Las Personas De La Historia: Sobre La Persuasión Y El Arte Del Liderazgo — Margaret MacMillan / History’s People: Personalities and the Past by Margaret MacMillan

Es un libro interesante para todo aquel que estudie por ejemplo Ciencias Políticas.
El enfoque de este libro está en varias personas de la historia, en su mayoría de los últimos siglos, pero algunas desde mucho antes. El libro tiene cinco capítulos, cada uno de los cuales se centra en una característica humana particular. Se examinan las vidas de algunas personas clave en la historia que han demostrado este rasgo en particular, algunas bastante extensas, mientras que otras más brevemente. Las personas que se discuten incluyen políticos, exploradores, monarcas, dictadores y otros; muchas son personas comunes que han marcado una diferencia en el mundo o que simplemente han dejado un registro escrito útil de partes de sus vidas y momentos.
Realmente disfrute este libro. Sin embargo, sí encontré una frase que, en el mejor de los casos, es engañosa. La autora afirma (página 3) “Si Albert Einstein no hubiera captado la naturaleza del átomo a principios del siglo XX, ¿podrían los aliados haber desarrollado la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial?” Por lo que sé, Einstein no descifró cualquier propiedad del átomo que podría haber llevado a la bomba atómica. Ese fue el trabajo principalmente de Rutherford y Bohr y, más tarde, Hahn, Strassman, Meitner, Frisch, Fermi y otros. El trabajo de Einstein a principios del siglo XX se centró en el espacio y el tiempo (relatividad), el movimiento browniano, la equivalencia masa-energía y el efecto fotoeléctrico; nada sobre la estructura atómica o la energía nuclear o cualquier cosa que podría haber llevado a la bomba atómica.
Como se indicó, la prosa del autor es muy hablador, amigable y accesible. Parece haber sido escrito para el lector general interesado y lo es sin la jerga habitual que uno encuentra a menudo en trabajos más formales. Este libro debería ser de interés para aquellos que tienen desde un interés casual hasta un apasionado interés por la historia y desean leer acerca de algunas de sus personas, conocidas y menos conocidas, a través de una prosa relajada y amistosa.

“Nuestra comprensión y disfrute del pasado se verán empobrecidos sin sus individuos, aunque conozcamos las corrientes de la historia, sus fuerzas y cambios subyacentes, ya sean de tecnología o estructuras políticas o valores sociales, nunca deben ser ignorados”.
Historia de la gente: personalidades y el pasado es el undécimo libro de la autora e historiadora canadiense Margaret MacMillan, y comprende las Conferencias Massey 2015. Además de un comentario general sobre las personas que hacen y registran la historia, MacMillan se centra en ciertas personas, examinando su papel en la historia. Los lectores pueden sentirse intrigados al descubrir que MacMillan agrupa a Woodrow Wilson, Margaret Thatcher, Stalin y Hitler bajo una bandera común, analizando sus éxitos y fracasos de liderazgo.
MacMillan mira a las personas que se aprovecharon de las circunstancias favorables, a las personas que hicieron sus propias circunstancias beneficiosas, a las personas con destreza para juzgar cuando era el momento adecuado, a las personas que lograron creer en sí mismas y su causa, y personas que registraron eventos ellos. Líderes, pioneros, exploradores, empresarios y meticulosos diaristas cuentan con todos.
MacMillan nos dice: “… nunca deberíamos olvidar que la gente del pasado era tan humana como nosotros … reconocemos en las personas las características familiares pasadas; ellos también tenían ambiciones y temores, amores y odios … “y también que” Las mujeres han sido algunas de las grandes aventureras de los siglos XIX y XX, tal vez porque fueron templadas y endurecidas superando los obstáculos que la sociedad ponía en el camino de su sexo ”
En su capítulo final, se nos dice: “Es la interacción entre los individuos y sus mundos lo que hace historia y la hace realidad para aquellos de nosotros en el presente”. Las personas que tengan interés en la historia moderna disfrutarán de esta excelente y completa colección de conferencias. MacMillan incluye un índice de 17 páginas y, para lectores cuyo interés despierta un personaje en particular, una sección de 18 páginas sobre fuentes y lecturas adicionales. Una lectura excepcional

