El Desciframiento De Los Glifos Mayas — Michael D. Coe / Breaking the Maya Code by Michael D. Coe

Ha habido una serie de popularizaciones tipo “Dioses, Sepulturas y Eruditos” de la historia de cómo se han decodificado varias escrituras e idiomas antiguos a lo largo de los años, ya sea que se trate de egipcios antiguos, cuneiformes, tocarios o lineales B. con una buena razón, después de todo, todos disfrutan ocasionalmente del trabajo de detective de sillón. La historia del desciframiento de los jeroglíficos mayas es especialmente interesante ya que hay un par de giros inesperados. Ahora que el desciframiento es una realidad, si aún no se ha completado una tarea, se puede contar toda la historia un poco sórdida.
“Un poco sórdido” porque el desciframiento fue el tema de una batalla académica que se prolongó durante unos treinta años a mediados del siglo XX. En los siglos XVIII y XIX, los jeroglíficos mayas fueron el tema de algunas interpretaciones altamente imaginativas, más bien como los jeroglíficos egipcios antes de Champollion. Los primeros frutos llegaron con el desciframiento de los números mayas a fines del siglo XIX.
Sin embargo, el verdadero avance fue el trabajo realizado por separado por Knorosov y Proskouriakoff en la década de 1950. El origen fortuito del interés de Knorosov en este asunto es una de las historias más interesantes en la historia de la epigrafía, independientemente del idioma del que se trate. El problema era que, en ese punto, los intereses de control en la comunidad mayanista, dirigidos por Eric Thompson, habían abandonado la idea de descifrar y, en cierta medida, aparentemente incluso dudaban de que hubiera algo descifrable. La sola idea de que algún académico estalinista como Knorozov pudiera aportar algo de valor al asunto era impensable, y en su posición como decano del campo, Thompson logró detener la investigación en el asunto por algún tiempo. Después de la muerte de Thompson en la década de 1970, el proyecto de descifrado se movió más rápido, pero llegó a haber una brecha entre los antropólogos y epigrafistas en cuanto a qué proporcionaba pistas más importantes sobre la historia maya, una situación que aparentemente todavía existe en la actualidad.
La atmósfera de polémica todavía cuelga sobre este libro. En la actualidad, parece que Thompson es una figura difícil de aceptar para los mayistas, y puede que tengamos que esperar otra generación antes de que sea posible un enfoque optimista de su legado. En cuanto a los cavadores de zanjas frente a los fanáticos del rompecabezas, creo que todos se dan cuenta de que el campo tiene necesidad de ambos. Permítanme dar mi opinión personal como un lingüista frustrado y decir que mi interés recae en los epigrafistas, que es una de las razones por las que me gustó tanto el libro. Es más que una historia de desciframiento, es una historia del campo mayanista y, como tal, en su mayor parte es una historia emocionante.

