Ébola: La Historia De Un Virus Mortal — David Quammen / Ebola: The Natural and Human History of a Deadly Virus by David Quammen

Interesante visión desde el punto de vista de la ecología que presenta el autor. Nos presenta la historia documentada del ébola, remarcando las consecuencias ecológicas de la actividad humana.
Quammen es un excelente escritor de ciencia, con mucha experiencia “en el laboratorio”, que, en este caso, significa en el campo en África. Parte de este trabajo se deriva de su trabajo anterior, Spillover: Infecciones animales y la próxima pandemia humana. Algunos críticos han llamado “Ebola” por esa razón, pero como no había leído “Spillover”, no fue un problema para mí. Ambas obras se refieren a la transmisión a humanos de un virus que había sido solo en animales. Esa transmisión se denomina “derrame”. Las enfermedades mismas se clasifican como “zoonosis”. La peste bubónica es un ejemplo de una enfermedad de zoonosis; la viruela, por otro lado, no lo es, ya que solo reside en los humanos.
El autor comienza presentando al lector a J. Michael Fay, un biólogo que está llevando a cabo un “logro de vida” más impresionante y valioso: una caminata de 2000 millas a través de los bosques remotos de África central, realizando un estudio biológico en el camino. Quammen se une a Fay en el noreste de Gabón, cerca de la aldea de Mayibout 2, donde varias personas murieron a causa de un brote de ébola en 1996. Es Fay quien observa que prácticamente todos los gorilas de la zona se han extinguido.
El virus del Ébola deriva su nombre de un río en el noreste del Congo (Kinshasa). Los primeros casos reconocidos fueron en 1976, en el área de este río. Desde estos casos iniciales, los casos de Ébola han aparecido en varios lugares de África central, a menudo separados por miles de kilómetros. ¿Cómo se propaga? Quammen hace la analogía con la naturaleza de la luz: ¿es una partícula o una onda? La respuesta correcta reconocida hoy es “Sí”, es decir, ambas. Del mismo modo, el ébola se propaga desde un punto central o es endémico en toda el área. De nuevo, “sí”, siendo las mutaciones genéticas una variable clave para determinar los modos y las velocidades de transmisión. Hasta el brote masivo en África occidental en 2014, centrado en los tres países de Guinea, Sierra Leona y Liberia, aproximadamente 1580 personas murieron a causa de la enfermedad, una cifra que pronto se eclipsó en cuestión de semanas en estos tres países.
¿Cuál es la mecha para el Ébola? Gran parte de este libro está dedicado a la “historia de misterio” de determinar la respuesta, junto con los individuos en su búsqueda. El ébola no vive (por mucho tiempo) en los gorilas y los chimpancés ya que los mata. Quammen proporciona la evidencia de que el reservorio probable es murciélagos … pero tiene cuidado de no llegar a una conclusión firme ya que el virus del Ébola en vivo nunca se ha detectado en un murciélago.
Para algunos, su trabajo relacionado con el Ébola es altruista, como, por ejemplo, para trabajar del Dr. Albert Schweitzer, en Gabón. Para muchos otros, el “interés propio ilustrado” es un factor importante, ya que siempre existe el temor de que esta enfermedad, en África, se propague “fuera”. El autor proporciona los detalles de varios casos que sí lo hicieron, a veces con consecuencias fatales. Lamentablemente, un tema común fue que las autoridades, ya sea en Rusia o en los Estados Unidos, culpen a la persona que contrajo la enfermedad, un enfoque casi medieval de la medicina. Encontré el caso de Kelly Warfield, que trabajó en las instalaciones de guerra biológica del ejército de EE. UU. En Fort Detrick, Maryland, y que accidentalmente se pinchó con una aguja expuesta al Ébola como una historia particularmente fascinante e instructiva (sobrevivió y continúa trabajando). ¡en el campo!)
En general, un excelente resumen informativo de cómo un virus mortal puede afectarnos a todos, escrito en un estilo directo y lúcido.

