Alternativa Naranja: Ciudadanos A La Conquista De España — Iñaki Ellakuría & José María Albert De Paco / Orange Alternative: Ciudanos Party To The Conquest Of Spain (spanish political party Ciudadanos is orange color) by Iñaki Ellakuría & José María Albert De Paco (spanish book edition)

Está claro que la base fue una reacción a la deriva independentista de Cataluña, pero también tiene su lado oscuro como todos los partidos.
Ya nadie en C’s osa llamarle El Niño (Albert Rivera), como se le motejó despectivamente en sus erráticos inicios al frente de la formación. Y, desde que en 2012 lograra nueve diputados en el Parlamento catalán, las tramas conspiratorias para tumbarlo han desaparecido de un plumazo.
Su discurso es una suerte de masaje verbal que reconforta al público, que le imbuye de la convicción de que otra España es posible. No es casual que, en el despacho del Parlamento catalán que ocupaba hasta hace bien poco, Rivera tuviera colgado un póster con el «I have a dream» de Martin Luther King. Su sueño, ahora, es ser el presidente del Gobierno de España.
Esos dos vectores, la moderación y la solvencia, le han granjeado el favor de los empresarios del IBEX 35, que ven en Rivera el balón de oxígeno que el centro-derecha necesita, máxime ante el embate de Podemos y su populismo de izquierdas.
Rivera no le gusta que le comparen con Roca. Si hay un político con el que se siente identificado es con el ex presidente Adolfo Suárez. Unir las dos Españas —que no haya «ni rojos ni azules»— y rebajar la pulsión nacionalista son sus grandes aspiraciones. Le animan, en parte, las palabras que el rey don Juan Carlos pronunció el día de su abdicación: «Una nueva generación reclama el papel protagonista para afrontar los nuevos desafíos». Rivera siente que forma parte de esos elegidos.

El germen del partido político Ciudadanos fue en el grupo inicial, en 2004, se cuentan Arcadi Espada, Xavier Pericay, Ferran Toutain, Basilio Baltasar, Iván Tubau, Albert Boadella, Francesc de Carreras y Teresa Giménez Barbat. Después de la primera cena en el Taxidermista (noviembre de ese mismo año), Baltasar remite al resto del grupo un mail en el que celebra que, en apenas dos encuentros, hayan conseguido alcanzar «lo que a otros les cuesta años de penosas y desaforadas discusiones, alianzas, traiciones, escisiones, delaciones y expulsiones: que no nos entendiéramos».
No hay actas de las sesiones del T15. El único documento que permite sobrevolarlas es un coloquio de julio de 2005 celebrado a instancias de Ricardo Cayuela, director de Letras Libres. En él, Espada, preguntado por la abdicación intelectual frente al discurso nacionalista, responde:

En Cataluña el desacuerdo antinacionalista ha sido prácticamente nulo. En ese contexto, los intelectuales no sólo no se han opuesto a los mitos nacionalistas, sino que han jugado, salvando las excepciones presentes, y alguna otra, el papel de legitimadores constantes del catalanismo y de sus mentiras, que nunca han sido pasadas por el peaje del pensamiento crítico, que siempre han sido tomadas como verdades absolutas.

En 2006, no obstante, Ciudadanos representa un voto contra el establishment y la «ficción política» que, al entender de sus fundadores, el nacionalismo catalán ha construido durante veintitrés años, y fue quizá la primera expresión de rechazo a «la casta» que hubo en España, a la espera de la irrupción, años después, de Pablo Iglesias y su tropa podemita, por lo que no cabía esperar que se les recibiera con los brazos abiertos.
Si algo empieza a tener claro Rivera en su estreno es que la política profesional nada tiene que ver con los foros de debate universitario donde vencía a sus rivales por KO. La división en el grupo parlamentario se va acrecentando en medio de un ambiente hostil; tan hostil, de hecho, que Rivera llegaría a recibir un sobre con una bala dentro en el domicilio de La Garriga, donde vivía con su entonces mujer, Mariona, y su hija Daniela. Según se supo después, los remitentes fueron dos militantes de ERC. Y todavía está por llegar el descalabro de Libertas. Son años difíciles para el joven político, que se plantea mudarse a Barcelona en busca de anonimato. Sin embargo, aun en el alambre y con el cartel de cadáver político a la espalda, el líder de C’s ejerce de perfecto equilibrista. Sabe resistir, formar en torno a su figura una guardia pretoriana de confianza, hacerse un hueco en las tertulias televisivas de Madrid y reconducir a su manera el proyecto político de Ciudadanos.

