Hijos De Las Estrellas. Un Maravilloso Recorrido Sobre Los Orígenes Del Universo Y Del Ser Humano — María Teresa Ruiz / Children Of The Stars. A Wonderful Journey About the Origins of the Universe and the Human Being by María Teresa Ruiz (spanish book edition)

Este breve libro didáctico, es un libro bellísimo y un relato absolutamente extraordinario con magníficas ilustraciones, que comunica la maravillosa y emocionante exploracion del universo.

La curiosidad y la necesidad de investigar son las que nos han impulsado a extender la búsqueda más allá de la Tierra, en una aventura de descubrimiento y exploración aún más emocionante y difícil que las emprendidas en su época por Cristóbal Colón, Marco Polo o Hernando de Magallanes. Ellos se encontraron con nuevas civilizaciones, pero a pesar de lo extraños que los nuevos seres pudieran parecer, eran semejantes; encontraron árboles, ríos y pájaros que eran similares a los que ya conocían. En cambio, el universo más allá de la Tierra es muy raro, allí pasan cosas que aquí, en nuestro planeta, no ocurren; existen hoyos negros, pulsares, grandes explosiones de supernovas. No podemos hacer comparaciones ni usar nuestra experiencia terrestre para emprender con éxito esta indagación del cosmos que llamamos astronomía.
Por ahora y con muy pocas excepciones, la exploración del universo más allá de la Tierra la hemos realizado con nuestra mente, inteligencia e imaginación.

Las ondas gravitacionales nos abren una nueva ventana para observar el universo, y no sabemos con qué sorpresas nos vamos a encontrar. Tenemos expectativas de poder conocer qué pasó con el universo en su primer millón de años de existencia después del Big-Bang, cuando era muy denso y caliente, totalmente opaco a la radiación electromagnética, pero transparente a las ondas gravitacionales, las cuales podían desplazarse sin ser absorbidas por la gran densidad de materia existente en esa etapa del cosmos.
Para emprender este viaje por nuestro universo es necesario dejar en casa herramientas tan importantes para la vida diaria como lo son el instinto y el sentido común; ambos los hemos desarrollado para sobrevivir en la Tierra, pero son inútiles explorando el espacio, que es extraño y está lleno objetos que no nos son familiares y que sin embargo forman parte de nuestra historia y de nosotros mismos como seres humanos.
El conocimiento del universo —sus dimensiones, sus tiempos, la variedad de sus estructuras— ha progresado de forma muy acelerada en las últimas décadas, gracias a los nuevos y más poderosos instrumentos para observarlo.

Las herramientas más importantes tienen que ver con la luz —conocida por los científicos como radiación electromagnética—, es decir, con instrumentos que hemos construido para atrapar y estudiar la luz que nos llega desde los confines del universo.
Una de las razones que explica el interés demostrado por países de todo el mundo en instalar observatorios en esta región es precisamente la baja contaminación lumínica, pero existen otros factores, como la posibilidad de observar el universo desde el hemisferio sur. Mientras la Tierra se desplaza en su órbita en torno al Sol, desde el hemisferio sur se observa una zona del cielo que no se logra ver desde el norte, hemisferio donde está la mayor parte de los países que históricamente han cultivado la ciencia y desarrollado instrumentos para explorar el cosmos. Mientras el cielo del hemisferio norte estaba bastante explorado, el cielo del Sur era prácticamente desconocido. Hoy, con la concentración de grandes observatorios construidos en el norte de Chile en las últimas décadas, el cielo del sur por fin empieza a ser familiar y conocido para los astrónomos del mundo.
Otra razón del interés por instalar observatorios en Chile es que el cielo del sur contiene algunos de los objetos astronómicos más interesantes para estudiar cómo es el centro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, que pasa directamente sobre las cabezas de los habitantes de Santiago de Chile, con una declinación (que equivale a latitud en la Tierra) de menos treinta y tres grados. El centro de nuestra galaxia contiene una potente fuente de emisión de ondas de radio, cuyo origen era hasta hace poco desconocido. Ahora sabemos que en el centro de la Vía Láctea hay un agujero negro con una masa de tres millones de veces la masa del Sol, desde donde precisamente surge esa misteriosa emisión. En el cielo austral, entre menos sesenta y menos setenta grados, también encontramos dos galaxias satélites de la nuestra: la Nube Mayor de Magallanes y la Nube Menor de Magallanes, llamadas así porque a ojos de un observador inexperto pueden parecer nubes normales.