Ébola: La historia natural y humana de un virus mortal “es un interesante vistazo tras bambalinas a la búsqueda del animal que porta este virus devastador. Este breve libro es producto de secciones de su libro de 2012 Spillover y reciente El escritor y periodista científico David Quammen llevó al lector a un viaje por las junglas de África en busca del reservorio anfitrión. Esta emocionante página de 128 páginas está dividida en 21 capítulos.
Positivos:
1. Escritura de ciencia sólida. Bien investigado y atractivo.
2. El tema candente del día.
3. Quammen tiene una buena comprensión del tema y escribe con habilidad. Se siente más como un libro de acción que un libro de ciencia popular estándar.
4. Como un buen filósofo, Quammen hace las preguntas correctas y la búsqueda de su ciencia para obtener las respuestas.
5. Una vista parcial de la historia y la ciencia del Ébola. Es muy accesible y se centra más en la búsqueda para encontrar el host.
6. Introduce y explica los términos de una manera accesible. “Un huésped reservorio es una especie que transporta el patógeno, lo alberga crónicamente, mientras padece poca o ninguna enfermedad”.
7. Hace un gran trabajo al capturar las dificultades asociadas con el rastreo de las fuentes de virus y, en particular, del virus del Ébola. “Los patógenos zoonóticos pueden esconderse. Eso es lo que los hace tan interesantes, tan complicados y tan problemáticos”. El ébola es una zoonosis.
8. Proporciona muchos ejemplos de otros virus que arrojan luz sobre el virus del Ébola. “Johnson había ayudado a resolver la crisis de Machupo por su atención a la dimensión ecológica, es decir, ¿dónde vivía el virus cuando no mataba a los aldeanos bolivianos? La cuestión del yacimiento había sido tratable, en ese caso, y la respuesta había sido rápida. sido encontrado: un ratón nativo llevaba Machupo a casas y graneros humanos “.
9. Proporciona datos fascinantes, como las tasas de mortalidad por diversas infecciones. Averigüe el número total de muertes desde el descubrimiento del primer ebolavirus en 1976 hasta el final de 2012.
10. Explica las diferentes cepas de ebolavirus. “Lo que se puede decir, sin embargo, es que el virus del Ébola parece ser el más malo de los cuatro ebolavirus de los que has oído hablar, como lo mide su efecto en las poblaciones humanas”. “A FINALES DE 2007 surgió un quinto ebolavirus, este en el oeste de Uganda”.
11. Siempre es interesante cómo las creencias religiosas y culturales se cruzan con la ciencia. “Descubrió que el grupo étnico predominante allí, los acholi, también se inclinaban a atribuir la enfermedad del virus del Ébola a fuerzas sobrenaturales. Creían en una forma de espíritu maligno, llamado gemo, que a veces se arrastraba como el viento para causar olas de enfermedad y muerte. El ébola no fue su primer gemo “.
12. Pone el virus del Ébola en perspectiva. “Si quiere una enfermedad realmente sangrienta”, dijo, “mire la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. El ébola es malo y letal, seguro, pero no malo y letal precisamente de esa manera”.
13. Describe cómo el virus del Ebola infecta el cuerpo humano. “No es muy contagioso, pero es muy contagioso”.
14. Algunas historias cautivadoras que se destacan, Dr. Kelly Warfield.
15. Muestra una idea de cómo funciona la ciencia en el campo.
16. Cómo evolucionan los virus de ARN. “Tasas de replicación y mutación de un virus ARN, éxito diferencial para diferentes cepas del virus, adaptación del virus a un nuevo huésped, eso es evolución”.
17. Teorías sobre el reservorio huésped del virus Ebola. “Y la evidencia sobre el virus del Ébola, aunque no es definitiva, como lo mencioné, sugiere que también es posible que venga: de los murciélagos”.
18. Los enlaces entre el virus Marburg y el Ébola.
19. Un excelente epílogo.
20. Notas de la fuente y bibliografía seleccionada.
Negativos:
1. Carecía de material visual que habría complementado la excelente narrativa. Un gráfico de línea de tiempo habría sido muy útil y un valor agregado. Aquí se echa mucho de menos un gráfico o una tabla que muestra los diversos virus y fuentes.
2. No tan técnico como hubiera esperado. Entiendo que el libro es para las masas, pero un apéndice o material complementario para apaciguar a aquellos que buscan más información hubiera sido bienvenido.
3. Carecía de información sobre las instituciones gubernamentales responsables de manejar estas epidemias.
4. No compre este libro si ya tiene Spillover. Básicamente es el mismo libro con algunas actualizaciones menores. El ímpetu de este libro fue aprovechar el gran interés de este tema.

En resumen, un muy buen libro breve sobre el virus del Ébola. Si está buscando un libro accesible que se asemeje más a una aventura que a un libro de ciencia popular estándar, ha encontrado tu objetivo. Es interesante y proporciona algunas ideas interesantes sobre lo que se necesita para rastrear un yacimiento. Tal vez un poco apresurado para aprovechar el interés del tema y la falta de suplementos visuales, pero una lectura que vale la pena. Lo recomiendo.