Los primeros días en el Parlamento catalán de la terna ciudadana auguran el final de una relación que ni siquiera ha vivido su luna de miel. Es el año 2007 y los problemas se arrastran desde la campaña electoral, agudizados por la cada vez más agria disputa entre los diferentes sectores ideológicos. A tal punto llega la falta de entendimiento de José Domingo, Antonio Robles y Albert Rivera que, al aterrizar en la Cámara, la primera discusión versa sobre el orden en el que se van a sentar en el último banco del Parlamento. Una riña propia de colegiales en el que es, hasta ese momento, el día más importante de la corta historia de Ciudadanos.
La posición de Ciudadanos sobre el modelo lingüístico vigente en Cataluña, sin embargo, ha sido rebatida desde las instituciones europeas en diferentes momentos. En 2008 el Consejo de Europa, institución formada por los 47 países del continente, avalaba el modelo educativo catalán, elogiaba el esfuerzo presupuestario de la Generalitat para garantizar los derechos de los catalanohablantes y exhortaba a otras comunidades bilingües como Galicia, Valencia, Baleares o País Vasco a desarrollar un modelo de «inmersión total», rechazando de facto el bilingüismo en las aulas.
Ya constituida como formación política, la irrupción en 2006 de C’s en el Parlamento catalán con esa defensa sin ambages del bilingüismo provoca el rechazo de la mayoría de los partidos y entidades nacionalistas, al tiempo que fuerza al PP catalán, que compartía en 2006 con CiU estrategia para ir erosionando al segundo Gobierno tripartito, a endurecer poco a poco sus posiciones respecto al modelo idiomático por temor a quedar ensombrecidos por C’s. Y lo hace de forma inmediata.

Jordi Cañas es designado portavoz y responsable de Comunicación y será uno de los tres diputados que resulten elegidos en las elecciones de 2010, junto a Albert Rivera y a la abogada Carmen de Rivera, que ocupará, a partir de enero de 2009, el escaño de Antonio Robles. Se producirán otros cambios internos, como el fichaje de Verónica Fumanal para llevar la comunicación del partido, que servirán de punto de inflexión. Fue aquella una crisis catártica. La formación queda reducida a escombros. Sólo ochocientos militantes. Pero los que permanecen son una piña. Por primera vez desde su constitución como partido, Ciudadanos empezará a funcionar de forma cohesionada.
El partido ha tocado fondo con el fiasco de la coalición Libertas en las europeas de 2009 y a Rivera no le queda margen para el más mínimo error. El líder de C’s está obligado a reinventarse si no quiere que su carrera política fenezca tras las elecciones catalanas que asoman por el horizonte. De cumplirse los malos presagios que recogen los medios de comunicación y que se multiplican en los mentideros digitales, Rivera y C’s no pasarán de ser un escueto pie de página en los libros de historia de Cataluña, para solaz y fanfarria de un sector del establishment que siempre les ha considerado un riesgo para sus intereses. Un destino, el de desaparecer sin pena ni gloria tras su primera legislatura, que Rivera, ambicioso y seguro de sí pese a los reveses que ya ha encajado, no está dispuesto a aceptar. Todavía no.
A tal efecto, decide cambiar la estrategia comunicativa y pasar de los despachos a los platós de televisión. Para ello, reúne al reducido grupo de personas de confianza con que cuenta en el partido y, en una reunión con trazas de conjura, los conmina a aparcar las discusiones internas, centrarse en el trabajo parlamentario, potenciar su presencia en internet y las redes sociales y, lo más urgente, abrirse a la sociedad catalana para explicar su proyecto. No les queda otra, y el tiempo no juega precisamente a su favor.
En ese período, Rivera acude, sobre todo, a los programas de la derecha mediática, y muy especialmente a El gato al agua, cuya popularidad va en aumento en la última etapa del Gobierno de Zapatero, cuando la crisis económica tanta veces negada por el ejecutivo socialista ya no se puede maquillar, así como en los primeros pasos del Gobierno de Rajoy. Los buenos índices de audiencia del buque insignia de Intereconomía TV no se limitan a Madrid; también en Barcelona…

