nueva, o bien los humanos acabarán viviendo en «dictaduras digitales».
Esto no implicará un retorno a la época de Hitler y Stalin. Las dictaduras digitales serán tan diferentes de la Alemania nazi como la Alemania nazi lo era de la Francia del ancien régime. La libertad no tiene sentido. Pero de la misma manera que los algoritmos de macrodatos podrían acabar con la libertad, podrían al mismo tiempo crear las sociedades más desiguales que jamás hayan existido. Toda la riqueza y todo el poder podrían estar concentrados en manos de una élite minúscula, mientras que la mayoría de la gente sufriría no la explotación, sino algo mucho peor: la irrelevancia.
La visión de la comunidad de Facebook es quizá el primer intento explícito de usar la IA para la ingeniería social planificada centralmente a escala global. Por tanto, constituye un caso crucial que puede sentar precedente. Si tiene éxito, es probable que presenciemos muchos más intentos de este tipo, y se reconocerán los algoritmos como los nuevos líderes de las redes sociales humanas. Si fracasa, pondrá en evidencia las limitaciones de las nuevas tecnologías: los algoritmos pueden servir para la circulación de vehículos y la cura de enfermedades, pero cuando se trate de resolver problemas sociales, tendremos que seguir confiando en políticos y sacerdotes.

Hemos de disipar un mito muy extendido. Al contrario de lo que suele creerse, el nacionalismo no es una parte natural y eterna de la psique humana, y no está basado en la biología humana. Sin duda, los humanos son animales sociales de los pies a la cabeza y llevan la lealtad al grupo impresa en sus genes. Sin embargo, durante cientos de miles de años, Homo sapiens y sus antepasados homínidos vivían en pequeñas comunidades íntimas de no más de unas pocas docenas de personas. Los humanos desarrollan fácilmente lealtad a grupos pequeños e íntimos, como una tribu, una compañía de infantería o un negocio familiar, pero no es en absoluto natural para ellos ser leales a millones de completos desconocidos.
En el mundo del siglo XXI, necesitamos distinguir entre tres tipos de problemas:
1.Problemas técnicos. Por ejemplo, ¿cómo pueden los agricultores de países áridos habérselas con sequías severas debidas al calentamiento global?
2.Problemas políticos. Por ejemplo, ¿qué medidas han de adoptar los gobiernos para evitar el calentamiento global en primer lugar?
3.Problemas de identidad. Por ejemplo, ¿debo preocuparme incluso de los problemas de los agricultores del otro lado del mundo, o solo de los problemas de la gente de mi propia tribu y mi propio país?.
El triunfo de la ciencia ha sido tan rotundo que nuestra idea misma de la religión ha cambiado. Ya no asociamos la religión a la agricultura y a la medicina. Incluso muchos fanáticos padecen ahora amnesia colectiva y prefieren olvidar que las religiones tradicionales siempre reclamaban para sí estos ámbitos. «¿Y qué pasa si acudimos a los ingenieros y los médicos?.
Esta colisión entre problemas globales e identidades locales se manifiesta en la crisis actual que está sufriendo el mayor experimento multicultural del mundo: la Unión Europea. Erigida sobre la promesa de valores liberales universales, la Unión Europea se tambalea al borde de la desintegración debido a las dificultades de la integración y la inmigración.
Algo que puede ayudar a Europa y al mundo en su conjunto a integrar mejor y a mantener abiertas las fronteras y las mentes es restar importancia a la histeria en relación con el terrorismo. Sería muy lamentable que el experimento europeo de libertad y tolerancia se desintegrara debido a un temor exagerado a los terroristas. Esto no solo cumpliría los objetivos de los propios terroristas, sino que también concedería a ese puñado de locos una influencia demasiado grande sobre el futuro de la humanidad. El terrorismo es el arma de un segmento marginal y débil de la humanidad. ¿Cómo ha llegado a dominar la política global?.

