Las Cuevas Y Sus Misterios — Juan Gómez / The Caves And Their Mysteries by Juan Gómez (spanish book edition)

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Galardonada con el III premio Enigmas me lo recomendaron y me ha gustado bastante. Las cuevas y sus misterios nos sumerge en un mundo desconocido por muchos,lleno de sorpresas y enigmas. Desde el arte rupestre de nuestros antepasados,pasando por las apariciones de vírgenes y otros seres fantásticos…hasta las cuevas como refugios en tiempos de guerra o para huir de la censura…sin duda en cuanto lo empieces a leer lo devoras. En España tenemos, quizás, las mejores muestras de todo ello; viajar a Cantabria, viajar a la cornisa norte de nuestro país, es viajar en el tiempo, retroceder al tiempo de nuestros ancestros cuando entramos en uno de estos santuarios rupestres y nos dejamos llevar por la imaginación y por todo lo que evocan mil esbozos rupestres que mudos resuenan en nuestra cabeza como aquel rompecabezas que no acabamos de encajar…
Pero el Arte rupestre tiene mucho más y la fascinación llega a cotas insospechadas en aquellos que dedican buena parte de su vida a tratar de resolver ese misterio eterno, ese misterio de la Vida.

La comunidad científica que hasta el año 1879 creía que los antiguos habitantes de las cavernas no poseían ningún tipo de capacidad inteligente más allá de las habilidades para cazar, recolectar o reproducirse. Esa fue la fecha en la que se descubrieron las espectaculares pinturas de la cueva de Altamira. Pinturas que chocaron frontalmente con las ideas recalcitrantes de unos expertos que aseguraban que estas no podían ser reales. ¿Cómo era posible que unos seres a todas luces salvajes pudieran mostrar un arte incluso superior al del hombre del siglo XIX? ¿Cómo admitir que la creatividad y la inteligencia no eran exclusivas del hombre moderno? ¿Cómo claudicar ante el hecho de que los hombres primitivos llegaran a superar en ciertos aspectos al ilustrado hombre del siglo XIX y que estaba a punto de entrar en el XX? En 1880, Marcelino Sainz de Sautuola, el oficial descubridor de la cueva de Altamira, fue acusado de fraude; la oposición alcanzó tal extremo que llegaron a plantear que dicha expresión artística había sido creada por algún artista moderno. Incluso se señaló a Marcelino como el propio autor de las pinturas. Sautuola empezó a quedarse sin seguidores y murió en el año 1888 sin que la comunidad científica internacional reconociera su extraordinario hallazgo. Tuvo que llegar el año 1895 para que los más acérrimos detractores de Marcelino Sainz de Sautuola, como el francés Émile Cartailhac, entonaran un literal mea culpa a la luz de los diferentes hallazgos de pinturas en diferentes cuevas francesas. En ese instante, se determinó que lo encontrado en la cueva cántabra de Altamira era de origen paleolítico, lo que marcó la fecha de 1879 como el inicio del descubrimiento oficial del arte rupestre. Esta datación convulsionó los conocimientos de antropología que se habían establecido como ciertos hasta entonces y empezó a generar preguntas. Si el hombre del Paleolítico era capaz de pintar tales maravillas, incluso superiores a las que podía generar el hombre moderno.

(Cantabria) La visera de la cueva de El Castillo es de grandes proporciones, pero fue aún mayor cuando los antiguos la usaron como vivienda. Allí, el recibimiento que hace la cueva al visitante es casi solemne, un abrazo de miles de años que no deja indiferente a nadie. Sin embargo, esta solo es la antesala de la verdadera entrada. Hoy en día, está convenientemente modificada para que hasta el más torpe de sus visitantes pueda hacer un recorrido relativamente cómodo; imaginamos que nada que ver con el que los antiguos tuvieron que realizar. En dicha visera, los hombres prehistóricos hacían su vida, de hecho, uno de los mitos que deben ser desterrados es la idea de que se vivía en el interior de las cuevas. La humedad, la incomodidad, la falta de luz, de referencias o la posibilidad de ser sorprendidos por algún animal o por humanos enemigos hacían de esta posibilidad algo inviable. Pero que no nos confunda el término «humano», porque hace 150.000 años quienes habitaban esa cueva no eran Homo sapiens, eran otra especie de humanos: los neandertales.
En su interior, más de 275 figuras entre caballos, bisontes, ciervas, uros, cabras, incluso un mamut, pero también otras que son incomprensibles y que debieron de tener una importancia o significado realmente poderoso. Formas geométricas, líneas que se cruzan, rayas, discos, puntos, figuras de formas rectangulares, cuadradas, todas ellas cuidadosamente realizadas pero que a día de hoy son un auténtico enigma.
En la cueva de El Castillo existe una sala que bien pudiera ser utilizada para algún tipo de ritual, al menos según esta teoría. En ella, una estalagmita fue modificada, casi esculpida, hace 30.000 años por alguien que, según se afirma, pretendía transmutarla en un espíritu. Este lugar es uno de los más fascinantes de la cueva, pero también uno de los que generan más controversia. Allí, al proyectar una luz sobre esta columna, nuestros ojos quedan hipnotizados al contemplar cómo la sombra parece adquirir la forma de un animal medio hombre medio bestia, que, con el juego de luces y el movimiento de una lámpara, parece cobrar vida y moverse por la sala. ¿Realmente este era el objetivo de quien modificó la piedra o, por el contrario, es el resultado de una antiquísima pareidolia? Según estos autores, figuras, signos, animales y todo tipo de pinturas serían el resultado de las visiones bajo un estado alucinatorio, y servirían para la ejecución de alguna clase de ritual hoy perdido.
Pero, claro, todo esto era demasiado bonito como para que el mundo de la ciencia especulativa, como la arqueología o la historia, se pusiera de acuerdo.
Sin embargo, existe una característica de estas manos que no debe pasarnos desapercibida, algo en lo que el visitante de El Castillo no repara a pesar de tenerlo delante: su anatomía. Todas las manos que aparecen en ese panel de la cueva cántabra tienen una enigmática peculiaridad. Todas son finas, estilizadas, de dedos largos y delgados, con palmas estrechas y perfiles delicados. Estas manos no parecen corresponder a la fisionomía de un hombre, sino a la de mujeres o incluso niños, algo que también ha generado mucha controversia, ya que pone directamente a la mujer en el centro del arte rupestre. Por eso, fueron ellas y no ellos las que se adentraban en las cuevas, las que sentían con su especial intuición la energía que emanaba de su interior, las que elegían los lugares donde realizar estas manifestaciones culturales y las que, finalmente, las ejecutaban de manera magistral sobre la piedra de sus paredes y techos.
La conclusión a la que llegamos tras abandonar la cueva de El Castillo es que las pinturas rupestres son un idioma en sí mismas, aunque no contengan un lenguaje específico. Comprenden un sistema de comunicación por sí solas y, aunque durante mucho tiempo se las haya considerado como una pura expresión artística al azar, lo cierto es que constituyen un medio de comunicación. Simplemente por el hecho de dibujarlo en la piedra, el artista trataba de transmitir algo a los demás. El arte es el método para comunicarse, y la piedra, el lienzo donde se sustenta.

