House Of Cards Y La Filosofía. La República De Underwood — J. Edward Hackett & William Irving / House of Cards and Philosophy: Underwood’s Republic by J. Edward Hackett & William Irving

Este libro se basa solo en la serie temporadas uno a tres de la versión estadounidense de House of Cards. La serie cuatro ya se emitió y se planean más. Ya, al final de la serie cuatro, se insinúa la desaparición de Underwood. Esta es la idea clave detrás del título, un castillo de naipes es una estructura frágil que finalmente debe derrumbarse.
Creo que los escritores deberían haber esperado hasta el final antes de analizar el espectáculo, sino restringirse a la serie británica definitiva que vimos hace años, que tenía todas las características del estadounidense en el microcosmos, ¡y al menos estaba completa !.
Si te gusta esta serie, te encantará este libro. Cada capítulo está escrito por un filósofo profesional que también es un verdadero fanático de House of Cards. Realmente disfruté las interesantes ideas sobre los temas, tramas y personajes de HOC, y también obtuve un conocimiento intrigante sobre una variedad de filósofos clásicos y teorías filosóficas. Quien escribió estos ensayos cometió algunos errores claros y bastante tristes en el programa. Por ejemplo, en la primera página se refieren a Frank Underwood como senador. Él era un congresista. Dijeron en el primer episodio que se quedó sin la primera escena con Edward Meechum. No fue Meechum. Más tarde llamaron a Catherine Durant Senadora de Missouri. Ella era Senadora de Luisiana. Si vas a escribir sobre un programa, míralo más de una vez o al menos obtén algunos de estos hechos básicos directamente para entusiastas como yo. Eran una molestia evitable.

La serie muestra un abanico de personajes que personifican algo parecido a las cualidades de la moral convencional —la vida justa—. Pensemos en Lucas Goodwin, quien en muchos sentidos es el parangón de las virtudes dentro de la serie. Sus intenciones son nobles y pretende denunciar la corrupción y la prevaricación. Su amor por Zoe parece sincero, y su búsqueda de la verdad resulta admirable y ejemplar. Al final, Lucas acaba siendo totalmente dominado y aniquilado por Frank.
O pongamos por ejemplo a Donald Blythe. Tanto si estamos de acuerdo con sus opiniones políticas como si no, da la impresión de ser un hombre honrado, fiel a su palabra, íntegro y decente. Viendo lo fácil que le resulta a Frank utilizarlo y aprovecharse de él, termina convertido en una representación indirecta de la visión trasimaquiana de la justicia: aunque esta no constituya un vicio, es una «genuina candidez», una ingenuidad con respecto al mundo y sus maquinaciones que predispone a sus practicantes a ser unos incautos y unos primos, a punto para llevarse un buen esquilado. Por emplear los términos trasimaquianos, el injusto se aprovecha del justo, por lo que la vida del primero acaba pareciendo la mejor.
Aunque las tramas de House of Cards pueden ser ficticias y estar muy dramatizadas, los problemas que expone son reales. Desde luego, el problema de Underwood no es solo suyo, ni está solo reservado a la gente con poder y cargo político. Todos somos culpables en mayor o menor grado de manipular a las personas y las situaciones en favor de la percepción pública. Aun así, deberíamos preguntarnos si la política debería centrarse en los intereses especiales, o si nuestros procesos políticos podrían moverse en otras direcciones. Cuando Underwood jura su cargo de vicepresidente, opina en un aparte: «La democracia está muy sobrevalorada». Sin embargo, aunque pueda ser cierto, ¿cuál es la alternativa?.