La civilización maya floreció en Centroamérica por más de mil años y al menos cuatro millones de mayas aún viven en Guatemala y México y hablan idiomas mayas. Las ruinas que dejaron los Mayas son espectaculares: Tikal en Guatemala, que aparece en la película “Guerra de las Galaxias”, es quizás el más grande de todos. Sin embargo, nuestro conocimiento de los mayas siempre ha sido limitado porque los eruditos no pudieron descifrar la escritura maya. De hecho, muchos estudiosos han negado que los símbolos mayas -glifos- fueran más que garabatos, calendarios y compilación de fechas.
“Rompiendo el Código Maya” no es una historia de la civilización maya, sino más bien una historia de los eruditos que han intentado descifrar el significado de los enigmáticos glifos mayas. La premisa de Coe es que la discriminación racial y la política académica retrasaron el desciframiento de los glifos. Sorprendentemente, muchos estudiosos de los mayas no se molestaron en aprender el idioma maya.
El villano principal del libro es Sir Eric Thompson, quien tuvo un asimiento estrangulado de los estudios mayas durante muchos años. Fue solo con su muerte en 1975 que un variopinto grupo de lingüistas y aficionados aprendieron a leer los glifos, y así demostrar de manera concluyente que los mayas poseían un lenguaje escrito. Las personas notables que lograron este avance incluyeron un erudito soviético que nunca había visitado Centroamérica, un niño de 12 años, una campesina sureña autodenominada de Tennessee, y un matemático que comenzó su vida como un granjero de Wisconsin. Los arqueólogos de tierra, “portadores de paletas” en las palabras del autor, no estaban entusiasmados con los logros de los lingüistas.
El autor pinta una imagen de la mano muerta de la academia inhibiendo en lugar de promover el estudio de la escritura maya. Como arqueólogo, conoce personalmente a los principales personajes de su historia y participó en muchos de los eventos clave que llevaron a la comprensión de la escritura maya. Su escritura es animada, cálida y generosa sobre sus colegas, pero a veces crítica, y toda la historia se narra en una narrativa conectada que se lee como una novela, aunque en la que el lector es guiado por el complejo proceso de cómo los lingüistas aprendieron a descifrar Glifos mayas.

La escritura es la palabra puesta en forma visible, de tal suerte que cualquier lector instruido en sus convenciones pueda reconstruir el mensaje oral. Todos los lingüistas están de acuerdo en ello y lo han estado durante mucho tiempo, pero no siempre fue así. A principios del Renacimiento, cuando los estudiosos empezaron a interesarse por estas cuestiones, se propusieron ideas muy distintas, de las cuales la mayoría eran erróneas en tanto que otras se basaban en un razonamiento sumamente fantástico, aunque ingenioso. En la historia del desciframiento se ha necesitado mucho tiempo para aclarar algunos de esos conceptos: las ideas preconcebidas arraigadas pueden ser defendidas por los sabios y los científicos tan fieramente como un perro defiende un viejísimo hueso.
Como «palabra visible», la escritura fue inventada hará cosa de 5 000 años por los sumerios de la baja Mesopotamia y, casi de manera simultánea, por los antiguos egipcios. Siendo nosotros mismos totalmente dependientes de la escritura, hemos de decir que ése fue uno de los mayores descubrimientos de todos los tiempos.
¿Qué es un rebus? En el Oxford English Dictionary he descubierto que la palabra procede del francés y que en latín originalmente significaba «cosas concernientes». Alguna vez, en la Picardía francesa, se llevaron a cabo representaciones satíricas llamadas de rebus quae geruntur, «cosas concernientes que ocurren», que contenían acertijos en forma de imágenes. Desde hace dos siglos el rebus se ha usado en los libros infantiles ingleses y norteamericanos para poner a prueba el ingenio.
El segundo tipo importante de sistemas de escritura es el silábico.
El tercer sistema de escritura, el alfabético. Teórica, o idealmente, en las escrituras alfabéticas las expresiones de la lengua se descomponen en fonemas, las consonantes y vocales individuales que constituyen sus sonidos. Como muchas otras cosas importantes de nuestra civilización, este sistema fue inventado por los griegos: en el siglo IX a. C., ellos adoptaron un sistema fenicio que había sido usado por estos.