El progreso de la ciencia se basa en la observación y en la teoría que la interpreta. Si mañana alguno de los paradigmas se derrumba por nuevas y mejores observaciones o teorías que los interpretan, por supuesto que la historia deberá cambiar. Así se construye la ciencia, poniéndola a prueba de manera permanente.
En la actualidad, distintos tipos de observaciones nos indican que nuestro universo tiene trece mil setecientos millones de años de edad. Todo habría comenzado en un evento fenomenal conocido como el Big-Bang. En este evento se creó el espacio y marca el origen del tiempo, por lo tanto, no sería válido preguntarse qué había antes, ya que no existía el tiempo.
Al morir una estrella, parte de su masa es expulsada, contaminando el material que la rodea, compuesto en su mayoría de hidrógeno y helio, con los elementos que ha fabricado durante su vida. La próxima generación de estrellas que se forme a partir de este material contendrá no sólo hidrógeno y helio, sino todos los otros elementos que fabricó la estrella precedente antes de morir. La vida típica de una estrella tiene una duración que depende de su masa: si es muy grande durará muy poco, unos pocos millones de años; las menos masivas, como nuestro Sol, en cambio, duran unos diez mil millones de años; y las más pequeñas viven incluso más. Una estrella que tiene un décimo de la masa del Sol consume su combustible (hidrógeno) tan lentamente que puede tener una vida varias veces mayor que la edad del universo.
Hace unos cuatro mil quinientos millones de años nació el Sol; unos mil millones de años más tarde surgió la vida en la Tierra; y apenas un par de millones de años atrás, nuestros primeros ancestros. Estos son los pasos más recientes en la permanente evolución del universo hacia mayores grados de complejidad.

Las estrellas nacen formando parte de una numerosa familia, que en algunos casos puede llegar a tener decenas de miles de estrellas, algunas muy grandes y masivas, otras mucho más pequeñas, como nuestro Sol. La materia prima para formar estrellas es el gas y el polvo interestelar, que forman nubes llamadas nebulosas. Estas nebulosas son verdaderas maternidades cósmicas donde podemos encontrar estrellas en proceso de formación aún arropadas en sus capullos de gas y polvo, mientras otras ya iluminan el universo con su luz apenas estrenada.
Las nebulosas son uno de los objetos astronómicos más hermosos; con sus formas y colores son un desafío para la imaginación de cualquier artista. Esos colores y formas, sin embargo, han sido pintados y esculpidos por las propias estrellas que en ellas se originan. Al iluminar las estrellas, las nebulosas delatan la presencia de hidrógeno en el gas con colores rojos; el azul indica que la luz se refleja en los granos de polvo de la nebulosa; las manchas y filamentos oscuros indican la presencia de polvo interestelar, que absorbe la luz de la nebulosa.
Las estrellas de neutrones son tan pequeñas que no resulta posible verlas. Sin embargo, debido a su rápida rotación se pudo descubrir (en frecuencias de radio) pulsos producidos cerca del polo magnético de la estrella de neutrones, el cual, como un verdadero faro, pasa frente a nuestra línea de visión una o más veces por segundo. En el polo magnético de la estrella se juntan las líneas del campo magnético, que también aumenta su intensidad con el colapso y puede llegar a ser unas mil millones de veces mayor que el campo magnético del Sol. Las partículas que rodean a la estrella son atrapadas por el campo magnético y producen una gran luminosidad en las regiones polares (un efecto similar a las auroras que se aprecian en las regiones polares de la Tierra).

No se puede evitar mirar nuestra propia existencia y nuestro cuerpo con admiración. Pensar que los átomos de hidrógeno en mis lágrimas los fabricó el Big-Bang y que los átomos de calcio en mis huesos, el oxígeno en mi sangre y todos los elementos que forman parte de mí, todos fueron fabricados por las estrellas. ¡Somos sus hijos, hijos de las estrellas!.

This brief didactic book is a beautiful book and an absolutely extraordinary story with magnificent illustrations, which communicates the wonderful and exciting exploration of the universe.

The curiosity and the need to investigate are what have prompted us to extend the search beyond the Earth, in an adventure of discovery and exploration even more exciting and difficult than those undertaken in his time by Christopher Columbus, Marco Polo or Hernando de Magellan. They met with new civilizations, but in spite of the strangeness that the new beings might seem, they were similar; They found trees, rivers and birds that were similar to those they already knew. On the other hand, the universe beyond the Earth is very rare, there happen things that here, on our planet, do not happen; there are black holes, pulsars, big explosions of supernovas. We can not make comparisons or use our terrestrial experience to successfully undertake this exploration of the cosmos we call astronomy.
For now and with very few exceptions, the exploration of the universe beyond the Earth we have done with our mind, intelligence and imagination.