Ciertas cuevas y abrigos de montaña cerca del río Gleneg, en la cueva de Kimberley, al noroeste de Australia. Hasta allí llegó en 1938 el doctor Andreas Lommel miembro del Instituto Frobenius, quien vivió durante varios meses con una tribu aborigen llamada unambal, una cultura que existe, según la historia oficial, por lo menos desde hace unos sesenta mil años.
Durante este periodo, Lommel observó y fotografió la vida cotidiana de estos cazadores-recolectores que permanecían aún en la edad de piedra. Sin embargo, lo que más llamó la atención del investigador fue el descubrimiento de una cueva considerada sagrada por los aborígenes, en la que estaban representados los enigmáticos wandjina, pinturas rupestres de seres mitológicos asociados con la creación del mundo. Lo cierto es que mirar uno de estos rostros provoca una inevitable sensación de inquietud. Son caras sin boca con unos grandes y negros ojos, que destacan sobre un cuerpo vestido con lo que parecen estrambóticas túnicas. Los wandjina tienen una siniestra actitud que resulta casi intimidante, fueron dibujados como auténticos espectros, fantasmas de las rocas de tez blanca que, sin ningún tipo de pudor, permanecen vigilantes y atentos al entorno con sus grandes y desproporcionados ojos. Intimidantes en extremo, su actitud es, cuando menos, siniestra.
El mito de los wandjina, para la mayoría de las tribus indígenas, tiene una íntima relación con el cielo y las estrellas. Los aborígenes australianos creen que mucho, mucho tiempo atrás, la tierra era blanda y no tenía forma. Las características del paisaje fueron creadas como resultado de los actos de los wandjina, y fueron ellos los que crearon la lluvia, los ríos, los pozos de agua y quienes construyeron las montañas y las llanuras. Los mitos aborígenes hablan de un tiempo en el que las piedras eran todavía «flexibles», algo que les sirvió a estos seres para construir casas de piedra y crear a los seres humanos. Estos primeros habitantes humanos creados por los wandjina fueron los gyorn gyorn. Cuentan los aborígenes que el gyorn gyorn no tenía leyes ni parientes y Wallungunder, el gran jefe de los dioses wandjina, vio que podía hacer el bien con esta gente, por lo que regresó a la Vía Láctea y trajo muchos otros wandjina para que lo ayudaran a llevar leyes y conocimientos a la gente gyorn gyorn. Los wandjina cazaron, pescaron y enseñaron a los aborígenes cómo construir y utilizar ciertas armas, y les dieron leyes y ceremonias.

Sobre los ligures se pudo haber desarrollado el mito del dios Lug, cuyo rastro podemos encontrar en nombres como Logroño, León o Lugo, aunque hay que decir que estas huellas toponímicas en la península ibérica son escasas, ya que la interacción con la lengua árabe sumergió absolutamente todo, excepto regiones del norte. Bajo estas premisas todo parece indicar que, en tiempos muy remotos, una civilización de la que desconocemos hasta sus mismas bases, pero con grandes capacidades físicas y seguramente intelectuales, existió en tiempos prehistóricos. No comprendemos las huellas materiales que de la misma permanecen, pero sabemos que son poderosamente enigmáticas. ¿Podrían ser estos ligures los descendientes de una civilización formidable? ¿Podrían ser estos los gigantes a los que se refieren los mitos y las leyendas?
Lo cierto es que los ligures, al parecer, no eran primitivos salvajes, sino que se dice de ellos que eran capaces de entender la ingeniería que existe tras la navegación. Estos extraños habitantes del viejo mundo no solo serían hábiles realizando todo tipo de artefactos en piedra, sino que conocerían la ciencia que hay detrás de la construcción de una nave. Tendrían amplios conocimientos con los que recorrer largas distancias, y dispondrían de la sabiduría a través de senderos, bosques, montes y valles. Muchos creen que su legado de conocimiento llegó incluso a la hermandad obrera que erigió la catedral de Chartres.
Existen numerosas leyendas entre varias tribus nativas americanas, desde los comanches del norte a otras tribus del sur, que hablan de una misteriosa raza de gigantes de piel blanca que habitaba Norteamérica miles de años atrás. En su libro History of the Choctaw Indians, Chickasaw and Natchez (Historia de los indios choctaw, chickasaw y natchez), editado en 1899, Horacio Bardwell Cushman escribió: «La tradición de los choctaws. Una raza de gigantes que una vez habitó el ahora Estado de Tennessee, y con la que sus antepasados tuvieron que luchar cuando llegaron a Mississippi en su migración desde el oeste».
La tradición afirma que los individuos de la raza de gigantes, conocida como los nahullo, poseían una estatura impresionante. Cushman señaló que, con el tiempo, el término «nahullo» se hizo común para referirse a todas las personas de raza blanca, pero en un principio, se utilizaba para designar una raza de gigantes de piel blanca que combatieron con los choctaws después de cruzar el río Mississippi.
Los navajo hablan igualmente de unos gigantes blancos llamados «el pueblo de Starnake», y los describen como «una raza de gigantes blancos dotados de tecnología minera que dominaban el oeste, esclavizando a las tribus menores, y que tenían fortalezas a lo largo de las Américas». Finalmente se extinguieron.
En la mixteca de la costa oaxaqueña, existe otro mito de un gigante que, acompañado de animales de gran tamaño llegó desde Tututepec para fundar la población de San Juan Colorado. Las huellas del gigante y de este ganado quedaron registradas en una piedra volcánica.

El risco de La Morería, en Les Coves de Vinromá, es un sitio impresionante, una magnífica atalaya sobre el río de Las Cuevas y gran parte de los paisajes circundantes, que tiene fuertes connotaciones históricas y culturales desde los primeros pobladores. Testigos de su paso son las pinturas rupestres en uno de los abrigos del risco y los restos de viviendas de los moriscos, de donde le viene el nombre popular. Pero, sobre todo, La Morería ha quedado en la memoria colectiva por el llamado milagro de Les Coves en la cueva de La Campana. La historia es tan fabulosa que es curioso que no se haya convertido en el símbolo por excelencia de lo que el fervor religioso, la superstición y, probablemente, el mayor de los equívocos pueden llegar a gestar.
La pequeña Raquel Roca, de apenas ocho años (según otras fuentes tenía diez), dispensaba una gran devoción religiosa, por lo que acostumbraba a ir a rezar al interior de unas cuevas cercanas a su casa. La niña había heredado, no se sabe muy bien de quién, la necesidad de profesar un constante culto a la Virgen. Raquel creía que la soledad de las cuevas le proporcionaría el espacio perfecto para que sus plegarias fueran escuchadas por el Altísimo. Según relata el investigador José Calvo Segarra, Raquel se despertó sobresaltada un día afirmando que la Virgen se le había aparecido nada más despertarse. Su madre se quedó atónita cuando la niña concretó que había visto a una mujer vestida con una túnica y cuyo pecho estaba atravesado por varias espadas y cuchillos. La madre de Raquel exclamó: «¡Es la Virgen de los Dolores!». Este hecho podría haber quedado en el olvido de no ser porque, a finales de noviembre de ese año de 1947, Raquel llegó presurosa a su hogar contándole a su padre, nada más y nada menos, que la Virgen María había hecho acto de presencia ante sus ojos, justamente en una cueva del paraje de La Morería. Su padre la acompañó a la llamada cueva de La Campana, pero no divisó milagro ninguno, lo cual no impidió que la niña fuera pregonando a los cuatro vientos su encuentro con la Santísima. Esta historia llegó a oídos del párroco de Vinromá, quien no dudó un momento en calificar como cierta la historia de la niña, lo que provocó que la noticia de la aparición de la Virgen trascendiera de manera virulenta y desmesurada.

Cualquier país dispone de alguna cueva como su entrada al infierno particular, ya que en algún momento de su historia alguien ha querido ver en ciertos lugares algún elemento propicio a tal creencia. Este es el caso de la fascinante historia que nos revela que incluso el purgatorio tiene su puerta en este mundo, por supuesto en forma de cueva. Es el conocido como Purgatorio de san Patricio, situado en la irlandesa isla del lago Derg. Según narra esta milenaria leyenda, san Patricio, cansado de que los lugareños no le creyeran cuando mencionaba la existencia de estos lugares para las almas atormentadas, recibió una revelación por parte de Dios. En la visión, Dios mostraba al atónito religioso la entrada, nada más y nada menos que al mismísimo purgatorio, y para más inri, esta estaba situada en esa misma isla. Todo ello con la encomienda de que enseñara a sus feligreses el lugar para que creyeran en su palabra y se arrepintieran de sus pecados. Lo cierto es que desde el año 1185 ya se hacía referencia a una cueva que tradicionalmente los peregrinos, algunos incluso criminales, utilizaban como marco donde purgar sus pecados. Para ello no bastaba con rezar o recibir la comunión; la cueva era verdaderamente un lugar de expiación donde el pecador debía ser liberado de sus pecados con algo más que su simple arrepentimiento. Tras los convenientes rezos y plegarias, al pecador se le sometía a un ritual que consistía en ser encerrado en su interior durante 24 horas sin comida ni bebida. Entonces sí, los pecados eran perdonados. Pero lo cierto es que la ubicación de dicha cueva no apareció en un mapa hasta el siglo XV. Posteriormente, en 1666, volvería a aparecer en otro mapa en el que se hacía referencia a ella como La caverna del purgatorio, y se la situaba por fin en un punto concreto de la isla.