Nadie sabe con precisión cuántos indios mayas existen, pero en el sureste de México y en Guatemala, Belice y Honduras viven por lo menos cuatro millones. Desde la Conquista española de principios del siglo XVI, los mayas han sido objeto de furiosos ataques físicos y culturales de la población europea y europeizada de esos países, a los cuales ellos han respondido de diversos modos: unas veces, como los «primitivos» lacandones de Chiapas, huyendo a las intrincadas selvas. Pero incluso las propias selvas son derribadas por las fuerzas del progreso a un ritmo vertiginoso y las aplanadoras, las modernas carreteras, los hoteles, los condominios y cosas por el estilo transforman los antiguos modos de vida mayas a una velocidad que no podía haberse predicho hace medio siglo. Entretanto, en las tierras altas de Guatemala se escenifica una tragedia todavía peor, porque las poblaciones indígenas son desarraigadas y desmoralizadas por un programa de exterminio sistemático que desarrolla toda una sucesión de regímenes militares.
Creadores de una de las civilizaciones más admirables que el mundo haya conocido, hoy los mayas se ven reducidos a lo que algunos antropólogos condescienden en llamar «cultura popular.
En la actualidad se hablan alrededor de 30 lenguas mayas, algunas de las cuales tan íntimamente vinculadas entre sí como, por ejemplo, el holandés lo está al inglés y otras tan alejadas unas de otras como el inglés del francés. Tzeltal y del tzotzil como del cholano (lenguas aquéllas que todavía podemos oír en los mercados y las plazas de las grandes poblaciones de las tierras altas de Chiapas).
En la actualidad sabemos que el cholano es para los textos inscritos de las ciudades mayas Clásicas lo que el copto fue para las inscripciones jeroglíficas del antiguo Egipto. Las tres lenguas cholanas que sobreviven hoy en día —el chol, el chontal y el chortí— aún se hablan en los alrededores de las ruinas de ciudades mayas Clásicas (el chol en Palenque, al oeste, y el chortí cerca de Copán).

El redescubrimiento de las ciudades mayas, sepultadas durante casi un milenio bajo la cubierta selvática tropical, fue producto tanto de la agudeza como de la estupidez borbónicas. A Carlos III, quien gobernó España y sus dominios de ultramar desde 1759 hasta su muerte ocurrida en 1788, suele describírsele como un «déspota ilustrado» y como el más grande de los reyes Borbones. Debido a su sagacidad y a su talento para la reforma administrativa, la inexorable decadencia de España corno potencia colonial por lo menos se invirtió temporalmente, y como monarca tuvo algunos éxitos en la escena internacional.
Fuera de la caza, su gran pasión fueron el estudio y la ciencia, de suerte que, por primera vez desde la Conquista, el palacio real empezó a mostrar interés científico por los pueblos y por el entorno natural de las nuevas posesiones de España en el Nuevo Mundo. En la actualidad, a Carlos se le recuerda más por dejar sin electo la Inquisición y por expulsar a los jesuítas de territorio español; pero este rey sin duda impulsó el conocimiento dentro de las mejores tradiciones de la Ilustración del siglo XVIII. Lamentablemente, fue sucedido por gobernantes mucho más obstinados.
Rafinesque. He aquí lo que ha logrado, valiéndose del material más incompleto y poco prometedor:
1. Vio que las inscripciones de Palenque y los caracteres del Códice de Dresde representan una sola y única escritura.
2. Fue el primero en entender los valores de las barras y los puntos del sistema numérico maya, adelantándose a Brasseur de Bourbourg por más de tres décadas.

Palenque., el más enigmáticamente conmovedor de lodos los sitios mayas, ha guardado sus secretos de más de 1 200 años. El lugar está impregnado de una calidad que se trasmite y nos atrae irresistiblemente. Su arquitectura nos canta con una especie de riqueza y una elegancia clásica mozartianas, por enigmática que sea, no muda como la arquitectura más pesada y más ricamente conservadora de casi todos los demás sitios mayas Clásicos. Originalidad y armonía irradian de la tierna piedra caliza de Palenque. Quienes se entregan cabalmente a la experiencia de Palenque sienten la presencia de sus constructores a través de los siglos.

