Todo Lo Que Querías Saber Sobre Bitcoin, Criptomonedas Y Blockchain: Y No Te Atrevías A Preguntar — Carlos Domingo / Everything You Wanted to Know About Bitcoin, Cryptocurrency and Blockchain: And Don’t Bold To Ask by Carlos Domingo (spanish book edition)

Si no sabes del tema y quieres empezar, este libro cuenta de manera amena toda la historia de bitcoin. Explica muy claramente que es blockchain y habla de las monedas de primera, segunda y tercera generación. Plantea preguntas sobre su futuro y te deja con ganas de seguir profundizando. El libro es un resumen práctico y sencillo sobre bitcoin, criptomonedas y blockchain.

Las criptomonedas se basan, como las monedas de curso oficial, en la confianza. Desde que Richard Nixon decretara la ruptura del patrón dólar-oro allá por 1971, no ha existido ningún respaldo para nuestros intercambios, y nuestra reserva de valor, distinto al de la promesa del Estado de sustentar las monedas con las que se ejecutan, dinero fiat. Esto es, se basan en la confianza, y algunas veces más bien en la fe en el recto funcionamiento de las instituciones públicas.
Las criptomonedas no son distintas en esto por más que la minería del bitcoin lleva aparejado un coste que lo puede asimilar a la del oro, aunque sí parten de una desconfianza previa: la que sienten —no solo ellos, sino la gran mayoría de los usuarios— hacia las autoridades bancarias públicas y privadas y el monopolio estatal de la emisión de moneda. Y, bien pensado, no es una desconfianza caprichosa.
Las criptomonedas suponen una innovación técnica para facilitar operaciones económico-financieras, pero también son una disrupción jurídico-política que afecta al núcleo esencial del poder económico y monetario del orden westfaliano del Estado-Nación. De ahí la reacción cauta y, a veces, visceral en su contra desde tantos sectores. El fin del monopolio de la emisión de moneda por parte de los Estados es un problema político y jurídico, no tanto monetario o económico, mucho menos tecnológico.
Entramos en la era de la criptoeconomía, pero para comprenderla es fundamental entender primero lo que es el bitcoin, puesto que se trata de la primera criptomoneda que apareció y la que proporcionó el sustento tecnológico —la blockchain— que habrá de transformar radicalmente las cosas.
Lógicamente, instituciones bancarias, notarías y los agentes que se dedican o participan de la intermediación financiera no terminan de ver con buenos ojos esta transformación, puesto que viven de una función, la intermediación, que esta tecnología elimina.
Tendrán que adaptarse. Ya pasó con las empresas de telecomunicaciones cuando, entre otras transformaciones, se vivió cómo WhatsApp limitó el envío de los SMS—con los que las compañías de telefonía obtenían grandes beneficios— a algo residual, o Skype hizo lo mismo con las llamadas internacionales.

La crisis económica sacó a la luz especialmente la vulnerabilidad de nuestros sistemas bancarios y la desconfianza creciente de la población en las instituciones financieras. A lo que hay que añadir la pérdida de riqueza y beneficios sociales que la gente padeció, fruto de los ajustes económicos que debieron emprenderse por parte de los Estados.
Hubo también otras consecuencias en relación con las políticas monetarias. Ante la crisis económica lo que hicieron en buena medida los bancos centrales en muchos países fue bajar los tipos de interés a casi un 0 % y emitir más dinero.
Aunque en realidad se desconoce la identidad del creador del bitcoin, hay indicios de que bien pudiera haber partido de los entornos citados, que además fueron los primeros que mostraron un especial entusiasmo por el dinero digital. Esto no deja de ser algo lógico teniendo en cuenta la naturaleza independiente respecto a bancos centrales y gobiernos que ofrece la criptomoneda, y su capacidad de permitir las transacciones de forma descentralizada, lo cual la hace muy atractiva para estos tecnólogos liber­­tarios.
Nakamoto creó, por lo tanto, en 2008 una nueva moneda a la que denominó bitcoin, y a la que presentó como una versión del dinero en metálico, pero vía electrónica, capaz de permitir pagos de forma segura entre dos partes que se mandan de uno a otro sin que haya ninguna institución financiera entre ellos; es decir, de manera, como hemos dicho, descentralizada.
Es muy importante que fuera una red P2P y descentralizada, pues estando todos los miembros en conexión con todos, no habría nadie en medio que pudiera controlar cómo sucedían las cosas y, además, sería resistente a la censura de la misma por parte de cualquier gobierno o entidad, otra propiedad extremadamente primordial del bitcoin. Asimismo, cualquiera podía convertirse en un nodo, ya que es completamente abierta y el software es de código libre y gratuito. Esta es otra de las grandes ventajas del bitcoin.
Cada nodo cuenta con una especie de libro mayor, un libro de registro de contabilidad en el que se almacenan todas las operaciones que se realizan —y no solo en las que participe ese nodo—; es decir, todo lo que entra y sale del monedero de cualquier participante en la red.
Podemos decir que la clave de esta tecnología es el consenso como instrumento para ofrecer confianza: la información es válida y verdadera porque todos los miembros de la red tienen la misma información. Esta propiedad del bitcoin y de las otras criptomonedas es lo que se conoce como la inmutabilidad, la imposibilidad de modificar las transacciones ya ocurridas.
Pero estas redes tienen un problema, y es precisamente la ausencia de incentivo para que sus miembros sigan formando parte de ella. Bitcoin sí que ofrece un incentivo económico para participar en su red: cada vez que se generan bitcoins nuevos, estos se reparten entre quienes forman parte de los nodos. Esto ha permitido que Bitcoin crezca, siga creciendo y que haya cada vez más personas que quieran participar. Por algo tan sencillo como que se gana dinero. La gente invierte por formar parte de ello.
A principios de 2018, el dinero que se había repartido entre los mineros era de unos 4500 millones de euros. No es de sorprender que ahora mismo sea, seguramente, la red de ordenadores conectados más grande que hay en el mundo. Si Bitcoin no fuera una P2P con un buen incentivo económico para pertenecer a ella, no funcionaría. Habría que volver a un sistema centralizado, como un banco, que funciona porque es un negocio en sí mismo, con lo que fracasaría en la premisa primera de su razón de ser.
Y por supuesto es abierto: cualquiera puede formar parte. Uno de los grandes debates de la comunidad de Bitcoin es sobre si es más rentable minar bitcoins —es decir, invertir en máquinas especializadas de minado e incurrir los costes de tenerlas conectadas a la red de Bitcoin veinticuatro horas al día— o simplemente comprarlos. Por mi experiencia personal, minar todavía es una actividad bastante rentable siempre y cuando puedas tener acceso al hardware especializado a un precio razonable y a un coste energético bajo; si no, es mejor comprar bitcoins y esperar a que se revaloricen.