Si a pesar de nuestros esfuerzos los grupos terroristas acaban por hacerse con armas de destrucción masiva, es difícil predecir cómo se llevarán a cabo las luchas políticas, pero serán muy diferentes de las campañas de terrorismo y antiterrorismo de principios del siglo XXI. Si en 2050 el mundo está lleno de terroristas nucleares y bioterroristas, sus víctimas mirarán hacia atrás, al mundo de 2018, con una nostalgia teñida de incredulidad: ¿cómo pudo gente que vivía una vida tan segura haberse sentido aun así tan amenazada?
Desde luego, la sensación actual de peligro que experimentamos no se debe solo al terrorismo. Muchísimos expertos y gente de a pie temen que la Tercera Guerra Mundial se halle solo a la vuelta de la esquina, como si ya hubiéramos visto esta película hace un siglo. Al igual que en 1914, en 2018 las crecientes tensiones entre las grandes potencias junto a problemas globales inextricables parecen arrastrarnos hacia una guerra global. ¿Está dicha ansiedad más justificada que nuestro temor sobredimensionado del terrorismo?.
Un remedio potencial para la estupidez humana es una dosis de humildad. Las tensiones nacionales, religiosas y culturales empeoran por el sentimiento grandioso de que mi nación, mi religión y mi cultura son las más importantes del mundo; de ahí que mis intereses se hallen por encima de los intereses de cualquier otro, o de la humanidad en su conjunto. ¿Cómo podemos hacer que las naciones, las religiones y las culturas sean un poco más realistas y modestas respecto a su verdadero lugar en el mundo?.
Y entre todas las formas de humildad, quizá la más importante sea la humildad ante Dios. Cuando hablan de Dios, con gran frecuencia los humanos profesan una modestia supina, pero después usan el nombre de Dios para tratar despóticamente a sus hermanos.
No visitar ningún templo ni creer en ningún dios es también una opción viable. Como se ha demostrado en los últimos siglos, no hace falta invocar el nombre de Dios para llevar una vida moral. El laicismo puede proporcionarnos todos los valores que necesitamos.
A la hora de tomar las decisiones más importantes en la historia de la vida, yo personalmente confiaría más en quienes admitan su ignorancia que en los que proclamen su infalibilidad. Si alguien quiere que su religión, su ideología o su visión de la vida guíen el mundo, la primera pregunta que le haría sería: «¿Cuál es el mayor error que tu religión, tu ideología o tu visión de la vida ha cometido? ¿En qué se equivocaron?». Si no es capaz de contestarme algo serio, yo, al menos, no confiaría en él.

Los científicos, por su parte, deben implicarse mucho más en los debates públicos actuales. No han de tener miedo de hacer oír su voz cuando el debate cae dentro de su campo de conocimiento, ya sea este la medicina o la historia. El silencio no es neutralidad: es apoyar el statu quo. Desde luego, es muy importante seguir haciendo investigación académica y publicar los resultados en revistas científicas que solo leen algunos expertos. Pero es igual de importante comunicar las últimas teorías científicas al público general mediante libros de divulgación científica, e incluso mediante el uso hábil de arte y ficción.
¿Significa esto que los científicos deben empezar a escribir ciencia ficción? En realidad, no es una mala idea. El arte desempeña un papel clave en dar forma a la visión que la gente tiene del mundo, y en el siglo XXI puede asegurarse que la ciencia ficción es el género más importante de todos, porque da forma a cómo entiende la mayoría de la gente asuntos como la IA, la bioingeniería y el cambio climático. Sin duda, necesitamos buena ciencia, pero desde una perspectiva política, una buena película de ciencia ficción vale mucho más que un artículo en Science o Nature.
Puesto que nuestro cerebro y nuestro «yo» son parte de la matriz, para escapar de esta hay que escapar del yo. La matriz, sin embargo, es una posibilidad que vale la pena explorar. Escapar de la reducida definición del yo podría muy bien convertirse en una habilidad de supervivencia necesaria en el siglo XXI.