La falacia de que las escrituras jeroglíficas consistían en gran parte de símbolos que comunican las ideas directamente, sin intervención de la lengua, fue sostenida como artículo de fe por generaciones de distinguidos estudiosos de los mayas, entre ellos Seler, Schellhas y Thompson, tanto como por una multitud de discípulos menores. Me pregunto si siquiera estaban conscientes de que esa falacia fue soñada por los neo-platónicos del mundo Clásico.
Con su habitual claridad de visión, Stephens predijo en 1841: «Por siglos, los jeroglíficos egipcios fueron inescrutables, pero, aunque tal vez no en nuestros días, estoy convencido de que se descubrirá alguna clave más segura que la Piedra Roseta» (Stephens, 1841: II, 457). Veintiún años después, el extraordinario descubridor Brasseur de Bourbourg dio con la Relación de Yucatán, en los polvorientos rincones de una biblioteca madrileña, y allí estaba: el «A, B, C» de la escritura maya, redactado por Landa. Con su obstinación característica, los mayistas (salvo algunos, como Cyrus Thomas) despreciaron, durante aproximadamente un siglo, ese precioso documento como verdadera clave del desciframiento, todo ello a pesar de que el obispo Landa en realidad había aportado muchas más lecturas para los signos que la Piedra Roseta para la egiptología.
A pesar de todos los importantes descubrimientos de Eric Thompson en muchas áreas de los estudios mayas, por la fuerza de su carácter y con apoyo en una inmensa erudición. Creo que el problema subyace en algo todavía más profundo, en la incapacidad o en la mala voluntad de los arqueólogos con preparación antropológica para admitir que trabajan con vestigios de personas reales, que alguna vez vivieron y hablaron; que aquellos antiguos reyes, reinas, guerreros y amanuenses fueron realmente indios mayas y que vale la pena escuchar sus palabras.
Actualmente, en las revistas dominadas por arqueólogos de campo se ha llegado a la fase final de la repulsa: aunque toda esa epigrafía, todo ese arte y toda esa iconografía no fueran sólo baratijas y tonterías, aunque los textos no fueran mendaces, no representan la verdadera cultura y la organización social de los mayas: en palabras de uno de los participantes en la conferencia, en los textos ni siquiera se menciona a la «inmensa mayoría» de la población maya. ¡Claro que no! Tampoco los millones de fellahin que construyeron las pirámides y los palacios de Egipto son mencionados en las inscripciones reales del Nilo, ni las multitudes de campesinos que trabajaban las tierras de los reyes hititas aparecen en sus relieves monumentales.

Yuri Valentinovich Knorosov, el hombre que nos permitió leer los glifos mayas por fin pudo detenerse a la sombra de las pirámides mayas: a fines de 1990, fue invitado a Guatemala para recibir del presidente Cerezo una medalla de oro. Después de la ceremonia, visitó Tikal y Uaxactún, junio con su joven colega Calina Yershova y el esposo guatemalteco de ésta. Con característica contrariedad rusa, se quejó ante sus compañeros de viaje de que todo aquello no fuera distinto de lo que había leído al respecto en los libros.
Luego, poco después de que Cerezo dejara el cargo, recibieron una siniestra llamada telefónica en la ciudad de Guatemala: abandonen territorio guatemalteco en 72 horas o morirán. Knorosov y sus amigos se ocultaron inmediatamente, luego huyeron del país de los mayas… y de los escuadrones de la muerte derechistas que se habían propuesto extirpar todo lo que quedaba de la cultura maya y a los mayas mismos. El hombre que había hecho posible
posible que los antiguos amanuenses mayas hablaran con voz propia aún no podía caminar libremente por las ciudades en que ellos habían vivido.

El sistema de escritura maya es una mezcla de logogramas y de signos silábicos; con éstos, los mayas podían escribir palabras de manera puramente fonética, y a veces lo hacían. Debe tenerse presente que, debido a la homofonía, el mismo sonido se representa habitualmente mediante más de un signo; y que algunos de esos signos también pueden actuar como Iogogramas.