Las exchanges tienen monederos donde se almacenan las criptomonedas que un usuario está comprando y vendiendo, pero esos son los que se conocen como monederos centralizados, ya que el usuario final no tiene acceso a la clave privada de su monedero, sino que esta está gestionada por las exchanges, de manera que no se recomienda usarlas para guardar monedas, solo para comerciar con ellas.
La exchange más popular y por la que mucha gente empieza en el mundo de las criptomonedas es la americana Coinbase, que opera desde el año 2013. Se estima que tiene ya más de diez millones de usuarios y cerca de 35 millones de wallets, y sigue creciendo fuertemente. La razón por la que la gente usa Coinbase es por su sencillo interfaz y soporte, tanto en web como en móvil. Sin embargo, Coinbase tiene pocas criptomonedas y unos costes de transacción altos, por lo que los usuarios más avanzados recurren a otras opciones.
La siguiente opción sería, por lo tanto, una exchange como Bittrex, donde se pueden comprar y vender hasta cerca de doscientas criptomonedas diferentes. Otras alternativas son exchanges como Bitfinex, CEX.IO —europea— o la más reciente y altamente popular exchange china Binance. Hoy por hoy, para usar una exchange y comprar cualquier criptomoneda es estrictamente necesario pasar por un proceso de aprobación y de verificación de identidad y de país de residencia para asegurarse que se está comprando de forma legal.

Lo primero es entender que el número de bitcoins que se emitirán en total es un número finito y prefijado, concretamente 21 millones. La fórmula concreta consiste en empezar emitiendo 50 bitcoins cada diez minutos —es decir, cada vez que se añade un bloque nuevo con transacciones a la blockchain de Bitcoin—, y cada cuatro años la cifra se divide por dos. Es decir, desde 2009 se emitían 50 bitcoins cada diez minutos, en el cuatrienio siguiente 25, a día de publicación de este libro, año 2018, se están emitiendo 12,5 bitcoins cada diez minutos, y esta cifra se reducirá a la mitad en 2020.
Hay un elemento también importante. El bitcoin es también la primera moneda resistente a la censura. Su política monetaria inmutable y determinista, y su funcionamiento a través de redes P2P descentralizadas hacen imposible, como hemos dicho, que ningún gobierno pueda intervenirlo ni censurarlo. No se puede cerrar la red, ni alterar la política monetaria, ni llevarse los bitcoins. Por eso también es atractivo para sus usuarios, y esos perfiles libertarios y antisistema que ya citábamos antes se mostraron tan afines a este modelo de dinero digital. Y por eso, el bitcoin tiende a ser más adoptado en países totalitarios, donde hay una alta desconfianza hacia el gobierno.
El caso es que el bitcoin y las criptomonedas alcanzan ya un volumen de mercado a principios de 2018 de 500 miles de millones de dólares; un tamaño de mercado que implica que la cosa tiene ya cierta relevancia en el contexto de la economía global. Por supuesto, es un peso específico todavía lejos del que ocupa el oro o grandes empresas como Apple o Google que valen varias veces más que todo el bitcoin existente en el mundo, pero en cualquier caso es ya significativo.
Esta subida exponencial del año 2017 ha provocado que muchos hablen de burbuja, pero creo que hay que poner las cosas en perspectiva. Lo que se ha vivido con el bitcoin es que, en su corta existencia, ha experimentado el mayor incremento de valor visto jamás en ningún activo financiero, disparándose en un periodo de tiempo muy breve.
El universo cripto se ha expandido y se introducen nuevas variables en la ecuación. Y es que la auténtica revolución que nos ha traído el bitcoin no se agota en él, sino que reside en la tecnología y filosofía que subyacen bajo él, y que nos pueden llevar mucho más allá de esta moneda en concreto.