El virus del ébola es invisible, excepto, claro, cuando se mira a través de un microscopio electrónico, o por sus fascinantes efectos patógenos. Es impersonal. Es apolítico. Pareciera tener la misma fuerza destructiva de la décima plaga de Egipto de la que nos habla el Éxodo: la infligida por el ángel de la muerte.
Esta última impresión puede ser engañosa. El virus del ébola no es el ángel de la muerte. A pesar del desconcierto que provoca, no es un evento sobrenatural: es sólo un virus; uno que, sin llamar la atención y en cualquier lugar, se vuelve infernalmente destructivo cuando infecta el cuerpo humano.
El virus del ébola ha sido sobre todo una calamidad africana (hasta cierto punto), y aunque es un fenómeno único, no es una anomalía, más bien representa un episodio especialmente dramático de un fenómeno global.
Todo viene de alguna parte, y las nuevas como extrañas enfermedades infecciosas que emergen abruptamente entre los seres humanos provienen principalmente de animales no humanos. La enfermedad puede ser causada por un virus, una bacteria, un protozoario o algún bicho peligroso. Ese bicho puede vivir, sin llamar la atención, oculto en un tipo de roedor, murciélago, ave, mono o simio. Si pasara por algún accidente del animal que le sirve de escondite a su primera víctima humana, podría encontrar las condiciones propicias; podría reproducirse agresiva y abundantemente; podría causar alguna enfermedad, incluso la muerte, y, mientras tanto, podría pasar de su primera víctima humana a otras. Hay una palabra elegante para este fenómeno, utilizada por científicos estudiosos de las enfermedades infecciosas desde una perspectiva ecológica: zoonosis.
Si bien la zoonosis es un término ligeramente técnico, extraño para la mayoría de las personas, ayuda a esclarecer la complejidad biológica de la gripe porcina, la gripe aviar, el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas), el virus del Nilo occidental, entre otras enfermedades emergentes; enfermedades que tienen en común pertenecer a la familia de las zoonosis y que amenazan con ser una pandemia global. Este enfoque ayuda a comprender por qué la ciencia médica y las campañas públicas de salud han podido combatir algunas de las enfermedades más aterradoras, como la viruela y la polio, pero son incapaces para contrarrestar otras, como el dengue o la fiebre amarilla. La zoonosis es la palabra del futuro, destinada a un uso intenso en el siglo XXI; se refiere a la infección animal transmisible a los seres humanos.

A lo largo del curso superior del río Ivindo, al noreste de Gabón, cerca de la frontera con la República del Congo, yace una pequeña aldea llamada Mayibout 2. Se trata de una especie de asentamiento satélite ubicado a 1. 6 kilómetros río arriba de su homónima: la aldea Mayibout. En febrero de 1996 esta comunidad fue azotada por una cadena de eventos terribles y desconcertantes: 18 personas enfermaron repentinamente luego de que participaron en el sacrificio de un chimpancé.
Los síntomas incluían fiebre, dolor de cabeza y garganta, ojos inyectados de sangre, vómito, sangrado de encías, hipo, dolor muscular y diarrea con sangre. Por decisión del jefe del poblado, las 18 personas fueron evacuadas río abajo a un hospital de la capital del distrito, un pueblo llamado Makokou. Son aproximadamente 80 kilómetros en línea recta de Mayibout 2 a Makokou, pero en canoa, por el sinuoso río Ivindo, se convertía en un viaje de siete horas.
El derrame de Mayibout 2 no fue un acontecimiento aislado; forma parte de una serie de brotes del virus del ébola aparecidos a lo largo del centro de África, cuyo significado sigue siendo materia de desconcierto y debate. Los brotes abarcan el periodo de 1976 (año de la primera emergencia por ébola) a 2014; en estos años el virus se ha esparcido desde un extremo del continente (Guinea, Liberia y Sierra Leona) hasta el otro (Sudán y Uganda). Los cuatro grandes linajes del virus que se han manifestado durante estos eventos son conocidos como ebolavirus. En una escala menor, tan sólo en Gabón, se han sucedido un cúmulo de tres incidentes relacionados con el virus en menos de dos años y en un espacio reducido, el segundo de ellos en Mayibout 2.
Un primer brote ocurrió en el mes de diciembre de 1994, en los campos destinados a la explotación de las minas de oro ubicados en el curso superior del río Ivindo, en la misma área donde Mike Fay reclutaría después a su equipo gabonés.
Inglaterra tuvo su primer caso de la enfermedad del virus del ébola en 1976. Rusia tuvo el primero (que conocemos) en 1996. A diferencia de la mujer de Suiza que realizó la necropsia del chimpancé en Costa de Marfil, estas dos desventuradas personas no se contagiaron durante un trabajo de campo en África, ni llegaron postrados en una ambulancia aérea. Su exposición fue como consecuencia de accidentes en el laboratorio. Cada uno de ellos sufrió una pequeña pero fatal herida autoinflingida, mientras realizaban trabajo de investigación.
El accidente inglés ocurrió en la Organización Británica para la Investigación Microbiológica, una discreta institución especializada que se encontraba en un complejo de alta seguridad del gobierno conocido como Porton Down, no muy lejos de Stonehenge, en las verdes laderas al suroeste de Londres. Piensen en un lugar parecido a Los Álamos, pero escondido en el quinto infierno de la rústica Inglaterra en lugar de las montañas de Nuevo México, y con bacterias y virus en lugar de uranio y plutonio como los materiales estratégicos de interés.
Una mujer rusa se pinchó con ébola en mayo de 2004; sobre este caso se sabe un poco más. Antonina Presnyakova era una técnica de 46 años que trabajaba en un centro de investigación viral de alta seguridad llamado Vektor (que suena a algo sacado de un libro de Ian Fleming), ubicado al suroeste de Siberia. La jeringa de Presnyakova llevaba sangre de un cuyo infectado con virus del ébola. La aguja atravesó los dos guantes hasta su palma izquierda. Inmediatamente fue ingresada a una clínica de aislamiento, desarrolló los síntomas en pocos días y murió dos semanas después.
Estos tres casos reflejan los riesgos inherentes al trabajo de investigación en el laboratorio con virus como éstos: letales e infecciosos. También hace pensar en el contexto sobre la preocupación que rodeó al caso más cercano de virus del ébola hecho en casa en Estados Unidos.

