Cartas Desde La Prisión — Nelson Mandela / The Prison Letters of Nelson Mandela by Nelson Mandela

Este es un libro increíble, que lleva al editor, Sahm Venter, unos 10 años para llevar a buen término este libro. Las cartas, muchas de las cuales nunca antes se habían encontrado impresas, han sido recopiladas de numerosas fuentes y se reúnen aquí en orden cronológico, separadas por las cuatro prisiones diferentes en las que estuvo encarcelado durante un total de más de 27 años. Estas cartas le dan al lector una idea del hombre valiente que era; un hombre que nunca se dio por vencido, y que vivió su vida con esperanza y amor.
Este es un libro extremadamente bien organizado y bien editado que se suma a nuestro conocimiento de una de las figuras políticas más importantes de nuestro tiempo. Mandela y sus compañeros estaban limitados en el número de cartas que podían enviar, a quién podían enviarlas y la longitud de ellas. Sabían que sus cartas serían leídas por las autoridades de la prisión, y que quizás ni siquiera las enviarían por correo. Y muchas cartas enviadas por correo no fueron recibidas.
Algunas de las cartas son demandas a las autoridades de la prisión; muchas son notas de agradecimiento; no solo cortesías diplomáticas, sino una forma de mantenerse en contacto con el mundo exterior. Algunas son cartas personales.
Esta es la suerte de muchos, si no la mayoría, prisioneros de todo el mundo, ya sean políticos o no. Ellos, y aquellos que están afuera, tienen que pelear para que los presos puedan ser escuchados, y puedan comunicarse con sus seres queridos, y recibir los libros y periódicos que deseen.
Mandela logró pasar de contrabando su autobiografía, Long Walk to Freedom: The Autobiography of Nelson Mandela, y sin embargo no fue publicada hasta después de su salida. Con ayuda, fue actualizado. Cuando la primera de las tres ediciones de The Struggle Is My Life, se publicó un maravilloso libro de discursos en 1978, el preso Mandela pensó que era su autobiografía. Sin embargo, es al menos tan importante como esa autobiografía.

En una carta de 1969 le recomienda a mi abuela que levante el ánimo leyendo el bestseller de 1952 del psicólogo Norman Vincent Peale El poder del pensamiento positivo. Le escribe:
 
No les doy ninguna importancia a los aspectos metafísicos de sus argumentos, pero considero que sus opiniones sobre temas médicos y psicológicos son valiosas.
Lo que viene a decir, básicamente, es que no importa tanto la dolencia que uno sufra, sino la actitud que se tenga ante ella. El hombre que se dice a sí mismo «lograré superar esta enfermedad y vivir una vida feliz» ya se encuentra a medio camino de la victoria.

Esta visión sostuvo la lucha inquebrantable de Mandela por la justicia y por una sociedad igualitaria para todos los sudafricanos; una visión que, sin lugar a dudas, podemos aplicar a muchos de los desafíos que nos plantea la vida.

Su vida como recluso empezó en la Prisión Local de Pretoria después de recibir una sentencia de cinco años el 7 de noviembre de 1962 por abandonar el país sin pasaporte y por incitar a los trabajadores a la huelga. Ya como prisionero volvieron a llamarlo frente a la justicia acusado de sabotaje en 1963 y, el 12 de junio de 1964, lo sentenciaron por ello a cadena perpetua. Winnie Mandela, su mujer, fue a visitarlo a Pretoria ese día. Sin embargo, horas después y sin previo aviso, Mandela y otros seis camaradas condenados con él fueron deportados en un vuelo militar a la tristemente célebre cárcel de Robben Island.
En lugar de emplear sus nombres, a los presos se les asignaba un número que siempre los identificaba, al menos al principio, número que estaban obligados a escribir en sus cartas. La primera parte indicaba la cifra correspondiente al preso con respecto al total de encarcelados cada año en una prisión particular; la segunda indicaba el año de entrada. El número de preso más conocido de Nelson Mandela es el 466/64.
Mandela estuvo dos veces en la prisión de Robben Island y, por lo tanto, se le asignaron dos números para esa cárcel. Durante los veintisiete años que estuvo entre rejas, cumplió condena en cuatro penales y se le asignaron seis números de preso.
19476/62 – Prisión Local de Pretoria: 7 de noviembre de 1962-25 de mayo de 1963
191/63 – Robben Island: 27 de mayo de 1963-12 de junio de 1963
11657/63 – Prisión Local de Pretoria: 12 de junio de 1963-12 de junio de 1964
466/64 – Robben Island: 13 de junio de 1964-31 de marzo de 1982
220/82 – Prisión de Pollsmoor: 31 de marzo de 1982-12 de agosto de 1988
  Hospital Tygerberg: 12 de agosto de 1988-31 de agosto de 1988
  Clínica Constantiaberg: 31 de agosto de 1988-7 de diciembre de 1988
1335/88 -Prisión de Victor Verster: 7 de diciembre de 1988-11 de febrero de 1990