La imagen de los políticos que nos presenta House of Cards, una imagen que, aunque dramatizada, se parece bastante más a nuestra sociedad que la visión utópica de los filósofos. De hecho, la serie sigue los pasos del político Frank Underwood en pos de todo menos del bien público. Despechado por no obtener el cargo de secretario de Estado que le prometiera el presidente Garrett Walker, Frank se lanza en pie de guerra por una senda que lo llevará hasta el Despacho Oval y que hará mucho daño a los que le rodean, circunstancia que inmuta poco a Frank y a su también implacable esposa Claire.
Así pues, existe una desconexión entre las teorías utópicas de los filósofos políticos y la triste realidad que refleja House of Cards. Los filósofos suponen que los políticos de la sociedad ideal luchan por el bien público. Sin embargo, House of Cards nos muestra a unos políticos que, en nuestra sociedad real, persiguen sus propios fines ocultos, lo que resulta en el mal público.
Deberíamos tomarnos en serio el modelo político de House of Cards para lanzar hipótesis sobre la sociedad ideal, y después de haber demostrado que existen precedentes históricos para hacerlo, consideremos ahora cómo podríamos diseñar una sociedad ideal que aborde la posibilidad de que haya gente como Frank Underwood que salga elegida en las elecciones.
Uno de los problemas a los que nos enfrentamos más a menudo en nuestra realidad política a lo House of Cards es el de la búsqueda de rentas. La búsqueda de rentas no tiene nada que ver con los caseros que exigen su dinero a fin de mes: más bien se trata de individuos y corporaciones con gran poder que buscan favores de quienes ostentan el poder político, muchas veces a cambio de donaciones con fines electorales. House of Cards nos presenta dicho proceso en su reflejo de nuestra realidad política. Antes de aceptar el cargo de jefe de personal del presidente Underwood en la tercera temporada, Remy Danton es el representante de SanCorp, una compañía de gas natural ficticia.

Los políticos llevan mintiendo desde que existen, pero Maquiavelo es el primer teórico político conocido que recomendó el uso de la mentira. Así escribió: «Son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas». Por tanto, la forma de conseguir la presidencia de Frank mediante las mentiras y el engaño le parecería admirable. En el primer episodio de House of Cards, Frank se pone furioso cuando el presidente Garrett Walker rompe su promesa de nombrarlo secretario de Estado. Sin embargo, en lugar de expresar su amargura, Frank mantiene un aspecto exterior calmado e interpreta el papel de fiel partidario del presidente, a la vez que trama la manera de arrebatarle el poder. Le hace creer al congresista Peter Russo que va a apoyarlo en su campaña a gobernador de Pensilvania, pero en realidad planea sabotear su carrera. Más adelante, finge ayudar al presidente Walker con el comité del Congreso que investigará las contribuciones chinas a los super PAC, cuando lo cierto es que está preparando una moción de censura contra él.

Imaginen vivir en un mundo en el que no se espera que los demás obedezcan los principios morales. En ese mundo tampoco hay instituciones que obliguen a su cumplimiento. Por tanto, si vivieran en ese mundo, deberían contar con que la gente no fuera a respetar sus derechos (personales o de la propiedad), intereses y deseos. Incluso si hubiera alguien que intentara dirigirse con integridad y respetar tales cosas, no tendría ninguna garantía de que su buen comportamiento fuera a ser correspondido. A falta de instituciones que hicieran valer la ley (policía, jueces y demás), esos santos no tardarían en ser explotados —y casi con total seguridad asesinados—
Hasta ahora se podría decir que Frank Underwood no representa un «ejemplo modélico» de la infracción racional del contrato social. A menudo traiciona a los demás (en ocasiones, hasta el punto de asesinarlos) cuando considera que hacerlo se adecúa a sus propósitos. Lo único que ha evitado su destrucción total ha sido la suerte. Depositar tanta confianza en la suerte no es de sabios cuando el precio de las consecuencias asociadas al fracaso es tan alto. Frank ha logrado «apoderarse de un reino» mediante su «maldad triunfante». Por desgracia, ese reino es un castillo de naipes. Si la historia de Frank puede servir de ejemplo de algo, lo es del comportamiento jactancioso de un insensato imprudente.
El Estado no puede evitar servir a los intereses del capitalismo a largo plazo. Durante las pasadas décadas, muchos politólogos y teóricos han considerado que la obra de Marx era irrelevante para analizar la política contemporánea, pero si el mundo de House of Cards representa nuestra realidad política, entonces Marx sigue siendo un recurso poderoso y relevante para examinar nuestro paisaje político. La única ocasión en la que vemos a la clase trabajadora representada en House of Cards es cuando Frank suprime los sindicatos de constructores navales y de profesores. Según Frank, los intereses de Donald Blythe y del sindicato de profesores están a la «izquierda de Karl Marx». Sin embargo, la teoría de Marx demuestra que una concesión a los sindicatos de profesores podría seguir siendo una ventaja estratégica de los capitalistas, siempre y cuando sigamos reproduciendo la misma estructura económica de la sociedad. Lo más importante de todo: Marx demuestra que mientras el capitalismo florezca, la idea de que vivimos en una democracia representativa es falsa. Frank lo sabe también. Cuando jura el cargo de vicepresidente, se gira hacia el espectador y afirma con ecuanimidad: «A un solo paso de la presidencia y ni un solo voto emitido a mi nombre. La democracia está sobrevalorada».