El patrón geográfico de los brotes del ébola entre los seres humanos es materia de controversia. Todo el mundo sabe cómo es este patrón, pero los expertos debaten sobre lo que significa. La disputa involucra al virus del ébola en particular, ése que entre los cinco ebolavirus que existen ha surgido con más frecuencia en múltiples lugares de África y, por lo tanto, pide a gritos una explicación. Desde su primera aparición conocida en Yambuku (1976) hasta los episodios en Tandala (1977), el curso superior del río Ivindo, los campos mineros de oro (1994), Kikwit (1995), Mayibout 2 (1996), Booué (a finales de 1996), la frontera norte entre Gabón y la República del Congo (2001-2002), sus dos apariciones cerca del río Kasai en lo que ahora se conoce como República Democrática del Congo (2007-2009) y hasta su más reciente aparición en Guinea, Sierra Leona, Liberia y Nigeria (2013-2014), el virus del ébola, según parece, brinca de un lugar a otro de manera irregular alrededor de África central y occidental. ¿Qué está sucediendo? ¿Es un patrón fortuito o tiene algunas causas? Si tiene causas, ¿cuáles son?.
Primero, los murciélagos de la fruta podrían ser los huéspedes incubatorios del virus, pero no necesariamente los únicos. Quizá otro animal está involucrado, uno más antiguo, que desde hace mucho se ha adaptado al virus (si es así, ¿dónde se esconde esa criatura?) Segundo, estuvieron de acuerdo en que demasiada gente ha muerto por esta enfermedad, pero no se acerca a la cantidad de gorilas muertos.
Jon Epstein: no imagines que estos virus tienen una estrategia deliberada. No pienses que guardan una clase de responsabilidad maligna contra los seres humanos. “Se trata sólo de oportunidad”, dijo. No significa que vienen por nosotros. Más bien, de una manera u otra, nosotros somos los que vamos a ellos. Les damos la oportunidad de infectarnos cuando nos metemos con sus huéspedes reservorios, cualesquiera que éstos sean.

