Razones Para Seguir Viviendo — Matt Haig / Reasons To Stay Alive by Matt Haig

Para aquellos que han luchado contra la depresión, este libro es tal como fue escrito a partir de nuestros pensamientos. Lo recomiendo encarecidamente a los que todavía se ocupan de él, porque te ayuda a ver que no estás tan solo como crees que eres, y que hay una salida (y una vida feliz después de eso).
Por irónico que pueda parecer, este es un libro positivo sobre la depresión.

Comenzaré diciendo que no tengo depresión, pero la alguno de mis mejores amigos y mi hermano mayor la tuvo. Por mucho que quería identificarme con cómo se sentían, nunca pude, lo que me llevó a sentirme bastante impotente, pero este libro realmente me abrió los ojos. Entiendo que no todos sufren la depresión de la misma manera, pero el mensaje bellamente escrito me ayudó a hacer lo mejor para ayudar a los que me importan.
La escritura en sí es impecable, cada palabra que parece ser elegida cuidadosamente para crear una imagen tan precisa de Haig como para un concepto tan abstracto. A lo largo del recuento, los capítulos sobre síntomas físicos, cómo ayudarse a sí mismo y cómo ayudar a otros son de un uso increíble. Me ayudó a tener una idea de lo que podía hacer para ayudar a mis amigos y también, cuando leyeron el libro, les ayudó a sentir que no eran extraños, anormales o fanáticos. Esa depresión no es algo de lo que avergonzarse, porque mucha gente la sufre y no es una debilidad sino una fortaleza.
Este libro cambió mi punto de vista en muchas cosas y si alguien se pregunta si vale la pena comprar este libro, puedo prometerle que así es.
Si estás buscando este libro porque tú mismo tienes depresión, te deseo lo mejor con tu batalla pero la ganarás. Este libro puede ayudar.

Uno de los síntomas clave de la depresión es que no se ve esperanza alguna. Ningún futuro. No sólo no se ve una luz al final del túnel, sino que ambos extremos parecen bloqueados, y tú estás dentro. Así que si hubiera podido conocer el futuro, saber que sería mucho más luminoso que cualquier momento que hubiera vivido, entonces un extremo de ese túnel habría volado en pedazos, y yo podría haber visto la luz. De modo que el hecho de que este libro exista prueba que la depresión miente. La depresión te hace pensar cosas equivocadas.
Pero la depresión en sí no es una mentira. Es lo más real que he experimentado en mi vida. Por supuesto, es invisible.
Los demás, a veces, ni la perciben. Andas por ahí con la cabeza en llamas pero nadie puede ver el fuego. Y así —porque la depresión es algo oculto y misterioso que, por lo general, no se ve— el estigma sobrevive.
Cada persona vive la depresión de una forma distinta. El dolor se siente de varias maneras, en diferentes grados, y provoca reacciones diversas. Dicho esto, si los libros, para resultar útiles, tuvieran que reproducir exactamente nuestra experiencia del mundo, los únicos que valdría la pena leer serían los escritos por nosotros mismos.
No existe una manera correcta o equivocada de tener depresión, ni de sufrir un ataque de pánico, ni de querer suicidarse. Todo esto simplemente se da. El padecimiento, como el yoga, no es un deporte de competición.
Es una dolencia misteriosa incluso para quienes la sufren.