Rivera se ha ganado el corazón de la afición taurina del conjunto de España. El presidente de Ciudadanos comprueba ese sentimiento en la Maestranza de Sevilla, en una de las corridas programadas en la Feria de Abril de 2013, cuando ya la prohibición había entrado en vigor en Cataluña (lo haría el 1 de enero de 2012). La plaza rompe en aplausos y vítores al percatarse de la presencia del joven político catalán en uno de los tendidos, acompañado por el abogado Joaquín Moeckel, con quien ha compartido noches de tertulia en Intereconomía.
Este idilio de Rivera con los aficionados taurinos termina abruptamente en septiembre de 2014, cuando los eurodiputados de C’s, Juan Carlos Girauta y Javier Nart, votan en contra de mantener la subvención a la crianza del toro de lidia como una más de las que reciben las diferentes ganaderías extensivas en la Unión Europea. El mundo taurino se siente de nuevo traicionado… Esta vez, por Rivera.

La relación entre el empresario y el presidente de C’s, precisa, empezó a oxidarse tras las autonómicas «debido a la desafección de Rivera, cada vez mayor», y acabó por fracturarse en los prolegómenos de las municipales, cuando Rodríguez intentó, sin lograrlo, que el partido designara como candidato a Ramón Marcos, ex militante del PSC e impulsor de la corriente crítica Socialistas en Positivo, que había ingresado en C’s tras abandonar al PSC (luego de apenas dos meses de militancia naranja, se pasó a UPyD, partido por el que fue elegido diputado en la asamblea de Madrid en 2011). La candidata de C’s a la alcaldía, como es sabido, acabó siendo Esperanza García.
Sea como fuere, la enemistad entre Rivera y Rodríguez se tradujo, en primer lugar, en la imposición a Ciudadanos de un alquiler por la sede, y, posteriormente, y a raíz de la marcha del partido a un piso en el Paseo de Gracia, en la disolución definitiva del vínculo entre Rodríguez y la Ejecutiva.
El dueño de Festina no fue el único contribuyente de C’s en aquel período. Hubo, asimismo, un hervidero de pequeños donativos que, en total, excedieron de veinte mil euros. Y al menos tres ciudadanistas de primera hora nos han confirmado que un importante empresario catalán depositó en la cuenta del partido una suma considerable. Ninguno de ellos ha querido revelar su nombre.

Cientos de miles de personas toman el centro de Barcelona con banderas de España. El gol de Iniesta en la final contra Holanda y el posterior triunfo de la Roja desatan la locura. En apenas veinticuatro horas, la capital catalana es escenario de la manifestación independentista más multitudinaria y de la expresión de españolidad más masiva que se recuerda en sus calles, en un resumen de la pluralidad, desarmonía y contradicciones de la paradójica sociedad catalana. Y en ese magma Ciudadanos empieza a consolidar su espacio.

El episodio se saldaría con la salida de Romera de Ciudadanos. No es una pérdida precisamente irrelevante. El dimisionario es, además de un fontanero eficaz y un notable mitinero, uno de los pocos disidentes bregado en la lucha antinacionalista. Un cuadro del partido, en suma. Por esas fechas, y ya con los intelectuales en desbandada, las fuerzas operativas de Ciudadanos se reducen a tres personas: Teresa Giménez Barbat, Josep March y José Domingo. De esta tríada y de sus respectivos lugartenientes depende un torbellino de actos, presentaciones, mítines y ruedas de prensa sin parangón en la política española, máxime teniendo en cuenta que Ciudadanos es aún un croquis. Desde que Arcadi Espada reuniera en aquel lejano 2 de junio de 2005 en el hotel Barceló Sants al primer destacamento de intelectuales, han transcurrido casi dos años y C’s no ha tenido más incidencia en la realidad que el descalabro personal de algunos de sus impulsores. El primer divorcio documentado tendrá lugar en junio de 2007.

