Los Exploradores De Hitler: SS-Ahnenerber — Javier Martínez-Pinna / Hitler’s Explorers: SS-Ahnenerber by Javier Martínez-Pinna (spanish book edition)

El delirio irracional del Tercer Reich tuvo otro de sus máximos exponentes en las grotescas expediciones organizadas por la Ahnenerbe. ¿Saben ustedes que llegaron a enviar un equipo hasta el Tíbet, dirigido por el naturalista Ernst Schäfer, con el objetivo de encontrar los orígenes de la mítica raza aria? Los delirios raciales del régimen nazi se fraguaron en un extraño caldo de cultivo en el que se mezclaron las propuestas teosóficas de la señora Blavatsky con el neopaganismo germánico de Guido von List y compañía. ¿Cómo es posible que en el mismo país y en la misma época en la que los físicos estaban descubriendo lo complicada que es la existencia y lo absurdo que es creer en eso de las razas, cuando no somos más que conjuntos organizados de átomos, se defendiese con tal pasión un concepto tan absurdo como la superioridad genética de unos humanos sobre otros? Si no fuese nada más que esto… Si hasta estuvieron en Bolivia en busca de la evidencia de que unos antiguos colonos nórdicos habrían creado Tiahuanaco, la antigua capital andina, hace un millón de años…

Himmler, como máximo dirigente de la Orden Negra de las SS, pronto se sintió fascinado por un individuo cuyos libros habían causado sensación en la Alemania de los años treinta. Pero ¿quién era este enigmático explorador que tanto sedujo al esquivo Reichsführer? Ernst Schäfer.
Las tierras del Asia Central debían de ser la cuna de esta raza superior, y por eso le propuso a Ernst Schäfer, que por aquel entonces ya había pasado a formar parte de las SS, que ocupase un puesto de responsabilidad dentro de la Ahnenerbe, el instituto para el estudio de la herencia ancestral alemana, e iniciar un viaje para el que contaría con la ayuda de destacados miembros de la Orden Negra de las SS. Uno de ellos fue Bruno Beger, un convencido antropólogo nacionalsocialista imbuido de las tesis raciales del Tercer Reich; o dicho de otra manera: un extremista ofuscado con la búsqueda de los supervivientes más puros de los arios primigenios. Otro de sus acompañantes fue Karl Wienert, un prestigioso geofísico encargado de verificar la controvertida teoría de la cosmogonía glacial, pero también fueron Ernst Krause, entomólogo y fotógrafo.
Beger comenzó a tomar medidas de unos individuos que ni siquiera podían comprender los motivos de tan extrañas pruebas. Sabemos que no era infrecuente observar al alienado antropólogo persiguiendo a los desdichados tibetanos para someterlos a todo tipo de experimentos. No dudaba a la hora de medirles la anchura, circunferencia y longitud de sus cabezas para tratar de demostrar la creencia de que los nórdicos. Beger tuvo la genial idea de aplicar máscaras faciales hechas con yeso sobre algunas de sus cobayas humanas.
Schäfer empleaba su tiempo haciendo ostentación de su curioso amor hacia la naturaleza, volándoles la tapa de los sesos a todos los animales que tenían la mala suerte de ponerse en su camino. Posteriormente, el naturalista los disecaba y enviaba hacia Alemania para que fuesen mostrados en los museos del Reich. Según testigos de la época, el SS, en un estado rayano en la enajenación mental, llegó a beber la sangre de sus presas para adquirir su poder.

La Ahnenerbe contaría con sus propios museos, con talleres especializados y enormes bibliotecas formadas por todo tipo de libros con contenido esotérico, místico y oculto. Y lo más importante de todo: con una inagotable fuente de financiación que le permitió contratar a muchos de los más prestigiosos investigadores alemanes, pero también organizar unas alucinantes expediciones para buscar los orígenes ancestrales de la raza aria, a lo que se le sumó su intención de hacerse con algunos de los objetos de poder más influyentes de unas antiguas religiones que ellos querían relegar al olvido.
El primer grupo de investigación estuvo dedicado al estudio del antiguo alfabeto rúnico y fue directamente organizado por Hermann Wirth, por ser un renombrado experto en escritura y símbolos antiguos.
Muy pronto el número de departamentos integrados dentro de la Ahnenerbe se fue ampliando, hasta alcanzar los cuarenta y tres, dedicados a todo tipo de disciplinas y extrañas creencias, como la geografía sagrada, el folklore, danzas populares, canciones tradicionales, leyendas, lingüística, ciencias paranormales, y el que aquí más nos interesa, el dedicado a la arqueología germánica, pero también a tratar de descubrir el lugar preciso en donde por aquel entonces seguirían ocultos objetos como el arca de la alianza, el santo grial o la lanza de Longinos.
El catarismo tuvo su importancia y no es de extrañar que los ideólogos del nazismo tratasen de equiparar a los antiguos habitantes de la isla de Thule con los asentados en el continente perdido de la Atlántida, por eso trataron de ubicar en estos lugares el origen de su raza, con lo que ellos serían los últimos descendientes de un linaje heroico con el que se alcanzó un alto grado de civilización, cuyo conocimiento podría asombrar al mundo. Los miembros del sector más ocultista del partido nazi estaban tan convencidos de ello que no ahorraron en medios para encontrar evidencias de ese mundo perdido que fascinó a los primeros integrantes de la Sociedad de Estudios para la Historia Antigua del Espíritu.