Actualmente el suicidio es una de las principales causas de muerte en países como Gran Bretaña y Estados Unidos, y representa una de cada cien defunciones. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, mueren más personas por suicidio que por cáncer de estómago, cirrosis hepática, cáncer de colon, cáncer de mama y Alzheimer. Dado que quienes se quitan la vida son, en la mayoría de los casos, depresivos, podríamos considerar la depresión como una de las enfermedades más mortales del planeta. Mata a más gente que la suma de casi todas las otras formas de violencia: guerras, terrorismo, violencia doméstica, violaciones y ataques con armas.
Más asombroso aún: la depresión es una enfermedad tan grave que provoca más suicidios que ninguna otra enfermedad. Sin embargo, la gente todavía no cree que la depresión sea en realidad algo tan serio. Si lo pensaran, no dirían las cosas que dicen.
La medicación es un concepto increíblemente atractivo. No sólo para la persona con depresión, o para el que dirige una empresa farmacéutica, sino para toda la sociedad. Refuerza esa idea que nos han inculcado los cien mil anuncios de televisión que hemos visto: que consumiendo un producto todo puede arreglarse. Fomenta la actitud de «cállate y tómate la pastilla», y genera una línea divisoria entre «nosotros» y «ellos», donde todos pueden relajarse y sentir que hemos neutralizado de manera segura la sinrazón —para emplear la palabra favorita de Michel Foucault— en una sociedad que nos exige que seamos normales aunque esto nos vuelva locos.
Los antidepresivos y los ansiolíticos todavía me dan miedo. Y no ayuda en nada que lleven nombres —Fluoxetina, Venlafaxina, Propranolol, Zopiclona— dignos de villanos de ciencia ficción.
Los únicos medicamentos que aparentemente me hicieron sentir mejor fueron las pastillas para dormir.
En 2008, Ben Goldacre, en The Guardian, ya cuestionaba el modelo de la serotonina. «Los curanderos de la industria farmacéutica, que mueve 600.000 millones de dólares, venden la idea de que la depresión está causada por bajos niveles de serotonina en el cerebro, y por lo tanto uno necesita fármacos que aumenten los niveles de serotonina en su cerebro […]. Ésa es la hipótesis de la serotonina. Siempre fue floja, y ahora la evidencia es enormemente contradictoria.

En la depresión es muy difícil detectar las señales de advertencia.
Para la gente que no cuenta con ninguna experiencia directa de depresión, resulta en especial difícil reconocerlas cuando las ven. En parte esto se debe a que algunas personas no tienen claro qué es en realidad la depresión. Empleamos el término deprimido como sinónimo de triste, lo cual es aceptable, así como empleamos famélico como sinónimo de hambriento, aunque la diferencia entre depresión y tristeza equivale a la diferencia entre la verdadera inanición y las simples ganas de comer.
La depresión es una enfermedad. Sin embargo, no se presenta con un sarpullido o una tos. Resulta difícil de ver, ya que en general es invisible. Aunque se trata de una enfermedad grave, incluso a muchos de los que la padecen les cuesta trabajo reconocerla al principio. No porque no cause malestar —que lo causa—, sino porque esa sensación de molestia parece irreconocible, o se la puede confundir con otras cosas. Por ejemplo, si sientes que no vales nada, acaso pienses: «Siento que no valgo nada porque de veras no valgo nada». En general cuesta mucho verlo como un síntoma de una enfermedad.
Sientes:
inquietud
sensación de terror
sentirse constantemente «con los nervios de punta»
dificultad para concentrarse
irritabilidad
impaciencia
distraerse con facilidad
Pero llama la atención que el SNS dé una lista mucho más larga de los síntomas físicos:
mareos
somnolencia y cansancio
hormigueos
latidos irregulares (palpitaciones)
dolor y tensión musculares
boca seca
sudor excesivo
dificultad respiratoria
dolor de estómago
náuseas
diarrea
dolor de cabeza
exceso de sed
necesidad de orinar con demasiada frecuencia
períodos dolorosos o inexistentes
dificultad para conciliar o mantener el sueño (insomnio)
Un síntoma que falta en la lista del SNS pero que se encuentra en otros sitios es tanto físico como mental: la desrealización. Es un síntoma muy común que hace que uno se sienta…, bueno…, irreal. No te sientes plenamente dentro de ti mismo. Sientes como si estuvieras controlando tu cuerpo desde algún otro lugar.