There have been a number of “Gods, Graves and Scholars”-type popularizations of the story of how various ancient scripts and languages have been decoded over the years, whether we’re talking about Ancient Egyptian, Cuneiform, Tocharian or Linear B. And with good reason – after all, everybody enjoys an occasional spot of armchair detective work. The story of the decipherment of Mayan hieroglyphs is especially interesting since there are a couple of unexpected turns. Now that the decipherment is a reality, if not yet a completed task, the whole slightly sordid story can be told.
“Slightly sordid” because the decipherment was the subject of an academic battle that raged for some thirty years in the middle of the twentieth century. In the eighteenth and nineteenth centuries the Mayan hieroglyphs were the subject of some highly imaginative interpretations, rather like the Egyptian hieroglyphs before Champollion. The first fruits came with the decipherment of Mayan numbers at the end of the nineteenth century.
However, the real breakthrough was the work separately done by Knorosov and Proskouriakoff in the 1950’s. The serendipitous origin of Knorosov’s interest in the matter is one of the most interesting stories in the history of epigraphy, regardless of what language you’re talking about. The problem was that by that point, the controlling interests in the Mayanist community, led by Eric Thompson, had given up on the idea of decipherment and to some extent apparently even doubted that there was anything decipherable. The very idea that some Stalinist academic like Knorozov could actually contribute something of value to the matter was unthinkable, and in his position as doyen of the field Thompson managed to stonewall research in the matter for some time. After Thompson’s death in the 1970’s the decipherment project moved more apace, but there came to be a rift between the anthropologists and epigraphers as to what provided more important clues to Mayan history, a situation which apparently still exists today.
The atmosphere of polemic still hangs over this book. At present, it appears that Thompson is a difficult figure for Mayanists to come to terms with, and we may have to wait another generation before a sanguine approach to his legacy will be possible. As for the ditch diggers vs. the puzzle fans, I think everybody realizes that the field has need for both. Allow me to give my personal opinion as a frustrated linguist and say that my interest lies with the epigraphers, which is one reason why I liked the book so much. It is more than a history of decipherment, it is a history of the Mayanist field, and as such it is for the most part a thrilling story.

Mayan civilization flourished in Central America for more than a thousand years and at least four million Mayas still live in Guatemala and Mexico and speak Mayan languages. The ruins the Mayas left behind are spectacular — Tikal in Guatemala, featured in the movie “Star Wars,” is perhaps the greatest of them all. However, our knowledge of the Mayas has always been limited because scholars were unable to decipher Mayan writing. In fact, many scholars have denied that the Mayan symbols — glyphs — were more than doodlings, calendars, and compilatation of dates.
“Breaking the Maya Code” is not a history of the Maya civilization but rather a history of the scholars who have attempted to unravel the meaning of the enigmatic Mayan glyphs. Coe’s premise is that racial discrimination and scholarly politics retarded the decipherment of the glyphs. Amazingly, many scholars of the Maya didn’t bother to learn the Mayan language.
The chief villain of the book is Sir Eric Thompson who had a strangle-hold on Mayan studies for many years. It was only with his death in 1975 that a motley group of linguists and amateurs learned to read the glyphs — and thus demonstrate conclusively that the Mayas possessed a written language. The remarkable individuals who achieved this breakthrough included a Soviet scholar who had never visited Central America, a 12 year old boy, a self-described redneck woman from Tennessee, and a mathematician who began life as a Wisconsin farmboy. The dirt archeologists, “wielders of trowels” in the author’s words, were unenthusiastic about the accomplishments of the linguists.
The author paints a picture of the dead hand of academia inhibiting rather than promoting the study of Mayan writing. An archaelogist himself, he personally knows the principal characters in his story and he was a participant in many of the key events that led to a comprehension of Mayan writing. His writing is lively, mostly warm and generous about his colleagues but sometimes critical, and the whole story is told in a connected narrative that reads like a novel, albeit one in which the reader is led through the complex process of how linguists learned to decipher Mayan glyphs.