El hallazgo de la Atlántida se convirtió en uno de los objetivos fundamentales de los hombres de la Ahnenerbe, más aún si tenemos en cuenta que desde el principio los investigadores de esta organización pusieron todo su empeño en legitimar y dar forma teórica a los postulados xenófobos y racistas del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.
Herman Wirth fue elegido por Heinrich Himmler para dirigir el instituto en 1935, y hasta allí llegó con la convicción de que pronto iba a realizar un descubrimiento trascendental, capaz de hacer temblar las bases de una ciencia alemana muy crítica con sus propios postulados. Siendo como era experto en símbolos antiguos, trató de identificar esa primera escritura a la que hacíamos referencia, asegurando que fue inventada por una civilización nórdica de tipo ario, que él consideró originaria de la Atlántida, para más tarde asegurar que su descubrimiento permitiría comprender los misterios de la antigua religión pagana de los arios. Inspirado en la teoría de la deriva continental, Wirth estableció una nueva línea de investigación, según la cual el Polo Norte habría sido la cuna de los arios septentrionales, pero una serie de cambios climáticos habrían terminado con esa primera raza no sin antes permitir que algunos de sus supervivientes pudiesen huir para refugiarse en un remoto lugar: para él la auténtica Atlántida.
Wirth, como después harían los más destacados líderes ocultistas nazis, entre ellos Hess, Himmler o Rosenberg, no dudó de la existencia histórica de unos atlantes que habrían logrado sobrevivir en lugares aislados e incluso en mundos subterráneos, y por eso se dejó seducir por el mito e inició una búsqueda para encontrar evidencias de esta legendaria civilización.
Esta idea de una Atlántida pura y perfecta fue materializada por los alemanes del Tercer Reich, cuando fue objeto de estudio por parte de los miembros de la Sociedad sobre la Herencia Ancestral, o Ahnenerbe. Aunque indirectamente, una de las grandes responsables del inicio de esta extravagante búsqueda fue Helena Blavatsky.

La cosmogonía glacial, desarrollada en los albores del siglo XX por un polémico astrónomo austriaco llamado Hans Hörbiger. Según este científico aficionado, detrás del origen de todo lo que existe en el cosmos estaba el hielo. Todos los cuerpos celestes estaban hechos con este elemento, pero al principio, antes de que el universo tuviese la forma actual, había una enorme masa de fuego cuya interacción con el propio hielo dio lugar a un enfrentamiento antagónico entre dichos principios. Como era habitual, los nazis no tardaron en relacionar esta absurda teoría con su visión adulterada de la realidad, interpretándola como una especie de lucha entre una supuesta raza superior formada por arios, y los seres inferiores contra los que estaban dispuestos a combatir.
Obsesionados como estaban con el hallazgo de nuevas pistas que los acercasen hacia el descubrimiento de la desaparecida civilización atlante, los alemanes llegaron a interpretar las calaveras de cristal como unas reliquias utilizadas por los antiguos sacerdotes de la Atlántida en sus ancestrales rituales paganos. Fue así como la Ahnenerbe logró poner en funcionamiento una nueva expedición en 1943 hacia las selvas centroamericanas para recuperar la calavera del destino. Esta nueva intentona no dio los resultados esperados, ya que los miembros del equipo fueron capturados y sometidos a un severo interrogatorio.
Otro de los objetos ansiados por los miembros de la Ahnenerbe fue el martillo de Thor, que según algunas tradiciones fue a parar a tierras americanas, y más concretamente al Cono Sur. El origen de esta nueva búsqueda está relacionado con el obsesivo interés de los nazis por el estudio de los mitos germánicos, en la creencia de que con su comprensión podrían justificar sus teorías raciales sobre la supremacía del hombre ario. Según estas tradiciones nórdicas, el martillo habría sido tallado durante generaciones en profundas cuevas por los maestros enanos, al más puro estilo El señor de los Anillos, para contar con un arma efectiva y con un poder suficiente para derrotar a los temidos gigantes de las leyendas ancestrales. Es más, según las crónicas islandesas las propiedades de este martillo, hacha o incluso garrote, eran verdaderamente estremecedoras. Cada vez que era lanzado, el objeto volvía por voluntad propia a manos de su poseedor, a modo de auténtico boomerang, pero eso sí, después de haber causado estragos entre los pobres infelices que fuesen víctimas de la despiadada ira del dios.