La tecnología no es mala. Si sabes lo que quieres hacer en la vida, tal vez te ayude a obtenerlo. Pero si no lo sabes, a la tecnología le será facilísimo moldear tus objetivos por ti y tomar el control de tu vida. Sobre todo porque la tecnología es cada vez más sofisticada a la hora de entender a los humanos, por lo que puedes verte sirviéndola cada vez más, en lugar de que ella te sirva. ¿Has visto a esos zombis que vagan por las calles con la cara pegada a sus teléfonos inteligentes? ¿Crees que controlan la tecnología, o que esta los controla a ellos?.
Entonces ¿tienes que confiar en ti mismo?
Desde luego, podrías ser perfectamente feliz cediendo toda la autoridad a los algoritmos y confiando en ellos para que decidan por ti y por el resto del mundo. Si es así, limítate a relajarte y a disfrutar del viaje. No es necesario que hagas nada: los algoritmos se encargarán de todo. Si, en cambio, quieres conservar cierto control de tu existencia personal y del futuro de la vida, tendrás que correr más deprisa que los algoritmos, más que Amazon y el gobierno, y conseguir conocerte a ti mismo antes de que lo hagan ellos. Para correr deprisa, no lleves contigo mucho equipaje. Deja atrás todas tus ilusiones. Pesan mucho.

Cuando los políticos empiezan a hablar en términos místicos, ¡cuidado! Podrían intentar disfrazar y justificar el sufrimiento real envolviéndolo en palabras altisonantes e incomprensibles. Sea el lector especialmente prudente a propósito de las cuatro palabras siguientes: sacrificio, eternidad, pureza, redención. Si oye alguno de estos términos, haga sonar la alarma. Y si resulta que vive en un país cuyo dirigente dice de forma rutinaria cosas como «Su sacrificio redimirá la pureza de nuestra nación eterna», sepa que tiene un problema grave. Para conservar la cordura, intente siempre traducir esta monserga en términos reales: un soldado que grita agonizante, una mujer que es apaleada y vejada, un niño que tiembla de miedo.
La observación de uno mismo nunca ha sido fácil, pero con el tiempo podría resultar aún más difícil. A medida que la historia se desplegaba, los humanos fueron generando relatos cada vez más complejos sobre sí mismos que hicieron que cada vez resultara más difícil saber quiénes somos en verdad. Esos relatos tuvieron como objetivo unir a grandes cantidades de personas, acumular poder y preservar la armonía social. Fueron cruciales para alimentar a miles de millones de individuos hambrientos y garantizar que no se degollaran los unos a los otros. Cuando la gente intentaba observarse, lo que solía encontrar eran esos relatos prefabricados. La exploración libre y abierta resultaba demasiado peligrosa: amenazaba con socavar el orden social.
Con la mejora en la tecnología ocurrieron dos cosas. En primer lugar, mientras los cuchillos de sílex evolucionaron gradualmente hacia los misiles nucleares, se volvió más peligroso desestabilizar el orden social. En segundo lugar, mientras las pinturas rupestres evolucionaron gradualmente hacia las emisiones televisivas, se volvió más fácil engañar a la gente. En el futuro cercano, los algoritmos podrían completar este proceso, haciendo imposible que la gente observe la realidad sobre sí misma. Serán los algoritmos los que decidan por nosotros quiénes somos y lo que deberíamos saber sobre nosotros.
Durante unos cuantos años o décadas más, aún tendremos la posibilidad de elegir. Si hacemos el esfuerzo, todavía podemos investigar quiénes somos en realidad. Pero si queremos aprovechar de verdad esta oportunidad, será mejor que lo hagamos ahora.

I recommend all the books of this author and I value a lot when instead of a mountain of data I provide discernment and clarity. This book is about the challenges facing humanity at the present time. It is written with the clarity and pedagogy that characterizes the author and the effort of documentation and teamwork behind it is well known. Highly recommended for those who want to reflect and want to get better in their life. For me it is his worst book of the 3 and he is still outstanding.