Javier Zarzalejos acusa a C’s de tener como único objetivo «acabar con el partido popular, que a partir de 1990 reúne a todo lo que está a la derecha de la izquierda». Zarzalejos define a C’s como el representante de la «amable antipolítica» y advierte de que, cuando tenga oportunidad de pactar, lo hará por «opciones de poder que no pasarán por el Partido Popular sino, a menudo, contra el Partido Popular y, en todo caso, para la sustitución del Partido Popular como objetivo».

La eclosión y el auge de Ciudadanos como partido no se puede entender sin internet y las redes sociales: el manifiesto del Taxidermista se dio a conocer y recabó las primeras adhesiones en la red; el blog de Arcadi Espada fue el foro oficioso de Ciutadans de Catalunya antes de que la agrupación se constituyera en partido; la web primigenia de Ciutadans divulgó las crónicas de la presentación del manifiesto, contrarrestando así el silencio de la prensa convencional; Albert Rivera utiliza Twitter como canal de comunicación con miles de ciudadanos, y las campañas electorales de la formación naranja han gravitado en torno a YouTube. Ciudadanos es, probablemente, el primer partido posmoderno de España, tanto en sus fundamentos ideológicos, que saltan de la socialdemocracia al liberalismo sin ningún tipo de traba ni mala conciencia, como en su estructura y funcionamiento. Sin llegar a los planteamientos iniciales de algunos de sus fundadores (Arcadi Espada, por ejemplo, plantea un partido articulado en la Red y sin apenas estructura organizativa clásica —primer secretario, secretario de organización, agrupaciones territoriales…), la formación que lidera Rivera ha convertido el ciberespacio en su biotopo.
Asimismo, Rivera es uno de los políticos españoles que cuenta con más seguidores gracias, en parte, a que gestiona personalmente sus cuentas de Twitter (214.000 seguidores) y Facebook (175.772). Tal como señala el líder de C’s, internet es un medio que permite escapar a los «tentáculos del poder» y agrietar el «monopolio» que ejercen los medios de comunicación tradicionales. Según su análisis, la pérdida de influencia de los intermediarios se ha compensado con la emergencia de un «lobby ciudadano» que, al interactuar entre sí y con los dirigentes políticos, «presiona, controla y pide explicaciones» a los cargos públicos.
En el uso pionero de las redes como eje de la acción política ha desempeñado un papel determinante, un reconocimiento al programa Proyecto Red, que C’s puso en marcha en 2010 y que cuenta con alrededor de quinientos responsables de redes sociales —community managers— y quince mil activistas (uno por cada militante), toda una guerrilla cibernética dedicada a glorificar la labor del partido y a contrarrestar las críticas de los adversarios.

El motor del proyecto de Ciudadanos para España es la reforma del modelo de Estado —«el cambio sensato»—, basado, a grandes rasgos, en cuatro ejes: el rediseño de la Constitución, un modelo económico que acabe con las desigualdades y la «economía de amiguetes», la reforma de la educación y el adelgazamiento de la Administración pública.
Reticentes en un primer momento a abrir el melón de la Constitución, la crisis territorial en la que está sumida España por el pujante secesionismo catalán y la crisis de credibilidad de las instituciones del Estado han ido modificando la posición de la formación naranja. Ciudadanos, que recalca que en España es «más urgente cumplir la Constitución que reformarla», pretende un rediseño «técnico» que acerque el actual Estado autonómico a un federalismo a la alemana.
La reforma constitucional que propone Ciudadanos también pasa por la «real separación de poderes» y por que los jueces y magistrados puedan votar los cargos. Prevé, por lo demás, cambios en el sistema electoral para que cada voto «valga lo mismo» en cualquier territorio, y transformar el Senado en una verdadera cámara de representación territorial. C’s plantea dejar en cien el número de senadores (actualmente tiene 276) y, de ese modo, evitar que esta institución sea una suerte de retiro dorado para ex presidentes y ex ministros. En el terreno de lo simbólico, apunta a la posibilidad de que la sede del Senado se traslade a Barcelona. Otro punto concierne a la regulación del Estatuto de la Casa del Rey y la Corona para que, en palabras de Rivera, el rey Felipe VI se convierta en el «primer funcionario de España».