El 8 de agosto de 2014 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la epidemia de la enfermedad del virus del ébola en el oeste de África como una emergencia de salud pública internacional (PHEIC, por sus siglas en inglés). Esto parecía una perogrullada para algunos observadores atentos y, sin embargo, resultaba espantoso ver a la OMS hacer tal declaración por escrito. El anuncio reflejaba la gravedad de la situación que, por una diversidad de razones, había ido más allá de las fronteras de la experiencia previa con el virus del ébola; así que ahora incluso los expertos se encontraban en terreno desconocido.
Guinea había sido el primer país afectado, luego Liberia y Sierra Leona, después, por una horrenda casualidad el virus había viajado por avión a Lagos, Nigeria, una ruidosa ciudad de 21 000 000 de personas. Por todas partes las cifras de casos y víctimas aumentaban rápidamente. Liberia fue golpeada con especial severidad.
Un equipo conformado por todos estos profesionales se apresuró a redactar un reporte científico, con Sylvain Baize del Instituto Pasteur en Lyon como primera autora, que fue publicado en línea por The New England Journal of Medicine en abril; en el reporte elaboraron una gráfica sobre la cadena de infecciones e hicieron notar otro punto relevante: el bicho que habían encontrado no era el virus de la Selva de Taï, como se podía haber esperado basándose en la geografía (dado que Costa de Marfil comparte frontera con Guinea). No, este brote era causado por un ebolavirus diferente, una variante del mismo virus del ébola, como fue conocido en Gabón y los dos países del Congo, aproximadamente 3 218 kilómetros hacia el este. El estudio de Baize también resaltaba que las tres clases de murciélagos de la fruta que el grupo de Eric Leroy tenía como sospechosos de ser los reservorios del virus, incluyendo al murciélago cabeza de martillo, se encuentran presentes en partes de África occidental.
El murciélago cabeza de martillo, de hecho, tiene presencia también en la parte sur de Guinea.
Ahora el virus también había alcanzado a Senegal, otro vecino de África central, por medio de un estudiante de Guinea. Puede muy bien llegar a otros lugares, otros países, transportada por gente en autobús, a pie, o en bicicleta por las fronteras abiertas, o viajar por aire internacional o intercontinentalmente. Así que hemos llegado al punto, desde septiembre de 2014, en que tenemos que dejar de llamar esto un brote y comenzar a llamarlo una epidemia. Stephen K. Gire y sus colegas dieron ese paso en su estudio genómico del virus.
La palabra pandemia, que suena tan escalofriante, todavía resulta inapropiada y —al menos que tengamos la peor de las suertes— continuará siendo inapropiada. El ébola, como lo conocemos, no es la clase adecuada de virus que pueda diseminarse alrededor del mundo, como lo hace la influenza con regularidad, y como podría hacerlo otro bicho que afecta las vías respiratorias, el SARS coronavirus, y causar decenas de miles de muertes, no sólo en los países pobres, sino también en los ricos con todo y las ventajas de contar con gobiernos fuertes y un riguroso sistema de salud. Aún se trata de un virus que se mueve lentamente, si lo comparamos con otros muchos. Lo que sí debemos reconocer y recordar es que hasta ahora los eventos de África occidental nos hablan no sólo de los horribles hechos de la transmisibilidad y la letalidad del ébola, sino de los horribles datos de pobreza, sistemas inadecuados de salud, disfunción política y desesperación que existen en los tres países de África occidental, así como de la negligente indiferencia ante estas circunstancias a lo largo del tiempo por parte de la comunidad internacional.
Aun cuando se haya detenido la epidemia y el brote congolés, el virus no se irá. Sólo se esconderá de nuevo. Residirá en su huésped reservorio, en algún lugar en medio de la selva, esperando su próxima oportunidad.
Vivimos en un planeta complicado, rico en organismos de una vasta variedad, incluyendo a los virus, todos interactuando de forma oportunista, y aunque existen 7000 millones de personas, el lugar no se ha hecho a nuestra conveniencia y para nuestro placer.

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Interesting vision from the point of view of the ecology presented by the author. It presents the documented history of Ebola, highlighting the ecological consequences of human activity.
Quammen is an excellent science writer, with plenty of experience “in the laboratory,” which, in this case, means in the field in Africa. Part of this work is derived from his previous work,Spillover: Animal Infections and the Next Human Pandemic. Some reviewers have knocked “Ebola” for that reason, but since I had not read “Spillover,” it was not a problem for me. Both works concern the transmission to humans of a virus that had been only in animals. That transmission is called “spillover.” The diseases themselves are classified as “zoonosis.” Bubonic plague is an example of a zoonosis disease; smallpox, on the other hand, is not, since it resides only in humans.
The author commences by introducing the reader to J. Michael Fay, a biologist who is undertaking a most impressive and worthwhile “life achievement”: a 2000 mile walk through the remote forests of central Africa, performing a biological survey along the way. Quammen joins Fay in northeastern Gabon, near the village of Mayibout 2, where a number of people died from an outbreak of Ebola in 1996. It is Fay who notes that virtually all the gorillas in the area have died out.
The Ebola virus derives its name from a river in the northeastern Congo (Kinshasa). The first recognized cases were in 1976, in the area of this river. Since these initial cases, Ebola cases have popped up in various places in central Africa, often separated by thousands of kilometers. How does it propagate? Quammen makes the analogy with the nature of light: is it a particle or a wave? The correct answer recognized today is “Yes”, meaning both. Likewise, is Ebola propagating from a central point, or is it endemic throughout the area. Again, “yes,” with genetic mutations being a key variable in determining the modes and speeds of transmission. Until the massive outbreak in West Africa in 2014, centering on the three countries of Guinea, Sierra Leone and Liberia, approximately 1580 people died from the disease, a number that was soon eclipsed in a matter of weeks in these three countries.
What is the reservoir for Ebola? Much of this book is devoted to the “mystery story” of determining the answer, along with the individuals in its pursuit. Ebola does not live (for long) in gorillas and chimpanzees since it kills them. Quammen provides the evidence that the probably reservoir is bats… but is careful not to make a firm conclusion since the live Ebola virus has never been detected in a bat.
For some, their work related to Ebola is altruistic, like, for example to work of Dr. Albert Schweitzer, in Gabon. For many others, “enlightened self-interest” is a significant factor, since there is always the fear that this disease, in Africa, will spread “out.” The author provides the details of several cases that did, sometimes with fatal consequences. Regrettably, a common theme was for the authorities, whether in Russia, or the United States, to blame the person who contracted the disease, an almost medieval approach to medicine. I found the case of Kelly Warfield, who worked at the US Army’s biological warfare facilities at Fort Detrick, Maryland, and who accidentally pricked herself with a needle exposed to Ebola to be a particularly fascinating and instructive story (she survived, and continues to work in the field!)
Overall, an excellent informative summary of how a deadly virus can impact us all, written in a straightforward, lucid style.