The writing is the word put in visible form, in such a way that any reader instructed in his conventions can reconstruct the oral message. All linguists agree on it and have been for a long time, but it was not always the case. At the beginning of the Renaissance, when scholars began to take an interest in these questions, very different ideas were proposed, of which most were erroneous while others were based on an extremely fantastic, if ingenious, reasoning. In the history of deciphering it has taken a long time to clarify some of these concepts: entrenched preconceived ideas can be defended by scientists and scientists as fiercely as a dog defends a very old bone.
As a “visible word”, writing was invented about 5,000 years ago by the Sumerians of lower Mesopotamia and, almost simultaneously, by the ancient Egyptians. Being ourselves totally dependent on writing, we must say that this was one of the greatest discoveries of all time.
What is a rebus? In the Oxford English Dictionary I discovered that the word comes from French and that in Latin it originally meant “things concerning”. Once, in the French Picardy, satirical representations called rebus quae geruntur, “concerning things that occur” were carried out, containing riddles in the form of images. For two centuries the rebus has been used in English and American children’s books to test ingenuity.
The second important type of writing systems is the syllabic one.
The third writing system, the alphabetic one. Theoretically, or ideally, in the alphabetic writings the expressions of the language are broken down into phonemes, the individual consonants and vowels that constitute their sounds. Like many other important things of our civilization, this system was invented by the Greeks: in the ninth century BC. C., they adopted a Phoenician system that had been used by them.

No one knows precisely how many Mayan Indians exist, but in southeastern Mexico and Guatemala, Belize and Honduras live at least four million. Since the Spanish Conquest of the early sixteenth century, the Mayans have been subject to furious physical and cultural attacks of the European and Europeanized population of these countries, to which they have responded in various ways: sometimes, like the “primitive” Lacandon from Chiapas, fleeing to the intricate jungles. But even the jungles themselves are brought down by the forces of progress at a dizzying pace and the bulldozers, modern roads, hotels, condominiums and things like that transform the ancient Mayan ways of life at a speed that could not have been predicted. half a century Meanwhile, in the highlands of Guatemala a tragedy is even worse, because the indigenous populations are uprooted and demoralized by a program of systematic extermination that develops a whole succession of military regimes.
Creators of one of the most admirable civilizations that the world has known, today the Mayans are reduced to what some anthropologists condescend to call “popular culture.
At present, around 30 Mayan languages ​​are spoken, some of which are as intimately related to each other as, for example, Dutch is to English and others as far apart as English from French. Tzeltal and Tzotzil as well as Cholan (those languages ​​that we can still hear in the markets and squares of the large populations of the Chiapas highlands).
At present we know that the Cholano is for the inscribed texts of the Classic Maya cities what the Coptic was for the hieroglyphic inscriptions of ancient Egypt. The three Cholan languages ​​that survive today – the Chol, the Chontal and the Chortí – are still spoken around the ruins of Classic Maya cities (the Chol in Palenque, to the west, and the Chortí near Copán).

The rediscovery of the Mayan cities, buried for almost a millennium under the tropical jungle canopy, was the product of both the sharpness and the Bourbon stupidity. Charles III, who ruled Spain and his overseas domains from 1759 until his death in 1788, is often described as an “enlightened despot” and as the greatest of the Bourbon kings. Due to his sagacity and his talent for administrative reform, the inexorable decline of Spain as a colonial power at least temporarily reversed, and as monarch he had some successes on the international scene.
Outside hunting, his great passion was study and science, so that, for the first time since the Conquest, the royal palace began to show scientific interest for the people and the natural environment of the new possessions of Spain in the The new World. At present, Carlos is most remembered for leaving the Inquisition powerless and for expelling the Jesuits from Spanish territory; but this king undoubtedly promoted knowledge within the best traditions of the eighteenth century Enlightenment. Regrettably, he was succeeded by much more obstinate rulers.
Rafinesque Here is what he has achieved, using the most incomplete and unpromising material:
1. He saw that the inscriptions of Palenque and the characters of the Dresden Codex represent one and only writing.
2. He was the first to understand the values ​​of the bars and points of the Mayan numerical system, ahead of Brasseur de Bourbourg for more than three decades.