The gravitational waves open a new window to observe the universe, and we do not know what surprises we will find. We expect to know what happened to the universe in its first million years of existence after the Big Bang, when it was very dense and hot, completely opaque to electromagnetic radiation, but transparent to gravitational waves, which could be moved without to be absorbed by the great density of matter existing in that stage of the cosmos.
To undertake this journey through our universe it is necessary to leave at home tools as important for everyday life as instinct and common sense are; we have both developed them to survive on Earth, but they are useless exploring space, which is strange and filled with objects that are unfamiliar to us and yet are part of our history and of ourselves as human beings.
The knowledge of the universe – its dimensions, its times, the variety of its structures – has progressed very rapidly in recent decades, thanks to the new and more powerful instruments to observe it.

The most important tools have to do with light -known by scientists as electromagnetic radiation-, that is, with instruments that we have built to trap and study the light that reaches us from the ends of the universe.
One of the reasons that explains the interest shown by countries around the world in installing observatories in this region is precisely the low light pollution, but there are other factors, such as the possibility of observing the universe from the southern hemisphere. While the Earth moves in its orbit around the Sun, from the southern hemisphere there is an area of ​​the sky that can not be seen from the north, a hemisphere where most of the countries that have historically cultivated science and developed instruments to explore the cosmos. While the northern hemisphere sky was well explored, the southern sky was virtually unknown. Today, with the concentration of large observatories built in northern Chile in recent decades, the southern sky finally begins to be familiar and known to astronomers around the world.
Another reason for the interest in installing observatories in Chile is that the southern sky contains some of the most interesting astronomical objects to study how is the center of our own galaxy, the Milky Way, which passes directly over the heads of the inhabitants of Santiago de Compostela. Chile, with a declination (equivalent to latitude on Earth) of minus thirty-three degrees. The center of our galaxy contains a powerful source of radio wave emission, whose origin was until recently unknown. Now we know that in the center of the Milky Way there is a black hole with a mass of three million times the mass of the Sun, from which precisely that mysterious emission arises. In the southern sky, between minus sixty and minus seventy degrees, we also find two satellite galaxies of ours: the Greater Cloud of Magellan and the Lesser Cloud of Magellan, so named because in the eyes of an inexperienced observer they can appear as normal clouds.

The progress of science is based on observation and on the theory that interprets it. If tomorrow some of the paradigms collapse by new and better observations or theories that interpret them, of course the story should change. This is how science is built, putting it to the test permanently.
At present, different types of observations indicate that our universe is thirteen thousand seven hundred million years old. Everything would have started at a phenomenal event known as the Big Bang. In this event space was created and marks the origin of time, therefore, it would not be valid to ask what was before, since there was no time.
When dying a star, part of its mass is expelled, contaminating the material that surrounds it, composed mostly of hydrogen and helium, with the elements that it has made during its life. The next generation of stars formed from this material will contain not only hydrogen and helium, but all the other elements that the preceding star made before dying. The typical life of a star has a duration that depends on its mass: if it is very large it will last very little, a few million years; Instead, the least massive, like our Sun, instead, last about ten billion years; and the smallest live even more. A star that has a tenth of the mass of the Sun consumes its fuel (hydrogen) so slowly that it can have a life several times greater than the age of the universe.
About four thousand five hundred million years ago the Sun was born; about a billion years later life on Earth emerged; and just a couple of million years ago, our first ancestors. These are the most recent steps in the permanent evolution of the universe towards greater degrees of complexity.

The stars are born as part of a large family, which in some cases can have tens of thousands of stars, some very large and massive, others much smaller, like our Sun. The raw material for forming stars is gas and interstellar dust, which form clouds called nebulae. These nebulae are true cosmic maternities where we can find stars in the process of formation still wrapped in their cocoons of gas and dust, while others already illuminate the universe with its light just released.
Nebulae are one of the most beautiful astronomical objects; With their shapes and colors they are a challenge for any artist’s imagination. Those colors and shapes, however, have been painted and sculpted by the very stars that originate in them. When illuminating the stars, the nebulae reveal the presence of hydrogen in the gas with red colors; blue indicates that light is reflected in the dust grains of the nebula; the dark spots and filaments indicate the presence of interstellar dust, which absorbs the light of the nebula.
The neutron stars are so small that it is not possible to see them. However, due to its rapid rotation it was possible to discover (in radio frequencies) pulses produced near the magnetic pole of the neutron star, which, like a true beacon, passes in front of our line of sight one or more times per second. . In the magnetic pole of the star the magnetic field lines come together, which also increases its intensity with collapse and can be a billion times larger than the Sun’s magnetic field. The particles surrounding the star are trapped by the magnetic field and produce a great luminosity in the polar regions (an effect similar to the auroras that are appreciated in the polar regions of the Earth).

We can not avoid looking at our own existence and our body with admiration. To think that the hydrogen atoms in my tears were made by the Big Bang and that the calcium atoms in my bones, the oxygen in my blood and all the elements that are part of me, were all made by the stars. We are your children, children of the stars!.

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