Mandela basó su relación con las autoridades penitenciarias en un respeto mutuo aderezado con la irónica observación de que un guardia cualquiera podía significar la diferencia entre tener una sábana extra en invierno o no tener ninguna. La condición previa, sin embargo, era el reconocimiento de la humanidad del otro, solo posible si el preso conservaba su dignidad y sus derechos.
Las muchísimas cartas dirigidas a las autoridades penitenciarias para reclamar una visita al oculista o al dentista o para obtener más derechos de estudio no eran en ningún caso obligatorias. A los presos se les daba todas las semanas la oportunidad de formular quejas o peticiones a un guardia. Pero, según contaba su camarada y compañero de encierro Mac Maharaj, aunque los prisioneros podían hacer peticiones verbalmente, no se les permitía ampliar esas quejas o proporcionar antecedentes informativos. Mandela probablemente quería tener un registro escrito y al mismo tiempo manejar con astucia todas las peticiones de posibles mejoras de las que los demás prisioneros podrían llegar a beneficiarse.
Comparando su infortunio y el de sus compañeros de cárcel con la manera en que los luchadores afrikáneres por la libertad fueron tratados dentro de las prisiones, Mandela construyó un argumento bien sólido para que los soltaran. Pero sus captores no eran ingleses, y el régimen del apartheid que gobernaba el país mediante la fuerza y la opresión temía que liberar a Mandela lo debilitara a ojos de sus partidarios.

Mandela debió de haber escuchado que Sikhakhane era periodista, y por este motivo en esta carta se refiere a una retahíla de periodistas muy conocidos, en su mayoría pertenecientes a la muy influyente revista Drum, que hizo despegar las carreras de numerosos periodistas negros y encarnaba una nueva identidad urbana negra en contraste con la estereotipada representación pastoral y tribal que difundía el régimen del apartheid. Sikhakhane había empezado a trabajar como periodista en diciembre de 1963, poco después de matricularse en la universidad.

AL DIRECTOR DE ROBBEN ISLAND
Robben Island
Director:
31 de marzo de 1971
 
A LA ATENCIÓN DEL CORONEL BADENHORST
Debo informarle de que me han sustraído de la celda dos libretas grandes, de tapa dura, en las que he estado guardando copias de mi correspondencia desde febrero de 1969. La segunda libreta contiene unos fragmentos de papel sueltos en los que estaba bosquejando las tres cartas de abril de 1971.514
Debo informarle, además, de que otro director me concedió en su día permiso para disponer de este material en particular y guardar copias de mi correspondencia. Debo señalarle, asimismo, que el director general de Prisiones, el general Steyn, el brigadier Aucamp y el jefe de guardias Fourie están al corriente de que guardo copias de todo lo que escribo.
 