Bismarck era un júnker prusiano con muchos de los valores y actitudes propios de su clase y de su época. Mientras que King y FDR fueron ambos el producto de unos mundos liberales y democráticos, el primero provenía de la clase media en un lugar que formaba parte del imperio británico, y el segundo de las clases altas de uno de los países más poderosos del planeta. Compartían además la característica clave que los convertía en unos líderes tan eficaces: perseguían grandes objetivos, y poseían el talento, las habilidades y la fuerza de voluntad necesarios para no rendirse y para arrastrar con ellos a su país. Esto no significa que no cometieran errores. Los cometieron, pero fueron capaces de aprender la lección y, lo que es más importante, supieron cuándo había que transigir. Y consiguieron así, casi siempre, evitar la trampa en la que caen con tanta facilidad muchos líderes poderosos: la de pensar que ellos siempre tienen razón.

–Wilson, Thatcher, Hitler y Stalin– vivieron en una época que les brindó grandes oportunidades, y los cuatro mostraron la energía interior y el convencimiento que les permitió aprovecharlas. Sus éxitos cimentaron su autoestima hasta volverla inamovible, y a partir de ese punto se lanzaron hacia adelante sin flaquear. Los griegos creían que la hybris solía encontrar su castigo con un vuelco dramático de la suerte. Wilson y Thatcher pagaron su deuda con la humillación de una derrota política. Hitler se suicidó cuando fue evidente que sus sueños de dominar el mundo habían quedado en nada. Stalin fue el único de los cuatro que no pagó el precio de la hybris mientras vivió. Pero si hay una vida en el más allá, quizá haya visto el final de todo lo que quiso construir con el derrumbe mundial del comunismo, el final de la Unión Soviética y el desmantelamiento de su imperio en la Europa oriental.

A veces el que se arriesga gana, pero esa no es ni mucho menos la única motivación de quienes corren riesgos. La curiosidad, la ambición o la determinación llevan a ciertas personas a arriesgarse incluso cuando las posibilidades están abrumadoramente en su contra. También ayuda el tener muy poco en cuenta las convenciones o el punto de vista de los demás. Por encima del todo, las personas osadas están dispuestas a aceptar los sacrificios, e incluso el fracaso, mientras que otros preferimos quedarnos cómodamente en nuestra casa. En El Señor de los Anillos, los hobbits están tan contentos con el pequeño mundo cotidiano y casero de su Comarca; la mayoría de ellos no quiere saber nada del mundo exterior, de sus peligros ni de sus emociones. Y sin embargo, ¿dónde estaríamos de no ser por esas personas que se arriesgan en la ciencia, en la política o en los negocios? Sea la simple curiosidad, el deseo de aventura, la codicia o la ambición lo que los mueve, son ellos los hombres y las mujeres que hacen que el mundo siga adelante.
Edith Durham tuvo un papel menor en la emergencia de la Albania independiente en 1912, y con eso se ha ganado su humilde lugar en la historia reciente de los Balcanes. La curiosidad, la osadía, el deseo de explorar unos mundos extraños, son cualidades admirables que sin embargo no garantizan por sí mismas la fama a largo plazo. Elizabeth Simcoe estaba casi completamente olvidada en Canadá hasta que en la década de 1960 se volvió a descubrir y publicar su diario; la sociedad canadiense no había conservado su recuerdo. La autobiografía de Fanny Parkes, que se editó en 1850, estuvo descatalogada hasta la década de 1970, y no la conocía sino un grupito de gente, como la autora, que estudiaba la historia de los británicos en la India. Y sin embargo, lo que todas ellas hicieron, quedara para la posteridad o no, fue dar testimonio de sí mismas y de los mundos en los que se movieron. Nos llaman la atención desde el pasado y tratan de recordarnos que fueron seres humanos iguales que nosotros, y gracias al legado de sus escritos nos permiten escribir historia.