Ebola: The Natural and Human History of a Deadly Virus” is a very interesting behind-the-scenes look at the quest to find the host animal carrying this devastating virus. This brief book is a product of sections of his 2012 book Spillover and recent events. Accomplished author and science journalist, David Quammen takes the reader on a journey through the jungles of Africa in search of the reservoir host. This exciting 128-page is broken out into 21 chapters.
Positives:
1. Solid science writing. Well researched and engaging.
2. The hot-button topic of the day.
3. Quammen has a good grasp of the topic and writes with skill. It feels more like an action book than a standard-of-the-mill popular science book.
4. Like a good philosopher Quammen asks the right questions and its science’s quest to get the answers.
5. A partial view of the history and science of Ebola. It’s very accessible and focuses more on the quest to find the host.
6. Introduces and explains terms in an accessible manner. “A reservoir host is a species that carries the pathogen, harbors it chronically, while suffering little or no illness.”
7. Does a great job of capturing the difficulties associated with tracking down the sources of viruses and in particular the Ebola virus. “Zoonotic pathogens can hide. That’s what makes them so interesting, so complicated, and so problematic.” Ebola is a zoonosis.
8. Provides many examples of other viruses that shed light on the Ebola virus. “Johnson had helped solve the Machupo crisis by his attention to the ecological dimension–that is, where did the virus live when it wasn’t killing Bolivian villagers? The reservoir question had been tractable, in that case, and the answer had quickly been found: A native mouse was carrying Machupo into human households and granaries.”
9. Provides fascinating facts such as the fatality rates for various infections. Find out the total number of fatalities from the discovery of the first ebolavirus in 1976 through the end of 2012.
10. Explains the different strains of ebolaviruses. “What can be said, though, is that Ebola virus appears to be the meanest of the four ebolaviruses you’ve heard about, as gauged by its effect on human populations.” “IN LATE 2007 a fifth ebolavirus emerged, this one in western Uganda.”
11. Always interesting how religious and cultural beliefs intersect with science. “He found that the predominant ethnic group there, the Acholi, were also inclined to attribute Ebola virus disease to supernatural forces. They believed in a form of malign spirit, called gemo, that sometimes swept in like the wind to cause waves of sickness and death. Ebola wasn’t their first gemo.”
12. Puts Ebola virus in perspective. “If you want a really bloody disease, he said, look at Crimean-Congo hemorrhagic fever. Ebola is bad and lethal, sure, but not bad and lethal precisely that way.”
13. Describes how the Ebola virus infects the human body. “It’s not very contagious but it’s highly infectious.”
14. Some captivating stories that stand out, Dr. Kelly Warfield.
15. Shows some insight on how science works in the field.
16. How RNA viruses evolve. “Rates of replication and mutation of an RNA virus, differential success for different strains of the virus, adaptation of the virus to a new host–that’s evolution.”
17. Theories on the reservoir host of the Ebola virus. “And the evidence on Ebola virus, though not definitive, as I’ve mentioned, suggests that it too very possibly comes: from bats.”
18. The links between the Marburg and Ebola virus.
19. An excellent Epilogue.
20. Source notes and select bibliography provided.
Negatives:
1. Lacked visual material that would have complemented the excellent narrative. A timeline graph would have been very helpful and added value. A chart or table depicting the various viruses and sources are sorely missed here.
2. Not as technical as I would have hoped. I understand that the book is for the masses but an appendix or supplementary material to appease those seeking more info would have been welcomed.
3. Lacked insight on the government institutions responsible to handle these epidemics.
4. Don’t purchase this book if you already own Spillover. It’s basically the same book with some minor updates. This book’s impetus was to take advantage of the high interest of this subject.

In summary, a very good brief book on the Ebola virus. If you are looking for an accessible book that reads more like an adventure than a standard pop-science book you have found your match. It’s interesting, engaging and provides some interesting insights on what it takes to track down a reservoir host. Perhaps a bit rushed to take advantage of the interest of the topic and lacking visual supplements but a worthwhile read. I recommend it.