It is clear that the base was a reaction to the independence drift of Catalonia, but also has its dark side as all parties.
No one in C’s dares to call him El Niño (Albert Rivera), as he was disparagingly described in his erratic beginnings at the head of the formation. And, since nine deputies in the Catalonian Parliament reached in 2012, the conspiracy plots to overthrow him have disappeared with a stroke of the pen.
His speech is a kind of verbal massage that comforts the public, imbuing him with the conviction that another Spain is possible. It is no coincidence that, in the office of the Catalonian Parliament that he occupied until recently, Rivera had hung a poster with Martin Luther King’s “I have a dream”. His dream, now, is to be the president of the Government of Spain.
Those two vectors, moderation and solvency, have won him the favor of the businessmen of the IBEX 35, who see in Rivera the oxygen ball that the center-right needs, especially in the face of the onslaught of Podemos and his left populism.
Rivera does not like being compared to Roca. If there is a politician with whom he feels identified, it is with former President Adolfo Suárez. To unite the two Spains – that there is neither “red nor blue” – and to reduce the nationalist impulse are their great aspirations. He is encouraged, in part, by the words that King Juan Carlos pronounced on the day of his abdication: “A new generation demands the leading role in facing the new challenges”. Rivera feels that he is part of those elect.

The seed of the political party Citizens was in the initial group, in 2004, they are Arcadi Espada, Xavier Pericay, Ferran Toutain, Basilio Baltasar, Ivan Tubau, Albert Boadella, Francesc de Carreras and Teresa Giménez Barbat. After the first dinner at the Taxidermista (November of that same year), Baltasar sends the rest of the group a mail in which he celebrates that, in just two encounters, they have managed to achieve “what for others it takes years of painful and unbridled discussions, alliances, betrayals, splits, denunciations and expulsions: that we did not understand each other ».
There are no minutes of the sessions of T15. The only document that allows flying over them is a July 2005 colloquium held at the request of Ricardo Cayuela, director of Letras Libres. In it, Espada, asked for the intellectual abdication in front of the nationalist discourse, responds:

In Catalonia the anti-nationalist disagreement has been practically nil. In this context, the intellectuals not only have not opposed the nationalist myths, but have played, saving the present exceptions, and some other, the role of constant legitimators of Catalanism and its lies, which have never been passed by the toll critical thinking, which have always been taken as absolute truths.

In 2006, however, Ciudadanos represents a vote against the establishment and the “political fiction” that, according to its founders, Catalonian nationalism has built for twenty-three years, and was perhaps the first expression of rejection of “the caste” that there were in Spain, waiting for the irruption, years later, of Pablo Iglesias and his tropo podemita, so we could not expect to be received with open arms.
If something begins to be clear Rivera in its premiere is that the professional policy has nothing to do with the forums of university debate where he beat his rivals by KO. The division in the parliamentary group is increasing in the middle of a hostile environment; so hostile, in fact, that Rivera would receive an envelope with a bullet inside the home of La Garriga, where he lived with his then wife, Mariona, and his daughter Daniela. As it turned out, the senders were two ERC militants. And the debacle of Libertas is still to come. These are difficult years for the young politician, who is considering moving to Barcelona in search of anonymity. However, even in the wire and with the political corpse poster on his back, the leader of C’s acts as a perfect equilibrist. He knows how to resist, to form a trustworthy Praetorian guard around his figure, to gain a foothold in the televised gatherings of Madrid and to redirect the political project of Ciudadanos in his own way.

