La Identidad Cultural No Existe — François Jullien / Il n’y a pas d’identité culturelle (Cultural Identity Doesn’t Exist) by François Jullien

Es una obra muy interesante y muy oportuna dados los últimos acontecimientos políticos en España y en el mundo actual. Certero e inteligente ensayo que plantea una alternativa a la falsa dicotomía entre universalismo uniformante y el sectarismo identitario. La promesa de la pluralidad…

El problema de las ciencias humanas, particularmente la filosofía, es el de las definiciones. ¿Qué quiere decir el autor por cultura, cómo definir una identidad cultural? De hecho, ¿qué es una identidad colectiva? ¿Es la memoria histórica, es el lenguaje, algunas creencias y prácticas construidas a través de una larga tradición inspirada en la religión, las vacaciones de Navidad, por ejemplo. ¿De qué cultura estamos hablando? Alta cultura; Mozart, Shakespeare y Rembrandt o Cultura de masas; rap, ciencia ficción de Hollywood o fútbol? O tal vez deberíamos ser aún más específicos, después de todo cocinar es también un campo cultural. Lo cultural determina la manera de saludarse a uno mismo; darse la mano, inclinarse o asentir. De hecho, todo lo que nos rodea es cultural, el enfoque de una mujer árabe es diferente del de una mujer china. Incluso las funciones fisiológicas, el apareamiento o la evacuación pueden ser matizadas por lo cultural. Finalmente, ¿por qué esta actitud elitista de centrarse únicamente en la alta cultura a expensas de los fenómenos culturales populares?
Entonces, ¿cuál es esta notable visión filosófica? Todos los fenómenos culturales son recursos a nuestra disposición y realmente solo hay una brecha entre las culturas, no los quiasmas insuperables. ¿Cómo va a funcionar en la práctica?
Es cierto que como ciudadano de Shanghai tengo la oportunidad de escuchar una sonata de Beethoven, hojear una revista sueca para decorar o probar la paella. Mi cultura me permite comer carne de perro y escupir en la calle, pero me prohíbe ser desvergonzado con mis superiores y mis superiores y cuestionar sus instrucciones. Como residente de Manchester, puedo emborracharme el sábado por la noche en el pub y aplastar la boca de otro fanático del club de fútbol, ​​pero tengo a mi disposición algunos libros sobre budismo zen que me interesan. tener la oportunidad de comer sushi y tomar unas vacaciones en Phuket. De hecho, estas dos personas ficticias son investigadores científicos que intentan descubrir una solución biológica para el reciclaje del plástico y tienen a su disposición en Internet las mismas publicaciones científicas, que son recursos reales. ¡Ellos aman el fútbol y siguen al Manchester United, la brecha se está reduciendo! Listo.
Vivimos en el siglo XXI y somos muy conscientes de quién nos separa y de lo que tenemos en común sin recurrir a lecciones filosóficas pretenciosas. Finalmente, las culturas, a pesar de sus constantes cambios, seguirán siendo diversas, pero continuarán compartiendo y compartiendo, gracias quizás a Internet, la divulgación científica y técnica, el consumo, el turismo e incluso las guerras. Esa es la belleza de la globalización. Ninguna nivelación universal u homogeneización puede cambiar nuestra percepción de las diferencias culturales, porque, como observó Freud, siempre habrá “el narcisismo de las pequeñas diferencias”. ¡Esto no significa que tengamos que matarnos unos a otros!

La reivindicación de una identidad cultural tiende a imponerse, hoy, en todo el mundo, como retorno del nacionalismo y reacción a la globalización.
La identidad cultural es, al parecer, una muralla contra la amenazante uniformización del afuera y contra los comunitarismos que podrían minarla desde dentro. ¿Dónde encontrar entonces el equilibrio entre la tolerancia y la asimilación, entre la defensa de una singularidad y la exigencia de universalidad?.
Equivocarse de conceptos lleva a atascarse en un falso debate, que por lo tanto carece de salida.

El concepto de universal, que en su sentido fuerte ha llevado a la cultura europea a su desarrollo, se encuentra hoy en dificultades. Y esto, desde dos perspectivas. Lo universal no solo se halla en contradicción consigo mismo cuando se establece, en el encuentro con otras culturas, que es producto de una historia singular del pensamiento, sino que, además, la historia singular de la que procede en Europa no tiene en sí misma, considerada en su extensión, el carácter de necesidad que lo universal implica en principio. En efecto, en cuanto abandonamos la perspectiva propiamente filosófica y consideramos la formación de la noción en el seno del desarrollo cultural —más general— de lo que será Europa, nos damos cuenta de hasta qué punto el advenimiento de lo universal deriva de una historia híbrida, por no decir caótica: una historia hecha a partir de aspectos diversos, a veces incluso opuestos, en los que es difícil percibir lo que los articula.