El Nido del Águila, a unos 120 kilómetros de la ciudad de Berchtesgaden. La Fortaleza Alpina nunca llegó a ser un reducto acorazado desde donde los nazis plantearon iniciar la reconquista del imperio ario, aunque investigaciones posteriores demostraron que este recóndito y apartado enclave sí fue utilizado por los supervivientes del Tercer Reich para esconder algunos de sus más grandes tesoros y hacer desaparecer sus documentos más comprometidos. Como vimos, los miembros de la Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana, la Ahnenerbe, no había cejado en su empeño de rastrear los orígenes míticos de la raza aria. Tampoco se habían olvidado de la búsqueda de unos objetos sagrados que ellos anhelaron más que nadie para utilizar sus presuntos poderes en la conquista de su nuevo imperio, pero también para convertirlos en los talismanes de una nueva religión que querían implantar para eliminar la perniciosa influencia de la religión cristiana.
El misterio sin resolver del Toplitzsee alcanzó mayor popularidad como consecuencia de la investigación patrocinada por Der Stern, pero fueron los hechos acontecidos en 1963 los que le hicieron adquirir fama internacionalmente.

The irrational delirium of the Third Reich had another of its greatest exponents in the grotesque expeditions organized by the Ahnenerbe. Do you know that they even sent a team to Tibet, led by the naturalist Ernst Schäfer, with the aim of finding the origins of the mythical Aryan race? The racial delusions of the Nazi regime were forged in a strange breeding ground in which the theosophical proposals of Mrs. Blavatsky were mixed with the Germanic neo-paganism of Guido von List and company. How is it possible that in the same country and at the same time when physicists were discovering how complicated existence is and how absurd it is to believe in that of races, when we are nothing more than organized sets of atoms, defend with such passion a concept as absurd as the genetic superiority of some humans over others? If it were nothing more than this … If they were even in Bolivia in search of the evidence that some ancient Nordic settlers would have created Tiahuanaco, the ancient Andean capital, a million years ago …

Himmler, as the leader of the SS Black Order, was soon fascinated by an individual whose books had caused a sensation in the Germany of the 1930s. But who was this enigmatic explorer who so seduced the elusive Reichsführer? Ernst Schäfer.
The lands of Central Asia must have been the cradle of this superior race, and that is why he proposed to Ernst Schäfer, who at that time had already become part of the SS, to occupy a position of responsibility within the Ahnenerbe; institute for the study of the German ancestral inheritance, and to initiate a trip for which it would count on the aid of outstanding members of the Black Order of the SS. One of them was Bruno Beger, a convinced National Socialist anthropologist imbued with the racial theses of the Third Reich; or put another way: an extremist obfuscated with the search for the purest survivors of the original Aryans. Another of his companions was Karl Wienert, a prestigious geophysicist in charge of verifying the controversial theory of glacial cosmogony, but they were also Ernst Krause, an entomologist and photographer.
Beger began taking measurements of individuals who could not even understand the reasons for such strange tests. We know that it was not uncommon to observe the alienated anthropologist chasing the unfortunate Tibetans to subject them to all kinds of experiments. He did not hesitate to measure the width, circumference and length of their heads to try to demonstrate the belief that the Norsemen. Beger had the great idea of ​​applying facial masks made with plaster on some of his human guinea pigs.
Schäfer spent his time flaunting his curious love for nature, blowing the brains of all the animals that had the bad luck to get in his way. Later, the naturalist dissected them and sent them to Germany to be shown in the museums of the Reich. According to witnesses of the time, the SS, in a state bordering on mental alienation, came to drink the blood of its prey to acquire its power.

The Ahnenerbe would have its own museums, with specialized workshops and huge libraries formed by all kinds of books with esoteric, mystical and hidden content. And most important of all: with an inexhaustible source of funding that allowed him to hire many of the most prestigious German researchers, but also to organize some amazing expeditions to look for the ancestral origins of the Aryan race, to which his intention was added. to get hold of some of the most influential objects of power of ancient religions that they wanted to relegate to oblivion.
The first research group was devoted to the study of the ancient runic alphabet and was directly organized by Hermann Wirth, for being a renowned expert in writing and ancient symbols.
Very soon the number of integrated departments within the Ahnenerbe was expanded, reaching forty-three, dedicated to all kinds of disciplines and strange beliefs, such as sacred geography, folklore, folk dances, traditional songs, legends, linguistics, paranormal sciences, and the one that interests us here, the one devoted to Germanic archeology, but also to try to discover the precise place where objects such as the ark of the covenant, the holy grail or the spear of Longinos would remain hidden at that time.
Catharism had its importance and it is not surprising that the ideologists of Nazism tried to equate the ancient inhabitants of the island of Thule with those settled in the lost continent of Atlantis, so they tried to locate in these places the origin of their race, with what they would be the last descendants of a heroic lineage with which a high degree of civilization was reached, whose knowledge could astonish the world. The members of the most occult sector of the Nazi party were so convinced of it that they did not spare in means to find evidence of that lost world that fascinated the first members of the Society of Studies for the Ancient History of the Spirit.