1. Valorar la felicidad cuando la tienes.
2. Bebe poco a poco, no de un solo trago.
3. Trátate bien. Trabaja menos. Duerme más.
4. No hay nada de nada del pasado que puedas cambiar. Es física básica.
5. Cuidado con los martes. Y los octubres.
6. Kurt Vonnegut tenía razón: «Leer y escribir son las formas más nutritivas de meditación que alguien haya descubierto hasta ahora».
7. Escucha más de lo que hablas.
8. No te sientas culpable por estar ocioso. Es probable que se perjudique más al mundo con el trabajo que con el ocio. Pero perfecciona tu ociosidad. Conviértela en atención plena.
9. Sé consciente de que estás respirando.
10. Dondequiera que estés, en cualquier momento, trata de encontrar algo hermoso. Una cara, un verso de un poema, las nubes que se ven por la ventana, unos grafitis, un parque eólico. La belleza limpia la mente.
11. El odio es una emoción que no tiene sentido guardar en ti. Es como comerse un escorpión para castigarlo por picarte.
12. Sal a correr. Después haz un poco de yoga.
13. Date una ducha antes del mediodía.
14. Mira el cielo. Acuérdate de pensar en el cosmos. Busca la inmensidad en cada oportunidad, para ver tu propia pequeñez.
15. Sé amable.
16. Comprende que los pensamientos son pensamientos. Si son irracionales, razona con ellos, aunque no te queden razones. Tú eres el observador de tu mente, no su víctima.
17. No veas la televisión porque sí. No te metas en las redes sociales sin sentido. Sé siempre consciente de lo que estás haciendo, y de por qué lo haces…

Sé valiente. Sé fuerte. Respira, y sigue adelante. Después te lo agradecerás.

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For those who have struggled with depression, this book is as it was written from our thoughts. I highly recommend it to those still dealing with it, because it helps you to see you’re not as alone you think you are, and that there’s a way out (and a happy life after that).
As ironic as it may sound, this is a positive book about depression.

I’m going to start this by saying I don’t have depression but most of my best friends and my big brother was victim underlying depression. As much as I wanted to empathise with how they were feeling I never could which lead me to feel fairly helpless but this book really opened my eyes. I understand not everyone suffers Depression the same but it’s beautifully written message helped me to do my best to help those I care about.
The writing itself is impeccable, every word seeming to be chosen carefully to create as accurate of an image Haig possibly could to such an abstract concept. Throughout the recount, chapters about physical symptoms, how to help yourself and how to help others are of incredible use. It helped me gain an idea of what I could do to help my friends and also, when they read the book, it helped them feel like they’re not weird or abnormal or a freak. That Depression isn’t something to be ashamed of because so many people suffer it and it’s not a weakness but a strength.
This book changed my outlook on many things and if anyone is wondering if this book is worth the buy, I can promise you that it is.
If you’re looking for this book because you, yourself have depression, I wish you all the best with you battle but you will win it. This book may just help.

One of the main symptoms of depression is that you do not see any hope. No future Not only do you not see a light at the end of the tunnel, but both ends seem blocked, and you are inside. So if I could have known the future, knowing that it would be much brighter than any moment I had lived, then one end of that tunnel would have blown to pieces, and I could have seen the light. So the fact that this book exists proves that depression lies. Depression makes you think wrong things.
But depression itself is not a lie. It is the most real thing I have experienced in my life. Of course, it is invisible.
The others, sometimes, do not even perceive it. You walk around with your head on fire but nobody can see the fire. And so – because depression is something hidden and mysterious that, in general, is not seen – the stigma survives.
Each person experiences depression in a different way. Pain is felt in several ways, to different degrees, and causes different reactions. That said, if the books, to be useful, had to reproduce exactly our experience of the world, the only ones that would be worth reading would be those written by ourselves.
There is no right or wrong way to have depression, or suffer a panic attack, or want to commit suicide. All this simply happens. Suffering, like yoga, is not a competitive sport.
It is a mysterious ailment even for those who suffer it.

Currently, suicide is one of the leading causes of death in countries such as Great Britain and the United States, and represents one in every hundred deaths. According to figures from the World Health Organization, more people die from suicide than from stomach cancer, liver cirrhosis, colon cancer, breast cancer and Alzheimer’s. Given that those who take their own lives are, in most cases, depressed, we could consider depression to be one of the most deadly diseases on the planet. It kills more people than the sum of almost all other forms of violence: wars, terrorism, domestic violence, rapes and attacks with weapons.
More amazing still: depression is such a serious disease that it causes more suicides than any other disease. However, people still do not believe that depression is actually such a serious thing. If they thought about it, they would not say the things they say.
The medication is an incredibly attractive concept. Not only for the person with depression, or for the one who runs a pharmaceutical company, but for the whole society. It reinforces that idea that the hundred thousand television commercials that we have seen have inculcated us: that consuming a product everything can be fixed. It fosters the attitude of “shut up and take the pill,” and it creates a dividing line between “us” and “them,” where everyone can relax and feel that we have safely neutralized the unreason-to use Michel Foucault’s favorite word- in a society that demands that we be normal even if this drives us crazy.
Antidepressants and anxiolytics still scare me. And it does not help in anything that bears names -Fluoxetine, Venlafaxine, Propranolol, Zopiclone- worthy of sci-fi villains.
The only medications that apparently made me feel better were the sleeping pills.
In 2008, Ben Goldacre, in The Guardian, already questioned the model of serotonin. “The healers of the pharmaceutical industry, which moves 600,000 million dollars, sell the idea that depression is caused by low levels of serotonin in the brain, and therefore one needs drugs that increase the levels of serotonin in your brain [ …] That is the hypothesis of serotonin. It was always lazy, and now the evidence is enormously contradictory.

