La Buena Y La Mala Educación: Ejemplos Internacionales — Inger Enkvist / The Good and Bad Education: International Examples by Inger Enkvist

Lectura recomendada para todo aquél que nunca haya dado clase y quiera opinar haciéndose pasar por un experto usando cifras de estudios poco fiables como lo son los de PISA. Ya que ésto último poca gente lo sabe, quedarás como una persona extremadamente culta en las conversaciones de familia después de haber tomado el vinorris con tus congéneres. Comparar países con culturas completamente opuestas ha dejado de ser como comparar el tenis con sacarse mocos, ahora ya todo vale con tal de justificar la mano dura. Todo vale con tal de esgrimir argumentos para dejar mal al cuñado podemita, con este libro podrás armarte con las mejores cifras pudiendo además decir que una investigadora muy reconocida apoya tus argumentos.

Éste es un libro de educación riguroso y bien meditado y es, por ende, altamente recomendable para el lector seriamente interesado en la educación. Desafortunadamente, como muchos sabrán, lo que suele encontrarse en el mercado libresco que aborda temas educativos son panfletos insustanciales y propagandísticos, escritos por académicos progresistas y neopedagogos que sólo buscan publicar sus elucubraciones a como dé lugar para engrosar el currículo, sin jamás haber pisado un aula de educación escolar en la vida, y que aspiran a convertirse en el próximo gurú de moda. A diferencia de esta clase de gente, la profesora Enkvist rezuma sensatez y nos somete a un siempre necesario baño de realidad, aportando datos y argumentos sólidos y convincentes. Frente a tanto pseudoexperto narcisista, que, mirando siempre fijamente su propio ombligo, sólo aspira a presentarse ante los demás colegas como el más innovador de los innovadores (como si la educación fuera la industria de la producción en masa de ordenadores y teléfonos móviles, en la que cada seis meses hay que sacar algo nuevo al mercado para no desaparecer), la autora nos brinda un libro de educación serio y bien fundamentado, en el que estudia casos paradigmáticos de éxito (Finlandia, por ejemplo) y también de fracaso (la lectura en Francia, etc.) para poner de relieve cuáles son las claves de una educación eficaz y bien orientada. Al leer la obra, queda claro que la profesora Enkvist muestra saber qué es la educación, cómo debería mejorarse y qué es lo que realmente está en juego. Por tanto, este libro no está dirigido a aquellas personas que anhelan oír la prédica del pastor educativo de turno que evangeliza contra la “metodología tradicional” y la “clase magistral”, ensalzando ardientemente los dislates que todo neófito con ínfulas de innovador quiere escuchar, neófito esnobista que ama por sobre todas las cosas cambiarlo todo, sin importarle si es para bien o para mal. Es más, la autora no duda en criticar certeramente los clásicos tópicos y desvaríos de la nueva pedagogía, tan en boga actualmente como nefasta en sus consecuencias, donde lo bueno no es nuevo y lo realmente nuevo no es bueno. Por estas y otras razones de peso, recomiendo encarecidamente leer a Inger Enkvist, no sólo para informarse del estado real de la cuestión, sino porque es urgente que todos hagamos algo, mientras aún es posible, para cambiar la lamentable deriva que ha tomado la educación, ya que lo que nos estamos jugando es, ni más ni menos, la supervivencia de la educación y de la enseñanza y, consiguientemente, el futuro de Occidente. Un buen punto de partida es leer con atención y cuidado este libro.

Es una evidencia histórica que nos encontramos en momentos de incontrovertible crisis. Muchos son los que piensan que el problema es estrictamente económico y político.
La crisis de humanidad que vivimos no es casual, porque en su origen encontramos una renuncia y una traición a un modo de usar la razón y la libertad que ha acabado devorando al hombre mismo, poniendo en jaque al sistema del que tanto nos hemos vanagloriado. Los resultados, de modo casi impertinente, muestran el error de tal apuesta.
A los políticos les querríamos decir que muchas veces conciben la educación como un tema exclusivamente de presupuestos, mientras que el problema no es sólo lo que se invierte en educación, sino el tipo de educación en el que se invierte. Las propuestas educativas que relativizan la presencia del educador y se sostienen exclusivamente sobre conceptos como el juego creativo y la motivación, muestran sus carencias en sus resultados, y parecen reclamar la concesión de una mayor importancia a la exigencia académica y a la pedagogía del esfuerzo, pese a la impopularidad de éstas.
A los profesores querríamos dejarles bien clara la responsabilidad que tienen ya desde el mismo momento de su formación como profesionales, así como a la hora de preparar sus clases, de mantenerse al día e interesados en las materias que explican y de concentrarse a la hora de desempeñar su trabajo. Pero no toda la responsabilidad es suya.