The finding of Atlantis became one of the fundamental objectives of the men of the Ahnenerbe, even more so if we take into account that from the beginning the researchers of this organization put all their effort to legitimize and give theoretical form to the xenophobic postulates and racists of the German National Socialist Workers Party.
Herman Wirth was chosen by Heinrich Himmler to head the institute in 1935, and there he came with the conviction that he was soon to make a momentous discovery, capable of shaking the foundations of a German science very critical of his own postulates. Being an expert in ancient symbols, he tried to identify the first scripture we referred to, assuring that it was invented by an Aryan-type Nordic civilization, which he considered to originate from Atlantis, and later assured that his discovery would allow understanding Mysteries of the ancient pagan religion of the Aryans. Inspired by the theory of continental drift, Wirth established a new line of research, according to which the North Pole would have been the cradle of the northern Aryans, but a series of climatic changes would have ended with that first race but not before allowing some of his survivors could flee to take refuge in a remote place: for him the authentic Atlantis.
Wirth, as would later become the most prominent Nazi occult leaders, including Hess, Himmler or Rosenberg, did not doubt the historical existence of some Atlanteans who would have managed to survive in isolated places and even in underground worlds, and so he was seduced by the myth and started a search to find evidence of this legendary civilization.
This idea of ​​a pure and perfect Atlantis was materialized by the Germans of the Third Reich, when it was the subject of study by the members of the Society on the Ancestral Heritage, or Ahnenerbe. Although indirectly, one of the main responsible for the start of this extravagant search was Helena Blavatsky.

The glacial cosmogony, developed at the dawn of the 20th century by a controversial Austrian astronomer named Hans Hörbiger. According to this amateur scientist, behind the origin of everything that exists in the cosmos was ice. All the celestial bodies were made with this element, but at the beginning, before the universe had the current form, there was a huge mass of fire whose interaction with the ice itself gave rise to an antagonistic confrontation between these principles. As usual, the Nazis did not take long to relate this absurd theory with their adulterated vision of reality, interpreting it as a kind of struggle between a supposed superior race formed by Aryans, and inferior beings against those who were willing to fight.
Obsessed as they were with the discovery of new clues that would bring them closer to the discovery of the lost Atlantean civilization, the Germans came to interpret the crystal skulls as relics used by the ancient priests of Atlantis in their ancestral pagan rituals. It was thus that the Ahnenerbe managed to put into operation a new expedition in 1943 to the Central American jungles to recover the skull of destiny. This new attempt did not give the expected results, since the members of the team were captured and subjected to a severe interrogation.
Another of the objects coveted by the members of the Ahnenerbe was the hammer of Thor, which according to some traditions went to American lands, and more specifically to the Southern Cone. The origin of this new search is related to the obsessive interest of the Nazis in the study of the Germanic myths, in the belief that with their understanding they could justify their racial theories about the supremacy of the Aryan man. According to these Nordic traditions, the hammer would have been carved for generations in deep caves by the dwarven masters, in the style of The Lord of the Rings, to have an effective weapon and with enough power to defeat the feared giants of the legends ancestral Moreover, according to the Icelandic chronicles, the properties of this hammer, ax or even club were truly shocking. Each time it was thrown, the object returned voluntarily to the hands of its possessor, in the manner of a real boomerang, but yes, after having caused havoc among the poor wretches who were victims of the merciless wrath of the god.

El Nido del Águila, about 120 kilometers from the city of Berchtesgaden. The Alpine Fortress never became an armored redoubt from where the Nazis planned to begin the reconquest of the Aryan Empire, although later investigations showed that this remote and secluded enclave was used by the survivors of the Third Reich to hide some of its greatest treasures and make your most committed documents disappear. As we saw, the members of the Society for the Investigation and Teaching on the German Ancestral Heritage, the Ahnenerbe, had not stopped trying to trace the mythical origins of the Aryan race. They had not forgotten the search for sacred objects that they longed for more than anyone to use their alleged powers in the conquest of their new empire, but also to turn them into the talismans of a new religion that they wanted to implant to eliminate the pernicious influence of the Christian religion.
The unsolved mystery of the Toplitzsee became more popular as a result of the research sponsored by Der Stern, but it was the events of 1963 that made him famous internationally.

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