Estamos llegando a la idea clave, al concepto que puede titular esta transformación revolucionaria y servir de nomenclatura a una nueva era: la de la Internet del valor. Porque eso es lo que está ocurriendo; blockchain está permitiendo trasladarnos de la Internet de la información a la Internet del valor.
Como ya hemos explicado antes, hasta la irrupción de la tecnología blockchain, en Internet se manejaban protocolos que permitían intercambiar información de muy distinta índole: ficheros, e-mails, páginas web, imágenes, vídeos, audios, voz… Eso es la Internet de la información, del contenido, de las comunicaciones…, la Internet que usamos todos nosotros cada día y en la que han triunfado empresas que básicamente se dedican a eso, a transmitir información, contenido y comunicaciones, como pueden ser Google o Facebook.
Blockchain permite dar el paso hacia la Internet del valor, ya que garantiza de forma segura y descentralizada la transmisión de dinero, y de forma más amplia, de valor y confianza, que es algo que tradicionalmente solo podía hacerse con la intermediación de las entidades financieras, los notarios, los abogados… Pero ahora hemos venido a contar con una especie de «tercero de confianza virtual». Nada menos.
Transmitir valor de forma descentralizada, segura y con confianza es algo revolucionario y con potencial para transformar todo el sistema financiero tal y como lo conocemos, y por extensión otros muchos sectores de actividad y la economía global.
Hasta ahora, para intercambiar dinero de forma segura, necesitábamos un intermediario como un banco. Ahora un individuo puede mandar bitcoins a otro de forma segura y fiable sin necesidad de nadie, excepto de la red descentralizada de Bitcoin para validar y aceptar la transacción.

A fecha de febrero de 2018, el listado de criptodivisas, ordenado según su valor en el mercado, sería el siguiente:
1. Bitcoin (BTC) (128 000 millones de dólares)
2. Ethereum (ETH) (74 000 millones)
3. Ripple (XRP) (29 000 millones)
4. Bitcoin Cash (BCH) (17 000 millones)
5. Cardano (ADA) (9000 millones)
6. Litecoin (LTC) (7000 millones)
7. Stellar (XLM) (7000 millones)
8. NEO (6000 millones)
9. EOS (5000 millones)
10. NEM (4000 millones)
Resto (70 000 millones)

En el año 2014, en un momento de plena efervescencia en cuestión de aparición de nuevas criptomonedas, nació la plataforma de blockchain pública Ethereum. Pronto se comprobó que esta no era una más. Ethereum no se limitaba a cambiar en algo el algoritmo de Bitcoin y mejorar alguna propiedad o priorizar determinada prestación para crear otra criptomoneda. Fue mucho más allá al ser capaz de permitir nuevas posibilidades de programación en los nodos de la cadena de bloques.
La tecnología que ofrecía era bastante más potente que lo visto hasta ese momento, y su contribución a la criptoeconomía estaba llamada a ser francamente revolucionaria, puesto que superaba el ámbito estricto del dinero digital y entraba de lleno en el concepto de propiedad digitalizada y de las aplicaciones descentralizadas o Dapps, lo cual abría muchísimas posibilidades en los mercados, ofreciendo innovadoras maneras de financiar y monetizar proyectos empresariales y digitalizar la propiedad, así como vías muy poderosas para proporcionar liquidez. Esto ocurría en buena medida gracias a la introducción o popularización de esta plataforma de los smart contracts —o contratos inteligentes— y de las ICO, que se extendían a ritmo exponencial en infinidad de actividades de carácter financiero o empresarial.
En enero de 2014, Vitalik Buterin anunció que iba a crear una nueva blockchain capaz de ejecutar no solo transacciones, sino también aplicaciones de forma distribuida y descentralizada. La llamó Ethereum, un término procedente del ámbito de la ciencia ficción que alude al medio invisible que permite que se pueda viajar a la velocidad de la luz en el universo. Pero lo que traía consigo no era algo de ciencia ficción, aunque pudiera parecerlo por su carácter tan innovador, sino una realidad inminente: había nacido la que estaba llamada a ser la tecnología más disruptiva desde que lo había hecho Bitcoin.
Esto tiene bastantes ventajas. Primero, se elimina el intermediario y, por lo tanto, se abaratan los costes y se reducen las comisiones. Segundo, se provee de transparencia al sistema y posiblemente un reparto más equitativo del valor generado. Por último, es mucho más rápido, sencillo y barato de implementar que la versión centralizada.
Muy ligado a esta idea de digitalizar la propiedad y de las aplicaciones descentralizadas está el concepto de token, que también trae consigo Ethereum, ya que su tecnología y programación nos permite crear algo que no sea necesariamente una moneda, sino también otros tipos de representación de utilidad o valor.
Los tokens son, por un lado, criptomonedas —el bitcoin puede ser interpretado como el primer token digital que se creó—, que como todas las que venimos citando se pueden gestionar sin la necesidad de un banco central. Al igual que bitcoin o ether, estos tokens están en la blockchain, se guardan en monederos y se pueden comprar o vender en las exchanges, o conseguir por otros medios. La gran diferencia es que estos están vinculados a un contrato inteligente que define cómo funciona el token, cuál es su política monetaria —o sus token economics como se conoce en la industria—, cómo y dónde se puede usar, etc. En esencia es como poder lanzar una criptomoneda programable, pero por encima de una blockchain que ya existe, en este caso Ethereum. Además, para un desarrollador experimentado crear un token para un proyecto es extremadamente sencillo.
Veamos dos tipos de tokens, empezando con los más populares hoy, los conocidos como utility tokens o tokens de utilidad, que es el que podría usarse dentro de un ecosistema particular si se quiere participar de determinados servicios que ofrezca.
Otra alternativa de los tokens es que sean representaciones digitales de activos económicos y representen un valor dentro de un negocio con los derechos subyacentes —por ejemplo, dividendos—, que es lo que se conocería como token securitizado o security token. Pueden ser asimilables a las acciones de una empresa, pero también representar activos como propiedades inmobiliarias u obras de arte, de manera que, además de acciones, tienen ingresos o beneficios, o un dividendo, o cualquier otro derecho económico. Como definíamos antes, lo que permiten es digitalizar la propiedad.
Estos token pueden asimismo listarse en las exchanges existentes, igual que las criptomonedas, y cotizar y permitir operaciones de compraventa de ellos, con lo cual tienen otro gran valor añadido, que es el de proveer de liquidez al activo subyacente.
Además, los tokens son muy fáciles de crear; y desde que se popularizó el concepto en 2014 o 2015, ya han salido al mercado infinidad de ellos. Esto es así porque, sin duda, ofrecen muchas ventajas.
Estamos ante algo mucho más valioso y revolucionario de lo que parece, ya que aporta liquidez en los mercados al facilitar la venta de activos que son precisamente difíciles de transformar en líquido. Al final es un problema de precio. Tokenizar es dar propiedad fraccional y liberar liquidez, y esto representa toda una revolución financiera, ya que en el mundo se estima que hay alrededor de 500 billones de dólares en activos financieros con problemas para ser convertidos en dinero líquido —aproximadamente la mitad corresponde al sector inmobiliario—. Además, su valor podría elevarse entre un 20 y un 30 % gracias a ese proceso de tokenización que libera liquidez. Un montón de inversores van a poder invertir en lo que antes no podían, y en consecuencia subirá el precio del activo subya­cente.