Harari’s two previous books–Sapiens (which explored our past) and Homo Deus (which considered our potential future based on current developments)–are exceptional detailed looks at a wide range of topics. In 21 Lessons for the 21st Century, he breaks down these broader themes into digestible chapters that are practical, relevant, and compelling.
Many of the ideas here are ones explored in his previous works, though I found reviewing them again helpful and reinforcing; they also allow new readers to understand his theories without having to work through his previous books (which interested readers should do anyway). In addition, he organizes these ideas into five broad themes–the technological challenge, the political challenge, despair and hope, truth, and resilience–and each chapter has both a title (e.g., “Liberty”) and a core concept (e.g., “Big Data is Watching You”). Harari often does a nice job tying one chapter into the next, making the entire work a cohesive argument instead of a series of unrelated musings.
Harari writes from an authoritative position not because he earned a doctorate in history from Oxford, but because he’s thoughtful, insightful, well-read, and relies on the scholarship of many others. He has the ability to construct powerful arguments through research, history, philosophers, cultural study, and his own insights and analysis, and he is quite willing to suggest flaws in the arguments of groups on both sides of any issue–religious, political, nationalistic, cultural, etc. But what I most appreciate about this is his repeated admonition that we don’t know as much as we think we do. This allows him to take a “guide on the side” stance instead of being a “sage on the stage,” and the reader is therefore challenged to consider the arguments and find points of agreement or disagreement.
So yes, there are areas where a reasonable person could disagree with Harari in terms of content and presentation. At one point he argues that since all experiences are self-created, “Whatever you can feel in Fiji, you can feel anywhere in the world.” I believe some experiences are so unique to setting and context that they’ll only occur in that specific setting (including not only Fiji, but seeing “Raiders of the Lost Ark” on the big screen or attending a Bruce Springsteen concert). His section on “Despair and Hope” is heavy on despair and light (perhaps absent) of hope, and his section on Resilience focuses more on the challenges we face than how we may overcome them.
In fact, Harari offers little in the way of “solutions” to the numerous problems he describes. Interestingly, his closing the book with Meditation suggests this is the closest thing he has to an answer, and in a sense this is correct; given his emphasis on awareness of our challenges, the practice of paying attention is critical. However, he describes meditation as a method to alleviate personal suffering by recognizing that all experiences are self-created because there’s no objective truth, and the implication seems to be that alleviating suffering is thus a central goal. This doesn’t mean we should focus on relieving the suffering of others, as he shares an anecdote of a person saying his purpose in life was to help others, but “what I still haven’t figured out is why the other people are here.” Does Harari believe that if everyone relieved personal suffering they’d be happy? Does it matter if there’s no broader meaning to life in terms of our happiness, when lots of research indicates a sense of meaning and purpose is what makes us happiest? Is it a goal of life to be happy, or just to exist until we don’t exist anymore? He might have answered this by simply explaining why he dedicated so much time to researching and writing this book (and his others). Understanding what motivated him to take on this task could have shared some insight into how he personally finds meaning and purpose in life, which would have added some nice context to his outstanding work. Sadly, that’s missing.

This work focuses on the immediate future of the 21st Century with the 21 lessons divided in to 5 parts:
1) The Technological Challenge
2) The Political Challenge
3) Despair and Hope
4) Truth
5) Resilience
The author tries to focus on essentially the main aspects of humanity and trace the past to predict the future and is vocal about what should or could be done. Few nations or religions are spared through this process and certainly many will find parts of this work offensive. Personally I would say that the author makes a lot of sense with his arguments and is extremely philosophical in his approach.
My personal favorite parts of this work were:
-How Artificial Intelligence will be very prominent and much improved soon, but it’s scary how prominent it already is (Think Netflix or Spotify or Amazon recommendations…)
-The fact that Big Data will essentially be the new currency and valued potentially more than land
-How necessary humility is to the human to take broader views in religion and nationality which then expands to immigration.
-The meaning of life (Yes, he tackles that.)

With the world being so complex, this author realized he didn’t get the answers he wanted in school for deep questions on War, God, Justice, etc.and was probably never going to. He began to meditate for 2 hours a day which freed his mind. A key message from the author that is a good one is that you better start getting to know yourself really, really well (We humans are not great at that,) because if you don’t, AI eventually will do it for you.
Although the book can ramble at times, be preachy, too philosophical and is not the most readable work in the world, it is not overly long and causes you to do what we all should do more of in this fast moving world and that is to sit, think and ponder the meanings of our lives and how we plan on living them to be better than we are today.