Las estructuras familiares han cambiado pero también la escuela. Desde el final de la segunda guerra mundial, casi todos los países del mundo han invertido en la educación de sus jóvenes ciudadanos. Han prolongado la educación obligatoria, en general hasta los dieciséis años, para obtener a la vez más igualdad entre los ciudadanos y una mano de obra más calificada. Ya que la educación se ha convertido en uno de los sectores en los que la sociedad más invierte, los políticos y los economistas consideran que deben tener una influencia decisiva sobre cómo se utiliza el dinero público en este particular.
En países como los Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, España y Suecia, los políticos han creído ser progresistas al apoyar propuestas pedagógicas que promueven más la igualdad y una supuesta modernización con respecto a los conocimientos escolares «de siempre». No se ha escuchado a los docentes, que dicen que es imposible educar sin exigir esfuerzos al alumno.
El nuevo ideario estaba compuesto de varios factores de los que el fundamental era una cierta idea de la igualdad:
— La igualdad debe obtenerse mediante la organización del aula a través de métodos modernos y activos. La idea incluye incorporar también en el aula a alumnos con serios problemas de conducta y de aprendizaje, con lo cual se perturba la necesaria tranquilidad para poder estudiar.
— Se enfoca el trabajo más en el método de estudio que en el contenido.
— Una nueva teoría psicológica y filosófica está en el origen de estos cambios. El constructivismo es una teoría que afirma que el conocimiento del ser humano consiste en una construcción de ideas y estructuras en el cerebro. Todo lo que sabemos está guardado en el cerebro. Sin embargo, los pedagogos constructivistas suelen ir más lejos, porque suelen negar la existencia de una realidad independiente de la percepción y la voluntad humana.
Lo más importante ya no es que el alumno logre hacerse con el máximo de conocimientos, sino que el resultado de todos los alumnos sea lo más similar posible. Debe desaparecer lo que diferenciaba a un alumno de otro. Todos deben estudiar las mismas materias. El camino elegido es disminuir o quitar los deberes, las notas y, en parte, los exámenes. Todos los alumnos deben estudiar al mismo ritmo y el resultado debe ser más o menos igual.

