1914. El Asesinato De Sarajevo — Eladi Romero García / 1914. The Assassination of Sarajevo by Eladi Romero García (spanish book edition)

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Sin duda lo más acertado de este breve libro es como el presente relato narra de forma novelada cómo se preparó el atentado desde Belgrado, cómo se llevó a cabo y cómo fueron juzgados sus responsables, tratando el suceso al estilo de una novela de intriga en la que la diplomacia austrohúngara y alemana.
«Se ha hablado mucho de este asesinato en los libros pero nunca te lo contaban con mucho detalle. Es un asesinato tan importante en la historia del siglo XX que hacer en un principio un estudio de divulgación, pero luego le vi los tonos novelescos y lo convertí en una novela pero con rigor», para mi es su gran acierto.
El azar intervino en este regicidio ya que el grupo terrorista fracasó en su primer intento al arrojarle una bomba, pero casualmente Gavrilo Princip, un joven de 19 años de este grupo de independentistas se encontró con el archiduque por la calle cuando éste se dirigía a visitar a los heridos del atentado y allí lo acribilló a balazos dándole muerte junto a su esposa. «Un asesinato en un sitio perdido derivó en una guerra mundial que costó ocho millones de muertes y cambio todo el mapa de Europa».

El 28 de junio de 1914, siete nacionalistas bosnios aguardaban en Sarajevo, capital de Bosnia, al archiduque Francisco Fernando de Habsburgo con intención de asesinarlo. La preparación del atentado había sido orquestada desde Serbia, donde una organización militar secreta llamada la Mano Negra hacía lo posible por unir a su territorio a todas las minorías serbias de los Balcanes, incluidas las de Bosnia, ahora dependientes de los Habsburgo. El magnicidio tuvo éxito gracias a una casualidad que permitió al estudiante Gavrilo Princip, miembro del comando, disparar contra el archiduque y su esposa. Ambos fallecieron, iniciando así un conflicto que acabaría convirtiéndose en una guerra de enormes dimensiones, la Primera Guerra Mundial.

El libro también relata cómo fue el juicio contra seis de los sietes terroristas, condenados a muerte. Al asesino se le sentenció con veinte años al ser menor, pero murió en una cárcel. Esta novela arroja algo más de luz en una de las regiones más convulsas de Europa.
Belgrado, mediados-finales de marzo de 1914
La autoridad más elevada de la organización está constituida por la Oficina central suprema, ubicada en Belgrado. Ella asume la ejecución de las deliberaciones.
Artículo quinto de la constitución de la organización serbia Unificación o Muerte (también conocida como la Mano Negra).
La población de Belgrado dobla la de Sarajevo. Cien mil habitantes en la capital serbia, cincuenta mil en la bosnia. Danilo Ilić lo ha comprobado en varias ocasiones, pues cada vez que debe entrevistarse con Dragutin necesita invertir mucho más tiempo aquí que para moverse por la capital del Miljacka. Sin embargo, en Belgrado, y a diferencia de lo que ocurre con Sarajevo, apenas hay musulmanes. Los aborrecidos turcos no supieron (o los serbios no se dejaron) convencer a su población para que aceptara la doctrina del Islam. Por eso, Belgrado es una ciudad ortodoxa, cristiana hasta la médula, devota de san Sava, su patrón nacional, en cuyo honor pretender levantar el mayor templo del mundo. Las antiguas mezquitas construidas por los opresores fueron derribadas en cuanto se obtuvo la tan ansiada libertad.