[Firmado N. R. MANDELA.]
NELSON MANDELA, 466/64

El 12 de agosto de 1988, a la edad de setenta años, llevaron a Mandela al hospital Tygerberg, donde le diagnosticaron una tuberculosis. Mientras estaba siendo tratado en ese hospital siguió siendo un prisionero de la cárcel de Pollsmoor, que se mantenía como su dirección y lugar de contacto para las solicitudes oficiales y su correspondencia.
Llegó al hospital estatal ubicado en Bellville, conocido como hospital Tygerberg (la institución que se utiliza como centro de enseñanza para la Universidad de Stellenbosch), la noche del 12 de agosto de 1988. Había estado allí por última vez hacía quince meses para someterse a una cirugía de reparación del desprendimiento de retina del ojo derecho. Este ingreso hospitalario no llegó a hacerse público y solo se supo de él gracias a su calendario personal después de que lo liberaran.
El primer médico que lo examinó en agosto de 1988 declaró que «no le pasaba nada».
La tarde del 7 de diciembre de 1988 sacaron a Nelson Mandela de su habitación en la clínica Constantiaberg y lo condujeron hasta la prisión de Victor Verster, más o menos a una hora de camino. Su destino era el bungaló de un antiguo guardia de la prisión, con mobiliario moderno, un gran jardín y piscina. Al funcionario Jack Swart, que se había cruzado por primera vez con Mandela durante sus primeros tiempos en Robben Island, se le habían encomendado las tareas de cocinar para él y encargarse de la casa.
Swart recuerda que Mandela no tenía restricción alguna en cuanto al número de cartas que podía escribir mientras estuvo en la prisión de Victor Verster, pero recuerda tres cajas que contenían «cientos de cartas» que no se le entregaron.

Director de prisiones:
10 de octubre de 1989
 
En mi carta del 11 de septiembre de 1989 pedí que liberasen a algunos de mis compañeros. Hoy me han notificado que el gobierno ha decidido autorizar la liberación de los ocho siguientes:
 
Ahmed Kathrada
Raymond Mhlaba
Andrew Mlangeni
Elias Motsoaledi
Walter Sisulu
Wilton Mkwayi
Jeff Masemola
Oscar Mpetha
 
Es mi firme deseo que su liberación contribuya a la creación de un clima receptivo al desarrollo pacífico y a la normalización de la situación en nuestro país. Como ya he manifestado anteriormente, no he planteado el asunto de mi propia excarcelación.
 
[Firmado N. R. MANDELA.]

En una conferencia de prensa del 10 de febrero de 1990, De Klerk comunicó a los medios que Mandela sería excarcelado a las tres de la tarde del día siguiente. En realidad salió unos noventa minutos después de esa hora. Así concluyeron sus 10.052 días en prisión. Entró en la cárcel con cuarenta y cuatro años siendo padre de cinco hijos y salía como un abuelo de setenta y uno.
Lo más probable es que la siguiente carta sea la última que escribió desde la cárcel. El domingo 11 de febrero de 1990, antes de su salida, el futuro presidente escribió al director general de Prisiones en relación con unas fotos tomadas con funcionarios de la cárcel la noche anterior, aunque tal vez confundiera esa ocasión con las fotos tomadas dos noches antes con De Klerk. También es posible que haya una foto de la que el mundo no tiene noticia.
 
 
General W. H. Willemse
Ciudad del Cabo
 
Estimado general:
11 de febrero de 1990
 
Respondo a su carta del 10 de febrero de 1990, de cuyo contenido tomo nota y por la que le doy las gracias.
La noche pasada me tomaron varias fotografías con algunos funcionarios. La identidad de estos me fue revelada por el brigadier Gillingham solo después de la sesión de fotos. Luego le pedí que informara al doctor Roux de que prefería que esas imágenes no fueran publicadas bajo ninguna circunstancia sin antes consultarlo conmigo. Espero que se tomen las medidas necesarias para atender mi petición. Debo añadir que esperaba disponer a estas alturas de algunas de las fotos que tomamos en julio y de la [reunión] de este año.
Atentamente,
[Firmado N. R. MANDELA.]

This is an amazing book – taking the editor, Sahm Venter, some 10 years to bring this book to fruition. The letters, many never before found in print, have been collected from numerous sources and are put together here in chronological order, separated by the four different prisons in which he was incarcerated for a total of more than 27 years. These letters give the reader an insight to the courageous man he was; a man who never gave up, and who lived his life with hope and love.