Los problemas que tiene Francia en algunas zonas con alumnos no lectores y con un ambiente escolar que rechaza la autoridad docente. El propósito de este libro sigue siendo el de estudiar la importancia del esfuerzo, del lenguaje y de la lectura en la educación. Ahora vamos a acercarnos a un «caso» muy diferente, a un país que ha conseguido llevar a todos sus jóvenes alumnos a un excelente nivel educativo, precisamente a través del énfasis en el esfuerzo, el lenguaje y la lectura.
Finlandia fue el país campeón de PISA 2003 y 2006, por lo cual vale la pena intentar entender a fondo a qué se debe ese éxito. Ya que Finlandia es un país menos conocido que Francia, es útil empezar con algunos datos sobre la historia del país. Ésta se puede dividir en tres fases: la fase sueca, la fase rusa y la fase finlandesa[1]. La actual Finlandia fue cristianizada en el siglo XII y, desde esa época, también fue una región de Suecia. En 1527, con la Reforma, se convirtió oficialmente al luteranismo, junto con el resto de Suecia. La iglesia y el Estado mostraron desde el principio un interés por la educación popular.
En 2010, Finlandia tiene unos cinco millones de habitantes y se trata de una población muy homogénea. La lengua es el finés, una lengua fino-ugria no indoeuropea, emparentada con el estonio y el húngaro. A mediados del siglo XIX, había un número similar de hablantes de sueco y de finés en Finlandia y el sueco sigue siendo una lengua cooficial, pero la población suecoparlante ha ido reduciéndose como resultado de los matrimonios mixtos y de la emigración a Suecia. Actualmente, los hablantes de sueco son un cinco por ciento; tienen sus propias escuelas y su propia formación docente, concentradas en la zona sur de Helsinki y, en la costa oeste, en las ciudades de Turku y Vasa.
Cuando los pedagogos finlandeses intentan identificar los rasgos más destacados de la política educativa finlandesa mencionan la tradición de lectura, la memoria histórica de lo importante que es el esfuerzo y el fuerte énfasis en la igualdad. En 1967, se tomó la decisión de introducir una escuela comprensiva, gratuita y casi exclusivamente estatal de nueve años, y esto fue el comienzo de una reforma educativa desde la primaria hasta la universidad, una reforma basada en una enseñanza estatal y gratuita. En las comparaciones internacionales de los años sesenta, Finlandia estaba en una posición intermedia en el ranking educativo. Sin embargo, al comienzo de 2000 se encontraba en la cumbre internacional.
La escuela empieza en Finlandia a los siete años, es decir, relativamente tarde. Se ha introducido recientemente también un año preescolar obligatorio desde los seis años de edad. Después de terminar el noveno a los dieciséis años de edad, el alumno que lo necesite puede quedarse otro año más en la escuela. Después de la etapa obligatoria hay una secundaria superior de tres años. Más de la mitad de los alumnos estudian formación profesional, y existen «pasarelas» para el alumno que quiera cambiar de orientación. La formación profesional también tiene una posible continuación en la educación superior. Para obtener una plaza en la Universidad, hay que superar un examen nacional y después, además, casi siempre una prueba de selección, porque hay más candidatos que plazas. Este numerus clausus es muy importante para explicar la aplicación de los alumnos con aspiraciones universitarias.
Finlandia tiene buenos docentes y uno de los secretos de ello es que puede haber hasta diez solicitantes para cada plaza en la formación docente. La profesión atrae a los jóvenes inteligentes y ambiciosos, siendo el salario de los profesores finlandeses bueno pero no excesivo.
El «milagro» finlandés se explica también por el énfasis en la socialización de los alumnos y la no aceptación de que un alumno pueda molestar a los demás o no estudie. Para corregir cualquier eventualidad a este respecto están previstas una serie de medidas para afrontar los problemas de conducta y de aprendizaje. Además de esto, se agrupa a los alumnos inmigrantes que no dominen todavía el finés en centros especiales y, curiosamente, hay relativamente pocos psicólogos y trabajadores sociales en las escuelas finlandesas.

Las experiencias estadounidenses muestran que ni la inmigración ni las diferencias en sí son problemáticas para la calidad de la educación. Lo verdaderamente nocivo es negarse a trabajar. En todos los países desarrollados hay una oferta educativa amplia, y el problema no es el acceso sino el aprovechamiento de lo que no sólo se ofrece de manera gratuita sino que es obligatorio según la ley. Si la sociedad permite que los menores de edad se rían de lo estipulado por la ley y se rían de los representantes de la sociedad, hay motivos para ser pesimista ante lo que puede depararnos el futuro.

Ahora se ha introducido el término «alumnos multilingües» en vez de inmigrantes. El término podría llevar a pensar que es problemático hablar muchas lenguas. Al revés, es positivo saber muchas lenguas, pero hablar más lenguas no libera al alumno de dedicar mucha atención a la nueva lengua, exactamente como tienen que hacerlo todos los hablantes que quieren manejar una lengua de manera competente.

En varios países occidentales que solían tener buenos resultados educativos están bajando los resultados. Como consecuencia de las comparaciones nacionales e internacionales pocos niegan ahora los problemas, pero nadie quiere asumir la responsabilidad. Hay un desconcierto entre las personas que no conocen desde dentro el mundo de la educación, y la explicación mencionada con más frecuencia es que los resultados serían malos porque la sociedad ha cambiado. Pues bien, se ha intentado señalar que estos cambios a peor son consecuencia de determinadas políticas educativas que, entre otras cosas, han dado menos énfasis al esfuerzo del alumno, a la creación de un ambiente ordenado y tranquilo en los colegios y al desarrollo sistemático de la lengua en la escuela.

Recommended reading for anyone who has never taught and want to express their opinion by pretending to be an expert using figures from unreliable studies such as PISA. Since this last few people know it, you will be like an extremely cultured person in family conversations after having taken vinorris with your peers. Comparing countries with completely opposite cultures has ceased to be like comparing tennis with getting rid of mucus, now anything goes to justify the hard hand. Anything is worth to argue arguments to leave poor podemita brother, with this book you can arm yourself with the best figures can also say that a well-known researcher supports your arguments.