Yuval Harari’s “21 Lessons for the 21st Century” is a fascinating, exhilarating, and often frightening collection of visions of the future. The relationship of the individual to communities large and small, physical and virtual, as well as the powers that run and manipulate them, are discussed in great detail. The nature of human groups, for so many thousands of years restricted in size by human biology, by geography, and by the limits of technology, is now being rapidly changed, and without a rulebook or much in the way of meaningful precedence to go by.
In a way, this book appears to be a synthesis of his previous two volumes, where the focus had been mostly on human history (“Sapiens”), and how advances in technology of the future will drastically change our lives (“Homo Deus”). Now, Harari is linking the two in the story of how our current technology is amplifying and distorting our societies in a manner that few could have predicted even 10 years ago.
Personally, I find myself impressed by the author’s clarity of thought and coherent explanation, but I also have my doubts as to how pervasive and effective our technology might become, especially in the all-important links between human and machine. I often felt this frustration when reading “Homo Deus”, as well.
As an example:
Harari writes frequently of “biometric sensors” as the chief interface between AI and the human body; these are currently nowhere near being at the point where our every thought and biological process could be constantly monitored, whether or not some big brother power might wish it to be so. The example of an AI doctor is brought up, and while it’s true that computers are certainly aiding all sorts of medical procedures, such as computer-assisted surgery under very specialized circumstances, that is a far cry from having a machine do all of the work. AI robotics are nowhere close to being able to be put to use in a non-specific general surgery situation (think about the fact that a robot has tremendous difficulty just folding laundry). The problem often seems to be the physical interface, which cannot be general and specific enough at the same time. Also, AI might have difficulty with the fact that the placement of our internal organs can vary significantly from individual to individual, something that can greatly affect how a fully AI automated surgery might be performed (“a nerve fiber is traveling atypically on the inner side of this bone; don’t sever it!”).
Given that part of medicine is nursing, and involves direct feedback from the patient (“If I move your leg slightly up and to the left, does it hurt?”), it remains to be seen whether this part of the AI revolution might be realized in the way that the author portrays it.
In general, even the most advanced AI using the largest data sets requires a reliable physical network, and given that our internet is subject to numerous faults and failures, both in design and in implementation (buggy software, wires, fiber optics and servers subject to overheating, just to name a few examples), I have to wonder whether we’re overestimating its ability to survive, say, a “small” nuclear or natural catastrophe, and also why any powers-that-be would risk their expensive business/governance on something as relatively prone to failure. (A recent example was the cutting of internet service to more than 29 million Americans across the country for more than 12 hours, due to two fiber-optic cable breaks on 6/29/18.)
That said, there is so much more to this book, concerning nationalism, cultural identity and religion in relation to immigration and assimilation, and many other subjects. It seems one of the hardest things for us humans to do in making decisions large and small is to first recognize and then to take into account our own internal biases.
“Little children, Little problems. Big children, Big problems”
I believe this is a very important book for people looking to make sense of an increasingly chaotic world, where we risk our “Big” technology being used for drastically species-inappropriate purposes. Good luck to us all.

The 21 lessons are organized into 5 parts.
Instead of repeating the 21 chapter titles (which are coyer than descriptive), I’ll succinctly summarize the takeaway of the chapter.
Here’s a teaser of what Harari’s 21 lessons are:

PART I: The Technological Challenge: Is the biggest challenge humanity has ever faced.
1. Disillusionment: The end of history has been postponed (i.e., Liberalism can’t declare victory yet).
2. Work: AI and robotics will displace millions of jobs. Universal Basic Income (UBI) may turn us into contemplating creatures.
3. Liberty: Digital dictatorships, fed by Big Data algorithms, may become the kings of the 21st century.
4. Equality: Just like Big Data algorithms may end our liberty, they may also create the most unequal society since the Middle Ages. How do we regulate the ownership of data?

PART II: The Political Challenge: We must overcome our tribalism.
5. Community: Polarized society and community breakdown is something that social media isn’t helping.
6. Civilization: The global village has arrived.
7. Nationalism: It’s a backlash against globalization and is a harmful distraction; we can’t deglobilize.
8. Religion: Faith a problem, not a solution.
9. Immigration: The EU must set the example on how to integrate immigrants if we are to continue to harness the positive power of immigration.