Hay que decir que la palabra «salamanca», la referente a estas cuevas de artes mágicas, podría derivar del vocablo aimara sallamanca que significa «piedra-abajo», aunque algunos han querido referirse a la palabra manca como la traducción de «infierno», pero la mayoría asegura que la etimología original podría tener origen hispano. Aquí es cuando la etimología nos vuelve a dar una nueva sorpresa y es que, en tiempos pretéritos, Salamanca, en este caso la ciudad, era llamada Helmantike, cuyo significado en griego es «tierra de adivinación». Quizá esta denominación fue dada por la situación geológica de la misma ciudad. Salamanca está totalmente horadada en el subsuelo, por lo que las cuevas y los túneles siempre estuvieron presentes en su paisaje. Algunas fuentes afirman que fueron utilizadas para ritos de magia negra y otro tipo de actividades no menos diabólicas. Esas cuevas han sido tema de debate durante décadas, ya que de ellas apenas se sabe nada. Algunos afirman que fueron fundadas por Hércules, otros consideran que tiene más relación con los árabes o, incluso, con los celtas y un mitológico dios llamado Helman. No obstante, la teoría más aceptada hoy por hoy es que se trataba de la entrada a un laberinto de túneles y pasajes que se extendían por todo el subsuelo de la ciudad y que era utilizado por sus habitantes para diferentes tipos de actividades. Es, a mi entender, totalmente lícito pensar que estos grupos humanos previos a la cristianización les hubieran dado un uso ritualístico, donde las ofrendas a sus deidades o los rituales de iniciación o conocimiento pertenecientes a sus creencias hubieran sido una constante.
En la cueva del diablo, Salamanca. Hoy en día, hay quien asegura que el diablo sale de su cubículo disfrazado de sacristán para engañar a los estudiantes que por allí se dejan caer y atraerlos a su morada para enseñarles las viejas y antiguas magias perdidas, mostrarles el mundo de los sueños y del conocimiento a través de ritos de iniciación, y mostrar las energías invisibles y los encantamientos más secretos capaces de manipular la mente de los hombres. Dicen que en esa cueva no se queman los libros, sino que se embeben hasta transformarlos en sabiduría, una sabiduría solo apta para algunos iniciados. Hoy, Salamanca es tierra de estudiantes, enclave y referencia de lo académico en España. Le recomiendo, querido lector o lectora, que, si un día la visita o si es oriundo del lugar, se fije bien en las noches de verano, en las calles y recovecos de la ciudad; quizá un sacristán se acerque para ofrecerle ese conocimiento tan perdido como supuestamente maldito. Deberá entonces decidir si quedarse en el mundo que conoce o adentrarse en esa cueva con la esperanza de que los libros de sus estanterías aporten más luz de lo que jamás hubiera imaginado, la luz del conocimiento y de la sabiduría, porque, al fin y al cabo, quien ejerce de maestro es Lucifer, cuyo nombre significa «portador de luz».

A principios de diciembre del año 2013, en Islandia, se paralizaron las obras de la autovía que conectaba la península de Álftanes con el extrarradio de la capital, Reikiavik, porque un nutrido grupo de personas de una asociación llamada Amigos de la Lava protestó ante las autoridades porque, según su creencia, la autovía iba a destruir una zona donde habitan los elfos islandeses. Una autoproclamada vidente, llamada Ragnhildur Jonsdottir, afirmó ser capaz de comunicarse con esos pequeños seres y transmitió la inquietud de los elfos por ver destruido su hogar. A pesar de lo inverosímil de la propuesta, la noticia caló tan profundamente en el pueblo islandés que decenas de personas no dudaron en presentarse en el punto indicado por la vidente para impedir que la autovía pasara por allí. Islandia se había convertido en un auténtico clamor para que los duendes de la zona y su hogar fueran respetados.
La explicación la encontramos en las creencias profundamente arraigadas de un pueblo, el islandés, cuya vida está íntimamente ligada a la tierra y cuyos habitantes, apenas 320.000 en todo el país, dependen los unos de los otros, y se protegen y ayudan mutuamente, a tal punto que los delitos son prácticamente inexistentes. Según el informe global de homicidios de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), la tasa de homicidios en Islandia no subió ningún año por encima de 1,8 por cada 100.000 habitantes. La policía no va armada y los únicos agentes que pueden portar armas de fuego son una fuerza especial llamada Escuadrón Vikingo, que actúa en muy pocas ocasiones. Por otro lado, las increíbles fuerzas naturales que se manifiestan en ese país han provocado que, a lo largo de la historia, los islandeses busquen no alterar el equilibrio natural de una tierra inmensamente poderosa, con lagos de lodo hirviendo, fumarolas sulfurosas, géiseres, volcanes, poderosas cascadas o glaciares gigantescos que alimentan la creencia en una tierra viva que los huldufólk se encargan de mantener a raya para proteger a los hombres.
Huldufólk, sino con otro tipo de criaturas como trölls, sæbúar (sirenas), skrímslis (monstruos malignos), afturgöngur (fantasmas), kölski (demonios), draugar (no muertos). Un mapa que tiene miles de entradas y puntos marcados donde se señala, no solo el emplazamiento exacto, sino el tipo de criatura que fue observada.
Esto, sin duda, me lleva a una reflexión. El mundo moderno que vivimos nos aparta poco a poco de las tradiciones, de las leyendas y los mitos, para decirnos que ese tipo de historias no son ciertas, que no hay que creer en ellas.
Una gran pila de piedras amontonadas que alcanza varios metros de altura, situada muy cerca del balcón del cráter del Snæfells, guarda un oscuro secreto. Quizá pudiera representar algún tipo de enclave esotérico o de poder; sin embargo, las piedras esconden algo que recuerda a un pasado oscuro, siniestro y diabólico, ya que bajo ellas están depositados los restos mortales del asesino en serie más notorio (y único) de toda Islandia. Axlar-Björn fue conocido también como «el hombre oso», un nombre sacado de un personaje del folclore islandés cuya naturaleza demoniaca dicen que poseyó a Axlar desde su nacimiento, aunque otros afirman que, en realidad, fue poseído por un draugr, un ser cuya realidad desvelaré más adelante. Sus fechorías se remontan a finales del siglo XVI, cuando este granjero nacido en 1555 aprovechaba el paso de turistas o viajeros por su granja para acabar con su vida a hachazos. Su modus operandi siempre era el mismo: sabía que el lugar representaba serias dificultades para aquellos que no conocían el terrero; los caminos tortuosos y la falta de conocimientos de la zona por parte de los turistas hacían que, al final, su granja fuera el lugar adonde muchos de ellos fuesen.