This is a rigorous and well thought-out book of education and is, therefore, highly recommended for the reader who is seriously interested in education. Unfortunately, as many will know, what is usually found in the bookish market that deals with educational issues are insubstantial and propagandistic pamphlets, written by progressive academics and neo-pedagogues who only seek to publish their thoughts at any cost to swell the curriculum, without ever having stepped on a classroom of school education in life, and who aspire to become the next fashion guru. Unlike this class of people, Professor Enkvist exudes sensibility and submits us to an always necessary reality bath, providing solid and convincing data and arguments. Faced with so much narcissistic pseudoexpert, who, always looking fixedly at his own navel, only aspires to present himself to other colleagues as the most innovative of innovators (as if education were the mass production industry of computers and mobile phones, in that every six months we have to bring something new to the market so as not to disappear), the author gives us a serious and well-founded book of education, in which she studies paradigmatic cases of success (Finland, for example) and also of failure (the reading in France, etc.) to highlight the keys to effective and well-targeted education. When reading the work, it is clear that Professor Enkvist shows to know what education is, how it should be improved and what is really at stake. Therefore, this book is not directed to those people who yearn to hear the preaching of the educational pastor on duty who evangelizes against the “traditional methodology” and the “master class”, ardently extolling the absurdities that every neophyte with the pretenses of an innovator wants to hear, neophyte snobber who loves above all things to change everything, regardless of whether it is for good or for bad. Moreover, the author does not hesitate to criticize the classic clichés and deliriums of the new pedagogy, currently in vogue as harmful in its consequences, where the good is not new and the really new is not good. For these and other compelling reasons, I strongly recommend reading to Inger Enkvist, not only to be informed of the real state of the question, but because it is urgent that we all do something, while still possible, to change the unfortunate drift that education has taken. , since what we are playing is, neither more nor less, the survival of education and teaching and, consequently, the future of the West. A good starting point is to read this book carefully and carefully.

It’s a historical evidence that we find ourselves in moments of incontrovertible crisis. Many are those who think that the problem is strictly economic and political.
The crisis of humanity that we live is not accidental, because in its origin we find a renunciation and a betrayal of a way of using reason and freedom that has ended devouring man himself, putting in check the system that we have so much boasted. The results, almost impertinently, show the error of such a bet.
We politicians would like to say that many times they conceive of education as a matter exclusively of budgets, while the problem is not only what is invested in education, but the type of education in which it is invested. The educational proposals that relativize the presence of the educator and are held exclusively on concepts such as creative play and motivation, show their shortcomings in their results, and seem to demand the granting of greater importance to the academic requirement and the pedagogy of effort, despite to the unpopularity of these.
We teachers would like to make clear to them the responsibility they already have from the moment of their training as professionals, as well as when preparing their classes, to keep up to date and interested in the subjects they explain and to concentrate at the time of perform your work. But not all responsibility is yours.

Family structures have changed but also school. Since the end of the Second World War, almost every country in the world has invested in the education of its young citizens. They have prolonged compulsory education, generally up to sixteen years, to obtain both equality between citizens and a more skilled workforce. Since education has become one of the sectors in which society invests the most, politicians and economists consider that they should have a decisive influence on how public money is used in this particular.
In countries such as the United States, France, Great Britain, Spain and Sweden, politicians have believed themselves to be progressive by supporting pedagogical proposals that promote more equality and a supposed modernization with respect to the “old” school knowledge. Teachers have not been heard, who say that it is impossible to educate without demanding efforts from the student.
The new ideology was composed of several factors of which the fundamental was a certain idea of ​​equality:
– Equality must be obtained through the organization of the classroom through modern and active methods. The idea includes also incorporating in the classroom students with serious problems of behavior and learning, which disturbs the necessary tranquility to study.
– Work is focused more on the study method than on the content.
– A new psychological and philosophical theory is at the origin of these changes. Constructivism is a theory that states that the knowledge of the human being consists of a construction of ideas and structures in the brain. Everything we know is stored in the brain. However, constructivist pedagogues tend to go further, because they tend to deny the existence of a reality independent of human perception and will.
The most important thing is that the student does not get the maximum knowledge, but that the result of all students is as similar as possible. It must disappear what differentiated one student from another. Everyone should study the same subjects. The chosen way is to reduce or remove the homework, the grades and, in part, the exams. All students should study at the same pace and the result should be more or less the same.