La diferencia, por su parte, depende doblemente de la identidad, a ambos lados. Por un lado, en su punto de partida, supone un género común, de identidad compartida, dentro del cual marca una especificación; por otro, en su punto de llegada, en su objetivo y su destino, la diferencia conduce a determinar una identidad, fijando la esencia y su definición. Por eso la diferencia es, como ya dije, identificadora.
Ahora que, en un mundo que termina de globalizarse, no hay un más allá con el cual soñar, ni un allá lejano para el viaje, es en el entre, en efecto, donde aparecen los recursos: si el término «inter-cultural» tiene algún sentido, es el de desplegar ese entre y esa entre-vista como la nueva dimensión del hombre y de la cultura. Así serán contrarrestados el uno y el otro: la falsa universalidad—perezosa— de lo uniforme, y el fantasma correlativo —sectario— de la identidad. Si ex-istir es resistir, es ante todo «manteniéndose afuera», como la palabra lo indica (ex-sistere): afuera del padecimiento y, por encima de todo, del padecimiento de la Historia. Y si cada época conoce su forma de resistencia, digamos que la nuestra es la siguiente: combatir sin concesiones contra dos amenazas que van a la par: la uniformización y lo identitario; e inaugurar, apoyándonos en la potencia inventiva del écart, un común intensivo.

It is a very interesting and very timely work given the recent political events in Spain and in today’s world. Certero and intelligent essay that poses an alternative to the false dichotomy between uniformal universalism and identity sectarianism. The promise of plurality …

The problem of the human sciences, particularly philosophy, is that of definitions. What does the author mean by culture, how to define a cultural identity? In fact, what is a collective identity? Is the historical memory, is the language, some beliefs and practices built through a long tradition inspired by religion, the Christmas holidays, for example. What culture are we talking about? High culture; Mozart, Shakespeare and Rembrandt or Culture of masses; rap, Hollywood sci-fi or football? Or maybe we should be even more specific, after all cooking is also a cultural field. The cultural determines the way to greet oneself; shake hands, bow or nod In fact, everything that surrounds us is cultural, the approach of an Arab woman is different from that of a Chinese woman. Even physiological functions, mating or evacuation can be nuanced by the cultural. Finally, why this elitist attitude of focusing solely on high culture at the expense of popular cultural phenomena?
So, what is this remarkable philosophical vision? All cultural phenomena are resources at our disposal and there is really only a gap between cultures, not insurmountable chiasmas. How will it work in practice?
It is true that as a citizen of Shanghai I have the opportunity to listen to a sonata from Beethoven, flip through a Swedish magazine to decorate or taste the paella. My culture allows me to eat dog meat and spit on the street, but it forbids me to be shameless with my superiors and superiors and question their instructions. As a resident of Manchester, I can get drunk on Saturday night in the pub and crush the mouth of another football club fan, but I have some books on Zen Buddhism that interest me. Have the opportunity to eat sushi and take a vacation in Phuket. In fact, these two fictional people are scientific researchers trying to discover a biological solution for the recycling of plastic and have the same scientific publications on the Internet, which are real resources. They love football and follow Manchester United, the gap is narrowing! Ready.
We live in the 21st century and we are very aware of who separates us and what we have in common without resorting to pretentious philosophical lessons. Finally, cultures, in spite of their constant changes, will continue to be diverse, but they will continue to share and share, thanks perhaps to the Internet, scientific and technical divulgation, consumption, tourism and even wars. That is the beauty of globalization. No universal leveling or homogenization can change our perception of cultural differences, because, as Freud observed, there will always be “the narcissism of small differences”. This does not mean we have to kill each other!.

The claim of a cultural identity tends to be imposed, today, throughout the world, as a return of nationalism and reaction to globalization.
The cultural identity is, apparently, a wall against the threatening uniformization of the outside and against the communitarianisms that could undermine it from within. Where then find the balance between tolerance and assimilation, between the defense of a singularity and the requirement of universality ?.
Wrong of concepts leads to getting stuck in a false debate, which therefore has no outlet.

The concept of universal, which in its strong sense has led European culture to its development, is today in difficulties. And this, from two perspectives. The universal is not only in contradiction with itself when it is established, in the encounter with other cultures, which is the product of a singular history of thought, but also, the singular history of which it comes in Europe does not have in itself , considered in its extension, the character of necessity that the universal implies in principle. In effect, as soon as we abandon the properly philosophical perspective and consider the formation of the notion within the cultural development -more general- of what Europe will be, we realize to what extent the advent of the universal derives from a hybrid history , not to say chaotic: a story made from different aspects, sometimes even opposed, in which it is difficult to perceive what articulates them.

The difference, on the other hand, depends doubly on the identity, on both sides. On the one hand, at its point of departure, it supposes a common genre, of shared identity, within which it marks a specification; on the other hand, in its point of arrival, in its objective and its destiny, the difference leads to determine an identity, fixing the essence and its definition. That’s why the difference is, as I said, identifying.
Now that, in a world that ends up globalizing, there is no beyond with which to dream, nor a distant there for the trip, it is in the between, in fact, where the resources appear: if the term «inter-cultural» It makes some sense, it is to unfold that between and that between-view as the new dimension of man and culture. This way, the one and the other will be counteracted: the false lazy universality of the uniform, and the correlative-sectarian-phantom of the identity. If ex-istir is to resist, it is first and foremost “staying outside,” as the word indicates (ex-sistere): outside of the suffering and, above all, of the suffering of History. And if each epoch knows its form of resistance, let us say that ours is the following: to fight without concessions against two threats that go hand in hand: uniformity and identity; and inaugurate, relying on the inventive power of écart, an intensive common.

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