Mucho antes del concepto del vampiro moderno creado en el siglo XIX o la figura del zombi, las antiguas creencias, sobre todo del norte de Europa, ya nos hablaban de estas criaturas devorahombres, como el mencionado draugr islandés, casi mil años más antiguo que el vampiro actual. Pero incluso hay evidencias de que estos seres ya importunaban a los vivos desde tiempos más remotos, al menos desde el siglo V, durante la Alta Edad Media, lo que nos indicaría que posiblemente el mito de «los que caminan de nuevo» es muy anterior. Pero no solo eso, es muy probable que la creencia en la resurrección de los muertos se hubiera trasladado a través de las diferentes culturas y civilizaciones e incluso que hubiera nacido de manera espontánea como un arquetipo cultural. Si nos adentramos en las creencias árabes, ya en el siglo VI se decía que en el cuerpo humano residía algo llamado al-yawhar al-dujani (sustancia fumosa) y también el yism bujari (sustancia vaporosa), que junto con el al-nafs al-hayawaniyya (espíritu vital) daban la vida al ser humano. De este último se creía que se encontraba en el cuerpo como una especie de refinada sustancia invisible que confería a los órganos la energía y la temperatura suficientes para que funcionaran correctamente. Los efectos de su existencia estarían en las sensaciones corporales asociadas al calor, al frío o las emociones. Hay textos que incluso reflejan que esta sustancia podía ser vista en las lágrimas. Esta antigua creencia árabe afirmaba que, tras la muerte, si de alguna manera esa sustancia era regenerada o animada de nuevo mediante algún tipo de arte médico, el muerto podría volver a la vida.
Quizá menos espectacular pero más extraño fue el hallazgo en la conocida cueva del Mirón, en Ramales de la Victoria, Cantabria. Fue un hallazgo sin precedentes de un auténtico enterramiento ritual de una mujer cuyos huesos fueron rociados con tinte de color ocre, por lo que fue denominada la Dama de Rojo. Muchos han querido ver en estos restos el enterramiento de una mujer relevante dentro del grupo humano que utilizara esa cueva, pero advierten que para bañar unos huesos en ocre o cualquier otro pigmento, antes deben ser descarnados o bien esperar a que la carne se pudra. Muchos se preguntan si se trataba de una persona de importancia o temida por algún motivo. Sea cual sea la respuesta, ambas generan muchas preguntas y misterios, porque la datación de esta dama es de más de diecinueve mil años, por lo que prueba de manera irrefutable que ya en tiempos paleolíticos el culto a la muerte llevaba consigo extrañas prácticas. Si esta mujer era querida o temida es algo que puede que nunca lleguemos a averiguar.

Covanera, que etimológicamente podemos traducir como «cueva negra», es la población burgalesa guardiana de una de las cuevas más largas del mundo, conocida como el Pozo Azul; todo un referente internacional en actividades acuáticas y de espeleobuceo, situado en el Parque Natural Hoces del Alto Ebro y Rudrón. Esta cavidad sumergida tiene la nada desdeñable longitud de casi 14 kilómetros y su interior reserva una serie de galerías, algunas incluso exentas de agua, a todo aquel que con el equipo y la preparación adecuados la quiera explorar. Un territorio absolutamente desconocido donde año tras año, las campañas de exploración descubren nuevas cavidades y galerías. La última incursión para intentar descubrir hasta dónde llega esta inmensa cavidad se realizó en el año 2011 por parte de dos buceadores británicos, Jason Mallison y John Volanthen, quienes, tras superar sifones, galerías, cascadas y grietas, llegaron hasta el último punto conocido del Pozo Azul.
Los habitantes de Covanera cuentan que, en el interior del pozo, en lo más profundo de la cueva, habita una bella dama de largos cabellos, cuya deslumbrante piel ilumina las oscuras galerías por las que pasa. Y dice la leyenda que esta damisela de nobles ropajes es, en realidad, una dama que marchaba a la corte para reunirse con su amado cuando, en un alto en el camino, cayó en el pozo y nunca más se supo de ella. Se dice que la joven no desiste en su empeño de encontrarse con su amado y, cada vez que siente la presencia de algún joven en la orilla del pozo, surge de sus profundidades, por un instante, para comprobar si es quien ella espera.
Pero, a pesar de que estas cuevas sumergidas han hecho volar la imaginación de quienes creen en sus mitos, lo cierto es que existen cavidades donde la realidad es mucho más inquietante que cualquier historia recogida en las creencias populares.

Las aguas del Eagle’s Nest (Nido del Águila) en Florida, una de las cuevas submarinas y destinos de buceo más peligrosos del mundo. Aun así, muchos han sido los que se han arriesgado desoyendo esa última advertencia y nunca han salido con vida.
Para situarnos en este lugar maldito, hay que viajar hasta la mitad oeste del estado de Florida, cerca de la populosa ciudad de Tampa, justo encima del parque de la vida salvaje de Chassahowitzka. Una vez ahí, se debe abandonar la ciudad de Spring Hill para adentrarse en pleno bosque, donde el acceso sin un todoterreno se vuelve realmente complicado, hasta que la pista se convierte en una estrecha pasarela de madera que finaliza en lo que parece ser el pequeño embarcadero de un lago circular rodeado de una gran espesura boscosa. El Eagle’s Nest es un complejo y enredado entramado subterráneo de piedra caliza bajo el agua, de más de dos kilómetros, cuyo punto más profundo se sitúa a 92 metros. Es conocido como «el Everest» de las cuevas bajo el agua, no solo por su profundidad, sino por la extraña conexión de muertes que unen ambos lugares. Si una de las macabras características del Everest es la cantidad de muertos que se ha cobrado su conquista —recordemos que en la actualidad hay diseminados por todo el camino de subida cerca de 200 cadáveres—, el Eagle’s Nest ya se ha cobrado la de una docena de personas. Para alcanzar tal profundidad, el buceador se debe equipar con botellas de un compuesto respirable distinto al aire llamado trimix. La introducción de helio en la mezcla permite que el nivel de nitrógeno en sangre sea menor, por lo que el riesgo de sufrir la llamada «narcosis por nitrógeno» se reduce.
La entrada a este complejo cavernario submarino es tan bella como mortales son sus profundidades. Un lago circular rodeado por un espeso bosque es lo que, para algunos, ha sido la puerta al infierno del que jamás regresaron; de hecho, su fama de cavidad maldita llegó a tal extremo que, al igual que los vecinos de la cueva del Agua en Murcia, los habitantes de la zona reclamaron durante treinta años el cierre de su acceso.
Aseguran que en las profundidades del Nido del Águila hay algo que hace que tantos accidentes y muertes no sean fruto de la casualidad. Locura, desorientación, exceso de confianza, imprudencias letales, inexperiencia en algunos casos, incluso sospechas de asesinato, son las posibilidades que barajan las autoridades locales. Lo que desde luego tienen claro es que la estadística de muertes en ese lugar supera con creces la de cualquier otra cueva sumergida del país. Mientras, puede que en este mismo instante alguien esté adentrándose en las aguas del Nido del Águila. Alguien que quizá jamás regrese a la superficie con vida.

Dahab, el cementerio de los buceadores
Situado en el golfo de Aqaba, frente a las costas de Sinaí del Sur, en Egipto, este agujero azul es uno de los muchos atractivos que tiene el mar Rojo. Sin embargo, también es el que se ha ganado por derecho propio el apelativo de «cementerio de buceadores». La entrada a este gigantesco agujero tiene su propio nombre artístico: The Arch (El Arco), una cavidad de gran profundidad que conecta el mar abierto con este agujero azul, cuya profundidad total es de 52 m.
Las autoridades egipcias han reconocido la muerte de más de 40 buceadores, pero lo más increíble de todo es que esta cifra solo es una estimación, ya que las autoridades barajan la posibilidad de elevarla hasta el centenar de buceadores fallecidos. La cuestión es: ¿por qué hay tanta diferencia entre la estimación oficial y la que realmente creen que puede existir? La respuesta es tan sencilla como aterradora. Muchos de los buceadores que se internan en sus aguas desaparecen sin dejar ningún tipo de rastro. Lo que nos dicen las autoridades egipcias es que, además de los 40 buceadores muertos oficiales, existen más del doble de los que no se sabe absolutamente nada.
Este agujero azul es básicamente una laguna de coral que conecta con mar abierto a través de un enorme y precioso arco azul de 26 metros. Para acceder a él, los submarinistas deben descender a unos 60 metros de profundidad y, una vez allí, ascender de nuevo por el camino que los llevará hasta la superficie del mar. Sin embargo, debido a la orientación de la cueva, muchos buceadores no encuentran la entrada y siguen avanzando hacia el fondo hasta que entran en un estado alterado debido a la narcosis provocada por el nitrógeno. A más de noventa metros de profundidad, sus funciones neuromusculares están descontroladas y se arrojan desplomados sobre el lecho marino creyendo haber encontrado la salida. Allí, en lo más profundo, ya solo queda el silencio.