La seguridad de las blockchains de las criptomonedas se basa en la inhabilidad de los ordenadores actuales de resolver funciones criptográficas de forma eficiente. Tal es así que, si en el futuro los ordenadores pasan a ser varios órdenes de magnitud más rápidos, existe la posibilidad de que puedan resolver esos puzles criptográficos en poco tiempo y, por lo tanto, puedan llegar a manipular las criptomonedas.
Aquí es donde entran los ordenadores cuánticos como posible amenaza para las criptomonedas. Este tipo de ordenador usa un paradigma de computación completamente diferente al de la computación clásica. En el mismo, en lugar de bits se usan los llamados cubits, que pueden dar lugar a nuevos algoritmos de computación muchísimo más rápidos.
Los especuladores, como inversores que arriesgan más que otros, son los que crean industrias nuevas, ya que invierten en las mismas cuando están en estado incipiente y poco desarrolladas y cuando su nivel de riesgo e incertidumbre es mayor.
Es normal que un mercado emergente y con tanto potencial como el de la criptoeconomía se llene de especuladores, pero eso no tiene por qué ser necesariamente malo, puesto que, como digo, son estos quienes en última instancia abren nuevos mercados y hacen fluir el dinero. Otra cosa es el abuso o que se ponga a especular cualquiera sin saber dónde se mete y sin criterios firmes de comportamiento, pero que ahora mismo haya en el mercado cripto muchos especuladores —llamémosles mejor inversores— que estén apostando y arriesgando su dinero.
Hemos de confiar que detrás de Bitcoin y blockchain también haya grandes ideas de negocio y un enorme potencial económico. No nos lamentemos antes de tiempo de una especulación que quizás está provocando un dinamismo en un mercado que necesitaba este movimiento. Para muchos puede que se esté generando una burbuja, pero otros lejos de ser una burbuja no es sino, como decíamos al principio, la punta de un gran iceberg.
Las muchas críticas que se vierten sobre la criptoeconomía, es necesario recordar que todas esas nuevas oleadas de tecnologías disruptivas como Internet a finales de los noventa, los móviles a principios del siglo XXI, y ahora el mundo de cripto y blockchain, siempre vienen asociadas con una etapa de ebullición y especulación que, inevitablemente, viene luego acompañada de una caída. Pero también hay que tener en cuenta que, una vez pasada la misma, todas han seguido creciendo hasta hacernos olvidar las caídas, y todas han producido empresas que han transformado el mundo y el cómo hacemos las cosas, desde cómo accedemos al conocimiento, en el caso de Google, hasta cómo compramos, en el caso de Amazon, por poner dos ejemplos muy significativos.
Es posible que en el mundo cripto estemos ahora viviendo ese momento de burbuja o euforia especulativa, pero tengo claro que, a largo plazo, estas tecnologías están aquí para quedarse, y que van a transformar el mundo de cómo transaccionamos con valor tal y como la Internet actual ha revolucionado cómo transaccionamos con información o contenido.
En realidad, todavía está todo por hacer y hay cantidad de oportunidades. Las expectativas son altas y, por supuesto, hay unos cuantos retos a los que hacer frente que están marcando la evolución de este sector.

ESCALABILIDAD
INTEROPERABILIDAD
USABILIDAD
VOLATILIDAD
Lo hemos comentado ya varias veces: el bitcoin o las criptomonedas en general no pueden ser consideradas en la actualidad auténticas monedas en el sentido de que no cumplen las tres condiciones que les exigimos: sirven como almacén de valor, pero no como medio de intercambio ni como referencia de precio. Y esto es debido sobre todo a su volatilidad.
SE BUSCA CRIPTOMONEDA ESTABLE PARA REALIZAR PAGOS.