This is an extremely well organized and well edited book that adds to our knowledge of one of the greatest political figures of our time. Mandela and his comrades were limited in the number of letters they could send, who they could send them to, and the length of them. They knew that their letters would be read by prison authorities, and that they might not even be mailed. And many letters mailed to them were not received.
Some of the letters are demands on the prison authorities; many are thankyou notes; not just diplomatic courtesies, but a way of keeping in touch with the outside world. Some are personal letters.
This is the lot of many, if not most, prisoners around the world, whether political or not. They, and those on the outside keep having to fight so that the prisoners can be heard, and they can communicate with loved ones, and receive the books and newspapers they want.
Mandela managed to smuggle his autobiography, Long Walk to Freedom: The Autobiography of Nelson Mandela out of prison, and yet it wasn’t published until after he got out. With assistance, it was then updated. When the first of three editions of The Struggle Is My Life, a wonderful book of speeches was published in 1978, the imprisoned Mandela thought it was his autobiography. It is, however, at least as important as that autobiography.

In a letter of 1969, he recommends that my grandmother lift up her spirits by reading the 1952 bestseller by psychologist Norman Vincent Peale, The Power of Positive Thinking. He writes:

I do not give any importance to the metaphysical aspects of your arguments, but I think your opinions on medical and psychological issues are valuable.
What it comes to saying, basically, is that it does not matter so much the ailment that one suffers, but the attitude that one has before it. The man who says to himself «I will be able to overcome this disease and live a happy life» is already halfway to victory.

This vision sustained Mandela’s unwavering fight for justice and for an equal society for all South Africans; a vision that, without a doubt, we can apply to many of the challenges that life poses.

His life as an inmate began at the Pretoria Local Prison after receiving a five-year sentence on November 7, 1962 for leaving the country without a passport and for inciting workers to strike. Already as a prisoner they called him again in front of the justice accused of sabotage in 1963 and, on June 12, 1964, he was sentenced to life imprisonment. Winnie Mandela, his wife, went to visit him in Pretoria that day. However, hours later and without warning, Mandela and six other comrades condemned with him were deported on a military flight to the infamous Robben Island prison.
Instead of using their names, the prisoners were assigned a number that always identified them, at least at the beginning, a number they were required to write on their letters. The first part indicated the number corresponding to the prisoner with respect to the total number of incarcerated persons each year in a particular prison; the second indicated the year of entry. Nelson Mandela’s best-known prisoner number is 466/64.
Mandela was twice in Robben Island prison and, therefore, he was assigned two numbers for that jail. During the twenty-seven years he was behind bars, he served time in four prisons and was assigned six prisoner numbers.
19476/62 – Pretoria Local Prison: November 7, 1962 – May 25, 1963
191/63 – Robben Island: May 27, 1963 – June 12, 1963
11657/63 – Pretoria Local Prison: June 12, 1963-12 June 1964
466/64 – Robben Island: June 13, 1964-31 March 1982
220/82 – Prison of Pollsmoor: March 31, 1982 – August 12, 1988
Tygerberg Hospital: August 12, 1988-31 August 1988
Constantiaberg Clinic: August 31, 1988-7 December 1988
1335/88 -Victor Verster’s memorial: December 7, 1988 – February 11, 1990

Mandela based his relationship with the prison authorities on a mutual respect spiced with the ironic observation that any guard could mean the difference between having an extra sheet in winter or not having any. The precondition, however, was the recognition of the humanity of the other, only possible if the prisoner retained his dignity and his rights.
The many letters addressed to the prison authorities to demand a visit to the oculist or dentist or to obtain more study rights were in no way obligatory. Prisoners were given every week the opportunity to make complaints or requests to a guard. But, according to his comrade and fellow prisoner Mac Maharaj, although the prisoners could make requests verbally, they were not allowed to broaden those complaints or provide information. Mandela probably wanted to have a written record and at the same time handle with astuteness all the requests for possible improvements from which the other prisoners could benefit.
Comparing his misfortune and that of his fellow inmates with the way in which the Afrikaners fighters for freedom were treated inside the prisons, Mandela built a very solid argument for them to let go. But his captors were not English, and the apartheid regime that ruled the country by force and oppression feared that freeing Mandela would weaken him in the eyes of his supporters.