Lo que pocos sabían era que bajo el casco urbano de Meco se escondía y se esconde su duplicado bajo tierra. Mientras sus calles eran testigos del paso de la historia, todo un dédalo de cuevas y pasadizos del subsuelo reposaba a tan solo cinco metros de profundidad.
Para los habitantes de Meco, estas historias sobre una suerte de ciudad subterránea eran poco más que leyendas. Pasadizos que comunicaban con la iglesia, casas que disponían de grutas secretas por donde moverse de un lado a otro del pueblo bajo tierra. En los corrillos, no había momento en el que no afloraran viejas historias de curas o terratenientes que decían eran capaces de presentarse en uno y otro lado del pueblo sin ser vistos. Las leyendas urbanas comenzaron a surgir y, como si de cuentos de terror se tratase, se utilizaba la supuesta existencia de estas grutas para asustar a los niños con la idea de llevarlos a alguna de estas cuevas y encerrarlos para siempre si no se portaban bien.
En la actualidad, existe una frase popular, aunque cada vez menos extendida, que dice: «A este no lo salva ni la bula de Meco». Esta frase, muy popular en la zona, se dice cuando una persona está metida en tal embrollo que no hay nada que la saque de esa situación. La historia de esta frase proviene de la bula que concedió la Santa Sede al municipio en 1487. La poderosa influencia de la familia Mendoza sirvió para que Inocencio VIII permitiera a los habitantes de Meco saltarse la Cuaresma y comer carne todos los viernes. Esta bula se concedió porque los ilustrados de la época argumentaron que Meco era la localidad más alejada del mar de España, por lo que el acceso al pescado era realmente limitado y no podrían respetar el dictamen eclesiástico durante toda la Cuaresma. Esto propició que Meco fuera, y siga siendo, uno de los pocos lugares de España con una bula que permite comer carne durante ese periodo. Esta bula encierra en sí misma el misterio de su paradero, pero, afortunadamente, sabemos de ella porque su contenido fue publicado por el numerario Adolfo Aragonés el 1 de diciembre de 1918, en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. La bula decía lo siguiente:
«Por la acostumbrada clemencia de la Sede Apostólica y por disposición de la Sacrosanta Iglesia, usando de benignidad y mansedumbre y templando sus rigores, se ha establecido aquellas cosas que, atendiendo a la necesidad de lugares y personas, se han creído saludables y convenientes […] acaba de hacernos presente que, encontrándose a gran distancia del mar, y habiendo, por consiguiente, la escasez de pescados, para que puedan cómodamente sustentarse los días viernes y ayunos de los vecinos y demás moradores de Tendilla, de Modéjar, de Mira el Campo, de Illana de Fuente el Viejo, de Meco […] se estableciese que los vecinos y moradores de dichos lugares que en ellos residieren, pudiesen, en los citados días, comer algunos lacticinios, consultando así el provecho y utilidad de los mismos […].
Con la Guerra Civil, numerosas iglesias fueron ominosamente saqueadas y quemadas, entre ellas la iglesia Magistral, depositaria de las reliquias, que fue saqueada el 22 de julio de 1936. Nunca se llegó a saber qué ocurrió ese día, pero se corrió el rumor de que los tres sacerdotes custodios habían logrado ocultar las reliquias antes de ser asesinados. ¿Se perdieron las reliquias en el saqueo o, por el contrario, permanecen escondidas en algún lugar desconocido? Nadie lo sabe con certeza. Algunas personas apuntaron a la cripta del Cardenal Cisneros, pero esta apareció vacía al terminar la guerra. Otros nombran una finca conocida como El Encín, donde la custodia permanecería enterrada. Sin embargo, el conocido padre Pilón, al igual que otros, manifestó su fehaciente convicción de que las Sagradas Formas estarían depositadas en alguna de las galerías subterráneas de Meco. Según su versión, a los tres sacerdotes de la Magistral les dio tiempo a recoger la custodia antes del saqueo, llevarla a Meco y ocultarla en algún lugar de las cuevas que recorren su subsuelo.

It was recommended to me and it has been awarded III Enigmas prize and I liked it a lot. The caves and their mysteries plunge us into a world unknown to many, full of surprises and enigmas. From the rock art of our ancestors, through the apparitions of virgins and other fantastic beings … to the caves as shelters in times of war or to flee from censorship … no doubt as soon as you start reading it you devour it. In Spain we have, perhaps, the best samples of all this; travel to Cantabria, travel to the northern cornice of our country, is to travel back in time, go back to the time of our ancestors when we enter one of these cave sanctuaries and let ourselves be carried away by the imagination and by all that evoke a thousand rupestrian sketches that dumb resonate in our heads like that puzzle that we just do not fit …
But the Rock Art has much more and the fascination reaches unsuspected levels in those who dedicate a good part of their life to try to solve that eternal mystery, that mystery of Life.

The scientific community that until the year 1879 believed that the ancient inhabitants of the caverns did not possess any kind of intelligent capacity beyond the skills to hunt, collect or reproduce. That was the date on which the spectacular paintings of the cave of Altamira were discovered. Paintings that clashed frontally with the recalcitrant ideas of some experts who assured that these could not be real. How was it possible that some wild beings could show an art even superior to that of the man of the XIX century? How to admit that creativity and intelligence were not exclusive to modern man? How to give in to the fact that primitive men came to surpass in certain aspects the enlightened man of the nineteenth century and who was about to enter the XX? In 1880, Marcelino Sainz de Sautuola, the discoverer of the cave of Altamira, was accused of fraud; the opposition reached such an extreme that they came to suggest that this artistic expression had been created by some modern artist. Even Marcelino was pointed out as the author of the paintings himself. Sautuola began to run out of followers and died in 1888 without the international scientific community recognizing its extraordinary finding. It had to arrive in 1895 so that the most staunch detractors of Marcelino Sainz de Sautuola, like the French Émile Cartailhac, sang a literal mea culpa in light of the different findings of paintings in different French caves. At that moment, it was determined that what was found in the Cantabrian cave of Altamira was of Paleolithic origin, which marked the date of 1879 as the beginning of the official discovery of rock art. This dating convulsed the knowledge of anthropology that had been established as true until then and began to generate questions. If the Paleolithic man was capable of painting such marvels, even superior to those that modern man could generate.