En Occidente, los reguladores en general han sido últimamente proactivos, pero con actitud abierta y permisiva. La SEC en Estados Unidos suele emitir notas de advertencia de manera constante, demostrando que por un lado asumen que se trata de un tema con mucho futuro y ciertamente innovador, y que es muy posible que la nueva economía termine por estar basada en blockchain y criptomonedas; pero, por otro lado, se muestran estrictos con respecto a las leyes vigentes. Por ejemplo, permanecen atentos a las emisiones de tokens: quienes quieran emprender esta operación deben ajustarse estrictamente a la legislación vigente que afecta a los mercados de valores y bolsa tradicionales.
Podemos afirmar que, en general, Estados Unidos mantiene una postura positiva consistente en regular, pero sin prohibir, y no impedir el crecimiento de la criptoeconomía. Incluso recientemente el jefe de la CFTC —CommoditiesFutures Trading Commission—, Christopher Giancarlo, se ha convertido en una pequeña celebridad en el mundo cripto con sus comentarios muy favorables sobre blockchain y cripto y su compromiso en regular de forma cuidadosa para respetar el interés que las nuevas generaciones —los llamados millennials— tienen en estas tecnologías. Esta es, en general, la actitud habitual de los países occidentales, lo cual es positivo.
En España, la CNMV básicamente está replicando lo que se dice desde el Banco Central Europeo, y que se corresponde con una actitud de cierta prudencia y cuidado, muy alerta de los riesgos que existen, de que se está viviendo una burbuja especulativa, y de que se están manejando inversiones muy poco seguras. Se focaliza la atención en la falta de seguridad de las operaciones de compra de las ICO, que tienen alta probabilidad de fracaso.
Destaca el caso de Venezuela, han emitido la primera criptomoneda por parte de un Estado: el petro, que se vincula al precio de un barril de petróleo.

2016, se creaba un nuevo producto dentro de la red de Ethereum: un mercado predictivo llamado Augur que se convertía en una de las primeras apps descentralizadas que emiten tokens por encima de Ethereum. Estoy convencido de que el futuro es de estas apps descentralizadas que interactúan con la blockchain de Ethereum y que son desarrolladas no de forma centralizada por una empresa, sino en muchos casos por un grupo de desarrolladores en código abierto.
El hecho de que se pueda emitir fácilmente un token que va a tener una utilidad dentro de una plataforma descentralizada creada por encima de Ethereum, y que lo puedas prevender al público mediante crowdfunding y así financiar el desarrollo, hace que surjan iniciativas de Dapps que se pueden convertir en las aplicaciones del futuro. Las Dapps o aplicaciones distribuidas prometen también plantear retos a los actores dominantes de Internet de hoy, que están altamente centralizados.
Todo esto está ocurriendo en buena medida gracias a la popularización de los contratos inteligentes y de las ICO, que se están extendiendo a ritmo exponencial en infinidad de actividades de carácter financiero o empresarial.

Los bancos van a tener que espabilar para hacer las cosas de manera más eficiente, van a tener que digitalizarse más, y ellos mismos terminarán introduciendo la propia tecnología de blockchain en sus procesos, como ya están haciendo de la mano de empresas como Ripple. También van a tener que empezar a comportarse de manera más transparente y respetuosa con los ciudadanos.
Por supuesto, otros ámbitos laborales se verán también afectados: visiblemente abogados y notarios, ya que son profesionales que intermedian con el activo de la confianza, y la nueva tecnología se erige ahora como un gran tercero en credulidad. Pero también cualquier otro trabajo que exija lo mismo.
En definitiva, estamos aquí refiriéndonos a tecnologías muy disruptivas que van a transformar muchísimas industrias, y esos efectos no solo se van a apreciar en la actividad empresarial, sino también en nuestras vidas cotidianas.
Así que en realidad está todo por hacer, pero eso también lo convierte en más emocionante e, intelectualmente, más retador.
La criptoeconomía permite la nueva Internet del valor y un futuro descentralizado. La descentralización, como vemos, ha llegado para quedarse. Si esto pasa, se conseguirá de verdad reducir el rol de los gobiernos y de las grandes empresas como Internet prometía hacer en su momento. Un cambio que necesariamente ha de ser un proceso democratizador. Todavía está todo por hacer, y eso es emocionante, además de un reto. Es el momento de apostar por ello.

If you do not know about the subject and you want to start, this book tells in an entertaining way the whole bitcoin story. It explains very clearly that it is blockchain and talks about first, second and third generation currencies. It raises questions about your future and leaves you wanting to continue deepening. The book is a practical and simple summary about bitcoin, cryptocurrencies and blockchain.

The cryptocurrencies are based, like currencies of official course, on trust. Since Richard Nixon decreed the breakdown of the dollar-gold pattern back in 1971, there has been no support for our exchanges, and our reserve of value, different from the promise of the State to sustain the currencies with which they are executed, fiat money . That is, they are based on trust, and sometimes rather on faith in the correct functioning of public institutions.
The cryptocurrencies are no different in this, because bitcoin mining carries a cost that can be assimilated to that of gold, although they start from a previous mistrust: the one that they feel – not only they, but the vast majority of users – towards the public and private banking authorities and the state monopoly of the issuance of currency. And, well thought, it is not a capricious distrust.
The cryptocurrencies represent a technical innovation to facilitate economic-financial operations, but they are also a legal-political disruption that affects the essential nucleus of the economic and monetary power of the Westphalian order of the Nation-State. Hence the cautious and sometimes visceral reaction against them from so many sectors. The end of the monopoly of the issue of currency by the States is a political and legal problem, not so much monetary or economic, much less technological.
We enter the era of cryptoeconomics, but to understand it, it is fundamental to first understand what bitcoin is, since it is the first cryptocurrency that appeared and the one that provided the technological sustenance – the blockchain – that will radically transform things.
Logically, banking institutions, notaries and agents engaged in or participating in financial intermediation do not finish seeing this transformation with good eyes, since they live on a function, intermediation, which this technology eliminates.
They will have to adapt. It has already happened with telecommunications companies when, among other transformations, we saw how WhatsApp limited the sending of SMS-with which the telephone companies obtained great benefits-to something residual, or Skype did the same with international calls.