Mandela must have heard that Sikhakhane was a journalist, and for this reason in this letter he refers to a string of well-known journalists, most of them belonging to the very influential Drum magazine, which took off the careers of many black journalists and embodied a new black urban identity in contrast to the stereotyped pastoral and tribal representation that spread the apartheid regime. Sikhakhane had started working as a journalist in December 1963, shortly after enrolling in college.

TO THE DIRECTOR OF ROBBEN ISLAND
Robben Island
Director:
March 31, 1971

TO THE ATTENTION OF COLONEL BADENHORST
I must inform you that two large, hardcover notebooks have been stolen from my cell, in which I have been keeping copies of my correspondence since February 1969. The second notebook contains some loose pieces of paper in which I was sketching the three letters April 1971.514
I must also inform you that another director granted me permission in his day to dispose of this particular material and keep copies of my correspondence. I should also point out that the Director General of Prisons, General Steyn, Brigadier Aucamp and Chief of Guards Fourie are aware that I keep copies of everything I write.

[Signed N. R. MANDELA.]
NELSON MANDELA, 466/64

On August 12, 1988, at the age of seventy years, they took Mandela to Tygerberg Hospital, where he was diagnosed with tuberculosis. While he was being treated in that hospital he remained a prisoner in Pollsmoor prison, which remained his address and contact point for official requests and correspondence.
He arrived at the state hospital located in Bellville, known as Tygerberg Hospital (the institution that is used as a teaching center for the University of Stellenbosch), on the night of August 12, 1988. He had been there for the last time fifteen months ago to undergo a repair surgery of the retinal detachment of the right eye. This hospital admission was not made public and was only known about him thanks to his personal calendar after he was released.
The first doctor who examined him in August 1988 stated that «nothing was wrong».
On the afternoon of December 7, 1988, Nelson Mandela was taken from his room at the Constantiaberg clinic and taken to the Victor Verster prison, about an hour’s walk away. His destination was the bungalow of a former prison guard, with modern furniture, a large garden and swimming pool. Official Jack Swart, who had first met Mandela during his early days on Robben Island, had been tasked with cooking for him and running the house.
Swart recalls that Mandela had no restrictions on the number of letters he could write while in Victor Verster’s prison, but he remembers three boxes containing «hundreds of letters» that were not given to him.

Director of prisons:
October 10, 1989

In my letter of September 11, 1989, I asked that they release some of my companions. Today I have been notified that the government has decided to authorize the release of the following eight:

Ahmed Kathrada
Raymond Mhlaba
Andrew Mlangeni
Elias Motsoaledi
Walter Sisulu
Wilton Mkwayi
Jeff Masemola
Oscar Mpetha

It is my firm wish that your liberation will contribute to the creation of a climate receptive to the peaceful development and normalization of the situation in our country. As I have stated previously, I have not raised the issue of my own release.

[Signed N. R. MANDELA.]

At a press conference on February 10, 1990, de Klerk informed the media that Mandela would be released at three in the afternoon of the following day. Actually he left about ninety minutes after that time. Thus ended their 10,052 days in prison. He entered the prison with forty-four years as father of five children and left as a seventy-one grandfather.
Most likely, the next letter is the last one he wrote from jail. On Sunday, February 11, 1990, before his departure, the future president wrote to the Director General of Prisons in relation to some photos taken with jail officials the previous night, although perhaps he confused that occasion with the photos taken two nights before. with De Klerk. It is also possible that there is a photo of which the world has no news.

General W. H. Willemse
Cape Town

Dear General:
February 11, 1990

I respond to your letter of February 10, 1990, the content of which I note and for which I thank you.
Last night I took several pictures with some officials. The identity of these was revealed to me by Brigadier Gillingham only after the photo session. Then I asked him to inform Dr. Roux that he preferred that these images should not be published under any circumstances without first consulting with me. I hope that the necessary measures are taken to meet my request. I should add that I expected to have at this time some of the photos we took in July and this year’s [meeting].
Sincerely,
            [Signed N. R. MANDELA.]

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