(Cantabria) The visor of the cave of El Castillo is of great proportions, but it was even bigger when the ancients used it as a home. There, the reception given by the cave to the visitor is almost solemn, a hug of thousands of years that leaves no one indifferent. However, this alone is the prelude to the true entrance. Nowadays, it is suitably modified so that even the most awkward of its visitors can take a relatively comfortable tour; We imagine that nothing to do with what the ancients had to do. In that visor, prehistoric men made their lives, in fact, one of the myths that must be banished is the idea that they lived inside caves. Humidity, discomfort, lack of light, references or the possibility of being surprised by an animal or by human enemies made this possibility unfeasible. But do not confuse the term «human», because 150,000 years ago those who inhabited that cave were not Homo sapiens, they were another species of humans: the Neanderthals.
In its interior, more than 275 figures among horses, bison, hinds, aurochs, goats, even a mammoth, but also others that are incomprehensible and that must have an importance or really powerful meaning. Geometric shapes, intersecting lines, stripes, discs, dots, shapes of rectangular, square shapes, all carefully made but which today are a real enigma.
In the cave of El Castillo there is a room that could well be used for some kind of ritual, at least according to this theory. In it, a stalagmite was modified, almost sculpted, 30,000 years ago by someone who, it is claimed, intended to transmute it into a spirit. This place is one of the most fascinating in the cave, but also one of the most controversial. There, when projecting a light on this column, our eyes are hypnotized when contemplating how the shadow seems to acquire the shape of a half-animal half-beast animal, which, with the play of lights and the movement of a lamp, seems to come alive and move around the room. Was this really the objective of the person who modified the stone or, on the contrary, is the result of an ancient pareidolia? According to these authors, figures, signs, animals and all kinds of paintings would be the result of visions under a hallucinatory state, and would serve for the execution of some kind of ritual lost today.
But, of course, all this was too nice for the world of speculative science, such as archeology or history, to agree on.
However, there is a characteristic of these hands that should not go unnoticed, something in which the visitor of El Castillo does not repair despite having it in front: his anatomy. All the hands that appear in that panel of the Cantabrian cave have an enigmatic peculiarity. All are thin, stylized, with long, thin fingers, with narrow palms and delicate profiles. These hands do not seem to correspond to the physiognomy of a man, but to that of women or even children, something that has also generated much controversy, since it directly puts women at the center of rock art. That is why it was they and not they who entered the caves, who felt with their special intuition the energy that emanated from their interior, those that chose the places where these cultural manifestations were made and those that finally executed them. Masterly manner on the stone of its walls and ceilings.
The conclusion we reached after leaving the cave of El Castillo is that cave paintings are a language in themselves, although they do not contain a specific language. They understand a system of communication by themselves and, although for a long time they have been considered as a purely artistic expression at random, the truth is that they constitute a means of communication. Simply by drawing it on the stone, the artist tried to convey something to others. Art is the method to communicate, and the stone, the canvas where it is sustained.

Certain caves and mountain shelters near the Gleneg River, in Kimberley Cave, northwest of Australia. Dr. Andreas Lommel, a member of the Frobenius Institute, arrived there in 1938. He lived for several months with an aboriginal tribe called unambal, a culture that exists, according to official history, at least sixty thousand years ago.
During this period, Lommel observed and photographed the daily life of these hunter-gatherers who were still in the stone age. However, what most caught the attention of the researcher was the discovery of a cave considered sacred by the aborigines, in which the enigmatic wandjina, rupestrian paintings of mythological beings associated with the creation of the world, were represented. The truth is that looking at one of these faces causes an inevitable sense of uneasiness. They are faces without mouths with big black eyes that stand out on a body dressed in what look like outlandish tunics. The wandjina have a sinister attitude that is almost intimidating, they were drawn as real ghosts, ghosts of white-skinned rocks that, without any shame, remain vigilant and attentive to the environment with their large and disproportionate eyes. Extremely intimidating, his attitude is, at least, sinister.
The myth of the Wandjina, for most of the indigenous tribes, has an intimate relationship with the sky and the stars. The Australian aborigines believe that long, long ago, the earth was soft and had no shape. The characteristics of the landscape were created as a result of the acts of the wandjina, and it was they who created the rain, the rivers, the water wells and those who built the mountains and the plains. Aboriginal myths speak of a time when stones were still «flexible», something that helped these beings to build stone houses and create human beings. These first human inhabitants created by the wandjina were the gyorn gyorn. The aborigines say that the gyorn gyorn had no laws or relatives and Wallungunder, the great chief of the Wandjina gods, saw that he could do good with these people, so he returned to the Milky Way and brought many other wandjina to help him. to bring laws and knowledge to the gyorn gyorn people. The Wandjina hunted, fished and taught the aborigines how to build and use certain weapons, and gave them laws and ceremonies.

The myth of the god Lug could have been developed on the Ligurians, whose trace can be found in names such as Logroño, León or Lugo, although it must be said that these toponymic traces in the Iberian peninsula are scarce, since the interaction with the Arabic language submerged absolutely everything, except northern regions. Under these premises everything seems to indicate that, in very remote times, a civilization of which we do not know until its very foundations, but with great physical and surely intellectual capacities, existed in prehistoric times. We do not understand the material traces that remain of it, but we know that they are powerfully enigmatic. Could these Ligurians be the descendants of a formidable civilization? Could these be the giants to which the myths and legends refer?
The truth is that the Ligurians, it seems, were not savage primitives, but said that they were capable of understanding the engineering that exists after navigation. These strange inhabitants of the old world would not only be skillful in making all kinds of stone artifacts, but would know the science behind the construction of a ship. They would have extensive knowledge with which to travel long distances, and they would have wisdom through trails, forests, mountains and valleys. Many believe that their legacy of knowledge even reached the working brotherhood that erected the cathedral of Chartres.
There are numerous legends among several Native American tribes, from the Comanches of the north to other tribes of the south, who speak of a mysterious race of white-skinned giants that inhabited North America thousands of years ago. In his book History of the Choctaw Indians, Chickasaw and Natchez (History of the Choctaw, Chickasaw, and Natchez Indians), published in 1899, Horace Bardwell Cushman wrote: «The tradition of the Choctaws. A race of giants that once inhabited the now Tennessee state, and with which their ancestors had to fight when they came to Mississippi on their migration from the west. »
Tradition states that the individuals of the giant race, known as the nahullo, possessed an impressive stature. Cushman noted that, over time, the term «nahullo» became common to refer to all white people, but originally, it was used to designate a race of white-skinned giants that fought with the choctaws after crossing. the Mississippi River.
The Navajo also speak of white giants called «the people of Starnake,» and describe them as «a race of white giants endowed with mining technology that dominated the west, enslaving the lesser tribes, and having fortresses throughout the Americas ». Finally they became extinct.
In the Mixteca of the Oaxacan coast, there is another myth of a giant that, accompanied by large animals, came from Tututepec to found the town of San Juan Colorado. The footprints of the giant and of these cattle were recorded in a volcanic stone.

The cliff of La Morería, in Les Coves de Vinromá, is an impressive site, a magnificent watchtower over the river of Las Cuevas and a large part of the surrounding landscapes, which has strong historical and cultural connotations from the first settlers. Witnesses of its passage are the cave paintings in one of the shelters of the cliff and the remains of dwellings of the Moriscos, from where the popular name comes. But, above all, La Morería has remained in the collective memory for the so-called miracle of Les Coves in the cave of La Campana. The story is so fabulous that it is curious that it has not become the symbol par excellence of what religious fervor, superstition and, probably, the greatest misunderstanding can come to gestation.
The little Raquel Roca, barely eight years old (according to other sources she had ten), dispensed a great religious devotion, so she used to go to pray inside caves near her house. The girl had inherited, we do not know very well from whom, the need to profess a constant cult to the Virgin. Raquel believed that the solitude of the caves would provide the perfect space for her prayers to be heard by the Most High. According to the researcher José Calvo Segarra, Raquel woke up startled one day affirming that the Virgin had appeared to her at the moment of waking up. His mother was stunned when the girl said that she had seen a woman dressed in a tunic and whose chest was pierced by several swords and knives. Rachel’s mother exclaimed: «She is the Virgin of Sorrows!» This fact could have been forgotten if it was not because, at the end of November of that year of 1947, Raquel arrived at her house hurriedly telling her father, nothing more and nothing less, that the Virgin Mary had made an appearance before his eyes, right in a cave in the spot of La Morería. Her father accompanied her to the so-called cave of La Campana, but she did not see any miracle, which did not prevent the girl from proclaiming her encounter with the Blessed One from the four winds. This story reached the ears of the parish priest of Vinromá, who did not hesitate a moment to describe as true the story of the girl, which caused the news of the appearance of the Virgin transcended virulently and disproportionately.