PART III: Despair and Hope: Keep our fears under control and be humbler.
10. Terrorism: We overestimate the danger terrorists pose but that could change if they get hold of real WMDs.
11. War: It’s possible that it may engulf the world again.
12. Humility: A must-read chapter about how we all vastly overestimate our importance and the importance of our tribe.
13. God: Doesn’t exist.
14. Secularism: Holds the key to progress.

PART IV: Truth: How to not fall for fake news.
15. Ignorance: We are still ignorant—and that’s OK.
16. Justice: Minorities, gender, LGBT, and animal rights will continue to improve.
17. Post-truth: Pay for reliable news and read scientific literature.
18. Science Fiction: Don’t confuse intelligence with consciousness.

PART V: Resilience: How to live in the Age of Bewilderment
19. Education: We are hacking humans and our education system isn’t ready for it.
20. Meaning: You must observe suffering and exploring it for what it is.
21: Meditation: You should meditate.

Although Harari tries to tie these 21 ideas together, the book feels more like 21 essays rather than a coherent book like his two previous tomes.
At times, it feels like a bit of a ramble.
Still, that doesn’t mean it’s not worth reading.
Harari is always worth reading.

In a world flooded with irrelevant information, clarity is power. In theory, anyone can intervene in the debate about the future of humanity, but it is very difficult to maintain a clear vision. Often, we do not even realize that there is a debate, or what the key issues are. We are billions of people who can barely afford to investigate these issues.
Liberalism is losing credibility just as parallel revolutions in information technology and biotechnology are confronting us with the greatest challenges that our species has ever encountered. The merging of infotechnology and biotechnology can soon cause billions of people to be left out of the labor market and undermine both freedom and equality. Big data algorithms can create digital dictatorships in which all power is concentrated in the hands of a tiny elite at the time most people suffer not already exploitation, but something much worse: irrelevance.

In the next century, biotechnology and infotechnology will give us the power to manipulate our inner world and reshape us, but because we do not understand the complexity of our own mind, the changes we make could alter our mental system to such an extent that this could be broken down.
The revolutions in biotechnology and infotechnology are carried out by engineers, entrepreneurs and scientists, who are hardly aware of the political implications of their decisions, and who certainly do not represent anyone.
Freedom is not worth much unless it is linked to some kind of social security system. The social democratic welfare states combined democracy and human rights with education and health care paid by the state. Even the ultra-capitalist United States has realized that the protection of freedom requires at least some welfare services provided by the government. Hungry children do not have freedoms.
In the early 1990s, both thinkers and politicians hailed “the end of history” and confidently affirmed that all political and economic issues had already been settled, and that the renewed liberal package of democracy, human rights, markets free and governmental welfare benefits remained the only alternative. This package seemed destined to spread throughout the planet, to overcome all obstacles, to erase all national borders and to transform humanity into a free global community.
But liberalism has no obvious answers to the biggest problems we face: ecological collapse and technological disruption. Traditionally, liberalism was based on economic growth to resolve, as if by magic, difficult social and political conflicts. Liberalism reconciled the proletariat with the bourgeoisie, the faithful with the atheists, the natives with the immigrants and the Europeans with the Asians, by promising everyone a greater portion of the pie. With a cake that grew without stopping, this was possible. However, economic growth will not save the global ecosystem; just the opposite, because it is the cause of the ecological crisis. And economic growth will not solve the technological disruption: this is affirmed in the invention of increasingly disruptive technologies.