In 2006, however, Ciudadanos represents a vote against the establishment and the “political fiction” that, according to its founders, Catalonian nationalism has built for twenty-three years, and was perhaps the first expression of rejection of “the caste” that there were in Spain, waiting for the irruption, years later, of Pablo Iglesias and his tropo podemita, so we could not expect to be received with open arms.
If something begins to be clear Rivera in its premiere is that the professional policy has nothing to do with the forums of university debate where he beat his rivals by KO. The division in the parliamentary group is increasing in the middle of a hostile environment; so hostile, in fact, that Rivera would receive an envelope with a bullet inside the home of La Garriga, where he lived with his then wife, Mariona, and his daughter Daniela. As it turned out, the senders were two ERC militants. And the debacle of Libertas is still to come. These are difficult years for the young politician, who is considering moving to Barcelona in search of anonymity. However, even in the wire and with the political corpse poster on his back, the leader of C’s acts as a perfect equilibrist. He knows how to resist, to form a trustworthy Praetorian guard around his figure, to gain a foothold in the televised gatherings of Madrid and to redirect the political project of Ciudadanos in his own way.

The first days in the Catalonian parliament of the citizen’s triad augur the end of a relationship that has not even lived its honeymoon. It is the year 2007 and the problems are dragged from the electoral campaign, sharpened by the increasingly bitter dispute between the different ideological sectors. To such a point comes the lack of understanding of José Domingo, Antonio Robles and Albert Rivera who, upon landing in the Chamber, the first discussion is about the order in which they are going to sit on the last bench of Parliament. A typical schoolboy fight in what is, until that moment, the most important day in the short history of Citizens.
Citizens position on the current linguistic model in Catalonia, however, has been rebutted from the European institutions at different times. In 2008 the Council of Europe, institution formed by the 47 countries of the continent, endorsed the Catalonian educational model, praised the budgetary effort of the Generalitat to guarantee the rights of Catalan speakers and exhorted other bilingual communities such as Galicia, Valencia, Baleares or Country Basque to develop a model of «total immersion», de facto rejecting bilingualism in the classroom.
Already constituted as a political formation, the irruption in 2006 of C’s in the Catalan Parliament with that unambiguous defense of bilingualism provokes the rejection of the majority of nationalist parties and entities, at the same time as it forces the Catalonian PP, which it shared in 2006 with CiU strategy to erode the second tripartite government, to gradually harden their positions on the idiomatic model for fear of being overshadowed by C’s. And he does it immediately.

Jordi Cañas is appointed spokesman and head of Communication and will be one of the three deputies to be elected in the 2010 elections, along with Albert Rivera and attorney Carmen de Rivera, who will occupy, as of January 2009, the seat of Antonio Oak trees. There will be other internal changes, such as the signing of Verónica Fumanal to carry out the communication of the game, which will serve as a turning point. It was a cathartic crisis. The formation is reduced to rubble. Only eight hundred militants. But those that remain are a pineapple. For the first time since its constitution as a party, Ciudadanos will begin to function in a cohesive manner.
The party has hit rock bottom with the fiasco of the coalition Libertas in the European of 2009 and to Rivera it does not have margin him for the slightest error. The leader of C’s is forced to reinvent himself if he does not want his political career to die after the Catalonian elections that appear on the horizon. If the bad omens collected by the media and multiplied in the digital gossip are fulfilled, Rivera and C’s will not go from being a bare footnote in the history books of Catalonia, to the solace and fanfare of a sector of the establishment that He has always considered them a risk to their interests. A destiny, that of disappearing without pain or glory after his first term, that Rivera, ambitious and sure of himself despite the setbacks he has already conceded, is not willing to accept. Not yet.
To this end, he decides to change the communication strategy and move from the offices to the television sets. To do this, it gathers the small group of people with confidence that it has in the party and, in a meeting with traces of conspiracy, the committees to park internal discussions, focus on parliamentary work, enhance their presence on the Internet and social networks and, most urgently, to open up to Catalan society to explain his project. They have no other, and time does not play in their favor.
In that period, Rivera goes, above all, to the programs of the media right, and especially to the cat to the water, whose popularity is increasing in the last stage of the Zapatero government, when the economic crisis so often denied by the Socialist executive can no longer make up, as well as in the first steps of the Government of Rajoy. The good ratings of the flagship of Intereconomía TV are not limited to Madrid; also in Barcelona …