The economic crisis brought to light especially the vulnerability of our banking systems and the growing distrust of the population in financial institutions. To which must be added the loss of wealth and social benefits that people suffered, as a result of the economic adjustments that had to be undertaken by the States.
There were also other consequences in relation to monetary policies. In the face of the economic crisis, what central banks did in many countries was to lower interest rates to almost 0% and issue more money.
Although in reality the identity of the creator of bitcoin is unknown, there are indications that he could have started from the mentioned environments, which were also the first to show a special enthusiasm for digital money. This is logical considering the independent nature of central banks and governments offered by the cryptocurrency, and its ability to allow transactions in a decentralized manner, which makes it very attractive for these libertarian technologists.
Nakamoto created, therefore, in 2008 a new currency he called bitcoin, and which he presented as a version of cash, but via electronic, able to allow payments securely between two parties that are sent from one to the other. another without there being any financial institution among them; that is, in a way, as we have said, decentralized.
It is very important that it was a P2P network and decentralized, since all the members were in connection with everyone, there would be nobody in the middle who could control how things happened and, besides, it would be resistant to the censorship of it by any government or entity, another extremely primordial property of bitcoin. Also, anyone could become a node, since it is completely open and the software is free and open source code. This is another of the great advantages of bitcoin.
Each node has a kind of ledger, an accounting record book in which all the operations that are carried out are stored, and not only those in which that node participates; that is, everything that enters and leaves the wallet of any participant in the network.
We can say that the key to this technology is consensus as an instrument to offer confidence: the information is valid and true because all the members of the network have the same information. This property of bitcoin and other cryptocurrencies is what is known as immutability, the impossibility of modifying transactions that have already occurred.
But these networks have a problem, and it is precisely the absence of incentive for their members to remain part of it. Bitcoin does offer an economic incentive to participate in its network: each time new bitcoins are generated, they are shared among those who are part of the nodes. This has allowed Bitcoin to grow, continue to grow and have more and more people who want to participate. For something as simple as making money. People invest to be part of it.
At the beginning of 2018, the money that had been distributed among the miners was about 4500 million euros. It is not surprising that right now it is, surely, the largest network of connected computers in the world. If Bitcoin were not a P2P with a good economic incentive to belong to it, it would not work. It would be necessary to return to a centralized system, such as a bank, that works because it is a business in itself, with which it would fail in the premise of its raison d’etre.
And of course it is open: anyone can be part of it. One of the biggest debates in the Bitcoin community is about whether it is more profitable to mine bitcoins – that is, invest in specialized mining machines and incur the costs of having them connected to the Bitcoin network twenty-four hours a day – or simply buy them. From my personal experience, mining is still a very profitable activity as long as you can access specialized hardware at a reasonable price and at a low energy cost; if not, it is better to buy bitcoins and wait for them to revalue.

The exchanges have purses where the cryptocurrencies that a user is buying and selling are stored, but those are what are known as centralized purses, since the end user does not have access to the private key of his purse, but this is managed by the exchanges, so it is not recommended to use them to save coins, just to trade with them.
The most popular exchange and for which many people start in the world of cryptocurrencies is the American Coinbase, which has been operating since 2013. It is estimated that it already has more than ten million users and about 35 million wallets, and continues growing strongly. The reason why people use Coinbase is because of its simple interface and support, both on the web and on mobile. However, Coinbase has few cryptocurrencies and high transaction costs, so more advanced users resort to other options.
The next option would be, therefore, an exchange like Bittrex, where you can buy and sell up to about two hundred different cryptocurrencies. Other alternatives are exchanges such as Bitfinex, CEX.IO -european- or the most recent and highly popular Chinese exchange Binance. Nowadays, in order to use an exchange and buy any cryptocurrency, it is strictly necessary to go through an approval process and verify the identity and country of residence to make sure it is being purchased legally.

The first thing is to understand that the number of bitcoins that will be issued in total is a finite and prefixed number, specifically 21 million. The concrete formula is to start by issuing 50 bitcoins every ten minutes – that is, each time a new block is added with transactions to the Bitcoin blockchain – and every four years the figure is divided by two. That is to say, since 2009 50 bitcoins were issued every ten minutes, in the following four years, 25, at the time of publication of this book, in 2018, 12.5 bitcoins are being issued every ten minutes, and this figure will be reduced by half in 2020
There is an element also important. Bitcoin is also the first currency resistant to censorship. Its immutable and deterministic monetary policy, and its operation through decentralized P2P networks make it impossible, as we have said, that no government can intervene or censor it. You can not close the network, or alter the monetary policy, or take the bitcoins. That is why it is also attractive for its users, and those libertarian and anti-system profiles that we mentioned before were so similar to this digital money model. And for that reason, bitcoin tends to be more adopted in totalitarian countries, where there is a high distrust of the government.
The fact is that bitcoin and cryptocurrencies already reach a market volume at the beginning of 2018 of 500 billion dollars; a market size that implies that the thing already has some relevance in the context of the global economy. Of course, it is a specific weight that is still far from that of gold or large companies such as Apple or Google that are worth several times more than all the bitcoin in the world, but in any case it is already significant.
This exponential rise in 2017 has caused many to talk about bubbles, but I think we have to put things in perspective. What has been experienced with bitcoin is that, in its short existence, it has experienced the greatest increase in value ever seen in any financial asset, shooting up in a very short period of time.
The crypto universe has expanded and new variables are introduced into the equation. And is that the real revolution that bitcoin has brought us is not exhausted in it, but lies in the technology and philosophy that underlie it, and that can take us much beyond this particular currency.