This book is based only on series one to three of the American version of House of Cards. Series four has already aired, and more are planned. Already, at the end of series four, the demise of Underwood is being hinted at. This is the key idea behind the title, a house of cards is a flimsy structure that has to eventually come tumbling down.
I think the writers should have held off until the finale before analyzing the show, else restricted themselves to the definitive British series we watched years ago, which had all the features of the American one in microcosm, and at least was complete!.
If you like this show you will love this book. Each chapter is written by a professional philosopher that also happens to be a true fan of House of Cards. I really enjoyed the interesting insights into the themes, plots and characters of HOC, and I also gained intriguing knowledge about an assortment of classic philosophers and philosophical theories. Whoever wrote these essays made some clear, and rather sad, errors on the show. For example, on the first page they refer to Frank Underwood as a senator. He was a congressman. They said in the first episode that he ran out in the first scene with Edward Meechum. It was not Meechum. Later they called Catherine Durant the Senator from Missouri. She was a Senator for Louisiana. If you are going to write about a show, watch it more than once or at least get some of these basic facts straight for die hard fans such as myself. They were an avoidable nuisance.

The series shows a range of characters that embody something similar to the qualities of conventional morality – the just life. Think of Lucas Goodwin, who in many ways is the paragon of the virtues within the series. His intentions are noble and aims to denounce corruption and prevarication. His love for Zoe seems sincere, and his search for truth is admirable and exemplary. In the end, Lucas ends up being totally dominated and annihilated by Frank.
Or, say, Donald Blythe. Whether we agree with his political opinions or not, he gives the impression of being an honest man, true to his word, whole and decent. Seeing how easy it is for Frank to use and take advantage of him, ends up becoming an indirect representation of the transimarchy vision of justice: although this is not a vice, it is a “genuine naivete”, a naivete with respect to the world and its machinations that predisposes its practitioners to be unsuspecting and cousins, ready to take a good shearing. To use the terms Trasimaquianos, the unjust takes advantage of the just, so the life of the first ends up looking the best.
Although the plot of House of Cards can be fictitious and very dramatized, the problems it exposes are real. Of course, Underwood’s problem is not only his, nor is it reserved for people with political power and office. We are all guilty to a greater or lesser degree of manipulating people and situations in favor of public perception. Even so, we should ask ourselves if politics should focus on special interests, or if our political processes could move in other directions. When Underwood swears in as vice president, he says in an aside: “Democracy is very overrated.” However, although it may be true, what is the alternative?