Sarajevo, 28 de junio de 1918
Cada grupo está obligado a acoger y apoyar a las personas a las que la Oficina central suprema encargue ejecutar cualquier tarea, así como a preparar todo lo necesario tanto para su reali-zación como para ayudar en la fuga del ejecutor.
Artículo octavo del reglamento de la organización serbia Unificación o Muerte (también conocida como la Mano Negra).
Aquel día fueron pocos los que en la comisaría central de policía de Sarajevo dispusieron de tiempo para comer. Había muchas cosas por hacer.
En primer lugar, capturar a todos los implicados en el asesinato y hacerles confesar todos los entresijos del plan. En este sentido, Gerde no perdió ni un minuto, entrevistándose con el detective Ivasjuk para encomendarle dicha tarea.
Viktor Ivasjuk era un oficial de policía de origen checo muy experimentado en la lucha contra los radicales serbobosnios. Llevaba cinco años en la comisaría de Sarajevo y se había ganado la confianza de Gerde, que lo prefería a Vila por su perspicacia y su total entrega a la causa imperial.
Čabrinović mencionó en alguna ocasión a los francmasones, aunque muy de pasada, en un contexto nada relacionado con nuestro plan.
—¿Es usted masón?
—Vaya pregunta. ¡Pues claro que no!
—¿Y Čabrinović, es Čabrinović masón?
—¡Y yo qué sé! Puede que sí, puede que no, no creo que eso importe mucho.
A continuación, el fiscal volvió con Nedjelko Čabrinović, quien, en su continuado afán de protago-nismo, pretendía convertirse en el verdadero artífice del crimen. El fiscal aprovechaba en cualquier momento esta circunstancia para obtener de él todo tipo de respuestas favorables a su causa. El discurso final de Čabrinović constituyó un verdadero modelo de ego-centrismo.
—Yo no odio a Austria, aunque soy perfectamente consciente de que los austríacos no han hecho nada desde la ocupación de mi país por resolver los problemas que sacuden a Bosnia y Herzegovina. Nueve décimas partes de nuestra población están integradas por sencillos campesinos que viven miserablemente, que no tienen escuelas y que están privados de cualquier tipo de cultura. Por supuesto, yo simpatizo con su angustia. En cuanto al crimen político…, solo las personas nobles somos capaces de cometerlo. Habíamos oído decir que el archiduque Francisco Fernando era enemigo de los eslavos, pero nadie de nuestro entorno nos instigó a asesinarlo. A esa idea llegamos nosotros solos, sin necesidad de ayuda intelectual…
»Me gustaría añadir algo más. Aunque Princip esté jugando al héroe, y aunque todos queramos aparecer como héroes, todos lamentamos profundamente el haber dejado a unos hijos huérfanos de padre y madre.
Sabemos que antes de fallecer, el archiduque le pidió a su esposa que viviera para cuidar de sus hijos. Un deseo conmovedor, sí. Pero nosotros no somos criminales.
En mi nombre y en el de mis compañeros pido a esos hijos del archiduque que nos perdonen. En cuanto a usted, quiere castigarnos porque cree que somos unos vulgares asesinos. Pero se equivoca, no somos criminales, sino unas personas honestas animadas por ideales y sentimientos nobles. Somos unos idealistas que busca-mos el bien para nuestro pueblo, al que amamos y por el que estamos dispuestos a morir.

Así concluyó el juicio de Sarajevo. Era el 23 de octubre de 1914, mientras serbios y austrohúngaros combatían con denuedo en los campos de batalla balcánicos. Cinco días después, el tribunal anunciaba so-lemnemente su veredicto.
No hubo sorpresas, simplemente penas algo más leves de las esperadas. Cinco sentencias de muerte para los principales acusados mayores de veinte años, es decir, Danilo Ilić, Veliko Cubrilović (tan bien defendido por Zistler, a quien, al parecer, los jueces no hicieron demasiado caso), Misko Jovanović, Jakov Milovic y Nedo Kerovic. Princip, Čabrinović y Grabez recibieron veinte años de prisión por ser menores de veinte años en el momento el cometerse el atentado. Así lo disponía la ley penal imperial, y así se aplicó en este juicio.
Mitar Kerovic, cadena perpetua. Vaso Cubrilović, dieciséis años. Cvetko Popović, trece años. Lazar Djukic e Ivo Kranjcevic, diez años. Cvijan Stjepanovic, siete años. Branko Zagorac y Marko Perin, tres años. El resto fueron absueltos. Posteriormente, las condenas a muerte de Jakov Milovic y Nedo Kerovic serían revisadas, siendo conmutadas por cadena perpetua y veinte años de prisión respectivamente.

Undoubtedly the most successful of this short book is how the present narrative narrates in a novelty how the attack was prepared from Belgrade, how it was carried out and how they were judged responsible, treating the event in the style of a novel of intrigue in the than Austro-Hungarian and German diplomacy.
«There has been a lot of talk about this murder in the books but they never told you in much detail. It is a murder so important in the history of the twentieth century to do at first a study of disclosure, but then I saw the romantic tones and turned it into a novel but with rigor «, for me is his great success.
Fate intervened in this regicide because the terrorist group failed in its first attempt to throw a bomb, but coincidentally Gavrilo Princip, a young man of 19 years of this group of independentistas met with the archduke down the street when he was on his way to visit to the wounded of the attack and there shot him to death killing him with his wife. «A murder in a lost place resulted in a world war that cost eight million deaths and changed the whole map of Europe”.

On June 28, 1914, seven Bosnian nationalists were waiting in Sarajevo, the capital of Bosnia, for Archduke Franz Ferdinand of Habsburg with the intention of assassinating him. The preparation of the attack had been orchestrated from Serbia, where a secret military organization called the Black Hand was doing everything possible to unite all the Serbian minorities of the Balkans, including those of Bosnia, now dependent on the Habsburgs. The assassination was successful thanks to a chance that allowed the student Gavrilo Princip, member of the commando, to shoot the archduke and his wife. Both died, thus initiating a conflict that would end up becoming a war of enormous dimensions, the First World War.