The Ebola virus is invisible, except, of course, when viewed through an electron microscope, or because of its fascinating pathogenic effects. It is impersonal. It is apolitical. It seems to have the same destructive force of the tenth plague of Egypt that the Exodus speaks of: that inflicted by the angel of death.
This last impression can be misleading. The Ebola virus is not the angel of death. Despite the bewilderment it causes, it is not a supernatural event: it is just a virus; one that, without attracting attention and in any place, becomes infernally destructive when it infects the human body.
The Ebola virus has been mostly an African calamity (to some extent), and although it is a unique phenomenon, it is not an anomaly, rather it represents an especially dramatic episode of a global phenomenon.
Everything comes from somewhere, and the new ones as strange infectious diseases that emerge abruptly among human beings come mainly from non-human animals. The disease can be caused by a virus, a bacterium, a protozoan or some dangerous bug. That bug can live, without attracting attention, hidden in a type of rodent, bat, bird, ape or ape. If it were to happen through an accident of the animal that serves as hiding place for its first human victim, it could find the propitious conditions; could reproduce aggressively and abundantly; it could cause some disease, even death, and, meanwhile, it could pass from its first human victim to others. There is an elegant word for this phenomenon, used by scientists studying infectious diseases from an ecological perspective: zoonoses.
Although zoonosis is a slightly technical term, strange to most people, it helps to clarify the biological complexity of swine flu, bird flu, severe acute respiratory syndrome (SARS), and the virus of the Nile. Western, among other emerging diseases; diseases that have in common belong to the family of zoonoses and that threaten to be a global pandemic. This approach helps to understand why medical science and public health campaigns have been able to combat some of the most terrifying diseases, such as smallpox and polio, but are unable to counteract others, such as dengue or yellow fever. The zoonosis is the word of the future, destined to an intense use in the XXI century; refers to animal infection transmissible to humans.

Along the upper course of the Ivindo River, northeast of Gabon, near the border with the Republic of the Congo, lies a small village called Mayibout 2. It is a kind of satellite settlement located 1. 6 kilometers upstream from his homonym: the Mayibout village. In February of 1996 this community was hit by a chain of terrible and disconcerting events: 18 people suddenly became ill after they participated in the sacrifice of a chimpanzee.
Symptoms included fever, headache and throat, bloodshot eyes, vomiting, bleeding gums, hiccups, muscle pain and bloody diarrhea. By decision of the village head, the 18 people were evacuated downstream to a hospital in the district capital, a town called Makokou. They are roughly 80 kilometers in a straight line from Mayibout 2 to Makokou, but by canoe, along the sinuous Ivindo River, it became a seven-hour trip.
The Mayibout 2 spill was not an isolated event; It is part of a series of outbreaks of Ebola virus that have appeared throughout Central Africa, whose meaning remains a matter of confusion and debate. The outbreaks cover the period from 1976 (year of the first Ebola emergency) to 2014; in these years the virus has spread from one end of the continent (Guinea, Liberia and Sierra Leone) to the other (Sudan and Uganda). The four major lineages of the virus that have manifested during these events are known as ebolavirus. On a smaller scale, in Gabon alone, there has been a cluster of three incidents related to the virus in less than two years and in a small space, the second of them in Mayibout 2.
A first outbreak occurred in the month of December 1994, in the fields destined for the exploitation of the gold mines located in the upper course of the Ivindo River, in the same area where Mike Fay would later recruit his Gabonese team.
England had its first case of Ebola virus disease in 1976. Russia had the first (we know) in 1996. Unlike the Swiss woman who performed the necropsy of the chimpanzee in Côte d’Ivoire, these two hapless people did not they were infected during a field work in Africa, nor did they arrive prostrate in an air ambulance. His exposure was as a consequence of accidents in the laboratory. Each of them suffered a small but fatal self-inflicted wound, while doing research work.
The British accident occurred at the British Organization for Microbiological Research, a discreet specialized institution that was located in a high security complex of the government known as Porton Down, not far from Stonehenge, on the green slopes southwest of London. Think of a place similar to Los Alamos, but hidden in the fifth hell of rustic England instead of the mountains of New Mexico, and with bacteria and viruses instead of uranium and plutonium as the strategic materials of interest.
A Russian woman was punctured with Ebola in May 2004; about this case we know a little more. Antonina Presnyakova was a 46-year-old technician who worked at a high-security viral research center called Vektor (which sounds like something out of a book by Ian Fleming), located southwest of Siberia. Presnyakova’s syringe carried blood from one whose infected with Ebola virus. The needle pierced the two gloves to his left palm. She was immediately admitted to an isolation clinic, developed the symptoms in a few days and died two weeks later.
These three cases reflect the risks inherent in research work in the laboratory with viruses such as these: lethal and infectious. It also makes one think in context about the concern that surrounded the closest case of home-made Ebola virus in the United States.