The image of politicians presented by House of Cards, an image that, although dramatized, is much more similar to our society than the utopian vision of philosophers. In fact, the series follows in the footsteps of politician Frank Underwood in pursuit of everything but the public good. Enraged by not getting the position of Secretary of State promised by President Garrett Walker, Frank is launched on foot by a path that will take him to the Oval Office and will do much harm to those around him, a circumstance Frank and his implacable wife, Claire.
Thus, there is a disconnect between the utopian theories of political philosophers and the sad reality that reflects House of Cards. Philosophers assume that the politicians of the ideal society fight for the public good. However, House of Cards shows us some politicians who, in our real society, pursue their own hidden ends, which results in the public wrong.
We should take seriously the political model of House of Cards to launch hypotheses about the ideal society, and after having shown that there are historical precedents to do so, let us now consider how we could design an ideal society that addresses the possibility that there are people like Frank Underwood to be elected in the elections.
One of the problems we most often face in our political reality is House of Cards, which is the search for rents. The search for rents has nothing to do with the landlords who demand their money at the end of the month: rather they are individuals and corporations with great power who seek favors from those who hold political power, often in exchange for donations for purposes electoral House of Cards presents this process in its reflection of our political reality. Before accepting the post of President Underwood’s chief of staff in the third season, Remy Danton is the representative of SanCorp, a fictional natural gas company.

Politicians have been lying since they exist, but Machiavelli is the first known political theorist who recommended the use of lies. Thus he wrote: “It is precisely the princes who have paid less attention to the sworn faith, wrapped up the others with their cunning and laughed at those who have trusted in their loyalty, the only ones who have made great enterprises.” Therefore, the way to get Frank’s presidency through lies and deceit would seem admirable. In the first episode of House of Cards, Frank becomes furious when President Garrett Walker breaks his promise to name him Secretary of State. However, instead of expressing his bitterness, Frank maintains a calm exterior appearance and plays the role of a loyal supporter of the president, while plotting the way to seize power. He makes congressman Peter Russo believe he’s going to support him in his campaign for governor of Pennsylvania, but in reality he plans to sabotage his career. Later, he pretends to help President Walker with the congressional committee that will investigate Chinese contributions to the super PACs, when in fact he is preparing a motion of censure against him.

Imagine living in a world in which others are not expected to obey moral principles. In that world, there are no institutions that force compliance. Therefore, if they lived in that world, they should expect that people would not respect their rights (personal or property rights), interests and desires. Even if there were someone who tried to address himself with integrity and respect such things, he would have no guarantee that his good behavior would be reciprocated. In the absence of institutions that enforce the law (police, judges and others), these saints would soon be exploited – and almost certainly killed –
Until now it could be said that Frank Underwood does not represent a “model example” of the rational infraction of the social contract. He often betrays others (sometimes, to the point of killing them) when he considers that doing so fits his purposes. The only thing that has prevented its total destruction has been luck. Depositing such confidence in luck is not wise when the price of the consequences associated with failure is so high. Frank has managed to “seize a kingdom” through his “triumphant wickedness.” Unfortunately, that kingdom is a house of cards. If the story of Frank can serve as an example of something, it is of the boastful behavior of a reckless fool.
The State can not avoid serving the interests of capitalism in the long term. Over the past decades, many political scientists and theorists have considered that Marx’s work was irrelevant to analyzing contemporary politics, but if the House of Cards world represents our political reality, then Marx remains a powerful and relevant resource to examine our landscape political. The only time we see the working class represented in House of Cards is when Frank abolishes the unions of shipbuilders and teachers. According to Frank, the interests of Donald Blythe and the teachers’ union are to the “left of Karl Marx.” However, Marx’s theory shows that a concession to teachers’ unions could remain a strategic advantage of capitalists, as long as we continue to reproduce the same economic structure of society. Most important of all: Marx shows that as long as capitalism flourishes, the idea that we live in a representative democracy is false. Frank knows it too. When he swears in as vice president, he turns to the spectator and says with equanimity: “Just one step from the presidency and not a single vote cast in my name. Democracy is overrated”.

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