We are coming to the key idea, the concept that can be the headline of this revolutionary transformation and serve as a nomenclature to a new era: that of the Internet of value. Because that is what is happening; blockchain is allowing us to move from the Internet of information to the Internet of value.
As we have explained before, until the irruption of the blockchain technology, the Internet handled protocols that allowed exchanging information of very different nature: files, e-mails, web pages, images, videos, audios, voice … That is the Internet of the information, the content, the communications …, the Internet that we all use every day and in which companies that basically dedicate themselves to this have triumphed, to transmit information, content and communications, such as Google or Facebook.
Blockchain allows us to take the step towards the Internet of value, since it guarantees in a secure and decentralized way the transmission of money, and more broadly, of value and trust, which is something that traditionally could only be done with the intermediation of financial institutions , the notaries, the lawyers … But now we have come to have a kind of “virtual third party”. Nothing less.
Transmitting value in a decentralized, safe and confident manner is revolutionary and has the potential to transform the entire financial system as we know it, and by extension many other sectors of activity and the global economy.
Until now, to exchange money safely, we needed an intermediary like a bank. Now an individual can send bitcoins to another securely and reliably without the need of anyone, except the Bitcoin decentralized network to validate and accept the transaction.

As of February 2018, the list of cryptocurrencies, ordered according to their market value, would be as follows:
1. Bitcoin (BTC) (128 billion dollars)
2. Ethereum (ETH) (74 billion)
3. Ripple (XRP) (29 billion)
4. Bitcoin Cash (BCH) (17 billion)
5. Cardano (ADA) (9,000 million)
6. Litecoin (LTC) (7000 million)
7. Stellar (XLM) (7000 million)
8. NEO (6000 million)
9. EOS (5,000 million)
10. NEM (4000 million)
Rest (70 billion)

In 2014, at a time of full effervescence in the matter of the appearance of new cryptocurrencies, the public blockchain platform Ethereum was born. Soon it was proved that this was not one more. Ethereum was not limited to change something Bitcoin algorithm and improve some property or prioritize certain provision to create another cryptocurrency. It went much further by being able to allow new programming possibilities in the nodes of the block chain.
The technology it offered was far more powerful than what had been seen so far, and its contribution to cryptoeconomics was called to be frankly revolutionary, since it went beyond the strict scope of digital money and entered fully into the concept of digitized ownership and Decentralized applications or Dapps, which opened up many possibilities in the markets, offering innovative ways to finance and monetize business projects and digitize property, as well as very powerful ways to provide liquidity. This was largely due to the introduction or popularization of this platform of smart contracts – or smart contracts – and ICO, which were expanding exponentially in countless activities of a financial or business nature.
In January 2014, Vitalik Buterin announced that he was going to create a new blockchain capable of executing not only transactions, but also applications in a distributed and decentralized manner. He called it Ethereum, a term coming from the field of science fiction that alludes to the invisible medium that allows you to travel at the speed of light in the universe. But what it brought was not something of science fiction, although it might seem so for its innovative nature, but an imminent reality: it was born what was called to be the most disruptive technology since Bitcoin had done it.
This has many advantages. First, the intermediary is eliminated and, therefore, costs are reduced and commissions are reduced. Second, transparency is provided to the system and possibly a more equitable distribution of the generated value. Finally, it is much faster, simpler and cheaper to implement than the centralized version.
Closely linked to this idea of ​​digitizing property and decentralized applications is the token concept, which also brings Ethereum, since its technology and programming allow us to create something that is not necessarily a currency, but also other types of representation. utility or value.
The tokens are, on the one hand, cryptocurrencies -bitcoin can be interpreted as the first digital token that was created-, which like all those that we have been quoting can be managed without the need of a central bank. Like bitcoin or ether, these tokens are in the blockchain, are kept in purses and can be bought or sold at exchanges, or obtained by other means. The big difference is that these are linked to an intelligent contract that defines how the token works, what is its monetary policy -or its token economics as it is known in the industry-, how and where it can be used, etc. In essence it is like being able to launch a programmable cryptocurrency, but over a blockchain that already exists, in this case Ethereum. Also, for an experienced developer to create a token for a project is extremely simple.
Let’s look at two types of tokens, starting with the most popular today, known as utility tokens or utility tokens, which is the one that could be used within a particular ecosystem if you want to participate in certain services offered.
Another alternative to the tokens is that they are digital representations of economic assets and represent a value within a business with the underlying rights -for example, dividends-, which is what would be known as a securitized token or security token. They can be assimilated to the actions of a company, but also represent assets such as real estate or works of art, so that, in addition to shares, they have income or benefits, or a dividend, or any other economic right. As we defined before, what they allow is to digitize the property.
Another alternative to the tokens is that they are digital representations of economic assets and represent a value within a business with the underlying rights -for example, dividends-, which is what would be known as a securitized token or security token. They can be assimilated to the actions of a company, but also represent assets such as real estate or works of art, so that, in addition to shares, they have income or benefits, or a dividend, or any other economic right. As we defined before, what they allow is to digitize the property.
These tokens can also be listed in existing exchanges, as well as cryptocurrencies, and quote and allow purchase transactions of them, which have another great added value, which is to provide liquidity to the underlying asset.
In addition, tokens are very easy to create; and since the concept was popularized in 2014 or 2015, many of them have already been launched on the market. This is because, undoubtedly, they offer many advantages.
We are facing something much more valuable and revolutionary than it seems, since it provides liquidity in the markets by facilitating the sale of assets that are precisely difficult to turn into liquid. In the end it is a price problem. Tokenize is to give fractional property and free up liquidity, and this represents a financial revolution, since in the world it is estimated that there are around 500 billion dollars in financial assets with problems to be converted into liquid money – approximately half corresponds to the sector real estate-. In addition, its value could rise between 20 and 30% thanks to that process of tokenization that releases liquidity. A lot of investors will be able to invest in what they could not before, and consequently the price of the underlying asset will rise.