Any country has a cave as its entrance to the particular hell, because at some point in its history someone has wanted to see in some places some element conducive to such a belief. This is the case of the fascinating story that reveals to us that even purgatory has its door in this world, of course in the form of a cave. It is known as St. Patrick’s Purgatory, located on the Irish island of Lake Derg. According to this thousand-year-old legend, St. Patrick, tired of the villagers not believing him when he mentioned the existence of these places for tormented souls, received a revelation from God. In the vision, God showed the religious astonished entry, nothing more and nothing less than the very purgatory, and to make matters worse, it was located on that same island. All with the task of teaching his parishioners the place to believe in his word and repent of their sins. The truth is that since 1185 there was already a reference to a cave that traditionally pilgrims, some even criminals, used as a framework to purge their sins. For that, it was not enough to pray or receive communion; the cave was truly a place of atonement where the sinner should be freed from his sins with something other than his simple repentance. After the convenient prayers and prayers, the sinner was subjected to a ritual that consisted of being locked inside for 24 hours without food or drink. So yes, sins were forgiven. But the truth is that the location of said cave did not appear on a map until the fifteenth century. Later, in 1666, it would reappear on another map that referred to it as The Cave of Purgatory, and was finally located at a specific point on the island.

It must be said that the word «salamanca», referring to these caves of magical arts, could derive from the word aimara sallamanca which means «stone-down», although some have wanted to refer to the word manca as the translation of «hell», but the majority assures that the original etymology could have Hispanic origin. This is when the etymology gives us a new surprise and is that, in past times, Salamanca, in this case the city, was called Helmantike, whose meaning in Greek is «land of divination.» Perhaps this denomination was given by the geological situation of the same city. Salamanca is totally hollowed in the subsoil, so the caves and tunnels were always present in its landscape. Some sources claim that they were used for black magic rites and other types of activities no less diabolical. These caves have been the subject of debate for decades, since they hardly know anything about them. Some affirm that they were founded by Hercules, others consider that it has more relation with the Arabs or, even, with the Celtas and a mythological God called Helman. However, the most accepted theory today is that it was the entrance to a labyrinth of tunnels and passages that extended throughout the subsoil of the city and that was used by its inhabitants for different types of activities. It is, in my opinion, totally legitimate to think that these human groups prior to Christianization had given them a ritualistic use, where the offerings to their deities or the rituals of initiation or knowledge belonging to their beliefs would have been a constant.
In the cave of the devil, Salamanca. Today, there are those who claim that the devil leaves his cubicle disguised as a sacristan to deceive the students who drop in there and attract them to his home to teach them the old and lost magic, to show them the world of dreams and knowledge through rites of initiation, and show the invisible energies and the most secret enchantments capable of manipulating the minds of men. They say that in that cave books are not burned, but they are imbibed until transforming them into wisdom, a wisdom only suitable for some initiates. Today, Salamanca is the land of students, enclave and reference of academics in Spain. I recommend, dear reader or reader, that if one day you visit or if you are a native of the place, be well fixed on summer nights, in the streets and nooks and crannies of the city; perhaps a sacristan comes to offer him that knowledge as lost as supposedly cursed. He must then decide whether to stay in the world he knows or go into that cave with the hope that the books on his shelves will bring more light than he could ever have imagined, the light of knowledge and wisdom, because, at last and Corporal Lucifer, whose name means «light bearer».

At the beginning of December 2013, in Iceland, the works of the highway that connected the Álftanes peninsula to the outskirts of the capital, Reykjavik, were halted because a large group of people from an association called Friends of Lava protested before the authorities. authorities because, according to his belief, the highway was going to destroy an area where the Icelandic elves live. A self-proclaimed seer, called Ragnhildur Jonsdottir, claimed to be able to communicate with these little beings and conveyed the elves’ concern to see their home destroyed. Despite the implausibility of the proposal, the news fell so deeply in the Icelandic people that dozens of people did not hesitate to present themselves at the point indicated by the seer to prevent the highway from passing through there. Iceland had become a real cry for the elves of the area and their home to be respected.
The explanation is found in the deep-rooted beliefs of a people, the Icelandic, whose life is intimately linked to the land and whose inhabitants, just 320,000 across the country, depend on each other, and protect and help each other, to such a point that crimes are practically nonexistent. According to the global report of homicides of the United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC), the homicide rate in Iceland did not rise any year above 1.8 per 100,000 inhabitants. The police are not armed and the only agents that can carry firearms are a special force called Viking Squadron, which acts very rarely. On the other hand, the incredible natural forces that are manifested in that country have caused, throughout history, the Icelanders seek not to alter the natural balance of an immensely powerful land, with lakes of boiling mud, sulphurous fumaroles, geysers, volcanoes, powerful waterfalls or gigantic glaciers that feed the belief in a living land that the huldufólk are responsible for keeping at bay to protect men.
Huldufólk, but with another type of creatures such as trölls, sæbúar (sirens), skrímslis (evil monsters), afturgöngur (ghosts), kölski (demons), draugar (undead). A map that has thousands of entries and points marked where it is indicated, not only the exact location, but the type of creature that was observed.
This, without a doubt, leads me to a reflection. The modern world we live gradually separates us from traditions, from legends and myths, to tell us that these kinds of stories are not true, that we should not believe in them.
A large pile of piled stones that reaches several meters in height, located very close to the crater of the Snæfells crater, keeps a dark secret. Maybe he could represent some kind of esoteric enclave or power; However, the stones hide something that reminds us of a dark, sinister and diabolic past, since under them are deposited the mortal remains of the most notorious (and only) serial killer in all of Iceland. Axlar-Björn was also known as «the bear man», a name taken from a character in Icelandic folklore whose demonic nature is said to have possessed Axlar since his birth, although others claim that, in fact, he was possessed by a draugr, a being whose reality I will reveal later. His misdeeds date back to the late sixteenth century, when this farmer born in 1555 took advantage of the passage of tourists or travelers on his farm to end his life with axes. His modus operandi was always the same: he knew that the place represented serious difficulties for those who did not know the land; the tortuous roads and the lack of knowledge of the area by the tourists meant that, in the end, their farm was the place where many of them were.

Long before the concept of the modern vampire created in the nineteenth century or the figure of the zombie, the ancient beliefs, especially of northern Europe, already told us about these creatures devorahmen, as the aforementioned Icelandic draugr, almost a thousand years older than the current vampire. But there is even evidence that these beings already pestered the living from more remote times, at least from the fifth century, during the High Middle Ages, which would indicate that possibly the myth of «those who walk again» is much earlier . But not only that, it is very likely that the belief in the resurrection of the dead had moved through different cultures and civilizations and even that it had been born spontaneously as a cultural archetype. If we go into the Arab beliefs, already in the sixth century it was said that in the human body there was something called al-yawhar al-dujani (fume substance) and also the yism bujari (vaporous substance), which together with the al-nafs al-hayawaniyya (vital spirit) gave life to the human being. The latter was believed to be in the body as a kind of refined invisible substance that gave the organs enough energy and temperature to function properly. The effects of its existence would be in the bodily sensations associated with heat, cold or emotions. There are texts that even reflect that this substance could be seen in tears. This ancient Arab belief affirmed that, after death, if in some way that substance was regenerated or animated again by some kind of medical art, the dead person could come back to life.
Perhaps less spectacular but more strange was the discovery in the well-known Mirón cave, in Ramales de la Victoria, Cantabria. It was an unprecedented find of an authentic ritual burial of a woman whose bones were sprayed with ocher-colored dye, for which she was called the Lady in Red. Many have wanted to see in these remains the burial of a relevant woman within the human group that used that cave, but warn that to bathe some bones in ocher or any other pigment, before they must be emaciated or wait for the meat to rot. Many wonder if it was a person of importance or feared for some reason. Whatever the answer, both generate many questions and mysteries, because the dating of this lady is more than nineteen thousand years, so irrefutably proves that already in paleolithic times the cult of death carried with it strange practices. Whether this woman was loved or feared is something that we may never find out.