The problems that France has in some areas with non-reading students and with a school environment that rejects the teaching authority. The purpose of this book remains to study the importance of effort, language and reading in education. Now we are going to approach a very different “case”, a country that has managed to bring all its young students to an excellent educational level, precisely through the emphasis on effort, language and reading.
Finland was the champion of PISA 2003 and 2006, so it is worth trying to understand in depth what this success is due to. Since Finland is a lesser known country than France, it is useful to start with some facts about the history of the country. This can be divided into three phases: the Swedish phase, the Russian phase and the Finnish phase [1]. The current Finland was Christianized in the 12th century and, since that time, it was also a region of Sweden. In 1527, with the Reformation, it officially became Lutheranism, along with the rest of Sweden. The church and the State showed an interest in popular education from the beginning.
In 2010, Finland has about five million inhabitants and it is a very homogenous population. The language is Finnish, a Finnish-Ugrian non-Indo-European language, related to Estonian and Hungarian. In the mid-19th century, there were a similar number of Swedish and Finnish speakers in Finland and Swedish remains a co-official language, but the Swedish-speaking population has been shrinking as a result of mixed marriages and emigration to Sweden. Currently, Swedish speakers are five percent; they have their own schools and their own teacher training, concentrated in the southern part of Helsinki and, on the west coast, in the cities of Turku and Vasa.
When the Finnish pedagogues try to identify the most outstanding features of the Finnish educational policy, they mention the tradition of reading, the historical memory of the importance of effort and the strong emphasis on equality. In 1967, the decision was made to introduce a comprehensive, free and almost exclusively state school for nine years, and this was the beginning of an educational reform from primary school to university, a reform based on free state education. In the international comparisons of the 1960s, Finland was in an intermediate position in the educational ranking. However, at the beginning of 2000 he was at the international summit.
The school starts in Finland at seven years of age, that is, relatively late. A mandatory preschool year has also recently been introduced since the age of six. After finishing the ninth at sixteen years of age, the student who needs it can stay another year in school. After the compulsory stage there is a high school of three years. More than half of the students study vocational training, and there are “gateways” for students who want to change their orientation. Vocational training also has a possible continuation in higher education. To obtain a place at the University, you must pass a national exam and then, in addition, almost always a selection test, because there are more candidates than places. This numerus clausus is very important to explain the application of students with university aspirations.
Finland has good teachers and one of the secrets of this is that there can be up to ten applicants for each position in teacher training. The profession attracts intelligent and ambitious young people, the salary of the Finnish professors being good but not excessive.
The Finnish “miracle” is also explained by the emphasis on the socialization of the students and the non-acceptance that a student could disturb others or not study. In order to correct any eventuality in this respect, a series of measures are foreseen to face the behavioral and learning problems. In addition to this, immigrant students who do not yet have Finnish mastery in special schools are grouped and, interestingly, there are relatively few psychologists and social workers in Finnish schools.

American experiences show that neither immigration nor differences in themselves are problematic for the quality of education. What is really harmful is refusing to work. In all the developed countries there is a wide educational offer, and the problem is not access but the use of what is not only offered free of charge but is mandatory according to the law. If society allows minors to laugh at the stipulations of the law and laugh at the representatives of society, there are reasons to be pessimistic about what the future may hold.

Now the term “multilingual students” has been introduced instead of immigrants. The term could lead one to think that it is problematic to speak many languages. On the contrary, it is good to know many languages, but speaking more languages ​​does not free the student from devoting much attention to the new language, exactly as all speakers who want to manage a language competently have to.

The results are coming down in several Western countries that used to have good educational results. As a result of national and international comparisons, few now deny the problems, but nobody wants to take responsibility. There is a bewilderment among people who do not know from within the world of education, and the explanation mentioned most often is that the results would be bad because society has changed. Well, it has been tried to point out that these changes to worse are a consequence of certain educational policies that, among other things, have given less emphasis to the effort of the student, to the creation of an orderly and calm environment in the schools and to the systematic development of the language at school.

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