The book also tells how the trial was against six of the terrorist sevens, sentenced to death. The murderer was sentenced to twenty years as a minor, but he died in a prison. This novel throws more light in one of the most convulsive regions of Europe.
Belgrade, mid-end of March 1914
The highest authority of the organization is constituted by the supreme central Office, located in Belgrade. She assumes the execution of the deliberations.
Article fifth of the constitution of the Serbian Unification or Death organization (also known as the Black Hand).
The population of Belgrade doubles that of Sarajevo. One hundred thousand inhabitants in the Serbian capital, fifty thousand in Bosnia. Danilo Ilić has proven this on several occasions, because every time he has to meet with Dragutin he needs to invest much more time here than to move around the capital of Miljacka. However, in Belgrade, and unlike what happens with Sarajevo, there are hardly any Muslims. The hated Turks did not know (or the Serbs did not allow themselves) to convince their people to accept the doctrine of Islam. That is why Belgrade is an Orthodox city, Christian to the core, devoted to Saint Sava, its national patron, in whose honor it seeks to build the largest temple in the world. The old mosques built by the oppressors were demolished as soon as the long-awaited freedom was obtained.

Sarajevo, June 28, 1918
Each group is obliged to welcome and support the people to whom the supreme central office entrusts the execution of any task, as well as to prepare everything necessary both for its realization and to help in the escape of the executor.
Article eight of the regulation of the Serbian Unification or Death organization (also known as the Black Hand).
That day, few people in the Sarajevo central police station had time to eat. There were many things to do.
First, capture all those involved in the murder and make them confess all the ins and outs of the plan. In this sense, Gerde did not waste a minute, interviewing Detective Ivasjuk to entrust him with this task.
Viktor Ivasjuk was a police officer of Czech origin, very experienced in the fight against Bosnian Serb radicals. He had been in the Sarajevo police station for five years and had earned the trust of Gerde, who preferred him to Vila for his insight and total dedication to the imperial cause.
Čabrinović once mentioned the Freemasons, albeit in passing, in a context that is not related to our plan.
Are you a Mason?
-Hard question. Of course not!
-And Čabrinović, is Čabrinović Mason?
-And I do not know! Maybe, maybe not, I do not think that matters much.
Next, the prosecutor returned with Nedjelko Čabrinović, who, in his continued eagerness for protagonism, wanted to become the true architect of the crime. The prosecutor took advantage of this circumstance at any time to obtain from him all kinds of favorable responses to his cause. The final speech by Čabrinović was a true model of egocentrism.
– I do not hate Austria, although I am perfectly aware that the Austrians have not done anything since the occupation of my country to solve the problems that are shaking Bosnia and Herzegovina. Nine tenths of our population are made up of simple peasants who live miserably, who do not have schools and who are deprived of any kind of culture. Of course, I sympathize with his anguish. As for political crime …, only noble people are capable of committing it. We had heard that Archduke Franz Ferdinand was an enemy of the Slavs, but no one around us instigated us to kill him. We arrived at that idea alone, without needing intellectual help …
»I would like to add something else. Although Princip is playing the hero, and although we all want to appear as heroes, we all deeply regret having left some children orphans of father and mother.
We know that before dying, the archduke asked his wife to live to take care of their children. A touching desire, yes. But we are not criminals.
In my name and in that of my companions I ask those children of the Archduke to forgive us. As for you, he wants to punish us because he thinks we are vulgar murderers. But he is wrong, we are not criminals, but honest people animated by noble ideals and feelings. We are idealists who seek good for our people, whom we love and for whom we are willing to die.

This is how the Sarajevo trial ended. It was October 23, 1914, while Serbs and Austro-Hungarians fought with bravery on the Balkan battlefields. Five days later, the court announced its verdict solemnly.
There were no surprises, just a little more lenient than expected. Five death sentences for the main defendants over twenty years old, namely Danilo Ilić, Veliko Cubrilović (so well defended by Zistler, who, apparently, the judges did not pay much attention), Misko Jovanović, Jakov Milovic and Nedo Kerovic . Princip, Čabrinović and Grabez received twenty years in prison for being under twenty years of age at the time of the attack. This was established by the imperial criminal law, and thus was applied in this trial.
Mitar Kerovic, life imprisonment. Cubrilović glass, sixteen years old. Cvetko Popović, thirteen years old. Lazar Djukic and Ivo Kranjcevic, ten years. Cvijan Stjepanovic, seven years. Branko Zagorac and Marko Perin, three years. The rest were acquitted. Subsequently, the death sentences of Jakov Milovic and Nedo Kerovic would be reviewed, being commuted to life imprisonment and twenty years imprisonment respectively.

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