Palenque., The most enigmatically moving of all Mayan sites, has kept its secrets for more than 1,200 years. The place is impregnated with a quality that is transmitted and attracts us irresistibly. Its architecture sings to us with a kind of classic Mozartian wealth and elegance, however enigmatic, not mute as the heaviest and most richly conservative architecture of almost all other Classic Maya sites. Originality and harmony radiate from the tender limestone of Palenque. Those who give themselves fully to the experience of Palenque feel the presence of their builders through the centuries.

The fallacy that hieroglyphic writings consisted largely of symbols that communicate ideas directly, without the intervention of the language, was sustained as an article of faith by generations of distinguished Mayan scholars, including Seler, Schellhas and Thompson, as well as by a crowd of minor disciples. I wonder if they were even aware that this fallacy was dreamed by the neo-Platonists of the Classic world.
With his usual clarity of vision, Stephens predicted in 1841: “For centuries, the Egyptian hieroglyphics were inscrutable, but, although perhaps not in our days, I am convinced that some more sure key will be discovered than the Rosetta Stone” (Stephens, 1841: II, 457). Twenty-one years later, the extraordinary discoverer Brasseur de Bourbourg found the Relationship of Yucatan, in the dusty corners of a Madrid library, and there it was: the “A, B, C” of the Mayan writing, written by Landa. With their characteristic obstinacy, the Mayistas (except for some, like Cyrus Thomas) despised, for about a century, that precious document as the true key to decipherment, all of this despite the fact that Bishop Landa had actually provided many more readings for the signs than the Rosette Stone for Egyptology.
Despite all the important discoveries of Eric Thompson in many areas of Mayan studies, by the strength of his character and with support in an immense erudition. I think the problem lies in something even deeper, in the inability or in the ill will of archaeologists with anthropological training to admit that they work with traces of real people, who once lived and talked; that those ancient kings, queens, warriors and amanuenses were really Mayan Indians and that it is worthwhile to listen to their words.
Currently, in magazines dominated by field archaeologists has reached the final phase of rejection: although all that epigraphy, all that art and all that iconography were not just trinkets and nonsense, although the texts were not mendacious, do not represent the true culture and social organization of the Maya: in the words of one of the participants in the conference, the texts do not even mention the “immense majority” of the Mayan population. Of course not! Nor the millions of fellahin who built the pyramids and palaces of Egypt are mentioned in the royal inscriptions of the Nile, nor the multitudes of peasants who worked the lands of the Hittite kings appear in their monumental reliefs.

Yuri Valentinovich Knorosov, the man who allowed us to read the Mayan glyphs, was finally able to stop in the shadow of the Mayan pyramids: at the end of 1990, he was invited to Guatemala to receive a gold medal from President Cerezo. After the ceremony, she visited Tikal and Uaxactún, June with her young colleague Calina Yershova and her Guatemalan husband. With characteristic Russian discomfort, he complained to his fellow travelers that everything was not different from what he had read about it in the books.
Then, shortly after Cerezo left office, they received a sinister telephone call in Guatemala City: leave Guatemalan territory in 72 hours or they will die. Knorosov and his friends hid immediately, then fled the country of the Mayas … and of the rightist death squads that had proposed to extirpate all that remained of the Mayan culture and the Maya themselves. The man who had made it possible
It is possible that the ancient Mayan amanuenses spoke with their own voices, yet they could not walk freely through the cities in which they had lived.

The Mayan writing system is a mixture of logograms and syllabic signs; with these, the Maya could write words in a purely phonetic way, and sometimes they did. It should be noted that, due to homophony, the same sound is usually represented by more than one sign; and that some of those signs can also act as Iogograms.

3 pensamientos en “El Desciframiento De Los Glifos Mayas — Michael D. Coe / Breaking the Maya Code by Michael D. Coe

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