De la historia no podemos sacar unas instrucciones claras para tomar decisiones hoy, ni un plan de acción para anticiparnos al futuro cuidado cuando puede suceder cuando los líderes políticos y de opinión afirman que están aplicando las lecciones del pasado. La historia tiene tanto alcance y una naturaleza tan proteica que una persona puede encontrar en ella justificación o ejemplos previos para cualquier cosa que desee hacer, sea buena o mala. La historia y sus personas no nos brindan más que un humilde conocimiento y un humilde estímulo: el de que somos hasta cierto punto seres de nuestra época, pero capaces de trascender o poner en cuestión los límites. La esperanza de que esos individuos del pasado nos arrojen cierta luz a nosotros hoy sobre la complicada naturaleza de la humanidad, y sus muchas contradicciones, incoherencias, maldades y locuras pero también sobre sus virtudes. Por encima de todo, las personas de la historia nos hacen conscientes de la enorme capacidad para el bien y el mal que todos poseemos.

An interesting book to future students of Political Sciences.
This book’s focus is on various people from history – mostly of the past couple of centuries but some from much earlier. The book has five chapters, each of which centers on a particular human characteristic. The lives of some key people in history who have demonstrated this particular trait are examined – some quite extensively while others rather briefly. The people that are discussed include politicians, explorers, monarchs, dictators as well as others; many are ordinary people who have made a difference in the world or who have simply left a useful written record of parts of their lives and times.
I thoroughly enjoyed this book. However, I did find one sentence to be rather misleading at best. The author states (page 3) “If Albert Einstein had not grasped the nature of the atom early in the twentieth century, could the allies have developed the atomic bomb during the Second World War?” As far as I know, Einstein did not decipher any properties of the atom that could have led to the atomic bomb. That was the work mainly of Rutherford and Bohr and, later, Hahn, Strassman, Meitner, Frisch, Fermi and others. Einstein’s early twentieth century work focused on space and time (relativity), Brownian motion, mass-energy equivalence and the photoelectric effect; nothing about atomic structure or nuclear energy or anything that could have led to the atomic bomb.
As indicated, the author’s prose is very chatty, friendly and accessible. It appears to have been written for the interested general reader and so is without the usual jargon that one often finds in more formal works. This book should be of interest to those who have anywhere from a casual to a passionate interest in history and want to read about some of its people – well-known and lesser-known – through a relaxed and friendly prose.

“Our understanding and enjoyment of the past would be impoverished without its individuals, even though we know history’s currents – its underlying forces and shifts, whether of technology or political structures or social values – must never be ignored”
History’s People: Personalities and the Past is the eleventh book by Canadian author and historian, Margaret MacMillan, and comprises the 2015 Massey Lectures. As well as a general commentary on the people that make and record history, MacMillan focusses on certain individuals, examining their role in history. Readers may be intrigued to find that MacMillan groups together Woodrow Wilson, Margaret Thatcher, Stalin and Hitler under a common banner, analysing their leadership successes and failures.
MacMillan looks at people who took advantage of favourable circumstances, people who made their own beneficial circumstances, people with a knack for judging when the time was right, people who achieved by virtue of believing in themselves and their cause, and people who recorded events around them. Leaders, pioneers, explorers, entrepreneurs and meticulous diarists all feature.
MacMillan tells us: “…we should never forget that the people of the past were as human as we are….we recognize in the people of the past familiar characteristics; they too had ambitions and fears, loves and hates…” and also that “Women have been some of the great adventurers of the nineteenth and twentieth centuries, perhaps because they were tempered and toughened by overcoming the obstacles society placed in the way of their sex”
In her final chapter, we are told: “It is the interplay between individuals and their worlds that makes history and brings it to life for those of us in the present”. People who have an interest in modern history will enjoy this outstanding and very comprehensive collection of lectures. MacMillan includes a 17-page index and, for readers whose interest is piqued by a particular character, an 18-page section on sources and further reading. An exceptional read.