When algorithms come to know us so well, authoritarian governments will take absolute control over their citizens, even more so than in Nazi Germany, and resistance to such regimes could be impossible. The regime will not only know exactly how we feel: it can make us feel what we want. The dictator may not be able to provide citizens with health care or equality, but he can make them love him and hate his opponents. In its current form, democracy will not survive the fusion of biotechnology and infotechnology. Either it reinvents itself successfully and in a radically new way, or else humans will end up living in “digital dictatorships.”
This will not imply a return to the era of Hitler and Stalin. Digital dictatorships will be as different from Nazi Germany as Nazi Germany was from French ancien régime. Freedom does not make sense. But in the same way that big data algorithms could end freedom, they could at the same time create the most unequal societies that ever existed. All wealth and all power could be concentrated in the hands of a tiny elite, while most people would suffer not exploitation, but something much worse: irrelevance.
The vision of the Facebook community is perhaps the first explicit attempt to use AI for centrally planned social engineering on a global scale. Therefore, it constitutes a crucial case that can set precedent. If successful, we are likely to witness many more such attempts, and algorithms will be recognized as the new leaders of human social networks. If it fails, it will highlight the limitations of new technologies: algorithms can be used to circulate vehicles and cure diseases, but when it comes to solving social problems, we will have to continue trusting politicians and priests.

We have to dispel a widespread myth. Contrary to popular belief, nationalism is not a natural and eternal part of the human psyche, and is not based on human biology. Undoubtedly, humans are social animals from head to toe and bring loyalty to the group imprinted in their genes. However, for hundreds of thousands of years, Homo sapiens and their hominid ancestors lived in small intimate communities of no more than a few dozen people. Humans easily develop loyalty to small, intimate groups, such as a tribe, an infantry company, or a family business, but it is not natural for them to be loyal to millions of complete strangers.
In the 21st century world, we need to distinguish between three types of problems:
1.Technical problems For example, how can farmers in arid countries deal with severe droughts due to global warming?
2. Political problems. For example, what steps should governments take to prevent global warming in the first place?
3. Identity problems. For example, should I even worry about the problems of the farmers on the other side of the world, or just the problems of the people of my own tribe and my own country?
The triumph of science has been so resounding that our very idea of ​​religion has changed. We no longer associate religion with agriculture and medicine. Even many fans now suffer from collective amnesia and prefer to forget that traditional religions always claimed these areas for themselves. «And what happens if we go to the engineers and the doctors ?.
This collision between global problems and local identities is manifested in the current crisis that is suffering the largest multicultural experiment in the world: the European Union. Erected on the promise of universal liberal values, the European Union is teetering on the brink of disintegration due to the difficulties of integration and immigration.
Something that can help Europe and the world as a whole to better integrate and keep borders and minds open is to downplay hysteria in relation to terrorism. It would be very regrettable if the European experiment of freedom and tolerance were disintegrated due to an exaggerated fear of terrorists. This would not only meet the objectives of the terrorists themselves, but would also grant that handful of madmen too great an influence on the future of humanity. Terrorism is the weapon of a marginal and weak segment of humanity. How has it come to dominate global politics?

If, in spite of our efforts, the terrorist groups end up with weapons of mass destruction, it is difficult to predict how the political struggles will take place, but they will be very different from the terrorism and anti-terrorism campaigns of the beginning of the 21st century. If in 2050 the world is full of nuclear and bioterrorist terrorists, its victims will look back, to the world of 2018, with a nostalgia tinged with disbelief: how could people who lived such a safe life have still felt so threatened?
Of course, the current sense of danger we experience is not due solely to terrorism. Many experts and ordinary people fear that the Third World War is only around the corner, as if we had seen this film a century ago. As in 1914, in 2018 the growing tensions between the great powers together with inextricable global problems seem to drag us towards a global war. Is this anxiety more justified than our oversized fear of terrorism?
A potential remedy for human stupidity is a dose of humility. National, religious and cultural tensions are exacerbated by the great feeling that my nation, my religion and my culture are the most important in the world; hence my interests are above the interests of any other, or of humanity as a whole. How can we make nations, religions and cultures a little more realistic and modest about their true place in the world?
And among all forms of humility, perhaps the most important is humility before God. When they speak of God, very often humans profess a supine modesty, but then use the name of God to deal despotically with their brothers.
Not visiting any temple or believing in any god is also a viable option. As it has been demonstrated in the last centuries, it is not necessary to invoke the name of God to lead a moral life. Secularism can provide us with all the values ​​we need.
When making the most important decisions in the history of life, I personally would trust more in those who admit their ignorance than in those who proclaim their infallibility. If someone wants their religion, their ideology or their vision of life to guide the world, the first question they would ask would be: “What is the biggest mistake that your religion, your ideology or your vision of life has made? In what they were mistaken? ». If he is not able to answer something serious, I, at least, would not trust him.