Rivera has won the hearts of the bullfighting fans of the whole of Spain. The president of Citizens verifies this feeling in the Maestranza de Sevilla, in one of the runs scheduled at the April Fair 2013, when the ban had already entered into force in Catalonia (it would on January 1, 2012). The square breaks into cheers and applause when he notices the presence of the young Catalan politician in one of the lines, accompanied by the lawyer Joaquín Moeckel, with whom he has shared evenings at Intereconomía.
This idyll of Rivera with the bullfighting fans ends abruptly in September 2014, when the C’s MEPs, Juan Carlos Girauta and Javier Nart, vote against maintaining the subsidy to raise the fighting bull as one of those that receive the different extensive herds in the European Union. The bullfighting world feels betrayed again … This time, by Rivera.

The relationship between the businessman and the president of C’s, he says, began to rust after the autonomic “due to the disaffection of Rivera, increasingly”, and ended up fracturing in the prolegomena of the municipal, when Rodriguez tried, without success, that the party would nominate Ramón Marcos, a former member of the PSC and a proponent of the critical movement Socialists in Positivo, who had joined C’s after leaving the PSC (after just two months of orange militancy, he went to UPyD, party to the one that was elected deputy in the assembly of Madrid in 2011). The candidate of C’s to the mayor’s office, as is known, ended up being Esperanza García.
In any case, the enmity between Rivera and Rodríguez was translated, in the first place, into the imposition to Citizens of a rent by the headquarters, and, subsequently, and as a result of the march of the party to an apartment in Paseo de Gracia, in the definitive dissolution of the bond between Rodríguez and the Executive.
The owner of Festina was not the only contributor to C’s in that period. There was also a hive of small donations that, in total, exceeded twenty thousand euros. And at least three first-time citizens have confirmed that an important Catalan businessman deposited a considerable sum in the party’s account. None of them has wanted to reveal his name.

Hundreds of thousands of people take the center of Barcelona with flags of Spain. The goal of Iniesta in the final against Holland and the subsequent triumph of the Red one unties the madness. In just twenty-four hours, the Catalonian capital is the scene of the most multitudinous independence demonstration and the most massive expression of Spanishness that is remembered in its streets, in a summary of the plurality, disharmony and contradictions of the paradoxical Catalonian society. And in that magma Ciudadanos begins to consolidate its space.

The episode would settle with the exit of Romera of Citizens. It is not a precisely irrelevant loss. The resignation is, in addition to an effective plumber and a notable minister, one of the few dissidents struggled in the anti-nationalist struggle. A picture of the game, in short. At that time, and with the intellectuals in disarray, the operational forces of Citizens are reduced to three people: Teresa Giménez Barbat, Josep March and José Domingo. From this triad and its respective lieutenants depends a whirlwind of acts, presentations, meetings and press conferences unparalleled in Spanish politics, especially considering that Ciudadanos is still a sketch. Since Arcadi Espada met on that distant June 2, 2005 at the Barceló Sants hotel to the first detachment of intellectuals, almost two years have passed and C’s has not had more impact on reality than the personal collapse of some of its promoters. The first documented divorce will take place in June 2007.

Javier Zarzalejos accuses C’s of having as sole objective “to end the popular party, which since 1990 brings together everything that is on the right of the left.” Zarzalejos defines C’s as the representative of the “friendly antipolitics” and warns that, when he has the opportunity to agree, he will do so for “options of power that will not pass through the Popular Party but, often, against the Popular Party and, in Any case, for the replacement of the Popular Party as an objective ».