The geographic pattern of Ebola outbreaks among humans is a matter of controversy. Everyone knows what this pattern is like, but experts debate what it means. The dispute involves the Ebola virus in particular, that among the five ebolaviruses that exist has emerged more frequently in multiple places in Africa and, therefore, cries out for an explanation. From its first known appearance in Yambuku (1976) to the episodes in Tandala (1977), the upper course of the Ivindo River, the gold mining fields (1994), Kikwit (1995), Mayibout 2 (1996), Booué (late) 1996), the northern border between Gabon and the Republic of the Congo (2001-2002), his two appearances near the Kasai River in what is now known as the Democratic Republic of the Congo (2007-2009) and until his most recent appearance in Guinea, Sierra Leone, Liberia and Nigeria (2013-2014), the Ebola virus, it seems, jumps from place to place in an irregular manner around central and western Africa. What is happening? Is it a random pattern or does it have some causes? If it has causes, what are they?
First, fruit bats could be the incubatory hosts of the virus, but not necessarily the only ones. Maybe another animal is involved, an older one, that has long adapted to the virus (if so, where does that creature hide?) Second, they agreed that too many people have died from this disease, but they do not know about the number of dead gorillas.
Jon Epstein: do not imagine that these viruses have a deliberate strategy. Do not think that they hold a kind of malignant responsibility against human beings. “It’s just an opportunity,” he said. It does not mean that they come for us. Rather, in one way or another, we are the ones who go to them. We give them the opportunity to infect us when we get into their reservoir hosts, whatever they may be.

On August 8, 2014 the World Health Organization (WHO) declared the epidemic of Ebola virus disease in West Africa as an international public health emergency (PHEIC, for its acronym in English). This seemed a truism for some attentive observers, and yet it was appalling to see WHO make such a written statement. The announcement reflected the seriousness of the situation that, for a variety of reasons, had gone beyond the borders of previous experience with the Ebola virus; so now even the experts were in unknown territory.
Guinea had been the first affected country, then Liberia and Sierra Leone, then, by a horrific accident, the virus had traveled by plane to Lagos, Nigeria, a noisy city of 21,000,000 people. Everywhere the numbers of cases and victims increased rapidly. Liberia was hit with special severity.
A team made up of all these professionals hastened to write a scientific report, with Sylvain Baize of the Pasteur Institute in Lyon as first author, which was published online by The New England Journal of Medicine in April; In the report, they made a graph about the chain of infections and noted another relevant point: the bug they had found was not the Taï Forest virus, as could have been expected based on geography (given that Ivory Coast shares a border with Guinea). No, this outbreak was caused by a different ebolavirus, a variant of the same Ebola virus, as was known in Gabon and the two countries of the Congo, approximately 3 218 kilometers to the east. Baize’s study also highlighted that the three kinds of fruit bats that Eric Leroy’s group had suspected of being reservoirs of the virus, including the hammerhead bat, are present in parts of West Africa.
The bat-headed bat, in fact, also has a presence in the southern part of Guinea.
Now the virus had also reached Senegal, another neighbor of Central Africa, through a student from Guinea. It can very well reach other places, other countries, transported by people by bus, on foot, or by bicycle through open borders, or travel by international or intercontinental air. So we have reached the point, since September 2014, that we have to stop calling this an outbreak and start calling it an epidemic. Stephen K. Gire and his colleagues took that step in their genomic study of the virus.
The word pandemic, which sounds so chilling, is still inappropriate and – unless we have the worst of luck – it will continue to be inappropriate. Ebola, as we know it, is not the right kind of virus that can spread around the world, as does the flu regularly, and how could another bug that affects the respiratory tract, SARS coronavirus, and cause tens of thousands of deaths, not only in poor countries, but also in the rich with everything and the advantages of having strong governments and a rigorous health system. It is still a virus that moves slowly, if we compare it with many others. What we must recognize and remember is that, to date, the events in West Africa speak not only of the horrible facts of the transmissibility and lethality of Ebola, but of the horrible data of poverty, inadequate health systems, political dysfunction and despair. that exist in the three countries of West Africa, as well as the negligent indifference to these circumstances over time on the part of the international community.
Even when the epidemic and the Congolese outbreak have stopped, the virus will not go away. It will only hide again. It will reside in its reservoir host, somewhere in the middle of the jungle, waiting for its next opportunity.
We live in a complicated planet, rich in organisms of a vast variety, including viruses, all interacting opportunistically, and although there are 7 billion people, the place has not been made at our convenience and for our pleasure.

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