The security of the cryptocurrency blockchains is based on the inability of current computers to solve cryptographic functions efficiently. So much so that, if in the future the computers become several orders of magnitude faster, there is a possibility that they can solve these cryptographic puzzles in a short time and, therefore, can get to manipulate cryptocurrencies.
This is where quantum computers come in as a possible threat to cryptocurrencies. This type of computer uses a completely different computing paradigm than classical computing. In it, instead of bits, so-called cubits are used, which can give rise to new computer algorithms much faster.
Speculators, as investors who risk more than others, are the ones who create new industries, since they invest in them when they are in an incipient and underdeveloped state and when their level of risk and uncertainty is greater.
It is normal that an emerging market and with as much potential as the cryptoeconomy is filled with speculators, but that does not necessarily have to be bad, since, as I say, it is these who ultimately open up new markets and make money flow . Another thing is the abuse or that is put to speculate without knowing where it gets and without firm behavioral criteria, but that right now there are many speculators in the Crypto market – let’s call them better investors – who are betting and risking their money.
We have to trust that behind Bitcoin and blockchain there are also great business ideas and enormous economic potential. Let’s not lament before time of a speculation that perhaps is causing a dynamism in a market that needed this movement. For many it may be that a bubble is being generated, but others far from being a bubble is but, as we said at the beginning, the tip of a large iceberg.
The many criticisms that are cast on cryptoeconomics, it is necessary to remember that all these new waves of disruptive technologies such as the Internet in the late nineties, mobile phones at the beginning of the 21st century, and now the world of crypto and blockchain, are always associated with a stage of boiling and speculation that, inevitably, then comes accompanied by a fall. But we must also bear in mind that, once past it, all have continued to grow until we forget the falls, and all have produced companies that have transformed the world and how we do things, from how we access knowledge, in the case of Google, to how we buy, in the case of Amazon, to put two very significant examples.
It is possible that in the crypto world we are now living that moment of bubble or speculative euphoria, but I am clear that, in the long term, these technologies are here to stay, and that they are going to transform the world of how we transact with value just as the The current Internet has revolutionized how we transact with information or content.
In reality, there is still everything to do and there are many opportunities. Expectations are high and, of course, there are a few challenges to face that are marking the evolution of this sector.

SCALABILITY
INTEROPERABILITY
USABILITY
VOLATILITY
We have already commented several times: bitcoin or cryptocurrencies in general can not currently be considered real currencies in the sense that they do not meet the three conditions we demand: they serve as a store of value, but not as a means of exchange or as a price reference. And this is mainly due to its volatility.
SEARCH STABLE CRIPTOMONEDA TO MAKE PAYMENTS.

In the West, regulators in general have been proactive lately, but with an open and permissive attitude. The SEC in the United States usually issues warning notes on a constant basis, demonstrating that on the one hand they assume that it is a subject with a great future and certainly innovative, and that it is very possible that the new economy ends up being based on blockchain and cryptocurrencies ; but, on the other hand, they are strict with regard to the laws in force. For example, they remain attentive to the emissions of tokens: those who want to undertake this operation must strictly comply with current legislation that affects the traditional securities and stock markets.
We can affirm that, in general, the United States maintains a positive position consisting of regulating, but without prohibiting, and not preventing the growth of cryptoeconomics. Even recently the head of the CFTC -CommoditiesFutures Trading Commission-, Christopher Giancarlo, has become a small celebrity in the crypto world with his very favorable comments on blockchain and crypto and his commitment to regulate carefully to respect the interest that the new generations – the so-called millennials – have these technologies. This is, in general, the usual attitude of Western countries, which is positive.
In Spain, the CNMV is basically replicating what is said from the European Central Bank, and that corresponds with an attitude of prudence and care, very alert to the risks that exist, that a speculative bubble is being lived, and that very unsafe investments are being handled. Attention is focused on the lack of security of the purchase operations of the ICOs, which have a high probability of failure.
The case of Venezuela stands out, the first cryptocurrency has been issued by a State: petro, which is linked to the price of a barrel of oil.

2016, a new product was created within the Ethereum network: a predictive market called Augur that became one of the first decentralized apps that emit tokens over Ethereum. I am convinced that the future is of these decentralized apps that interact with the Ethereum blockchain and that are developed not centrally by a company, but in many cases by a group of developers in open source.
The fact that you can easily issue a token that is going to have a usefulness within a decentralized platform created over Ethereum, and that you can prevent the public through crowdfunding and thus finance the development, gives rise to Dapps initiatives that can convert into the applications of the future. Dapps or distributed applications also promise to pose challenges to the dominant Internet actors of today, which are highly centralized.
All this is happening largely thanks to the popularization of smart contracts and ICOs, which are spreading exponentially in countless activities of a financial or business nature.

Banks are going to have to figure out how to do things more efficiently, they will have to digitize more, and they will end up introducing their own blockchain technology in their processes, as they are already doing with companies like Ripple. They are also going to have to start behaving in a more transparent and respectful way with citizens.
Of course, other work areas will also be affected: visibly lawyers and notaries, since they are professionals who mediate with the assets of trust, and the new technology now stands as a great third party in credulity. But also any other work that demands the same.
In short, we are here referring to very disruptive technologies that will transform many industries, and these effects will not only be appreciated in business, but also in our daily lives.
So in reality there is everything to do, but that also makes it more exciting and, intellectually, more challenging.
Cryptoeconomics allows the new Internet of value and a decentralized future. Decentralization, as we see, has come to stay. If this happens, it will really reduce the role of governments and large companies as the Internet promised to do at the time. A change that must necessarily be a democratizing process. There is still everything to be done, and that is exciting, as well as a challenge. It’s time to bet on it.

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