Scientists, for their part, must become much more involved in current public debates. They should not be afraid to make their voices heard when the debate falls within their field of knowledge, be it medicine or history. Silence is not neutrality: it is supporting the status quo. Of course, it is very important to continue doing academic research and publish the results in scientific journals that only some experts read. But it is just as important to communicate the latest scientific theories to the general public through popular science books, and even through the skillful use of art and fiction.
Does this mean that scientists should start writing science fiction? Actually, it’s not a bad idea. Art plays a key role in shaping the vision that people have of the world, and in the 21st century it can be assured that science fiction is the most important genre of all, because it shapes how most people understand matters. like AI, bioengineering and climate change. No doubt, we need good science, but from a political perspective, a good science fiction movie is worth much more than an article in Science or Nature.
Since our brain and our “I” are part of the matrix, to escape from this we must escape from the self. The matrix, however, is a possibility worth exploring. Escaping the narrow definition of the self could very well become a necessary survival skill in the 21st century.

Technology is not bad. If you know what you want to do in life, maybe it will help you get it. But if you do not know, technology will be very easy to shape your goals for you and take control of your life. Especially because technology is increasingly sophisticated when it comes to understanding humans, so you can see yourself serving it more and more, instead of it serving you. Have you seen those zombies that roam the streets with their faces close to their smartphones? Do you think that they control technology, or that it controls them?
So do you have to trust yourself?
Of course, you could be perfectly happy giving all the authority to the algorithms and trusting them to decide for you and the rest of the world. If so, just relax and enjoy the trip. You do not have to do anything: the algorithms will take care of everything. If, on the other hand, you want to keep some control over your personal existence and the future of life, you will have to run faster than the algorithms, more than Amazon and the government, and get to know yourself before they do. To run fast, do not carry much luggage with you. Leave behind all your illusions. They weigh a lot.

When politicians start talking in mystical terms, beware! They could try to disguise and justify the real suffering by wrapping it in high-sounding and incomprehensible words. Be the reader especially prudent about the following four words: sacrifice, eternity, purity, redemption. If you hear any of these terms, sound the alarm. And if it turns out that he lives in a country whose leader routinely says things like “His sacrifice will redeem the purity of our eternal nation,” he knows he has a serious problem. To preserve your sanity, always try to translate this monster into real terms: a soldier who screams agonizingly, a woman who is beaten and vexed, a child who trembles with fear.
Self-observation has never been easy, but over time it could be even more difficult. As the story unfurled, humans were generating increasingly complex stories about themselves that made it increasingly difficult to know who we really are. These stories aimed to unite large numbers of people, accumulate power and preserve social harmony. They were crucial to feed billions of hungry individuals and ensure that they did not decapitate each other. When people tried to observe themselves, what they used to find were those prefabricated stories. Free and open exploration was too dangerous: it threatened to undermine social order.
With the improvement in technology, two things happened. First, while the flint knives gradually evolved into nuclear missiles, it became more dangerous to destabilize the social order. Second, while cave paintings gradually evolved into television broadcasts, it became easier to deceive people. In the near future, algorithms could complete this process, making it impossible for people to observe reality about themselves. It will be the algorithms that decide for us who we are and what we should know about us.
For a few more years or decades, we will still have the possibility to choose. If we make the effort, we can still investigate who we really are. But if we really want to take this opportunity, we’d better do it now.

Anuncios

2 pensamientos en “21 Lecciones Para El Siglo XXI — Yuval Noah Harari / 21 Lessons for the 21st Century by Yuval Noah Harari

  1. Thank you for that very explanatory review. I have read Sapiens and loved Harrari’s ideas. Planning to read Homo deus and 21 lessons. Your post helped me to get an over view. Thanks again

    • Thanks Manu for your comments about my book ideas, Yuval ‘s a magnificent author very recommended in the time we’re living on, no best book by Harari and very interested… I’ve commented lots of book.
      Regards David

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.