In depression, it is very difficult to detect warning signs.
For people who do not have any direct experience of depression, it is especially difficult to recognize them when they see them. In part, this is because some people are not clear about what depression really is. We use the term depressed as synonymous with sad, which is acceptable, just as we use famished as a synonym for the hungry, although the difference between depression and sadness is the difference between true starvation and the simple desire to eat.
Depression is a disease. However, it does not present with a rash or cough. It is difficult to see, since in general it is invisible. Although it is a serious illness, even many of those who suffer from it find it difficult to recognize it at first. Not because it does not cause discomfort -which causes it-, but because that sensation of discomfort seems unrecognizable, or it can be confused with other things. For example, if you feel you are worthless, you might think: “I feel like I’m worthless because I’m really worthless.” In general it is hard to see it as a symptom of a disease.
You feel:
restlessness
feeling of terror
to feel constantly “with nerves on edge”
difficult to focus
irritability
impatience
distract yourself easily
But it is striking that the SNS gives a much longer list of physical symptoms:
dizziness
drowsiness and fatigue
tingling
irregular heartbeat (palpitations)
muscle pain and tension
dry mouth
excessive sweating
respiratory distress
stomach ache
sickness
diarrhea
headache
excess of thirst
need to urinate too often
painful or nonexistent periods
difficulty in reconciling or maintaining sleep (insomnia)
A symptom that is missing from the list of the SNS but that is found elsewhere is both physical and mental: derealization. It’s a very common symptom that makes you feel … well … unreal. You do not feel fully within yourself. You feel as if you are controlling your body from somewhere else.

1. Value happiness when you have it.
2. Drink little by little, not a single drink.
3. Treat yourself well. Work less. Sleep more.
4. There is nothing of the past that you can change. It’s basic physics.
5. Beware of Tuesdays. And the Octobers.
6. Kurt Vonnegut was right: «Reading and writing are the most nutritious forms of meditation that someone has discovered until now».
7. Listen more than you speak.
8. Do not feel guilty for being idle. It is likely that the world is harmed more by work than by leisure. But perfect your idleness. Turn it into mindfulness.
9. Be aware that you are breathing.
10. Wherever you are, at any time, try to find something beautiful. A face, a verse of a poem, the clouds seen through the window, some graffiti, a wind farm. Beauty cleanses the mind.
11. Hate is an emotion that does not make sense to keep in you. It’s like eating a scorpion to punish him for stinging you.
12. Go for a run. Then do some yoga.
13. Take a shower before noon.
14. Look at the sky. Remember to think about the cosmos. Find the immensity at every opportunity, to see your own littleness.
15. Be kind.
16. Understand that thoughts are thoughts. If they are irrational, reason with them, even if there are no reasons left. You are the observer of your mind, not its victim.
17. Do not watch television just because. Do not get involved in social networks without meaning. Be always aware of what you are doing, and why you do it …

Be brave. Be strong. Breathe, and move on. Then you will thank about it.

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7 pensamientos en “Razones Para Seguir Viviendo — Matt Haig / Reasons To Stay Alive by Matt Haig

    • Laura, lo de los octubres es por el otoño y la consabida depresión por el clima puede estar al acecho e igualmente ls martes viene de Marte, Dios de la Guerra y que puede dar quebraderos de cabeza, es un libro nteresantev, si lo quieres pídemelo, como todo es subjetivo

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