Bismarck was a Prussian junker with many of the values ​​and attitudes of his class and his time. While King and FDR were both the product of liberal and democratic worlds, the first came from the middle class in a place that was part of the British empire, and the second from the upper classes of one of the most powerful countries on the planet. They also shared the key characteristic that made them such effective leaders: they pursued great goals, and possessed the talent, the skills and the willpower not to surrender and to drag their country with them. This does not mean that they did not make mistakes. They committed them, but they were able to learn the lesson and, more importantly, they knew when to compromise. And they have managed, almost always, to avoid the trap into which many powerful leaders fall so easily: that of thinking that they are always right.

-Wilson, Thatcher, Hitler and Stalin- lived in a time that gave them great opportunities, and the four showed the inner energy and the conviction that allowed them to take advantage of them. His successes cemented his self-esteem until it became immovable, and from that point on they launched forward without wavering. The Greeks believed that hybris used to find its punishment with a dramatic turn of luck. Wilson and Thatcher paid their debt with the humiliation of a political defeat. Hitler committed suicide when it was evident that his dreams of dominating the world had come to nothing. Stalin was the only one of the four who did not pay the price of the hybris while he lived. But if there is a life in the hereafter, perhaps you have seen the end of everything you wanted to build with the worldwide collapse of communism, the end of the Soviet Union and the dismantling of your empire in Eastern Europe.

Sometimes the risk gambler wins, but that is not the only motivation of those who take risks. Curiosity, ambition or determination lead some people to take risks even when the possibilities are overwhelmingly against them. It also helps to have very little regard for the conventions or the point of view of others. Above all, daring people are willing to accept sacrifices, and even failure, while others prefer to stay comfortably in our home. In The Lord of the Rings, hobbits are so happy with the small daily and home world of their Shire; most of them do not want to know anything about the outside world, its dangers or its emotions. And yet, where would we be if it were not for those people who take risks in science, in politics or in business? Whether it is simple curiosity, the desire for adventure, greed or ambition that moves them, it is they men and women who make the world go forward.
Edith Durham played a minor role in the emergence of independent Albania in 1912, and with that she has earned her humble place in the recent history of the Balkans. Curiosity, daring, the desire to explore strange worlds, are admirable qualities that do not, however, guarantee long-term fame. Elizabeth Simcoe was almost completely forgotten in Canada until in the 1960s she was rediscovered and published her diary; Canadian society had not retained its memory. The autobiography of Fanny Parkes, which was published in 1850, was discontinued until the 1970s, and I knew it only a small group of people, like the author, who studied the history of the British in India. And yet, what they all did, remain for posterity or not, was to bear witness to themselves and the worlds in which they moved. They call our attention from the past and try to remind us that they were human beings like us, and thanks to the legacy of their writings they allow us to write history.

From history we can not draw clear instructions to make decisions today, nor an action plan to anticipate future care when it can happen when political and opinion leaders say they are applying the lessons of the past. History has so much scope and such a protean nature that a person can find in it justification or previous examples for anything he wants to do, be it good or bad. History and its people offer us only a humble knowledge and a humble encouragement: that we are to a certain extent beings of our time, but capable of transcending or questioning the limits. The hope that those individuals from the past will shed some light on us today on the complicated nature of humanity, and its many contradictions, incoherences, evils and follies but also on its virtues. Above all, the people of history make us aware of the enormous capacity for good and evil that we all possess.

2 pensamientos en “Las Personas De La Historia: Sobre La Persuasión Y El Arte Del Liderazgo — Margaret MacMillan / History’s People: Personalities and the Past by Margaret MacMillan

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