The emergence and rise of Citizens as a party can not be understood without internet and social networks: the Taxidermista manifesto was made known and the first accessions were gathered on the network; the blog of Arcadi Espada was the informal forum of Ciutadans de Catalunya before the group became a match; the primitive web of Ciutadans divulged the chronicles of the presentation of the manifesto, thus countering the silence of the conventional press; Albert Rivera uses Twitter as a communication channel with thousands of citizens, and the orange training campaigns have gravitated around YouTube. Citizens is probably the first postmodern party in Spain, both in its ideological foundations, which jump from social democracy to liberalism without any kind of hindrance or bad conscience, as in its structure and functioning. Without reaching the initial approaches of some of its founders (Arcadi Espada, for example, it raises an articulated party on the Web and with hardly any classical organizational structure – first secretary, secretary of organization, territorial groupings …), the formation led by Rivera has turned cyberspace into its biotope.
Also, Rivera is one of the Spanish politicians who has more followers thanks, in part, to personally managing their Twitter accounts (214,000 followers) and Facebook (175,772). As the leader of C’s points out, the internet is a means to escape the “tentacles of power” and crack the “monopoly” exercised by traditional media. According to his analysis, the loss of influence of intermediaries has been compensated by the emergence of a “citizen lobby” that, by interacting with each other and with political leaders, “presses, controls and asks for explanations” to public offices.
In the pioneering use of networks as the axis of political action, it has played a decisive role, a recognition of the Proyecto Red program, which C’s launched in 2010 and which has around five hundred heads of social networks -community managers- and fifteen thousand activists (one per militant), a whole cyber guerrilla dedicated to glorify the work of the party and to counteract the critics of the adversaries.

The engine of the Citizens for Spain project is the reform of the State model – “the sensible change” -, based, broadly, on four axes: the redesign of the Constitution, an economic model that ends inequalities and the « economy of friends », the reform of education and the thinning of public administration.
Reticent at first to open the melon of the Constitution, the territorial crisis in which Spain is engulfed by the thriving Catalonian secessionism and the crisis of credibility of state institutions have been changing the position of orange training. Citizens, which stresses that in Spain it is “more urgent to comply with the Constitution than to reform it”, aims for a “technical” redesign that brings the current autonomic state closer to German-style federalism.
The constitutional reform that Ciudadanos proposes also goes through the “real separation of powers” and that the judges and magistrates can vote the charges. It foresees, in addition, changes in the electoral system so that each vote “is worth the same” in any territory, and transform the Senate into a true chamber of territorial representation. C’s plans to leave the number of senators in a hundred (currently has 276) and, thus, prevent this institution is a kind of golden retreat for former presidents and former ministers. In the field of the symbolic, points to the possibility that the seat of the Senate moves to Barcelona. Another point concerns the regulation of the Statute of the House of the King and the Crown so that, in the words of Rivera, King Felipe VI becomes the “first official of Spain”.

* C’s is is the abbreviation of the spanish political party “Ciudadanos”.

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  1. Dice Martínez Bascuñán: “Es peor no ser de nada que reivindicar, por ejemplo, una posición de centro; si no eres ni de izquierdas ni de derechas puede resultar que al final seas un tecnócrata. Crear ese espacio ideológico del centro podría funcionar mucho mejor. Si Ciudadanos decide optar por una posición ‘ni-ni’ en lo ideológico y con un fuerte nacionalismo español con problemas para reconocer la diversidad de nuestro país, quizás al final acabe jugando con devaneos populistas”.
    El movimiento político de moda se parece poco a lo que fue y acaso menos a lo que será. Rivera ha errado en su estrategia tras quedarse descolocado por la moción de censura. La vocación de Ciudadanos de partido de centro capaz de pactar con unos y otros en bien de la nación y comprometido contra la corrupción ha quedado en entredicho. El nuevo partido de la regeneración democrática ha entrado en el juego de la vieja política. Ya no es el partido del libro de 2015: está mutando.

  2. Interesante entrada sobre un partido que todavía no ha encontrado su definición, aunque dice ser de centro. Y yo me pregunto si realmente saben lo que es el centro y donde esta el centro en la política que ellos revindican, lo digo por los hechos que han demostrado en estos tres últimos años

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