Covanera, which we can etymologically translate as «black cave», is the Burgalese guardian population of one of the longest caves in the world, known as the Pozo Azul; All an international reference in water activities and cave diving, located in the Hoces del Alto Ebro and Rudrón Natural Park. This submerged cavity has a negligible length of almost 14 kilometers and its interior reserves a series of galleries, some even free of water, to anyone who wants to explore it with the right equipment and preparation. An absolutely unknown territory where year after year, exploration campaigns discover new cavities and galleries. The last incursion to try to discover how far this immense cavity reaches was in 2011 by two British divers, Jason Mallison and John Volanthen, who, after overcoming siphons, galleries, waterfalls and crevasses, reached the last known point of the Blue Well.
The inhabitants of Covanera say that, inside the well, in the deepest part of the cave, there lives a beautiful lady with long hair, whose dazzling skin illuminates the dark galleries through which she passes. And the legend says that this damsel of noble clothes is, in fact, a lady who marched to the court to be reunited with her beloved when, at a stop in the road, she fell into the well and was never heard from again. It is said that the young woman does not give up in her effort to meet her lover and, every time she feels the presence of a young man at the edge of the well, it arises from its depths, for a moment, to check if it is she who waits.
But, although these submerged caves have blown the imagination of those who believe in their myths, the truth is that there are cavities where reality is much more disturbing than any story collected in popular beliefs.

The waters of the Eagle’s Nest in Florida, one of the most dangerous underwater caves and dive destinations in the world. Even so, many have been those who have risked ignoring that last warning and have never come out alive.
To place ourselves in this damn place, you have to travel to the western half of the state of Florida, near the populous city of Tampa, just above the Chassahowitzka wildlife park. Once there, you must leave the city of Spring Hill to enter the forest, where access without an SUV becomes really complicated, until the track becomes a narrow wooden walkway that ends in what seems to be the small Jetty of a circular lake surrounded by a large wooded thicket. The Eagle’s Nest is a complex and entangled subterranean limestone underwater, over two kilometers, whose deepest point is 92 meters. It is known as «the Everest» of underwater caves, not only because of its depth, but because of the strange connection of deaths that unite both places. If one of the macabre characteristics of Everest is the death toll that has claimed its conquest – remember that at present there are scattered along the way up about 200 corpses, the Eagle’s Nest has already claimed the dozen of people. To reach such depth, the diver must be equipped with bottles of a breathing compound other than air called trimix. The introduction of helium in the mixture allows the level of nitrogen in blood to be lower, so the risk of suffering the so-called «nitrogen narcosis» is reduced.
The entrance to this underwater cave complex is as beautiful as its depths are deadly. A circular lake surrounded by a thick forest is what, for some, has been the door to hell from which they never returned; in fact, its reputation as a cursed cavity reached such an extreme that, like the residents of the Agua cave in Murcia, the inhabitants of the area claimed for thirty years to close their access.
They say that in the depths of the Eagle’s Nest there is something that makes so many accidents and deaths are not the result of chance. Madness, disorientation, overconfidence, lethal recklessness, inexperience in some cases, even suspicions of murder, are the possibilities that the local authorities consider. What they are clear about is that the statistics of deaths in that place far exceeds that of any other submerged cave in the country. Meanwhile, at this very moment someone may be entering the waters of the Eagle’s Nest. Someone who may never come back to the surface alive.

Dahab, the cemetery of the divers
Located in the Gulf of Aqaba, off the coast of South Sinai, in Egypt, this blue hole is one of the many attractions of the Red Sea. However, it is also the one that has earned in its own right the name «diver’s cemetery». The entrance to this gigantic hole has its own artistic name: The Arch (Arch), a deep cavity that connects the open sea with this blue hole, whose total depth is 52 m.
The Egyptian authorities have acknowledged the death of more than 40 divers, but the most incredible thing is that this figure is only an estimate, since the authorities are considering raising it to the hundred deceased divers. The question is: why is there so much difference between the official estimate and the one that you really believe can exist? The answer is as simple as it is terrifying. Many of the divers that enter their waters disappear without leaving any kind of trace. What the Egyptian authorities tell us is that, in addition to the 40 official dead divers, there are more than twice those who know absolutely nothing.
This blue hole is basically a coral lagoon that connects with the open sea through a huge and beautiful blue arch of 26 meters. To access it, divers must descend to about 60 meters deep and, once there, ascend again along the path that will take them to the surface of the sea. However, due to the orientation of the cave, many divers do not find the entrance and continue advancing towards the bottom until they enter an altered state due to the narcosis caused by nitrogen. At more than ninety meters of depth, their neuromuscular functions are uncontrolled and they throw themselves collapsed on the seabed believing they have found the exit. There, in the deepest, there is only silence.

What few knew was that under the urban helmet of Meco hiding and hiding its duplicate underground. While its streets were witness to the passage of history, a whole maze of caves and underground passages rested only five meters deep.
For the inhabitants of Meco, these stories about a kind of underground city were little more than legends. Passages that communicated with the church, houses that had secret grottos to move from one side of the town to the other. In the corridors, there was no time when old stories of priests or landowners who said they were able to appear on either side of the town without being seen did not surface. Urban legends began to emerge and, as if it were about horror stories, the alleged existence of these caves was used to scare the children with the idea of ​​taking them to one of these caves and locking them up forever if they did not behave well.
At present, there is a popular phrase, although less and less widespread, that says: «This is not saved by Meco bull.» This phrase, very popular in the area, is said when a person is involved in such a mess that there is nothing to take it out of that situation. The history of this phrase comes from the bull granted by the Holy See to the municipality in 1487. The powerful influence of the Mendoza family served so that Innocent VIII allowed the inhabitants of Meco to skip Lent and eat meat every Friday. This bull was granted because the enlightened ones of the time argued that Meco was the most remote locality of the sea of ​​Spain, reason why the access to the fish was really limited and they could not respect the ecclesiastical opinion during all the Lent. This caused that Meco was, and continues being, one of the few places of Spain with a bull that allows to eat meat during that period. This bull contains in itself the mystery of his whereabouts, but, fortunately, we know about it because its content was published by the numerary Adolfo Aragonés on December 1, 1918, at the Royal Academy of Fine Arts and Historical Sciences of Toledo. The bull said the following:
«By the customary clemency of the Apostolic See and by disposition of the Sacred Church, by using kindness and meekness and tempering its rigors, it has established those things that, attending to the need of places and people, have been deemed healthy and convenient [ …] has just made us present that, being far from the sea, and having, therefore, the shortage of fish, so that they can comfortably sustain the Fridays and fasts of the neighbors and other residents of Tendilla, of Modéjar, of Mira El Campo, from Illana de Fuente el Viejo, in Meco, […] it was established that the residents and residents of these places that resided in them, could, in the aforementioned days, eat some dairy products, thus consulting the benefit and usefulness of the same […]
With the Civil War, many churches were ominously looted and burned, including the Magistral church, repository of the relics, which was sacked on July 22, 1936. It was never known what happened that day, but the rumor of that the three custodial priests had managed to hide the relics before being killed. Were the relics lost in the looting or, on the contrary, remain hidden in some unknown place? Nobody knows it for sure. Some people pointed to the crypt of Cardinal Cisneros, but it appeared empty at the end of the war. Others name a farm known as El Encín, where the custody would remain buried. However, the well known Father Pilón, like others, expressed his conviction that the Sacred Forms would be deposited in one of the subterranean galleries of Meco. According to his version, the three priests of the Magistral gave them time to collect custody before the looting, take it to Meco and hide it somewhere in the caves that run through its subsoil.

3 pensamientos en “Las Cuevas Y Sus Misterios — Juan Gómez / The Caves And Their Mysteries by Juan Gómez (spanish book edition)

  1. Leí hace poco «La saga de los longevos» de Eva García Sáenz de Urturi. No sé si lo conoces. ¿Has pensado en leerlo? Tus opiniones me resultan muy interesantes. ¡Gracias!!
    Al principio no me gustaba pero me intrigaba….

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